miércoles, 12 de agosto de 2020

Las protestas que arrancaron en octubre y tuvieron un paréntesis a causa del coronavirus, han vuelto con fuerza tras la explosión para reclamar que se haga justicia

Cientos de personas realizan un homenaje a los fallecidos tras la explosión del pasado martes./EFE
Cientos de personas realizan un homenaje a los fallecidos tras la explosión del pasado martes. / EFE

El reloj volvió a pararse en Beirut a las 6 de la tarde y 8 minutos. Una semana después de la explosión, a la hora exacta en la que las 2.700 toneladas de nitrato de amonio saltaron por los aires, la capital del Líbano guardó silencio en recuerdo de los 171 muertos, según la última cifra oficial del ministerio de Salud. La gente se concentró mirando al puerto, la zona cero de una catástrofe que arrasó media ciudad. En el cielo, el sonido de las campanas de las iglesias se fundió con la llamada a la oración desde las mezquitas. Cristianos y musulmanes, juntos en la desgracia y en la obligación de seguir adelante para reconstruir Beirut. El ejército de jóvenes que lleva una semana limpiando las calles por la mañana y protestando por la tarde, marchó en silencio en dirección al puerto y se podían leer pancartas con frases como: «En mi país quienes merecen vivir mueren a manos de quienes merecen la muerte». 

 Terminado el homenaje a las víctimas, la Plaza de los Mártires se convirtió un día más en el epicentro de la movilización. Las protestas que arrancaron en octubre y tuvieron un paréntesis a causa del coronavirus, han vuelto con fuerza tras la explosión para reclamar que se haga justicia. Las movilizaciones, que fueron violentas durante el fin de semana, lograron la caída del gobierno el lunes, pero es suficiente. «Esto no termina con la dimisión del gobierno. Quedan Aoun (presidente), Berri (portavoz del parlamento) y todo el sistema», rezaba el mensaje difundido por los manifestantes del movimiento «17 de Octubre» en las redes sociales, en esta fecha comenzaron las movilizaciones sociales para reclamar un sistema no sectario, que sustituya al vigente desde hace 30 años.

Líbano estalla en protestas en contra del Gobierno
https://www.republica.com/2020/08/08/libano-estalla-en-protestas-en-contra-del-gobierno-al-grito-de-dimision/

 La inestabilidad en las calles se ha trasladado a una clase política donde nadie quiere asumir responsabilidades. La agencia Reuters tuvo acceso a un documento que prueba que tanto el ex primer ministro, Hasán Diab, como Michel Aoun estaban al tanto de la extrema peligrosidad del material almacenado en el puerto. La seguridad les alertó el 20 de julio, por medio de una carta, de la necesidad de llevar el nitrato de amonio a un lugar seguro porque «si explota puede destruir Beirut», revelaron a la agencia fuentes que tuvieron acceso al documento. El presidente confirmó que le llegó esa información sobre el Almacén 12 del puerto y aseguró que ordenó al Consejo Superior de Defensa «hacer lo necesario». Nadie hizo nada. 

 Tras la dimisión en bloque del gobierno, la pelota está en el tejado de Aoun, que debe consultar al parlamento sobre quién será el próximo primer ministro, una figura que debe contar con el respaldo de la cámara y que, con el actual sistema de cuotas, debe ser un musulmán suní. Hasta el momento son tres los nombres que suenan con fuerza en la prensa local, el del ex primer ministro Saad Hariri, que dejó su puesto en octubre debido a las protestas sociales, el juez del Tribunal Penal Internacional, Nawaf Salam, y el economista Mohamed Baasari. 

Dimite la ministra de Información del Líbano tras las violentas ...
https://www.lavanguardia.com/internacional/20200809/482747712654/dimite-ministra-informacion-libano-protestas-beirut.html

 Llegada de trigo 

  La inseguridad alimentaria es uno de los temas que más preocupa a las organizaciones humanitarias que trabajan sobre el terreno, sobre todo tras la destrucción de un puerto por el que entraba el 80 por ciento de los alimentos consumidos en el país y del silo, cuyo esqueleto es uno de los símbolos de la catástrofe sufrida por la ciudad. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) anunció que suministrará a Líbano grano y harina de trigo necesarios para un periodo de tres meses. La grave crisis económica en la que está sumido el país había disparado la inflación y el precio de algunos bienes básicos ya se había incrementado más de un 90 por ciento en el último año.

 Fuente: https://www.ideal.es/internacional/oriente-proximo/cristianos-musulmanes-unen-reconstruccion-beirut-20200811185019-ntrc.html?edtn=granada#vca=fixed-btn&vso=rrss&vmc=tw&vli=Oriente-Pr

martes, 11 de agosto de 2020

Aire

 El aire está sufriendo un atentado pero la inercia en la forma de entender la economía, el desarrollo y el progreso hace borrosa la imaginación y la osadía para explorar otros caminos. Es más fácil imaginarse viviendo sin aire que sin capitalismo

Termoeléctrica en la zona de Quintero-Puchuncaví (Chile). Greenpeace

Dice Galeano que en el aire tiende la araña sus hilos de baba.

Metiendo y sacando aire del cuerpo, nosotros, los seres humanos y muchos otros, aéreos, acuáticos o terrestres, perduramos. Somos cuerpos animados por el aire.

La risa, el suspiro y el llanto son aire.

El aire es la mezcla de gases que se encuentra en la atmósfera.

La atmósfera es el manto de gases que rodea un cuerpo celeste. La del planeta Tierra se divide en cinco capas: troposfera, estratosfera, mesosfera, termosfera y exosfera.

La troposfera es la capa más pegadita a la superficie terrestre. En ella está el aire que respiramos. Tiene unos siete kilómetros de altura en los polos y dieciséis en los trópicos. Acoge a las nubes. Es el escenario de fenómenos atmosféricos que determinan el clima. Un poco más arriba, en la estratosfera, se encuentra la capa de ozono que protege a la Tierra de los rayos ultravioleta. 

El aire está formado por átomos y moléculas de gases diferentes. Oxígeno, que la mayor parte de los seres vivos necesitan para existir; dióxido de carbono, que participa en procesos biológicos y climatológicos fundamentales como la fotosíntesis, ayuda a retener el calor que proviene del sol (efecto invernadero) y es el residuo de la respiración y de las reacciones como la combustión del petróleo, carbón y gas natural; ozono, que absorbe la mayor parte de los rayos ultravioleta procedentes del Sol; vapor de agua en cantidad muy variable, que participa en la formación de las nubes y la niebla y también es uno de los gases de efecto invernadero; partículas sólidas y líquidas en suspensión como, por ejemplo, polvo, polen o agua. 

En la larguísima historia de la vida, no siempre la atmósfera fue así, pero esta composición del aire ha permanecido dinámicamente estable durante miles de años y a ella es a la que están adaptadas las especies existentes, también la nuestra. 

