miércoles, 20 de abril de 2016

Esto lo escribe un niño

 

JULES VERNE no se volvió Jules Verne hasta que, cuando era un escritor desconocido y mediocre, encontró a un editor que obró un milagro con él, a base de reescribirlo y tratarlo con crueldad. El manuscrito de Voyage dans les airs había sido rechazado varias veces cuando un día cayó en las manos de Pierre Hetzel. Este estaba en proceso de reinvención. Había sido editor y amigo de Balzac, George Sand y Proudhon, pero su participación en la Revolución de 1848 lo abocó al exilio tras el golpe de Estado de Louis-Napoleón Bonaparte. Regresó a Francia en la amnistía de 1959, y al poco retomó la actividad editorial. En ese contexto conoció el manuscrito de Verne, que corrigió a fondo, y publicó con el título de Cinco semanas en globo. Entonces, Verne era autor insignificante, sin oficio, que no creía en la posibilidad de vivir de la literatura. De hecho, acababa de hacerse agente de cambio. Conocer a Hetzel lo cambió todo. Su relación se convirtió en una de las más célebres entre un autor y su editor.

La correspondencia que mantuvieron a lo largo de 20 años ocupa tres volúmenes, de los que se extrae que en la base de su sintonía estaba la sinceridad, en ocasiones demasiado cruda. Aún no se había publicado Cinco semanas en globo, cuando Verne le hizo llegar a Hetzel el manuscrito de Paris au XXe siècle. Su respuesta pudo haber acabado con la relación. "Es folletinismo barato… No veo nada que elogiar en su trabajo, nada que elogiar con franqueza. Lamento tener que escribirle esto, pero consideraría una catástrofe para su reputación la publicación de este trabajo… Es casi lo que escribiría un niño, un principiante, alguien que va a estrellarse como una mariposa contra un vidrio… Usted se hunde en lo mediocre hasta la cabeza", subraya la carta, fechada en 1863.

Heztel temió a la reacción de Verne ante un repudio sin paliativos. Pero el novelista se sometió y renunció a publicar Paris auXXe siècle. "Nunca volvió sobre el tema, ni siquiera tras la muerte de Pierre Hetzel, y solo en 1989 la novela fue encontrada en una maleta por Jean Verne, bisnieto del escritor, y finalmente publicada", recuerdan Michel Lafon y Benôit Peeters en su ensayo Escribir en colaboración.

Los Viajes extraordinarios de Verne nacerían de una interlocución constante con el editor, que lo empuja a perseverar en la dirección tomada en Cinco semanas en globo, aplicando las técnicas novelescas a los conocimientos geográficos, geológicos, físicos y astronómicos, acumulados por la ciencia moderna. Pronto la relación autor-editor se convirtió en un trato padrehijo, pese a que Hetzel es solo 14 años mayor que Verne. Este se volvió un escritor sumiso, que no solo aceptaba las críticas y las correcciones, sino que las reclamaba. "Qué mal me conocería si pensara por un instante que su carta no ha sido bienvenida. Le aseguro que la tendré en cuenta, pues todas sus observaciones son justas". Verne se entregó tanto a su editor, que cuando firmaron un nuevo contrato en 1865, en el que se preveía la publicación de tres libros al año, el escritor quedó despojado de todo porcentaje sobre las ediciones ilustradas, que precisamente serían las que más se venderían.

Sin embargo, ni siquiera protestó. Siguió agradecido por haber encontrado en Hetzel la oportunidad de vivir de la escritura, pues el editor le pasa una mensualidad de 750 francos, como si fuese un simple empleado. Tuvieron que pasar diez años, a raíz del éxito de La vuelta al mundo en ochenta días, para que Hetzel comenzase a pagarle derechos de autor. El novelista aún se consideraba en deuda. "Pase lo que pase, nada nos separará", le escribía en 1870. Entretanto, siguió soportando las continuas modificaciones de sus manuscritos. Desde Amiens, esperaba con avidez las ‘cóleras de lápiz’ de Hetzel, que de vez en cuando le preguntaba si tenía o no razón al "tratarlo como a un hijo, cruelmente, de tanto querer lo que es mejor para usted".


 Fuente: http://elprogreso.galiciae.com/blog/532438/esto-lo-escribe-un-nino

Ha llegado el momento de arrancarle los galones a tu jefe

 

El poder de los jefes cada vez está más cuestionado, porque la crisis, la transformación de los puestos de trabajo, la competitividad brutal y las nuevas tecnologías han minado poco a poco los pilares que soportaban las organizaciones rígidas y jerarquizadas. Las empresas y las oficinas están dejando de ser ejércitos.

La idea de acotar la influencia de los que mandan en la oficina es antigua pero la forma actual es muy novedosa. Pierre-Joseph Proudhon, el anarquista francés, proclamó en el siglo XIX que los trabajadores deberían poder elegir a sus jefes y los movimientos cooperativistas han creado organizaciones desde hace décadas en las que la estrategia de la empresa y sus principales gestores los eligen los socios por consenso.
En los años 60 y 70 del siglo pasado, expertos en gestión como Peter Drucker o Henry Mintzberg empezaron a sospechar que las compañías más importantes eran demasiado burocráticas, demasiado rígidas y que los directivos acumulaban un poder ciertamente excesivo. Warren Bennis inventó un término llamado ‘adhocracia’, un modelo flexible que permitiría que los negocios se adaptasen a un cambio cada vez más acelerado. Llamaba a abolir la jerarquía casi por completo, eliminar los procedimientos estandarizados, descentralizar las decisiones importantes, reducir al mínimo el papeleo o convertir la clásica pirámide organizativa en una constelación de grupos especializados de profesionales.

