lunes, 4 de marzo de 2013

Contra los sueldos desorbitados


La ciudadanía helvética apoyó una iniciativa popular contra las grandes ganancias de los directores de empresas. El modo de aplicar la iniciativa es el reto.
Este 3 de marzo, los suizos acudieron a las urnas para pronunciarse sobre tres asuntos.

La ciudadanía apoyó a la ‘Iniciativa Minder’ para reforzar los derechos de los accionistas de las empresas suizas que cotizan en Bolsa a fin de limitar las remuneraciones desorbitadas que reciben sus altos ejecutivos.

La segunda propuesta aceptada busca frenar la creciente urbanización.

La tercera votación trató una enmienda constitucional para poder conciliar mejor trabajo y vida familiar. En este caso, trece cantones la rechazaron, por lo que no pasó la rampa para su aplicación.

Fuente: http://www.swissinfo.ch/spa/noticias/politica_suiza/Suiza,_contra_remuneraciones_abusivas.html?cid=35114840

Trans-mongolian

domingo, 3 de marzo de 2013

Breve apunte sobre las formas clásicas y modernas de la ignorancia (o preste usted atención a lo que consume)

Con su acostumbrado sarcasmo, Borges observó en una ocasión: "Los católicos creen en un mundo ultraterreno, pero he notado que no se interesan en él. Conmigo ocurre lo contrario, me interesa pero no creo". Confieso (verbo muy apropiado para la ocasión) que siempre me he sentido muy identificado con la posición borgiana, posición que por otra parte no es tan sencilla de sostener, ya que no basta con decir “no creo” para que dicha afirmación sea cierta. Personalmente no me interesa el mundo ultraterreno por motivos religiosos, sino porque mi oficio de psicoanalista me obliga a confrontarme diariamente a un fenómeno asombroso y apasionante: ser ateo es prácticamente imposible. En el fondo de su corazón (que es la manera metafórica de decir “en el fondo de su inconsciente”), todo el mundo cree en Dios. Por supuesto, eso no implica que la significación de Dios sea necesariamente compartida ni se corresponda con la versión oficial de una determinada religión. Quiere decir que los seres humanos no pueden desprenderse fácilmente de la creencia en una instancia superior y omnipotente, causa de los bienes y los males, y a quien se le atribuye el trazado de nuestro destino. Freud descubrió muy pronto el origen subjetivo de esa ilusión, y la rastreó en la figura del padre. Dios es la proyección exaltada de la idealización del padre, a quien el niño concibe desde temprano como un ser revestido de misteriosos poderes. Poco importa que el padre real sea un genio, un pobre infeliz, un cornudo o un miserable. El padre, más allá de su presencia exitosa o fallida, es por antonomasia un elemento simbólico, algo que nos distingue de la condición animal. Su función no guarda relación ninguna con la vida en el sentido biológico del término, y para nada se confunde con la función genitora, como cada vez queda más claro gracias a esas extrañas maravillas que los científicos consiguen hacer revolviendo entre células y demás mundos microscópicos. Dejar de creer en Dios supondría poder desprenderse de la creencia inconsciente en un padre poderoso, capaz de ocultarnos la horrorosa verdad de que la existencia no tiene sentido, ni fundamento, ni garantía alguna, que nada nos ampara de la muerte, que no hay más allá, y que el único principio cierto por el que estamos gobernados es el de la incertidumbre.

Igor  Morski
Si alguna vez creímos que guillotinando reyes, fusilando zares y exterminando curas cambiaríamos realmente la historia y haríamos de la razón la única guía que iluminaría nuestro camino, no cabe duda de que erramos de cabo a rabo. Freud estaba muy dividido respecto de eso que se llamó la Ilustración. Obviamente, era alguien que se adscribía a la corriente del pensamiento científico, que se identificaba con el Siglo de las Luces, y que por ende tenía una posición crítica respecto a la religión. Freud (como Marx y otros grandes), formaba parte de aquellos genios surgidos de la tradición ilustrada que concibieron la religión como algo que pertenece, por estructura, al orden de la “falsa representación”. En ese sentido, Freud fue mucho más radical que Marx, dado que este último, a pesar de su visión crítica, no dejó de sostener una idea de la Historia que, bajo la figura redentora del proletario, dio continuidad al mesianismo cristiano. Sin embargo, Freud tuvo una posición crítica respecto de sí mismo. Escribió Moisés y la religión monoteísta después de haber considerado que la religión era algo que podía ser superado, pero no olvidó nunca que él mismo había acuñado una expresión extraordinaria: la religión privada. Es decir, no solo se ocupó de la religión en el sentido amplio del término, sino también de la religión privada, que es uno de los nombres de la neurosis. La neurosis es en definitiva eso: una religión privada, el mundo fantástico que cada uno se crea para soportar la crudeza de lo real. La neurosis obsesiva, con su ritualización de la vida, su cortejo de observancias morales, preceptos, escrúpulos de conciencia, tentaciones, transgresiones, mandamientos y penitencias, nos muestra con toda claridad la íntima relación que existe entre la neurosis y el sentimiento religioso de la vida.

