miércoles, 19 de junio de 2013
El gas lacrimógeno, un negocio en alza

El que piense que vivimos en un mundo dominado por la austeridad y la falta de inversión empresarial no se ha fijado en los números de la industria del gas lacrimógeno y los jugosos contratos que están recibiendo de los gobiernos.
Aquí se rompe el molde. Desde la Primavera Árabe, el mercado de seguridad interna en el Medio Oriente tuvo un incremento del 18% en su valor, rozando los 6.000 millones de euros en 2012.
El gas lacrimógeno ha sido una herramienta central en el desalojo del Parque Gezi en Estambul este fin de semana y en la represión a las protestas en Río de Janeiro contra el excesivo gasto en la organización de la Copa Mundial de fútbol del año próximo.
Egipto y Túnez están aumentando sus compras de material antidisturbios en momentos en que negocian préstamos con el Fondo Monetario Internacional para cubrir sus baches presupuestarios. En la eurozona de la austeridad las cosas no son demasiado diferentes.
El presupuesto 2012 del gobierno español de Mariano Rajoy contempla recortes en prácticamente todas las áreas, pero en material antidisturbios el gasto se eleva de unos 173.000 euros a más de tres millones en 2013.
"Con la austeridad ha habido una gran intensificación de las protestas y del uso del gas lacrimógeno. Grecia ha estado a la vanguardia en este respecto", indicó a BBC Mundo.
En otras palabras, para la industria del gas lacrimógeno, nada como las crisis económico-sociales.
Un mercado global
Turquía ha sido uno de los casos con más cobertura mediática, pero un clicmapa de las protestas planetarias y del uso de gas lacrimógeno, elaborado por Feigenbaum, muestra la extensión de este mercado desde enero de 2013.
Según se aprecia en el referido la mapa, las protestas (y el uso de gas lacrimógeno) van desde las manifestaciones por la violación de una mujer en India a las de estudiantes en Chile y maestros en México, o las de trabajadores en Francia y España.
La organización internacional "War Resister League", que tiene una campaña específica contra el gas lacrimógeno, ha identificado la presencia de compañías estadounidenses como Combined Systems Inc , Federal Laboratories y Non Lethal Technologies de Argentina a India; de Bahrén, Egipto e Israel a Alemania, Holanda, Camerún, Hong Kong, Tailandia y Túnez.
La brasileña Condor Non-Lethal Technologies, una de las principales proveedoras de Turquía, vende sus productos a 41 países.

Estas empresas son parte de lo que el expresidente de los Estados Unidos Dwight D. Eisenhower definió como complejo militar-industrial. En la ecuación de Eisenhower faltaba el tercer término: el gobierno.
El complejo militar-industrial-gubernamental suele entrar en conflicto con la diplomacia y la retórica sobre derechos humanos.
En medio de la Primavera Árabe, compañías estadounidenses exportaron unas 21 toneladas de munición, equivalentes a unas 40.000 unidades de gas lacrimógeno.
En términos de manejo de protestas, nada ha cambiado con la "democratización" egipcia. Este año el ministerio del Interior ordenó unos 140.000 cartuchos de gas lacrimógeno al mismo elenco de exportadoras estadounidenses.
En febrero, el portavoz del departamento de Estado, Patrick Ventrell, defendió el otorgamiento de licencias para la exportación a estas compañías diciendo que el gas lacrimógeno "salva vidas y protege la propiedad".
En respuesta a las preguntas de Gerardo Lissardy de BBC Mundo en Brasil, la compañía Condor Non-Lethal Technologies usó argumentos similares.
"Las tecnologías no letales están diseñadas para incapacitar temporalmente a las personas sin causar daños irreparables o muerte. Sus efectos son totalmente reversibles. Según una recomendación de la ONU en 1990, la policía tiene que hacer un uso proporcional de la fuerza por medio de armas no letales en consonacia con los derechos humanos y el respeto a la vida", señaló un portavoz de la organización a BBC Mundo.
La palabra clave es "no letal" (non lethal), expresión que figura en el logo de muchas compañías.
Gas lacrimógeno, armas químicas y Siria
En la I Guerra Mundial el gas lacrimógeno fue clasificado como un producto químico. Desde entonces ha habido un continuo deslizamiento semántico de obra y gracia del complejo industrial-militar-gubernamental, según Anna Feigenbaum.
"Las armas que pueden matar gente no pueden ser no letales. Lo que pasa es que por presión de los gobiernos y las corporaciones, se cambió el nombre de 'arma química' a 'irritante químico' o 'instrumento de control de disturbios'. Esto ha producido una normalización. El gas lacrimógeno que se comenzó a usar en el "control de multitudes" en la década del 30, se generalizó a partir de los años 60", señaló a BBC Mundo.
Una investigaci[on que ordenó el gobierno británico sobre el uso del gas lacrimógeno a fines de los 60 en Irlanda del Norte habría contribuido en forma particularmente significativa a esta normalización.
La investigación concluyó que no constituía peligro ni siquiera para las embarazadas o los ancianos, una afirmación duramente criticada por Amnistía Internacional y Médicos por los Derechos Humanos.
Estas organizaciones sostienen que no se necesita ser mayor o estar embarazada para sentir efectos "irreversibles" de estas armas no letales. Entre las muertes más recientes atribuidas al uso de gas lacrimógeno figuran la del adolescente Ali al-Shiek Bahrain el año pasado y el palestino Mustafa Tamini a fines de 2011.
"Sorprende que el mismo tiempo que Estados Unidos aprueba el suministro de armas a rebeldes sirios por la supuesta evidencia de ataques químicos ordenados por el gobierno de Assad, condone la exportación de gas lacrimógeno. Ningún gobierno debería aprobar o pagar por el uso de armas químicas", dijo a BBC Mundo Kimber Heinz de la War Resister League.
El palo y la zanahoria
El arte de gobernar se ha equiparado con frecuencia al manejo del palo y la zanahoria, como se conoce popularmente el sistema de premios y castigos estudiado por la Psicología Social.
En la Europa "social" de la posguerra, la zanahoria era el Estado benefactor que buscaba proteger a la población de los avatares de la vida.
Con los actuales niveles de desempleo y un recorte continuo de las prestaciones sociales, parece quedar poco de la zanahoria: su lugar lo ocupa el palo a secas.
En el mapa del uso del gas lacrimógeno se encuentran varios países europeos: Bélgica, Alemania, Francia, España.
El complejo industrial-armamentístico-gubernamental, poderoso en Estados Unidos, tiene su correlato en la Unión Europea, tanto en países como el Reino Unido que no se manejan con el euro como en la eurozona misma.
La crisis de la deuda soberana es un ejemplo. Mientras la Troika impulsaba un ajuste del gasto de Grecia en plena crisis, Alemania, Francia y Holanda presionaban al gobierno griego para que mantuviera el gasto militar del que dependían varios contratos.
Este complejo es responsable de una contínua redefinición de los términos, como se evidenció en la exposición en Londres de productos para la lucha contra el terrorismo este abril, que tenía al gas lacrimógeno entre sus productos estelares.
"Desde 2001 la industria del antiterrorismo ha crecido mucho y en los últimos años se ha visto esta equiparación del disenso civil con el antiterrorismo", señala Feigenbaum.
La exposición calculaba que la industria antiterrorista en su conjunto crecería un 20% para el final de la década.
Si se añaden estas estimaciones a la reinterpretación en curso del tema del palo y la zanahoria, se puede concluir que la industria del gas lacrimógeno tiene un futuro promisorio.
El Parlamento británico pide penas de cárcel a los banqueros por mala gestión

Según la comisión, las buenas pensiones privadas que tienen los banqueros deberían cancelarse en caso de que una mala dirección llevase al colapso de la entidad. Osborne estableció esta comisión a raíz de controversias como el caso del Barclays, multado el año pasado por los reguladores británico y estadounidense por manipular el Libor y su equivalente europeo, euríbor, para su beneficio económico o para dar una imagen de solvencia económica durante la crisis crediticia. Sin embargo, su Gobierno rechazó la reciente directiva europea que abogaba también por limitar las primas a los directivos.
Entre otras cosas, algunos bancos hicieron una venta indebida de seguros por impago de hipotecas. En su documento de 571 folios, la comisión pide al Gobierno que evalúe las alternativas sobre la venta del Royal Bank of Scotland (RBS), que fue rescatado por el Gobierno en la crisis crediticia y más del 80% está en manos del contribuyente británico.
En ese sentido, el documento recomienda que el Gobierno debería estudiar para el próximo septiembre las opciones sobre el RBS. Además, la comisión pide una mayor competencia entre las entidades y critica particularmente la cultura del sector bancario dominada por directivos hombres, por lo que pide que se tomen medidas cuando haya un gran desequilibrio por género.
La comisión también criticó a los organismos reguladores por no haber advertido situaciones de riesgo antes de la crisis del sistema financiero en 2008, por lo que propone que los reguladores también deban rendir cuentas ante el Parlamento.
Asimismo, la comisión propone el establecimiento de procedimientos adecuados para proteger a los empleados que quieran denunciar casos de mala gestión ante los organismos reguladores. Tras la divulgación de este informe, el departamento del Tesoro indicó que dará una respuesta a las recomendaciones antes del comienzo del receso parlamentario de verano, a finales de julio.
martes, 18 de junio de 2013
«La oligarquía económica que sostuvo al franquismo es el poder real en España»
M. CASTRO juan torres lópez Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla
Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla y coautor de los libros «La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla», «Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero» y «Lo que tienes que saber para que no te roben la pensión».
-Las pensiones se van a recortar porque vivimos mucho.
-Decir que hay que bajar las pensiones porque aumenta la esperanza de vida es un engaño. Es un juego de manos para dejar fuera otros aspectos que hay que abordar, como el paro, la distribución cada día más injusta y desigual de las rentas y un modelo económico que no favorece la productividad. Sólo con que la productividad creciera como en los últimos 30 años en España, estaría solucionado. Claro, si estamos haciendo unas políticas que llevan a 6 millones de personas al paro, no es que haya un problema de pensiones, es que hay un problema de estallido social. La UE, en su último informe sobre envejecimiento, dice que España gastará en 2030 de alrededor de un 14% del producto interior bruto en pensiones. ¿En 2030 España no va a poder pagar el 14% del PIB, cuando Italia o Francia gastan hoy más del 15%? Eso no tiene lógica, salvo que se acepte que quien dice eso nos va a llevar a un infierno y tengan previsto que en 30 años en España haya 12 millones de parados y los sueldos sean de 500 euros.
-¿Por qué cree que hay economistas que dan esa opinión?
-Para asustar a la gente y que corra a hacerse planes de pensiones privados, que es lo que buscan.
-¿Cómo afecta la distribución de la riqueza a la viabilidad del sistema de pensiones?
-En 1980, el 73% de las rentas en España iba a los salarios. Ahora va el 60%. En nuestras nóminas dedicamos el 33% a pensiones, y eso se aplica ahora sobre una parte más pequeña de la tarta que en los años 70 u 80. Si la distribución de la renta fuera hoy igual que entonces, habría superávit en las pensiones.