Ni Wall Street ni los grandes empresarios podían despreciar a la ligera los consejos de Mintzberg, Bennis o Drucker. No eran ni viejos anarquistas como Proudhon, ni sindicalistas desgarbados y barbudos de las minas de hierro, ni ardientes defensores del cooperativismo, sino asesores y estudiosos de trajes italianos y corbatas de seda que se preocupaban por la supervivencia de las multinacionales estadounidenses, europeas y japonesas. Eran de los suyos y les estaban avisando: si no rompían con el modelo de ‘una empresa, un ejército’, se hundirían en pocas décadas.
1holocracia
Ilustración: David Sánchez

En aquel momento, resultaba difícil tomarse muy en serio la ‘adhocracia’, porque la mayoría de los grandes empresarios —que eran sobre todo banqueros e industriales— la consideraban la versión business de una comuna hippy (no en vano el término había aparecido, por primera vez, en un libro de 1968). Además, los pocos que se planteaban utilizarla temían que los costes de comunicación y coordinación fuesen disparatados y los dejasen así a los pies de sus rivales. Las tecnologías de la información eran poco más que ordenadores lentísimos que ocupaban edificios enteros para almacenar datos. El trabajo en red sonaba a trabajo de pescadores.

No pienses: trabaja
Tampoco ayudó que a los profesionales no se les pagase por pensar o que los cambios que imponían el mercado y la competencia no fuesen ni tan rápidos ni tan profundos como para exigir una organización que sacrificase casi todo por ser más flexible. Recordémoslo: Silicon Valley no era entonces una cuna de start-ups disruptivas a lomos de múltiples fuentes de capital riesgo y bancos de inversión, sino, sobre todo, un gran parque industrial financiado por los grandes planificadores del Pentágono para competir y ganar a los grandes planificadores del Kremlin.

Otra supuesta utopía que surgió a finales de los 60 lo hizo al calor de los llamados holones, que eran, según Arthur Koestler, prácticamente cualquier sistema —daba igual que fuesen átomos, personas, sustancias químicas o la misma sociedad— sometido a un orden jerárquico porque forma parte de un conjunto y otros subconjuntos forman parte de él. Con el paso de las décadas, esos holones y su forma de relacionarse cobraron significados nuevos, su interpretación se mezcló con otras ideas de la época como la sociocracia y comenzaron en las empresas los primeros experimentos de holocracia, que es una forma de distribuir el trabajo que permite reducir el poder de los jefes y ampliar las responsabilidades y autonomía de los individuos.

Tuvieron que ocurrir muchas cosas para que la holocracia se tomase en serio y la practicasen en 2014 y 2015 negocios como Medium o Zappos, el portal de Amazon para comercializar calzado por la Red. La esperanza de vida de las empresas se había recortado por culpa de una incesante y frenética competencia; la revolución de internet y los dispositivos móviles había hundido los costes de comunicación y coordinación; habían surgido millones de ocupaciones donde a los individuos se les pagaba por pensar, innovar y tomar muchas decisiones creativas, y, finalmente, la ideología de Silicon Valley, que bordea el anarcocapitalismo, estaba filtrándose en los consejos de administración de miles de empresas de todo el mundo debido al éxito de Apple, Facebook o Google.

La crisis mundial que chisporroteó en 2007 y estalló a finales de 2008 también contribuyó a que millones de personas se replanteasen las cosas. Si los directivos eran tan brillantes, ¿por qué habían sido incapaces de evitar los rescates de General Motors o Lehman Brothers? Si los políticos o los economistas eran tan sabios, ¿por qué casi nadie había previsto o se había preparado para un desastre financiero peor que el del crack del 29? La conclusión para muchos fue que la inteligencia colectiva era muy superior a la de una minoría por capaz o formada que fuese.

En estas circunstancias, por supuesto, se multiplicaron los controles públicos (considerados, en general, más democráticos) al sector privado, muchas poblaciones demandaron en las calles reformas para participar más y mejor en las decisiones de las instituciones y de los partidos políticos, miles de accionistas exigieron marcar de cerca a los altos ejecutivos y, finalmente, se empezaron a implantar dramáticamente estructuras organizativas que antes se habían considerado utópicas en las empresas. Este ha sido el caso de la holocracia.

Cuando Zappos anunció en 2013 a sus trabajadores que, en pocos meses, se volverían ciudadanos de una holocracia, muchos tuvieron que buscar en Google lo que era y a algunos no les gustó lo que encontraron. Los directivos se comportaron entonces como déspotas ilustrados: dijeron que todos iban a ser más libres y que, el que no quisiera serlo, tenía las puertas de la calle abiertas. Es habitual que el 20% de los empleados de Zappos dejen su empleo todos los años, pero en 2015 esa cifra trepó hasta el 30%.

Qué es ser holócrata
Sin embargo, ni la respuesta de los trabajadores ni el comportamiento despótico de sus jefes deberían llevar a despreciar el experimento, que en estos momentos sigue en marcha. ¿Pero cuáles son las características de este nuevo modelo?

Para empezar, se parte de dos premisas fundamentales que no admiten la discusión de nadie: primera, la inteligencia colectiva de todos los trabajadores es superior a la de un ramillete de individuos en el comité de dirección; y segunda, los sistemas ágiles y flexibles son más eficientes a largo plazo, reflejan mejor la realidad de un mercado que cambia a toda velocidad y dan más probabilidades de supervivencia a una empresa.
Según los holócratas, los trabajadores y las organizaciones aprenden antes lo que funciona, se adaptan primero a cualquier novedad disruptiva con la que los competidores quieran tumbar a su empresa y prueban muchos más caminos que suelen conducir a la nada, pero que pueden llevar también a una gran innovación. Los motivos son que las reglas se revisan y se redefinen cada poco tiempo por los miembros de la organización agrupados en círculos; en que esos círculos no son ni rígidos ni estáticos sino que se pueden crear, redefinir y destruir periódicamente; y en que la transparencia de la información debe ser casi total y de acceso libre, porque saben que la información es poder y quieren dispersarla en vez de que esté en pocas manos.