El viento es el movimiento del aire a gran escala. Las dos variables que influyen en la  circulación del viento tienen que ver con la temperatura y con la fuerza centrífuga producida por la rotación del planeta. Como todo lo que importa, los vientos tienen nombre. Cuando su velocidad aumenta súbitamente durante un tiempo muy corto se llama ráfaga. Si es de larga duración, según la fuerza que tenga, puede llamarse brisa, tifón, temporal, huracán o tormenta. Los pueblos también reconocieron los vientos locales. Ábrego, bochorno, cierzo, galerna, levante, leveche, poniente, siroco o  tramontana... 

Los vientos –como el agua– cambian el paisaje. A veces, la caricia lenta de la erosión. Otras, una irrupción violenta que deja el paisaje irreconocible tras su paso. 

Puede detener o acelerar incendios, disemina y esparce semillas e insectos. El polvo de los desiertos  recorre grandes distancias a lomos de viento.

El cóndor, el cernícalo,  el vencejo y el colibrí se sostienen, cada uno a su modo, sobre el aire. 

El paisaje, el molino, el barco y el aerogenerador son hijos del viento.

Para los seres vivos el aire es vida y relación. 

La música es un regalo del aire. Sin aire, en el vacío, el sonido no se propaga. El duende de Estrella Morente, el fado de Dulce Pontes y la morna de Cesaria Évora llegan planeando en el aire. 

Y también el lenguaje oral que se produce cuando el aire pasa a través de las cuerdas vocales desde los pulmones hasta la faringe y la laringe. Este aire baila en la boca con la lengua, los labios y la mandíbula que lo transforman en conversación o canto. No es la única forma de hablar. También se forman palabras con las manos y el cuerpo a través del hipnótico lenguaje de signos. Pero lo de la oralidad, si te paras a pensarlo, es para flipar.

La relación más íntima entre humanos y aire se da en la respiración. Gabriel Celaya no encontró mejor forma de explicar la necesidad de la poesía que compararla con el aire que exigimos trece veces por minuto... para ser. (Trece veces clavaditas, que lo comprobé ayer mientras escribía esto).

Inspiramos aire cargado en oxígeno y, con él, los otros gases y partículas que están presentes en el aire. En nuestros pulmones, la sangre captura ese oxígeno y se desprende del dióxido de carbono, residuo que producen las células al respirar. Trece veces en cada minuto si estamos en reposo. 

Defred, la criada de Margaret Atwood, se hace fuerte en la República de Gilead en la respiración. “Estoy viva, vivo, respiro, saco la mano abierta a la luz del sol”.

Respirar. Ese acto, sencillo cuando estás bien, penoso cuando estás enferma, triste, cansada, asustada o el aire está sucio. Ese continuo inflarse y desinflarse es el pedaleo del cuerpo. Nos mantiene en equilibrio y nos separa de la muerte.

Llamamos contaminación del aire a la modificación de la composición del aire. Más gases de efecto invernadero que incrementan las temperaturas medias globales y cambian las reglas del juego de lo vivo, dioxinas emitidas en las incineradoras, moléculas de ozono fuera de su sitio a causa de las olas de calor, partículas procedentes de los tubos de escape de los coches, polvo de metales pesados, radiaciones… A través de ellas, una civilización que le declara la guerra a la vida coloniza el aire y con él, plantas, agua, animales y personas. 

Muchas son las dimensiones en las que unos seres humanos pueden explotar, someter y humillar a otros. Lo sabemos bien. Creo que obligar a respirar mierda es una de las más atroces. Uno enferma respirando y como no puede dejar de respirar, no puede evitar enfermar. La mierda muchas veces no huele. Pasan años hasta que la enfermedad aflora.

En la civilización industrial, el capital se abrió paso a machetazos contra los pulmones de trabajadores y trabajadoras y los pulmones de la tierra, convirtiendo el trabajo en una venta de órganos forzosa e inadvertida. Silicosis por inhalación de polvos de sílice; antracosis por inhalación de carbón mineral; siderosis por inhalación de polvos de hierro; beriliosis por inhalación de polvos de berilio; estañosis por inhalación y manipulación de polvo de óxido de estaño y humos; saturnismo debido al envenenamiento producido por el plomo, asbestosis causada por la inhalación de fibras de amianto... 

Todas ellas son enfermedades propias de minas, fundiciones, plantas de concentración mineral y diversas industrias. Afectan a trabajadores y trabajadoras, a sus familias y a los animales y plantas que les rodean. 

Luis Pino, presidente de la agrupación de extrabajadores de Enami-Codelco en Puchuncaví, Chile, es testimonio vivo de la enfermedad de los hombres verdes, los trabajadores del cobre.  Los casos empezaron a conocerse en la década de los ochenta del siglo XX. Les llamaban así porque a través de las llagas y grietas de la piel les brotaba un líquido verde. No fue al principio, empezaron a enfermar cuando llegaban a los cuarenta o cuarenta y cinco años. “Estoy contaminado con plomo, arsénico, cobre y otros metales pesados”, dice Luis, “a los cuarenta años ya no me quedaba ningún diente en la boca”. Muchas de las que ahora denuncian son mujeres, ya abuelas, que siguen hablando por sus maridos muertos. Cuentan, ellas, que los trabajadores no se lo podían creer. El cobre era el sueldo de Chile, igual para Allende, que lo quería repartir, que para Pinochet, que despojaba al pueblo de sus beneficios y lo torturaba.  

Dicen quienes viven allí ahora que la situación sigue siendo dura. Varias termoeléctricas, fundiciones, refinerías… todas en el mismo territorio que llaman zona de sacrificio.  Zonas de sacrificio. Un nombre brutal que evoca sin tapujos la cantidad de vidas, las más pobres, que se sacrifican en nombre del desarrollo. 

Muchas mujeres se han organizado en el colectivo Mujeres de Zona de Sacrificio Quintero Puchuncavé en Resistencia. Empezaron porque parían criaturas enfermas y con malformaciones. En el verano de 2018, mil setecientas personas se desmayaron por la inhalación de un químico que todavía no han conseguido que sea investigado. “Los niños y las niñas se desvanecían en las escuelas”.  

Su demanda principal es la de poder criar criaturas sanas y disponer de agua y aire limpios. Buscan formas alternativas de organizar la vida y la economía. En sus reivindicaciones, a veces, se han encontrado enfrentadas a sus propios maridos. Si ellas organizan una manifestación, las empresas organizan otra, y si ellos –sus maridos– no van, les echan. Pueden encontrarse en el mismo lugar, unos defendiendo el trabajo y el pan, y otras defendiendo la salud de hijos e hijas. La incompatibilidad entre ambos es el fracaso de una civilización.

Un compañero de Ecologistas en Acción de Asturias me hablaba sobre su madre. Quedó viuda jovencísima, él casi no conoció a su padre minero que murió con los pulmones comidos por el aire de la mina. Ella también había sido criada por otra madre viuda de un trabajador muerto. Cuando murió el padre de mi compañero, su madre y su abuela dijeron “a este niño no se lo lleva la mina”. Se marcharon a la ciudad y allí trabajaron como bestias para sacar al niño adelante.