-¿Los sueldos mileuristas son parte del problema?
-Claro. Cuanto más bajos son los salarios, menos masa salarial hay para financiar las pensiones.
-¿Y bajar las pensiones para hacer viable el sistema?
-Es como si el médico dice que para que una persona deje de estar enferma hay que matarla. No tiene lógica. Es fácil conseguir más dinero para las pensiones, pero no podremos hacerlo si cada día las rentas se concentran en menos manos.
-¿Qué opina de la propuesta de cubrir vía impuestos el posible déficit del sistema?
-Hay muchos países donde las pensiones se financian a través de los Presupuestos Generales del Estado, porque son un derecho clave para evitar la pobreza.
-¿Qué sugiere ante esa concentración de la riqueza?
-Políticas contrarias a las que se vienen desarrollando desde los años 80. Aumentar los salarios y aplicar un sistema fiscal más justo, porque en España las rentas altas, los grandes patrimonios y las grandes empresas prácticamente no tributan. Si los salarios están bajando tanto es porque las rentas del capital están subiendo permanentemente. Hasta el Banco Central Europeo, que no es precisamente un grupo de economistas radicales de izquierdas, dijo hace poco en un informe que los beneficios de las empresas españolas son excesivos, sobre todo en comparación con los salarios.
-¿Esa opción no puede provocar deslocalizaciones?
-No necesariamente. Los países que tienen salarios más altos son los más competitivos del mundo, como Dinamarca y Suecia. Lo que hay que hacer es que las empresas tengan la posibilidad de obtener beneficios por otra vía, no empobreciendo a la gente. Calidad, innovación, investigación y alta cualificación son claves; pero si tenemos un Gobierno cuya estrategia económica es crear casinos y prostíbulos, el país se viene abajo. Lo único que se consigue así son comisiones a los políticos que lo aprueban.
-¿Qué cree que está pasando?
-Que en los últimos años se ha dejado hacer a bancos y a las grandes finanzas, que han cometido fechorías y desplomado el sistema financiero internacional. Eso bloqueó el crédito, las empresas se hundieron y despidieron a millones de trabajadores. Y los gobiernos se endeudaron. El problema es que en lugar de poner freno a esa situación, se usa la crisis como excusa para aplicar políticas que fortalecen más a los que provocaron la crisis.
-En EE UU un financiero como Madoff acabó en la cárcel por estafa. ¿Cree que habría corrido la misma suerte en España?
-Aquí lo que estamos viendo es que hay financieros que son delincuentes, que se hicieron fuertes en la dictadura, que han mantenido ese poder y que gobiernan los poderes legislativos, ejecutivo y judicial. Hemos visto fiscales que son abogados defensores de delincuentes financieros; financieros condenados en firme, indultados de modo irregular, y estamos viendo cada dos por tres que a los financieros les prescriben los procesos en los Juzgados, evidentemente, con la connivencia de jueces corruptos, que están en las más altas instancias de la magistratura. Vivimos en un país corrupto desde la instancia más alta del Estado hacia abajo.
-¿Desde la más alta?
-Desde la más alta, desde la jefatura del Estado hacia abajo, y, por lo tanto, en este país la economía se resiente porque no hay limpieza, no hay seguridad y no hay transparencia. Mientras no acabemos con una corrupción institucionalizada, no va a poder salir adelante la economía.
-¿Qué propone?
-Poner en claro lo que ha pasado. No puede ser que haya silencio en torno a lo que hacen nuestras máximas autoridades, que los medios no hablen de las cosas que pasen y que los medios públicos estén manipulados por gobiernos. Hace falta que la ciudadanía se dé cuenta del robo que le están haciendo y exija investigar, depurar responsabilidades y finalmente castigar a los responsables.
-Hay relevantes procesos judiciales abiertos por corrupción y suelen ocupar las primeras planas de los medios...
-Estratégicamente. En cuanto a los procesos judiciales, vemos cómo la fiscalía se convierte en abogado defensor. O a jueces perseguidos y amenazados cuando investigan delitos financieros. Y vemos cómo desde las instancias más altas del Estado se mueve Roma con Santiago para echar tierra sobre estas cosas.
-¿El poder real es el político?
-No. Ni en España ni en ningún sitio. En España el poder real lo tienen un grupo de 1.000 a 2.000 personas, con un poder financiero impresionante, que procede en la gran mayoría de los casos del franquismo. Ocupan consejos de administración en la industria, en los servicios, en los medios de comunicación y en los bancos. Vivimos en un país dominado por una oligarquía económica y financiera que tiene un poder muy grande. ¿Qué característica tienen los países que están sufriendo en mayor medida la crisis en Europa? Grecia, Portugal y España han tenido dictaduras recientes y largas y la democracia no está tan consolidada y, por lo tanto, hay grupos que pueden actuar con mucha más impunidad y arbitrariedad. Y eso debilita las economías, porque debilita el tejido social.
-... Pero la gente pasa por las urnas. ¿No es eso una democracia?
-No, porque la democracia es deliberación y participación. Y tenemos una ley electoral injusta, porque la transición se hizo para que los grupos oligárquicos mantuvieran su poder. No se desmanteló el aparato económico y financiero que había sostenido el franquismo. Están los mismos, muchos fueron ministros, altos cargos o banqueros con Franco. Y están sus hijos. Continúan los mismos apellidos.
-¿Qué cree que va a pasar?
-La gente está tomando conciencia. En las próximas contiendas electorales se va a comprobar, y se va a dar un vuelco en este país.
-¿Hacia dónde?
-El régimen bipartidista de la transición se está descomponiendo. Las encuestas lo dicen claramente. La gente rechaza la política tradicional y quiere participar de otro modo en la vida pública. Eso se va abriendo paso y se va a crear un conflicto, porque tenemos en el Gobierno un partido reaccionario, corrupto y con dirigentes que no se guían por convicciones, porque, si no, no tendrían que tener sobresueldos. Cuando un país está gobernado por mercenarios de la política está condenado a que antes o después estalle y que la sociedad repudie esa concepción prostituida del servicio público.
-Habla de un pequeño grupo oligárquico que detenta el poder. ¿Cómo es eso posible?
-Para mantener sus privilegios tratan de cegar a la gente, evitando que tomen conciencia de lo que están pasando. Es el abecé del poder, que los que están debajo de la bota no se den cuenta. Como tienen muchos recursos, lo logran en gran medida; pero la historia demuestra que antes o después la gente saca la cabeza.
-¿Pan y circo?
-Sí, pero ahora el pan falla y la gente empieza a darse cuenta de que esto iba bien, pero sólo para unos cuantos; pero, claro, si a pesar de eso la gente pone la tele por la noche y se le va la cabeza en otras cosas, eso los anestesia; pero de ahí se sale.
Juan Torres López es catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla y coautor de los libros «La crisis financiera. Guía para entenderla y explicarla», «Los amos del mundo. Las armas del terrorismo financiero» y «Lo que tienes que saber para que no te roben la pensión».
-Decir que hay que bajar las pensiones porque aumenta la esperanza de vida es un engaño. Es un juego de manos para dejar fuera otros aspectos que hay que abordar, como el paro, la distribución cada día más injusta y desigual de las rentas y un modelo económico que no favorece la productividad. Sólo con que la productividad creciera como en los últimos 30 años en España, estaría solucionado. Claro, si estamos haciendo unas políticas que llevan a 6 millones de personas al paro, no es que haya un problema de pensiones, es que hay un problema de estallido social. La UE, en su último informe sobre envejecimiento, dice que España gastará en 2030 de alrededor de un 14% del producto interior bruto en pensiones. ¿En 2030 España no va a poder pagar el 14% del PIB, cuando Italia o Francia gastan hoy más del 15%? Eso no tiene lógica, salvo que se acepte que quien dice eso nos va a llevar a un infierno y tengan previsto que en 30 años en España haya 12 millones de parados y los sueldos sean de 500 euros.
-¿Por qué cree que hay economistas que dan esa opinión?
-Para asustar a la gente y que corra a hacerse planes de pensiones privados, que es lo que buscan.
-¿Cómo afecta la distribución de la riqueza a la viabilidad del sistema de pensiones?
-En 1980, el 73% de las rentas en España iba a los salarios. Ahora va el 60%. En nuestras nóminas dedicamos el 33% a pensiones, y eso se aplica ahora sobre una parte más pequeña de la tarta que en los años 70 u 80. Si la distribución de la renta fuera hoy igual que entonces, habría superávit en las pensiones.
-¿Los sueldos mileuristas son parte del problema?
-Claro. Cuanto más bajos son los salarios, menos masa salarial hay para financiar las pensiones.
-¿Y bajar las pensiones para hacer viable el sistema?
-Es como si el médico dice que para que una persona deje de estar enferma hay que matarla. No tiene lógica. Es fácil conseguir más dinero para las pensiones, pero no podremos hacerlo si cada día las rentas se concentran en menos manos.
-¿Qué opina de la propuesta de cubrir vía impuestos el posible déficit del sistema?
-Hay muchos países donde las pensiones se financian a través de los Presupuestos Generales del Estado, porque son un derecho clave para evitar la pobreza.
-¿Qué sugiere ante esa concentración de la riqueza?
-Políticas contrarias a las que se vienen desarrollando desde los años 80. Aumentar los salarios y aplicar un sistema fiscal más justo, porque en España las rentas altas, los grandes patrimonios y las grandes empresas prácticamente no tributan. Si los salarios están bajando tanto es porque las rentas del capital están subiendo permanentemente. Hasta el Banco Central Europeo, que no es precisamente un grupo de economistas radicales de izquierdas, dijo hace poco en un informe que los beneficios de las empresas españolas son excesivos, sobre todo en comparación con los salarios.
-¿Esa opción no puede provocar deslocalizaciones?
-No necesariamente. Los países que tienen salarios más altos son los más competitivos del mundo, como Dinamarca y Suecia. Lo que hay que hacer es que las empresas tengan la posibilidad de obtener beneficios por otra vía, no empobreciendo a la gente. Calidad, innovación, investigación y alta cualificación son claves; pero si tenemos un Gobierno cuya estrategia económica es crear casinos y prostíbulos, el país se viene abajo. Lo único que se consigue así son comisiones a los políticos que lo aprueban.
-¿Qué cree que está pasando?
-Que en los últimos años se ha dejado hacer a bancos y a las grandes finanzas, que han cometido fechorías y desplomado el sistema financiero internacional. Eso bloqueó el crédito, las empresas se hundieron y despidieron a millones de trabajadores. Y los gobiernos se endeudaron. El problema es que en lugar de poner freno a esa situación, se usa la crisis como excusa para aplicar políticas que fortalecen más a los que provocaron la crisis.
-En EE UU un financiero como Madoff acabó en la cárcel por estafa. ¿Cree que habría corrido la misma suerte en España?
-Aquí lo que estamos viendo es que hay financieros que son delincuentes, que se hicieron fuertes en la dictadura, que han mantenido ese poder y que gobiernan los poderes legislativos, ejecutivo y judicial. Hemos visto fiscales que son abogados defensores de delincuentes financieros; financieros condenados en firme, indultados de modo irregular, y estamos viendo cada dos por tres que a los financieros les prescriben los procesos en los Juzgados, evidentemente, con la connivencia de jueces corruptos, que están en las más altas instancias de la magistratura. Vivimos en un país corrupto desde la instancia más alta del Estado hacia abajo.