El poder y la jerarquía tienen, en este sistema, otras limitaciones adicionales. Una de ellas es que los roles y la colaboración en red a través de los círculos van a ser mucho más importantes que el rango o la categoría del profesional en la organización, lo que significa que la figura del jefe se vacía parcialmente de contenido. Otra es que las funciones que desempeñan los trabajadores en los círculos también evolucionan y se transforman con el tiempo, y que es probable que una misma persona desempeñe papeles distintos en diferentes equipos simultáneamente. Por eso, la jerarquía de un directivo es temporal y puede que sea jefe de alguien en un círculo y subordinado de la misma persona en otro.

La holocracia, igual que la adhocracia en su momento, la sociocracia o los nuevos experimentos políticos y empresariales que intentan canalizar la inteligencia colectiva, no debe verse ni como el fin de la jerarquía en la empresa —seguirán existiendo líderes en los círculos aunque se llamarán lead links y los directivos elegirán el número y el tipo de grupos que se formen—, ni como un sistema casi sin ley porque es justo lo contrario. Hay más normas y la atención y la discusión de los procesos es mucho mayor que en otros modelos, porque los roles son más ambiguos y los subordinados tienen más poder.

Estamos, simplemente, ante otro gran experimento que nace en una sociedad donde los trabajadores quieren ser ciudadanos y no súbditos en todos los ámbitos de sus vidas y también en sus empresas. Prefieren el imperio de la ley a la ley de los emperadores y exigen formar parte del proyecto en el que derraman su creatividad a chorros… y sentirse cada vez más escuchados, cada vez menos sometidos.


 Fuente: https://www.yorokobu.es/holocracia/

lunes, 18 de abril de 2016

"Nos han violado a todas"

Las madres sursudanesas, asaltadas, golpeadas y humilladas, ponen rostro a una limpieza étnica de proporciones desconocidas
Visitamos una base de Cascos Azules donde 52.000 personas buscan cobijo de las balas junto a la destruida Malakal 


Sunday, una madre Nuer, en el interior del container en el que vive con sus dos hijos dentro del centro de protección de civiles de Malakal (Sudán del Sur).
 Sunday siempre se viste de domingo. No sólo porque sea una mujer orgullosa, sino porque huyó de las balas con ese vestido, el de ir a la iglesia, el único que le queda. "No puedo comprar ropa porque el mercado está en el pueblo. Nuestro dinero no vale nada. Y si vamos allí nos violarán".
- ¿Entonces no podéis salir de esta base de Naciones Unidas?

- Sólo salimos a por leña para cocinar. Dentro de la base no hay. Ellos nos están esperando fuera.
- ¿Es peligroso para vosotras?

- Por supuesto. Nos golpean, nos humillan, nos detienen durante días para divertirse con nosotras. A algunas las han matado. Ninguna mujer te lo va a contar, pero ahí fuera nos han violado a todas.

Cuando Sunday, madre de dos niños, pronuncia la palabra "ellos", se refiere a los soldados del gobierno sursudanés. Cuando dice "ahí fuera" se refiere al perímetro de la base militar que la ONU tiene a unos kilómetros de Malakal, el corazón sangrante de Sudán del Sur. A este lugar, lleno de contenedores metálicos llamado hoy Centro de Protección de Civiles, llegaron hace dos años 52.000 personas procedentes de la ciudad, corriendo por la carretera con su miedo como única posesión. Se refugiaron aquí y aquí siguen, hacinados, sobreviviendo en pésimas condiciones y esperando a que se apague ese odio primitivo entre las principales etnias del país. El 77% de ellos han perdido algún familiar en alguna de las batallas por reconquistar la ciudad.

Centro de protección de civiles en la base militar de Naciones Unidas de Malakal (Sudán del Sur).

El 11 de marzo la ONU publicó un informe en el que aseguraba que los soldados del Gobierno "obligaban a la gente a practicar el canibalismo" y que tenían permiso "para violar mujeres y saquear como parte de su salario". Sobre el terreno, ese 'salario' tiene muchos nombres. Uno de ellos es Martha, una princesa Nuer de 1,80 metros que explica cómo funciona ese pago en especie: "Están en las charcas donde tenemos que ir a lavarnos. O en los lugares donde vamos a por leña. Suelen ir muy borrachos. Buscan a mujeres solas o en pequeños grupos. Por eso procuramos ir juntas. Saben que nuestros hombres no están aquí y nos violan para destruirnos, como botín de guerra. No buscan placer sexual. A veces usan palos".
- ¿A ti también te han violado? (Antes de contestar, mira alrededor al resto de mujeres que observan la conversación en silencio).

- Es algo que no puedo decir. Aquí a las violadas se las estigmatiza por hablar de ello. Pero es algo general.
A varios contenedores de allí malvive Julia, de etnia Shilluk, y sus cuatro hijos. Habla del terror que le produce salir de la base y de la dificultad enorme de dar de comer a sus cuatro hijos. "No es sitio para ser madre, pero es el único en el que podemos estar". Su hijo Lidal, el más pequeño, nació en la base nace dos años y en la base morirá si no se recupera de la desnutrición severa que padece, otra de las armas con las que unos y otros se matan en Sudán del Sur.

Julia y sus cuatro hijos, en el área que ocupan en el centro de protección de civiles. Su hijo pequeño, Lidal, tiene malnutrición severa.