En los últimos años, se han celebrado varios juicios a raíz de las denuncias de los afectados por el amianto. Trabajadores enfermos –sus familiares si ellos ya habían muerto– denunciaron a Uralita. Ahora reciben las indemnizaciones, algunas de ellas póstumas, por haber estado años respirando aire colonizado por las fibras de asbesto.

Se han ido ganando casi todos los juicios. Hubo uno de ellos que se perdió en primera instancia. Fue el de las mujeres de los trabajadores. Denunciaron porque ellas también habían enfermado mientras sacudían y lavaban la ropa de sus marido e hijos. Pero en el Tribunal Supremo se ganó el juicio contra Uralita. La sentencia es para tenerla siempre bien cerquita. Uralita no solo explotaba al trabajador, sino también a su mujer o a su madre, a la que no pagaba. Se reconocía así que el trabajo no termina en la puerta de la fábrica. Hay, como hemos aprendido a partir de la economía feminista, una incautación de tiempos de trabajo, que mayoritariamente realizan mujeres,  que son imprescindibles para la regeneración cotidiana y generacional de la mano de obra, y por tanto imprescindibles, explotados y no pagados por al empresa. 

Van Gogh conoció el Londres sucio, cubierto por una niebla de humo permanente y contaminado que Dickens fotografió magistralmente en su narrativa. También conoció el  origen mismo de la energía que contaminaba Londres a la vez que la desarrollaba. En lugares como las minas de Le Borinage convivió con los mineros. En sus primeras pinturas, comprometido con lo que había visto y olido, pintó cuerpos retorcidos, mal respirados y alimentados, en casas sucias y arruinadas por la pobreza. Al trasladarse a Provenza,  en contacto con el aire limpio del campo en Francia, se rebeló contra los excesos del industrialismo y comprendió que el humo y la suciedad despojan, además de la salud, de los sentidos. Descubrió un mundo de colores y transparencias negados en las ciudades del progreso. 

La visión de tanto color fue inaceptable para muchos de sus contemporáneos. Como otros impresionistas, nos cuenta Lewis Mundford, fue denunciado por impostor porque los colores que pintaba no estaban amortiguados por la niebla y opacados por el humo; porque el verde de su hierba y el brillo de las flores cegaba. Se negaba el color para legitimar la normalidad de su ausencia.

En cierto modo, pudieron ser los primeros negacionismos. Hemos asistido a la negación sistemática de las consecuencias del extractivismo e industrialización sin límites. Se negaron la lluvia ácida, el agujero de la capa de ozono y el cambio climático. Se financia la negación y la duda, y se acusa de interesado, magufo o antisistema a todo bicho viviente que denuncie. Si además eres mujer, eres loca, golfa, puta ignorarte o ridícula. Si has enfermado, lo que tienes es una depresión o trastorno psicológico. Solo cuando años después se ponen los muertos encima de la mesa se actúa, porque la cautela, la prevención o el cuidado requieren anticipación, freno, autolimitación colectiva, y son misión imposible si la vida digna y la salud son solo un subproducto de los beneficios.

La lucha del movimiento obrero ha conquistado importantes mejoras en las condiciones laborales en muchos lugares. Sin duda, los salarios y los horarios de trabajo o las edades de jubilación de los mineros, principalmente de los países enriquecidos, han mejorado notablemente. Demuestran que la organización y la unión consiguen doblar el brazo de quienes explotan. Merecen ese triunfo, sin lugar a dudas. Por su lucha y su sacrificio. 

Sin embargo, no diría que estos triunfos hayan conseguido superar la dimensión más brutal de la alienación y la explotación: el que haya gente que para poder vivir tenga que dar a cambio la salud. 

La legítima reivindicación del aumento salarial, es casi la única encajable por el capital. No hace mella en la racionalidad económica. No es fácil conseguirlo y requiere una lucha intensa. Han matado a gente por ello. Cuando se gana, los dueños de los medios de producción, privados o estatales, terminan ofreciendo mejoras salariales y pluses a cambio de riesgos y salud. 

Pero que el aire que exigimos trece veces por minuto sea limpio para todo el mundo, que el clima no expulse a grandes sectores de población o que la prosperidad de unos no esté correlacionada con el despojo - en términos biofísicos -  y la enfermedad de otros, esos triunfos,  no se conquistan sin poner patas arriba la normalidad de la racionalidad económica vigente. No encajan. Menos en tiempos de límites desbordados.

La civilización industrial se ha erigido clavando cimientos, engranajes y pernos en los pulmones de los mineros y otros trabajadores en las fábricas. Tiene contraída una deuda impagable con quienes se dejaron la vida arrancando minerales de la tierra y respirando su polvo. Es responsabilidad del conjunto de la sociedad, de nosotros y nosotras, garantizar su seguridad y la de sus familias hasta que mueran. Eso no es exactamente lo mismo que seguir manteniendo los beneficios de quienes les explotan. 

Voy terminando. La cuestión de la calidad del aire no es una batalla solo en el ámbito laboral. Está presente también en las vidas cotidianas. El aire es un campo de batalla desde el que se agrede a todo lo que está vivo.

Según Ecologistas en Acción, en 2019, 44,2 millones de personas respiraron aire contaminado en España. Los datos eran mejores que los del año anterior y, aún así, el 94% de la población y el 88% del territorio estuvieron expuestos a unos niveles de contaminación que superan las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Tomando como referencia los estándares de la normativa de la Unión Europea, más laxos que las recomendaciones de la OMS, la población que respiró aire contaminado por encima de los límites legales fue de más de doce millones de personas.

Cada año se registran alrededor de treinta mil muertes prematuras en el Estado español a causa de la contaminación del aire. La principal fuente de contaminación en áreas urbanas, donde se concentra la mayor parte de la población, es el tráfico motorizado. Julio Díaz y Cristina Linares, del Grupo de Investigación en Salud y Medio Ambiente Urbano, hacen un trabajo ingente en la pedagogía e información clara y precisa sobre, entre otras cosas, la incidencia del uso masivo del coche y las olas de calor en la salud. Acudir a sus informes es encontrar información rigurosa y analizada sin medias tintas. 

El aire y los pulmones han sido privatizados. Dicen algunos que restringir el tráfico y la movilidad motorizada o en avión atenta contra la libertad; que ajustar los consumos a lo que es posible para no destruir la vida y matar a otros seres vivos es restringir la libertad. Pero no se puede, no se debe, disfrutar la libertad individual en los pulmones de otros. No se puede ganar dinero a costa de los pulmones de otros. La libertad como la justicia es relacional. Repudiamos una idea de libertad individual que colisiona con las posibilidades de vida decente de muchos otros seres vivos, aéreos, terrestres y acuáticos.

“No puedo respirar”.

George Floyd, cuando los policías le aplastaban y le arrebataban el aire, dijo: “I can’t breathe”. Por ser negro, latino, gitana, por no tener papeles, por ser pobre, por estar explotada.

No pudo respirar Eleazar Blandón, abandonado en la puerta de un hospital después de sufrir un golpe de calor. La cultura del usar y tirar llevada a lo humano.

