martes, 16 de febrero de 2021

Apilando leña

El escritor Joan Margarit.
El escritor Joan Margarit. JOSÉ AYMÁ

El hombre suele recoger del bosque

troncos caídos con la tempestad.

Va apilando la leña tras la casa.

De cada uno sabe

qué lo hizo caer, dónde lo recogió.

En las noches más frías, contemplando las llamas,

va quemando los restos de lo que ama.

Joan Margarit

jueves, 11 de febrero de 2021

Niñas y ciencia. Hagamos que lo vean

EMettes es una asociación creada en el 2014 que trabaja, sobre todo en Gran Bretaña e Irlanda,  para inspirar y alentar a las jóvenes a estudiar carreras científicas (ciencia, tecnología, ingenierías y matemáticas) conocidas como STEM.

Las STEMettes, que obviamente se inspiran para su nombre en las Sufragettes, las mujeres que lucharon por conseguir el voto femenino a principios del siglo XX, desarrollan distintas acciones para acercar la ciencia a las jóvenes y en su web tienen iniciativas pensadas para niñas y jóvenes desde los cinco años.

Una de las confundadoras, Jacquelyn Guderley, publicó recientemente un artículo titulado Girls in STEM: Smashing the stereotypes con una serie de consejos e indicaciones para padres, profesores, colegios y sociedad en general para fomentar la diversidad de vocaciones entre las niñas y, sobre todo, para terminar con los estereotipos que las niñas encuentran al crecer y que les restan confianza y seguridad a la hora de elegir una determinada carrera profesional.

1. Abrir puertas

No puedes ser ni pensar en llegar a ser lo que no ves, lo que no sabes qué existe, por eso hay que dar oportunidades a todos para conocer todas las opciones que están a su alcance.

2. Ir más allá de las etiquetas

Cuando en la radio, en la prensa, en los colegios, en las charlas, en cualquier sitio decimos “los niños que vienen de familias con bajo nivel de renta no acceden a la universidad” o “las niñas estudian menos carreras científicas o se rinden antes”, estamos constatando un hecho pero, a la vez, otorgamos etiquetas a esos niños y jóvenes que piensan en sí mismos con esas etiquetas. Ellos mismos se etiquetan a partir de la realidad que la sociedad les cuenta.

3. Empleos para las niñas

Es muy importante que las niñas y las jóvenes entiendan que los empleos científicos no son algo exclusivo de los hombres. Las niñas adquieren desde muy pequeñas la idea de que los científicos son hombres, la tecnología es para los chicos y los grandes empleos en investigación están ocupados siempre por hombres. Además, existe también la idea de que la ciencia es para ricos. Los jóvenes necesitan saber que los trabajos científicos están ocupados por gente como ellos, como sus padres, su vecino o la mujer con la que se cruzan todos los días en el autobús.

4. Acabar con los estereotipos

La confianza en uno mismo es algo que hay que trabajar. Podemos otorgar confianza en sí mismas a las niñas desde el primer momento, podemos incluso cambiar la idea que tienen sobre ellas mismas para inspirarlas confianza a la hora de elegir estudiar ciencias. No digamos “las niñas no quieren/no estudian ciencias”, animemos a todas a que exploren sus opciones.

Anne-Marie Imafidon y Jacquelyn Guderley, cofundadoras de STEMettes.

5. Recordar a las pioneras y a las mujeres que trabajan en ciencia actualmente

La presencia de las mujeres en la ciencia ha sido siempre constante, con grandes figuras a las que la humanidad debe importantes avances. El problema no es que no haya habido mujeres, el problema es la visibilidad que esas mujeres han tenido y tienen ahora mismo en el sistema educativo. Lo mismo ocurre con la presencia de mujeres científicas en activo. Estamos hartos de ver como a la hora de recabar la información de un especialista, la mayor parte de las veces se recurre a un hombre, invisibilizando el trabajo femenino en ciencia.

Presentar, mostrar, explicar a todas las mujeres científicas de la historia en los colegios es una manera de hacer sentir a las niñas que la ciencia es también cosa de mujeres, es también para ellas.

6. Encontrar algo que las inspire

Buscar, probar y encontrar el motivo que las inspire. Esto es un trabajo largo y complicado, no a todas las niñas les inspira lo mismo y, además, la motivación puede llegar por cualquier cosa. No hay que cerrarse a nuevos canales para llegar a conocer algo motivador: la tele, las redes, un cómic, un programa de televisión, una canción, cualquier cosa puede servir para enganchar a nuestras niñas y jóvenes con la ciencia.

7. Opciones para las niñas

No hay trabajos para hombres ni trabajos para mujeres pero eso no quiere decir que ahora debamos empeñarnos en que todas las niñas piensen en la ciencia como la opción “adecuada”. Hay otras miles de opciones laborales y de estudio a las que dedicarse y todas son igualmente válidas. Se trata de que las niñas tengan la misma amplitud de posibilidades que los niños tanto en sus cabezas como en la realidad.

8. Buscar la oportunidad

Tenemos que pensar en la manera de abrir la puerta de la ciencia a las niñas, mostrarles el camino que otras mujeres ya han abierto a lo largo de la historia y que está ahí para ellas si quieren.

No debemos olvidar que las niñas, muchas veces, no estudian ciencias o se dedican a la tecnología no porque no quieran sino porque no saben qué pueden hacerlo, eso es lo que tenemos que cambiar.

Como dice Jacquelyn Guderley «cuando lo vean, podrán ser lo que quieran».

Hagamos que lo vean.

Fuente: https://mujeresconciencia.com/2017/04/06/ninas-ciencia-hagamos-lo-vean/

martes, 9 de febrero de 2021

El Monte Testaccio

 

Las ánforas no podían reutilizarse porque el aceite se filtraba en el material de la vasija y se volvía rancio

   Una pequeña colina en la margen del río Tíber en Roma, es conocida hoy con el nombre de monte Testaccio ("monte de las Ánforas Rotas"), y evoca mejor que cualquier otra cosa la escala del comercio de alimentos básicos que mantenía con vida al millón de personas que vivían en la ciudad, y la red de servicios de transporte, envío, almacenamiento y venta al por menor requeridos para mantenerlo operativo. A pesar de su aspecto, no es en absoluto una colina natural, sino los restos de un vertedero de basura hecho por el hombre, fragmentos rotos de 53 millones de recipientes de aceite de oliva, ánforas de cerámica con una capacidad de unos 60 litros cada una. Casi todos habían sido importados desde el sur de Hispania a lo largo de cien años aproximadamente, desde mediados del siglo II d.C. hasta mediados del siglo III d. C., y fueron desechados de inmediato después de decantar el aceite. Era parte de un enorme comercio de exportación que transformó la economía de aquella zona de Hispania en un monocultivo agrícola que entregaba a la ciudad de Roma parte de lo que esta necesitaba para sobrevivir. Según un cálculo aproximado, aquel requisito básico ascendía a 20 millones de litros de aceite de oliva por año, empleados para iluminar, limpiar además de cocinar...

SPQR
UNA HISTORIA DE LA ANTIGUA ROMA
Mary Beard

El Monte Testaccio es una de las colinas, y vertedero de basura, más sorprendentes del mundo.


Cómo se genera un consumidor, por Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman (Poznan, 1925 – Leeds, 2017)1​2​ fue un eminente sociólogo, filósofo y ensayista polaco-británico de origen judío. Su obra se ha ocupado de cuestiones como las clases sociales, el socialismo, el Holocausto, la hermenéutica, la modernidad y la posmodernidad, el consumismo, la globalización y la nueva pobreza.

Zygmunt Bauman fotografiado en su casa de Londres en abril de 2013. IONE SAIZAR
En años recientes, representantes de todo el espectro político hablaban al unísono, con añoranza y deseo, de una «recuperación dirigida por los consumidores». Se ha culpado con frecuencia a la caída de la producción, a la ausencia de pedidos y a la lentitud del comercio minorista por la falta de interés o de confianza del consumidor (lo que equivale a decir que el deseo de comprar a crédito es lo bastante fuerte como para superar el temor a la insolvencia). La esperanza de disipar esos problemas y de que las cosas se reanimen se basa en que los consumidores vuelvan a cumplir con su deber: que otra vez quieran comprar, comprar mucho y comprar más. Se piensa que el «crecimiento económico», la medida moderna de que las cosas están en orden y siguen su curso, el mayor índice de que una sociedad funciona como es debido, depende, en una sociedad de consumidores, no tanto de la «fuerza productiva del país» (una fuerza de trabajo saludable y abundante, con cofres repletos e iniciativas audaces por parte de los poseedores y administradores del capital) como del fervor y el vigor de sus consumidores. El papel —en otros tiempos a cargo del trabajo— de vincular las motivaciones individuales, la integración social y la reproducción de todo el sistema productivo corresponde en la actualidad a la iniciativa del consumidor.

Habiendo dejado atrás la «premodernidad» —los mecanismos tradicionales de ubicación social por mecanismos de adscripción, que condenaban a hombres y mujeres a «apegarse a su clase», a vivir según los estándares (pero no por encima de ellos) fijados para la «categoría social» en que habían nacido—, la modernidad cargó sobre el individuo la tarea de su «autoconstrucción»: elaborar la propia identidad social, si no desde cero, al menos desde sus cimientos. La responsabilidad del individuo —antes limitada a respetar las fronteras entre ser un noble, un comerciante, un soldado mercenario, un artesano, un campesino arrendatario o un peón rural— se ampliaba hasta llegar a la elección misma de una posición social, y el derecho de que esa posición fuera reconocida y aprobada por la sociedad.