Rebecca, de 24 años, ataviada con las marcas faciales de su etnia en la frente, muestra sus enseres domésticos carbonizados por el fuego. "Hemos perdido lo poco que teníamos y hasta la salud. Ya no tengo la menstruación. No podemos ser madres en un lugar así".

Hace cinco años, el país más joven del mundo votó unido para conseguir su independencia de su vecino del norte. Vino George Clooney para hacerse fotos y limpiaron las calles. Hoy toda esa esperanza ya no existe. Los viejos señores de la guerra (el presidente Salva Kir, de etnia Dinka, y su vicepresidente Riek Machar, de procedencia Nuer) siguen dándose apretones de manos y llamándose uno al otro "hermano", pero ya nadie les cree. En un ciclo autodestructivo por el poder, por la posesión de los rebaños de vacas o por el dinero del petróleo, violan en pocas horas cada acuerdo que paz que firman. Lo único seguro en Sudán del Sur es la venganza.

Un grupo de niños, en la parte de la base que fue quemada durante el ataque del 17 de febrero de 2016.
 El problema para todas estas madres que viven en este Centro de Protección de Civiles es que ni siquiera dentro de la base están a salvo. El 17 de febrero, entre 100 y 50 soldados uniformados del Gobierno, todos de etnia Dinka, entraron en este recinto militar, a plena luz del día, y abrieron fuego contra los civiles, mujeres, niños y ancianos en su mayoría de etnias minoritarias Nuer y Shilluk. Prendieron fuego al campo y saquearon las escuelas de Unicef y la clínica de International Medical Corps. No dejaron ni los marcos de las puertas. Los cascos azules intervinieron tres horas después. Durante el ataque hirieron de bala a más de 50 personas y mataron a 20, cuatro de ellas bebés. En el único dispensario que quedó en pie nacían al mismo tiempo otros cuatro niños.

Resulta difícil entender como en una base militar pueden colarse, para atacar a civiles, decenas de soldados Dinka armados desde el exterior, pero así sucedió. Para contribuir al desastre, los jóvenes del otro lado, los Nuer, sacaron varias armas ocultas y respondieron desde dentro. ¿Cómo pudieron introducir los kalashnikov dentro de la base? Nadie se lo explica, pero James Deng, uno de los líderes de la comunidad, hace un gesto con la barbilla señalando a varias mujeres con hatillos de leña sobre la cabeza entrando en la base, donde nadie distinguiría un arma.

Deng era secretario de Estado de Sanidad hasta que comenzó la guerra. Hoy es un desplazado más, cuya vida se desarrolla en una tienda de palos y plásticos de seis metros cuadrados. "Tengo tres esposas y 12 hijos. Es algo normal aquí. Tres de mis hijos están luchando con los rebeldes en el conflicto. Del pequeño hace mucho tiempo que no tengo noticias. No puedo decir que estoy feliz. Para el gobierno no valemos ni el precio de la bala que va a matarnos".

Soldado Nuer de la milicia rebelde, más conocido como 'Ejército Blanco'.
 Nadie sabe cuántos muertos está provocando esta guerra. El International Crisis Group afirma que nadie cuenta los cuerpos desde hace un año por falta de personal. Y ya iban por 50.000. Teniendo en cuenta que hay zonas sin acceso por carretera, las cifras que algunos trabajadores humanitarios manejan se acercan a los 300.000, números parecidos a los de Siria en un territorio con la mitad de población. Los cadáveres se abandonan allí donde caen, formando auténticos campos de la muerte. Un festín para las moscas.

Los desplazados de Malakal saben que no recibirán ni el 1% de la atención que han tenido los sirios o los iraquíes. A pesar de ello, aún comen gracias a que el Programa Mundial de Alimentos suministra sorgo a diario. Los niños irán a la escuela porque Unicef está reconstruyendo los colegios quemados. Y hay asistencia sanitaria gracias a MSF y IMC, que han montado dos clínicas más. Aunque este lugar sea un infierno, "los civiles no merecen ser abandonados a su suerte", dice Paulin Nkwosseu, jefe de programas de Unicef. "Políticamente este país es un desastre, pero la gente no tiene por qué sufrirlo". Hasta 15.000 menores han sido reclutados como niños soldado desde el comienzo del conflicto.

Al día siguiente su equipo visita el otro lado, lo que queda de la fantasmal ciudad de Malakal, controlada por las tropas Dinka. Toda la población ha sido destruida y saqueada durante las siete veces que ha cambiado de manos. Pero hay dos cosas que no se llevaron: la única cabina de teléfono del pueblo en un país sin línea telefónica (aunque la hubiera no funcionaría) y la mesa del dentista del único hospital de la ciudad.

El doctor del hospital de Malakal, apoyado por Unicef, atiende a un soldado con un coma etílico.
 Aquí el doctor Rachid atiende de 80 a 90 pacientes al día. En ese momento, el caso más grave es el de un soldado del gobierno que ha llegado con un coma etílico. "Cuando se les acaba el alcohol beben cualquier cosa", dice el médico. Cinco madres Dinka sostienen a niños con ojos desprovistos de vida por el hambre, exactamente igual que los hijos de sus enemigos en la base de Naciones Unidas. "Hay que actuar rápido para que no se mueran". En Sudán del Sur sólo engordan los buitres.

El ambiente en las calles es tenso y mortecino. Grupos de soldados en chancletas y camisetas de fútbol patrullan con desgana. Son las 10 de la mañana y el termómetro ya supera los 38 grados junto al Nilo. Uno de los pocos lugares habitados es la antigua escuela. Allí sobreviven varias familias Dinka que antes vivían en la base y que fueron expulsadas en febrero por los Nuer tras el ataque. Angelina ocupa una de las aulas. De nuevo, sólo se ven mujeres, niños.