Lacan, formado en la educación católica, dedicó una gran parte de su enseñanza y de su investigación clínica a considerar hasta qué punto era posible, para un sujeto, la superación de la creencia inconsciente en el padre, en el sentido de un ideal protector. Desprenderse de esa creencia no es algo que pueda elegirse a voluntad (del mismo modo que uno no abjura del padre como lo hizo Salvador Dalí, salvo cuando se está rematadamente psicótico) y por ese motivo Lacan consideró que el ateísmo era algo que solo podía obtenerse como resultado de un psicoanálisis llevado hasta sus últimas consecuencias. Dejar de creer es algo muy diferente, por ejemplo, de lo que pensaba Kafka: su profunda melancolía no se derivaba de la conclusión de que Dios no existe, sino de que nos ha abandonado. A la vista de la actualidad española, dejo al lector la entera libertad de decidir cuál de estas dos posturas le parece más conveniente para reflejar lo que nos sucede: que Dios no existe, o que nos ha dejado librados a nuestra suerte. Una vez más confieso (es difícil entrar en estos temas y no comenzar a contagiarse de ellos) que últimamente estoy reconsiderando mi ateísmo. No diré que empiezo a creer en el buen Dios, pero el actual gobierno me vuelve cada vez más verosímil la figura del Genio Maligno cartesiano.


El día 29 de octubre del año 1974 Lacan pronunció en Roma una conferencia de prensa. Uno de los periodistas le interrogó sobre la religión, y el psicoanalista francés le respondió con esta frase: “Los seres humanos solo piden eso, que se atemperen las luces. La luz en sí misma es absolutamente insoportable”. La Ilustración fue para Lacan tan solo un poco de luz, incluso más de lo que los seres humanos podemos soportar. Al igual que Freud, Lacan desconfió tremendamente de la idea de progreso, y por eso siempre sostuvo que Dios no había muerto. Más aún, predijo el resurgimiento cada vez mayor de las religiones, como lo demuestra hoy en día la creciente extensión de los fundamentalismos. La luz que el absolutismo científico arroja sobre nuestras vidas, reduciéndolas a una visibilidad cifrable, resulta absolutamente imposible de soportar. El ser humano no puede tolerar tanta luz, y necesita algo de sombra. Y es allí donde la religión acude: para atemperar, un poco, la intensidad de esa luz. Efectivamente, avanzamos cada vez más hacia la luz, ese ideal de la ciencia que es su máxima metáfora. Lo que no se distingue tan claramente es la tiniebla que ese mismo ideal va generando a medida que se afirma.

Resulta muy sencillo decir que las religiones sobreviven porque en el fondo del ser humano no hay deseo de saber sobre la verdad. Eso es indiscutible, y quizás sea una forma simple de abordar la pasión de la ignorancia. Pero hay otro modo más complejo de tratarla: considerar que todo saber, a medida que se impone, genera al mismo tiempo una ignorancia específica, un desconocimiento cuyas consecuencias no está dispuesto a asumir. La ciencia, máximo exponente de lo que se considera un deseo de saber auténtico, no está exenta de padecer su propio efecto de ignorancia, eso que vulgarmente llamamos cientificismo, y que consiste en reemplazar a Dios por una versión no menos radicalizada de la Verdad.

Si la religión es el opio del pueblo, el cientificismo puede llegar a ser el crack. Por eso mismo en ambos casos hay que estar precavidos contra la sobredosis.

Sicilia muestra un camino de salida de la crisis italiana

Susto o muerte. Si quiere gobernar, el centroizquierda italiano solo tiene dos opciones. O intentar hacerlo con el apoyo puntual, sin cheques en blanco ni pactos en la oscuridad, del Movimiento 5 Estrellas de Beppe Grillo o, por el contrario, buscar un gran acuerdo con el partido de Silvio Berlusconi. La primera opción supone el susto de una política nueva, basada más en los hechos que en las promesas, a expensas de una formación desconocida –hasta para sí misma— fundada por un líder imprevisible que con sus gritos ha conseguido despertar al electorado. La segunda opción supone sencillamente la muerte. Una agonía lenta y deshonrosa junto al político que, durante las dos últimas décadas, ha conducido a Italia al callejón sin salida en el que ahora se encuentra. 

Del susto se puede salir vivo. De la muerte es más complicado. Hay dos ejemplos muy cercanos. El primero está en Sicilia, allá por octubre de 2012. Las elecciones regionales deparan un resultado muy parecido al actual. Gana el candidato de la coalición de centroizquierda, Rosario Crocetta, pero el Movimiento 5 Estrellas, cuyo líder había llegado a la isla cruzando a nado el estrecho de Messina dos semanas antes, resulta ser la formación más votada. Crocetta es un tipo de una pieza. Tiene 61 años, ha sido alcalde de Gela –un municipio de 72.000 habitantes en la provincia de Caltanissetta-- y es conocido por su lucha sin cuartel contra la Mafia y los prejuicios. No solo fue uno de los primeros en plantarle cara a la Cosa Nostra en su terreno sino también en declarar su homosexualidad, y ni lo uno ni lo otro son cuestiones fáciles en Italia. El caso es que Rosario Crocetta decide que va a seguir jugándose el tipo. Con las urnas aún calientes, declara que lo primero que va a hacer como presidente regional es “despedir a algunos consultores que ganan cantidades desproporcionadas de dinero por tareas que no son necesarias”. Y va y lo hace. Luego añade que no va a llegar a ningún pacto de gobierno –como le sugiere su partido— con centristas ni derechistas. “Quien quiera apoyarme”, declara en un claro mensaje a la formación de Beppe Grillo, “que me apoye”.