Inicialmente, el trabajo apareció como la principal herramienta para encarar la construcción del propio destino. La identificación social buscada —y alcanzada con esfuerzo— tuvo como determinantes principales la capacidad para el trabajo, el lugar que se ocupara en el proceso social de la producción y el proyecto elaborado a partir de lo anterior. Una vez elegida, la identidad social podía construirse de una vez y para siempre, para toda la vida, y, al menos en principio, también debían definirse la vocación, el puesto de trabajo, las tareas para toda una vida. La construcción de la identidad habría de ser regular y coherente, pasando por etapas claramente definidas, y también debía serlo la carrera laboral. No debe sorprender la insistencia en esta metáfora —la idea de una «construcción»— para expresar la naturaleza del trabajo exigido por la autoidentificación personal. El curso de la carrera laboral, y la construcción de una identidad personal a lo largo de toda la vida, llegan así a complementarse.

Sin embargo, la elección de una carrera laboral —regular, durable y continua—, coherente y bien estructurada, ya no está abierta para todos. Sólo en casos muy contados se puede definir (y menos aún, garantizar) una identidad permanente en función del trabajo desempeñado. Hoy, los empleos permanentes, seguros y garantizados son la excepción. Los oficios de antaño, «de por vida», hasta hereditarios, quedaron confinados a unas pocas industrias y profesiones antiguas y están en rápida disminución. Los nuevos puestos de trabajo suelen ser contratos temporales, «hasta nuevo aviso» o en horarios de tiempo parcial [part-time]. Se suelen combinar con otras ocupaciones y no garantizan la continuidad, menos aún, la permanencia. El nuevo lema es flexibilidad, y esta noción cada vez más generalizada implica un juego de contratos y despidos con muy pocas reglas pero con el poder de cambiarlas unilateralmente mientras la misma partida se está jugando.

Nada perdurable puede levantarse sobre esta arena movediza. En pocas palabras: la perspectiva de construir, sobre la base del trabajo, una identidad para toda la vida ya quedó enterrada definitivamente para la inmensa mayoría de la gente (salvo, al menos por ahora, para los profesionales de áreas muy especializadas y privilegiadas).

Este cambio trascendental, sin embargo, no fue vivido como un gran terremoto o una amenaza existencial. Es que la preocupación sobre las identidades también se modificó: las antiguas carreras resultaron totalmente inadecuadas para las tareas e inquietudes que llevaron a nuevas búsquedas de identidad. En un mundo donde, según el conciso y contundente aforismo de George Steiner, todo producto cultural es concebido para producir «un impacto máximo y caer en desuso de inmediato», la construcción de la identidad personal a lo largo de toda una vida y, por añadidura, planificada a priori, trae como consecuencia problemas muy serios. Como afirma Ricardo Petrella: las actuales tendencias en el mundo dirigen «las economías hacia la producción de lo efímero y volátil —a través de la masiva reducción de la vida útil de productos y servicios—, y hacia lo precario (empleos temporales, flexibles y parttime )».

Sea cual fuere la identidad que se busque y desee, esta deberá tener —en concordancia con el mercado laboral de nuestros días— el don de la flexibilidad. Es preciso que esa identidad pueda ser cambiada a corto plazo, sin previo aviso, y esté regida por el principio de mantener abiertas todas las opciones; al menos, la mayor cantidad de opciones posibles. El futuro nos depara cada día más sorpresas; por lo tanto, proceder de otro modo equivale a privarse de mucho, a excluirse de beneficios todavía desconocidos que, aunque vagamente vislumbrados, puedan llegar a brindarnos las vueltas del destino y las siempre novedosas e inesperadas ofertas de la vida.

Las modas culturales irrumpen explosivamente en la feria de las vanidades; también se vuelven obsoletas y anticuadas en menos tiempo del que les lleva ganar la atención del público. Conviene que cada nueva identidad sea temporaria; es preciso asumirla con ligereza y echarla al olvido ni bien se abrace otra nueva, más brillante o simplemente no probada todavía.

Sería más adecuado por eso hablar de identidades en plural: a lo largo de la vida, muchas de ellas quedarán abandonadas y olvidadas. Es posible que cada nueva identidad permanezca incompleta y condicionada; la dificultad está en cómo evitar su anquilosamiento. Tal vez el término «identidad» haya dejado de ser útil, ya que oculta más de lo que revela sobre esta experiencia de vida cada vez más frecuente: las preocupaciones sobre la posición social se relacionan con el temor a que esa identidad adquirida, demasiado rígida, resulte inmodificable. La aspiración a alcanzar una identidad y el horror que produce la satisfacción de ese deseo, la mezcla de atracción y repulsión que la idea de identidad evoca, se combinan para producir un compuesto de ambivalencia y confusión que —esto sí— resulta extrañamente perdurable.

Las inquietudes de este tipo encuentran su respuesta en el volátil, ingenioso y siempre variable mercado de bienes de consumo. Por definición, jamás se espera que estos bienes —hayan sido concebidos para consumo momentáneo o perdurable— duren siempre; ya no hay similitud con «carreras para toda la vida» o «trabajos de por vida». Se supone que los bienes de consumo serán usados para desaparecer muy pronto; temporario y transitorio son adjetivos inherentes a todo objeto de consumo; estos bienes parecerían llevar siempre grabado, aunque con una tinta invisible, el lema memento mori [recuerda que has de morir].

Parece haber una armonía predeterminada, una resonancia especial entre esas cualidades de los bienes de consumo y la ambivalencia típica de esta sociedad posmoderna frente al problema de la identidad. Las identidades, como los bienes de consumo, deben pertenecer a alguien; pero sólo para ser consumidas y desaparecer nuevamente. Como los bienes de consumo, las identidades no deben cerrar el camino hacia otras identidades nuevas y mejores, impidiendo la capacidad de absorberlas. Siendo este el requisito, no tiene sentido buscarlas en otra parte que no sea el mercado. Las «identidades compuestas», elaboradas sin demasiada precisión a partir de las muestras disponibles, poco duraderas y reemplazables que se venden en el mercado, parecen ser exactamente lo que hace falta para enfrentar los desafíos de la vida contemporánea.

Si en esto se gasta la energía liberada por los problemas de identidad, no hacen falta mecanismos sociales especializados para la «regulación normativa» o el «mantenimiento de pautas»; tampoco parecen deseables. Los antiguos métodos panópticos para el control social perturbarían las funciones del consumidor y resultarían desastrosos en una sociedad organizada sobre el deseo y la elección. Pero ¿les iría mejor a otros métodos novedosos de regulación normativa? La idea misma de una regulación, ¿no es, al menos en escala mundial, cosa del pasado? A pesar de haber resultado esencial para «poner a trabajar a la gente» en una comunidad de trabajadores, ¿no perdió ya su razón de ser en nuestra sociedad de consumo? El propósito de una norma es usar el libre albedrío para limitar o eliminar la libertad de elección, cerrando o dejando afuera todas las posibilidades menos una: la ordenada por la norma. Pero el efecto colateral producido por la supresión de la elección —y, en especial, de la elección más repudiable desde el punto de vista de la regulación normativa: una elección, volátil, caprichosa y fácilmente modificable— equivaldría a matar al consumidor que hay en todo ser humano. Sería el desastre más terrible que podría ocurrirle a esta sociedad basada en el mercado.

La regulación normativa es, entonces, «disfuncional»; por lo tanto, inconveniente para la perpetuación, el buen funcionamiento y el desarrollo del mercado de consumo; también es rechazada por la gente. Confluyen aquí los intereses de los consumidores con los de los operadores del mercado. Aquí se hace realidad el viejo eslogan: «Lo que es bueno para General Motors, es bueno para los Estados Unidos» (siempre que por «los Estados Unidos» no se entienda otra cosa que la suma de sus ciudadanos). El «espíritu del consumidor», lo mismo que las empresas comerciales que prosperan a su costa, se rebela contra la regulación. A una sociedad de consumo le molesta cualquier restricción legal impuesta a la libertad de elección, le perturba la puesta fuera de la ley de los posibles objetos de consumo, y expresa ese desagrado con su amplio apoyo a la gran mayoría de las medidas «desreguladoras».

Una molestia similar se manifiesta en el hasta ahora desconocido apoyo — aparecido en los Estados Unidos y muchos otros países— a la reducción de los servicios sociales (la provisión de urgentes necesidades humanas hasta ahora administrada y garantizada por el Estado), a condición de que esa reducción vaya acompañada por una disminución en los impuestos. El eslogan «más dinero en los bolsillos del contribuyente» —tan difundido de un extremo al otro del espectro político, al punto de que ya no se lo objeta seriamente— se refiere al derecho del consumidor a ejercer su elección, un derecho ya internalizado y transformado en vocación de vida. La promesa de contar con más dinero una vez pagados los impuestos atrae al electorado, y no tanto porque le permita un mayor consumo, sino porque amplía sus posibilidades de elección, porque aumenta los placeres de comprar y de elegir. Se piensa que esa promesa de mayor capacidad de elección tiene, precisamente, un asombroso poder de seducción.

En la práctica, lo que importa es el medio, no el fin. La vocación del consumidor se satisface ofreciéndole más para elegir, sin que esto signifique necesariamente más consumo. Adoptar la actitud del consumidor es, ante todo, decidirse por la libertad de elegir; consumir más queda en un segundo plano, y ni siquiera resulta indispensable.

  Texto de Bauman, publicado por primera vez en su libro Work, consumerism and the new poor en el año 1998.