Es el grito de denuncia a una forma de organizar la vida estructuralmente racista, injusta y ecocida.

La crisis de la covid-19 ha iluminado dolorosamente la encrucijada en la que estamos atrapadas: hay que aprovechar para respirar hondo cuando la economía se desploma, pero entonces lo que está en riesgo es la comida, la casa o la luz. Sin salir de esa trampa, no hay vida buena, no hay vida futura decente posible.

El aire está sufriendo un atentado pero la inercia en la forma de entender la economía, el desarrollo y el progreso hace borrosa la imaginación y la osadía para explorar otros caminos. Es más fácil imaginarse viviendo sin aire que sin capitalismo.

La posibilidad de pensar desde la complementariedad las dicotomías salud y economía, aire y economía, cuidados y economía o justicia y economía pasa por la reconstrucción de una visión de lo económico radicalmente diferente. Una economía centrada en los límites, las necesidades, la suficiencia y el reparto.

Tenemos un problema y no es atmosférico. Es político. Desde todas partes hay que sumar para hacerle frente. Mucha gente lo está haciendo ya, pero tenemos que ser más.

El grito, el esfuerzo y el eco también son aire.

 Fuente: https://ctxt.es/es/20200801/Firmas/33096/Yayo-Herrero-cinco-elementos-aire-contaminacion-capitalismo.htm

sábado, 8 de agosto de 2020

El secreto del hijo

Anjelica Huston and Martin Landau in Crimes and Misdemeanors (1989)

Anjelica Huston and Martin Landau in Crimes and Misdemeanors (1989)

    En Edipo Rey, el primero que viola la Ley no es el hijo, sino el padre. Layo pretende matar al hijo porque de lo contrario su destino sería morir asesinado a manos de su hijo. Esta es la matriz filicida del parricidio de Edipo. En primer plano no se encuentra la transmisión del sentimiento de vida de una generación a la siguiente, sino la inmovilidad, la petrificación de un sentimiento de muerte. Algo quiebra para siempre la entrega generativa de la herencia: el infanticidio del padre se invierte especularmente en el parricidio del hijo.

   Sin  embargo, el hijo Edipo no deja de creer en la Ley, porque su horrible transgresión (parricidio e incesto) lleva consigo la marca profunda del sentimiento de culpa. De hecho, si Edipo se saca los ojos, es solo porque reconoce la existencia de Ley al cobrar conciencia de haberla transgredido de forma culpable. Edipo es capaz de asumir responsablemente las consecuencias de sus actos. Sabe hacerse responsable, a través de la culpa, de su propio destino. En eso el hijo Edipo parece pertenecer a un tiempo completamente ajeno al nuestro. En este tiempo hipermoderno, en efecto, la trasngresión de la Ley ya no es suficiente para definir la relación del hijo con la Ley porque es la Ley misma la que parece haber extraviado su consistencia simbólica. En lugar del drama provocado por la presencia de la Ley, nuestros hijos viven el drama del vacío de la Ley. La laceración entre Ley y deseo -sobre la que Dostoievski ha escrito páginas insuperables- ha dado paso a una inconsistencia de la Ley que genera una nueva especie de extravío. Mientras que para el protagonista de Crimen y castigo el drama se consuma en el conflicto entre su propio acto transgresor - el crimen- y el retorno de la Ley en forma de sentimiento de culpa -el castigo-, para nuestros hijos el drama se consuma frente al debilitamiento, hasta el límite de la disolución de la Ley. El problema ya no es el de cómo sustraerse a la mirada severa y persecutorioa de la Ley, sino el de una Ley que ya no sabe ver nada.

   Un ejemplo clínico quizá puede ayudarnos a captar esta transición histórica.* Un joven asesino se ve forzado, una vez capturado por las fuerzas del orden, a admitir que participó en el asesinato grupal de un anciano llevado a cabo por "motivo fútiles". En las palabras con las que, en la cárcel, se dirige al psicólogo no se percibe nada que pueda remitir a un sentimiento de culpa por la atrocidad del delito cometido. Ni tormento, ni lágrimas, ni vergüenza, ningún sentimiento de responsabilidad acompaña las horas que siguen al asesinato y al encarcelamiento. Su trauma -a diferencia del de Edipo- no es el de haber cruzado de forma culpable la barrera de la Ley. Su vida no está trágicamete dividida entre el horror de su propio acto y sus consecuencias. Somos testigos, más bien, de la verificación de un trauma nuevo e inaudito: el chico le cuenta al psicólogo que, en las horas que siguieron al crimen, tuvo la impresión de que todo era idéntico a antes, de que todo seguía pareciéndole absolutamente normal. El bistró donde desayunaba, su propia casa, el recorrido que debía cubrir todas las mañanas para ir al colegio. En resumen, ese acto atroz no había cambiado nada de su vida, ni en el exterior ni en el interior: ningún tormento, ningún desgarro ético. Todo le parecía indiferentemente igual que antes. Y eso fue precisamente lo que acabó por provocar su angustia. No tanto la transgresión de la Ley, sino su encuentro con su absoluta inconsistencia. No la existencia persecutoria de la Ley -la imposibilidad de sustraerse a su mirada implacable-, sino su ceguera absoluta.** Lo que provoca la angustia del chico no es el haber podido ser visto por la Ley, sino el no ser ya visto por la Ley. Su vida y la de su mundo no han quedado afectadas en absoluto por el horror de su acto. El verdadero trauma no es, por lo tanto, la voz de la Ley que se astilla en su vida ("¡No matarás!"), sino el de que matar ya no genera ningún sentimiento de culpa, ningún sentimiento de responsabilidad. El verdadero trauma no es la transgresión de la Ley, sino la conciencia de que la propia Ley ya no tiene peso simbólico alguno, de que carece absolutamente de valor....

*F. Ansermet

**Ese es el tema que aborda con gran sensibilidad una de las películas más redondas de Woody Allen, Delitos y faltas (1989), que cuenta la historia de un ocultista de origen judío que se deshace de su amante, que se ha convertido en una carga, contratando a un asesino a sueldo. Sus sentimientos de culpa iniciales por el acto cometido se extinguirán más fácilmente de lo esperado sin causar ninguna alteración en su vida.

El secreto del hijo

Massimo Recalcati

Diputadas polacas forman la bandera LGTBI con sus vestidos durante la toma de posesión del presidente homófobo

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https://twitter.com/TJ_Knight

 Diez diputadas de partidos de izquierda del parlamento de Polonia quisieron mostrar su apoyo a la hostigada comunidad gay del país formando la bandera arcoíris con sus vestidos durante la toma de posesión del presidente Andrzej Duda, notorio homófobo cuya campaña electoral ha girado en torno a atacar la comunidad LGTB.

Las diputadas coordinaron sus vestimentas para que en la foto aparecieran los colores rojo, amarillo, verde, azul, rosa, granate y morado que representan la enseña multicolor del movimiento LGTBI. Por si quedaba alguna duda, las mujeres cubrían sus bocas con una mascarilla con el mismo motivo.