Y Rosario Crocetta empieza a gobernar. Y decide que el agua debe de ser de todos, y los 15 parlamentarios del Movimiento 5 Estrellas lo apoyan. Y decide revocar el permiso para que EE UU tenga un radar en la isla porque parece perjudicial para la salud, y vuelve a obtener el acuerdo de los de Grillo. Y luego hace saltar el acuerdo vitalicio por el que el Partido Democrático (PD) y el Pueblo de la Libertad (PDL) de Berlusconi se van alternando la vicepresidencia de la Asamblea Regional de Sicilia, y se la ofrece a un miembro del Movimiento 5 Estrellas, que acepta. A cambio, apoya una propuesta muy innovadora. Crear un fondo con el dinero –el 70% de su asignación—que los 15 parlamentarios de Grillo devuelven a la Asamblea para destinarlo a microcréditos. Así, día a día. El resultado es que ahora ya no se mira a Sicilia solo por las playas o la Cosa Nostra, sino también porque otra política es posible. Cuando se le pregunta al presidente Crocetta cómo lo ha conseguido, responde: “Yo, entre los grillini, solo he encontrado gente buena con la que se puede dialogar”.

A nadie se le escapa que no es lo mismo gobernar Sicilia que Italia. Tampoco que para gobernar una región no hay que someterse a la confianza del Parlamento, y sí en el caso del Gobierno de la nación. Si a ello se le añade que Beppe Grillo ya ha dicho que no va a dar ningún cheque en blanco a Pier Luigi Bersani, el candidato del PD, ¿qué hacer? Rosario Crocetta tiene la posible respuesta: “Ahora debe ser Grillo quien supere sus propios tabúes. Si quiere salvar el país no puede negar la confianza a un acuerdo basado en las reformas. ¿O prefiere favorecer un governísimo [así se ha dado en llamar un posible acuerdo entre el PD y Berlusconi] en nombre de la pureza? Por su parte, el PD tiene que seguir intentando buscar puntos de acuerdo con Grillo”.

El hombre que tiene que decidir ahora si intentar la opción del susto se llama Pier Luigi Bersani, tiene 61 años y un ejemplo en carne propia de que la otra opción solo conduce a una agonía segura. Roma, noviembre de 2011. Silvio Berlusconi, cada vez con menos apoyos entre los suyos y más rechazo internacional, dimite. En aquel momento, Bersani, en vez de intentar el golpe de gracia al Cavaliere, acepta la opción de sostener a Mario Monti al frente de un Gobierno técnico. Y así aparece ante los ojos de los italianos durante 15 meses, uniendo su voto al de Berlusconi para acometer reformas que aprietan el cinturón de los trabajadores y dejan prácticamente intactos los privilegios de La Casta. Quince largos meses que Beppe Grillo aprovecha para ir haciéndose fuerte plaza a plaza, tuit a tuit. Ahora, convertido en el líder de la formación más votada, lanza sus críticas a diestro y siniestro, se ríe a carcajadas de la piel tan sensible de quienes hace tiempo perdieron el pulso de la calle.

Ahora Bersani tiene que elegir. Si aventurarse por los callejones difíciles de la nueva política o pedir de nuevo a Berlusconi que le siga ayudando a cavar su propia tumba.

Sudáfrica, un Abu Ghraib diario y consentido


"Un Abu Ghraib -símbolo internacional de la tortura y la degradación humana- diario, un calco de los peores tiempos del Apartheid". Así comenzaba un detalladísimo reportaje del semanal sudafricano 'Mail&Guardian', publicado el pasado 1 de febrero, en el que se denunciaban las torturas sufridas por muchos delincuentes y no delincuentes que tienen la mala fortuna de ser arrestados por la Policía.

El reportaje mostraba por primera vez un video de en el que algunos detenidos daban medio rostro a la cámara y explicaban las vejaciones y golpes que sufrieron por parte de los agentes. Días antes había sido muy sonada la denuncia de un ciudadano que salió en los periódicos con la llamativa declaración: "Me pegaban como si no fuera un ser humano". 

Imagen del conductor torturado. | Efe

Sólo ha pasado un mes de ese reportaje y esa semana todos los periódicos y televisiones del mundo se hacían eco de una degradante paliza que acabó con la vida de un conductor de minibús mozambiqueño que había aparcado mal su furgón en un mercado. Las imágenes grabadas por un videoaficionado mostraban al detenido esposado a la parte trasera del vehículo policial y arrastrado por el asfalto hasta la Comisaría de Daveyton, en Johannesburgo. El detenido apareció muerto en la celda con numerosos golpes en la cabeza. Dicen algunos testigos que los alaridos de terror en la celda duraron cerca de dos horas.

No era la única noticia que deja a las fuerzas de seguridad con la imagen destrozada. En Wierdraburg, la Policía reconocía que una mujer había presentado una denuncia, que estaba siendo investigada, tras haber sido violada en una comisaría. La mujer se dirigió allí a demandar a su pareja por un caso de violencia de género y acabó presentando una denuncia doble horas después: a la paliza de su pareja le acompañaba una demanda por abuso sexual efectuada por uno de los agentes que debía protegerla.

