| Iris . Vicent van Gogh |
Durante la noche deshago mi camino,
todo cuanto tejí no es verdad,
sino tiempo, para ocupar el tiempo muerto,
y cada día me alejo y cada noche me aproximo.
Sophia de Mello
| Iris . Vicent van Gogh |
Durante la noche deshago mi camino,
todo cuanto tejí no es verdad,
sino tiempo, para ocupar el tiempo muerto,
y cada día me alejo y cada noche me aproximo.
Sophia de Mello
Ucrania forma parte y es prolegómeno de la guerra fría actual contra China en Asia Oriental
Skyline de la ciudad de Beijing, el pasado 16 de octubre de 2021.
N509F
Desde hace algún tiempo y con una periodicidad aproximada de una vez
por mes, fuerzas aeronavales de Estados Unidos entran, demostrativa y
provocativamente, en el estrecho de Taiwán, mientras que las fuerzas
chinas responden con diversos movimientos militares que van desde
incursiones aéreas hasta lanzamiento de misiles. La conclusión es clara:
no solo estamos en una “guerra fría” en Asia Oriental, sino que el
peligro de un conflicto militar abierto es muy serio. Si bien nadie lo
desea, muchos “expertos” (frecuentemente vinculados al complejo
militar-industrial) lo consideran “inevitable”, y todos se acercan
físicamente a dicho conflicto por el mero hecho de poner a sus fuerzas
armadas permanentemente en contacto. 
Como el último documento oficial de la doctrina militar de Estados Unidos, recién publicado, relaciona directamente en un mismo paquete lo que ocurre entre Ucrania y Rusia con el pulso con China, y estima que esta es la dimensión principal de todo ello, es obligado preguntarse cómo hemos llegado a esto. ¿Qué ha pasado?
Para responder hay que observar el marco general de varias décadas de “éxito chino”.
El éxito
La integración de China en la globalización, entendida en este caso como el seudónimo del dominio mundial de Estados Unidos, contenía implícitamente como consecuencia la conversión de China en vasallo de Occidente.
El propósito era presionar a China para que aplicara las reformas estructurales definidas por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, abriera totalmente sus mercados a las empresas occidentales y que la integración de las élites chinas en su globalización acabara dando lugar a una forma de gobierno subalterno más aceptable para Occidente que la del Partido Comunista Chino.
Para comprar un solo avión Boeing a Estados Unidos, China debía producir cien millones de pares de pantalones.
No estaba previsto que jugando en el terreno diseñado por otros, China torciera aquel propósito. El “milagro chino” fue usar una receta occidental diseñada para su sometimiento para fortalecerse de forma autónoma e independiente. Lo hizo poniendo condiciones y restricciones a la entrada del capital extranjero en China y, sobre todo, manteniendo un control bien firme de las riendas del proceso. Lo consiguió porque, gracias al bajo precio y alta eficacia de la mano de obra en China, los capitalistas y empresarios extranjeros hicieron enormes beneficios en la “fábrica del mundo” y eso apaciguó y moderó a sus gobiernos.
China aprovechó esa integración en la globalización para desarrollarse, aprender y adquirir tecnología.
Los resultados están a la vista y son extraordinarios en todos los órdenes; en términos de incremento en la esperanza media de vida, eliminación de pobreza, PIB (recordemos que en 1980 el peso de China en el PIB global era de 2,3% y hoy es de 18,5%), instrucción, ciencia y tecnología, fortaleza militar, grandes empresas, sin olvidar, naturalmente, el gran progreso en dañinas emisiones ambientales. Todo eso entrará en los manuales de historia y economía del futuro.
Ante este resultado, un conocido comentarista americano (Fareed Zakaria, de la CNN) expresó así su desconcierto:
“La estrategia produjo complicaciones y complejidades que desembocaron en una China más poderosa que no respondía a las expectativas occidentales”, es decir, a la expectativa de que, en el proceso, China se convertiría en subalterna.