 «El presidente de la República de Polonia debería proteger el bienestar de todos sus ciudadanos», tuiteaba la diputada Magda Biejat, del partido liberal Razem, según informa Euronews.

Sin embargo, es muy dudoso que esto sea así. El presidente Duda, que ha sido reelegido para un segundo mandato de cuatro años, asegura que la promoción de los derechos de los gays es «una ideología peor que el comunismo».

La atmósfera crecientemente hostil hacia la minoría LGTBI en Polonia está provocando un éxodo de miembros de esta comunidad a otros países de Europa y del mundo, tal y como recoge este reciente reportaje de Associated Press.


  «El reciente éxodo es una “segunda ola de emigración” tras las personas que se mudaron al extranjero para trabajar cuando Polonia se unió a la UE en 2004. «Esta vez, la gente no busca trabajos con mejor salario, sino dignidad y respeto».

 Fuente: https://www.strambotic.com/diputadas-polacas-forman-la-bandera-lgtbi-con-sus-vestidos-durante-la-toma-de-posesion-del-presidente-homofobo/

miércoles, 5 de agosto de 2020

Disparando dólares: cuando la paz no sale a cuenta

En 2001, después de descubrir la corrupción en la compraventa de armas en Sudáfrica, Andrew Feinstein dimitió. Ahora vive en el Reino Unido. Autor de 'The Shadow World', donde entrevista a varias traficantes de armas, este ex político se ha dedicado a seguir el rastro de los señores de la guerra y los estados que les cobijan.

“Está prohibido matar; por lo tanto, todos los asesinos son castigados, a no ser que maten en grandes cantidades y al sonido de las trompetas”. Voltaire

Andrew Feinstein
Andrew Feinstein. Foto: Mogens Engelund
“Los políticos son como prostitutas, solo que más caros”, dice Riccardo Privitera mientras fuma y escudriña a su interlocutor. “Esta industria solo va de sexo y dinero”, añade más tarde. Son las reflexiones de un hombre en el tramo final de su carrera: aspira, fuma, sopla, mira a la cámara, sonríe. Se gusta. Al otro lado está Andrew Feinstein, quien graba la entrevista que más tarde saldrá en dos documentales de Johan Grimonprez: Blue Orchids y The Shadow World, basado en el libro homónimo (The Shadow World. Inside the global arms trade) que Feinstein publicó en 2011. Riccardo se adorna y cuenta mentiras sobre su biografía, pero ha tenido toda una vida para demostrar que su primera afirmación es impecablemente real.

Andrew Feinstein tuvo que tomar una gran decisión con 30 años. Miembro del African National Congress (ANC), el partido que había combatido el apartheid en Sudáfrica durante décadas, empezó a trabajar para el nuevo gobierno liderado por Nelson Mandela a mediados de los 90. La investigación de un caso de corrupción vinculado a la compra de material militar, que implicaba a hombres importantes del partido, le llevó a una encrucijada: olvidar el caso y prosperar, o seguir hasta el final y acabar fuera de la política. Viendo qué hace ahora, su elección queda más que clara: no forma parte de ningún partido y ni siquiera vive en Sudáfrica, y desde entonces investiga y divulga la realidad de la industria armamentística. Feinstein y su reducidísimo equipo siguen el rastro de los señores de la guerra y los estados que les cobijan. Con él, el análisis de los conflictos toma una dimensión económica que permite conocer cómo funciona realmente la política más allá de los titulares.

“Tu misión es la nuestra”. La web de Lockheed and Martin es pulcra: gente sonriendo, noticias para dar la bienvenida al nuevo CEO —que sustituye a Marillyn Hewson, la primera mujer en dirigir la compañía—, banderas estadounidenses, una chica negra mirando al futuro, pensante. Helicópteros y barcos, en abstracto. Ni rastro de suciedad, conflicto, la nada. Podrían ser una empresa de toldos o muebles de madera de caoba. Nadie sospecharía que Lockheed and Martin es la empresa que vende más armas del mundo, que lo es desde 2009 y que desde entonces ha ampliado su cuota de mercado. En 2018, las ventas de armas superaron los 440.000 millones de dólares, y el 11% fueron de Lockheed and Martin. Es un mercado extremadamente concentrado y con pocos cambios: 7 de las 10 empresas que más armas venden ya estaban en el top 10 en 2002.

Entre estas 10 empresas —con sus webs, sus empleados, sus sonrisas y sus misiones— representan el 50% de las armas vendidas en el mundo en 2018. Son las que, al menos, lo dejan registrado en algún lugar. La legalidad es, según Feinstein, pura convención social: “Hay ilegalidades en todos los contratos, incluso en los considerados 'limpios' porque se hacen entre estados. Durante años, si había problemas para venderle armas a alguien, podías ir a Gambia —entonces un país pacífico— y comprar certificados de usuario final a un precio muy bajo. De esa manera podrías hacer parecer que las armas estaban destinadas a ese país, aunque ni siquiera hubieran pasado por Gambia, pero nadie lo comprobaría. Así es como llevaban las armas a países o milicias que podían crear problemas en la opinión pública”.

Es un negocio lucrativo. A finales de enero del 2000, una acción de Lockheed and Martin valía 18 dólares y 94 centavos. En enero de 2020, 428. Pocos negocios pueden multiplicar la inversión inicial —sea cual sea— por 23. Cada año, Lockheed da mayores dividendos anuales; el precio se disparó después del inicio de las primaveras árabes y los conflictos que de ellas derivaron. Tres fondos de inversión (State Street, Vanguard y Blackrock) controlan el 30% de las acciones; bancos como Bank of America, Wells Fargo, Goldman Sachs o Morgan Stanley cuentan con participaciones más humildes. Entre los accionistas también está el fondo de pensiones de los empleados públicos de California: almas bellas, cuántos de esos profesores de instituto hablarán apasionadamente contras las guerras y sus daños.

Todos ellos cobrarán, si se mantiene la tendencia, 9 dólares por acción a final de año. 10 millones de dólares para los empleados públicos. 380 millones para State Street. 209 millones para Vanguard. 165 para Blackrock. Solamente con los beneficios, podrían comprar miles y miles y miles de acciones y ganar todavía más dinero. Solamente es necesaria una cosa: de la misma forma que las casas necesitan un proveedor de cemento, Lockheed necesita que haya algún lugar donde vender sus helicópteros, sus balas, sus aviones de combate y sus misiles. Es aquí donde los estados y los intermediarios se ponen a trabajar.

“La verdadera habilidad de los intermediarios es pagar sobornos y esconderlos depositándolos en múltiples paraísos fiscales”, dice Feinstein, que sonríe cuando le preguntan por el origen del dinero que los saudíes —presuntamente— le pagaron al rey emérito español Juan Carlos de Borbón: “Ningún negocio con los saudíes se hace sin corrupción”. En The Shadow World habla de una cifra que ronda el 50% de comisión: “Los saudíes no son los únicos que se benefician de ese dinero. Se considera como una especie de impuesto que también beneficia a los vendedores, ya sean británicos, españoles o rusos”, añade.

