viernes, 6 de agosto de 2021

La ONU pide la destrucción total de las armas nucleares

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 Guterres ha denunciado que no hay avances en el tema.

El Secretario General de Naciones Unidas, António Guterres, ha mostrado su preocupación por la falta de avance en el objetivo de conseguir un planeta libre de armas nucleares.

A través de su cuenta de Twitter, Guterres ha hecho un llamado a todos los países que cuentan con este tipo de armas para que “adopten medidas de reducción de riesgos, individual y conjuntamente”.

En el breve comunicado, el titular de Naciones Unidas ha confirmado que la ”única garantía es su total eliminación”.

 

Esta es la traducción de la publicación:

“Estoy tremendamente preocupado por la falta de avances hacia un mundo libre de armas nucleares. Hago un llamado a los países que cuentan con armas nucleares que tomen medidas para reducir riesgos, indivualmente y en conjunto. La única garantía contra el uso de las armas nucleares es su total eliminación”

 Fuente https://www.huffingtonpost.es/entry/la-onu-pide-la-destruccion-total-de-las-armas-nucleares_es_610d1afbe4b0cc1278bad604?f4l=

miércoles, 4 de agosto de 2021

Regreso a Tipasa

 

Tipasa.Jean-Luc Galvan
 "El secreto que busco está enterrado en un valle de olivos bajo la hierba y las violetas frías, alrededor de una vieja casa con olor a sarmiento. Durante más de veinte años recorrí ese valle y aquellos que se le parecen; interrogué a los mudos cabreros; llamé a la puerta de ruinas inhabitadas. A las veces, a la hora en que se ve la primera estrella en el cielo aún claro bajo una lluvia de luz fina, me pareció saber. Y en verdad sabía. Tal vez siempre sé. Pero nadie quiere saber este secreto y por cierto yo mismo tampoco lo quiero; no puedo separarme de los míos. Vivo en mi familia que cree reinar sobre ciudades ricas y repugnantes, construidas de piedra y de brumas. Día y noche esa familia a que pertenezco habla altivamente y aquello que no se doblega ante nada, se desdobla ante ella: es sorda a todos los secretos. Sin embargo, su poder me aburre y acontece que hasta sus gritos me cansen. Pero su desgracia es también la mía, somos de la misma sangre. Enfermo también yo, ¿no he gritado, cómplice y ruidosamente entre las piedras? También yo me esfuerzo por olvidar; camino por nuestras ciudades de hierro y de fuego, sonrío valientemente a la noche, llamo a las tempestades, seré fiel. En verdad me he olvidado:activo y sordo, en lo sucesivo. Mas tal vez un día cuando estemos próximos a morir de agotamiento y de ignorancia, yo pueda renunciar a nuestras tumbas chillonas para ir a tenderme en el valle, bajo la misma luz, y darme cuenta por última vez de lo que sé". 

(1952)

Regreso a Tipasa
Albert Camus

Moussambani, el hombre que en Sidney 2000 nadó peor que tu sobrino y se convirtió en símbolo olímpico

 Mucho se ha discutido esta semana sobre símbolos olímpicos. Gabriela Andersen, fondista, personificó la tenacidad hasta un grado desmedido en Los Ángeles 84. Este año, para Tokio 2020, la multicampeona Simone Biles ha sabido anteponer la salud mental a la competición en un entorno donde este tipo de dolencias no suele contemplarse. Reddit ha rescatado otro de estos relatos heroicos, uno que, además de inspirador, es tremendamente gracioso, el del hombre que a duras penas podía nadar y acabó siendo vitoreado al unísono por 17.000 espectadores.

Guinea Ecuatorial tiene poco más de un millón de habitantes. Malabo, la capital, no llega a 300.000. De allí era Eric Moussambani, quien a sus 22 años en el año 1999 recibió el visto bueno para jugar en los próximos Juegos Olímpicos. No en atletismo como él quería, ya que el cupo de nombres asignados estaba ya completo, sino para natación, una disciplina de la que apenas sabía nada: los pescadores de la zona le habían enseñado apenas a bracear. Ocho meses más tarde, Sidney.

 Corte a: uno de los vídeos más revisitados de la historia de esta competición. Un hombre solo se enfrenta a la inmensidad de la piscina olímpica y la mirada atenta de decenas de miles de espectadores. Tendría que haber hecho sus 100 metros libres junto a Karin Bare, de Nigeria, y a Farkhod Oripov, de Tayikistán, ambos de capacidades similares a la suya. Pero los dos fueron eliminados por salida en falso mientras él, que había estudiado vídeos de otras competiciones olímpicas la noche anterior a toda prisa, tenía pistas de que los jueces daban tres avisos antes de la largada. Evitó la desclasificación y con ello le tocó enfrentarse a la piscina él solito.

 Pistoletazo y salida. Algo falla: este muchacho apenas sabe nadar. Se ha tirado como un aprendiz, con las piernas verticales y ladeando la cabeza. Los brazos, sin orden ni concierto. La velocidad, inferior a cualquier juvenil de un pueblo de nuestro entorno. Es lógico: no había en todo Malabo más que una piscina de un hotel privado, a la que sólo se le permitió el acceso de forma excepcional como tres horas a la semana durante los cinco meses previos a la competición. Dicha piscina, por cierto, era de no más de 15 metros de largo, de ahí que el pobre Moussambani, cuando vio por primera vez la piscina australiana, pensó que estaba viendo el hermano horizontal del Everest.

Tuvo suerte de dar el giro, ya que a mitad de trayecto estaba agotado. “Si miran el video, no pude sentir mis piernas. Sentía que no iba a ir más lejos. Me estaba moviendo en un solo lugar. Pero sabía que el mundo entero me estaba observando: mi país, mi madre, mi hermana y mis amigos. No me preocupaba el tiempo. Todo lo que quería era terminar", explicó en una de sus múltiples entrevistas.

El público, que había empezado a carcajada limpia, llevaba un minuto largo dándole ánimos en pie apoyando al guineano a que terminase su cruzada. Los socorristas estaban acercándose ya ante un nadador que ya apenas avanzaba sino más bien sobrevivía al hundimiento, pero llegó. Con una marca de 1 minuto, 52 segundos y 72 centésimas, la que sigue siendo la peor marca de la historia e incluso más baja que la que emplearon otros nadadores al día siguiente en la prueba de los 200 metros, pero llegó. Y lo había conseguido ante todo el mundo. La Anguila, le apodaron.

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 No tocaría el medallero, pero se convertiría en uno de los rostros más conocidos y queridos de aquellos Juegos, tanto que acabó firmando un contrato por un año con Speedo. Al cabo de cuatro años mejoró su marca personal hasta unos nada desdeñables 55 segundos, y se convirtió en el entrenador oficial del seleccionado de natación de su país (ahora ya sí hay un par de piscinas grandes).

Se ha hablado de él como símbolo de esfuerzo y sacrificio, pero parece más bien el de la valentía: él fue el hombre que, pese a su limitadísima habilidad y su clara inferioridad con respecto al resto de competidores, se atrevió a tirarse a la piscina. Literalmente.