Todo esto ocurrió en los 30 años anteriores, pero la crónica de los últimos años añadió aún más ansiedad a la situación. La crisis financiera global de 2008, genuino detritus de la economía de casino con centro en Estados Unidos, ofreció la primera gran evidencia de debilidad occidental y de los peligros que contiene la no regularización del sector financiero, así como el hecho general de que el capital mande sobre los gobiernos y no al revés. China gobernó la crisis mucho mejor, como había pasado ocho años antes con el estallido de la burbuja puntocom.
Antes, las desastrosas consecuencias de las guerras que se han encadenado desde los atentados del 11-S de 2001, con más de tres millones de muertos, unos cuarenta millones de desplazados y varias sociedades y Estados destruidos, hicieron patente una gigantesca irresponsabilidad por parte de la primera potencia mundial. La retirada de Estados Unidos del acuerdo sobre cambio climático y la mala gestión de la crisis de la pandemia en Occidente (en comparación, no solo con China, sino con el conjunto de Asia oriental) incrementaron esa evidencia de desbarajuste. Así que, ante este panorama, la respuesta de Estados Unidos ha sido la presión militar y las sanciones.
La respuesta
Desde la normalización de relaciones chino-soviéticas en mayo de 1989, China disfrutó de treinta años de tranquilidad exterior que le permitieron concentrarse en su desarrollo.
Autoeliminada la URSS como gran adversario, en los noventa, la mirada de los estrategas de Washington se empezó a dirigir a China, pero el 11-S neoyorkino colocó en el centro al terrorismo yihadista (otro resultado de la mala política anterior que se volvía contra sus autores) y ofreció a China una prórroga de diez años: diez años más de relativa tranquilidad.
En 2012, Obama anuncia el Pivot to Asia: trasladar al Pacífico el grueso de la fuerza militar aeronaval de Estados Unidos, para estrechar el cerco militar alrededor de China.
Los chinos reaccionaron poniéndose el cinturón de seguridad: fortaleciendo la autoridad del partido en todos los órdenes y el liderazgo personal en su dirección colectiva.
Pero sobre todo, en 2013 China anunció la Nueva Ruta de la Seda (Belt & Road Initiative), una ambiciosa estrategia global para salir del cerco y exportar sobrecapacidad. Es decir una estrategia a la vez geopolítica y económica.
La Nueva Ruta de la Seda es un esfuerzo de varias décadas de duración con una financiación astronómica (de 4 a 8 billones de dólares), encaminado a establecer una red geoeconómica internacional de apoyo que integre económica y comercialmente al 70% de la humanidad a través de Eurasia. Sin necesidad de recordar las tesis de Halford Mackinder que ahora se desempolvan, eso erosiona, necesariamente, el poder mundial de Estados Unidos en el hemisferio. También complica sobremanera cualquier propósito de cerco a una potencia que, sin ser “amiga”, ni “aliada”, ni “líder de bloque”, es socia positiva de casi todas las naciones.
El objetivo implícito de la Nueva Ruta de la Seda, en palabras de Henry Kissinger, es nada menos que “trasladar el centro de gravedad del mundo desde el Atlántico al Pacífico”. A su lado el histórico Plan Marshall queda como algo pequeño…
Guerra fría
Con Donald Trump el cambio de clima fue brusco, en especial cuando en su discurso de julio de 2020 el secretario de Estado, Michael Pompeo, apeló abiertamente al cambio de régimen en China, señalando directamente al Partido Comunista Chino como el “principal enemigo de Estados Unidos”.
Pese a la inusitada división del establishment americano, la política de sanciones comerciales y presión militar contra China tiene un amplio consenso en las dos facciones del régimen de Estados Unidos.
Esto ya es una guerra fría abierta, con fuertes campañas de propaganda y demonización del adversario. Con Biden asistimos a una escalada de la tensión con Taiwán, principal productor mundial de semiconductores, en el centro del escenario.