-¿Desde la más alta?
-Desde la más alta, desde la jefatura del Estado hacia abajo, y, por lo tanto, en este país la economía se resiente porque no hay limpieza, no hay seguridad y no hay transparencia. Mientras no acabemos con una corrupción institucionalizada, no va a poder salir adelante la economía.
-¿Qué propone?
-Poner en claro lo que ha pasado. No puede ser que haya silencio en torno a lo que hacen nuestras máximas autoridades, que los medios no hablen de las cosas que pasen y que los medios públicos estén manipulados por gobiernos. Hace falta que la ciudadanía se dé cuenta del robo que le están haciendo y exija investigar, depurar responsabilidades y finalmente castigar a los responsables.
-Hay relevantes procesos judiciales abiertos por corrupción y suelen ocupar las primeras planas de los medios...
-Estratégicamente. En cuanto a los procesos judiciales, vemos cómo la fiscalía se convierte en abogado defensor. O a jueces perseguidos y amenazados cuando investigan delitos financieros. Y vemos cómo desde las instancias más altas del Estado se mueve Roma con Santiago para echar tierra sobre estas cosas.
-¿El poder real es el político?
-No. Ni en España ni en ningún sitio. En España el poder real lo tienen un grupo de 1.000 a 2.000 personas, con un poder financiero impresionante, que procede en la gran mayoría de los casos del franquismo. Ocupan consejos de administración en la industria, en los servicios, en los medios de comunicación y en los bancos. Vivimos en un país dominado por una oligarquía económica y financiera que tiene un poder muy grande. ¿Qué característica tienen los países que están sufriendo en mayor medida la crisis en Europa? Grecia, Portugal y España han tenido dictaduras recientes y largas y la democracia no está tan consolidada y, por lo tanto, hay grupos que pueden actuar con mucha más impunidad y arbitrariedad. Y eso debilita las economías, porque debilita el tejido social.
-... Pero la gente pasa por las urnas. ¿No es eso una democracia?
-No, porque la democracia es deliberación y participación. Y tenemos una ley electoral injusta, porque la transición se hizo para que los grupos oligárquicos mantuvieran su poder. No se desmanteló el aparato económico y financiero que había sostenido el franquismo. Están los mismos, muchos fueron ministros, altos cargos o banqueros con Franco. Y están sus hijos. Continúan los mismos apellidos.
-¿Qué cree que va a pasar?
-La gente está tomando conciencia. En las próximas contiendas electorales se va a comprobar, y se va a dar un vuelco en este país.
-¿Hacia dónde?
-El régimen bipartidista de la transición se está descomponiendo. Las encuestas lo dicen claramente. La gente rechaza la política tradicional y quiere participar de otro modo en la vida pública. Eso se va abriendo paso y se va a crear un conflicto, porque tenemos en el Gobierno un partido reaccionario, corrupto y con dirigentes que no se guían por convicciones, porque, si no, no tendrían que tener sobresueldos. Cuando un país está gobernado por mercenarios de la política está condenado a que antes o después estalle y que la sociedad repudie esa concepción prostituida del servicio público.
-Habla de un pequeño grupo oligárquico que detenta el poder. ¿Cómo es eso posible?
-Para mantener sus privilegios tratan de cegar a la gente, evitando que tomen conciencia de lo que están pasando. Es el abecé del poder, que los que están debajo de la bota no se den cuenta. Como tienen muchos recursos, lo logran en gran medida; pero la historia demuestra que antes o después la gente saca la cabeza.
-¿Pan y circo?
-Sí, pero ahora el pan falla y la gente empieza a darse cuenta de que esto iba bien, pero sólo para unos cuantos; pero, claro, si a pesar de eso la gente pone la tele por la noche y se le va la cabeza en otras cosas, eso los anestesia; pero de ahí se sale.
lunes, 17 de junio de 2013
Sin rastro de sus hijos en Lugo
El celador del hospital relata que quedó impresionado por la cantidad de tranquilizante que se le había suministrado a la madre. Recuerda que había orden de mantener la puerta siempre cerrada y no perder de vista a la parturienta bajo ningún concepto. A él y a los otros dos compañeros que se turnaban las 24 horas les explicaron que aquella paciente era una esquizofrénica “peligrosa”, pero él asegura que no era cierto. “Más bien al revés. Parecía un secuestro”, relató. “Había un mutismo general”, justificó a la juez. Si alguien hablaba, “enseguida se acababa el contrato”.
Después de que a Paula se le administrara la tercera pastilla del ansiolítico hipnótico, llegaron cuatro mujeres. Dos que no llevaban bata blanca entraron en el cuarto y mandaron marchar a todo el mundo, describe el celador. Cuando salieron de nuevo, una llevaba en la mano los papeles y la otra, la ropita del bebé. Los Valium hicieron dormir a Paula el resto de la jornada. En las jornadas sucesivas, narra el celador, cada vez que gritaba pidiendo a su bebé, volvían a darle otra pastilla.
Hasta que la madre firmó el consentimiento de entrega, el crío, que nació completamente sano, permaneció recluido en una “incubadora de aislamiento”, separado de todos los demás. Entonces, según varios testimonios recogidos por el juzgado, se lo llevaron las monjas del Hogar Madre Encarnación. Ni a la madre ni al padre se lo dejaron ver. Según el celador, que declaró que en el hospital se habían dado otros casos semejantes, las enfermeras comentaban que era “una pena” lo que estaba pasando, conmovidas porque aquel recién nacido era “muy guapo”.
Se conoce como Operación Bebé aunque hay quien la llama también caso Chupete u Operación Cuna. Quizás la variedad de nombres que se oyen en las calles de Lugo se deba a la falta de repercusión pública (y a la escasa información que ha salido a la luz hasta el momento) de tan delicadas indagaciones llevadas a cabo por la juez Estela San José en los mismos meses en que instruía el sumario del caso Campeón, que implica a numerosos empresarios y políticos, y que en una de sus derivadas amenaza al exministro José Blanco.
El caso de los bebés robados incluye más de una docena de historias de la última década. Algunas tan dramáticas como la de una mujer que en 2006, 30 días después de entregar a su criatura, se arrojó desesperada desde un octavo piso y quedó tetrapléjica, con invalidez en el 99% de su cuerpo. También el de una chica que en 2003 firmó el consentimiento de adopción de un recién nacido amenazada por un mafioso de nacionalidad rusa. El hombre le había asegurado que, si desobedecía, mataría a su otra hija, según su denuncia. El extenso expediente de Elena es el de una madre que habla de la desaparición de dos bebés. Asegura que la Administración le arrebató el primero, que volvió a quedarse embarazada para mitigar la pérdida y que le quitaron al segundo, que solo vio en el parto. Cuenta Elena que le dijeron que el escollo más grande para criarlos era la casa en la que vivía. Pequeña, pobre, con cocina de leña. Hizo el esfuerzo, con su marido, de mudarse a un piso grande, “con calefacción y cocina moderna”, y ha pagado las mejoras limpiando casas ajenas. Hoy sus niños tienen seis y siete años y no sabe dónde viven.
“Cuando vemos en la prensa que se llenan páginas y páginas con sor María y los bebés robados de hace décadas, nosotros decimos: ¡Pero si algo parecido está pasando aquí y ahora!”, comenta el abogado de Nabila, argelina, madre soltera que dio a luz en febrero de 2011 en el Hospital de Burela (al norte de la provincia de Lugo) y que ahora intenta recuperar a su hija “arrebatada”, mientras otro juzgado de Pontevedra avanza paralelamente en el proceso de adopción.
Nabila, que prácticamente acababa de llegar a España para trabajar como empleada de hogar cuando quedó embarazada, asegura que cuando parió no conocía el idioma y que en el hospital firmó los papeles que autorizaban el acogimiento preadoptivo porque creía que era su alta hospitalaria.
La Operación Bebé se puso en marcha a raíz de la denuncia que presentaron cuatro abogadas por supuestas irregularidades detectadas en la tramitación por parte del Gobierno gallego de expedientes de desamparo de pequeños y, sobre todo, recién nacidos. Ahora, según explica Elías Fernández Jorge, uno de los padres que lucha por recuperar a su niño “secuestrado por la Xunta” —al que vio por última vez a través de una ventana hace más de tres años—, en el juzgado se acumulan historias de “casi 20 familias”. Otras fuentes hablan de algo más de una docena. El último caso, por la documentación a la que ha tenido acceso este periódico, es de mayo de 2011.
El número de abogados denunciantes, la mayoría de oficio, ha ido aumentando desde las cuatro iniciales. Todos ellos coinciden en que, en pleno siglo XXI, personal del Servicio de Menores de la Xunta de Galicia en Lugo ha estado retirando niños “con vistas a la adopción” mediante actuaciones “arbitrarias” basadas en informes subjetivos “que ellos mismos elaboran” o que encargan, por ejemplo, a una orden de monjas, las Hermanas Terciarias Franciscanas del Rebaño de María, que regenta en la ciudad el Hogar Madre Encarnación. La Congregación de las Causas de los Santos tramita actualmente en el Vaticano la beatificación de la religiosa que da nombre a esta residencia lucense para madres y niños desamparados, fundadora de la orden de monjas, con casa matriz en Cádiz.
En el caso de Paula, tampoco se tuvo en cuenta la figura paterna. Según consta en la denuncia que presentó más tarde su marido, Braulio, la declaración de desamparo del niño se tramitó en la Xunta haciendo constar que el lactante era de “padre desconocido”. Pero Braulio luchaba en la puerta del hospital por entrar a conocer a su vástago. Cumplía por entonces una orden de alejamiento de su esposa. No obstante, su consentimiento era igualmente imprescindible para tramitar la acogida del menor. Y él no lo daba “bajo ningún concepto”, como hizo constar ya en un primer escrito a la dirección del hospital. Inmediatamente, el Servicio de Menores de la delegación de la Xunta en Lugo acordó prohibir la relación del menor con toda su familia.
A Paula y a Braulio, fontanero de profesión, aquel embarazo les había dado mucha alegría. Ella ya había comprado la cuna. Había hecho acopio de patucos, de jubones, de pijamas diminutos. No quería por nada del mundo desprenderse de ese crío. Después entró en barrena. Iba casi a diario a hacerse pruebas de embarazo, pero ya no pudo tener más bebés. Su historia fue la primera que llegó a manos de una abogada lucense y también la primera que ha conocido la ciudad gracias a un reportaje que publicó La Voz de Galicia en su edición local. Braulio rompió el hielo que paralizaba a tantas familias al presentar su denuncia. Pero aún hoy no puede ver a su niño.