Fuente_ https://culturainquieta.com/es/pensamiento/item/17791-como-se-genera-un-consumidor-por-zygmunt-bauman.html

lunes, 8 de febrero de 2021

Rusia y China utilizan sus vacunas para extender su influencia ante el sálvese quien pueda occidental

TOPSHOT - Therezinha da Conceicao, 80, and Dulcineia da Silva, 59, show their vaccination cards after they were inoculated with the Sinovac Biotech's CoronaVac vaccine against COVID-19 coronavirus next to Rio de Janeiro's interim Governor Claudio Castro (L) and Rio de Janeiro's Mayor Eduardo Paes (4-R), at the Christ The Redeemer statue, on the Corcovado mountain in Rio de Janeiro, Brazil on January 18, 2021. (Photo by MAURO PIMENTEL / MAURO PIMENTEL / AFP)

Therezinha da Conceicao, de 80 años, y Dulcineia da Silva, de 59, tras recibir la vacuna china Sinovac junto al Cristo Redentor de Río de Janeiro MAURO PIMENTEL / AFP

 Si Gengis Kan, Alejandro Magno o Napoleón Bonaparte levantaran la cabeza, no lo creerían: en el siglo XXI, el instrumento de dominación del mundo es una aguja. La vacuna, única estrategia de salida a la pesadilla vírica, se ha convertido en el recurso más codiciado. Quien la controla luce la corona más deslumbrante, cabalga a lomos del caballo más veloz. No sólo posee el remedio para levantar su economía mientras los adversarios siguen postrados, también tiene el poder para decidir a quién se lo vende o regala.

Si los conquistadores de la antigüedad levantaran la cabeza, verían hoy unas naciones occidentales devastadas por un virus y enzarzadas en un sálvese quien pueda, cuando no directamente en batallas fratricidas, para asegurarse las dosis necesarias para sus propios ciudadanos-votantes. Mientras, las vacunas de China y Rusia emergen como la tabla de salvación para muchos países que, o bien no pueden permitirse las occidentales o, aunque pudiesen, tendrían que esperar meses para acceder a ellas.

Hace tiempo que quedó claro que la carrera por la vacuna iba a ser un pulso político entre las potencias que se disputan la hegemonía mundial. El 11 de agosto, Vladímir Putin anunció que había aprobado la primera vacuna contra la covid del mundo, la Sputnik V, desarrollada por el estatal Instituto Gamaleya. El nombre es toda una declaración de intenciones. Alude a una de las grandes victorias rusas de la guerra fría, cuando en 1957 la URSS puso en órbita el primer satélite, adelantándose a EE.UU. 

Sputnik V

Rusia nombró a su vacuna por el satélite que en 1957 logró lanzar antes que EE.UU.

Putin registró la Sputnik V cuando sólo se había completado la fase 2 de los ensayos clínicos. Había urgencia. Urgencia por atajar el virus, pero también por anotarse la victoria frente a sus adversarios.

Tampoco China esperó a la fase 3 para dar luz verde a dos vacunas –la del laboratorio estatal Sinopharm y la de Sinovac, privado– y arrancar la campaña de inmunización. Xi Jinping anunció que la vacuna china sería “un bien global”, prometió una ayuda de 2.000 millones de dólares para África y un préstamo de 1.000 a América Latina para comprar vacunas.

Desde entonces, rusos y chinos han cerrado contratos bilaterales en todos los continentes (ver gráfico). La lista de elegidos es significativa. Gamaleya ha firmado con gobiernos amigos como Bielorrusia, Irán, Venezuela, Argelia, Serbia o Hungría, y con las regiones rebeldes ucranianas de Lugansk y Donetsk (ser prorruso tiene premio). Los chinos, con Indonesia, Filipinas, Emiratos, Bahréin, Egipto, Perú, Brasil y México.

Infografía LV
Infografía LV

Si para las farmacéuticas occidentales, empresas privadas aunque hayan recibido enormes inyecciones de dinero público, la vacuna es un negocio –Pfizer espera facturar 15.000 millones de dólares sólo en el 2021–, para rusos y chinos el interés geopolítico pasa por encima del comercial, lo que les permite ofrecer mejores precios, incluso regalarla. “Para China, forma parte de su estrategia de soft power . Hace años que ejercen este papel en África, donde han construido mucha infraestructura sanitaria, y también alguna en Oriente Medio o en el Caribe”, señala Marcela Vieira, del Centro de Sanidad Global del Graduate Institute de Ginebra.

La vacunas rusa y chinas pueden ser almacenadas en un refrigerador normal, como la de AstraZeneca (anglosueca), a diferencia de los -70ºC que requiere la de Pfizer o los -20ºC de Moderna, algo “crucial para sistemas sanitarios menos capacitados”, señala Vieira. Y son más baratas, pero el precio no ha sido determinante para que estos países hayan recurrido a Pekín y Moscú, cree la investigadora. “Aunque tengan el dinero, las farmacéuticas occidentales ya han reservado sus dosis para los países más ricos, así que los otros han tenido que coger lo que quedaba disponible”, dice. Vieira, que es brasileña y experta en el acceso (siempre desigual) a las medicinas, celebra como algo positivo que se reduzca la dependencia de estos países de las farmacéuticas occidentales, cuyas prácticas distan mucho de ser intachables.

Pero lo que es una buena noticia sanitaria –más oferta de vacunas, más gente protegida– en términos políticos es preocupante, al menos desde el punto de vista de los defensores de la democracia, advierte David Fidler, experto en Salud Global del think tank estadounidense Council on Foreign Relations.

Las dos caras

Que haya más vacunas disponibles es bueno; que regímenes autoritarios ganen influencia es preocupante

El escenario es un reflejo del vuelco que se ha producido en el equilibrio de poderes mundial y que la pandemia ha acelerado, opina el analista: “Se ha acabado la era dorada en que las potencias occidentales eran los líderes indiscutibles de la sanidad global, pero también en que las democracias estaban en auge frente a unos regímenes autoritarios en retroceso y a la defensiva. Ahora es al revés”, sentencia Fidler, que compara la falta de liderazgo de los países occidentales frente a la covid con el papel determinante que ejercieron en la epidemia del ébola del 2014 en el oeste de África.

“Basta con mirar el espectáculo que están dando EE.UU., Reino Unido y la UE, y no sólo tiene que ver con su mala gestión de la pandemia. EE.UU. acaba de sufrir un intento de insurrección, ahí está el Reino Unido con su brexitmanía y luego tienes a la UE, patas arriba, luchando por su acceso egoísta a la vacuna. ¡Olvídate del mundo en desarrollo, esto es una lucha entre democracias ricas por el acceso a un recurso escaso! Es bochornoso”, dice Fidler.

Desaparecidos

La falta de liderazgo de los países occidentales contrasta con el papel clave que ejercieron con el ébola del 2014

Es la incomparecencia occidental lo que está permitiendo que Rusia y China utilicen sus vacunas para hacer avanzar sus intereses y su influencia, considera el analista estadounidense. “No creo que los países se hagan ilusiones con Rusia o China. Saben que habrá contrapartidas, seguramente preferirían hacer tratos con los europeos. Pero si soy un gobernante y veo todo esto, me doy cuenta de que tengo que tener al teléfono a Moscú y Pekín, porque lo que necesito es que alguien me garantice el acceso a una vacuna efectiva ya. Chinos y rusos pueden vender su vacuna o regalarla. Pueden hacer lo que quieran porque ni Estados Unidos está ahí, ni el Reino unido, ni Europa”.

Puede que pasen a la historia no sólo como los salvadores de Asia, Latinoamérica, África o Oriente Medio. También los europeos tocan hoy a su puerta. Hasta ahora sólo la díscola Hungría de Viktor Orbán había roto filas con la política de adquisición conjunta de la UE para comprar por su cuenta a Moscú y Pekín. Pero los problemas de suministro de Pfizer y Astrazeneca han desbaratado los planes de inmunización europeos, agudizado la sensación de fracaso y obligado a los gobiernos a buscar alternativas.

Esta semana Rusia se ha anotado una gran victoria: la publicación en la prestigiosa revista científica The Lancet de los resultados del ensayo clínico de la Sputnik que, con una eficacia del 91,6%, ha despejado las dudas sobre su seguridad (Rusia siempre había dicho que eran infundadas) y abierto la puerta a su pronta autorización en Europa. Tanto Alemania como Francia han dicho que comprarán y también contemplan las vacunas chinas si se autorizan. “No es una decisión política, es una decisión científica”, declaró Emmanuel Macron, mientras Berlín anunciaba que el laboratorio alemán IDT ya está en contacto con el Instituto Gamaleya.

La sartén por el mango

Rusia ha endurecido el tono con la UE por Navalni: sabe que necesita su Sputnik

Fidler no tiene dudas: “Es malo. Muy malo”, dice. “Entiendo que tiene sentido desde el punto de vista sanitario. Pero la otra cara de la moneda es que cuando Merkel dice ‘bienvenida Sputnik’ está dando credibilidad a la Rusia de Vladímir Putin, la que acaba de encarcelar a su principal disidente. O a la China que oprime a los uigures y aplasta la democracia en Hong Kong”.

El momento no podía ser más propicio para Putin. Se sentará a negociar los plazos y condiciones de entrega de su vacuna con los europeos justo cuando estos tienen encima de la mesa la posibilidad de imponer nuevas sanciones contra el Kremlin por el reciente encarcelamiento de Alexéi Navalni. Que Rusia se siente fuerte quedó en evidencia este viernes con la visita de Josep Borrell a Moscú. El jefe de la diplomacia europea vio como le sacaban el tema de los presos independentistas catalanes y anunciaban en sus morros la expulsión de diplomáticos suecos, polacos y alemanes por manifestarse a favor de Navalni.

Si Napoleón, Gengis Kan o Alejandro Magno levantasen la cabeza, lo primero que harían sería poner sus científicos a trabajar.

Fuente: https://www.lavanguardia.com/internacional/20210207/6228356/rusia-china-vacunas-influencia.html

viernes, 5 de febrero de 2021

“Hemos pagado cuatro veces el valor de la vacuna. Las patentes deben retirarse, es una pandemia”


Marc Botenga / Eurodiputado belga. Grupo de la Izquierda en el Parlamento Europeo – GUE/NGL

Marc Botenga (Bruselas, 1980) es una rara avis dentro del Parlamento Europeo. Joven, paciente, enérgico, de atenta escucha y carcajada honesta, rezuma una gran solidez ideológica y formativa. Alejado de la política vacía del opinion maker cree firmemente en lo que dice. De un gran rigor profesional destaca por ser una de las voces más comprometidas en la lucha por los derechos laborales, sociales y sanitarios. Experto en derecho, encabezó la lista por el Parti du Travail de Belgique (Bélgica) en 2019. Las preguntas que ha elevado a la Comisión Europea son siempre incisivas. Sus intervenciones en las sesiones plenarias no dejan nunca indiferente. No se rinde y tampoco da margen a la escapatoria fácil de la realpolitik

Su nombre ha saltado a los medios de comunicación internacionales por haber sido el primer eurodiputado en acceder a la consulta “censurada” de uno de los seis acuerdos de compra anticipada de vacunas anti-covid-19 por parte de la Comisión Europea. En esta entrevista, que resume una hora de conversación, ofrece una reflexión pausada y honesta dentro de la vorágine pandémica que nos circunda.

