Carrie Gracie explicó que atraviesa una "crisis de confianza" debido a
la desigualdad de género que hay en la cadena. "No estoy pidiendo más
dinero. Quiero que la BBC acate la ley y valore a los hombres y las
mujeres por igual."
Carrie Gracie. / bbc.com
La responsable de la BBC en China, Carrie Gracie, anunció este lunes que abandona su puesto debido a la desigualdad salarial entre hombres y mujeres que existe en la cadena de radiotelevisión pública británica, según publicó en su blog personal.
Gracie, que lleva tres décadas trabajando en
la BBC, explicó que atraviesa una "crisis de confianza" debido a la
desigualdad de género que hay en la entidad y dijo que recuperará su puesto anterior en la redacción de televisión, donde espera que le "paguen de forma igualitaria".
"No estoy pidiendo más dinero. Creo que
estoy muy bien pagada ya, especialmente siendo una trabajadora de una
organización financiada públicamente. Simplemente quiero que la BBC acate la ley y valore a los hombres y las mujeres por igual", reivindicó la periodista.
Gracie lamentó que la información sobre
nóminas que presentó la BBC hace seis meses revelase no sólo que los
presentadores y directores cobran más que las mujeres, sino que hay una diferencia "indefendible" entre el salario de hombres y mujeres en los mismos puestos de trabajo.
La cadena británica presentó en julio de
2017 la lista de empleados con salarios anuales superiores a 150.000
libras (203.000 dólares, 169.000 euros), en la que Gracie no aparecía, y
que le permitió descubrir que dos responsables internacionales ganaban "al menos un 50 % más" que dos mujeres en puestos similares.
Ante esta circunstancia, Gracie pidió a la dirección que se igualara el sueldo
de los cuatro responsables, pero la BBC en respuesta únicamente le
ofreció una subida de salario que todavía "seguía lejos de equiparar los
sueldos".
En su blog, Gracie explica que es especialista en China,
habla con fluidez el chino mandarín y lleva treinta años informando
acerca del país asiático para la BBC. Hace cuatro años le ofrecieron el
puesto de responsable, que aceptó sabiendo que "demandaría sacrificios y
resistencia", afirma.
"Tendría que trabajar a 5.000 millas (8.000
kilómetros) de mi hijo adolescente, y en un país altamente censurado y
de partido único tendría que enfrentarme a vigilancia, acoso policial e
intimidación oficial", destacó.
A pesar de ello, la periodista aceptó el
reto pero pidió a sus jefes que le pagaran lo mismo que a sus homólogos
varones. "Como muchas otras mujeres en la BBC, siempre he sospechado que
me pagaban menos de forma rutinaria, y en este punto de mi carrera estoy decidida a no permitir que siga ocurriendo", subrayó.
En Twitter muchos usuarios han mostrado su
apoyo a la periodista con la etiqueta #IStandWithCarrie (yo apoyo a
Carrie), que ya es "trending topic" en esa red social en el Reino Unido y
se ha ganado el apoyo de muchas colegas de la BBC.
Los psicólogos dicen que la belleza evoca un sentimiento de placer. Este placer está íntimamente relacionado con nuestro deseo infantil de seguridad. Las formas o figuras que asociamos con la satisfacción de este deseo de seguridad van a darnos siempre este sentimiento de satisfacción total. En la medida en que las nociones originales de seguridad del niño están relacionadas con la forma de su madre, las curvas y los planos táctiles del cuerpo humano son el origen de esta satisfacción.
El mar, casi congelado, no resulta un inconveniente para los surfistas que lo aman. Afortunadamente, el fotógrafo Jonathan Nimerfroh ha capturado ese momento.
Las tormentas de nieve y las olas de frío alcanzadas en muchas
regiones de Estados Unidos rondan unas temperaturas por debajo de los
-11 grados Cº . Así, no es de extrañar que muchas de las costas,
practicamente, se congelen. En Nantucket, las olas del mar arrastraba
una capa inmesa de escarcha y nieve dadas unas temperaturas que rondan
estos días los 12 grados Farenheit.
El fotógrafo Jonathan Nimerfroh no
solo ha capturado este fenómeno, imposible de ver en las costas
españolas, sino que, además, ha fotografiado a un surfista en plena
acción. Y es que a pesar de las gélidas temperaturas, hay personas, como
Jamie Briard,
que se desafían y muestran su resistencia y, desde luego, su pasión por
el mar y por surfear. Este es un buen ejemplo de ello ¡Preciosas
imágenes!
Momentos que para Nimerfroh son excepcionales: "Corrí de un lado a otro de la playa, fotografiando desde todos los ángulos posibles este fenómeno". Las ondas 'Slurpee' son el tipo de cosas que hay que tener suerte para verlas, así que, me considero con mucha suerte", dice.
La Fiscalía de La Haya ha solicitado abrir una investigación sobre
Afganistán por crímenes de guerra que incluye abusos a prisioneros en
Polonia, Rumanía y Lituania. Estados Unidos mantuvo allí centros de
detención con la complicidad de sus gobiernos
La policía militar traslada a un preso en la prisión de Guantánamo.
Shane T. McCoy
Hagamos un viaje en el tiempo. 20 de septiembre de 2001, Washington.
El presidente de Estados Unidos, George Walker Bush, da un solemne
discurso en el Congreso dirigiéndose a una nación que aún se pregunta
por qué ha sido atacada. El texano agradece la solidaridad de la
comunidad internacional, habla de la reconstrucción de Nueva York y
menciona el odio de los terroristas hacia la democracia. También nombra a
una persona, Osama bin Laden, y un país, Afganistán, desconocidos en
ese momento para el 99% de sus conciudadanos. Es allí donde Estados
Unidos empezaría su “guerra contra el terror” y avisa al resto de
naciones que espera una colaboración máxima. “O están con nosotros o
están con los terroristas”, dice Bush.