También un periódico local de Cape Town recogía la denuncia de un grupo de vecinos de una barriada de las afueras de la gran ciudad en la que denunciaban haber sido salvajemente golpeados y vejados por un grupo de agentes que entraron en sus domicilios de lata y cartón.

Altos índices de violencia

Este panorama desolador, que coincide con el desarrollo de la comisión de investigación de la masacre de los mineros de Marikana, donde esta semana se escuchó el aterrador relato de un superviviente al que un tiro en la entrepierna le dejó sin testículos y en el que narraba como le pidió a un agente 'Máteme por favor' mientras estaba tirado en el suelo, rodeado de cadáveres, observando como los policías pateaban algunas cabezas y hacían fotos a los muertos, ha hecho saltar todas las alarmas de las más altas instituciones sudafricanas. El propio presidente Zuma ha calificado los hechos de "inaceptables, horribles. Ningún ser humando puede ser tratado de esa manera".

El problema es que las palabras del presidente Zuma no se corresponden a la realidad que enseñan las estadísticas de su país. Entre 2011 y 2012, 720 detenidos murieron de dependencias policiales en Sudáfrica y hubo 448 denuncias contra la Policía acusada de asesinar a ciudadanos. Eso, teniendo en cuenta que muchos casos no son denunciados por miedo a represalias. Hubo incluso a finales de 2011 un famoso caso de una comisaría de Kwazulu Natal donde 30 agentes fueron detenidos por pertenecer a un escuadrón de la muerte acusado de matar a 19 personas y de otra hilera importante de delitos.

En el otro lado, dicen algunos expertos, están unas fuerzas de seguridad muy estresadas por los altos índices de crímenes que soporta el país. Sudáfrica es el único país del planeta con más muertes por asesinato, 15.940 en 2010, que por accidentes de tráfico, 13.923. Hay estadísticas actuales que cifran en 50 las personas que mueren violentamente cada día en el país.

También hay una estadística no reconocida por el Gobierno, que quiere evitar dar esa cifra para que no cunda el pánico entre sus atareados agentes, que dice que muere un policía cada dos días en Sudáfrica en manos de criminales. Un dato que explicaría los altos niveles de estrés, pero no, las vejaciones relatadas en el gran reportaje de 'Mail&Guardian': asfixia con bolsas de plástico, electricidad, ahogamientos con agua, azotes en cabeza, nuca, pecho, palos, abusos sexuales... ¿La tortura está instaurada en Sudáfrica como en los peores tiempos del Apartheid? "Peor", dicen las víctimas.

sábado, 2 de marzo de 2013

Que se lixe a troika


Porto
Viana do Castelo
Coimbra
Braga
Faro
Porto
Militares en la manifestación
Lisboa

Lisboa

Los albanos tienen que sobornar al personal médico en hospitales con condiciones pésimas

 Hospitales en Albania
La mala gestión y la corrupción que impera en la sanidad pública han agravado aún más las miserables condiciones de los hospitales de Albania, en los que no hay medicamentos, las condiciones higiénicas son desastrosas y los enfermos deben sobornar al personal para ser atendidos.
Durante el régimen comunista, si bien falto de recursos, el servicio sanitario era gratuito y cubría incluso los pueblos más lejanos.
Pero, más de veinte años después de la apertura política y económica del país, lejos de mejorar, la Sanidad albanesa se ha deteriorado a pasos agigantados: ahora los habitantes de las zonas más lejanas deben caminar varias horas para llegar a un ambulatorio pues se ha reducido el número de centros sanitarios y el tratamiento recibido depende de las posibilidades del paciente de sobornar a los médicos.
De los 42 hospitales públicos de Albania, el mayor es el Centro Hospitalario Universitario Madre Teresa (QSUT) adonde acuden los enfermos de la capital y al que son dirigidos los casos más graves del resto del país.
En las áreas de esparcimiento del complejo, gestionadas por empresas privadas, hay decenas de lujosos cafés, cadenas de comida rápida, farmacias y hasta talleres de reparación de automóviles.
Todas estas imágenes contrastan con la esencia del hospital: el estado de los edificios, sus habitaciones y la atención al paciente, es decir, todo lo que depende de la financiación pública.

El aspecto del hospital

Algunos de los pabellones del hospital, construidos en la década de 1930 del siglo pasado, evocan escenas de la Segunda Guerra Mundial.
Habitaciones superpobladas cuyas paredes están ennegrecidas por la humedad; tuberías de agua rotas; manchas amarillas de orina que se filtra de los desagües; son escenas habituales en el pabellón Número 2 de Cirugía General, que atiende a enfermos recién operados. "Como si no bastase la operación del estómago, temo que haya cogido una infección en la laringe por el moho", se queja a Efe Hasan Ymeri, que lleva un mes internado.
Por los corredores, llenos de colillas y de suciedad incrustada en el suelo, deambulan mendigos, vendedores ambulantes y hasta fotógrafos que ofrecen retratos al paciente para perpetuar su desgracia