Usted hizo público que solo dispuso de 50 minutos para consultar el contrato firmado con la farmacéutica alemana CureVac bajo estricta vigilancia y permitiéndole acompañarse exclusivamente de un bloc de notas y un lápiz. Parece casi la secuencia de un film de espionaje en plena guerra fría. Sin embargo los contratos tratan de vacunas, de un bien público destinado a garantizar el derecho fundamental a la salud. Y esto me lleva a preguntarle: ¿La covid-19 está alterando el derecho de acceso a la información pública o es un caso aislado? ¿Existe transparencia en la Unión Europea (UE)?

No. Esta es una transparencia ficticia, esto es, sujeta a filtros. Y, por tanto, que no está a la altura de lo que cabría esperar cuando se utilizan fondos públicos para financiar algo que es de vital importancia para el mundo entero. Así que ciertamente, no, esto no es transparencia. De hecho, la expresión que utilicé en el pleno parlamentario es que la Comisión Europea (CE) ha privatizado la transparencia.

¿En qué sentido? 

Dejó que la industria farmacéutica decidiera qué mostrarnos y qué no. En ese sentido, ha sido menos transparente que las autoridades estadounidenses, mucho más abiertas al publicitar el contrato y la totalidad de sus cláusulas. Con posterioridad a la sesión plenaria, la Comisión decidió publicar una versión censurada del contrato de CureVac en su web. Se puede decir que ganamos esa pequeña batalla. Es una victoria importante. Es evidente que estamos aún muy lejos de donde debemos estar. Estoy a favor de la transparencia total, es decir, de un control independiente sobre las vacunas, sobre la administración... Eso lo tengo muy claro.

El presidente de la Comisión de Salud, Pascal Canfin, definió la falta de transparencia en lo que respecta al precio, rapidez de distribución y cláusulas de indemnización de las vacunas ante daños inesperados como una ‘orgía de omisiones.’ Parece que hay preguntas aún sin respuesta. ¿Es así?

Creo que todo lo que refiere Pascal Canfin es cierto. La ausencia de transparencia es claramente un problema. La CE se esconde tras el secreto comercial. Lo que me parece improcedente e injusto: ¿por qué no se debería revelar el secreto comercial en Europa? Quiero decir, lo que es público en Estados Unidos tiene que ser público en Europa. Pero pienso que tampoco deberíamos subestimar aquello que sí sabemos de estos acuerdos. En este punto difiero un poco de Pascal Canfin. En mi opinión, ciertas cosas las conocemos y son inquietantes. Sabemos, por ejemplo, que la propiedad intelectual, la patente, permanece al 100% en manos de la industria.

¿Y eso qué implica? 

Esto implica que, si bien los fondos públicos han financiado la investigación, el desarrollo, la capacidad productiva…, la propiedad final de la vacuna sigue siendo de la empresa. Esto se traduce, a fin de cuentas, en que es la empresa la que decide la cantidad de vacunas que se puede producir y el precio de venta. Ahora estamos viendo las consecuencias del problema. En muchos Estados miembros, Pfizer realmente ha decidido limitar el número de dosis, es decir los viales de vacuna, que se van a distribuir. En el caso específico de Italia hemos constatado que hace dos semanas recibieron aproximadamente unas 160.000 dosis menos de lo acordado. La UE ha conferido el monopolio a las empresas farmacéuticas. Lo mismo sucede a nivel internacional. La política tiene un margen de maniobra muy limitado. En cambio, si elimináramos la patente, muchas más empresas podrían fabricar la vacuna. Dispondríamos de un mayor número de vacunas en menor tiempo y esto nos permitiría disponer de campañas de vacunaciones mucho más rápidas. 

¿Y qué hay de la responsabilidad legal sobre los ‘daños’?

Que no conocemos en profundidad los términos sobre esta responsabilidad, es cierto y no. Efectivamente, Canfin no se equivoca al afirmar que hay párrafos censurados. Desafortunadamente, esto es cierto. Pero también vemos claramente en el contrato (punto 1.23.3) –aunque no en detalle– que la responsabilidad recae en los Estados miembros. Esto está meridianamente claro en el contrato. En caso de daños serán los Estados miembros quienes asuman el coste. Las propias farmacéuticas –CureVac y otra industria filial de la European Federation of Pharmaceutical Industries and Associations (EFPIA)– nos avisaron cuando vinieron al Parlamento. Nos dijeron: “Ustedes, deben pagar. Deben correr este riesgo”. Así que no estamos completamente a ciegas. Vemos cosas y ciertas cosas son muy inquietantes porque ilustran que seremos nosotros quienes asumamos el pago y no las farmacéuticas. 

Pero no debería ser así...

Si. Esta no es una cláusula habitual, por así decir, en los contratos europeos. Es algo que se hace, de vez en cuando, en EE.UU, pero raramente en la UE. Realmente nos enfrentamos a una situación en la que la UE, la Comisión Europea, ha cedido más que en anteriores ocasiones. 

Existe una Iniciativa Ciudadana Europea ‘Right to Curepara que las vacunas y tratamientos sean considerados un bien público global, accesible a todos y todas de manera gratuita. Yo misma la firmé el otro día ¿Qué opina?

Esta es una iniciativa realmente importante que acaba de lanzarse. Piense que esta iniciativa es clave, incluso para España, porque las organizaciones de la sociedad civil, los activistas de la salud, pero también los partidos políticos que trabajan en este tema permiten darle una gran visibilidad. Es una iniciativa que pide transparencia pero también que se retiren las patentes por una razón básica: se trata de una pandemia. Es decir, no solo hemos pagado ya tres, cuatro veces el valor de esta vacuna –en lo que se refiere a investigación, desarrollo, producción, licencia de compra…–, sino que nadie estará protegido hasta que todos estemos protegidos. Y, por tanto, esto es un problema de salud pública mundial. Y por eso nosotros, con nuestro grupo, y también en sesión plenaria, hemos respaldado esta iniciativa. Esperamos que consiga atraer una auténtica movilización social y, obviamente, también en España. 

La comisaria europea de Sanidad, Stella Kyriakides, aseguró a los eurodiputados que “sus peticiones de transparencia han sido escuchadas”. ¿Está de acuerdo? ¿En qué se traduce concretamente? 

Lo desconocemos. Llegó a decir en una sesión plenaria que el contrato de Pfizer se haría público, que tenían un acuerdo con Bourla. Luego, dos horas más tarde, hubo un tuit del portavoz de la Dirección General de Salud (DG-Santè), quien afirmó todo lo contrario. Expuso: “No tenemos aún un acuerdo con Pfizer”. La Comisión no es del todo clara. Hace promesas porque está bajo presión. 

Hasta este momento estamos hablando de la transparencia de los contratos de compra, pero ¿aquí acaba la transparencia?

Aquí hay otro aspecto problemático, que es la transparencia de aquello que denominamos “brotes”. En Bélgica, por ejemplo, durante mucho tiempo, no se podía determinar el foco real de infección. Era un problema porque no sabíamos dónde estaba el origen. ¿Por qué? No se quería dar a conocer este dato porque no se quería presionar a las empresas, a las fábricas de producción, etc. Ahora lo sabemos. Sabemos que gran parte de las infecciones tenían lugar en el ámbito laboral. Lo que debería incitar a los gobiernos a realizar más inspecciones para ver si cumplen con las normas establecidas. En lo que respecta a los datos de las estadísticas, en general es todo un reto obtenerlas a nivel local pero también a nivel nacional. Por ejemplo, el ECDC (Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades) discrimina cada zona de riesgo por colores, pero estos no se interpretan ni se utilizan de la misma manera en todos los países. Para decirlo claramente, los países los adaptan un poco a su modo, ¿no? Y por lo tanto, incluso esto es un problema, si bien, mucho más capilar. Por nuestra parte, siempre abogamos y reclamamos todavía aún hoy la disposición de todos los datos posibles en open access. Los solicitamos, por ejemplo, para poder identificar los brotes, conocer la cantidad de vacunaciones realizadas… Aunque parezca insólito, en Bélgica, hasta hace poco, hasta hace dos semanas no había datos públicos oficiales del número de vacunas realizadas. 

Hemos cruzado el umbral de los dos millones de muertes asociadas con la covid-19. Los países europeos han estado en el epicentro de la pandemia y el exceso de mortalidad en las tres oleadas. En su opinión, ¿ha pesado quizás más la economía que la salud o son otros los motivos? 

Hemos visto que la economía ha pesado más que la salud en diferentes momentos. Lo vimos en su tiempo en Lombardía (Italia), cuando la Confederación General de la Industria Italiana (Confindustria) presionaba para no cerrar ciertas fábricas y lo vemos ahora con la vacuna. Sin embargo, el punto en el que nos encontramos ahora es el mismo. Sí, este es un sistema económico problemático. Sin embargo, según pasa el tiempo, esta crisis está abriendo una oportunidad para poner sobre la mesa ciertas cosas. Pienso, por ejemplo, en la idea de invertir en salud pública. Durante años, hemos asistido a importantes recortes en diversos países. Hemos visto a la Comisión Europea insistir a los países miembros en sus recomendaciones, hasta en 63 ocasiones,  para que redujeran el gasto público en salud. Hemos visto privatizaciones en todas partes. Pero hoy crece el número de personas que dicen: “Realmente necesitamos un sistema de salud muy fuerte con una primera línea de base (médicos de atención primaria) mejor financiada que antes”. Este cambio también lo constatamos en las vacunas. En el caso de medicamentos esenciales, dependemos por completo de la buena voluntad del poder farmacéutico. Ahora bien, ¿es esto normal? Desde este punto de vista veo un resquicio de esperanza. Es decir, veo todo lo que salió mal, pero también veo que hay una cierta apertura en la opinión pública para cambiar la lógica de las cosas. 