- ¿Dónde están los hombres?

- Están haciendo la guerra.

- ¿Por qué os refugiáis aquí?

- Nuestra casa está destruida. No tenemos dónde ir. Si dejamos la ciudad los rebeldes nos violan.
- A las mujeres de la base también las violan si salen de allí.

El centro de protección de civiles de Naciones Unidas, al atardecer.

  Yo no tengo problemas con ellas. Ojalá puedan volver pronto a la ciudad, pero los hombres Nuer y Shilluk se pusieron de acuerdo para atacarnos. Les tenemos pánico.

En Sudán del Sur "hay miles de niños y adolescentes reclutados por los ejércitos. Otros se separaron de sus padres en los combates y vagan solos en busca de su familia. En Malakal hay muchos que viven entre las ruinas", dice el responsable de Unicef en la ciudad.

Graze Anzoa tardó dos años en encontrar a sus hijos, a los que perdió de vista en un tiroteo y creía muertos. Cuando se reencontró con Rebecca y Abi, de cinco y seis años, no pudo parar de llorar en varios días. Hasta 2,3 millones de personas han huido del país por la guerra.

A pocos kilómetros de la base de la ONU se levanta la aldea de Kodok (Fachoda), donde convergieron, en 1898, dos expediciones militares: la del Imperio colonial francés, que buscaba comunicar sus posesiones desde Senegal hasta el índico, y la del imperio británico, que quería trazar una línea entre Sudáfrica y Egipto. Si no se produjo una guerra fue porque los galos quitaron su bandera en el último momento. Hay mucho de aquel conflicto a escuadra y cartabón en las guerras civiles de estos estados fallidos.

Hace cinco años, en pleno proceso de independencia de su vecino del norte, un militar mostró a este periodista el interior de tres contenedores metálicos con miles de armas junto al aeropuerto de la capital. "Esto lo vamos a fundir para hacer un monumento que simbolice la paz", dijo. Hoy, esos contenedores siguen ahí, pero en vez de armas dentro viven varias familias que piden limosna a los viajeros que llegan a la terminal.

Ni las armas están allí ni la estatua de la paz se construyó jamás.


Fuente:  http://www.elmundo.es/grafico/internacional/2016/04/17/57111fc7e5fdea9f548b4655.html

domingo, 17 de abril de 2016

Yanis Varufakis muestra su solidaridad con los 'indignados' franceses

El exministro de Finanzas griego y fundador de DiEM25 se dirige a los manifestantes de la Plaza de la República
 

Yanis Varufakis, exministro de Finanzas griego y fundador de DiEM25 (Movimiento para la Democracia en Europa), se unirá a los debates públicos que el movimiento Nuit Debout ha iniciado por toda Francia. Se espera que este sábado el político griego exprese su solidaridad con los activistas de las sentadas y debates nocturnos de la Plaza de la República de la capital francesa.

"Lo que está pasando en Francia, la confluencia de activistas, movimientos sociales, estudiantes y ciudadanos exasperados, que pacíficamente han sacado a la calle el debate sobre su futuro, es la señal de que la democracia en Europa aún conserva su salud de hierro", dice Varufakis. "No se trata solo de protestar por una norma jurídica o una política de gobierno, sino que es más bien como lo que pasó con el movimiento de indignados en España. Se trata de gente alzando su voz contra la caída de Europa en el malestar económico y social, contra las luces que se van apagando", ha explicado el exministro. "Como demócratas que luchamos por una nueva Europa que devuelva el demos a la democracia, tenemos que unirnos y llenarnos de esta energía. Necesitamos escuchar y prestar atención. Ignorar o desmantelar estas formas pacíficas de expresión democrática sería otro golpe contra todo lo correcto y decente de Europa", ha afirmado.

Mientras el pasado 31 de marzo estallaba el movimiento Nuit Debout a raíz de las reformas laborales que la Asamblea Nacional aprobará el próximo mes, activistas de todo el país convirtieron las plazas y calles en foros públicos para debatir centenares de temas candentes más allá de las leyes laborales. Entre estos temas están la democracia, los derechos sociales, la educación y el medioambiente.

Yanis Varufakis

Cristian Soler-Savini es una de los cientos de miembros de DiEM25 presentes en la Plaza de la República: "nosotros obviamente tenemos un problema de representación política. Es por eso que estamos aquí". Según ella "según nos fijamos en el actual estado de las cosas, no solo en Francia sino en toda la Unión Europea, está claro que hay una desconexión; una fractura que ha ganado visibilidad en Francia no solo por el aumento de la extrema derecha y el descontento social, sino una muy profunda que nos lleva hasta Idomeni (el campo de refugiados cercano a la frontera de Grecia con Macedonia). Nos hemos unido a DiEM25 porque creemos que la transparencia y la democracia son la base para acabar con esta fractura".

DiEM25 inició su andadura el pasado 9 de febrero en Berlín. Desde entonces, se han unido al movimiento paneuropea decenas de miles de personas de toda la UE. El pasado marzo, durante su primera asamblea en Roma, DiEM25 lanzó su campaña "¡Transparencia en Europa Ya!". El 5 de mayo, el movimiento celebrará en Viena su segunda asamblea, que se llamará "El deber de Europa con los refugiados. El deber de Europa consigo misma".




sábado, 16 de abril de 2016

Arabia Saudí amenaza con retirar 750 billones de dólares de EE.UU.

 Adel al-Yubeir

Las autoridades saudíes han amenazado con vender miles de millones de dólares de activos si el Congreso estadounidenses aprueba un proyecto de ley que desclasificaría el papel del reino árabe en los ataques de 11-S de 2001, ha recogido este sábado el diario The New York Times.