Desde 1978 el reconocimiento del principio de “una sola China”, es decir, que Taiwán forma parte de ella, así como la Taiwán Relations Act (TRA) de 1979, fueron el fundamento de la relación bilateral en ese ámbito.
El contenido de la TRA era ambiguo: aunque la isla pertenecía a China, se contemplaba el suministro de “armas defensivas” a Taiwán y se decía que cualquier intento de que Pekín resolviese por la fuerza la secesión sería motivo de “grave preocupación”. Es decir: no se decía “ayudaremos militarmente a Taiwán si hay conflicto”.
Ahora sí se dice. Lo ha dicho Biden cuatro o cinco veces. Además, toda la acción de EE.UU dibuja un provocador replanteamiento que John Ross expone así en Tricontinental (publicado en castellano por El Salto):
a) Por primera vez desde el comienzo de las relaciones diplomáticas entre China y Estados Unidos, Biden invitó a un representante de Taipéi a la toma de posesión del presidente de EE.UU.
b) La presidenta del Congreso, Nancy Pelosi –la tercera funcionaria estadounidense de mayor rango en el orden de sucesión presidencial– visitó Taipéi el 2 de agosto de 2022.
c) Estados Unidos ha pedido la participación de Taipéi en Naciones Unidas.
d) Estados Unidos ha intensificado la venta de armas y equipo militar a la isla.
e) Han aumentado las delegaciones estadounidenses que visitan Taipéi.
f) Las Fuerzas Especiales de EE.UU. han entrenado tropas terrestres y de la marina de Taiwán.
g) Estados Unidos ha incrementado su despliegue militar en el mar de China Meridional y ha enviado regularmente buques de guerra a través del estrecho de Taiwán.
Al igual que en Ucrania con su integración de facto en la OTAN y su conversión en un ariete militar contra Rusia desde 2014, este fin de la ambigüedad con Taiwán supone que Washington cruza una línea roja histórica de China. Y como en Ucrania, en el entorno geográfico más inmediato del adversario. Además, Estados Unidos está presionando a otros países del entorno chino: Australia, India, Japón, Corea del Sur, (también Inglaterra y la propia UE) a sumarse a las sanciones y coaliciones militares, de la misma forma en que ha hecho en Europa con Ucrania.
Igual que en Ucrania, en la crisis de Taiwán no hay interés en negociaciones para resolver las tensiones con un paso atrás, ni para prevenir choques militares accidentales, ni para reducir riesgos en general.
La estrategia de seguridad americana afirma que la guerra de Ucrania, y la debilidad de Rusia que aprecia en ella, confirman que China representa “la principal amenaza, como único competidor dotado del suficiente poder económico, militar y político necesario para replantear el orden internacional”. Para ello llama a revitalizar la red de alianzas que reste capacidad de maniobra a China. Eso es lo que se está haciendo.
La guerra de Ucrania que, desde luego, China no quería, está dirigida a impedir militarmente la integración euroasiática, que es un eje fundamental de la gran estrategia china de la Nueva Ruta de la Seda. El atentado contra los gasoductos del Báltico son la mejor ilustración de esa acción por romper nexos vitales y debe ser leído en ese contexto. Desde ese punto de vista, Ucrania forma parte y es prolegómeno de la guerra fría actual contra China en Asia Oriental.
De momento, y aunque ese vector pueda presentar problemas en el futuro, se ha logrado convertir a la Unión Europea en vasallo, e integrarla en esa guerra fría contra su principal socio comercial (China), lo que perjudica gravemente a su propia economía.
La conciencia de todo ello explica la posición de China en esta guerra, su postura de que “la seguridad europea debe ser decidida por los europeos” (Xi Jinping a Olaf Scholz en mayo), y su oposición a las sanciones contra Rusia, meridianamente expuesta en abril por la comentarista de la televisión china, Liu Xin: “Nos dicen, ayúdame a luchar contra tu socio ruso para que luego pueda concentrarme mejor contra ti”.