Como en cualquier comercio, las relaciones personales son importantes. “Gaddafi tenía una gran amistad con Tony Blair, ya que el Reino Unido quería entrar en el mercado libio para venderle armas. El contacto que unió a Blair y Gaddafi fue, desafortunadamente, mi antiguo jefe, Nelson Mandela. Gaddafi estaba dando mucho dinero al partido, y Mandela se encargó de ayudarlo a limpiar su imagen. Así es como se las arregló para rehabilitarse y comprar armas de Francia y el Reino Unido, que luego contribuyeron a su caída en 2011”.

Las relaciones, claro, tienen altibajos e imprevistos. Después de haberle vendido armamento, uno de los primeros objetivos en la invasión de Libia fue destruir los misiles antiaéreos que Gaddafi había comprado a sus clientes europeos: “¡No querían tener ninguna baja!”, señala Feinstein. Los europeos, primero, seguidos por los americanos y finalmente los rusos, vendieron equipo militar a Gaddafi. “Él los compraba aunque no tuviera soldados o gente entrenada para usar esas armas. Esto también sucedía con los saudíes. En algunos casos, antes ni siquiera usaban el material y lo dejaban oxidarse en el desierto. La compra de armas es una especie de moneda de cambio”. El experto sudafricano zanja que, ahora, los saudíes sí que están utilizando el armamento del que disponen para bombardear a Yemen.

Vender armas a países en conflicto es problemático para las relaciones públicas, por eso Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos —que forman parte de la coalición que bombardea Yemen— buscan su propia línea de proveedores. Para ello, es importante contar con hombres experimentados: “El CEO de RheinMetall, una compañía alemana, fichó para SAMI, la compañía saudí de armamento. Algún material en Yemen se está fabricando en Cerdeña, en Italia”. Es ahí donde empiezan las confusiones. Italia no puede hacer nada, porque la compañía que lo hace es alemana. Alemania no puede hacer nada, porque la fábrica está en Italia. Feinstein añade que hay una ley alemana que permitiría a Berlín intervenir, ya que hay propiedad intelectual alemana de por medio; pero no lo hacen. “Los controles de exportaciones de armas son solo para las relaciones públicas”. Hay viajes más largos: RheinMetall puede utilizar su filial sudafricana para marcar la venta como si fuera un producto sudafricano: “La única cosa que producen en Sudáfrica probablemente es la caja”, ironiza Feinstein. Los saudíes ya han establecido, al menos, una fábrica en el norte de África.

En algunos lugares, lo que deben cambiar son los intermediarios. Según Feinstein, los perfiles en el continente africano son muy diversos: desde serbios hasta israelíes, pasando por sudafricanos partidarios del apartheid. Donde hay un conflicto, desde Sudán del Sur hasta Somalia, pasando por el Congo, allí están ellos. Hombres que han formado parte de un ejército y se han tenido que retirar antes de tiempo, pero cuya única experiencia laboral está vinculada a la guerra. Feinstein destaca el caso israelí: los miembros del Israeli Defence Force (IDF) debían retirarse a los 45 años, pero tenían la oportunidad de conseguir permisos para vender armas estadounidenses e israelíes con facilidad.

Con todo, sigue siendo un juego entre estados. Si China ha entrado en África con infraestructuras y armas, Estados Unidos responde con misiones de paz —asociadas a la venta de material militar— y ayuda internacional. Desde 2016 es mucho más fácil: la venta de material militar se puede computar como ayuda al desarrollo en el presupuesto anual. Feinstein pone ejemplos claros: Mubarak, en Egipto, recibió 24.800 millones de dólares en armamento. “Enormes cantidades de esto fueron sobornos al Presidente y su séquito: es la forma de mantener a los militares leales a ti”. afirma. Más tarde, fue necesario empezar de nuevo con Al Sisi: “Este es el hombre que expulsará a los islamistas, que es corruptible, con el que podremos hacer exactamente lo que hicimos con Mubarak”, concluye Feinstein. El resultado: 29.000 millones de dólares en equipamiento militar, previo paso por caja: los egipcios, por suerte, son más baratos que los saudíes. Feinstein sitúa la cifra de los sobornos entre el 15 y el 25%.

Los hijos de buena familia nunca quieren perderse una fiesta. Hablar de conflictos africanos en los años 90 es imposible sin mencionar el nombre de Jean-Christophe Mitterrand, encargado de vender armas a distintos países africanos, desde Angola hasta el gobierno de Ruanda que más tarde cometería el genocidio contra los tutsi en 1994. La privatización de la guerra, acelerada desde los 80, ha permitido que el comercio esté aún más protegido, gracias a una particular mezcla de desregulación y secretismo amparado en la defensa de información en nombre de la seguridad nacional.

La guerra civil de Sierra Leona (1991-2002) sirve como ejemplo a Feinstein para certificar que se pueden cometer crímenes con total impunidad: “Margaret Thatcher apoyó el embargo de armas a Sierra Leona en el Consejo de Seguridad de la ONU; al mismo tiempo, permitió al Coronel Tim Spicer que pudiera vender cualquier tipo de equipo militar británico en el conflicto. También utilizó mercenarios para luchar y pudo reclutar soldados para el conflicto. El gobierno básicamente le dijo: 'Mira, todo esto tiene que mantenerse en secreto porque acabamos de aprobar un embargo; pero tienes nuestro apoyo para romperlo'”. Spicer, más tarde, fundaría la compañía privada de seguridad Aegis. “Es una forma definitiva de capitalismo, porque no tienes ningún tipo de responsabilidad por lo que haces”, comenta Feinstein. Los embargos de armas crean monopolios ficticios, un mercado cautivo: los vendedores “freelance” se convierten en los únicos proveedores, hacen negocios más suculentos y ganan mucho más dinero.

La vida útil de un arma va más allá de los regímenes políticos. El muro de Berlín cayó hace 30 años, pero las armas producidas en Europa oriental siguen circulando por África. La caída del precio facilita su longevidad. Feinstein constata que Sudáfrica —conocida por su rol en negociaciones de paz en el continente— se ha convertido en el país donde las armas “se reciclan”. Vienen de Angola y acaban en Sudán del Sur. Así, Sudáfrica es el gran exportador africano de armas, ya sea por canales oficiales o no oficiales. El otro centro está en Dubai. La desregulación de su sistema financiero contribuye a “esconder los sobornos”, y su feria de armamento ya es la segunda más importante del mundo.


¿Cómo consigue las armas al Shabab?

Feinstein cita tres formas: a través de agentes, gracias a estados que simpaticen con la causa, y en los mercados secundarios: “Arabia Saudí vende material a grupos yihadistas de todo tipo. Wikileaks publicó un cable en el que Hillary Clinton admitía que los saudíes vendían material a los enemigos de Washington. Los recursos naturales pueden actuar como moneda de cambio: Al Shabab consiguió acceder a diamantes en bruto angoleños y los intercambiaron por armas, aprovechándose de un poder corrupto: “La familia Dos Santos sería capaz de vender a su abuela si alguien les pagara por hacerlo. Las licencias de exportación están controladas por burócratas sin poder que harán aquello que les pidan”, lamenta.