Fuente; https://magnet.xataka.com/un-mundo-fascinante/moussambani-hombre-que-sidney-2000-nado-peor-que-tu-sobrino-se-convirtio-simbolo-olimpico

martes, 3 de agosto de 2021

Thomas Bernhard y los Wittgenstein: neurosis sobre neurosis

Ilustración de portada de 'El sobrino de Wittgenstein', a cargo de Ángel Jové a partir del cuadro 'Aprés le dîner', de Pierre Bonnard (c. 1920).

El escritor austriaco conectó con el clan desquiciado de la familia del filósofo, un enjambre de suplicios y tragedias al que da cuerpo un ensayo de Alexander Waugh

 Los enfermos no comprenden a los sanos, lo mismo que, a la inversa, los sanos a los enfermos,  y ese conflicto es a menudo un conflicto mortal, porque en fin de cuentas el enfermo no está a la altura de las circunstancias, pero tampoco, como es natural, lo está el sano, al que un conflicto así basta para poner a menudo enfermo.
El sobrino de Wittgenstein
Thomas Bernhard

El Festival de Salzburgo es una buena ocasión para llevar en el bolsillo 'El sobrino de Wittgenstein', un relato autobiográfico de Thomas Bernhard que persevera en su concepción fatalista y sarcástica de la existencia. Y que evoca su convivencia con el sobrino del filósofo. Y del sobrino del pianista, pues el clan de los Wittgenstein, además de suicidas, de monstruos y de criaturas descarriadas, aportó un solista virtuoso que perdió la mano derecha entre los avatares de la Gran Guerra.

Bernhard escribe siempre desde la desproporción y desde la prosa opresiva. Y cuenta que Wittgenstein 'el loco' se dedicaba fundamentalmente a sabotear los conciertos y las óperas a las que asistía. Más años cumplía, más radicalizaba su aversión a los artistas, de forma que únicamente terminó tolerando al maestro Otto Klemperer. Y, por la misma razón, vociferando contra cualquier espectáculo al que asistía en la Ópera de Viena, mayormente si conocía la obra de memoria, a semejanza de un melófobo ilustrado.

No era una bravuconada. Nos cuenta Bernhard que Paul Wittgenstein podía cantar con su voz cascada en la calle 'La valquiria' y 'Sigfrido', del mismo modo que ansiaba llevar a escena él mismo una versión definitiva de 'La mujer sin sombra', de Strauss, a bordo de una plataforma flotante. 

 Esta clase de delirios únicamente se los participaba a sus allegados, pero la beligerancia de Paul el espectador comprometía las grandes veladas operísticas. Su entusiasmo podía arrastrar el criterio de la audiencia como podía hacerlo su oposición: "Soy capaz de fabricar un éxito, cuando quiero y cuando se dan los requisitos necesarios, y siempre se dan, y puedo igualmente fabricar un fracaso total, cuando se dan los requisitos, y siempre se dan".

 Durante decenios, escribe Bernhard desde posiciones hiperbólicas, los vieneses no se dieron cuenta de que el autor de los triunfos en la Ópera era a fin de cuentas Paul, lo mismo que era Paul el autor de los naufragios, los cuales, cuando él quería, arbitrariamente, no hubieran podido ser más aniquiladores ni más radicales. Muchos directores de orquesta cayeron en su trampa.

Con excepción de Karajan. Paul Wittgenstein lo odiaba. Y Thomas Bernhard no lo odiaba, incurriendo en una de sus muchas contradicciones. O diferenciando entre el símbolo del poder que representó el maestro y su dimensión artística, que Bernhard conoció (ambas) en la vecindad salzburguesa al abrigo del festival veraniego. 

Odiaba el escritor Salzburgo. Se odiaba a sí mismo. Odiaba la sociedad poshitleriana en su impunidad. Pero no se entienden Bernhard ni su literatura sin el estímulo creativo que supusieron semejantes aversiones, resumidas todas ellas en un pasaje de 'El sobrino de Wittgenstein' que bien podría haber sido su propio epitafio: "Quiero estar donde no estoy". Y no se refería a la tumba, sino a la desolación y a la frustración de la vida.

El nexo de Bernhard y los Wittgenstein no hace otra cosa que redundar en la neurosis y en la angustia, como una feroz redundancia y como un ejercicio de ensimismamiento psicótico. Por eso, tiene sentido iniciarse en el ensayo más distante y académico que escribió Alexander Waugh ('La familia Wittgenstein'), nieto del autor de 'Retorno a Brideshead' —Evelyn Waugh— y heredero de una saga donde proliferaron la endogamia y hasta el incesto.

Nos cuenta Waugh que los Wittgenstein eran una familia incomparable, matizando que el adjetivo no contiene demasiada carga positiva. No puede tenerla, en efecto, porque la dinastía se malogró en la psicosis y la autodestrucción, descoyuntándose en el umbral de la II Guerra Mundial un imperio metalúrgico que Karl Wittgenstein, padre del filósofo Ludwig y del pianista Paul, había empezado a construir vendiendo raíles al imperio ruso en la emergencia del conflicto bélico contra los turcos.

Pudo permitirse Karl amontonar siete pianos de cola en su palacio vienés y reunir nueve hijos. Todos ellos instruidos en la música, como si la música fuera el único lenguaje en que pudieran entenderse o en que pudieron entenderse. 

Liberaba así la prole la brutalidad de un padre autoritario y autócrata, feroz y castrense, hasta el extremo de que la leyenda familiar apunta a que la primera palabra de su homónimo hijo Karl fue precisamente 'Edipo'.

Se explica así que la tentación del parricidio anidara entre los vástagos, aunque tres de ellos decidieron suicidarse de manera prematura. Empezando por Rudi, un joven homosexual reprimido que disolvió cianuro en un vaso de leche para desayunar por última vez y resarcirse de los traumas aberrantes de la familia.

Parece ser que su hermana Helen no llegó a tener nunca relaciones sexuales porque le aterraba el contacto carnal. Y está demostrado que otra de las hijas de Karl, Gretl, acudió a la consulta del doctor Freud para intentar curarse de la frigidez.

Este opresivo y atormentado contexto familiar fue el mismo en que nació Ludwig Wittgenstein. Puede que el filósofo más importante del siglo XX. Y el único de los nueve hijos en intuir que cualquier expectativa de salvación consistía en alejarse del volcán paterno.

Fue providencial su exilio londinense, el hallazgo de la amistad con Bertrand Russell, la inclinación hacia una vida ascética, desprovista de la opulencia y de los lujos que habían sepultado a la familia en el fascinante y depresivo periodo de entreguerras.

Paul participó en la primera de ellas, ya lo hemos dicho. En parte por convicciones patrióticas. Y en parte como una escapatoria al yugo paterno, aunque el compromiso militar le provocó una herida irreparable que le hizo perder el brazo derecho.

Había sobrevivido Paul a la captura de los rusos y a la deportación en Siberia. Una prueba de su resistencia y de su obstinación que se prolongaron cuando quiso reemprender su carrera de pianista a pesar de las discapacidades.

Disponía de mucha voluntad para lograrlo. Tenía mucho dinero aún para conseguirlo, de forma que la chequera y las presiones pusieron a cavilar a los grandes compositores de la época para desafiar el prodigio de la mano izquierda.