Un problema de dinero

Además de los dolores físicos, los enfermos deben soportar el sufrimiento que provoca la imposibilidad de poder comprar los caros medicamentos, ausentes en el hospital, inclusive los de quimioterapia, y de tener que sobornar a cirujanos y enfermeras, cuyos sueldos medios rondan los 500 y 300 euros mensuales, respectivamente.
Actualmente, sólo el 25% de los albaneses paga el seguro médico, lo que obliga al Estado a subvencionar el sector con 300 millones de dólares al año, el 9% de los presupuestos generales.
"He pagado regularmente el seguro, pero aquí no sirve. Solo hoy, he gastado 25 euros en medicinas para mi mujer que he tenido que comprar afuera", denuncia Agron Dervishi, cuyo sueldo apenas supera los 150 euros mensuales.
Él mismo es una víctima del deficiente sistema sanitario albanés, pues en su ciudad natal un cirujano dañó sus tripas mientras le extirpaba un apéndice que, según cuenta, resultó que estaba sano.
El complejo hospitalario Madre Teresa, con 1.200 camas, 2.600 empleados y una deuda de 17,5 millones de euros, dispone de un presupuesto anual de 24 millones para la compra de medicamentos y material hospitalario, mientras que sus necesidades reales se calculan en 38 millones de euros.
  
Culpan a la mala gestión

La falta de medicamentos en los hospitales está relacionada con los prolongados procedimientos de licitación y la mala gestión de estos centros, según explica Pellumb Pipero, alto cargo del Ministerio de Salud.
"Desgraciadamente, los dirigentes de los hospitales son militantes de partido, que cambian siempre que hay elecciones", indica Pipero.
"El hospital es como una vaca que todos quieren ordeñar: los partidos políticos, los médicos, los enfermeros y hasta las mujeres de la limpieza, todo a costa de los enfermos", afirma el cardiólogo Arben Baboçi.
Mientras tanto, los más adinerados se dirigen a las modernas clínicas y hospitales privados que hacen publicidad en grandes carteles colocados en las calles de Tirana y que la inmensa mayoría de la población no puede permitirse. "Todos sabemos de la falta de dinero, infraestructura, aparatos y laboratorios, pero el mayor desafío es cómo restablecer la confianza del paciente hacia el médico", reconoce Dine Abazi, el presidente del colegio de médicos, que reclama también una verdadera "profesionalización" de la atención sanitaria.
En Albania, los médicos son percibidos como la profesión más corrupta, después de la de juez, según las encuestas de Transparencia Internacional.
Pese a ello parece que la gente se ha acostumbrado a este fenómeno, añade Abazi, ya que no se ha presentado ninguna denuncia por corrupción contra los médicos.

Fuente:http://www.20minutos.es/noticia/1746601/0/sanidad-albania/hospitales/sobornos/

Escritores famosos y su relación con el alcohol y las drogas.

"Soy católico y no puedo cometer suicidio, pero tengo la intención de beberme a mí mismo hasta morir". Jack Kerouac

Larga es la lista de escritores que fueron tan famosos por sus obras literarias como por su afición al alcohol y/o las drogas. Estos son algunos de ellos y algunas anécdotas relacionadas con sus adicciones.

Ernest Hemingway


: 
Solía burlarse de sus colegas escritores que buscaban alivio a su propio
alcoholismo. George Plimpton, periodista, escritor y editor, dijo que, al final de su vida,
el arruinado hígado de Hemingway sobresalía de su barriga "como una sanguijuela larga y gruesa".

William S. Burrouhgs:


"La heroína no es, como el alcohol o las malas hierbas, un medio para aumentar el disfrute de la vida. Es una forma de vida".  

Burroughs dejó de consumir en los años 70, después de décadas de uso casi constante.


William Faulkner:

Siempre se ha dicho que Faulkner tuvo un serio problema de alcoholismo durante toda su vida, pero él mismo declaró en varias ocasiones -corroborado por miembros de su familia, prensa y amigos en diferentes periodos a lo largo de su carrera- no bebía mientras escribía, ni tampoco el alcohol contribuyó a alimentar su proceso creativo.  
En la actualidad se cree que Faulkner utilizaba el alcohol como "válvula de escape" de las presiones del día a día.
"Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás"


Tennesse Williams

:
Acaso su obra más famosa, "La gata sobre el tejado de zinc", incluía muchas referencias a elementos autobiográficos, como la homosexualidad, la inestabilidad mental y alcoholismo.
Escribió en cierta ocasión: "El odio es una cosa, un sentimiento, que sólo puede existir donde no hay entendimiento"

F. Scott Fitzgerald:

Fitzgerald se hizo alcohólico durante su época universitaria, y se hizo famoso durante la década de los 20 por su consumo extraordinariamente elevado. A finales de los 30 su salud ya se había deteriorado definitivamente.
 
"First you take a drink, then the drink takes a drink, then the drink takes you."

Jack Kerouac
:
"Soy católico y no puedo cometer suicidio, pero tengo la intención de beberme a mí mismo hasta morir".  
Y lo hizo. Su muerte, a la edad de 47 años, fue el resultado de una hemorragia interna causada por la cirrosis del hígado, resultado de toda una vida de consumo excesivo de alcohol.

Philip K. Dick
:

En cierta ocasción declaró a Rolling Stone que todas las novelas que escribió antes de 1970, lo había hecho bajo los efectos del Speed. 

