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| Marc Botenga / Eurodiputado belga. Grupo de la Izquierda en el Parlamento Europeo – GUE/NGL
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Marc Botenga (Bruselas, 1980) es una rara avis dentro del
Parlamento Europeo. Joven, paciente, enérgico, de atenta escucha y
carcajada honesta, rezuma una gran solidez ideológica y formativa.
Alejado de la política vacía del opinion maker cree firmemente
en lo que dice. De un gran rigor profesional destaca por ser una de las
voces más comprometidas en la lucha por los derechos laborales, sociales
y sanitarios. Experto en derecho, encabezó la lista por el Parti du
Travail de Belgique (Bélgica) en 2019. Las preguntas que ha elevado a la
Comisión Europea son siempre incisivas. Sus intervenciones en las
sesiones plenarias no dejan nunca indiferente. No se rinde y tampoco da
margen a la escapatoria fácil de la realpolitik.
Su nombre ha saltado a los medios de comunicación
internacionales por haber sido el primer eurodiputado en acceder a la
consulta “censurada” de uno de los seis acuerdos de compra anticipada de
vacunas anti-covid-19 por parte de la Comisión Europea. En esta
entrevista, que resume una hora de conversación, ofrece una reflexión
pausada y honesta dentro de la vorágine pandémica que nos circunda.
Usted hizo público que solo dispuso de 50 minutos para
consultar el contrato firmado con la farmacéutica alemana CureVac bajo
estricta vigilancia y permitiéndole acompañarse exclusivamente de un
bloc de notas y un lápiz. Parece casi la secuencia de un film de
espionaje en plena guerra fría. Sin embargo los contratos tratan de
vacunas, de un bien público destinado a garantizar el derecho
fundamental a la salud. Y esto me lleva a preguntarle: ¿La covid-19 está
alterando el derecho de acceso a la información pública o es un caso
aislado? ¿Existe transparencia en la Unión Europea (UE)?
No. Esta es una transparencia ficticia, esto es, sujeta a filtros. Y,
por tanto, que no está a la altura de lo que cabría esperar cuando se
utilizan fondos públicos para financiar algo que es de vital importancia
para el mundo entero. Así que ciertamente, no, esto no es
transparencia. De hecho, la expresión que utilicé en el pleno
parlamentario es que la Comisión Europea (CE) ha privatizado la
transparencia.
¿En qué sentido?
Dejó que la industria farmacéutica decidiera qué mostrarnos y qué no.
En ese sentido, ha sido menos transparente que las autoridades
estadounidenses, mucho más abiertas al publicitar el contrato y la
totalidad de sus cláusulas. Con posterioridad a la sesión plenaria, la
Comisión decidió publicar una versión censurada del contrato de CureVac
en su web. Se puede decir que ganamos esa pequeña batalla. Es una
victoria importante. Es evidente que estamos aún muy lejos de donde
debemos estar. Estoy a favor de la transparencia total, es decir, de un
control independiente sobre las vacunas, sobre la administración... Eso
lo tengo muy claro.
El presidente de la Comisión de Salud, Pascal Canfin, definió
la falta de transparencia en lo que respecta al precio, rapidez de
distribución y cláusulas de indemnización de las vacunas ante daños
inesperados como una ‘orgía de omisiones.’ Parece que hay preguntas aún sin respuesta. ¿Es así?
Creo que todo lo que refiere Pascal Canfin es cierto. La ausencia de
transparencia es claramente un problema. La CE se esconde tras el
secreto comercial. Lo que me parece improcedente e injusto: ¿por qué no
se debería revelar el secreto comercial en Europa? Quiero decir, lo que
es público en Estados Unidos tiene que ser público en Europa. Pero
pienso que tampoco deberíamos subestimar aquello que sí sabemos de estos
acuerdos. En este punto difiero un poco de Pascal Canfin. En mi
opinión, ciertas cosas las conocemos y son inquietantes. Sabemos, por
ejemplo, que la propiedad intelectual, la patente, permanece al 100% en
manos de la industria.
¿Y eso qué implica?
Esto implica que, si bien los fondos públicos han financiado la
investigación, el desarrollo, la capacidad productiva…, la propiedad
final de la vacuna sigue siendo de la empresa. Esto se traduce, a fin de
cuentas, en que es la empresa la que decide la cantidad de vacunas que
se puede producir y el precio de venta. Ahora estamos viendo las
consecuencias del problema. En muchos Estados miembros, Pfizer realmente
ha decidido limitar el número de dosis, es decir los viales de vacuna,
que se van a distribuir. En el caso específico de Italia hemos
constatado que hace dos semanas recibieron aproximadamente unas 160.000
dosis menos de lo acordado. La UE ha conferido el monopolio a las
empresas farmacéuticas. Lo mismo sucede a nivel internacional. La
política tiene un margen de maniobra muy limitado. En cambio, si
elimináramos la patente, muchas más empresas podrían fabricar la vacuna.
Dispondríamos de un mayor número de vacunas en menor tiempo y esto nos
permitiría disponer de campañas de vacunaciones mucho más rápidas.
¿Y qué hay de la responsabilidad legal sobre los ‘daños’?