“La era de la posguerra fría ha concluido definitivamente y está en marcha una competición entre las principales potencias para dar forma a lo que vendrá a continuación”, escribe el presidente Biden en la introducción al documento Estrategia de seguridad nacional de 2022, recién publicado. “China es el único competidor con intención de redefinir el orden internacional que dispone de las capacidades para hacerlo”, dice.
La elocuente Ursula von der Leyen, la “presidenta americana de Europa”, según la revista estadounidense Politico, reconoce la unidad de todo el paquete y la beligerancia europea en él cuando afirma que “la guerra de Ucrania no es solo una guerra europea, es una guerra por el futuro del mundo por lo que el ámbito de Europa solo puede ser el mundo entero”.
| https://www.istockphoto.com/es/vector/chattering-dientes-gm1003181874-271034498 |
Sue Black
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Vase, Palette, and Mandolin, 1936, by Georges Braque |
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| John Berger (Salvatore Di Nolfi) |
¿En qué la hemos transformado? ¿Qué sucede cuando la democracia se agota? ¿Que sucede cuando se la vacía de significado? ¿Qué sucede cuando todas sus instituciones se han metastatizado en algo peligroso? ¿Qué va a suceder ahora que la democracia y el mercado libre se han fusionado en un solo organismo depredador, dotado de una imaginación limitada, estrecha, que prácticamente sólo gira en torno a la idea de incrementar al máximo los beneficios? ¿Se puede dar marcha atrás a este proceso? ¿Puede algo que ha mutado volver a ser lo que era?
John Berger
El próximo 6 de noviembre Egipto será el anfitrión de la cumbre climática de Naciones Unidas, a la que están invitados mandatarios y representantes de más de 200 países.
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| Una calle de El Cairo. Foto: Jim |
El régimen represivo se ha intensificado durante las últimas semanas, persiguiendo las voces disidentes que no se encuentran ya en prisión o forzadas al exilio. La policía en El Cairo, vestida de civil, detiene a los viandantes de forma aleatoria para revisar los teléfonos móviles y sus publicaciones en las redes sociales. Informes emitidos por Amnistía Internacional o el grupo de relatores especiales de Derechos Humanos de la ONU alertan del peligro en el que se encuentran los participantes de posibles protestas medioambientales. “Los arrestos y detenciones, la congelación y disolución de activos de las ONG y las restricciones de movilidad contra los defensores de Derechos Humanos han creado un clima de temor para las organizaciones de la sociedad civil egipcia”, dicen los expertos.
El estado de miedo que impone el gobierno de Al-Sisi no impide la constante conversación política en las cafeterías, el mercado, los espacios de trabajo o en las casas. Con la libra egipcia en mínimos históricos y la inflación descontrolada —en octubre ha superado el 15%—, la gente tiene cada vez más problemas para poner comida encima de la mesa.
El viernes 11 de noviembre, cuando se cierre la primera semana de la COP— hay una convocatoria de protestas que desafiará las leyes represivas delante del foco internacional. “Egipto necesita sumarse a la cuestión climática, pero la COP27 parece un escaparate para el negocio internacional. Mientras a nosotros nos persiguen y nos detienen, Coca-Cola es uno de los principales financiadores de la cumbre”, denuncia uno de los activistas que se sumará a las movilizaciones previstas.
El régimen egipcio del terrorDesde que Al-Sisi llegara al poder a través del golpe militar de 2013, Egipto se ha consolidado como uno de los estados más brutales y represivos. Las fuerzas de seguridad cometen todo tipo de abusos amparados por una legislación que el régimen ha ido modificando para garantizar su total impunidad. Más de diez leyes aprobadas desde el comienzo del mandato de Al-Sisi institucionalizan la vulneración grave de Derechos Humanos. Entre ellas, se ha eliminado el límite a la prisión preventiva, por lo que algunos disidentes políticos permanecen en prisión sin juicio o sin condena. También la prohibición de la protesta se ha convertido en una de las principales herramientas de opresión, y ha sido utilizada para a detener a miles de personas desde su aprobación.