¿Cómo valora el papel desempeñado por la UE en la gestión del SARS-CoV-2? ¿Ha estado la Unión Europea a la altura de esta pandemia y de la ciudadanía? Los ciudadanos tuvieron la impresión de que la UE actuó casi a cámara lenta y de modo algo caótico ¿Cuál es su opinión? 

Esta no es una elucubración. Fue así. Es decir, hemos presenciado todas estas luchas intestinas nacionales, nacionalistas, de los diferentes países. Alemania que bloqueaba el material médico… En mi opinión, ocurrieron situaciones y olas muy negativas porque todos los países han hecho lo mismo, han actuado cada uno, un poco a su manera ¿no? La UE se construyó principalmente como un espacio de competitividad económica y claramente esto ha dificultado la coordinación. Por ejemplo, Lombardía dijo: “Si cerramos, entonces tal vez, la región del norte, nuestro país perderá competitividad frente a Alemania”. La dinámica del mercado y de la competencia es, no obstante, el ADN de la UE. Lo que hace muy difícil cooperar, colaborar…

La idea de negociar conjuntamente con las farmacéuticas era buena porque si la UE dice: “Somos 27 Estados miembros, 450 millones de personas, negociamos a un precio más alto que cada país”… Lamentablemente, después, han negociado, vamos a decirlo así, mal. Cedieron a las demandas de las compañías farmacéuticas. Alemania decidió luego negociar en paralelo... 

¿Es un problema de falta de competencias?

Hay quienes dicen que esto sucede porque la UE no tiene competencias. Yo creo que no es cuestión de competencias sino de voluntad; de si queremos o no; de si renunciamos a nuestra competitividad económica o pensamos en la salud pública como una prioridad. La respuesta en cada uno de los Estados ha sido optar por la competitividad económica, lamentablemente. La UE tiene una enorme responsabilidad en el debilitamiento de los sistemas nacionales de salud y en la austeridad. Esto es algo que no debemos olvidar. El hecho de reclamar un poder competencial es consecuencia directa del tipo de Europa que hemos construido. También han existido pequeños bellos momentos como la compra común agrupada de vacunas ¿no? Lo que más me preocupa ahora, sin embargo, es que la UE está ideando un nuevo programa de salud, es decir, un Programa Europeo de Salud, y allí el sector privado jugaría un papel muy importante. Me temo que si lo permitimos, la construcción de esta Europa de la salud acabe siendo, en realidad, una construcción de mercado más que de un sector público de salud a nivel europeo. Y esto, lo temo, lo temo mucho. 

“Nadie estará a salvo hasta que todos estén a salvo”. Este es el lema de la OMS y la UE. Para garantizar la igualdad de acceso a las vacunas en los países pobres se creó la herramienta COVAX. Sin embargo, en estos días, el mismo director general de la OMS ha publicado este impactante tuit: “Se han administrado más de 39 millones de dosis de la vacuna en al menos 49 de los países de mayores ingresos. Solo 25 dosis se han administrado en uno de los países de menores ingresos. No 25 millones, ni 25.000, sólo 25 dosis”. ¿Es esto un fracaso moral?

En terceros países es un desastre, una catástrofe moral. Esto es lo que dijo Tedros Adhanom porque habrá cerca de setenta países que no tendrán acceso a la vacuna este año. Algunos países y personas deberán esperar a 2024. Sí, esta es una catástrofe inmoral por falta de solidaridad. Se pidió que se suspendiera la patente a Sudáfrica y la UE lo rechazó, en consonancia con la Organización Mundial del Comercio. Lo encuentro escandaloso. Sobre el tuit de Tedros, son las cifras las que destrozan la retórica de la CE sobre la solidaridad internacional. No se trata de elegir entre Europa o el resto del mundo. La elección que debía hacerse es: ¿queremos beneficios privados a través de patentes o queremos una vacuna pública y común? Esa era la elección, una elección que todavía nos estamos planteando hoy día. 

Ante el imparable número de muertes y la incertidumbre de mutaciones que podrían poner en peligro la eficacia de las vacunas, el Parlamento Europeo ha pedido una mayor solidaridad a todos los agentes implicados, incluidos los gobiernos y la industria farmacéutica. ¿Tiene su grupo europarlamentario medidas concretas para garantizar un mejor acceso, equidad y rapidez en la distribución de vacunas?

Más allá de que el trabajo se desarrolle aquí y allá o en comisiones parlamentarias, la cuestión realmente importante es apoyar la iniciativa ciudadana de la que hablamos antes porque es un instrumento legal. Es decir, si estas personas consiguen un millón de firmas, entonces, en ese caso, la Comisión debe dar respuesta. Este no es un detalle menor. Debe también trasladárnosla a nosotros como parlamentarios, lo que otorgaría un peso específico a las iniciativas parlamentarias en marcha. Si se consigue el respaldo social, podríamos intervenir en el pleno y decir: “No somos solo nosotros, tenemos detrás a un millón de ciudadanos”. 

Disponemos de instrumentos suficientes –como las licencias obligatorias a nivel nacional– y, por tanto, todas las opciones técnicas están ahí. La voluntad política, si la hay, bastaría para ponerlas en práctica. Y para eso confiamos mucho en la movilización social. 

La Unión Europea es responsable de negociar los contratos de compra (vacunas, pruebas, etc.), firmar contratos y velar por el cumplimiento de sus términos. A pesar de ello, ha habido mucha polémica en los últimos días por los retrasos en la distribución de la vacuna por parte de Pfizer y de AstraZeneca, lo que puede poner en riesgo los planes de vacunación de los grupos más vulnerables. Italia amenazó con activar a la Abogacía del Estado por incumplimiento de contrato. Seis Estados miembros enviaron una carta de protesta a la Comisión Europea. El Reino Unido quería salvar la vacuna ofreciendo una sola dosis. Angela Merkel está trabajando en un presunto acuerdo con Rusia para ayudarse mutuamente en la producción y uso de vacunas. El diario israelí Globes hizo público un acuerdo firmado con Pfizer el pasado 6 de enero por el que,  supuestamente, la farmacéutica daría prioridad a Israel para algunos de los envíos si el país le proporcionaba datos epidemiológicos para evaluar la efectividad de la vacuna.

¿Qué está pasando con la distribución de la vacuna en Europa? ¿Prevalece el nacionalismo sobre la salud pública mundial? ¿Es un grito desesperado de sálvese quien pueda? ¿Hay alguna forma de evitar estos aparentes dobles juegos? ¿Podrían estos nacionalismos de las vacunas penalizar también a la UE? 

Desconozco los detalles, pero hay quien dice que Israel podría haber pagado supuestamente al menos el doble que la CE y, por lo tanto... En definitiva, es el modelo económico el que es incorrecto. Pfizer es una empresa que quiere obtener beneficios económicos. Tienen una vacuna que es eficaz pero que, sin embargo, tiene un gran defecto, que es que debe conservarse a una temperatura inferior a la estándar, esto es, a -70ºC. Sí de aquí a dos o tres meses disponemos de una vacuna que simplemente se puede guardar en la nevera, quizás la de Pfizer empezaría a venderse poco, poco, poco. Y por lo tanto, Pfizer ahora maximiza las ganancias y vende rápidamente. Presiona y vende. Cuando alguien viene y dice supuestamente que paga el doble, entonces Pfizer le da prioridad a Israel... Es un problema y no sé hasta qué punto es legal si se compara con el contrato llevado a cabo con la CE. En otras palabras, lo verdaderamente problemático del asunto es que relegamos el poder de decisión a la empresa. La lógica del asunto israelí demuestra la perversión del modelo actual. Si tienes mayor capacidad de compra, adquieres más vacunas. Si no la tienes, como ocurre en África o en otros países, no las tendrás este año. Hay 70 países en el mundo que no accederán a estas vacunas este año. Debemos reflexionar sobre el tipo de modelo económico del que estamos hablando. 

¿El punto de partida de este desequilibrio en el acceso a las vacunas podría deberse también de alguna manera a que fueron los países ricos quienes consiguieron asegurar la reserva de compras masivas de vacunas a precios de mercado? No existe ninguna ley internacional que impida la ejecución de acuerdos de compra anticipada. ¿Debería existir?

Me parece difícil vetar la compra anticipada a escala internacional. La única contramedida posible sería partir en dos la patente. Es decir, lo repito, si la vacuna, un fármaco, es de propiedad privada, entonces la empresa propietaria puede venderla como quiera y a quien quiera. Si queremos evitarlo, debemos impedir que se convierta en propiedad privada. Lo cual, me parece muy legítimo, en la medida en que la hemos financiado todos. Ciertamente, las compras anticipadas o bilaterales que ha llevado a cabo la UE, Israel, etc., niegan las vacunas a otros, pero esto es posible solo porque la vacuna es de propiedad privada. Si fuera de propiedad pública, sería imposible hacer algo así. 

La sociedad europea tiene mucha confianza en que los fondos europeos para la recuperación servirán para reconstruir una nueva Europa ¿Podemos hablar de victoria? ¿Existe el riesgo de que los fondos de recuperación acaben desarrollando planes alejados de los ciudadanos, de sus necesidades y sentimientos? 