Edgar Allan Poe
:
Hay quien dice que Poe no era alcohólico per se, sino una persona con mucha sensibilidad al alcohol
La causa de su muerte no está clara y se ha atribuido a numerosos motivos: alcohol, el cólera, las drogas, las enfermedades del corazón, la rabia, suicidio, tuberculosis…
Dice al respecto Julio Cortázar:
"Se ha dicho que Poe, en los períodos de depresión derivados de una evidente debilidad cardíaca, acudía al alcohol como un estimulante imprescindible. Apenas bebía, su cerebro pagaba las consecuencias. Este círculo vicioso debió cerrarse otra vez a bordo durante la travesía a Baltimore. Los médicos le habían asegurado en Richmond que otra recaída sería fatal, y no se equivocaban"
  Dylan Thomas:

Cuenta la leyenda que una noche regresó al Hotel Chelsea en Nueva York después de una juerga en su bar favorito, el The White Horse Tavern en el Greenwich Village de Manhattan, alardeando: "Me he bebido 18 whiskies seguidos; creo que es un récord".
 
Hay quien asegura que es cierto, otros que no, mientras que otros desean que fuera cierto, pero no tienen ninguna prueba.  

De todos modos, Thomas era un bebedor empedernido.

"Un alcohólico es alguien que no te gusta, porque bebe tanto como tú"

Un 5 de noviembre, Dylan Thomas estaba bebiendo unas cervezas con Liz Reitell en el White Horse cuando empezó a sentirse mal. Entró en coma y murió cuatro días después.

Truman Capote:


Mientras escribía "A sangre fría, se tomana un martini doble antes del almuerzo, otro durante el almuerzo y una "espuela" después.

"Soy alcohólico. Soy Drogadicto, soy homosexual. Soy un genio"

Charles Bokovski:

Los abusos físicos y verbales de su tiránico padre le condujeron a la bebida a los 13 años, iniciando así un largo romance con el alcohol.

Como ha dicho un amable comentarista anómino:
Bukowski, siendo mas o menos fino a la hora de escribir, expresaba sentimientos que nos son comunes a millones de humanoides. Leer a Bukowski es una bofetada de realidad, abrumadora y terrorífica. 
"Tengo la sensación de que el consumo es una forma de suicidio que te permite volver a la vida y empezar de nuevo cada día. Es como matarse a uno mismo para volver a renacer. Creo que he vivido unas diez o quince mil vidas hasta ahora."

Malcom Lowry:

Comentario de kikuyu, que merece ser la reseña: "Echo de menos en la lista a Malcolm Lowry, ebrio consuetudinario y autor de la novela que quizá refleje mejor el descenso a los infiernos de la mano del alcohol, Bajo el volcán."

Luchó toda la vida con el alcohol y acabó perdiendo la batalla al morir con menos de 50 años


viernes, 1 de marzo de 2013

Tener hijos no da la felicidad… y acorta la vida

Nuestra tasa de fertilidad, de 1.41 hijos como media por cada mujer española, no permite asegurarnos el reemplazo generacional. Según la lista confeccionada por las Naciones Unidas, ocupamos el puesto 169 de un total de 195 países. La mayoría de los países europeos y del sudeste asiático ocupan también las últimas posiciones de la lista.

La crisis de la fertilidad femenina y de la familia biológica es un fenómeno conocido asociado con la “modernidad” y la urbanización. En los países occidentales, las mujeres 1) tienden a demorar la decisión de tener hijos más allá de su “pico” biológico reproductivo (aproximadamente entre los 15 y los 25 años), 2) cada vez tienen más hijos en hogares sin un padre biológico (se estima que en EE.UU las madres solteras son responsables ya del 40% de los nacimientos) y 3) su éxito reproductivo no parece asociado positivamente con su calidad genética (al menos en términos de inteligencia). En contraste, las mujeres en las zonas económicamente menos desarrolladas, en especial si el ratio sexual favorece a las mujeres (es decir, hay más niñas que niños) tienden a tener más hijos y a tenerlos antes, debido por lo visto a la competencia femenina.
No son resultados sorprendentes. En una sociedad que deplora la idea religiosa de sacrificio, y valora la “realización personal” y la persecución de la felicidad por encima de otros valores tradicionales, la decisión de las mujeres occidentales es claramente racional e inteligente.
La ciencia está de su parte. Según el psicólogo de Harvard Daniel Gilbert, los niños realmente no dan la felicidad (aunque sí el matrimonio): “Una vez que la gente tiene crios, hay una recesión de la felicidad”. Y bromea: “El único síntoma del nido vacío es una sonrisa incesante”.
Según Satoshi Kanazawa (The intelligence paradox. Why the intelligent choice isn’t always the smartest one), que utiliza la base de datos del National Child Study Development Study de EE.UU, la inteligencia general de los niños está asociada negativamente, tanto para los hombres como para las mujeres, con el deseo de tener hijos. Los hombres y las mujeres más inteligentes están significativamente más inclinados a no tener hijos en comparación a los hombres y las mujeres menos inteligentes. Con una importante salvedad: las mujeres más inteligentes, pero no los hombres más inteligentes, terminan teniendo éxito en su decisión de tener menos hijos. Una victoria más de la elección femenina.
La siguiente conclusión puede resultar molesta pero es difícil de rebatir. Lo cierto es que las mejores y más brillantes mujeres occidentales, al menos en términos de inteligencia y nivel educativo, están teniendo un éxito reproductivo comparativamente inferior.
Para poner las cosas más difíciles, resulta que tener hijos, pero no hijas, aumenta el riesgo de muerte un 7% cada año, según un estudio publicado en Biology Letters.
De acuerdo con Samuli Helle y Virpi Lummafound, que investigaron los registros de ocho parroquias entre el siglo XVII y la mitad del siglo XX, una mujer que diera a luz un último hijo a los 37 años viviría otros 33.1 años si no tuviera más niños, 32.7 años si tuviera otros tres, y 32.4 si tuviera otros seis. Por cada hijo nuevo, la vida de una mujer se acortaría una media de 34 semanas, pero aumentaria ligeramente si tuviera hijas, probablemente a consecuencia de la mayor demanda energética que imponen los niños.
Puede resultar paradójico que el considerado unánimemente como fin último de la existencia biológica no repercuta en un aumento de la felicidad personal, al menos en las naciones occidentales. Tener hijos para ser más felices y longevos (especialmente si son hijos varones) efectivamente no parece una expectativa “racional”. ¿Será verdad, a fin de cuentas, que es necesario mantener creencias “irracionales” para sobrevivir y que la opción “inteligente” no siempre es la mejor?