No le gustaron demasiado los resultados. Introdujo correcciones y florituras al de Ravel, despreció el de Prokofiev porque le parecía demasiado frío. Rectificó la orquestación de la obra de Korngold y, peor aún, enterró en un cajón el concierto de Hindemith.

Allí permaneció hasta 2004, tres años después de la muerte de su viuda, cuya resistencia a cualquier intromisión en la fortaleza familiar de Long Island redundó en el misterio de Wittgenstein y custodió la peripecia del clan en el exilio neoyorquino. Paul hubo de escapar de Austria al hilo de las persecuciones antisemitas. La familia se había convertido al cristianismo desde tres generaciones anteriores, pero el apellido y la fortuna la transformaban en trofeo de caza ejemplar.

Unos y otros detalles forman parte del interesante documental que ha realizado Michael Beyer para el canal Arte. Emerge un retrato contradictorio y severo de Karl Wittgenstein. Nos lo presenta como un tipo tiránico y ególatra. Y como un epígono de Saturno. Porque devoró a sus hijos con la misma ferocidad del cuadro de Goya.

El pianista Paul Wittgenstein.
El pianista Paul Wittgenstein.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/cultura/2021-07-30/thomas-bernhard-wittgestein_3205771/ 

La paz no es negocio

Hace unos días Joe Biden anunció que las tropas estacionadas en Afganistán volverán a Estados Unidos el 31 de agosto de 2021. Esta fecha marcará el vergonzoso fracaso de la «Operación Centinela de la Libertad» así como también el de la «Misión de Resuelto Apoyo» de la OTAN. En efecto, tras los atentados del 11-S, Estados Unidos y sus aliados europeos invadieron Afganistán y dieron inicio a la aventura militar más larga de la historia estadounidense.

Una comprensión adecuada de esta noticia requiere no perder de vista las muchas guerras que se desencadenaron después de los trágicos eventos del 2001. Cierto, la de Afganistán fue la más larga, pero no la única. Aunque los escenarios más importantes de estas operaciones se situaban en aquel país e Irak, las tropas de Estados Unidos y sus aliados se involucraron en significativas acciones militares en Pakistán, Siria, Libia, Yemen, Somalia y Filipinas. A pesar de la negligencia con la que la prensa hegemónica cubrió estos acontecimientos, las investigaciones posteriores demostraron que al menos 801.000 personas murieron como consecuencia de esas guerras y un impresionante número de 37 millones más fueron desplazadas de sus hogares, condenadas a una vida nómada y miserable, en muchos casos para siempre.

¿Y qué decir de los astronómicos costos económicos de estos conflictos? Hasta el año 2020, el gobierno federal llevaba gastado 6,4 billones de dólares (o sea, 6,4 millones de millones de dólares). Esta cifra incluye las partidas aprobadas por el Congreso y el pago de los intereses sobre los préstamos contraídos para financiar las guerras, que para beneplácito de Wall Street se libraron apelando préstamos del sector privado, lo que elevó por las nubes el déficit del gobierno federal y la deuda nacional. Se estima que en 2029 ésta orille los 89 billones de dólares, lo que “situaría la relación deuda/PIB del país en el 277 %, superando la actual relación deuda/PIB de Japón, del 27 2%». Sucesivos gobiernos de Estados Unidos se lanzaron alegremente a guerrear sin reunir los recursos genuinos para financiarlas. Por contraposición, Harry Truman impulsó una suba transitoria de hasta un 92 % en las tasas impositivas de los sectores de mayores ingresos para financiar la guerra de Corea y Lyndon Johnson hizo lo propio para sufragar los costos de la guerra de Vietnam, subiéndolas hasta en un 77%. George W. Bush, en cambio, redujo la presión tributaria sobre los ricos en lugar de subirla y sus sucesores nada hicieron para poner fin a tamaña insensatez.

Estos guarismos demuestras las formidables ganancias que estas operaciones han producido para el complejo militar-industrial y, también, para los buitres financieros de Wall Street. Aquellas ofrecen fabulosas oportunidades de negocios con prescindencia de sus costes humanos o el hecho de que Washington sólo cosechara victorias parciales y efímeras, como en Irak; o traumáticas derrotas como en Vietnam y Afganistán. Muchos expertos aseguran que Estados Unidos ya no puede ganar guerras, y sin embargo sigue librándolas. La razón es fácil de entender: aquellas alimentan exponencialmente las ganancias de la fracción financiera del capitalismo norteamericano y, en menor medida, las del tradicional complejo militar-industrial, o sea el “estado duro” del imperialismo estadounidense.

Lo antedicho coincide con la dolida observación que hiciera Jimmy Carter cuando se preguntó por qué China nos lleva la delantera. «Normalicé las relaciones diplomáticas en 1979», dijo. «Desde 1979, ¿saben cuántas veces ha estado China en guerra con alguien? Ninguna. Y nosotros, en cambio, hemos seguido librando guerras desde entonces». Carter concluyó que Estados Unidos es «la nación más belicosa de la historia del mundo» debido al deseo de imponer los valores e intereses estadounidenses a otros países, y sugirió que China está invirtiendo sus recursos en proyectos como ferrocarriles de alta velocidad e infraestructuras básicas en lugar de malgastarlos en defensa. Claro que China no tiene un «complejo militar-industrial-financiero» que desesperadamente necesita de las guerras para obtener enormes dividendos y para pagar los extravagantes honorarios, bonos y las remuneraciones varias que embolsan los CEOs de sus gigantescas transnacionales. Esta es la razón por la que, desgraciadamente, la paz ha sido un objetivo tan elusivo y las guerras, en cambio, proliferan casi descontroladamente. Nada autoriza a pensar que esto pueda cambiar en los próximos años.

Fuente: https://nuevarevolucion.es/eeuu-guerra-negocio/

domingo, 1 de agosto de 2021

Más Margulis, menos Darwin

Victor Moriyama para The New York Times

 ¿Los descubrimientos científicos determinan nuestras visiones del mundo o pasa lo contrario?

Esa parece haber sido la principal eventualidad con la que chocó la bióloga estadounidense Lynn Margulis. En los años cincuenta, Margulis, tras releer una serie de trabajos sobre el mundo microbiano desestimados o ridiculizados años atrás, encontró las bases para su teoría sobre el origen de las células complejas. Pero esa teoría —y aquellos trabajos— contradecían el muy difundido paradigma evolutivo de la “sobrevivencia del más apto”, basado en El origen de las especies, de Charles Darwin, como mecanismo de la evolución.

Margulis tuvo dificultades entonces para difundir sus ideas: tras numerosos intentos, en 1967, logró finalmente que el Journal of Theoretical Biology aceptara su artículo “On the Origin of Mitosing Cells” (“Sobre el origen de las células mitóticas”). Y su libro, Origin of Eukaryotic Cells (Origen de las células eucariotas), no se publicó hasta 1970. Lo que demostraban sus trabajos suponía un cambio de visión sobre la evolución de los seres vivos. No es solo el más fuerte o el más apto quien logra sobrevivir, también es fundamental que los organismos puedan cooperar para que la evolución suceda. Para el neodarwinismo de la época —y el statu quo económico que de alguna manera este encauzó— aquello sonaba a herejía.