En la actualidad, los congresistas debaten la necesidad de desclasificar el último capítulo —unas 28 páginas—del informe final del Senado sobre los atentados, donde figura una red de personas vinculadas con Arabia Saudí, que ayudaron a los futuros secuestradores a llegar a EE.UU.

Como el rotativo apunta, la Administración del presidente de EE.UU., Barack Obama, ha presionado al Congreso para que bloquee la aprobación del proyecto y, además, la amenaza de Riad ha sido objeto de un intenso debate en las últimas semanas entre los legisladores y funcionarios del Departamento de Estado y el Pentágono.

El canciller de Arabia Saudí, Adel al-Yubeir, asegura la fuente, entregó personalmente el mensaje de su país durante el viaje del mes pasado a Washington, advirtiendo de la retirada de un total de 750 billones de dólares en valores del Tesoro u otros activos en EE.UU., antes de que sean inmovilizados por juzgados norteamericanos.

Aun cuando el Gobierno de Obama previene del efecto económico negativo que tendría dicha legislación para el país, los economistas estadounidenses se muestran escépticos ante la “amenaza saudí” y aseguran que una venta masiva de ese tipo sería difícil de realizar y terminaría paralizando la economía del régimen Wahabí, según el diario.

En este sentido, 15 de los 19 secuestrados participantes en los ataques contra las torres gemelas en Nueva York eran de nacionalidad saudí, las investigaciones anteriores siempre han fracasado al intentar establecer vínculos claros entre el país árabe y dichos individuos.

El último capítulo del citado informe, que es de suma importancia para esclarecer los orígenes de dichos atentados, fue clasificado por orden del expresidente estadounidense George W. Bush (2001-2009) para proteger las relaciones entre Washington y Riad.

“Sin embargo, aparecen más pruebas, además de estas 28 páginas, de que los saudíes están vinculados con los atentados del 11 de septiembre”, afirmó en su momento a la cadena estadounidense Fox News, el senador Bob Graham, uno de los responsables de la investigación del 11-S.

Fuente:  http://www.ecorepublicano.es/2016/04/arabia-saudi-amenaza-con-retirar-750.html

El que hiere de lejos




                          ..y oyó su oración Febo Apolo,
e, irritado en su pecho, bajó de las cumbres olímpicas
con el arco y la aljaba cerrada pendientes del hombro.
A la espalda del dios enojado sonaba las flechas
al andar. Y, avanzando, era como una noche sombría.
Se sentó cerca de los navíos, lanzó una saeta
y sonó el espantoso chasquido del arco de plata.
Al principio a los mulos tiró y a los ágiles perros,
pero luego a los hombres lanzó las amargas saetas,
y en las piras, sin tregua, empezaron a arder los cadávares.
....


Homero

“Las empresas nos vigilan mejor que los Estados”

Fotografía: David Fernández.
De la mano de Barack Obama, Google planea su aterrizaje en Cuba. Mark Zuckerberg pide en el Mobile World Congress de Barcelona internet “para los más pobres” y Apple se niega a dar los datos del teléfono de un presunto terrorista al Gobierno estadounidense. Las GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft), reinas de Silicon Valley, mueven ficha. Buscan mercado y fidelizar a sus clientes. En el mundo hay 4.100 millones de personas sin acceso a internet que viven desconectadas de ese Imperio de la vigilancia (Clave Intelectual, 2016) del que Ignacio Ramonet habla en su último libro.

Conversamos con este experto en geopolítica, cofundador de ATTAC y director de la edición española de Le Monde diplomatique sobre la crisis sistémica global, sus vínculos con las tensiones entre seguridad y libertad y el panóptico tecnológico en el que vivimos.

¿Qué es esto del imperio de la vigilancia?

El imperio de la vigilancia es esta especie de articulación que se ha creado entre los Estados, las grandes empresas que dominan internet y los sistemas de inteligencia. Es el resultado de la facilidad técnica que existe hoy para vigilarnos a partir del momento en que cada uno de nosotros y nosotras, en los países desarrollados, decidimos voluntariamente equiparnos con aparatos como los teléfonos móviles, los Ipad o los ordenadores. Nos hemos dotado de sistemas que le permiten a organizaciones del Estado o grandes empresas vigilarnos. Esto es lo nuevo con respecto a la vigilancia histórica. Consideramos que la existencia de estos instrumentos amplía el perímetro de nuestra libertad, pero al mismo tiempo ampliamos la superficie de nuestra vigilancia.

La vigilancia es un accidente. Paul Virilio dice que cada vez que se hace un avance tecnológico surge un accidente no previsto. Cuando se inventa la electricidad se inventa la electrocución, cuando se inventa internet se inventa la vigilancia de masas. Antes la vigilancia era un fantasma, un temor paranoico porque era imposible vigilar a todo el mundo. Hoy la vigilancia es posible.

Parece que esta vigilancia, que implica la pérdida de libertades, se ampara y legitima en un discurso sobre la seguridad. ¿Qué rol juegan los medios de comunicación avalando este paradigma securitario?

Los medios juegan un rol muy conservador con la idea de que si los Estados establecen un sistema de vigilancia es para protegernos. Es una especie de trueque. Yo te doy seguridad y tú me das tu libertad, o una parte de ella. Los medios se adhieren a eso. El problema es que si para combatir el terrorismo liquidamos el conjunto de las libertades democráticas, pagamos un precio demasiado alto y uno de los objetivos del terrorismo se consigue. Cuidado con este negocio falseado porque la seguridad total no existe, los propios gobernantes hablan constantemente de que están tomando todas las precauciones pero no pueden garantizar que no haya un atentado. En cambio, la libertad sí que se puede disminuir mediante leyes.