Por supuesto. Lo positivo es que, por primera vez, se ha desarrollado un mecanismo de solidaridad europea; un mecanismo que, aunque limitado, no deja de ser importante porque comporta, entre otras cosas, la cesión de préstamos conjuntos, etc. En mi opinión, esto constituye de por sí una victoria. Por lo que respecta, sin embargo, a las prioridades y a cómo se gastarán estos fondos, será objeto también de lucha a nivel nacional. Cada país, cada región, tendrá que sopesar cómo se gastarán estos fondos. Un problema grave es que el objetivo de estos fondos no es otro que el de favorecer la competitividad de las empresas. Por lo que acabaríamos financiando proyectos que antepongan la competitividad y, por tanto, los intereses empresariales. Con todo, todavía hay espacio para la garantía social y climática, aunque menor. La prioridad número uno es la competitividad. La número dos es digital y verde. Ambas se citan como meros instrumentos para alcanzar esta competitividad. Pienso que debería ser al revés. La meta debería ser social, pragmática. Aquí el único objetivo es la competitividad. En mi opinión, ésa es la mayor debilidad de este plan europeo. No obstante, si los países utilizan estos fondos para fortalecer, no sé, estructuras, ejes y dimensiones públicas, entonces pueden tener un impacto muy positivo. Pero me temo que, también a nivel nacional, la lógica que prevalecerá será otra muy distinta. Todo dependerá de los gobiernos y de la movilidad oceánica de la gente. 

Cuando uno lee el contenido de los fondos de recuperación europeos estos parecen centrarse principalmente en la digitalización y la transición ecológica a través de la activación de uniones público-privadas. La inversión en el sector público (por ejemplo, en la salud pública, la ciencia pública, la sanidad pública…) parece mucho más matizada o casi inexistente. ¿Me equivoco...?

Es toda una contradicción en sentido estricto. Sí, efectivamente, esta es la lógica europea de todos los tiempos. Lamentablemente, es así. Pero también es cierto que hay una cierta apertura a las entidades públicas. En este preciso momento, se juega la carta de los proyectos que los países miembros propondrán a la UE. Está sobre la mesa una petición de reformas estructurales como contrapartida a la que nos oponemos vivamente. Esa es otra lucha que lidiar. Con todo, hay un pequeño margen de maniobra, que si bien no cambiará la lógica de este proceso sí que guiará la forma de combatirlo. Existen muchas cosas por las que seguir luchando. Ahora se debe luchar por lo concreto: qué proyectos [salen adelante], con qué garantías sociales, climáticas, etc. Y, luego está, efectivamente, toda la lucha de fondo de cómo garantizamos y nos movilizamos para lograr anteponer el bienestar de los trabajadores, de los ciudadanos, de la gente a la competitividad internacional. Ésta es, digamos, la línea base a seguir. 

¿Hay entonces un mensaje de esperanza para la sociedad europea?

Cuando reflexionamos sobre la UE, una cosa que constatamos es que existe un enorme sentido de unidad entre las diferentes empresas connacionales que aún siguen logrando coordinarse en las luchas. Consiguen sacar adelante proyectos conjuntos. Y creo que a nivel de las luchas sociales, lo hacemos demasiado poco. 

Necesitamos una unidad social por y para el pueblo, para los trabajadores europeos. Y lo vemos una vez más en las vacunas. Lograr esto es importante porque no podemos ganar estas batallas solo en Bélgica, solo en Italia, solo en Alemania... Necesitamos un movimiento social europeo. Es obvio, y por lo tanto, mi esperanza es esa. Veo que, en los últimos años, los trabajadores de Ryanair, por ejemplo, pero también otros trabajadores, han lanzado movimientos europeos. Espero que esta pandemia y todo el debate en torno a las vacunas pueda permitirnos fortalecer la dimensión europea de nuestras luchas. 

Fuente:https://www.ctxt.es/es/20210201/Politica/34946/Casandra-Greco-entrevista-vacunas-patentes-UE-Marc-Botenga-eurodiputado-GUENGL.htm

jueves, 4 de febrero de 2021

Cómo los dogmas neoliberales están obstaculizando la resolución de la pandemia

Un sanitario prepara una inyección con la vacuna contra el coronavirus, en Barcelona. REUTERS/Nacho Doce
Un sanitario prepara una inyección con la vacuna contra el coronavirus, en Barcelona. REUTERS/Nacho Doce

Estamos inmersos en una de las mayores crisis sociales y económicas que el mundo haya vivido jamás. La evidencia científica que apoya tal observación de la realidad es abrumadora. Indicador tras indicador (desde los de mortalidad de la población hasta los de empleo) muestran el enorme dolor y sufrimiento que la pandemia está causando. Y la gente lo sabe. Los niveles de cansancio, frustración y enfado que la mayoría de la población está alcanzando en gran parte de los países a los dos lados del Atlántico Norte preocupa en gran medida a los mayores centros de reflexión de los establishments económicos y financieros, así como a los fórums políticos y mediáticos que les son afines en cada país.

De lo que no se habla en los debates sobre la pandemia

Y, en consecuencia, está teniendo lugar un gran debate y discusión sobre cómo responder a esta pandemia. Pero en este debate se empiezan a tocar temas que eran intocables hasta ahora. Me explicaré. Hay un dato que no se aborda en tales fórums políticos y mediáticos y que, sin embargo, es de una gran importancia. Sabemos ya cómo controlar, contener y, por lo tanto, superar la pandemia. Disponemos de los conocimientos científicos y de los recursos necesarios para solucionar algunos de los mayores problemas que existen y evitar tantas muertes. Es más, conocemos cómo podría controlarse la pandemia para recuperar cierto grado de normalidad. El lector debería conocer esta realidad. La ciencia sabe hoy cómo podría ir resolviéndose. Y no me refiero solo a la ciencia virológica y epidemiológica y otras ciencias básicas en salud pública, sino también a las aplicadas, como las ciencias sociales y económicas. Sé de lo que hablo. Soy también profesor de la Johns Hopkins University, incluida su bien conocida Escuela de Salud Pública, desde donde se realizan los bien conocidos estudios sobre la pandemia, conocidos y citados a nivel internacional. Y le puedo asegurar que sí, se sabe cómo controlar la pandemia. Sabemos, por ejemplo, que no podrá haber recuperación económica sin antes contener la pandemia. Ignorar lo segundo para corregir lo primero, como hizo la administración Trump, ha llevado a un desastre económico, social y de salud. No hay ningún país que lo haya conseguido. De nuevo, hay miles de datos que muestran el gran error de ignorar esta realidad. Ahora bien, el lector se preguntará: ¿si conocemos cómo controlar la pandemia y tenemos los recursos para hacerlo, por qué no se hace? Y otra pregunta que deriva de la anterior es: ¿por qué los medios no están informando sobre ello y los gobiernos no están actuando?

El silencio ensordecedor sobre por qué no se resuelve lo que es resoluble

La respuesta al último interrogante es fácil de conocer, y tiene que ver con la ideología y cultura dominantes en estos países, lo que dificulta ir más allá de lo que el pensamiento hegemónico permite considerar. Uno de estos obstáculos es, por ejemplo, el sacrosanto "dogma de la propiedad privada", que se considera fundamental para la pervivencia del orden social, marcado este último por otro dogma, el de las también sacrosantas "leyes del mercado" como mejor sistema de asignación de recursos. Estos dogmas rigen el comportamiento de los establishments político-mediáticos de la mayoría de grandes países a los dos lados del Atlántico Norte, y han jugado un papel esencial en obstaculizar el control de la pandemia.

Un claro ejemplo de ello. El porqué de la escasez de las vacunas

Tal y como indiqué en un artículo reciente ("¿Por qué no hay suficientes vacunas anti-coronavirus para todo el mundo?, Público, 30.12.20), el mayor problema que existe en el control de la pandemia hoy en el mundo es la falta de las vacunas contra el coronavirus, escasez que incluso se da en los países considerados ricos a los dos lados del Atlántico Norte, lo cual es absurdo, pues los países ricos (y, por cierto, un gran número de países pobres tienen los recursos para producir tales vacunas). En realidad, el desarrollo de la parte más esencial en la producción de las vacunas más exitosas (Pfizer y Moderna) se ha hecho con fondos públicos, en instituciones públicas, en los países ricos (y, muy en especial, en EEUU y en Alemania). Esto lo reconoce nada menos que el presidente de la Federación Internacional de Industrias Farmacéuticas, el Sr. Thomas Cueni, en un artículo publicado en el New York Times hace unas semanas, "The Risk in Suspending Vaccine Patent Rules", 10.12.20, en el que afirma que "es cierto que sin los fondos públicos de agencias [instituciones públicas del gobierno federal estadounidense] como la U.S. Biomedical Advanced Research and Development Authority o del ministerio federal alemán de Educación e Investigación, las compañías farmacéuticas globales no habrían podido desarrollar las vacunas covid-19 y hacerlo tan rápido". El Sr. Cueni podría haber añadido que ello ocurre también con la mayoría de grandes vacunas que se han ido produciendo desde hace muchos años (véase el artículo citado anteriormente para ver los millones de dólares y euros públicos invertidos). La parte fundamental en el desarrollo de cualquier vacuna es el conocimiento básico, que suele investigarse en centros públicos o con fondos públicos de investigación sanitaria y salubrista. La industria farmacéutica, que sin este conocimiento básico no podría desarrollar las vacunas, utiliza dicho conocimiento para avanzar en su dimensión aplicada, es decir, la producción de las vacunas. Pero lo que el presidente de tal federación internacional olvida mencionar es que, además de utilizar el conocimiento básico que los Estados han financiado, esos mismos Estados ofrecen a las farmacéuticas un gran regalo al garantizarles el monopolio en la venta del producto durante muchos años, que pueden llegar hasta veinte, lo que les asegura unos beneficios astronómicos (los más elevados del sector empresarial de cualquier país).