 La teoría evolucionista de Charles Darwin surgió en la Inglaterra del siglo XIX, en plena Revolución industrial y la consolidación del modelo capitalista, en los cuales encajó perfectamente la idea de que la evolución es producto de una selección natural a través de la competencia feroz entre individuos. Y el liberalismo contemporáneo también abreva de ahí. De muchas maneras hemos aprendido en Occidente que la autonomía personal es una conquista irrenunciable de las democracias modernas. Pero el auge contemporáneo de populismos y autoritarismos, y la destrucción medioambiental del planeta, nos lleva a preguntarnos si no entendimos a medias la evolución: más que la competencia, sobrevivimos por la cooperación.

Todo indica que hay que cambiar esta noción —el único mecanismo evolutivo es la competencia— y destronar uno de los paradigmas más difundidos por el pensamiento moderno: quizás ahí está la última posibilidad del futuro del planeta y de la especie humana y de miles de otras especies que están en riesgo de extinción por la actividad del ser humano. Difundir más la tesis de Margulis, una bióloga que incluso hoy es relativamente poco conocida, y seguro que nunca tan famosa como Darwin, ni como su primer marido, el cosmólogo y autor de bestsellers Carl Sagan, puede ser una buena respuesta.

El rechazo a las teorías de Margulis cambió parcialmente cuando los adelantos en biología molecular y la secuenciación del ADN probaron sus hipótesis. La bióloga, quien murió en 2011, fue tardíamente reconocida con varios premios y su trabajo es hoy una referencia central de las críticas al darwinismo.

¿Cuál fue su descubrimiento disruptivo? Que las células complejas (eucariotas) se originaron de células sencillas (procariotas) que se integraron en una relación de beneficio mutuo (simbiosis). Si una célula integrada tenía habilidades diferenciadas —por ejemplo, capacidad para respirar oxígeno o procesar energía solar—, compartía esas ventajas con la hospedante y esta, a su vez, le ofrecía un medio estable y rico en nutrientes a la primera. Ese es el origen de los órganos internos celulares (los organelos), como las mitocondrias (pulmones celulares) y los cloroplastos (los fotosintetizadores).

Margulis demostró así que la cooperación es el origen de uno de los más importantes saltos evolutivos: el de las células simples a las complejas, sin el cual no habría organismos pluricelulares y la vida se reduciría a un conglomerado de bacterias. La simbiogénesis —esto es, la asociación, integración y cooperación entre diferentes especies para originar nuevas formas de vida— tuvo que aceptarse entonces como una fuerza evolutiva esencial.

 Pero el mecanismo evolutivo que Margulis descubrió no es ni de lejos tan conocido ni popular como el más difundido del darwinismo, cuya adaptación en campos como la economía y las ciencias sociales es clave para comprender el devenir del mundo contemporáneo. La adaptación del darwinismo a la economía y las ciencias sociales, en su versión más reductiva, asume que es más natural la competencia que la cooperación y el egoísmo que el altruismo. Y puede que aún no se haya estimado la conmoción que Margulis supone para el antropocentrismo occidental, que amenaza al planeta, ni para el individualismo moderno, que es central en el liberalismo político contemporáneo.

Desde ciertas interpretaciones del darwinismo, la vida y las relaciones sociales se asumieron como una natural competencia —con nuestros congéneres y con otras especies—, en un mundo caracterizado por la escasez de recursos, donde solo logran sobrevivir los más fuertes y mejor equipados. Los humanos, desde luego, están en la cima.

Pero si la simbiogénesis, que reivindicó Margulis, es un movimiento evolutivo esencial, obviamente no somos los vencedores de la cadena evolutiva, sino una parte ínfima en una extraordinaria red de cooperaciones entre seres vivos que ha permitido la continuidad de la vida.

En un artículo sobre la crisis del liberalismo contemporáneo, Timothy Garton Ash se pregunta cómo se podía evitar que el calentamiento global se elevara sin imponer “fuertes restricciones a la libertad individual”. Garton Ash pide a los liberales aprender de sus errores para responder a los “abrumadores retos de nuestra época”, como son el cambio climático, las crisis de salud y la amenaza del autoritarismo.

¿Cuáles son esos errores? Haber olvidado la importancia de la solidaridad y del sentimiento de pertenencia a la comunidad, imposibles sin la cooperación. Haber olvidado esos viejos valores contemplados por muchos liberales clásicos, para abrazar “un liberalismo económico unidimensional”, dice Garton Ash. Integrar las ideas de Margulis podría ayudarnos en ese sentido.

El año pasado ha significado un hito indiscutible en esa crisis. La voracidad de la economía ha llevado a destruir cada vez más los hábitats donde viven animales que hospedan virus que resultan letales para los humanos (el origen de algunas epidemias y probablemente la de la COVID-19). También la pandemia reveló la falta de presupuestos para la salud pública. La posibilidad de levantar las patentes para las vacunas para beneficiar a la población global ha sido, hasta ahora, imposible. Y los países más ricos acapararon la mayor cantidad de dosis, dejando a los más pobres y vulnerables sin posibilidades sencillas o baratas de inmunizar a su población. Aunque ha habido algunos esfuerzos de cooperación internacional (especialmente con el mecanismo Covax para distribuir vacunas a los países con menos recursos), esta crisis global de salud reveló que necesitamos cooperar más.

Las disciplinas humanísticas y sociales podrían contrarestar las populares creencias de que el egoísmo y la explotación, la autoimportancia y la indiferencia ante el sufrimiento ajeno, son determinaciones naturales del género humano y no aprendizajes que se pueden revertir o transformar.

El mecanismo evolutivo que descubrió Margulis revela que cooperar es una capacidad biológica y es una ventaja competitiva crucial. Y quizás sea nuestra esperanza más tangible de salvarnos a nosotros mismos y al planeta.

Fuente: https://www.nytimes.com/es/2021/07/18/espanol/opinion/pandemia-cooperacion.html

La moral de las moscas pegajosas

 

 Los moralistas que no aman el conocimiento y que no disfrutan más que haciendo daño, ofrecen el mismo espíritu y el mismo aburrimiento que las ciudades pequeñas. Su placer, tan cruel como lamentable, consiste en observar los dedos del vecino con objeto de acercarle de pronto una aguja para que se pinchen..

sábado, 31 de julio de 2021

Lolita Chávez: mujer aguerrida que lucha por la defensa de la tierra

La activista y defensora de los derechos del pueblo k'iche Lolita Chávez.
  La activista guatemalteca, exiliada desde hace cuatro años y premio Romero a los Derechos Humanos en 2021, nos habla sobre luchas populares, extractivismo, feminismo, comunidad y resistencia. 

 A Lolita Chávez quisieron silenciarla, en seis ocasiones atentaron contra su vida, dedicada a la lucha por los derechos de los pueblos originarios en América Latina, y en este caso específico en Iximulew (Guatemala), la tierra que la parió y que en 2017 abandonó como medida de protección ante la persecución por parte de empresas multinacionales, a las que ha denunciado por “atentar contra la biodiversidad de su territorio y su pueblo”.