¿Qué riesgos tiene ese discurso?
Tiene el riesgo de que de esa manera estemos liquidando libertades fundamentales. ¿Qué diferencia hay entre una dictadura y una democracia? Que la dictadura te controla, te condiciona, te vigila sin que estés informado de ello. Pero si actualmente nos vigilan, ¿dónde está la verdadera democracia?

¿Existe un techo de cristal en este espionaje, en este control de la población? ¿Hasta dónde se pretende llegar?
El objetivo es crear lo que llamo la justicia predictiva. Existen dos obras que imaginaron sociedades distópicas, totalmente vigiladas. Una es 1984 (1949) de George Orwell y otra Minority Report (1956) de Philip K. Dick. 1984 es una sociedad completamente vigilada a través de la tecnología. Minority Report habla de un aparato que esencialmente sirve para prevenir el crimen. Se vigila a toda la población con un objetivo preciso de evitar el crimen. Se detiene a la persona por un crimen que aún no ha cometido. En Francia hay un artículo de la ley que lo permite. La intención del crimen ya es un crimen.

Hablas mucho de que el objetivo de este control es la supuesta seguridad pero también existe una parte comercial, de venta de datos a gobiernos y multinacionales.

La novedad es que ahora nos vigilan las empresas y lo hacen mejor que los propios Estados. Cuando el Estado quiere vigilarte le pide a tu proveedor telefónico la lista de tus llamadas. Es tu proveedor telefónico el que te vigila. El Estado, los gobiernos también le van a pedir a Google la lista de lo que has consultado, porque lo tiene todo. Esto es lo que explica que empresas como Google, que no venden nada, sean las más ricas del mundo, porque venden nuestros datos.

La otra cara de la moneda sería la potencialidad que tienen todas estas redes como Facebook o Twitter para promover movilizaciones.
No se trata de condenar internet, es un avance fundamental, se trata de estudiar el accidente, qué es la vigilancia y cómo reducirlo y protegerse.

Antes la vigilancia no era una realidad porque era imposible vigilar a todo el mundo. Hoy la vigilancia es posible

Esa vigilancia se incrementó mucho a partir del 11S. Ahora, la situación en Europa ha cambiado mucho. La crisis de los refugiados o la guerra en Siria necesitan nuevos marcos de interpretación. ¿Qué análisis geopolítico hace?
Estamos en un momento de transición. El periodo de estos últimos 20 años ha estado marcado a escala geopolítica por la crisis de Oriente Medio, que ahora estalla con las cuestión de Siria, y también por la hegemonía de China. En este momento, China está cambiando de modelo económico y de desarrollo, lo que tiene una repercusión muy grande. La caída del precio de las materias primas es algo nuevo en estos 20 años, que se han caracterizado por una subida incesante de las commodities y por el hecho de que muchos países del sur aprovecharon esta situación para transformarse, hasta el punto de que se pudo hablar de países emergentes, los BRICS, se creó el G20… De los emergentes ya no se habla, muchos están en crisis. En América Latina el ciclo está cambiando y en Europa los partidos consolidados han visto reducir su solidez.

Fotografía: David Fernández.
¿Cómo influye este cambio en las crisis de los distintos gobiernos de izquierdas de América Latina?
Mucha gente lee el cambio de ciclo en América Latina como si de repente la oposición tuviera argumentos, pero no los tiene. El cambio de ciclo político es consecuencia de un cambio de ciclo económico que se basaba en tres pilares. Por un lado, China tenía un crecimiento muy elevado, acompañado de una política de ser la fábrica del mundo para la exportación de productos, para lo cual tenía que importar muchísimas materias primas de América Latina, entre otros sitios.

En segundo lugar, el precio del petróleo ha caído por distintas razones muy complejas, como rivalidades entre Arabia Saudí y Estados Unidos o el fracking. En último lugar, el dólar ha subido mucho, lo cual encarece las inversiones, que ya no vienen a América Latina. Son tres parámetros que han cambiado la economía latinoamericana. Los países que antes tenían muchos recursos por el precio de las materias primas, por los inversores o por el precio del petróleo ya no pueden distribuir como lo hacían antes.

Ecuador, por ejemplo, ha tenido que reducir su presupuesto en 2.000 millones de dólares a pesar de ser un país muy bien administrado. Otro ejemplo es Bolivia, que va a tener dificultades porque el gas es muy importante en la exportación.

En 15 años muchas sociedades en Latinoamérica han cambiado. Decenas de miles de personas han salido de la pobreza y se han integrado en las clases medias por lo que el discurso del poder no puede ser el mismo. Las ambiciones de estas clases medias no son las mismas que las de las clases populares anteriores. La gente ya no se contenta con tener escuela. En Bolivia, Ecuador y Venezuela se eliminó el analfabetismo. En Venezuela se construyeron once universidades que no existían. Pero la respuesta mediante la cantidad ya no es suficiente para millones de personas que ya están acostumbradas a tener escuela. Lo que quieren es que haya una buena escuela, hospitales de calidad y transportes públicos eficaces. Muchos de estos gobiernos no han sabido contestar a estas demandas. En Venezuela se perdieron las elecciones legislativas, pero la oposición sólo ganó 300.000 votos. Quien perdió fue el chavismo, que perdió dos millones de votos. En Bolivia se ha perdido el referéndum. ¿Era necesario hacer este referéndum para alguien que está 10 años en el poder? La respuesta la ha dado la ciudadanía. No era indispensable. Has cambiado la sociedad. Ahora es más culta, está mejor cuidada, no la puedes tratar como si fuera lo contrario.