Los letrados de Lugo que se han aliado en defensa de estos progenitores desamparados aseguran que se dan una y otra vez “misteriosas desapariciones” de documentación y alegaciones aportadas por las familias biológicas, y que se decreta “apresuradamente” en todos los casos cuestionados la suspensión cautelar del derecho de los niños a relacionarse con sus padres, hermanos, abuelos y demás parientes “a espaldas de la ley”, obviando la preceptiva ratificación de un juez. Según el Código Civil, aunque un padre pierda la patria potestad, los encuentros con miembros de la familia extensa solo pueden cortarse por vía judicial. Así lo reconoce un portavoz de la Xunta, consultado por este motivo: “Si efectivamente se hizo así, es ilegal”. Si algún día llegase a resolverse a favor de los progenitores esta investigación, “los daños van a ser irreparables”, argumentan los abogados. Los niños serán ya mayores. A esas alturas no conocerán otra vida y otro hogar que el adoptivo.
Marta cuenta que fue ingresada por el Ayuntamiento de Lugo en la residencia de las monjas del Rebaño de María cuando se quedó embarazada. Había perdido ya a sus dos niños mayores por informes de la Xunta que aludían como justificación a certificados médicos y escolares cuyo contenido era diametralmente opuesto al real. Las religiosas, dice, no le dejaron comprar el cochecito. Al poco tiempo de parir, presionada para que entregase el bebé, se puso “un chándal sobre otro” y acudió al pediatra, que le extendió un certificado que daba fe de que aquella cría estaba “perfectamente cuidada”. Con él en la maleta y la niña en brazos huyó a Portugal, y desde allí, con el padre de sus hijos, lucha por recuperar a los mayores.
En unas diligencias previas de mayo de 2010, la juez se refería a “graves irregularidades” que “podrían llegar a ser consideradas como presuntos delitos de falsedad documental, desobediencia grave a la autoridad e incluso prevaricación, por parte de funcionarios públicos”. Más adelante explicaba que “en la tramitación referente a procedimientos de acogida, preadopción y adopción” aparecen expedientes de la Xunta que citan otros documentos “cuyo contenido no es el que aluden”. “Hablan de informes médicos negativos que, en realidad, tienen un carácter positivo” y “se toman decisiones” basándose en “otros informes médicos que no existen”.
Con la investigación judicial en marcha, se han producido registros en la delegación de Familia y Menores en Lugo y en la residencia de las religiosas. Aunque de momento no hay imputados, y la investigación, según los abogados denunciantes, se ha estancado después de que cambió de juzgado por decisión de la instructora. Con la investigación del caso Campeón prácticamente concluido, pendiente solo del último papeleo, Estela San José eligió el día de los Santos Inocentes de 2012 para reactivar los interrogatorios relacionados con la retirada administrativa de lactantes. La magistrada continuó las diligencias hasta bien entrado este año, pero finalmente decidió inhibirse porque en los años transcurridos entabló amistad, por cuestiones ajenas al caso, con una de las letradas denunciantes. La investigación judicial está ahora en manos de Sandra Piñeiro, titular del juzgado 2.
La Xunta intentó personarse en un momento de la investigación como “perjudicada”, pero el juzgado desestimó la petición. Según una portavoz oficial de la Consejería de Bienestar, el departamento responsable de las adopciones, el Gobierno gallego está “deseando” que avancen las diligencias y se empiecen a despejar culpabilidades. “Estamos en ascuas. Al no poder personarnos no tenemos información y no podemos tan siquiera abrir una investigación interna”, explica la misma persona. “No sabemos nada de nada, solo que la juez estuvo en la delegación y se llevó papeles. La sensación es de impotencia, porque no se sabe a quién se investiga. Los trabajadores del departamento de Menores de Lugo se sienten señalados, están personalmente mal”, y además, “reciben un aluvión de llamadas telefónicas de familias que también están preocupadas”. Los nombres de dos responsables del departamento aparecen citados por un fiscal como personas que deben ser llamadas a declarar en calidad de testigos, en relación con el caso de la niña que nació en Burela. La Xunta asegura, sin embargo, que todavía no han recibido notificación.
Una de las últimas actuaciones que hizo la juez San José antes de dejar el caso fue tomar declaración como testigo, el pasado 21 de enero, a sor Belén, la directora del Hogar Madre Encarnación. La institución lleva a cabo un programa social, Sí a la vida, de acogida de gestantes sin recursos en los últimos meses de embarazo. La orden se desvincula de las decisiones que toma la Administración autonómica. Según sor Belén, cuyo nombre civil es Alicia Berna, ellas se limitan a formar a las mujeres internadas, les “enseñan a limpiar”. Luego, cuando nace el niño, redactan informes “a requerimiento de Menores”.
A veces, explican varios abogados del grupo denunciante, no llega a haber contacto entre la familia biológica y los críos, pero en otras ocasiones les son retirados a las madres cuando ya han empezado a darles de mamar. Al menos dos de las mujeres que revelaron haber sido despojadas de sus bebés, y que declararon ya en los juzgados de Lugo, relatan que las monjas, además de obligarlas a trabajar barriendo y fregando la residencia, un edificio de cuatro plantas en plena ciudad, pretendieron convencerlas de que entregasen a sus hijos en adopción. Les hablaban, según estos testimonios del sumario, de que había matrimonios “interesados” en esos bebés, hogares capaces de darles mejor vida a las criaturas. Así lo afirma ante la Policía Judicial, por ejemplo, Kristina, una testigo protegida que en abril de 2003, sin saber castellano, según se recoge en la instrucción, firmó el consentimiento de adopción (y la obligatoria ratificación al mes siguiente) presionada por las amenazas de un “hombre ruso” residente en Ribadeo.
Este enigmático personaje del que ella, inmigrante de Europa del Este, dice no saber nada, es quien la interna y quien la recoge, una vez alumbrado el niño, en el Hogar Madre Encarnación, del que no podía salir si no era acompañada por personal de la casa. Tal y como declara la chica, el hombre le advirtió que “matarían” a su hija mayor (que vivía con los abuelos en su país de origen) si no firmaba los papeles de la Xunta. Presa del pánico, Kristina consintió separarse para siempre de su recién nacido, al que nunca llegó a ver, aunque sabe que era varón y pesó en el parto cuatro kilos. Un par de semanas antes del nacimiento, describe en su declaración ante la Guardia Civil, “una de las monjas” le dijo que “había dos familias interesadas” y que una de estas podía “pagar más que la otra”.
Según el celador del Xeral Calde que decidió declarar y contar el episodio de los Valium a favor de Paula y de su marido, Braulio, en el hospital oyó que “una chica de Guntín [municipio del sur de Lugo] que había dado a luz un niño, lo vendió voluntariamente y con el dinero compró un tractor”.
Cada caso de los que recoge la instrucción daría para una novela. Desde el 20 de octubre ya no pesa el secreto sumarial aunque el juzgado, según critican abogados que presentaron las denuncias, solo ha dado acceso a siete tomos, posiblemente “mucho menos de la mitad” de los que ya se acumulan. Por sus páginas desfilan mujeres víctimas de malos tratos, enfermas, sin recursos, sin familia, sin apenas estudios, inmigrantes recién llegadas y desorientadas, invisibles para la sociedad. Según sus letrados, tienen fe en la Administración, en los servicios sociales, y no saben, en muchos casos, que tienen derecho a defenderse frente a estos, ni tan siquiera que existe un cuerpo de abogados gratuito.
Algunos de los primeros casos que se fueron sumando a la denuncia inicial son de víctimas de trata. “Prostituta”, “bailarina”, son las profesiones que declaran trabajadoras de clubes de alterne de Lugo y A Coruña que cuentan cómo se vieron despojadas de sus recién nacidos, a los que apenas o jamás llegaron a tener en brazos. Estas historias formaban parte de la instrucción del truculento caso Carioca, que destapó una auténtica mafia de proxenetismo que dominaba varios prostíbulos, con base de operaciones en el club Queen’s, y que estaba edificada sobre los recios cimientos de una policía corrupta. En la Carioca, cientos de mujeres declararon contra agentes que no solo amparaban los negocios clandestinos, sino que los regentaban.
Dulce, otra de las testigos protegidas, esta vez brasileña, que perdió a su bebé en el laberinto burocrático, relata que fue precisamente un policía quien la llevó al Hogar Madre Encarnación y más tarde a un psiquiátrico. La biografía gallega de esta madre es aterradora. Decidió emigrar porque quedó viuda y necesitaba mantener a los dos hijos que había tenido en Brasil. Llegó a España en 2002 con una deuda de 3.800 euros que debía abonar a tres clásicos de los banquillos sobre prostitución en la comunidad: Manuel Manteiga, alias El Increíble (liberado por el Supremo de una condena de 34 años) y sus socios (en paradero desconocido desde 2004 a raíz de la misma sentencia) Manuel Ulloa, El Melenas; y José Rico, El Pelao.
Después, Dulce cambió de club varias veces, quedó embarazada de un hombre que (probablemente por miedo) no quiso identificar en sus declaraciones y se negó a abortar, ilusionada con la idea de tener un tercer hijo a este lado del océano. Entonces fue internada en el Hogar Madre Encarnación, y dio a luz una niña que entregó, supuestamente presionada y confundida por las terribles experiencias vividas. Cayó en una fuerte depresión, pasó por varios psiquiátricos, y en un episodio negro del que no recuerda casi nada, acabó tetrapléjica y perdió un brazo. La versión oficial cuenta que a los 30 días de dar a luz se arrojó desde un octavo piso en un hospital de Pontevedra. La había trastornado la idea de recuperar a su bebé. Hoy es una mujer lúcida, testigo clave en la lucha contra las mafias del sexo en Galicia. No recuerda qué fue lo que le pudo pasar, pero se acuerda cada minuto de su bebé.
Las casualidades de la vida, en una ciudad pequeña como Lugo, se dan con desquiciante frecuencia. Si una operación judicial desemboca en otra y todas, en algún momento, son parientes, resulta que en algunas tarjetas sanitarias que aparecen fotocopiadas dentro de la instrucción, de mujeres recluidas en la recta final de su embarazo en la residencia de las religiosas, figura como médico de cabecera el ya tristemente famoso doctor Carlos Jesús Abuín, imputado en la Operación Carioca. Varias trabajadoras de burdeles de Lugo lo identificaron como autor de abortos ilegales en una sórdida clínica en la que presuntamente, a cambio de 500 o 600 euros, el ginecólogo extraía los fetos con “una manguera” y sin aplicar anestesia. Una de las gestantes describe en sus declaraciones la escena. Gritaba y gritaba “muerta de dolor”, y nada más terminar Abuín le dijo fríamente: “Vístete rápido y vete a casa”. A los pocos días sufrió una fuerte hemorragia. Las que, enfrentándose a las amenazas de sus chulos, decidían llevar a término sus embarazos recluidas en las monjas, se topaban también con él en el Servicio Gallego de Salud, donde ejercía como médico de familia.
La cumbre del G8, por primera vez protegida por 'drones
Según el comandante del equipo de seguridad del G8, el subjefe de policía Alistair Finlay, los vehículos no tripulados de vigilancia no se parecen a los 'drones' que disparan misiles estadounidenses en Afganistán y Pakistán. Según el oficial, los aviones no tripulados 'se alimentan' de baterías que se agotan en unas horas, por lo que su operador necesita tener tres baterías solo para estar seguro de que siempre haya al menos una carga completa.