¿Cómo sería esa nueva guerra? El presidente se responde a sí mismo:
“Somos un país despertado por el peligro y llamado a defender la
libertad. Nuestro dolor se ha convertido en ira, y nuestra ira en
resolución. Ya sea que llevemos a nuestros enemigos ante la Justicia o
hagamos justicia con nuestros enemigos, se hará justicia”. Los
congresistas aplauden al unísono y se ponen de pie. Bush levanta la
vista, la baja un poco para mojarse los labios y la vuelve a subir. Sabe
que el momento histórico le evitará escuchar disonancias en una cámara
entregada.
Lo que venía a decir el presidente era que la “pax americana” estaba
por encima del derecho penal internacional y ningún tribunal lo
detendría por sus métodos. La operación “Libertad duradera” comenzó dos
semanas después y Estados Unidos, junto a una coalición internacional,
desplegó tropas en Afganistán para derrocar a su Gobierno. Allí siguen
16 años después.
Los ecos de esos tambores de guerra se sintieron en una lujosa
mansión de Filadelfia el 15 de diciembre de 2011. El padre de la
Psicología Positiva, Martin Seligman, recibió en su casa a académicos
estadounidenses e israelíes y responsables del FBI y la CIA. La
finalidad era discutir un estudio suyo, fechado en 1975, que podía tener
una aplicación práctica en esa nueva guerra contra el terrorismo.
Seligman decía que cuando un perro sufre descargas eléctricas de forma
indiscriminada termina por no tomar medidas para evitarlas, incluso si
se le abre una vía de escape. Interioriza lo que los expertos llaman la
“indefensión aprendida”.
Ese encuentro nunca se hizo público y no existen grabaciones, pero
cimentaron el brutal sistema de torturas que la CIA instauró
posteriormente. Es lo que cuenta Mark Fallon, experto en Defensa que
pasó por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, en un
libro editado este año, “Medios injustificables”.
Las conclusiones de la cita de Filadelfia requerían una cobertura
legal que llegó pronto. La Casa Blanca anunció el 7 de febrero de 2002
que no aplicaría los Convenios de Ginebra a los talibanes y combatientes
de Al-Qaeda, dando vía libre a que se les torturase. Tres meses después
Bush no ratificó el Estatuto de Roma, carta fundacional de la Corte
Penal Internacional que sí había firmado Bill Clinton. Evitó así que la
institución recién nacida en La Haya tuviera jurisdicción en territorio
estadounidense. La “guerra contra el terror” siguió su curso y Estados
Unidos invadió Irak en 2003 con la inestimable colaboración de Tony
Blair y José María Aznar, argumentando que el Gobierno de Sadam Husein
poseía unas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron.
Demos ahora un salto en el tiempo hacia adelante. 9 de noviembre de
2017, La Haya. La Fiscal General de la Corte Penal Internacional, Fatou
Bensouda, manda un vídeo
a los medios en el que dice lo siguiente: “Durante décadas, el pueblo
de Afganistán ha soportado el flagelo del conflicto armado. Tras un
minucioso examen preliminar de la situación, he llegado a la conclusión
de que se han cumplido todos los criterios jurídicos exigidos en el
Estatuto de Roma para iniciar una investigación”. Sospecha de tres
actores: los talibanes, las fuerzas de seguridad afganas y miembros del
ejército de Estados Unidos y de la CIA.
Una Sala de Cuestiones Preliminares del tribunal estudia actualmente
darle luz verde. Se sabrá en los próximos meses y es muy probable que
los jueces le den el visto bueno. A partir de ese momento, la Fiscalía
tendría autorización para visitar otros países, recopilar pruebas y
entrevistar a víctimas. Si cree que existen indicios suficientes,
incluso solicitaría órdenes de arresto. Al menos 54 detenidos sufrieron
torturas, tratos crueles, violación y otras formas de violencia sexual
en cárceles afganas controladas por Estados Unidos, según el último
informe de la Oficina de Bensouda. Abu Ghraib queda fuera de la
investigación porque Irak no es estado parte de la Corte Penal
Internacional.
La fiscal también documenta abusos contra otros 24 prisioneros en
centros de detención de la CIA localizados en Polonia, Lituania y
Rumanía “principalmente entre 2003 y 2004”. Es decir, que no sólo
encarcelaron a prisioneros sin juicio y en países como Afganistán o
Irak, sino también en el viejo continente. Entonces, ¿se cometieron
crímenes de guerra en territorio europeo a principios del siglo XX?
Vamos por partes.
Polonia: un país ya condenado
El caso de Polonia ya está parcialmente documentado a nivel judicial.
Una sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, de julio de
2014, obligó a este país a indemnizar con 230.000 euros a dos
prisioneros: Abu Zubaydah y Abd al-Nashiri. Ambos fueron trasladados a
la base militar de Stare Kiejkuty, a unos 150 kilómetros de Varsovia y
cercana al aeropuerto de Szymany, entre el 4 y el 5 de diciembre de
2002.
El tribunal se basó en informes desclasificados de la CIA para
describir con una precisión terrorífica las “técnicas mejoradas de
interrogación”, término utilizado por los norteamericanos para evitar la
palabra “tortura”, utilizadas con al-Nashiri. Por ejemplo, un oficial
lo amenazó con una pistola semiautomática durante un interrogatorio para
que hablara. Como no lo hizo, lo metieron en su celda y lo encadenaron.
Poco después, el mismo militar entró, apuntó el arma contra su cabeza y
apretó el gatillo entre una y dos veces, simulando su ejecución.