Fuente: http://www.terceracultura.net/tc/?p=6023

Susan George: “Ya no se puede llamar crisis, es un capítulo más de la lucha de clases”


Susan George. / ángel gonzálezMADRID// El día frío y lluvioso contrasta con la energía que desprende Susan George (Ohio, 1934). Sentada en una sala forrada de madera, en el quinto piso de un edificio del Paseo de Recoletos de Madrid, la consagrada politóloga y analista recibe a La Marea para compartir 20 intensos minutos de su visita a Madrid y hacer un conciso diagnóstico de la coyuntura económica y social mundial.
La presidenta de honor de Attac Francia, vinculada durante años a Greenpeace, llega a España para presentar su libro El Informe Lugano II. Esta vez vamos a liquidar la democracia, una combinación de ficción y realidad. En su relato, la autora junta en los alrededores del lago suizo Lugano a un grupo de diez expertos para elaborar un segundo texto -George escribió en 1999 la primera entrega de la saga, El Informe Lugano- sobre el funcionamiento del sistema capitalista a petición de los “solicitantes”. Y hasta ahí la ficción. Al margen de este escenario metafórico, la autora defiende que todo lo recogido en el libro es real. Los interesados en que se realice este estudio son una minoría político-económica mundial y la conclusión del informe es que se debe acabar con la democracia, pues es un “fastidioso sistema político, especialmente desagradable para unos pocos, porque se opone a la minoría cuyo único objetivo es aumentar sus beneficios y cuotas de poder”.
¿Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades?
No. La sociedad, no. Estamos sufriendo una estrategia ideológica que busca acumular el poder y el dinero en unas pocas manos. Es la puesta en práctica del puro neoliberalismo.
¿Qué ha pasado en los más de diez años que han separado el primer del segundo informe Lugano?
La respuesta corta es que todo ha empeorado. La larga es que el sector financiero está dirigiendo y controlando la economía real. La verdad es que la crisis estalló a causa de la derogación de diversas leyes en EE.UU. y Gran Bretaña, las cuales mantenían a las finanzas bajo control. Tardaron sólo tres años en crear una explosión enorme, pues se quedaron sin reglas que cumplir.
Y la consecuencia directa es…
Su riqueza y una sociedad global cada día más desigual, con serios efectos perjudiciales en nuestro medio ambiente, que me tienen espantada.
En su libro llama “solicitantes” a ese un grupo de elegidos que gobierna ahora mismo. Detrás de sus intereses, ¿qué se esconde? ¿ignorancia o maldad?
Hay dos formas de responder a esa cuestión y de entender cómo hemos llegado hasta aquí. Por un lado está el punto de vista de los economistas norteamericanos Paul Krugman y Joseph Stiglitz, que ven las políticas europeas como una locura. Stiglitz cree que es una medida suicida que los europeos no puedan trabajar y ambos consideran que estas políticas se enmarcan entre la estupidez y la ignorancia. Pero yo creo que los que nos gobiernan no son nada tontos. Han elegido servir a los intereses de los bancos y la llamada clase elitista de Davos.
Pero se está gobernando de una forma muy dura…
Las políticas que se están llevando a cabo son muy crueles con la sociedad. Me han dicho que los griegos están siendo tratados como ratas de laboratorio para ver cuánto castigo pueden aguantar. Los que gobiernan piensan: “Vamos a hacer un experimento científico y vamos a juntar a un montón de ratas en una determinada situación. Veremos qué pasa si no reciben suficiente comida, si no reciben atención si están enfermos y ven morir a sus ratitas bebé. Experimentemos:  ¿Habrá una revuelta de las ratas? ¿O no?”. Creo que ellos saben lo que están haciendo. Además hay un componente ideológico, por supuesto. Lo que no se puede hacer es seguir reduciendo la economía y luego lamentar que no hay crecimiento.
A los españoles nos dicen que la austeridad es la primera piedra para reactivar la economía…
Es absurdo. Está demostrado, y corroborado por el propio Fondo Monetario Internacional, que la austeridad provoca más desigualdad social, depresión y alarga la crisis.
¿Tenemos que seguir hablando de crisis?
Yo creo que ya no se le puede seguir llamando crisis, porque la propia definición de la palabra establece una época con principio y fin. Es un capítulo más de la lucha de clases que está en marcha,  aunque la gente ahora no utiliza ese vocabulario.
¿Son los movimientos sociales un dolor de cabeza para el poder?
Por supuesto. El gran papel de los movimientos sociales en este momento es luchar, porque nadie lo hará por ellos. El futuro depende de las personas, y esto es difícil de cambiar porque hay mucha gente acostumbrada a la idea de que, puesto que han elegido a los representantes, a ellos les corresponde hacer algo al respecto. El gobierno no va a hacer nada combativo, no va a plantar cara al capital. Solo hay que mirar a Francia, que se supone que tiene un gobierno socialista y no está haciendo nada diferente.
¿Por qué si el problema es global no hay un movimiento global en contra?
Es demasiado pronto todavía. Estamos construyendo una Europa nueva a partir de la “Cumbre Alter”, que creo que ya es un avance notable. Aquí se juntarán sindicatos, organizaciones no gubernamentales, movimientos sociales ecologistas, feministas… varios grupos de personas que están involucradas en tratar de cambiar las cosas desde un punto de vista u otro. Y estos se unen en una plataforma común. Es un avance muy esperanzador porque hay que acabar con las fronteras entre países, pero un movimiento mundial creo que es prematuro. Me gustaría ver uno.
Los españoles han dejado de preguntar por la fecha en la que se acabará la crisis…
A la clase Davos le encantaría que fuera así siempre. No puedo responder a preguntas sobre el futuro, porque hay muchas variables, así que no sé decir cuándo superará España esta situación. El error ha sido que los españoles estaban esperanzados con que los otros fuesen mejores que los que gobernaban, estaban enfermos del PSOE, como ahora lo están del PP. La gente sigue estando a la espera de que un día u otro los elegidos se hagan cargo de ellos. Nosotros, el pueblo, tenemos un gran trabajo por delante.
¿Es cuestión de educación política?
Creo que vale la pena invertir en la educación política, que es lo que nos quitaron. Nunca va a existir una sociedad 100% interesada en la política, pero se puede voltear la situación y hacer que una minoría significativa cambie las cosas y que arrastre a la masa con ellos. Por eso la no violencia en el movimiento de ‘indignados’ es muy importante, ya que significa que la mayoría de la gente en España lo aprueba, si se pone violento, entonces será una historia diferente.