Además, ante la amenaza que podrían plantear manifestantes violentos, más de 8.000 policías participan en uno de los mayores operativos de seguridad de la historia del Reino Unido, que incluye lanchas rápidas patrullando el lago Erne.
Londres, como presidente este año del G8, ha escogido el aislado y lujoso complejo hotelero de Lough Erne, próximo a la localidad irlandesa de Enniskillen, para albergar durante dos días la reunión anual de los líderes de Estados Unidos, Japón, Francia, Italia, Canadá, Alemania, Reino Unido y Rusia.
El fin de semana pasado, igual que hoy, cientos de personas salieron a las calles de Belfast (Irlanda del Norte) para manifestarse contra la cumbre del G8.
Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/97615-cumbre-g8-irlanda-drones
domingo, 16 de junio de 2013
Entrevista con Richard Sennett
Con ocasión del congreso La fragilizaciónde las relaciones sociales el sociólogo norteamericano Richard Sennett visitó elCBA. Profesor de teoría social y cultural en la London School of Economics desde que se afincara en Inglaterra, en 1999, su libroLa corrosión del carácter se ha convertido en pocos años en un clásico del análisis de los procesos de disolución del tejido social y la erosión de las bases morales de las relaciones personales en el capitalismo tardío.
En su último libro publicado en España, El respeto, habla usted abundantemente de su vida: del compromiso político de sus padres, de su infancia en un bloque de viviendas sociales en Chicago… ¿Contribuye de algún modo esa herencia a explicar la orientación o el enfoque de su trabajo teórico?
Mi padre y mi tío, que eran anarquistas, lucharon en la Guerra Civil española con el POUM, y su relación con España estuvo bastante circunscrita a Cataluña, y a Barcelona en particular. Cuando volvieron a Estados Unidos se encontraron con que allí a nadie le importaba la diferencia entre estalinistas, anarquistas y trotskistas y fueron catalogados, simplemente, como izquierdistas. De ahí parte la larga relación que tiene mi familia con España. Tras la muerte de Franco me quedé asombrado al ver que la mayor parte de los españoles de mi generación que conocía porque estaban exiliados en Nueva York, se convertían de pronto en alcaldes de ciudades como Barcelona. Uno de ellos, Narcís Serra, llegó a ser Ministro de Defensa. Me sorprendió mucho aquella brusca evolución. En cuanto a la relación de mi historia personal con mis libros, lo cierto es que si incluí en El respeto todo este material autobiográfico no fue para intentar explicar de dónde proceden mis teorías o, al menos, no fue exactamente por eso. Pero, ya que estaba escribiendo sobre el respeto, esa relación tan básica para el buen funcionamiento de la sociedad, para el estado de bienestar y los pobres, pensé que sería más ilustrativo describirlo recurriendo a mi propia infancia que limitarme a teorizar. El respetoforma parte de una trilogía cuyo primer libro es La corrosión del carácter y que se completa con un ensayo que aparecerá próximamente en España: La cultura del nuevo capitalismo. Estos tres volúmenes forman una especie de ciclo en el que describo qué es el nuevo capitalismo centrando mi atención en el trabajo en el caso de La corrosión del carácter, en el estado de bienestar en El respeto y en la cultura en el que libro que está a punto de salir.
Resulta habitual que en los estudios sociales de los últimos años se mencione un cambio económico, político y social que habría tenido lugar entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta, un cambio que se ha conceptualizado de maneras muy diferentes: capitalismo tardío, sociedad posindustrial, paso a un sistema de producción posfordista o a un régimen de acumulación flexible… En La corrosión del carácter también usted aludía a esta transformación citando algunos fragmentos del clásico libro de Piore y Sabel The Second Industrial Divide. ¿Cree que se trata de un cambio de gran calado o de una modificación superficial?
En mi opinión, se trata de un cambio profundo y estructural: el capitalismo ha entrado en una nueva era, que no se puede describir únicamente en términos de globalización. Se ha producido una transformación profunda en las instituciones y también en las expectativas que tiene la gente acerca de la relación entre la economía política y la cultura. En esta trilogía de la que hablaba he intentado demostrar que no estamos presenciando simplemente un fenómeno pasajero. Y no creo que la izquierda haya comprendido aún el calado de esta mutación, como no ha comprendido las profundas modificaciones que la tecnología está introduciendo en el sistema capitalista ni en qué medida esta tecnología se emplea para incrementar las desigualdades y la dominación. Si no tenemos en cuenta esta transformación nos limitaremos a mirar hacia atrás y a pedir que las cosas no cambien, como esos estudiantes franceses que se están manifestando porque quieren una seguridad que ya no tienen. No creo que ése sea un buen método para combatir este tipo de cambio. Cuando emprendí esta investigación sobre el nuevo capitalismo que me ocupa desde hace prácticamente quince años, casi todo el mundo identificaba lo que estaba ocurriendo con una nueva fase del imperialismo americano. Sin embargo, ahora vemos que los mismos cambios están teniendo lugar en China, en la India… Sería demasiado simplista decir que ya hemos visto antes lo que está ocurriendo allí. Se trata de dos países extremadamente pobres que, de pronto, han alcanzado una posición de poder muy importante y están presenciando cómo en su seno se genera una profunda contradicción entre los nuevos tipos de clase media y la gente que se está quedando rezagada. No cabe duda de que éste es un cambio estructural producido, digamos, por la economía y no el resultado intencionado de las maniobras de Estados Unidos. Son temas importantes sobre los que es preciso reflexionar.
En sus ensayos utiliza abundantemente estudios de caso, historias de vida y transcripciones de conversaciones. Además de manejarse estupendamente con el lenguaje, se aprecia claramente que tiene una especial sensibilidad para este tipo de relatos. No me ha sorprendido, pues, descubrir que también ha escrito usted tres novelas, que no están traducidas al castellano. ¿Qué le llevó a escribir narrativa?
A lo largo de mi formación como sociólogo aprendí a recabar y a utilizar historias de vida en mi investigación. Este método de estudio se basa en una teoría según la cual, para comprender el significado de los hechos políticos o económicos es preciso situarlos en un contexto temporal. Se trata de un enfoque que surge de la tradición etnográfica de la sociología británica, aunque también ha recibido influencias del psicoanálisis. Su objetivo es llegar a comprender la situación dentro de un marco narrativo amplio. En realidad, mi formación como sociólogo estuvo muy próxima a la antropología y dado que la mayor parte de mis investigaciones requerían entrevistas de hasta diez y doce horas, acabé desembocando en la narrativa de una manera muy natural. Para mí, la literatura y la sociología no son cosas tan distintas. Por lo demás, si bien es cierto que no soy un novelista particularmente bueno, mis novelas fueron para mí una especie de extensión de mis estudios, una investigación diferente que también me servía para comprender el lugar de las cosas en el marco de períodos extensos de tiempo, lo cual resulta fundamental en unos momentos en los que el rasgo más relevante de la cultura del nuevo capitalismo es la ruptura del tiempo, su fragmentación en pequeñas porciones, de forma que, como explicaba en La corrosión del carácter, las experiencias resultan muy breves e inconexas. Este tipo de investigación etnológica, que produce un tipo de conocimiento muy específico, no tiene nada que ver con la escuela estadounidense, más orientada a los números y las estadísticas, pero tampoco con la francesa; es totalmente diferente. Aunque es cierto que la obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que fue buen amigo mío y que también tuvo una formación antropológica, se basa en narraciones de este tipo. Curiosamente, en los últimos años estoy teniendo en la universidad, en Londres, bastantes alumnos franceses; tal vez están cansados de tanta teoría…
Dice usted que sociología y literatura no son cosas tan distintas… Si no me equivoco, hace algún tiempo declaró que su intención era volver a convertir la sociología en un género literario, como lo fue en el siglo XIX. ¿Qué opinión le merecen las pretensiones científicas de los sociólogos? Y, una vez que aceptamos la sociología como género literario, ¿a qué tipo de verdad cree que pueden aspirar sus conocimientos?
La primera parte de la respuesta es que no hay por qué pensar que ciencia y arte son excluyentes. Las cosas se puede hacer como las hago yo o de otro modo. En realidad, siento un enorme respeto por los investigadores que trabajan con estadísticas, aunque mi método sea distinto. El trabajo que yo llevo a cabo, y que desarrollan otros muchos estudiosos con los que comparto un enfoque similar, desemboca en un tipo de conocimiento diferente que en alemán se denomina Verstehen; es una labor de reconocimiento y empatía, aunque tal vez «empatía» no sea la palabra adecuada. En cualquier caso, es la capacidad de imaginar una vida diferente de la propia. Naturalmente, este método basado en el Verstehen no es algo que yo haya inventado, procede de una tradición muy respetable en la que destacan figuras como Dilthey o Nietzsche. Los conceptos de «verdadero» y «falso» forman parte de un lenguaje propio de un mundo muy específico. En las investigaciones de este tipo, en cambio, no se trata tanto de producir verdades cuanto de conseguir un entendimiento, una comprensión que constituye también conocimiento objetivo, aunque de un tipo muy peculiar, que permite descubrir qué es lo que hace que otro ser humano sea diferente de uno mismo. Y para lograr que el lector experimente esas diferencias y comprenda ciertos aspectos concretos que están en el interior de otras personas, quien realiza el análisis debe trabajar mucho su escritura. Si yo quiero, por ejemplo, expresar qué hay de extraño en la vida de un señor que trabaja como programador informático, no puedo limitarme a explicarlo, tengo que convertirlo en una experiencia concreta que poder narrar. Si me limito a decir «estas personas son diferentes de ustedes», el lector no captará nada. Por eso le doy tanta importancia a la forma en la que escribo.
He leído que Tony Blair ha citado su libro El respeto en apoyo de su Labour’s Respect Action Plan, un paquete de medidas destinadas a solventar los problemas de convivencia ciudadana –una normativa parecida a la ordenanza cívica que tanta polémica ha desatado en Barcelona–. ¿Comparten usted y Blair el mismo concepto de respeto?
No, en absoluto. La cuestión de los problemas de convivencia que causan los excluidos y los marginales no tiene nada que ver con el tema sobre el que escribí en mi libro. Me sorprendió muchísimo enterarme de lo de Blair; supongo que la confusión se debe a la forma de leer que tienen los políticos. En realidad, mi libro habla precisamente sobre cómo los poderosos –y esto también vale para las instituciones– podrían tratar con más respeto a los que están por debajo de ellos, a los que están en sus manos.
En los últimos años parece como si el discurso acerca de la justicia social, tan común en los estudios urbanos, hubiera sido remplazado por un discurso, muy típico del Nuevo Laborismo, que habla de «sostenibilidad social» y en el que los objetivos de competitividad y cohesión social, antaño considerados contradictorios, aparecen como complementarios. ¿Cree que los gobiernos pueden realmente lograr esta meta conjunta?