El informe de la CIA sigue. “Probablemente el mismo día, el
interrogador utilizó un taladro eléctrico para asustar a al-Nashiri (…)
entró en su celda y encendió el motor mientras el detenido estaba
desnudo y encapuchado”. Ninguna de las amenazas de muerte proporcionó
información a los interrogadores. Los servicios secretos norteamericanos
documentaron otros abusos, como “levantarlo del suelo por los brazos
mientras los tenía atados a la espalda con un cinturón” o usar “un
cepillo rígido para inducirle dolor”.
Un informe de la Cruz Roja citado en la misma sentencia explicó que
al-Nashiri estuvo con las “muñecas encadenadas a una barra o gancho en
el techo por encima de la cabeza (…) durante varios días seguidos” y fue
“amenazado con ser sodomizado”. El 6 de junio de 2003 fue trasladado a
otra cárcel secreta, en Rabat.
El Tribunal de Estrasburgo consideró probado que “las autoridades
polacas sabían” de la existencia de la cárcel secreta de la CIA, pero no
pudo explicar por qué Varsovia se había arriesgado a semejante empresa.
La explicación llegó a los pocos meses desde el otro lado del
Atlántico, pues el Senado estadounidense desclasificó un informe sobre
el programa de detención de la CIA que decía lo siguiente: “Para alentar
a los gobiernos para que albergasen de forma clandestina centros de
detención, o para aumentar el apoyo de los ya existentes, la CIA
proporcionó millones de dólares en pagos en efectivo a funcionarios de
gobiernos extranjeros”.
No se nombró a los países que colaboraron, sino que se identificó los
centros de detención por colores, pero los cruces de datos con otros
documentos públicos pusieron en evidencia que la cárcel “azul” era la de
Polonia. Sus autoridades habían dado su consentimiento para albergarla y
llegó a tener prisioneros “por encima de su capacidad”, según otro
cable de la Inteligencia estadounidense.
Las consecuencias políticas fueron inmediatas. El expresidente de
Polonia, el socialdemócrata Aleksander Kwasniewski, convocó a la prensa
al día siguiente y admitió haber dado permiso a la CIA para que usara la
base militar de Stare Kiejkuty, pero negó saber que allí se practicaban
torturas. Dijo no tener información sobre los pagos hechos por los
norteamericanos y aseguró que el centro se cerró a finales de 2003
gracias a las presiones del Gobierno. ¿Por qué lo consintió entonces?
Explicó que Estados Unidos le podría devolver el favor si la seguridad
nacional polaca se veía amenazada e invocó una hipotética amenaza rusa.
Lituania: ¿torturas en la Unión Europea?
La UE hizo la mayor ampliación de su historia en mayo de 2004, cuando
pasó de 15 a 25 miembros. Entre ellos estaba Lituania, que también se
adhería a la Convención Europea de Derechos Humanos cuyo artículo 3
prohíbe tajantemente la tortura. Las reglas, en teoría, estaban claras.
Diversas informaciones acusaron a Lituania durante años de albergar
un centro de la CIA, pero la cadena ABC News fue la primera en ponerla
en el mapa. Un amplio reportaje en 2009 denunció la existencia de un
centro de detención de la CIA en una antigua escuela de equitación, a 20
kilómetros de la capital, durante el año 2005. Las autoridades lo
permitieron porque estaban agradecidas a Estados Unidos de que les
dejaran unirse a la OTAN.
El reportaje provocó que el Parlamento lituano pidiera una
investigación a fondo. Su conclusión fue que la CIA estableció no uno,
sino dos centros de detención: el primero en la escuela de equitación y
el segundo en una casa situada en la misma capital, en Vilnius,
informaron medios nacionales. Sin embargo, no se llegó a probar que esos
edificios llegaran a albergar prisioneros. ¿Para qué se usaron
entonces? “El verdadero propósito de las instalaciones no se puede
revelar porque constituye un secreto de estado”, dijo el fiscal a la
prensa lituana.
La excusa no aguantó mucho tiempo. El informe del Senado
estadounidense sobre las torturas de la CIA desclasificado en 2014
mencionó en varias ocasiones el centro de detención “violeta”, abierto a
principios de 2005 y que según numerosas investigaciones estaba en
Lituania. Se desveló que uno de sus prisioneros, Mustafa Ahmad
al-Hawsawi, necesitó de asistencia médica después de un interrogatorio,
pero funcionarios locales se negaron a trasladarlo a un hospital cercano
por miedo a que la prensa se enterase.
El incidente causó enormes tensiones con la CIA, que se cuestionó la
disposición del país anfitrión a “participar como originalmente se había
acordado", señalan los mismos cables. Estados Unidos cerró las
instalaciones en 2006 y trasladó a sus prisioneros al centro de
detención “marrón”, que según varias investigaciones estaba en
Afganistán. Abu Zubaydah, el detenido que ya ganó un caso contra Polonia
en Estrasburgo, ha denunciado que también pasó por Lituania y ha
llevado a este país ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en un
caso que está pendiente de decisión.
Rumanía: abusos en pleno Bucarest
Una investigación periodística de Associated Press y un medio local,
publicada en diciembre de 2011, localizó el centro de detención de la
CIA en Rumanía: un edificio de la Oficina Nacional de Información
Clasificada situado en el norte de Bucarest, en un barrio residencial y a
pocos minutos del corazón de la capital. Abrió en otoño de 2003 después
de que la Inteligencia estadounidense vaciara el centro de Polonia.