Los opositores políticos son perseguidos, desaparecidos, golpeados, torturados fuera y dentro de la opacidad de las celdas, y han llegado incluso a ser ejecutados, como denunció Amnistía Internacional en 2020. Desde ese año, las condenas a muerte en casos de violencia política han aumentado respecto a años anteriores. Para Philip Luther, director de investigación e incidencia de dicha ONG, “estas ejecuciones son aún más terribles si se tienen en cuenta las infracciones sistemáticas y bien documentadas del derecho a un juicio justo: los tribunales suelen basar sus decisiones en “confesiones” obtenidas mediante el uso de la tortura”.También se ha denunciado en reiteradas ocasiones cómo las manifestantes y activistas detenidas son sometidas y forzadas a pruebas de virginidad. Esta práctica fue reconocida en 2011 por el propio Al-Sisi como forma de proteger al ejército de ser acusado de violación.
En menos de diez años, el régimen ha construido 24 cárceles en las que se calcula que hay al menos 60.000 presos y presas políticas en las peores condiciones. “No son garantizadas las necesidades básicas, se carece de asistencia jurídica o sanitaria y se suceden los episodios de violencia”, declaran las personas cercanas y los familiares.
En un intento de utilizar la cumbre para denunciar esta situación, se está exigiendo a los gobiernos poner a los presos políticos en la agenda de las negociaciones. Los activistas medioambientales entienden que sin una protección de los Derechos Humanos es imposible combatir la cuestión climática. “Los cambios que se necesitan para hacer frente a esta crisis serán empujados por la presión social”, denuncian.
Tras el decorado, los atentados medioambientalesLa decisión de celebrar la cumbre frente al mar Rojo, en la apartada y lujosa ciudad turística de Sharm El-Sheikh, no es casualidad. La geografía del lugar permite controlar el acceso y los desplazamientos de manera casi absoluta, evitando así cualquier amago de manifestación o protesta. También aleja la mirada de El Cairo, una de las ciudades más contaminadas del mundo y que cada año presenta más casos de enfermedades respiratorias y muertes prematuras derivadas de los altos niveles de polución.
La imagen del Egipto que Al-Sisi pretende proyectar, no solo oculta la violación de las libertades civiles y los crímenes de Estado, sino todos los atentados medioambientales en los que el gobierno está directamente implicado. Aparte del propio impacto de la actividad militar, algunos de los principales negocios del ejército son las fábricas de cemento, las plantas embotelladoras o la construcción y gerencia de hoteles de lujo para el turismo.
La explotación de materias primas tiene como objetivo principal abastecer la gran edificación de infraestructuras que están llevando a cabo los militares. Entre estos proyectos, destaca la urbanización en mitad del desierto, al este de El Cairo, de lo que será la nueva capital administrativa. Este proyecto prevé la construcción de 20 rascacielos, las sedes los ministerios o embajadas, un aeropuerto y alojamientos de lujo al estilo Abu Dhabi. Frente a esta empresa, el urbanista David Sims advierte “la nueva capital parece el último de una serie de proyectos ruinosos iniciados hace medio siglo y la gran mayoría de esos planes terminaron en barrios fantasma, salpicados de edificios a medio construir”.
Mientras que los principales recursos se emplean en proyectos faraónicos, las infraestructuras energéticas fundamentales carecen de inversión o de un mantenimiento adecuado. Este abandono provoca que en las zonas más vulnerables de viviendas se sucedan hasta seis cortes de luz y agua al día.