El petróleo, los diamantes y las materias primas son ideales para intercambiar armas eludiendo los controles. La República Democrática del Congo es un país conocido por disponer de todos esos elementos dentro de su territorio. Feinstein recuerda que diversos agentes israelíes vinculados al tráfico de armas trabajan allí.

Recientemente, Tesla anunció un acuerdo con Glencore, la multinacional de materias primas más importante del mundo, para comprar toneladas de cobalto. El cobalto es necesario para hacer las baterías de los coches eléctricos. Glencore difícilmente habría conseguido sus contratos sin la ayuda de Dan Gertler, un hombre de negocios israelí próximo al expresidente Joseph Kabila. Gertler cobrará millones por ese cobalto, según Bloomberg. Todos los involucrados son, después de todo, hombres de familia: no importa en qué punto del mundo esté Gertler, “cada viernes está en casa para la comida del Sabbath”. Otro intermediario, Arcadi Gaydamak, aprovechó que tenía nacionalidad rusa y angoleña para mediar entre ambos cuando el país africano anunció que quería pagar su deuda a los rusos. Según la investigación de Shadow World Investigations, su misión fue poner “millones de dólares” en los bolsillos de políticos y hombres de negocios. El dinero acabó en Chipre, Luxemburgo y Suiza.

Feinstein no lo tuvo difícil para contactar con los vendedores de armas. Pese a saber que su libro sería crítico con ellos, algunos no dudaron en colaborar. Uno de ellos, Joseph der Hovsepian, vio el libro como una forma de documentar su legado. La forma de encontrarlo no pudo ser más banal: a través de su página de Facebook. Der Hovsepian incluso le mandó un mail a Feinstein cuando el libro fue traducido a otro idioma. Estaba contento. Los vendedores se ven a ellos mismos como intelectuales, con vidas llenas de aventuras por todo el mundo. Algunos se ponen creativos cuando hablan de sus vidas vidas: Riccardo Privitera, el italiano, se inventó que había estado en el ejército sudafricano del apartheid, o que odiaba a los negros porque un miembro del ANC mató a su padre. Nunca había estado en el ejército de ningún país, y su padre había muerto en un accidente de coche en Italia.

Gracias a su trabajo, millones de personas en todo el mundo han sido asesinadas, consideradas “daños colaterales” en países lejanos. Las armas, sin embargo, tienen mucho que ver con el mundo rico: el 44% del material de defensa que Estados Unidos ha vendido desde 2011 ha acabado en manos de dictaduras en Oriente Medio y el Norte de África. En el caso de la UE, la cifra supera el 30%. A partir de ahí, el material circula por todo el continente africano: las armas de Libia cruzaron el desierto y alimentaron el conflicto en Mali. Uno puede llegar a trazar la procedencia de las armas, pero a partir de ahí pierde el rastro. El mercado hace el resto: un traficante hará el trabajo que, a veces, los estados externalizan. Sin su papel, muchas armas difícilmente llegarían a las zonas de conflicto. Ellos lo facilitan, lo hacen posible, dan el último paso. Son piezas de un engranaje cuyo éxito definitivo es que alguien con ganas de matar a otro goce del instrumento que le permite completar su deseo.

¿Por qué tenía Facebook der Hovsepian? Al ser un hombre que viajaba por todo el mundo, la red social le servía para mantener el contacto con sus nietos. Después de todo, nada impide que Joseph der Hovsepian sea, también, un entrañable abuelo que quiere mucho a su familia.

martes, 4 de agosto de 2020

La huida de Juan Carlos encadena tres generaciones seguidas de Borbones fuera de España

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Lausanne (Suiza), Marzo 1969.- Juan de Borbón y Juan Carlos pasean por "Villa Fontaine", residencia de la reina Victoria Eugenia, que se encontraba enferma.

Nació en el exilio en la Italia fascista de Benito Mussolini. Y afronta el ocaso de su vida huyendo de la justicia española. El rey emérito, Juan Carlos I (Roma, 1938), es hijo y nieto de Borbones que vivieron fuera de España. Su abuelo, Alfonso XIII, abandonó España mientras se proclamaba la Segunda República, en abril de 1931, después de haber apadrinado, a la manera italiana –como hizo Víctor Manuel con Mussolini– la dictadura de Primo de Rivera –1923-1930–. Alfonso huyó en su coche hasta Cartagena en la noche del 14 al 15 de abril, y de allí partió hacia Marsella para concluir su huida en París.

De aquella época se atribuye al escritor Ramón María del Valle Inclán la siguiente frase: “Los españoles han echado al último Borbón, no por rey, sino por ladrón”.

Unamuno 2.0 on Twitter: "“Los españoles han echado al último ...

Su padre, Alfonso XII, ya había accedido al trono a finales de 1874 proveniente del exilio al que recurrió su madre, la reina Isabel II, cuando estalló la Revolución Gloriosa de 1868 –que alumbró el Gobierno Provisional (1868-1871), la monarquía de Amadeo de Saboya (1871-1873) y la I República (1873-1874), liquidada por el golpe de estado del general Pavía–. Previamente, entre 1808 y 1814, otro Borbón, Fernando VII, abandonó España, en este caso a consecuencia de la invasión napoleónica.

Sin embargo, Alfonso XIII acabó sus últimos años de vida en Roma, donde su hijo Juan tuvo a Juan Carlos dos años después del inicio de la Guerra Civil española. Y fue así no sólo por la huida de Alfonso de una España que se había hecho republicana, sino porque Franco tampoco quiso la ayuda de los Borbones en la Guerra Civil: el 1 de agosto de 1936 el general Mola despachó a un Juan de Borbón, que había cruzado la frontera francesa con camisa azul para ponerse al servicio de los golpistas.

Pero no le querían: el futuro "caudillo de España por la gracia de Dios" no estaba dispuesto a compartir el poder con un linaje que llevaba ocupando la monarquía española desde la guerra de sucesión (1701-1713).

Alfonso XIII murió en Roma a principios de 1941, cuando su nieto Juan Carlos tenía tres años, y fue el momento en el que Juan se trasladó a Lausana, donde proclamó, después de que el final de la Guerra Civil desembocara en una dictadura en la que Franco no había reservado ningún papel para los Borbones, su aspiración de volver a España como rey, algo que nunca ocurrió: Franco logró que saltara el orden dinástico en favor el ahora huido Juan Carlos I. Las gestiones borbónicas con la Alemania nazi y la Italia fascista habían resultado estériles.

En 1944, como recordaba La Vanguardia, Francisco Franco le decía lo siguiente a Juan de Borbón, instalado en Lausana: "a) La Monarquía abandonó en 1931 el poder a la República. b) Nosotros nos levantamos contra una situación republicana. c) Nuestro Movimiento no tuvo significación monárquica, sino española y católica, d) Mola dejó claramente establecido que el Movimiento no era monárquico (...) Por lo tanto, el Régimen no derrocó a la Monarquía ni está obligado a su restablecimiento". Cuatro años después, en 1948, Juan de Borbón pactaba con Franco que su hijo Juan Carlos se instalara en España.