Más información:  http://www.attac.es/2016/04/16/ignacio-ramonet-las-empresas-nos-vigilan-mejor-que-los-estados/

Com'è profondo il mare


Muere el preso político saharaui en huelga de hambre Brahim Saika

El preso político saharaui Brahim Saika falleció ayer en un hospital marroquí, donde se encontraba en estado de coma debido a la huelga de hambre que mantenía desde el día de su detención, el pasado 1 de abril. Saika había denunciado haber sufrido torturas. http://www.naiz.eus/es/hemeroteca/gara/editions/2016-04-16/hemeroteca_articles/muere-el-preso-politico-saharaui-en-huelga-de-hambre-brahim-saika


viernes, 15 de abril de 2016

Las grandes corporaciones de EEUU esconden 1,4 billones en paraísos fiscales, según Oxfam

Apple, General Electric y Microsoft se encuentran entre los primeros puestos de la lista elaborada por la organización

EE.UU. continuará batallando con Apple para acceder a un iPhone en Nueva York
Apple es una de las empresas que se encuentran a la cabeza del ranking de corporaciones que desvían fondos a paraísos fiscales. EFE
 Un informe de Oxfam denuncia que grandes empresas estadounidenses como Apple, Walmart y General Electric, han desviado 1,4 billones de dólares hacia filiales situadas en paraísos fiscales, a pesar de que reciben billones de dólares del contribuyente.

Oxfam señala que esta cantidad, que supera el rendimiento económico de Rusia, Corea del Sur y España, se oculta a través de una red opaca y hermética de 1.608 sociedades filiales con sede en otros países. La organización benéfica ha publicado el informe sobre la realidad financiera de las 50 mayores corporaciones de Estados Unidos coincidiendo con la filtración de Los papeles de Panamá, que ha generado un intenso debate en torno a los paraísos fiscales.

El informe ilustra que se cometen abusos masivos y sistemáticos del régimen fiscal mundial. El gigante tecnológico Apple, la segunda mayor corporación del mundo, ocupa el primer lugar en la lista que Oxfam ha elaborado de empresas con dinero offshore o "deslocalizado", con unos 181.000 millones de dólares canalizados a través de tres filiales con sede en el extranjero. 

General Electric, con sede en Boston y que según Oxfam recibió 28.000 millones de dólares del contribuyente, ocupa el segundo puesto de la lista, con 119.000 millones de dólares depositados en 118 filiales con sede en paraísos fiscales. 

El gigante informático Microsoft se sitúa en tercer lugar, con unos 108.000 millones de dólares. Otras multinacionales que se encuentran entre los diez primeros puestos de la lista son el gigante farmacéutico Pfizer, la sociedad matriz de Google, Alphabet, y Exxon Mobil, la mayor petrolera mundial que no pertenece a un Estado productor de petróleo. 

Oxfam compara la suma de 1,4 billones de dólares desviada hacia filiales offshore con los impuestos pagados por las 50 mayores corporaciones de Estados Unidos entre 2008 y 2014, que ascienden a 1 billón de dólares. También señala que en el mismo periodo, estas compañías se beneficiaron, en conjunto, de préstamos federales, rescates y garantías crediticias por valor de 11,2 billones de dólares.



"Abuso masivo y sistemático"
Al ocultar parte de los beneficios a través de filiales en paraísos fiscales, estas empresas estadounidenses no pagaron el tipo impositivo real aplicable a unos beneficios de 4 billones de dólares (35%) sino que la tasa efectiva de impuestos fue del 26,5%.

La organización indica que estas multinacionales se han gastado miles de millones de dólares en presionar al gobierno de Estados Unidos y obtener más préstamos fiscales, rescates y garantías crediticias pagadas con el dinero del contribuyente. Entre 2008 y 2014, las 50 mayores corporaciones de Estados Unidos destinaron 2.600 millones de dólares a esta labor de presión. 

"Por cada dólar gastado en cabildeo, estas compañías recibieron en su conjunto exenciones fiscales por un valor de 130 dólares y préstamos federales, rescates y garantías crediticias por un valor de 4.000 dólares", indica Oxfam. 

Robbie Silverman, asesor fiscal de Oxfam, señala que "una vez más tenemos constancia del abuso masivo y sistemático del régimen fiscal mundial. Los ricos y poderosos no cumplen con sus obligaciones fiscales y los demás tenemos que pagar la factura, y esto no puede seguir así. Es necesario que los gobiernos lleguen a un consenso para terminar con los paraísos fiscales".

Oxfam calcula que la evasión de impuestos de las grandes compañías estadounidenses tiene un coste para la mayor economía del mundo de unos 111.000 millones anuales. La evasión de impuestos también incrementa la brecha mundial entre ricos y pobres ya que para los países en vías de desarrollo supone una merma de 100.000 millones de dólares. 

"La evasión de impuestos por parte de las corporaciones empeora la peligrosa desigualdad que está socavando nuestro tejido social y bloqueando el crecimiento económico", afirma el informe. Oxfam también menciona a los territorios británicos de ultramar, como las Bermudas, por su popularidad entre las empresas estadounidenses que quieren "transferir beneficios" y pagar menos impuestos.

La organización señala que en 2012 las filiales de estas compañías en las Bermudas declararon unos beneficios de 80.000 millones de dólares, una cifra que supera la suma de los beneficios obtenidos por Japón, China, Alemania y Francia, cuatro de las cinco mayores economías del planeta.

Oxfam pide a Estados Unidos que apruebe una ley que pondría fin a los abusos que se realizan en los paraísos fiscales (Stop Tax Haven Abuse Act), y que obligaría a las compañías a una contribución fiscal en cada país. De hecho, muchas organizaciones no gubernamentales y benéficas recomiendan la información desglosada por países ya que consideran que así se podría impedir que las compañías reduzcan artificialmente la base imponible en los países más pobres.