Es una mujer que inspira, aguerrida y valiente, que no duda en alzar su voz para denunciar la injusticia y reclamar el ejercicio de los derechos humanos, por lo que desde la campaña “Luchando juntas por nuestros derechos” de la Asociación de Mujeres Malvaluna, en el marco del proyecto ‘Juntas por la construcción y transformación de una cooperación feminista’ de la Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo (AEXCID), implementado por Feministas Cooperando, agrupación integrada por MZC, ADHEX, Malvaluna y Fundación Mujeres, nos hacemos eco de su lucha aun desde un doloroso exilio.

Ya son casi cuatro años del exilio ¿qué tal los has vivido?

Ha tenido sus altibajos. Me he sentido como en el destierro. Es duro vivirlo como lo he vivido, es duro porque no he estado en un solo sitio. Es bonito moverse, pero es difícil llegar a lugares donde la gente te ve con odio por la expresión de racismo. Llegar a lugares donde tienen muchos privilegios y no comparten; llegar donde está el enemigo que son las empresas; llegar donde la gente sigue codiciando y tiene otro modo de vida. Es violento, pero saber que somos semilla y que sostenemos la vida mediante nuestro modelo de vida es inspirador.

¿Qué es lo que más extrañas de tu tierra?

Extraño mucho el tejido de reciprocidad que hay allá. Extraño mucho la expresión de la comunidad. Los tejidos son otros y extraño mucho la milpa; extraño bastante la convivencia, tal vez no todo nostálgico sino también la música, las fiestas, las pachangas.

Extraño bastante a mi familia. Mi familia sostuvo bastante la lucha. Ahora haciendo un recuento de la historia y de todos los ataques que he tenido veo como el tejido desde la cotidianidad abraza bastante mi vida y eso me da un renacer, me da mucha fuerza. Mi pueblo es mi sueño, mi inspiración, la comunidad, la historia, mi identidad.

¿Qué significa ser mujer quiché?

Mi pueblo es aguerrido, valiente, rebelde, pero con una esperanza profunda. Los abuelos y las abuelas nos dicen que mi pueblo va a renacer y que de estas opresiones vamos a salir como un pueblo que vamos a vencer y esa es la esperanza.

Hemos pasado genocidio, yo viví la guerra muy fuerte, guerreamos, y decir ser guerrera es una concepción totalmente diferente a como la tiene Europa. No es ser violenta, es lograr vivir y renacer y volver a tejer eso que rompen con la guerra; eso que atacan todas las torturas, la tierra arrasada, las violaciones sexuales, todos los asesinatos. Es vivir constantemente siempre generando justicia cósmica, aquí y ahora, y eso es lo que es mi pueblo.

Has dedicado tu vida a la denuncia de las violaciones contra tu pueblo. ¿Cuál es la situación actual?

El extractivismo sigue avanzando. Nosotras logramos parar, no solo en mi pueblo sino en todo Iximulew (Guatemala), muchas licencias mineras, licencias forestales, hidroeléctricas, el gran problema es que los movimientos han sido muy atacados. La represión ha sido muy grande: militar, económica y política. Las leyes han cambiado a favor de las empresas, es perverso. En Guatemala han hecho leyes supuestamente contra el terrorismo, y nos llaman terroristas a las defensoras y los defensores y esas leyes son muy, muy actuales y son leyes que han sido planeadas en Europa. Europa tiene mucho que ver con la legislación en todo Abya-Yala.

El covid-19 vino a dar el marco referencial y los protocolos de sanidad, seguridad, todo lo que vincula con esas políticas son neoliberales puras y duras, y eso está generando más extractivismo. Están atacando la biodiversidad, usando el montaje de respuesta al cambio climático y al calentamiento global. Están financiando estructuras criminales, estructuras vinculadas al militarismo y al paramilitarismo y la narcoactividad. Están financiando armamentismo para más ataques a mi pueblo.

¿Son identificables estas personas o grupos que te persiguen, amenazan y atentan contra tu vida?


Nosotras los hemos mapeado. Todos los ataques que nos han hecho, cada ataque a mano armada. Todos los ataques los hemos denunciado, no porque creamos en un sistema de justicia que es un sistema racista sino más bien porque queremos que la historia quede clara de quién es el enemigo. Hemos hecho investigaciones gracias a organizaciones que se han unido a la lucha. Hemos investigado las estructuras criminales. Le hemos dado los documentos al Ministerio Público, hemos identificado el riesgo que significa nombrar al agresor y los hemos nombrado públicamente, pero hemos recibido cero respuestas del sistema de justicia.

Hay documentos que tienen todos estos informes, son documentos que también hemos enviado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) porque tengo medidas cautelares de la CIDH, y cada seis meses el Estado me ataca con informes como que fuera la más cruel del mundo. Me da mucha risa porque yo tengo que contestar esos informes y si tú me ves no soy la terrorista que han querido decir que soy.

Has mencionado en otras entrevistas que Europa es responsable de esta situación. Con tu presencia acá crees que de alguna forma se hace conciencia o ¿qué crees que debería hacer la ciudadanía española frente a esta situación?

Investigar a sus empresas, llevarles la ruta, no trabajar con ellas, y yo sé que la gente necesita trabajo porque a veces me indican los mismos activistas que tiene a familiares trabajando. Es indignante para mí como no pueden encontrar otro tipo de trabajo, otras expresiones de trabajo, más dignas, más justas, más de convivencia con la naturaleza. No trabajar con el enemigo, el enemigo para los pueblos, para la biodiversidad, para los territorios en Abya-Yala son las empresas transnacionales.

Luego seguir luchando porque no se cierren las puertas si migramos, si salimos es porque nos están invadiendo entonces es necesario territorializar Abya-Yala en Europa; decir lo que nos pertenece y nuestros derechos como lo justo, como humanidad no como una expresión peyorativa de migrante que nos ven con racismo, con desprecio. En Europa hay muchas compitas que las están tratando muy mal en las casas con esas expresiones internas. Yo no había escuchado eso - interna. En Guatemala se da porque también muchas hermanas que salen del pueblo a trabajar con los finqueros, con los burgueses, con los banqueros, con los funcionarios y nos tratan muy mal, pero como hablan en Europa los derechos por aquí, los derechos por allá, pero ni mierda. No hay derecho, son tan injustos.

En Europa realmente se vive la peor crueldad que podemos imaginar. Es bien jodido. Te imaginas salir de un territorio donde te quieren matar y llegar a un territorio racista, pero siempre encontramos compitas de Abya-Yala en Euskal Herria. Hay muchas hermanas que son vascas y son preciosas, pero también gente de Abya Yala que encuentro en los tejidos que hacemos y ahí me inspiró otra vez y vuelvo a renacer. Europa tiene que bajarle a los privilegios, bajarle a la supremacía.

En Extremadura hay varios movimientos contra la minería ¿qué les aconseja a estas personas que están al frente de esta lucha?