Lausana, Suiza, un paraíso fiscal: allí fue donde Juan de Borbón, quien posteriormente renunciaría a a sus derechos dinásticos, abrió una cuenta que legó a su hijo Juan Carlos con 375 millones de pesetas. Según reveló el diario El Mundo, el conde de Barcelona dejó a sus hijos bienes y fondos por un valor de 1.100 millones de pesetas tras su muerte, el 1 de abril de 1993. La mayor parte de ese patrimonio se encontraba en tres cuentas en Suiza, dos en Lausanne y una en Ginebra. En ellas había fondos depositados por un valor de 728,75 millones de pesetas, que al cambio actual, y aplicando el IPC de estos últimos 20 años, serían unos 7,85 millones de euros. A esa cantidad se sumaría un patrimonio inmobiliario cercano a los 350 millones de pesetas, entre el que destacan el chalet familiar de Puerta de Hierro en Madrid, un edificio en la Gran Vía de la capital y un apartamento en la ciudad portuguesa de Estoril.

Tal y como afirmaba El Mundo, el grueso de las cantidades depositados en las cuentas suizas de Juan de Borbón acabó en manos del rey. En concreto, unos 375 millones de pesetas. Juan Carlos de Borbón los recibió a través de tres cheques que fueron ingresados el 21 de octubre de 1993, momento en el que se procedió al reparto de la herencia, en la cuenta 10.031 de Sogenal –Société Générale Alsacienne de Banque–, de Ginebra.

Buena parte de los fondos que recibió el rey procedían de una de las cuentas de Lausanne denominada en el testamento "cuenta de usufructo". Esta cuenta, de la Société de Banques Suisse, fue parcialmente vaciada, pero siguió abierta con un saldo de 24 millones de pesetas. Los albaceas recomendaron al rey y sus hermanas, que recibieron 172 y 131 millones cada una, que no repatriaran la fortuna para no levantar sospechas sobre el patrimonio del conde de Barcelona, de quien siempre se dijo que no contaba con importantes bienes.

Unos dineros opacos en cuentas secretas en lugares donde casi no se pagan impuestos que son los que han terminado de acorralar al emérito: el anuncio de su marcha se produce, precisamente, en plena investigación judicial de las finanzas de Juan Carlos.

Si algo aprende un rey en el exilio es que sólo tiene una misión en la vida: conservar el trono. Juan de Borbón lo aprendió en Roma, en Lausana y en Estoril, donde instaló la corte con la que empezó a conspirar tras abandonar Lausana. Y, como lo aprendió, cedió los derechos dinásticos a su hijo Juan Carlos, como lo había hecho Alfonso con él meses antes de morir. Está en el ADN de quien aspira a monarca.

Ahora, Juan Carlos sigue los pasos de su padre y de su abuelo. Al contrario que su padre, parece que consiguió amasar una fortuna para sufragar varios exilios. Como su padre, está tomando una decisión que pretende despegar su caso de la corona de su hijo para, así, preservar la primera misión de un rey: preservar el trono. Y, durante un tiempo, la jugada salió bien: el 23F le dio a Juan Carlos una legitimidad que no tenía después de haber jurado los principios fundamentales del régimen franquista en 1969; España parecía más juancarlista que monárquica, y los principales partidos del régimen del 78, PSOE y PP, apuntalaban a un jefe del Estado hasta el punto de acordar su abdicación en el verano de 2014 cuando su situación ya era insostenible.

Juan de Borbón regresó a España en 1963, después de 32 años. La huida de Juan Carlos seis años después de entregar la corona a su hijo encadena tres generaciones seguidas de Borbones fuera de España, con la incógnita de si, como su padre, volverá a pisar suelo español. O, como su abuelo, no llegará a hacerlo.

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Felipe saluda al dictador en el pazo de Meirás, aún propiedad de la Fundación Francisco Franco, en julio de 1975, dos meses antes de que Franco firmara las últimas sentencias de muerte antes de fallecer. EFE

Fuente: https://www.eldiario.es/politica/huida-juan-carlos-encadena-tres-generaciones-seguidas-borbones-fuera-espana_1_6145892.html

lunes, 3 de agosto de 2020

COVID-19


Vía @pmarsupia
Esta foto de Go Nakamura desde un hospital de Houston refleja una de las cosas más terribles de esta enfermedad: no poder despedirte con un abrazo.

domingo, 2 de agosto de 2020

La realidad ...

Imagen
Vía @withnomoney

La realidad se ahuyenta en estos labios tan sólo expertos en formas invisibles

Antonio Gamoneda

sábado, 1 de agosto de 2020

Atmosphere



“La Puerta al Infierno” de Siberia aumenta de dimensión

Los científicos afirman que se trata de una ventana única al pasado, un registro detallado de historia de la Tierra.

El cráter de Batagaika, en Rusia, conocido también como 'la puerta al infierno' Foto newsbeezer.com

Las dimensiones de “La puerta al infierno”,  oficialmente cráter de Batagaika en Siberia, Rusia, aumentan cada año, de acuerdo a investigadores geológicos rusos.

Según el científico  de la Facultad de Geología de la Universidad Estatal de Moscú, Vladímir Sívorotkin, la formación natural crece hasta 30 metros por año.

El especialista comentó, en entrevista concedida al diario Vechérnyaya Moskvá, que el tamaño del cráter, que mide un kilómetro de largo, 800 metros de ancho y hasta 100 metros de profundidad, depende de la forma en la que actúa el permafrost con el medio ambiente.

El permafrost​ es la capa de suelo permanentemente congelado de las regiones muy frías como la tundra.

En este sentido, “la puerta al infierno” aumenta de tamaño  cuando las capas superiores se descongelan, lo que produce que se destruya la superficie. Por tanto, el cráter va quedando al descubierto con el derretimiento del hielo en el suelo permanentemente congelado de esta región.

El cráter de Batagaika, en Rusia, conocido también como ‘la puerta al infierno’. Foto actualidad.rt.com

Además, el  calentamiento global en el Ártico agiliza el proceso pues produce manchas anormales de calor en esa región. El aumento de temperatura y las inundaciones produjeron que el permafrost empezara a derretirse, algo que alerta a los científicos por los corrimientos constantes de tierras.

Una estructura geológica única

El origen geológico del cráter de Batagaika comenzó en la década de los 60. La rápida desforestación en la región implicó que en los meses de verano el terreno dejó de estar protegido por la sombra de los árboles.

Los científicos afirman que se trata de una ventana única al pasado, un registro detallado de historia de la Tierra. Las capas de sedimento expuestas desvelan cómo fue el clima en la región durante 200.000 años.

Fuente: https://www.elsalvador.com/noticias/internacional/rusia-moscu-crater-infierno-puerta-siberia/738127/2020/