Dos de los prisioneros que pasaron por allí fueron Janat Gul y Hassan
Ghul. Acusados de ser facilitadores de Al-Qaeda, experimentaron
alucinaciones después de sufrir privaciones de sueño durante decenas de
horas. Un médico constató que Ghul sufría “fatiga fisiológica notable",
“espasmos musculares abdominales y en la espalda", "parálisis leves en
los brazos, las piernas y los pies” debido a las horas que pasaba “en
posición colgante” y a los intensos regímenes de privación de sueño,
hasta 59 horas seguidas en algunos casos, reflejan cables de la propia
CIA.
En mayo de 2005 llegó a Rumanía Abu Faraj al-Libi, un supuesto
miembro de Al-Qaeda detenido en Pakistán que sufrió durante un mes las
“técnicas mejoradas de interrogación”. En ese periodo se quejó de una
pérdida de audición, pero sus captores no lo creyeron y siguieron
adelante. Sólo pararon cuando los doctores de la CIA avisaron de
“inaceptables riesgos médicos o psicológicos”. Al-Libi fue trasladado un
año más tarde a Guantánamo, donde le tuvieron que implantar un
audífono.
Llegó un momento en el que el jefe del centro rumano contactó con sus
superiores para comentarles sus preocupaciones: la función del edificio
de Bucarest estaba pasando de “producir inteligencia” (conseguir
información de prisioneros) a convertirse en unas “instalaciones de
detención de larga duración”. Sin embargo, los planes se fueron al
traste en unos meses. El Washington Post denunció en noviembre de 2005
la existencia de centros de la CIA en antiguas repúblicas soviéticas. No
dio nombres de países, pero llevó a las autoridades rumanas a
reclamarle a Estados Unidos que cerrara la cárcel “en horas”, cosa que
sucedió semanas después.
Rumanía negó los hechos durante años, pero su exjefe de Inteligencia
Ioan Talpes reconoció en 2014, en una entrevista con Der Spiegel online,
que su país albergó “al menos” una de esas cárceles. La razón, al igual
que Lituania, era favorecer su entrada en la OTAN. ¿No le preocupaba
que allí se produjeran torturas? “Lo que hicieran allí los americanos
era asunto suyo”, afirmó Talpes.
Dos de las conclusiones del informe del Senado sobre el programa de
detención de la CIA son especialmente chocantes. La primera, que “las
técnicas mejoradas de interrogación no fueron un medio efectivo para
obtener información precisa”. Es decir, la tortura no funcionó porque
las confesiones respondían a los deseos de los interrogadores, no a
datos o nombres nuevos que pudieran ser utilizados por los Servicios de
Inteligencia. La segunda, que de los 119 expedientes revisados por el
Senado, “al menos 26 fueron arrestos erróneos” porque “no cumplían con
los estándares legales de detención”. Es decir, más del 20% nunca
debieron ser encarcelados porque no habían hecho nada.
¿Sabía Bush dónde estaban éstas y otras cárceles repartidas por medio
mundo? El informe del Senado lo aclara: “El presidente pidió no ser
informado de las localizaciones de los centros de detención de la CIA
para asegurarse de no revelar la información de forma accidental”. Tal
cual.
Estados Unidos se opone a la investigación
La pregunta ahora es hasta dónde podría llegar la investigación de La
Haya. El Pentágono ya ha avisado de que la rechaza de pleno. Una de sus
portavoces dijo que “ni contaría con garantías ni es apropiada”, y que
cualquier pesquisa deberá ser hecha por ellos mismos. En el pasado, los
obstáculos puestos por algunos Estados han echado al traste el trabajo
de la Fiscalía, que ha visto derrumbarse casos enteros porque las
pruebas desaparecían en el país donde habían sucedido los crímenes o los
testigos cambiaban su testimonio a última hora.
Los países europeos señalados y Afganistán deben responder a las
eventuales llamadas del tribunal porque sí han ratificado el Estatuto de
Roma. Ahora bien, las autoridades afganas recelan mucho del movimiento
de Bensouda. “Créame, no están nada contentos con su investigación, han
hecho todo lo posible para paralizarla”, dijo a CTXT una alta fuente de
La Haya.
La Corte Penal Internacional se basa en el principio de
complementariedad, es decir, sólo interviene si detecta que las
autoridades nacionales no hacen investigaciones o si éstas no son
genuinas. Bensouda, en un informe reciente, dijo que tanto en Polonia
como en Lituania y Rumanía “se están llevando a cabo investigaciones
penales” sobre el asunto, pero les advierte que seguirá evaluando si
esas pesquisas son auténticas y abarcan a “las mismas personas (…)
identificada por la Fiscalía”.
El tono contra Estados Unidos es más duro: “No parece que se haya
llevado a cabo ningún proceso para examinar la responsabilidad penal de
quienes desarrollaron, autorizaron o asumieron la implementación por
miembros de la CIA de las técnicas de interrogatorio”, señala la fiscal.
La Fiscalía de La Haya no tiene como política general ir a por los
perpetradores directos de los crímenes, sino a por las máximas
autoridades que dieron las órdenes de cometerlos. Mark Fallon, ex
miembro del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, señala
en su libro “Medios injustificables” a dos altos cargos. El primero es
Geoffrey D. Miller, el general que extendió el programa de torturas de
la CIA, primero en Guantánamo y más tarde en Irak. Se retiró en 2006,
pero abogados franceses y alemanes han impulsado iniciativas legales en
sus países para juzgarlo por crímenes de guerra. El segundo es nada
menos que Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de Estados Unidos entre
2001 y 2006 que, según Fallon, autorizó personalmente al general Miller
a aplicar las torturas.