En principio felicitarlas, saludar su camino de guerreras y guerreros, que no se dejen es un desafío. Nosotras lo logramos en mi pueblo y tal vez sirve de algo como lo logramos como organización comunitaria. En las calles funciona la presión social y hablar con la gente. La gente está muy vinculada al “no es posible”, “no podemos”, “ya está autorizado”, siempre se escucha en Europa que sí “se aprobó no se puede”, pero no eso no.

Lo nuestro estaba aprobado 32 licencias en mi pueblo y logramos parar entonces eso: organización y formación. Las empresas ofrecen dinero, ofrecen desarrollo, pero todo eso se acaba. Lo que no se acaba es la vida y la biodiversidad, el vínculo cósmico energético.

También que vean su entorno, que admiren lo que tienen, el agua, por ejemplo, el vínculo con el agua. Saber de dónde les llega porque lo que más atacan las empresas mineras es el agua y la biodiversidad, pero también sus vidas, que valoren sus cuerpos porque estando cerca de empresa extractivas también es un veneno permanente, el veneno camina, el mal camina y como decían las abuelas y abuelos: eso llega a nuestros huesos, llega a nuestra sangre, llega nuestro corazón. Que no vean solo su vida actual sino en el futuro que les va a dar fuerza; que tengan asambleas, muchas asambleas; que hagan uso de los mecanismos internacionales; que denuncien a las empresas; que denuncien al Estado; que denuncien quiénes son y de dónde viene ese dinero.

He escuchado que tienes mucho deseo por regresar a Guatemala ¿crees que hay condiciones?

No, es tan triste decir que no hay condiciones... Los juicios siguen, mis expedientes siguen. Yo lo tomo con sarcasmo y con risa sarcástica. Me mandan notificación, buscan a mi familia para notificarle el Ministerio Público, un ministerio corrupto porque las denuncias que yo he interpuesto en contra de los agresores las han archivado y los casos que tienen contra mí, ahí van y cada vez le aumentan más y más que los archivos son tan grandes, entonces es una presión porque si entro posiblemente voy a la cárcel, y yo a la cárcel no, no porque no soy criminal, no he cometido ningún delito, lo único que hice fue defender nuestros derechos, defender la Madre Tierra.

¿Lolita de dónde sacas tanta fuerza, tanto valor?

Los miedos están siempre presentes, pero lo que pasa es que sanamos, sanamos bastante. Todo eso que decimos como feminista comunitaria de: sanando tú sano yo, la reciprocidad de la sanación, sanar con las plantas, con la biodiversidad, sanar entre compitas me da mucha fuerza y luchar, seguir luchando. Me da mucha inspiración entretejer, saber que muchas luchas, por ejemplo, ahora que me dices lo de que están luchando contra una empresa minera digo: que bueno y eso alimenta nuestra vida porque decimos no estamos solas y no vamos a caminar solas. Entonces estoy conociendo varias expresiones de lucha y eso me alimenta mucho.

Con respecto a lo que sucede en América Latina sobre estas expresiones de regímenes autoritarios y la escalada del discurso anti derechos ¿Cuál es tu valoración?

Si hablamos de sistema y Estado creo que hay un retroceso muy grande, muy grande. Estamos en guerra. Yo que he vivido la guerra hago ese vínculo de como atacan a las movilizaciones en Chile, esto es guerra. En Haití, en Colombia, todo es muy perverso. Los que están contra el pueblo Mapuche son muy muy fuertes. En México cómo las empresas mineras canadienses atacan a través del vínculo de la narcoactividad. Ves la situación de Honduras es una situación bien perversa. La militarización está en todos lados.

Si vamos haciendo un recuento en cada lado estamos en guerra, pero en guerra en donde ahora ha avanzado el extractivismo y está toda esa guerra con la energía. Son tiempos de guerra por los bienes materiales, por los bienes naturales que siguen codiciados. Las empresas van a seguir queriendo más energía y los pueblos vamos a seguir resistiendo entonces eso va a generar guerra.

Hay un retroceso muy, muy grande de no respeto a los derechos humanos, derechos colectivos, derechos de la tierra, de la vida, del agua, del aire. Muchos hermanos y hermanas se han quedado en el camino y lo hemos vivido cuando los encarcelan. Lo que pasa en Nicaragua, por ejemplo, que los encarcelan y están muchos meses en prisión preventiva por un delito que en principio no se cometió, y luego un montón de tiempo de ser presa política y con toda la tortura. Es bien indignante, es bien duro vivirlo y eso es lo que está pasando en Abya-Yala.

Siempre hay un triunfo del capitalismo. En Nicaragua, por ejemplo, es un régimen de izquierda, y esto siempre pensábamos que podía ocurrir con gobiernos de derecha, pero está pasando en países donde hay gobiernos de izquierda. ¿A qué le podemos atribuir esto? A nivel personal, siempre había sido una persona de izquierda y ahora qué pasa esto en mi país, que además me obliga a salir, abandonar, a huir como delincuente pues me hace pensar realmente en la crisis que estamos enfrentando.

Es bien duro cuando el país tiene un modelo de vida que su referente sea el capital. Muchos pueden decir que están contra Estados Unidos, pero eso se les queda en la boca. Si analizamos los planes que implementan de acumulación, de abuso del poder, de su mal gobierno, la militarización: todo es copia y pega de los invasores de lo que son sus referentes. No tienen otro modelo de vida porque el referente de modelo de vida, es el del opresor, es de los invasores, es Europa. Tenemos ese referente de vida, sea que le llamen derecha o sea que le llamen izquierda.

Como mujer defensora y feminista ¿Cuál es tu mensaje a las mujeres que comienzan su lucha?

Decirles en principio que no necesitamos tutelaje, que rompamos con los tutelajes, que vamos a hablar en primera persona. Que rompan el silencio, que, dentro de su ser, todas, como decimos en mi pueblo ch'umilal, ch'umilal es estrella.

Somos luz, iluminamos y somos energía y tenemos energía y mientras lata nuestro corazón, y mientras podamos respirar somos una fuente de inspiración y cuando tenemos la experiencia de trascender situaciones difíciles de opresión en territorios hostiles, en territorios en guerra, en territorios con militares, con empresa extractiva y hemos logrado trascender o con violencia en la casa, en la cama, entonces logramos vivir y es esperanza, es inspiración para la humanidad, somos inspiración para la humanidad entonces solo permitamos ser esperanza.

Nosotras mismas creamos eso que somos, generemos fuerza colectiva cuando damos a conocer las luchas, nuestra historia, nuestra memoria, nuestro caminar, hay otras que se levantan, somos semilla y esa semilla sostiene la vida. Somos tejido, en la red de la vida de acuerpamiento, aunque ni nos demos cuenta de que semilla sembramos. 

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/derechos-humanos/lolita-chavez-mujer-aguerrida-que-lucha-por-la-defensa-de-la-tierra

viernes, 30 de julio de 2021

Variaciones corporales de los atletas olímpicos y profesionales.

 Foto de Howard Schatz enlace original


 El fotografo Howard Schatz captura en una foto la variabilidad en las proporciones del cuerpo humano. 