Fuente: http://www.lamarea.com/2013/03/01/susan-george-ya-no-se-puede-llamar-crisis-es-un-capitulo-mas-de-la-lucha-de-clases/

Beatriz Preciado. ¿La muerte de la clínica?


imagen de Beatriz Preciado

En El nacimiento de la clínica (1963), Michel Foucault sugería que a cada modelo de poder corresponde un cuerpo sano y enfermo, una forma específica de gestión de la sexualidad y de la reproducción, una espacialización de las diferencias en la ciudad y una utopía de inmunidad nacional. ¿Cuál sería este modelo de gestión somatopolítica que caracteriza a las sociedades neoliberales contemporáneas?
Por una parte, las técnicas de apropiación y esclavismo, la gestión de la sífilis y la patologización de la locura y la homosexualidad – que caracterizaron los siglos XVIII y XIX- se ven hoy desplazadas por nuevas técnicas de gestión de la migración, de cuerpo seropositivo y por la patologización y la producción mediática de la discapacidad, del autismo, de la obesidad, de la infertilidad, de la intersexualidad o de la transexualidad. La heterosexualidad como técnica de procreación naturalizada y legitimada políticamente, ha dejado paso a la comercialización de tecnofluidos y de materiales genéticos. La figura del cuerpo endeudado, como bien ha escrito Maurizio Lazzarato, emerge de la condición neoliberal.
Las políticas feministas y homosexuales de los años 70 del pasado siglo se caracterizaron por un esfuerzo en entender eso que Foucault llamó el “nacimiento de la clínica”, buscando desmantelar sus instituciones disciplinarias: la familia, la escuela, el hospital, la prisión o la fábrica.
Sin embargo, el contexto político ha cambiado radicalmente: la nueva gestión neoliberal, la economía de la deuda y los recortes de servicios sociales anuncian una intempestiva muerte de la clínica. Paradójicamente, este derrumbe de las instituciones disciplinarias anuncia un insólito proceso de privatización y transformación de la clínica en industria farmacopornográfica.
¿Cómo entender este desplazamiento? ¿Cuáles son las nuevas formas de activismo y los lenguajes críticos capaces de hacerle frente? Esta conferencia revisa esta situación e inaugura las actividades públicas de Somateca 2013, completadas por intervenciones de Annie Sprinkle y Elizabeth Stephens.

Fuente: http://www.museoreinasofia.es/programas-publicos/pensamiento-y-debate/la-muerte-de-la-clinica.html
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