¿Se atreverá La Haya procesar a autoridades como Rumsfeld? El caso
representa una espada de doble filo para el tribunal. Serviría para
limpiar su imagen de ser “una corte para África”, pues de momento todos
sus condenados provienen del continente negro. Algunos sueñan con ver a
altos cargos de la administración Bush sentados en el banquillo de los
acusados y las expectativas creadas han sido importantes. Si finalmente
la Fiscalía diera un paso atrás y no llegara a reunir pruebas
suficientes para acusarlos de crímenes de guerra, su imagen pública se
vería seriamente dañada.
Hagamos política-ficción e imaginemos que, eventualmente, la corte se
atreviera a dictar esas órdenes de arresto. La prensa internacional
abriría sus portadas con el movimiento de La Haya y se ganaría el
respeto de actores que hasta el momento han visto sus pasos con
desconfianza. No obstante, se haría evidente una de las grandes
debilidades del tribunal: su dependencia de los Estados.
El tribunal no dispone de policía propia y necesita que los Estados
hagan las detenciones, pero los norteamericanos, con toda seguridad, se
negarían a enviar a los suyos a La Haya. Habría llamamientos a la
comunidad internacional en nombre de las víctimas y los derechos
humanos, pero todo quedaría en una declaración de intenciones. Al final
se impondría esa incómoda verdad que no gusta oír en La Haya: la
Justicia universal sólo se aplica allí donde los grandes poderes la
permiten.
Desde la nervaduras de las hojas a la estructura del aparato radical: en la planta, todo tiene forma de red.
No es tan fácil admitir que al mayor parte de los seres vivos toman decisiones, resuelven problemas y se adaptan a condiciones en cambio constante pese a no tener cerebro. Y sin embargo, las plantas lo hacen, y lo hacen aplicando mecanismos de inteligencia distribuida tan eficaces que han sido adaptados por la mayor parte de los seres vivientes, incluido el ser humano. El hecho de que tengan o no cerebro no tiene la menor relevancia.
Puede parecer extraño, pero muchísimas de las decisiones que tomamos no son fruto del razonamiento y de la lógica, como nos gusta pensar. Nosotros los llamamos instintos, y, aunque se encuentren en la base de nuestras decisiones, tendemos a reprimirlos porque no nos gusta reconocer que condicionan nuestros actos. Preferimos imaginarnos como seres puramente racionales, guiados por una inteligencia que no admite más que las leyes cristalinas de la lógica, pero todas las pruebas experimentales apuntan lo contrario. Nos gusta creer que somos atentos, reflexivos y analíticos, y que respondemos a los problemas de manera ponderada, pero en realidad no es así: gran parte de nuestras acciones son inconscientes y tienen su origen en procesos totalmente ajenos a cualquier tipo de racionalidad.
Una de las aplicaciones más famosas de esta álgebra moral, o doble partida de la razón, la encontramos en los cuadernos de Charles Darwin. El problema que angustiaba a Darwin era si debía casarse o no casarse. El 7 de abril de 1838, un Charles Darwin de veintinueve años traza en un folio de papel dos columnas tituladas "Casarse" y "No casarse" y anota una detallada lista de argumentos a favor y en contra del matrimonio.
Casarse
No
casarse
-Hijos
(si Dios quiere) -Una
fiel compañera (amiga hasta la vejez) que se interese por mí -Objeto
de amor y solaz -Mejor
que un perro -Una
casa y alguien que la cuide -La
música y el parloteo femenino. Son
cosas que hacen bien ala salud, aunque sea una terrible pérdida
de tiempo -Por Dios, es intolerable pensar en dedicar la vida entera, como una abeja obrera, a trabajar, trabajar, trabajar, y al final para nada. No, eso no puede ser. Imaginar una vida en soledad en una sucia casa londinense llena de humo. Piensa mejor en una esposa tierna y dulce, un sofá, una buena chimenea y libros y quizá música. -Casarse, casarse, casarse
-Libertad
para ir adonde uno quiera -Conversar
con hombres inteligentes en el club -No
tener que visitar a la parentela ni tener que ceder a cada
tontería -No
tener preocupaciones económicas ni angustias debidas a los hijos -No se puede leer por la noche -Gordura y ocio -Angustia y responsabilidad -Menos dinero para comprar libros -Si hay muchos hijos, obligación de ganarse el pan (aunque también es cierto que trabajar demasiado no es bueno para la salud)
-Quizá a mi mujer no le guste Londres. Entonces la sentencia sería el exilio y la degradación hasta convertirme en un idiota holgazán e indolente
¿Creéis que identificar al detalle los distintos aspectos del problema, catalogarlos en orden más o menos de importancia a ambos lados del folio y calcular el "remanente" ayudó a Darwin a tomar su decisión?¿Y cuál creéis que fue esa decisión? Leyendo ambas columnas se hace difícil defender los motivos a favor del matrimonio. La parte derecha del folio parece contener más elementos, y de mayor peso, que la de la izquierda. Y con todo y con eso, al igual que miles de millones de seres humanos antes que él, a pesar de las dudas y el álgebra racional, menos de seis meses después de atormentarse con esta lista, Charles Darwin se casó encantado con su prima, Emma Wedgwood. Resultado: 10 hijos y un matrimonio que, a juzgar por la correspondencia y los testimonio de la época, fue muy feliz.
Aunque todos defendamos que las elecciones ponderadas -adoptadas tras haber valorado todos los datos disponibles y sopesado pros y contras- son las mejores porque ofrecen mayores posibilidades de lograr el resultado esperado, lo cierto es que gran parte de nuestras decisiones dependen de reglas muy distintas. Quizá no sean irracionales, pero sí de una racionalidad distinta de la que santificamos a diario cuando idealizamos el pensamiento lógico; una racionalidad que compartimos con las plantas, fruto de la experiencia evolutiva y no del escrutinio atento de nuestra glorificada corteza cerebral.