Estas y otras cuestiones esenciales para la población egipcia, como el impacto del turismo o la seguridad del agua, no estarán entre los temas a tratar en la COP27. El gobierno dificulta y censura todas las líneas de investigación medioambiental que puedan resultar críticas con el régimen. “Existe una ley que obliga a pasar por la administración todas las publicaciones que puedan considerarse de carácter político”, advierte el investigador y representante de una de las asociaciones ambientales vetada a participar en la cumbre internacional, “no existen datos fiables ni rigurosos, no podemos conocer la relevancia real de lo que está ocurriendo y esto no se hará visible porque no nos dejan participar”. Como denuncian las organizaciones, los ecologistas independientes o los representantes de las comunidades más castigadas no han sido acreditados.
En la cumbre, el gobierno de Al-Sisi solo exhibirá las materias que fomentan el negocio climático y la financiación internacional, como el reciclaje o las energías renovables. En un momento en el que Egipto se encuentra al límite del impago de la deuda externa, la organización de la COP27 lo posiciona como un país atractivo para la inversión extranjera.
La movilización civil bajo el foco internacional de la cumbreLas calles de Alejandría y El Cairo, principales centros de la movilización social, han sido militarizadas. Las fuerzas de seguridad han realizado detenciones masivas y alrededor de cien personas han comparecido ante los tribunales de seguridad con relación a la convocatoria de protestas durante la cumbre climática.
Si como denuncian algunas voces, la COP27 no producirá los avances que se requieren para hacer frente a la crisis climática, parece que la sociedad civil egipcia ve en el foco internacional una oportunidad para salir a la calle. A pesar de las leyes antiprotesta y la campaña implacable de represión, en las redes sociales se sigue emplazando a la gente a la movilización del 11 de noviembre.
Fuente: https://www.elsaltodiario.com/cambio-climatico/cop27-espectaculo-climatico-dictadura-egipcia
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| La predicción de temperaturas para el lunes que viene en el Ártico ha abierto muchos ojos. Esa extensa mancha roja situada en el centro del mapa representa una anomalía térmica positiva de 20C y posiblemente sea mayor porque se acaba la escala de colores .. si si 20C!
fuente: GFS. Vía · |
En los nueve primeros meses de 2022 se batió un nuevo récord y se superó en un 12,9% la deforestación de todo el año anterior.
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El Gobierno colombiano quiere trabajar con el nuevo presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, para una mejor cooperación en medioambiente, ya que su triunfo del domingo en las elecciones, asegura, es "una esperanza" y un punto de inflexión con respecto al actual mandatario, Jair Bolsonaro.
Por su parte, el presidente colombiano, Gustavo Petro, fiel aliado de Lula y que ayer fue uno de los primeros en reconocer su triunfo en segunda vuelta con el 50,9% de los votos frente al 49,1% del ultraderechista Bolsonaro, apuntó como primer tema en la agenda con Colombia "el rescate de la selva amazónica y su investigación científica".
Además, según escribió en sus redes sociales, también están "el camino de una nueva política antidrogas no violento; la red integrada de energía eléctrica de América con energías limpias, y la integración económica latinoamericana".
"Con el Presidente Lula va a haber una importante alianza, yo creo que hay mucha esperanza con el triunfo de Lula frente a la Amazonía", subrayó la ministra de Ambiente, quien hizo un llamado "a todos los países" de la región para "salvar el bioma amazónico" bajo el "gran liderazgo de Colombia y Brasil".
Colombia espera que la victoria de Lula sirva para una protección más efectiva del Amazonas, ya que con Bolsonaro se batieron récords de deforestación, debido a su política de dar derechos a minería y ganadería y de quitársela a los pueblos indígenas.
"Brasil es el (país) que más área tiene y, desafortunadamente, la política del anterior Gobierno de Brasil fue a abrir la Amazonía a la ganadería, fue levantar las salvaguardas para los pueblos indígenas y esto ha causado un aumento impresionante de la deforestación", destacó la ministra.
En los nueve primeros meses de 2022 se batió un nuevo récord y se superó en un 12,9% la deforestación de todo el año anterior. Hasta el 21 de octubre la más extensa selva tropical del planeta había perdido 9.277 kilómetros cuadrados de vegetación nativa, la tasa más alta desde 2015.