No, cohesión y competitividad son conceptos que no pueden ir de la mano. Ése es el problema. En el capitalismo, al menos en su etapa actual, no puede haber conciliación entre las ganancias económicas y la cohesión social. Todo ese discurso del que hablas no es más que palabrería, es imposible producir simultáneamente más desigualdades económicas y más solidaridad. Esta cuestión cobra tintes dramáticos en países como China. Allí el capitalismo está en plena eclosión de una manera que los europeos no podemos ni imaginar. El Partido Comunista ha resultado ser un perfecto motor para llevar a cabo esta revolución capitalista. Pero este desarrollo está separando drásticamente las zonas urbanas de las rurales, violando uno de los principios fundamentales del comunismo chino y provocando una terrible pérdida de cohesión y un conflicto dramático del que sólo se está beneficiando un tercio de la población, mientras las barreras que separan a este grupo de los dos tercios restantes se vuelven cada día más infranqueables. Últimamente están empezando a producirse revueltas en las zonas rurales y se está forjando todo un discurso sobre las desigualdades que el Partido Comunista Chino no está preparado para asumir. Este asunto constituye, por cierto, un buen ejemplo de las razones por las que debemos evitar dirigir la mirada únicamente a Estados Unidos, o hablar sólo del capitalismo anglosajón. Pero volviendo a tu pregunta, creo firmemente que no es realista afirmar que puede haber crecimiento económico y un incremento de la cohesión social al mismo tiempo. Tal vez fuera posible hace un siglo, pero ahora no.
Hace un par de años, Ray Pahl, uno de los padres de los estudios urbanos actuales, autor del clásicoWhose city?, declaraba que los investigadores llevaban años culpando a la ciudad de ciertos aspectos de la vida social que tenían bastante más que ver con política fiscal, por ejemplo, y afirmaba que lo que deberían hacer era, precisamente, insistir en la relativa insignificancia de las pautas y procesos específicamente urbanos. ¿Está de acuerdo con esta opinión de Pahl?
Pahl es un buen amigo mío. En mi opinión, lo que quiere decir con estas palabras es que no se puede tomar un fenómeno como el capitalismo flexible, por ejemplo, y tratar de intervenir a pequeña escala, a escala urbana. Si no se cambian, por ejemplo, las normas que rigen las operaciones de los bancos, quien se limite a dirigir la mirada a la sucursal bancaria de su pueblo sólo conseguirá un impacto mínimo. De todas formas, la afirmación de Pahl es realmente rotunda… Yo creo que los cambios económicos y sociales que he estudiado han tenido un efecto claro de homogeneización en las ciudades. Hoy en día, lugares tan dispares como Londres, Nueva York, Madrid, Shanghai o incluso Bombay, resultan enormemente parecidos, lo cual no deja de asombrarme. La principal razón de esta homogeneización es que el entorno urbano es el territorio ideal para que pueda operar este nuevo capitalismo, por tanto, todas las personas y los servicios irrelevantes para esta dinámica económica son expulsados del centro de las ciudades, que queda reservado para turistas y burgueses, con el inevitable componente de exclusión social que ello conlleva.
En sus libros, especialmente en La corrosión del carácter, explica cómo la gente que se siente de un modo u otro amenazada por esta fragilización de las relaciones sociales que conllevan las nuevas condiciones flexibles del trabajo y la economía, tiende a desplazarse a posiciones políticas de derechas. ¿Qué es lo que motiva este giro político?
Me alegro de que hayas tocado este tema, porque es algo que tengo muy presente en estos últimos tiempos. Me intriga sobremanera saber por qué el primer impulso de la gente en momentos de cambio como el actual es desplazarse a posiciones de derechas. Para comprenderlo, hay que tener en cuenta que generalmente se trata de una derecha particular, tipo Vicente Fox, por ejemplo, o tipo Berlusconi, muy marcada por el individualismo, que viene a decir a la gente: «Tú también puedes alcanzar el éxito. El problema son esos pesados de la izquierda que se interponen en tu camino». Es un discurso que apela a una mentalidad de derechas individualista, desligada, en apariencia, de los intereses de los grandes grupos de poder. La única razón que se me ocurre para explicar este fenómeno es que el nuevo capitalismo pone el énfasis en la responsabilidad de cada persona frente a su propio destino, antes que en la responsabilidad colectiva, y este tipo de movimientos de derechas también refuerzan esa responsabilidad personal: le dicen a la gente que también ellos son importantes como individuos, que no son simplemente parte de la gran masa, aunque las circunstancias les hayan impedido demostrar de lo que son capaces. En la India, por ejemplo, resulta muy interesante observar cómo las personas que más sufren los efectos de este nuevo capitalismo están siendo atraídas en gran medida por este tipo de ideología derechista que les dice: «Sí, vosotros también merecéis tener vuestra oportunidad». De modo que no es un fenómeno únicamente occidental. Y la cuestión es saber por qué los movimientos de izquierdas no conectan con estos sentimientos. Esta es la gran pregunta que la izquierda debe abordar porque, en estos momentos, lo único que parece transmitir a la gente es desesperanza. En el Reino Unido, por ejemplo, los movimientos organizados de izquierdas están totalmente anquilosados y en Francia, la izquierda se ha ganado la etiqueta de auténtico movimiento conservador, con sus reivindicaciones de estabilidad. Tal vez simplemente tengamos que esperar unos años para que la situación evolucione; al fin y al cabo, estas tendencias actuales sólo tienen diez o quince años de vida. Puede que lo único que haga falta sea un cambio generacional para conectar mejor con la gente, que la solución radique simplemente en librarse de los líderes de mi generación que hay en los sindicatos y los partidos de izquierdas. No conozco bien la situación en España, pero no me cabe duda de que en países como Francia o el Reino Unido la vieja izquierda no tiene ninguna idea sobre qué hacer. Por ejemplo, me parece imprescindible reinventar los sindicatos de forma que apoyen a la gente que vive inmersa en esta economía flexible y va cambiando de un trabajo a otro; deberían reconvertirse en una especie de combinación de agrupación comunitaria y servicio de empleo, así podrían aportar a las personas algo de continuidad y estabilidad a pesar de las interrupciones y las rupturas que implica el nuevo capitalismo. En cierta ocasión hablé sobre este tema en un congreso sindical en el Reino Unido, y me asombró oír las respuestas que me dieron: «No podemos hacer eso, perderíamos nuestra identidad. Somos un sindicato que sólo representa a los trabajadores de un ramo determinado, y si uno de ellos cambia de ramo, dejamos de representarlo. Además, lo que nos importa es preservar el salario de nuestros trabajadores, no buscarles empleo». Me parece una actitud absolutamente tradicional: sólo te protegen si ya tienes trabajo. Mi esperanza es que, a medida que se vaya muriendo la gente de mi generación puedan desarrollarse estos nuevos sindicatos que defiendo…
En El respeto utiliza su experiencia como violonchelista para explicar cómo una base de técnica, disciplina y «saber hacer» es necesaria para poder disfrutar de la libertad –en este caso, de unvibrato–. Imagino que es una metáfora válida para todos los ámbitos, desde la práctica artística hasta la vida cotidiana. ¿Cree que la disciplina es un valor en desuso que debiera ser rescatado?
Sí, estoy firmemente convencido. Ahora bien, cuando hablo de disciplina no me refiero al término en el mismo sentido que Foucault y sus seguidores, no es algo impuesto desde arriba. Para mí, la palabra «disciplina» es una especie de símbolo que representa la fuerza psicológica que ha de tener la gente para sobrevivir en este capitalismo tan lleno de injusticias. También me refiero a este concepto con la palabra «oficio» [craft], en el sentido de los oficios artesanos, algo que es necesario dominar. ¿Nunca has tenido la sensación de que tienes la capacidad de realizar una tarea determinada, y de que quieres hacerla bien aunque el sistema económico no te vaya a compensar por ello? Eso quiere decir que crees en ti misma, que te respetas, y eso te proporciona energía. En cambio, si te conviertes en una especie de criatura del momento, en alguien que aborda cualquier tarea aunque sólo tenga un conocimiento superficial de ella, estás perdida. De modo que esta idea de reconstrucción de uno mismo a través de una disciplina u oficio, es crucial. Porque este nuevo capitalismo resulta ser un sistema muy destructivo tanto en el plano social como en el psicológico, dañino de una forma en que no lo era el capitalismo clásico. Y si queremos soportarlo tenemos que empezar por construirnos una personalidad fuerte para enfrentarnos a él.
En su último libro publicado en España, El respeto, habla usted abundantemente de su vida: del compromiso político de sus padres, de su infancia en un bloque de viviendas sociales en Chicago… ¿Contribuye de algún modo esa herencia a explicar la orientación o el enfoque de su trabajo teórico?
Mi padre y mi tío, que eran anarquistas, lucharon en la Guerra Civil española con el POUM, y su relación con España estuvo bastante circunscrita a Cataluña, y a Barcelona en particular. Cuando volvieron a Estados Unidos se encontraron con que allí a nadie le importaba la diferencia entre estalinistas, anarquistas y trotskistas y fueron catalogados, simplemente, como izquierdistas. De ahí parte la larga relación que tiene mi familia con España. Tras la muerte de Franco me quedé asombrado al ver que la mayor parte de los españoles de mi generación que conocía porque estaban exiliados en Nueva York, se convertían de pronto en alcaldes de ciudades como Barcelona. Uno de ellos, Narcís Serra, llegó a ser Ministro de Defensa. Me sorprendió mucho aquella brusca evolución. En cuanto a la relación de mi historia personal con mis libros, lo cierto es que si incluí en El respeto todo este material autobiográfico no fue para intentar explicar de dónde proceden mis teorías o, al menos, no fue exactamente por eso. Pero, ya que estaba escribiendo sobre el respeto, esa relación tan básica para el buen funcionamiento de la sociedad, para el estado de bienestar y los pobres, pensé que sería más ilustrativo describirlo recurriendo a mi propia infancia que limitarme a teorizar. El respetoforma parte de una trilogía cuyo primer libro es La corrosión del carácter y que se completa con un ensayo que aparecerá próximamente en España: La cultura del nuevo capitalismo. Estos tres volúmenes forman una especie de ciclo en el que describo qué es el nuevo capitalismo centrando mi atención en el trabajo en el caso de La corrosión del carácter, en el estado de bienestar en El respeto y en la cultura en el que libro que está a punto de salir.
Resulta habitual que en los estudios sociales de los últimos años se mencione un cambio económico, político y social que habría tenido lugar entre finales de los sesenta y comienzos de los setenta, un cambio que se ha conceptualizado de maneras muy diferentes: capitalismo tardío, sociedad posindustrial, paso a un sistema de producción posfordista o a un régimen de acumulación flexible… En La corrosión del carácter también usted aludía a esta transformación citando algunos fragmentos del clásico libro de Piore y Sabel The Second Industrial Divide. ¿Cree que se trata de un cambio de gran calado o de una modificación superficial?