Los geckos o gecos son posiblemente los mejores escaladores del mundo
animal. Sus increíbles pies les permiten trepar sobre cualquier
superficie lisa con una sola excepción: el teflón. A menos, por
supuesto, que lo mojes. Este raro galimatías ha sido la clave de nuevos
adhseivos a prueba de agua.
Las patas de los gecos han fascinado a los científicos durante siglos,
pero solo las técnicas más recientes de microscopía electrónica
permitieron descubrir el secreto que las hace tan adherentes. La cara
inferios de los dedos de estos simpáticos lagartos está recubierta de
pequeñas estrías paralelas de piel, pero eso es solo el principio.
Cada una de esas estrías está, a su vez, recubierta de millones de
fibras de queratina a escala nanométrica. Cada uno de esos pelos está
rematado en una estructura ramificada en forma de espátula. Juntas, esas
fibras hacen uso de las denominadas Fuerzas de Van Der Waalspara
sujetarse a cualquier superficie por lisa que sea. Las fibras se doblan
todas en la misma dirección cuando el animal apoya la pata. Para
soltarse simplemente tiene que mover la extremidad en la dirección
contraria. Es, por explicarlo muy burdamente, como si apretáramos un
cepillo de pelos de goma contra una superficie vertical y luego
tratáramos de deslizarlo sin dejar de apretar. Probablemente moverlo
fuera una tarea difícil.
¿Qué tiene que ver el teflón en todo esto? El teflón o politetrafluoroetileno
(PTFE) es un polímero de carbono en el que los átomos de hidrógeno se
sustituyen por fluor. Ese recubrimiento de flúor es precisamente el que
le da su cualidad principal: es inerte. En otras palabras, las moléculas
de su superficie prácticamente no interactúan con otras moléculas. En
el caso de los geckos, eso anula las fuerzas de Van der Vaals que hacen
funcionar sus patas.
Pero hasta el teflón tiene un punto débil, y ese punto débil es el
agua. Cuando el teflón está ligeramente humedecido, el geco puede
treparlo perfectamente. Para acabar de retorcer la cuestión, con el
cristal sucede exactamente al revés. Cuando está seco es una superficie
perfecta para que el geco trepe. Sin embargo, cuando se moja el pequeño
reptil comienza a resbalar.
La
explicacíon a esta aparente paradoja está en la capacidad de cada
material para repeler el agua. El teflón es altamente hidrofóbico. Tan
solo las gotas más pequeñas se quedan pegadas a su superficie. Las patas
del Gecko aprovechan esta humedad para burlar las moléculas de fluor y
trepar. El cristal, por el contrario, tiene un índice muy bajo de
hidrofobia. El agua tiende a quedarse sobre su superficie en grandes
cantidades y eso dificulta la capacidad del geco para plantar sus patas
sobre un lugar que no esté demasiado saturado de agua.
Esta capacidad de adherirse sobre superficies húmedas siempre y cuando
no estén muy saturadas de agua ha permito, en los últimos años,
desarrollar adhesivos capaces de pegarse incluso sobre la piel mojada.
Actualmente se usan, por ejemplo, en parches para dispensar fármacos.
[más información: Knowledge Stew, CNet y Universidad de Akron]
Esta narración tiene un desarrollo cronológico extraño. Transcurre en dirección contraria al tiempo, como los cuentos de Scott Fitzgerald.
En concreto, empieza situándose en algún lugar de la Borgoña francesa,
en el enero frío de 1960. Allí, el destino quiso jugar a ser el
protagonista de una vida que nada le debía y colocó un inoportuno
pinchazo en la rueda del Facel Vega FV3B, uno de esos coches de lujo
que, a esa hora, recorría la carretera borgoñesa a 180 km/h. El
automóvil quedó en manos de ese destino que, con saña, jugó con él hasta
estamparlo contra un árbol junto a la cuneta. El destrozo fue tal que
nadie supo nunca en cuántos fragmentos quedó dividido el coche. El
conductor y su familia sobrevivieron. El primero respondía al nombre de Michel Gallimard, apellido de editores, hijo en la práctica de su tío, Gastón Gallimard,
fundador de uno de los sellos más prestigiosos del planeta. Horas más
tarde, el lugar es un hervidero de fotógrafos: uno de los viajeros no ha
sobrevivido, y hay que sacar rédito gráfico. El muerto no había tenido
intención de viajar en aquel auto, y un escuálido boleto de tren sin
utilizar oculto en el sobretodo daba testimonio de aquel giro
inesperado. Quizá su amistad con Gallimard le hizo cambiar de opinión.
Al día siguiente, pocos periódicos abrieron con la muerte de unos de los
escritores que mayor altura alcanzó durante el siglo XX. Al día
siguiente, una inoportuna huelga en los medios impidió gritar como la
ocasión merecía. Al día siguiente, la prensa apenas se hizo eco de la
muerte de Albert Camus.
Y es que
las meninges de Camus albergan el talento natural más extraordinario
que ha pisado el siglo XX. El término más importante de la sentencia
anterior no es quizás el más llamativo: «natural». No se puede utilizar
otro adjetivo para definir una inteligencia que se cinceló en un
ambiente, el de su Argelia natal, donde la pobreza no atacaba solo a la
cartera, también había colonizado el alfabetismo. Perdonen, ya se habían
sugerido los saltos temporales que azotan el texto. Pero tiene que ser
en este renglón y no en otro donde se diga que la madre de Camus, Catalina Elena Sintes,
era analfabeta, y nunca pudo leer los libros que con maravillosa pluma
fabricó su hijo, aunque se conformaba con desenvolverlos, abrazarlos,
olerlos, como si tuviera un tesoro entre manos. Esto, unido a la pobreza
reinante, hizo que el propio Albert sufriera los rigores de esta
escasez educacional, pues el idioma francés que por aquel entonces se
hablaba en las calles argelinas distaba mucho de ser el académico
lenguaje que gastaban al otro lado del Mediterráneo. Por eso, el pequeño
Camus tuvo que trabajar en torno a la palabra más que ningún otro
escritor en lengua gala, labrarlo y cosecharlo hasta conseguir que su
primer amigo y más tarde enemigo, Jean Paul Sartre, le espetara que escribía «demasiado bien».