Más información: https://www.meneame.net/story/variaciones-corporales-atletas-olimpicos-foto-howard-schatz#box_image

“Nuestra salud es demasiado importante como para dejarla en manos de especuladores”

Jeremy Corbyn. JORDAN CURTIS HUGHES / Dominio público

 El pasado mes de junio, la Internacional Progresista organizó una cumbre de emergencia para reclamar el reparto equitativo de vacunas contra la covid-19 en el mundo. Varsha Gandikota-Nellutla y Ana Caistor Arendar, miembros de la organización, manifestaron entonces su alarma ante la situación de profunda desigualdad que presenta la distribución –o falta de ella– de las vacunas: ‘‘Hasta la fecha, los países del G7 han comprado más de un tercio del suministro mundial, a pesar de que sólo representan el 13% de la población humana. Por su parte, África, con sus 1.340 millones de habitantes, ha vacunado a un escaso 1,8% de su población’’. La cumbre contó con la participación de líderes de países del sur global, y también del norte. Entre ellos, estaba Jeremy Corbyn (1949, Chippenham, Reino Unido). El que fuera jefe del Partido Laborista británico hasta 2019 contesta por correo las preguntas de CTXT acerca del reparto obscenamente desigual de las vacunas, y sobre un sistema sanitario global destrozado por las privatizaciones.

Usted es un aliado de los países del sur global que están sufriendo las consecuencias más duras de este apartheid vacunal. ¿Cuáles son los resultados de que el Reino Unido esté acumulando dosis de las vacunas?

Deberíamos empezar por preguntarnos qué recursos son necesarios para vacunar a todo el mundo lo más rápido posible, no qué recursos no les importa compartir a los países más ricos. El mecanismo COVAX para donar vacunas ya dejó una serie de promesas rotas en su nacimiento, lo cual no es sorprendente dada su impotencia a la hora de lidiar con las prohibiciones de exportación y la acumulación de vacunas. La solidaridad, no la caridad –en forma de un plan de acción de la OMS por la igualdad vacunal–, es lo único que puede solucionar esta crisis.

La acumulación de vacunas hará que todos estemos más desprotegidos, pero también es lamentable que los países más ricos puedan usar un sistema de comercio amañado para denegar el acceso a la vacunación a la gran mayoría de la población mundial. Necesitamos construir un movimiento en todas partes para poner la salud pública por delante de las demandas del complejo farmacéutico-industrial (Big Pharma). Solo una presión sostenida y amplia sobre los gobiernos del norte global empujará a los países más ricos hacia una política de levantamiento de las protecciones de propiedad intelectual de las vacunas, como ha ocurrido en Estados Unidos.

Su lucha por un sistema sanitario que funcione para la mayoría es conocida. ¿Cómo cree que el profundo fracaso en la distribución de las vacunas revela la disfunción e inhumanidad del hegemónico sistema sanitario privatizado?

Socialistas y progresistas del Reino Unido prometen cultivar la solidaridad más allá de nuestras fronteras, presionar a nuestro Gobierno para que cambie de dirección y desafiar un sistema de comercio manipulado que de forma rutinaria impide que medicinas vitales lleguen hasta quienes más las necesitan. El Reino Unido es una gran base de pericia científica con un sistema de salud de enorme calidad. Hubiéramos estado en una posición privilegiada para manejar un desastre de esta magnitud. Pero desafortunadamente los conservadores, el partido que gobierna, llevan una década haciendo aumentar las desigualdades, incluida la desigualdad en el ámbito de la salud, a través de una economía de bajos salarios y pocos derechos. Han recortado en sanidad y otros servicios públicos. El resultado de esas políticas es que el Estado depende de gigantes mercantilistas para llevar a cabo funciones básicas. Este régimen de desigualdad, recortes y privatizaciones –así como la decisión de, en lo peor de la crisis, obedecer a las demandas de los mercados, no de los científicos– nos dejó con una de las crisis de coronavirus más severas del mundo. No podemos permitir que un desastre como este se repita nunca más. Yo seguiré luchando para que el Reino Unido deje de apoyar este sistema de comercio amañado, porque haga su parte para asegurarse de que el mundo sea vacunado lo más rápidamente posible y para poner fin a los recortes y la privatización de nuestro propio sistema sanitario y de la investigación médica. Nuestra salud es demasiado importante como para dejarla en manos de especuladores.

Muchos en la izquierda, incluidos reconocidos economistas como el profesor Richard Wolff, se sienten profundamente esperanzados al verle poner el foco en la democratización del lugar de trabajo. ¿Cómo impactaría en la manera en la que cuidamos de nuestra salud un mundo de cooperativas, de organización democrática? ¿Cómo funcionarían la producción y distribución de vacunas en esta realidad alternativa?

Hay un potencial inédito en países del sur global, incluida India, que podría ayudar a terminar con esta crisis, pero permanece inutilizado debido a la intransigencia de corporaciones y una mayoría de las economías más ricas del mundo. Debemos reaccionar ante la crisis desarrollando un plan global para garantizar acceso abierto a las vacunas y los tratamientos para la covid-19, para construir y expandir instalaciones de producción alrededor del mundo, y para llevar a cabo un marco de distribución equitativa. Quiero ver un plan realmente global que reconozca el papel de cada nación y su gente en vacunar al mundo, que pueda proveer un modelo para terminar con otras enfermedades y causas de muerte prevenibles. Y no podemos olvidar el rol de los trabajadores –en la sanidad y en cualquier ámbito, de la ciencia a la fabricación y la agricultura– para mantener a las sociedades funcionando durante esta crisis, a menudo exponiéndose a sí mismos a grandes riesgos en un contexto de fracaso sistémico. Los trabajadores saben mejor que nadie cómo llevar los servicios que proveen, y en ningún ámbito es esto más cierto que en el sanitario.  

¿Qué puede hacer cualquier persona progresista en pueblos y ciudades alrededor del mundo para luchar contra el lamentable apartheid vacunal que estamos experimentando?

Nadie estará a salvo hasta que todo el mundo esté a salvo. La crisis del coronavirus ha demostrado lo conectados que estamos, y cómo la manera en la que se trata a quienes son más vulnerables nos afecta a todos. Cuanto más tiempo permanezcan sin vacunar personas de cualquier lugar, más posibilidades hay de que variantes resistentes a las vacunas arruinen todo nuestro progreso. Este es un planteamiento que debemos seguir repitiendo constantemente en el norte global, dirigiéndolo hacia nuestros propios gobiernos. Pero alrededor del mundo podemos armarnos con argumentos y hacer que nuestras demandas sean escuchadas. Estamos obligados a hacerlo si queremos salir de esta crisis. Las impactantes desigualdades sanitarias que moldean vidas y esperanzas de vida en el mundo son prevenibles, evitables y no podemos permitir que continúen. Si podemos ganar el debate sobre el internacionalismo de las vacunas y demostrar qué ocurre cuando reconocemos y tratamos las injusticias inherentes al sistema actual, estaremos en una posición mucho mejor para tratar la crisis climática y cualquier otra amenaza que se vea empeorada por la extrema desigualdad dentro de y entre países.