En mi opinión, se trata de un cambio profundo y estructural: el capitalismo ha entrado en una nueva era, que no se puede describir únicamente en términos de globalización. Se ha producido una transformación profunda en las instituciones y también en las expectativas que tiene la gente acerca de la relación entre la economía política y la cultura. En esta trilogía de la que hablaba he intentado demostrar que no estamos presenciando simplemente un fenómeno pasajero. Y no creo que la izquierda haya comprendido aún el calado de esta mutación, como no ha comprendido las profundas modificaciones que la tecnología está introduciendo en el sistema capitalista ni en qué medida esta tecnología se emplea para incrementar las desigualdades y la dominación. Si no tenemos en cuenta esta transformación nos limitaremos a mirar hacia atrás y a pedir que las cosas no cambien, como esos estudiantes franceses que se están manifestando porque quieren una seguridad que ya no tienen. No creo que ése sea un buen método para combatir este tipo de cambio. Cuando emprendí esta investigación sobre el nuevo capitalismo que me ocupa desde hace prácticamente quince años, casi todo el mundo identificaba lo que estaba ocurriendo con una nueva fase del imperialismo americano. Sin embargo, ahora vemos que los mismos cambios están teniendo lugar en China, en la India… Sería demasiado simplista decir que ya hemos visto antes lo que está ocurriendo allí. Se trata de dos países extremadamente pobres que, de pronto, han alcanzado una posición de poder muy importante y están presenciando cómo en su seno se genera una profunda contradicción entre los nuevos tipos de clase media y la gente que se está quedando rezagada. No cabe duda de que éste es un cambio estructural producido, digamos, por la economía y no el resultado intencionado de las maniobras de Estados Unidos. Son temas importantes sobre los que es preciso reflexionar.
En sus ensayos utiliza abundantemente estudios de caso, historias de vida y transcripciones de conversaciones. Además de manejarse estupendamente con el lenguaje, se aprecia claramente que tiene una especial sensibilidad para este tipo de relatos. No me ha sorprendido, pues, descubrir que también ha escrito usted tres novelas, que no están traducidas al castellano. ¿Qué le llevó a escribir narrativa?
A lo largo de mi formación como sociólogo aprendí a recabar y a utilizar historias de vida en mi investigación. Este método de estudio se basa en una teoría según la cual, para comprender el significado de los hechos políticos o económicos es preciso situarlos en un contexto temporal. Se trata de un enfoque que surge de la tradición etnográfica de la sociología británica, aunque también ha recibido influencias del psicoanálisis. Su objetivo es llegar a comprender la situación dentro de un marco narrativo amplio. En realidad, mi formación como sociólogo estuvo muy próxima a la antropología y dado que la mayor parte de mis investigaciones requerían entrevistas de hasta diez y doce horas, acabé desembocando en la narrativa de una manera muy natural. Para mí, la literatura y la sociología no son cosas tan distintas. Por lo demás, si bien es cierto que no soy un novelista particularmente bueno, mis novelas fueron para mí una especie de extensión de mis estudios, una investigación diferente que también me servía para comprender el lugar de las cosas en el marco de períodos extensos de tiempo, lo cual resulta fundamental en unos momentos en los que el rasgo más relevante de la cultura del nuevo capitalismo es la ruptura del tiempo, su fragmentación en pequeñas porciones, de forma que, como explicaba en La corrosión del carácter, las experiencias resultan muy breves e inconexas. Este tipo de investigación etnológica, que produce un tipo de conocimiento muy específico, no tiene nada que ver con la escuela estadounidense, más orientada a los números y las estadísticas, pero tampoco con la francesa; es totalmente diferente. Aunque es cierto que la obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu, que fue buen amigo mío y que también tuvo una formación antropológica, se basa en narraciones de este tipo. Curiosamente, en los últimos años estoy teniendo en la universidad, en Londres, bastantes alumnos franceses; tal vez están cansados de tanta teoría…
Dice usted que sociología y literatura no son cosas tan distintas… Si no me equivoco, hace algún tiempo declaró que su intención era volver a convertir la sociología en un género literario, como lo fue en el siglo XIX. ¿Qué opinión le merecen las pretensiones científicas de los sociólogos? Y, una vez que aceptamos la sociología como género literario, ¿a qué tipo de verdad cree que pueden aspirar sus conocimientos?
La primera parte de la respuesta es que no hay por qué pensar que ciencia y arte son excluyentes. Las cosas se puede hacer como las hago yo o de otro modo. En realidad, siento un enorme respeto por los investigadores que trabajan con estadísticas, aunque mi método sea distinto. El trabajo que yo llevo a cabo, y que desarrollan otros muchos estudiosos con los que comparto un enfoque similar, desemboca en un tipo de conocimiento diferente que en alemán se denomina Verstehen; es una labor de reconocimiento y empatía, aunque tal vez «empatía» no sea la palabra adecuada. En cualquier caso, es la capacidad de imaginar una vida diferente de la propia. Naturalmente, este método basado en el Verstehen no es algo que yo haya inventado, procede de una tradición muy respetable en la que destacan figuras como Dilthey o Nietzsche. Los conceptos de «verdadero» y «falso» forman parte de un lenguaje propio de un mundo muy específico. En las investigaciones de este tipo, en cambio, no se trata tanto de producir verdades cuanto de conseguir un entendimiento, una comprensión que constituye también conocimiento objetivo, aunque de un tipo muy peculiar, que permite descubrir qué es lo que hace que otro ser humano sea diferente de uno mismo. Y para lograr que el lector experimente esas diferencias y comprenda ciertos aspectos concretos que están en el interior de otras personas, quien realiza el análisis debe trabajar mucho su escritura. Si yo quiero, por ejemplo, expresar qué hay de extraño en la vida de un señor que trabaja como programador informático, no puedo limitarme a explicarlo, tengo que convertirlo en una experiencia concreta que poder narrar. Si me limito a decir «estas personas son diferentes de ustedes», el lector no captará nada. Por eso le doy tanta importancia a la forma en la que escribo.
He leído que Tony Blair ha citado su libro El respeto en apoyo de su Labour’s Respect Action Plan, un paquete de medidas destinadas a solventar los problemas de convivencia ciudadana –una normativa parecida a la ordenanza cívica que tanta polémica ha desatado en Barcelona–. ¿Comparten usted y Blair el mismo concepto de respeto?
No, en absoluto. La cuestión de los problemas de convivencia que causan los excluidos y los marginales no tiene nada que ver con el tema sobre el que escribí en mi libro. Me sorprendió muchísimo enterarme de lo de Blair; supongo que la confusión se debe a la forma de leer que tienen los políticos. En realidad, mi libro habla precisamente sobre cómo los poderosos –y esto también vale para las instituciones– podrían tratar con más respeto a los que están por debajo de ellos, a los que están en sus manos.
En los últimos años parece como si el discurso acerca de la justicia social, tan común en los estudios urbanos, hubiera sido remplazado por un discurso, muy típico del Nuevo Laborismo, que habla de «sostenibilidad social» y en el que los objetivos de competitividad y cohesión social, antaño considerados contradictorios, aparecen como complementarios. ¿Cree que los gobiernos pueden realmente lograr esta meta conjunta?
No, cohesión y competitividad son conceptos que no pueden ir de la mano. Ése es el problema. En el capitalismo, al menos en su etapa actual, no puede haber conciliación entre las ganancias económicas y la cohesión social. Todo ese discurso del que hablas no es más que palabrería, es imposible producir simultáneamente más desigualdades económicas y más solidaridad. Esta cuestión cobra tintes dramáticos en países como China. Allí el capitalismo está en plena eclosión de una manera que los europeos no podemos ni imaginar. El Partido Comunista ha resultado ser un perfecto motor para llevar a cabo esta revolución capitalista. Pero este desarrollo está separando drásticamente las zonas urbanas de las rurales, violando uno de los principios fundamentales del comunismo chino y provocando una terrible pérdida de cohesión y un conflicto dramático del que sólo se está beneficiando un tercio de la población, mientras las barreras que separan a este grupo de los dos tercios restantes se vuelven cada día más infranqueables. Últimamente están empezando a producirse revueltas en las zonas rurales y se está forjando todo un discurso sobre las desigualdades que el Partido Comunista Chino no está preparado para asumir. Este asunto constituye, por cierto, un buen ejemplo de las razones por las que debemos evitar dirigir la mirada únicamente a Estados Unidos, o hablar sólo del capitalismo anglosajón. Pero volviendo a tu pregunta, creo firmemente que no es realista afirmar que puede haber crecimiento económico y un incremento de la cohesión social al mismo tiempo. Tal vez fuera posible hace un siglo, pero ahora no.
Hace un par de años, Ray Pahl, uno de los padres de los estudios urbanos actuales, autor del clásicoWhose city?, declaraba que los investigadores llevaban años culpando a la ciudad de ciertos aspectos de la vida social que tenían bastante más que ver con política fiscal, por ejemplo, y afirmaba que lo que deberían hacer era, precisamente, insistir en la relativa insignificancia de las pautas y procesos específicamente urbanos. ¿Está de acuerdo con esta opinión de Pahl?
Pahl es un buen amigo mío. En mi opinión, lo que quiere decir con estas palabras es que no se puede tomar un fenómeno como el capitalismo flexible, por ejemplo, y tratar de intervenir a pequeña escala, a escala urbana. Si no se cambian, por ejemplo, las normas que rigen las operaciones de los bancos, quien se limite a dirigir la mirada a la sucursal bancaria de su pueblo sólo conseguirá un impacto mínimo. De todas formas, la afirmación de Pahl es realmente rotunda… Yo creo que los cambios económicos y sociales que he estudiado han tenido un efecto claro de homogeneización en las ciudades. Hoy en día, lugares tan dispares como Londres, Nueva York, Madrid, Shanghai o incluso Bombay, resultan enormemente parecidos, lo cual no deja de asombrarme. La principal razón de esta homogeneización es que el entorno urbano es el territorio ideal para que pueda operar este nuevo capitalismo, por tanto, todas las personas y los servicios irrelevantes para esta dinámica económica son expulsados del centro de las ciudades, que queda reservado para turistas y burgueses, con el inevitable componente de exclusión social que ello conlleva.
En sus libros, especialmente en La corrosión del carácter, explica cómo la gente que se siente de un modo u otro amenazada por esta fragilización de las relaciones sociales que conllevan las nuevas condiciones flexibles del trabajo y la economía, tiende a desplazarse a posiciones políticas de derechas. ¿Qué es lo que motiva este giro político?