Pero
abandonemos de nuevo la infancia para volver a aquel día 4 de enero de
1960. Ese lunes no fallece un hombre cualquiera, fallece un hombre
querido. Aquellos rigores de la infancia habían calado en su ánimo,
haciendo de Albert un escritor aclamado, con el que el lector conecta
más allá de la simple ficción. Al día siguiente del día siguiente, los
periódicos sí abrieron con una portada en la que, a toda página, podía
leerse: «Camus est mort». Uno de sus personajes en La peste insinúa
que odia «la muerte y el mal». Su creador, Camus, solo conoció uno de
esos dos odios, y lo hizo un este enero macabro. Mientras su cuerpo se
perdía ahogado en la cuneta borgoñesa, su nombre se mantenía (se sigue,
se seguirá manteniendo) a flote sobre la marea mediocre que hace de la
imagen su única bandera. Porque Camus era mucho más que una imagen.
Camus construye su corpus filosófico sobre la modestia del que podría
observar al ser humano desde un pedestal intelectual (irremediable
volver a Sartre) pero prefiere bajar a la tierra, enfangarse.
Por eso
Camus es el escritor querido. Porque puso su pluma al servicio de la
justicia. O, mejor dicho, en contra de la maldad. Camus se ganó a los
lectores porque perforó sus pupilas, dejó a un lado la piel (que siempre
vuelve a su estado normal después de haberse erizado) para penetrar en
la conciencia, que es un lugar mucho más oscuro e intransitable, pero
que una vez colonizado es difícil de abandonar. Mientras, en este lado,
por el que camina la realidad, Camus sigue enraizado en su infancia y
decide, en su honor, fundar el Teatro del Trabajo, dedicado en cuerpo y
alma a transmitir las grandes escenas dramáticas a las clases obreras.
Hemos saltado hasta los años treinta. Sabe que es imposible, que la idea
cuenta con una esquina utópica que a Camus le apetece visitar, pero la
idea de alejar de las infancias ajenas el analfabetismo que recorrió su
propia infancia es uno de sus objetivos. Puede buscarse un motivo
político en el reverso de estas acciones humanitarias, pero estaríamos
cayendo en una simplificación superficial (la prueba está en cómo Albert
modificó el nombre del movimiento, de Teatro del Trabajo a Teatro del
Equipo, una vez hubo roto con el Partido Comunista). La respuesta a
todas las preguntas perniciosas se encuentra en la más simple de las
verdades, ya reseñada antes en este texto: Camus era un hombre bueno.
Solo así se comprende cómo contribuyó al desarrollo de la pobre región
que lo vio nacer a través de nobles causas. Camus es tan grande porque
mientras levantaba su teatro en una zona del ring, desde otra, desde su
novela, su ensayo o su artículo, aboga por que las bombas que por aquel
entonces azotaban su Argelia natal no lo destruyan. Justicia en la
teoría y en la práctica. Justicia en la realidad y en la ficción.
Esperanza en plena guerra.
¿Qué
parte de culpa tiene la infancia en la construcción de esa justicia
camusiana? ¿Cuán importante resulta la figura de su madre, la medio
española doña Catalina Elena Sintes, en la empatía que Albert despertó
en sus lectores? ¿Qué papel desempeña el ambiente paupérrimo que rodeó
su infancia a la hora de dibujar una sonrisa en la opinión que el
universo tiene de él? La respuesta, que podría darse desde innumerables
párrafos escritos por el que aquí firma con interpretaciones anacrónicas
y orientaciones confusas, la encuentra sin embargo una de las escenas
más hermosas que nunca nos dio esta inmensa tragedia que es la
literatura. Al comenzar, este texto avisaba de los continuos saltos
temporales que salpican cada renglón. Así que el final no será
diferente. Se desarrolla a caballo entre dos fechas: 1957, tres años
antes del fatal accidente, y 1930, época en la que Camus empezaba a
escapar de la infancia. Perdonen la insolencia de empezar y terminar un
texto que, básicamente, tiene como objetivo glosar la infancia de Camus
aludiendo a los últimos años del escritor; pero la memoria se impone al
presente solo cuando la vida se agota.
Ese 10
de diciembre de 1957, Albert Camus recoge el Premio Nobel de Literatura.
Hay una unanimidad poco habitual en los elogios al artista, que con
cuarenta y pico años se convierte en uno de los ganadores más jóvenes de
la historia. Pero ya desde que le fue comunicada la noticia, por su
mente pasea un nombre: Louis Germain. Durante su discurso, por cierto, deja en el aire frases como ésta: «La
nostalgia me ha ayudado a mantenerme al lado de todos esos hombres
silenciosos, que no soportan en el mundo la vida que les toca vivir más
que por el recuerdo de breves y libres momentos de felicidad, y por la
esperanza de volverlos a vivir».