Fuente: https://ctxt.es/es/20210701/Politica/36743/#.YP8A5-Q7gKA.twitter

sábado, 17 de julio de 2021

Muerte de una ballena

Credit...Melida Pinon

En pocos minutos se difundió la noticia: una ballena en Leme[1] y otra en Leblon[2]. Habían aparecido en la playa, de donde habían intentado salir sin conseguirlo. Eran descomunales a pesar de ser sólo crías. Todos fueron a verlas. Yo no. Corría el rumor de que llevaban ocho horas agonizando y de que habían intentado incluso dispararles, pero continuaban agonizando  sin morir.

Sentí horror ante lo que contaban y que tal vez no eran estrictamente hechos reales, pero la leyenda ya estaba formada alrededor de lo extraordinario que -¡por fin, por fin!- sucedía, porque por pura sed de una vida mejor siempre estamos esperando lo extraordinario, que tal vez nos salve de una vida contenida. Si fuese un hombre quien estuviese agonizando en la playa durante ocho horas lo santificaríamos, de tanto como necesitamos creer en lo imposible.

No, no fui a verla, detesto la muerte. Dios, ¿qué nos prometes a cambio de morir? Porque el cielo y el infierno ya los conocemos, cada uno de nosotros en secreto, casi en sueños, ya ha vivido un poco de su propio apocalipsis. Y de su propia muerte.

Aparte de las veces en que casi he muerto para siempre, cuántas veces en un silencio humano —que es el más grave de todos los del reino animal—, cuántas veces en un silencio humano mi alma agonizante esperaba una muerte que no llegaba. Y por escarnio, porque era lo contrario del martirio en el que mi alma sangraba, era entonces cuando el cuerpo más florecía. Como si mi cuerpo necesitase dar al mundo una prueba al contrario de mi muerte interna, para que ésta fuese aún más secreta. He muerto de muchas muertes y las mantendré en secreto hasta que llegue la muerte del cuerpo, y alguien, al darse cuenta, diga: ésta, ésta ha vivido.

Porque de aquél que más siente el martirio es de quien se podrá decir: éste, sí, éste ha vivido.

Lo más extraño es que cada vez que era sólo el cuerpo el que estaba a punto de morir el alma no lo sabía. La última vez que mi cuerpo casi murió, como ignoraba lo que sucedía, sentía una especie de rara alegría, como si me hubiese liberado por fin mientras el cuerpo dolía como el Infierno. Una de las veces sólo me lo dijeron cuando ya había pasado: había estado tres días entre la vida y la muerte y los médicos sólo podían garantizar que harían todo lo posible. Y yo tan inocente de lo que estaba pasando que me parecía extraño que no me permitiesen recibir visitas. Pero yo quiero visitas, decía, me distraen del dolor terrible. Y a todos los que no obedecieron a la placa “Silencio”, a todos los recibí, gimiendo de dolor, como en una fiesta. Me había vuelto habladora y mi voz era clara, mi alma florecía como un áspero cactus. Hasta que el médico, realmente muy enfadado y en un tono cortante, me dijo: una visita más y le daré el alta tal como está. “Tal como estaba” lo desconocía, nunca durante esos días noté que estaba a las puertas de la muerte. Me parece que vagamente sentía que, mientras sufriese físicamente de una manera tan insoportable, tenía la prueba de que estaba viviendo al máximo.

Recuerdo ahora cuando al mirar una vez un crepúsculo interminable y escarlata también yo agonicé con él lentamente y morí, y la noche vino hacia mí cubriéndome de misterio, de insomnio clarividente y, finalmente, por cansancio, sucumbí a un sueño que completaba mi muerte. Y cuando desperté, me sorprendí dulcemente. En mis primeros ínfimos instantes despierta pensé: ¿entonces cuando se está muerto se conserva la conciencia? Hasta que el cuerpo, acostumbrado a moverse automáticamente, me hizo hacer un gesto muy mío: el de pasarme la mano por el pelo. Entonces comprendí con asombro que mi cuerpo y mi alma habían sobrevivido. Todo esto –la seguridad de estar muerta y el descubrimiento de que estaba viva— todo esto no duró, creo, más de dos ínfimos segundos o tal vez aún menos. Pero que de hoy en adelante todos sepan a través de mí que no estoy mintiendo: en menos de dos segundos se puede vivir una vida y una muerte y de nuevo otra vida. Esos dos ínfimos segundos como forma de contar toscamente el tiempo deben de ser la diferencia entre el ser humano y el animal, así como Dios tal vez cuente el tiempo en fracciones de siglo de los siglos. Quién sabe si Dios cuenta nuestra vida en términos de dos segundos: uno para nacer y otro para morir. Y el intervalo, Dios mío, tal vez sea la mayor creación del Hombre: la vida, una vida. Me acuerdo de un amigo que hace pocos días citó lo que uno de los apóstoles dijo de nosotros: vosotros sois dioses.

Sí, juro que somos dioses. Porque yo también he muerto ya de alegría muchas veces en mi vida. Y cuando pasaba esa especie de gloriosa y suave muerte me sorprendía de que el mundo continuase a mi alrededor, de que hubiese una disciplina para cada cosa, y de que yo misma, empezando por mí, tuviese mi nombre y hubiese ya entrado en la rutina: pensaba que el tiempo se había parado y que los hombres súbitamente se habían inmovilizado en medio del gesto que estaban haciendo, mientras que yo había vivido una muerte por alegría.

No fui a ver la ballena que estaba muriendo realmente al lado de mi casa. Muerte, te odio.

Mientras tanto las noticias mezcladas con la leyenda corrían por el barrio de Leme. Unos decían que la ballena de Leblon aún no había muerto pero que su carne cortada en vida se vendía a kilos porque la carne de ballena era muy buena para comer y era barata, eso es lo que corría por el barrio de Leme. Y yo pensé: maldito sea aquél que coma por curiosidad, sólo perdonaré a los que tienen hambre, aquella hambre antigua de los pobres.

Otros, en el umbral del horror, contaban que también la ballena de Leme, aunque todavía viva y jadeante, había sido cortada a kilos para ser vendida. ¿Cómo creer que no se espera ni a la muerte para que un ser se coma a otro ser? No quiero creer que alguien tenga tan poco respeto a la vida y a la muerte, nuestra creación humana, y que coma vorazmente, sólo por ser una exquisitez, aquello que aún agoniza, sólo porque es más barato, sólo porque el hambre humana es grande, sólo porque en realidad somos tan feroces como un animal feroz, sólo porque queremos comer de aquella montaña de inocencia que es una ballena, así como comemos la inocencia cantante de un pájaro. Iba a decir ahora con horror: antes que vivir así prefiero la muerte.

Y no es exactamente verdad. Soy una feroz entre los feroces seres humanos, nosotros, los simios de nosotros mismos, nosotros los simios que soñaron con volverse hombres, y ésta es también nuestra grandeza. Nunca alcanzaremos en nosotros al ser humano: la busca y el esfuerzo serán permanentes. Y quien logra el casi imposible aprendizaje de Ser Humano, es justo que sea santificado.

Porque desistir de nuestra animalidad es un sacrificio.

Fuente: https://www.ieturolenses.org/revista_turia/index.php/actualidad_turia/muerte-de-una-ballena?fbclid=IwAR0dW2CYE7bbIluV4nokPqWJRsE76m6QsOrK2S_MUhcaeXbBNsE4lUxGI6Q