Ahí está el origen de la escasez de vacunas. Es tan simple como esto. La propiedad intelectual, garantizada por los Estados y por las leyes del comercio internacional y sus agentes, es la que crea una escasez "artificial" de vacunas, lo cual genera unos beneficios astronómicos a costa de no tener suficientes vacunas para paliar las graves consecuencias de la pandemia y prevenir la muerte de millones de seres humanos.

¿Qué podría hacerse?

Lo más lógico sería, que, como ha propuesto Dean Baker (el economista que ha analizado con mayor detalle, rigor y sentido crítico la industria farmacéutica internacional), los Estados que ya financiaron el conocimiento básico expandieran su intervención para incluir, además del conocimiento básico, el aplicado, produciendo ellos mismos las vacunas, lo cual sería mucho más barato (puesto que no habría que incluir en los costes de producción los enormes beneficios empresariales).

Y el lector se preguntará: ¿por qué no se hace lo que parece lógico? Pues la respuesta también es fácil. Por el enorme poder político y mediático de la industria farmacéutica a nivel nacional e internacional. Dean Baker documenta muy bien la naturaleza de estas conexiones (ver el vídeo "Dean Baker on Beating Inequality & COVID-19: Tackle Patent and Copyright Monopolies", 20.01.21, The Analysis News). En realidad, entre un gran número de expertos en salud pública en EEUU hay una postura generalizada de que el legítimo objetivo del mundo empresarial privado de poner como principal objetivo el conseguir optimizar sus beneficios económicos debería limitarse o incluso rechazarse en las políticas públicas que tienen como objetivo el optimizar la salud y minimizar la mortalidad. Esta percepción deriva del hecho que el propio EEUU muestra claramente que la privatización de la sanidad, gestionada por empresas con afán de lucro (que es la situación más común en aquel país), ha provocado un enorme conflicto entre los objetivos empresariales y la calidad y seguridad de los servicios. EEUU es el país que tiene un mayor gasto en sanidad (la mayoría, privado), y en el que hay más gente insatisfecha con la atención recibida, con un 32% de la población con enfermedades terminales preocupada por cómo sus familiares pagarán por su atención médica. La optimización de la tasa de ganancias es un principio insuficiente y enormemente peligroso para la salud de la población (la escasez de vacunas es un ejemplo de ello).

¿Estamos o no estamos en una situación de guerra, como se dice?

El lenguaje que constantemente utilizas las autoridades que están imponiendo enormes sacrificios a la población es un lenguaje bélico. Estamos luchando, se nos dice, "en una guerra contra el virus" (que la ultraderecha cataloga de "chino", intentando recuperar la Guerra Fría, sustituyendo la URSS por China). En realidad, en EEUU el número de muertes por covid-19 es mayor que el número de muertes causadas por la II Guerra Mundial. Lo que ocurre es que los que así hablan no se lo creen. Es un recurso que utilizan para forzar un control de los movimientos de la población (lo cual me parece lógico y razonable), pero, en cambio, siguen conservando meticulosamente los dogmas liberales de la propiedad privada y las leyes del mercado, dogmas dejados de lado en el pasado en situaciones de guerra de verdad. ¿Cómo puede justificarse que los gobernantes de las instituciones de la UE (la mayoría de los cuales son conservadores y liberales) respeten el copyright de las empresas farmacéuticas que han producido la vacuna contra el coronavirus? Durante la II Guerra Mundial toda la producción industrial se orientó a la fabricación del material de guerra necesario. ¿Por qué no se hace ahora lo mismo? Si se forzara la producción masiva de tales vacunas por parte de las empresas farmacéuticas en todos los países o en grupos de países, se podría vacunar rápidamente a la población no solo de los países ricos, sino de todo el mundo.

Como era predecible, la Unión Europea, desde su Parlamento hasta la Comisión Europea y sus otros órganos de gobierno (la mayoría gobernados por partidos conservadores y liberales), se ha opuesto a ello, pues es cautiva de sus dogmas, que ya han demostrado ser fallidos durante el período neoliberal y que, a pesar de su gran fracaso, continúa siendo dominantes en los establishments político-mediáticos a los dos lados del Atlántico Norte. Al menos en EEUU, la nueva administración federal del gobierno Biden, presionado por la comunidad científica (y por las fuerzas progresistas dirigidas por Bernie Sanders), están convocando La Ley De Producción De La Defensa del país (aprobada por el presidente Harry Truman), que obliga a toda la industria a ponerse al servicio de la defensa del país para producir el material necesario para prevenir y controlar la pandemia. La justificación para apelar a tal ley es que el bien común tiene que estar por encima de todos los intereses privados, exigiendo a la industria farmacéutica anteponer el bien común a sus intereses particulares. Lo mismo ocurre en cuanto a otros productos como las jeringuillas especiales y otros. Veremos si se lleva a cabo. Sería bueno que pasara lo mismo en Europa. Ni que decir tiene que las derechas de siempre –desde Trump hasta las derechas de España (incluyendo Catalunya)– acusan a los que quieren forzar dicha producción de "sociocomunistas". Pasa en todo el mundo. De ahí que la ciudadanía debería movilizarse para cuestionar tanto dogma que está haciendo tanto daño a la población. Animo a los lectores a que se organicen y envíen textos y cartas de protesta a tales instituciones, pues de poder hacerse sí que se puede. Lo que ocurre es que su dogmatismo y creencias les impiden verlo.

Vicenç Navarro
Profesor de Health & Public Policy, School of Public Health en The Johns Hopkins University; Catedrático Emérito de Ciencias Políticas y Políticas Públicas, Universitat Pompeu Fabra; y Director del JHU-UPF Public Policy Center

Fuente: https://blogs.publico.es/vicenc-navarro/2021/02/03/como-los-dogmas-neoliberales-estan-obstaculizando-la-resolucion-de-la-pandemia/

miércoles, 3 de febrero de 2021

«Una generación de niños y niñas pornográficos»

Adolescente porno

El psicólogo y sexólogo José Luis García lleva muchos años analizando y difundiendo las consecuencias de que la educación sexual de nuestros hijos pase por la pornografía. Nos advierte de que, nos guste o no, más pronto que tarde nuestros hijos e hijas van a ver porno y hay que estar preparados. ¿Niños de seis u ocho años viendo porno? Aquí no somos precisamente mojigatos, nos gusta el sexo, claro, pero nos preocupan los impactos en la salud que pueda tener una mala educación sexual.

-¿A qué edad vienen introduciéndose en el porno los niños hoy? ¿Cómo suele producirse el primer contacto con ese ámbito?

Dos recientes estudios en España nos indican que algunos niños comienzan a los 6 y otros a los 8 años. La compra del móvil es determinante y el regalo de la primera comunión también. La industria del porno busca a los menores y estos se toparán más temprano que tarde con él. A los 12 hay un grupo muy numeroso y a los 16 la gran mayoría.

Observamos un progresivo descenso de la edad de acceso: cada vez es más precoz.

A los 18 hay muy pocos chicos que nunca lo han visionado. Una queja de los investigadores es que no encuentran chicos que nunca hayan visto porno, para comparar sus efectos en dos grupos experimentales. Es evidente que esto va a más…

El consumo de pornografía, con dosis de violencia hacia las mujeres y chicas aniñadas, está completamente normalizado en nuestra sociedad.

-El porno en sí mismo ¿es malo?

Desde muy antiguo el ser humano ha buscado estímulos sexuales para mantener y alimentar su deseo sexual. Lo hace ahora y lo seguirá haciendo. Los estímulos han ido paralelos a la evolución tecnológica y/o artística. La aparición de la fotografía, del cine y luego internet han sido una revolución en el porno.

La estrategia de darlo gratis por parte de la industria ha sido un éxito y determinante para la generalización del consumo. Está completamente normalizado en nuestra sociedad. Seguramente habrá pocos hombres que nunca han visto porno. Jóvenes de 18 años, tal vez, ninguno. Los actores y actrices porno se presentan como héroes sociales y personas exitosas.

Yo distingo entre películas sexuales eróticas y películas sexuales pornoviolentas. Y he estudiado sobre todo los efectos en menores. Un consumo razonable, según edad, de películas eróticas no parece tener efectos negativos. Salvando las distancias del tratamiento del hombre y de la mujer, como todas las conductas adictivas (alcohol, tabaco,) el consumo, el tipo de porno, la edad… y otras variables pueden ser determinantes del daño que puede producir.

Con la diferencia que el alcohol, el tabaco y las drogas tienes que salir de casa, comprarlo y metértelo en el cuerpo, el porno lo tienes en tu móvil, gratis los 365 días del año. Además, lo más importante es que el placer sexual, que acompaña a la masturbación asociada al consumo de porno, es uno de los refuerzos psicológicos más poderosos que inunda el cerebro de dopamina.

-Tú aludes al «porno violento»; ¿puedes explicarnos en concreto a qué te refieres? ¿Está muy extendido? ¿Por qué tiene «éxito»?

Para nosotros la sexualidad es una dimensión amorosa, saludable, divertida, tierna y placentera que tiene todo el sentido cuando se da en un entorno de deseo y acuerdo mutuo, afecto, respeto, libertad y corresponsabilidad en el placer del otro/a. En el momento en que alguien no respeta la libertad de la otra persona, le impone sus deseos y la instrumentaliza, ya ha traspasado la línea roja.

Eso es inaceptable desde la ética. Sexualidad y violencia son incompatibles. Todas las películas que crucen esa línea creo que no deben estar a disposición de los menores.

-¿Por qué hay agresividad en las relaciones sexuales?

La sociedad es violenta porque se fomenta la violencia, de muchas y variadas maneras. Las películas reflejan esa realidad, pero la amplifican y refuerzan por intereses puramente económicos.

En nuestra sociedad neoliberal el sexo es una fuente importante de negocios varios. También porque hay muchas desigualdades, intereses de toda índole…

En Estados Unidos hay matanzas y asesinos en mayor medida que en otros sitios porque hay una cultura de tolerancia hacia las armas, leyes.