Justicia. Solo se libera del nombre que le tiene atrapado cuando pocos
días antes de recibir el Nobel le escribe esta carta a su profesor
Germain. Un hombre humilde al que le debía todo. Podría definirse el
acto de mil formas, pero ninguna palabra lo define mejor que la suya
propia:
París, 19 de noviembre de 1957
Querido señor Germain:
Esperé
a que se apagara un poco el ruido de todos estos días antes de hablarle
de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he
buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi
madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al
niño pobre que era yo, sin su enseñanza no hubiese sucedido nada de
esto. No es que dé demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero
ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y
sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y
el corazón generoso que usted puso en ello continúan siempre vivos en
uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser
un alumno agradecido. Un abrazo con todas mis fuerzas,
Albert Camus
Esta
narración tiene un desarrollo cronológico extraño, y termina situándose
en algún lugar de la Borgoña francesa, en el enero frío de 1960. Quizás,
durante aquel instante último, cuando el coche de Gallimard se
precipitaba contra el final de este texto, por la mente de Camus se
pasearon todos los recuerdos que le hicieron grande: la pobreza en su
infancia argelina, la madre analfabeta que quiso leer a su hijo, el
dialecto desprestigiado, las bombas sobre su Argelia, su teatro sobre
las bombas, el recuerdo de su profesor cuando todo eran aplausos.
Aquella noche de enero fatídica se narraba el final de un hombre. Un
hombre que puso la narración al servicio de la justicia. Un hombre que
puso la justicia al servicio de la narración.
Las mujeres islandesas cobran de media entre un 14% y un 18% menos que los hombres.
Islandia
acaba de aprobar una nueva ley que impide que los hombres cobren más
que las mujeres, convirtiéndose así en el primer país del mundo que pone
en práctica esta medida. Su primera ministra, Katrin Jakobsdottir, es una firme defensora de la igualdad hombre-mujer.
La nueva ley, que ha entrado en vigor el 1 de enero, exige a los
empleadores del sector público y privado con más de 25 trabajadores que
obtengan unos certificados gubernamentales para garantizar el
cumplimiento de las políticas de igualdad salarial. De lo contrario, se
enfrentarán a severas multas y auditorías.
Dagny Osk Aradottir Pind, directiva de la Asociación para los Derechos de las Mujeres Islandesas, explicó a Al Jazeera:
"Esta nueva ley es un mecanismo para que las empresas y organizaciones
públicas valoren cada trabajo que se está llevando a cabo y puedan
obtener un certificado tras el proceso para confirmar que pagan de forma
igualitaria a hombres y mujeres".
HALLDOR KOLBEINS via Getty Images
Una mujer pasea en bicicleta junto al edificio del Parlamento en Reikiavik, Islandia.
Islandia, que tiene una población aproximada de 330.000 personas y
cuyo Parlamento tiene un 38% de representación femenina, pretende seguir
progresando hasta erradicar la brecha salarial entre hombres y mujeres para el 2022.
"Durante décadas hemos estado bajo una legislación que decía que las
mujeres deberíamos cobrar lo mismo que los hombres, pero pese a eso
seguía habiendo una brecha salarial", añade Aradottir Pind.
El Foro Económico Mundial concedió a Islandia en 2015 el primer puesto
en el Índice Global de la Brecha de Género, seguido por Noruega,
Finlandia y Suecia. Y, aun así, las mujeres islandesas siguen cobrando
de media entre un 14% y un 18% menos que los hombres. En 2017, España se
quedó en el puesto 29 de 144 países.
El Foro Económico Mundial denunció el año pasado una brecha económica
del 58% entre hombres y mujeres y pronosticó que, al ritmo actual, las
mujeres tendrán que esperar todavía 217 años hasta que se alcance la
paridad salarial y de representación en los puestos de trabajo.
"Islandia está clasificada por el Foro Económico Mundial como uno de
los países con más igualdad entre géneros. Ahora tiene una nueva ley que
ilegaliza que las mujeres cobren menos que los hombres. Claramente,
Islandia se toma muy en serio la igualdad de género", escribió la ex
primera ministra de Nueva Zelanda Helen Clark en Twitter.
"Esta nueva ley de Islandia puede ayudar a cambiar ciertas actitudes
hacia las mujeres en las empresas, así como en política, e inspirar a
otros países a hacer lo mismo", afirmó Virginie Le Masson, investigadora
en el Overseas Development Institute de Londres.
"Los datos demuestran que las mujeres trabajan tanto como los hombres y se les sigue pagando menos", añade.
El senador estadounidense Bernie Sanders, una de las voces más
liberales de esta Cámara, animó a que Estados Unidos siguiera el ejemplo
de Islandia.
"Debemos seguir el ejemplo de nuestros hermanos y hermanas de
Islandia y exigir ahora el mismo sueldo por el mismo trabajo,
independientemente del sexo, la etnia, la sexualidad o la nacionalidad",
escribió en su página de Facebook.
We
must follow the example of our brothers and sisters in Iceland and
demand equal pay for equal work now, regardless of gender, ethnicity,
sexuality or nationality. As we fight back Republican efforts to revert
women’s rights to second-class, it is important to not lose sight that
our real goal is to move forward and expand women’s rights.
Ese mes, el ministro de Igualdad y Asuntos Sociales Thorsteinn
Viglundsson aseguró que había llegado "la hora de hacer algo radical
sobre la cuestión".
"La igualdad de derechos es un derecho humano", dijo. "Tenemos que
asegurarnos de que los hombres y las mujeres disfruten de las mismas
oportunidades en el lugar de trabajo. Es nuestra responsabilidad tomar
todas las medidas posibles para lograrlo".
El pasado octubre, miles de mujeres islandesas dejaron de trabajar a
las 14:38 horas y se manifestaron ante el Parlamento para protestar
contra la brecha salarial. Los grupos que luchan por los derechos de las
mujeres calculan que, una vez pasada esa hora, las mujeres trabajan
gratis cada día.