Me alegro de que hayas tocado este tema, porque es algo que tengo muy presente en estos últimos tiempos. Me intriga sobremanera saber por qué el primer impulso de la gente en momentos de cambio como el actual es desplazarse a posiciones de derechas. Para comprenderlo, hay que tener en cuenta que generalmente se trata de una derecha particular, tipo Vicente Fox, por ejemplo, o tipo Berlusconi, muy marcada por el individualismo, que viene a decir a la gente: «Tú también puedes alcanzar el éxito. El problema son esos pesados de la izquierda que se interponen en tu camino». Es un discurso que apela a una mentalidad de derechas individualista, desligada, en apariencia, de los intereses de los grandes grupos de poder. La única razón que se me ocurre para explicar este fenómeno es que el nuevo capitalismo pone el énfasis en la responsabilidad de cada persona frente a su propio destino, antes que en la responsabilidad colectiva, y este tipo de movimientos de derechas también refuerzan esa responsabilidad personal: le dicen a la gente que también ellos son importantes como individuos, que no son simplemente parte de la gran masa, aunque las circunstancias les hayan impedido demostrar de lo que son capaces. En la India, por ejemplo, resulta muy interesante observar cómo las personas que más sufren los efectos de este nuevo capitalismo están siendo atraídas en gran medida por este tipo de ideología derechista que les dice: «Sí, vosotros también merecéis tener vuestra oportunidad». De modo que no es un fenómeno únicamente occidental. Y la cuestión es saber por qué los movimientos de izquierdas no conectan con estos sentimientos. Esta es la gran pregunta que la izquierda debe abordar porque, en estos momentos, lo único que parece transmitir a la gente es desesperanza. En el Reino Unido, por ejemplo, los movimientos organizados de izquierdas están totalmente anquilosados y en Francia, la izquierda se ha ganado la etiqueta de auténtico movimiento conservador, con sus reivindicaciones de estabilidad. Tal vez simplemente tengamos que esperar unos años para que la situación evolucione; al fin y al cabo, estas tendencias actuales sólo tienen diez o quince años de vida. Puede que lo único que haga falta sea un cambio generacional para conectar mejor con la gente, que la solución radique simplemente en librarse de los líderes de mi generación que hay en los sindicatos y los partidos de izquierdas. No conozco bien la situación en España, pero no me cabe duda de que en países como Francia o el Reino Unido la vieja izquierda no tiene ninguna idea sobre qué hacer. Por ejemplo, me parece imprescindible reinventar los sindicatos de forma que apoyen a la gente que vive inmersa en esta economía flexible y va cambiando de un trabajo a otro; deberían reconvertirse en una especie de combinación de agrupación comunitaria y servicio de empleo, así podrían aportar a las personas algo de continuidad y estabilidad a pesar de las interrupciones y las rupturas que implica el nuevo capitalismo. En cierta ocasión hablé sobre este tema en un congreso sindical en el Reino Unido, y me asombró oír las respuestas que me dieron: «No podemos hacer eso, perderíamos nuestra identidad. Somos un sindicato que sólo representa a los trabajadores de un ramo determinado, y si uno de ellos cambia de ramo, dejamos de representarlo. Además, lo que nos importa es preservar el salario de nuestros trabajadores, no buscarles empleo». Me parece una actitud absolutamente tradicional: sólo te protegen si ya tienes trabajo. Mi esperanza es que, a medida que se vaya muriendo la gente de mi generación puedan desarrollarse estos nuevos sindicatos que defiendo…
En El respeto utiliza su experiencia como violonchelista para explicar cómo una base de técnica, disciplina y «saber hacer» es necesaria para poder disfrutar de la libertad –en este caso, de unvibrato–. Imagino que es una metáfora válida para todos los ámbitos, desde la práctica artística hasta la vida cotidiana. ¿Cree que la disciplina es un valor en desuso que debiera ser rescatado?
Sí, estoy firmemente convencido. Ahora bien, cuando hablo de disciplina no me refiero al término en el mismo sentido que Foucault y sus seguidores, no es algo impuesto desde arriba. Para mí, la palabra «disciplina» es una especie de símbolo que representa la fuerza psicológica que ha de tener la gente para sobrevivir en este capitalismo tan lleno de injusticias. También me refiero a este concepto con la palabra «oficio» [craft], en el sentido de los oficios artesanos, algo que es necesario dominar. ¿Nunca has tenido la sensación de que tienes la capacidad de realizar una tarea determinada, y de que quieres hacerla bien aunque el sistema económico no te vaya a compensar por ello? Eso quiere decir que crees en ti misma, que te respetas, y eso te proporciona energía. En cambio, si te conviertes en una especie de criatura del momento, en alguien que aborda cualquier tarea aunque sólo tenga un conocimiento superficial de ella, estás perdida. De modo que esta idea de reconstrucción de uno mismo a través de una disciplina u oficio, es crucial. Porque este nuevo capitalismo resulta ser un sistema muy destructivo tanto en el plano social como en el psicológico, dañino de una forma en que no lo era el capitalismo clásico. Y si queremos soportarlo tenemos que empezar por construirnos una personalidad fuerte para enfrentarnos a él.
sábado, 15 de junio de 2013
Los manifestantes turcos anuncian que continúan con la "resistencia"
"Con el dinamismo y la fuerza de nuestra lucha, que se ha extendido a todo el país e incluso al mundo, vamos a seguir la resistencia contra todo tipo de injusticias", indicó en un comunicado la red Solidaridad con Taksim, que actúa como portavoz de los manifestantes. "Comparado con lo que fuimos hace 18 días, ahora somos más fuertes, más libres y tenemos más esperanzas", agrega el texto.
Según explicó a Efe Alper Tas, presidente del Partido Libertad y Solidaridad (ÖDP), la mayoría de las agrupaciones políticas retirarán sus tiendas y se mantendrá únicamente una carpa de Solidaridad con Taksim y algunas tiendas de activistas medioambientales.
Entre las tiendas del campamento ondean por ahora banderas y enseñas de todo tipo de agrupaciones políticas, desde nacionalistas a marxistas, prokurdas e incluso islamistas de izquierda, aunque la mayoría de los acampados se declaran ajenos a siglas concretas y algunos incluso recelan de este despliegue de símbolos políticos.
Según la emisora turca NTV, la declaración concreta sobre los pasos a seguir y la permanencia o no en el parque se ha pospuesto para las 12.00 horas GMT.
El comunicado de Solidaridad con Taksim reitera la exigencia de que se investiguen y castiguen a los responsables de la represión policial, que ha dejado tres manifestantes muertos y más de 5.000 heridos, así como que sean liberados de inmediato los numerosos detenidos en las protestas.
DEBATES ENTRE ACTIVISTAS
En las últimas horas se han sucedido los debates entre los activistas, tras la reunión mantenida hasta la madrugada del viernes entre el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, y representantes de los manifestantes, que terminó con la promesa del Ejecutivo de que no impondrá el derribo de ese parque.
Erdogan aseguró que respetaría lo que decidan los jueces sobre si el proyecto de reforma urbanística es legal o no, y si recibe luz verde judicial, lo someterá a referendo entre los ciudadanos de Estambul.
Las protestas ecologistas por la planeada demolición de uno de los últimos espacios verdes de Estambul fue el detonante de la mayor ola de manifestaciones antigubernamentales en una década.
viernes, 14 de junio de 2013
La 'gran depresión italiana': aumentan los suicidios y el consumo de antidepresivos por los efectos de la crisis
Antonio Formicola había acudido iracundo a ver al alcalde de esta ciudad de poco más de 50.000 habitantes a los pies del Vesubio. Sobre la mesa quería poner un asunto de permisos denegados, pero el primer edil no estaba en ese momento. Pequeñas gotas que van colmando el vaso de la vasta cantidad de las pymes que sufren los problemas de la crisis y de la implacable Administración estatal. Formicola no fue el primero. En lo que va de mes, los medios han reportado unos cinco casos más de suicidas relacionados con una crisis que los deja a los pies de los caballos. Diversos estudios lo explican: no hay muchos más suicidios en el belpaese, sino más suicidios relacionados con la crisis.
Entre 2012 y los primeros tres meses de 2013, 121 personas se suicidaron en Italia por problemas emanados del periodo de crisis que afecta especialmente a los países del sur de Europa. Esta cantidad supone un incremento del 40% con respecto al mismo periodo del año anterior, según datos extraídos de un reciente estudio publicado por la ONG Società Informazione. Otro estudio del Osservatorio Nazionale Sulla Salute habla de un aumento de entre un 20 y un 30% de los suicidios en los últimos 4 años debido a motivaciones económicas. Este mismo estudio señala que se ha pasado de un total de 11,70 suicidios por cada 100.000 habitantes en 2006, frente a 12,20 en 2009.
Según otro estudio de la Universidad de la Sapienza de Roma, el perfil del suicida por motivos económicos es un hombre de entre 45 y 64 años, considerándose los perfiles con más riesgos aquellos de los parados, los empresarios y los autónomos. El 46% lo haría por no poder hacer frente a la situación personal, familiar o de la empresa, el 28% por haber perdido el trabajo, el 16% porque no puede pagar a hacienda, mientras que el 10% sería por no poder pagar a los trabajadores. "El hombre siente más la necesidad de afirmarse como una persona capaz, mientras que la mujer tiene más capacidad de reorganizarse", explica a ZoomNews el doctor Vincenzo Mastronardi, coordinador de dicha investigación.
Un país anestesiado
Italia mientras tanto da la sensación de permanecer parcialmente anestesiada. No da tiempo a olvidar el shock inicial de la noticia del suicidio, cuando ha aparecido ya otro caso. Desde la mujer que salta con su hijo por el balcón en un barrio obrero de Turín, hasta el empresario que se pega un tiro en la cabeza por sus deudas por el fisco. Los medios nadan cómodos en estas noticias, no escatimando detalles, pero dejándolos correr ante la aparición de uno nuevo.
"No podemos poner una mordaza a los medios, pero se debe tener precaución con cómo se dicen las cosas", señala el doctor Mastronardi. "Los medios de comunicación deben dar por un lado la información y por otro lado actuar de compensación. Por ejemplo, en lugar de decir que un hombre de 40 años se ha suicidado porque ha cerrado su fábrica, se debería decir que un hombre de 40 años que no había encontrado todavía una solución al cierre de su fábrica se ha suicidado. Hay que dar una salida", agrega.
La anestesia ante la televisión, puede venir en parte dada por el aumento de la venta de antidepresivos. Otro de los efectos colaterales de la crisis. Según el estudio del Osservatorio Nazionale Sulla Salute, el consumo de estas medicinas cotiza al alza y en los últimos años ha multiplicado su consumo por cuatro. En este caso, aparte de la crisis entraría en juego la facilidad de la prescripción de estos medicamentos en el caso de una depresión leve, sin embargo no deja de ser un indicativo de la baja forma moral en la que intenta sobrevivir Italia.
Un problema llamado fisco
Uno de los principales dolores de cabeza de los italianos es el Estado. El continuo retraso de las administraciones en el pago de sus deudas no conlleva una consecuente piedad del Estado en relación con aquellos que le deben algo, en un país especialmente sobretasado. Italia 'celebró' este martes el Tax Freedom Day y es que hasta este día, todo el dinero que han ganado aquellos que todavía tienen empleo ha sido para pagar impuestos. La situación está peor para aquellos que pagan el máximo posible de impuestos, cuyo día de liberación se tendrá que retrasar hasta mitad de julio.
Desde el Lazio (región de Roma) se ha lanzado una campaña llamadaSOS Debiti (SOS Deudas) para modificar el sistema fiscal italiano y en apenas dos días ha recogido 1.000 firmas. Esta iniciativa se unen a otras ya planteadas contra el implacable sistema de recaudación del Estado, Equitalia. Este ente carga inmediatamente con sobrecargos asfixiantes cualquier retrasos en las deudas con la Administración, llegando a cuadruplicar la deuda en breves periodos de tiempo.

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