Aprendemos a ser violentos. Eso se traslada a la sexualidad: el poderoso impone sus reglas con el fin de satisfacer sus impulsos sexuales a costa de los más vulnerables; la mujer y los menores son un claro ejemplo.

El porno refleja y amplifica este modelo. Además, como hay muchos consumidores y adictos la industria les ofrece sin control productos cada vez más violentos. Una loca carrera que no tienen ningún sentido. Hay películas que son intolerables desde cualquier punto de vista por su odio, vejación y degradación de las mujeres y de las chicas aniñadas.

-¿Existe relación entre la violencia del porno y la violencia contra las mujeres?

Claro. Es un reflejo más de las relaciones de poder existentes en la sociedad. El poderoso, el varón, impone su ley: el clásico guión de un vídeo porno es que la chica está a disposición del varón para darle placer. Igual que en la prostitución.

Es cierto que la industria está cambiando y ofrece vídeos donde la mujer tiene un mayor protagonismo. Sin embargo, casi siempre está para darle placer al hombre. El drama de muchas niñas es extraordinario: no disfrutan, soportan el dolor y están a disposición del chico para darle gusto y no perderlo.

Las agresiones sexuales a mujeres, conducta deleznable como pocas, es un fenómeno que se debe a diferentes causas, pues bien, el consumo de porno violento es una de ellas, a mi juicio significativa. Este tema es abordado en mi trabajo educativo Tus hijos ven porno con varios apartados, porque me preocupa sobremanera.

-¿Cuáles son los peligros del porno para la infancia? ¿Cuáles son los principales efectos en su salud?

En un momento evolutivo de desarrollo cerebral y personal, construir un significado y un sentido de su sexualidad en base a un modelo pornográfico, más aún si es violento, me parece lamentable y entraña riesgos para su futuro y su salud.

Un ejemplo: la noticia de hace unas semanas en los que 34 menores fueron detenidos por intercambiar pornografía de violaciones de bebes de meses y de niñas de dos años. Repito, bebés y niñas de dos años. Algo terrible que nunca antes había pasado. Los informes de la Fiscalía española de 2019 y 2020 indican un aumento del 40% de los delitos sexuales cometidos por menores entre menores. Esto es solo un síntoma de lo que yo llamo generación de niños y niñas pornográficos y que tienen unas características muy concretas.

-¿Qué podemos hacer los padres? Supongo que ofrecer la educación sexual que no dan en los colegios, pero me gustaría que me lo explicases brevemente.

Reconocer lo que pasa y no delegar bajo ningún concepto la responsabilidad de educar a nuestros hijos en las películas pornográficas o en internet.

Es demasiado arriesgado. Hay que competir con el porno.

Tenemos que decidir si dejamos que el porno sea el principal educador sexual de nuestros menores o la familia y la escuela, sumando esfuerzos, le hacen la competencia.

Mi trabajo está encaminado a ayudar a padres, madres y profesionales a llevar a cabo esta tarea de manera exitosa, con un programa específico concreto relativo a contenidos, ejercicios, vídeos, libros, cuentos…

-Al hilo de lo anterior ¿no debería crearse en los colegios una asignatura de educación sexual que comenzase a impartirse a la edad en la que los niños empiezan a tener contacto con la pornografía?

Debería. Estamos muy lejos de una situación razonablemente satisfactoria. Veo un futuro lleno de nubarrones. Hay una desidia de las familias y de los responsables educativos y sanitarios incomprensible.

Lamentablemente no tenemos una cultura de la prevención y al final nos pilla el toro. Lo que ha ocurrido con la Covid-19 es un ejemplo bien claro. Padres, madres y profesionales deben formarse en este tema. Sí o sí. Sus hijos e hijas se merecen un futuro afectivo y sexual saludable.

A los padres y madres con los que yo trabajo les digo que más temprano que tarde sus hijos (no los de sus vecinos, no, sus hijos) verán porno, les guste o no, estén de acuerdo o no. Van a ver porno. ¿Qué tipo de porno? El que tienen dosis de violencia y es agresivo. El que abunda más en Internet.

Los padres tienen que decidir si dejan que la educación afectiva y sexual de sus hijos la hagan las películas porno violentas o por el contrario ellos mismo. No hay otro camino. Ese, y no otro, es el dilema que está en el hogar en este momento.

José Luis sostiene el libro verde que ha prohibido Amazon

 Fuente: http://www.migueljara.com/2021/02/02/jose-luis-garcia-psicologo-clinico-y-sexologo-una-generacion-de-ninos-y-ninas-pornograficos/

martes, 2 de febrero de 2021

Las matemáticas que surgieron de las pandemias

 Para llegar a los modelos epidemiológicos hizo falta también el nacimiento de la estadística, de la mano de los ingleses Francis Galton y Karl Pearson

'El triunfo de la muerte', de Pieter Brueghel el Viejo, refleja el clima de terror tras la peste negra.
'El triunfo de la muerte', de Pieter Brueghel el Viejo, refleja el clima de terror tras la peste negra.

 Siglos antes de la crisis de la covid-19, Europa vivió otras terribles pandemias que diezmaron su población, como la peste negra y la gran peste de Londres. En aquellos periodos comenzaron a desarrollarse las matemáticas que hoy son fundamentales en la modelización de enfermedades infecciosas: la noción de crecimiento exponencial y el cálculo diferencial.

Los europeos que sufrieron la peste negra en el siglo XIV, especialmente entre 1347 y 1353, creían que la enfermedad era un castigo divino. Algunos de ellos se refugiaron en las iglesias y otros corrieron hacia los lupanares, que conocieron un desarrollo inusitado en la época; los primeros tratando de salvar sus almas y los segundos con el deseo de disfrutar por última vez de sus cuerpos. Los más pudientes huyeron a sus casas de campo, alejadas de los núcleos urbanos, buscando aires más puros y sanos. Algo parecido ocurrió en la gran peste de Londres en el siglo XVII, magníficamente descrita por Daniel Defoe en su Diario de la peste.

Los conocimientos médicos en ambas épocas eran bastante limitados y, en referencia a la microbiología, inexistentes. Por su parte, en la Inglaterra del siglo XIV, el avance matemático se debía principalmente a los llamados “calculadores de Merton”, un grupo de escolares vinculado al Merton College de Oxford. Los principales calculadores fueron los británicos Thomas Bradwardine, William Heytesbury, Richard Swineshead y John Dumbleton. Bradwardine ―quien fue arzobispo de Canterbury― anticipó la noción de crecimiento exponencial, al extender la teoría de proporciones de Eudoxo de Cnido.

Bradwardine, conocido también como Calculator, usó esta teoría para establecer una relación entre la velocidad que adquiría un cuerpo al aplicar una fuerza F teniendo en cuenta la resistencia R. Observó que la velocidad era proporcional al cociente F/R pero de una forma particular, que se correspondía al logaritmo de F/R. Aunque el concepto de logaritmo y su inversa, la función exponencial todavía no existiera en esa época, anticipó tres siglos la idea que después desarrollarían algunos miembros de la familia Bernoulli y Leonhard Euler.

El crecimiento exponencial es un incremento que crece cada vez más rápido según se avanza, por ejemplo, una cantidad x que se duplica en cada intervalo de tiempo; al poco tiempo, en n pasos, habrá crecido de una manera prodigiosa a (2^n)x. Eso es lo que ocurre en una epidemia con las personas contagiadas o en un cultivo de bacterias.

Más de 300 años después de los calculadores, la gran peste de Londres asedió la capital inglesa. Entre aquellos que huían al campo estaba un joven Isaac Newton, que abandonó la Universidad de Cambridge para refugiarse en la granja familiar. Allí desarrolló la mayor parte de sus grandes contribuciones científicas sobre la mecánica, la gravitación y sentó los cimientos del cálculo diferencial. Los actuales modelos matemáticos de epidemias se basan mayoritariamente en ecuaciones diferenciales que dictan la evolución de los contingentes de susceptibles, infectados y recuperados desde la noción de derivada

Para llegar a los modelos epidemiológicos hizo falta también el nacimiento de la estadística, de la mano de los ingleses Francis Galton y Karl Pearson. Y, por supuesto, el conocimiento científico que ha permitido entender la vida e identificar a los virus como los principales agentes de las epidemias, desarrollado por Charles Darwin, Gregor Johann Mendel, James Dewey Watson, Francis Harry Compton Crick y Rosalind Elsie Franklin, entre otros, acompañados de los correspondientes desarrollos tecnológicos ―microscopios ópticos, microscopios electrónicos, ordenadores―. Estas ideas están presentes en los primeros modelos deterministas en epidemias, propuestos por sir Ronald Ross, Anderson Gray McKendrick y William Ogilvy Kermack en las dos primeras décadas del siglo XX.

Todos estos avances han modificado la vida de los habitantes del planeta de una manera espectacular y, en particular, nuestra respuesta a las epidemias. También ha cambiado la situación poblacional, determinante en el avance de una pandemia. Si en la Edad Media la propagación de la enfermedad era lenta ―se dice que dos kilómetros por día― y saltaba de un lugar a otro principalmente por barcos ―infestados de ratas y pulgas transmisoras―, hoy en día, una persona infectada puede trasladarse en cuestión de horas a miles de kilómetros de distancia tomando un avión. Además, el extraordinario crecimiento de la población mundial ―de unos 300 millones de habitantes en el año 1000, a los 7.800 millones actuales― también ha contribuido a que el virus encuentre auténticas autopistas de propagación en cuestión de días.

Otras reacciones no han cambiado tanto. Y, así, hemos visto cómo las autoridades han tenido que dictar medidas de confinamiento para evitar la huida de los ciudadanos de las ciudades a las zonas rurales. También asistimos a las fiestas de los más jóvenes practicando el carpe diem, tal y como hicieron muchos de nuestros antepasados en otras épocas.

 Fuente: https://elpais.com/ciencia/2021-01-18/las-matematicas-que-surgieron-de-las-pandemias.html