Que no conocemos en profundidad los términos sobre esta
responsabilidad, es cierto y no. Efectivamente, Canfin no se equivoca al
afirmar que hay párrafos censurados. Desafortunadamente, esto es
cierto. Pero también vemos claramente en el contrato (punto 1.23.3)
–aunque no en detalle– que la responsabilidad recae en los Estados
miembros. Esto está meridianamente claro en el contrato. En caso de
daños serán los Estados miembros quienes asuman el coste. Las propias
farmacéuticas –CureVac y otra industria filial de la European Federation
of Pharmaceutical Industries and Associations (EFPIA)– nos avisaron
cuando vinieron al Parlamento. Nos dijeron: “Ustedes, deben pagar. Deben
correr este riesgo”. Así que no estamos completamente a ciegas. Vemos
cosas y ciertas cosas son muy inquietantes porque ilustran que seremos
nosotros quienes asumamos el pago y no las farmacéuticas.
Pero no debería ser así...
Si. Esta no es una cláusula habitual, por así decir, en los contratos
europeos. Es algo que se hace, de vez en cuando, en EE.UU, pero
raramente en la UE. Realmente nos enfrentamos a una situación en la que
la UE, la Comisión Europea, ha cedido más que en anteriores ocasiones.
Existe una Iniciativa Ciudadana Europea ‘Right to Cure’ para que
las vacunas y tratamientos sean considerados un bien público global,
accesible a todos y todas de manera gratuita. Yo misma la firmé el otro
día ¿Qué opina?
Esta es una iniciativa realmente importante que acaba de lanzarse.
Piense que esta iniciativa es clave, incluso para España, porque las
organizaciones de la sociedad civil, los activistas de la salud, pero
también los partidos políticos que trabajan en este tema permiten darle
una gran visibilidad. Es una iniciativa que pide transparencia pero
también que se retiren las patentes por una razón básica: se trata de
una pandemia. Es decir, no solo hemos pagado ya tres, cuatro veces el
valor de esta vacuna –en lo que se refiere a investigación, desarrollo,
producción, licencia de compra…–, sino que nadie estará protegido hasta
que todos estemos protegidos. Y, por tanto, esto es un problema de salud
pública mundial. Y por eso nosotros, con nuestro grupo, y también en
sesión plenaria, hemos respaldado esta iniciativa. Esperamos que consiga
atraer una auténtica movilización social y, obviamente, también en
España.
La comisaria europea de Sanidad, Stella Kyriakides, aseguró a
los eurodiputados que “sus peticiones de transparencia han sido
escuchadas”. ¿Está de acuerdo? ¿En qué se traduce concretamente?
Lo desconocemos. Llegó a decir en una sesión plenaria que el contrato
de Pfizer se haría público, que tenían un acuerdo con Bourla. Luego,
dos horas más tarde, hubo un tuit del portavoz de la Dirección General
de Salud (DG-Santè), quien afirmó todo lo contrario. Expuso: “No tenemos
aún un acuerdo con Pfizer”. La Comisión no es del todo clara. Hace
promesas porque está bajo presión.
Hasta este momento estamos hablando de la transparencia de los contratos de compra, pero ¿aquí acaba la transparencia?
Aquí hay otro aspecto problemático, que es la transparencia de
aquello que denominamos “brotes”. En Bélgica, por ejemplo, durante mucho
tiempo, no se podía determinar el foco real de infección. Era un
problema porque no sabíamos dónde estaba el origen. ¿Por qué? No se
quería dar a conocer este dato porque no se quería presionar a las
empresas, a las fábricas de producción, etc. Ahora lo sabemos. Sabemos
que gran parte de las infecciones tenían lugar en el ámbito laboral. Lo
que debería incitar a los gobiernos a realizar más inspecciones para ver
si cumplen con las normas establecidas. En lo que respecta a los datos
de las estadísticas, en general es todo un reto obtenerlas a nivel local
pero también a nivel nacional. Por ejemplo, el ECDC
(Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades)
discrimina cada zona de riesgo por colores, pero estos no se interpretan
ni se utilizan de la misma manera en todos los países. Para decirlo
claramente, los países los adaptan un poco a su modo, ¿no? Y por lo
tanto, incluso esto es un problema, si bien, mucho más capilar. Por
nuestra parte, siempre abogamos y reclamamos todavía aún hoy la
disposición de todos los datos posibles en open access. Los
solicitamos, por ejemplo, para poder identificar los brotes, conocer la
cantidad de vacunaciones realizadas… Aunque parezca insólito, en
Bélgica, hasta hace poco, hasta hace dos semanas no había datos públicos
oficiales del número de vacunas realizadas.
Hemos cruzado el umbral de los dos millones de muertes
asociadas con la covid-19. Los países europeos han estado en el
epicentro de la pandemia y el exceso de mortalidad en las tres oleadas.
En su opinión, ¿ha pesado quizás más la economía que la salud o son
otros los motivos?
Hemos visto que la economía ha pesado más que la salud en diferentes
momentos. Lo vimos en su tiempo en Lombardía (Italia), cuando la
Confederación General de la Industria Italiana (Confindustria)
presionaba para no cerrar ciertas fábricas y lo vemos ahora con la
vacuna. Sin embargo, el punto en el que nos encontramos ahora es el
mismo. Sí, este es un sistema económico problemático. Sin embargo, según
pasa el tiempo, esta crisis está abriendo una oportunidad para poner
sobre la mesa ciertas cosas. Pienso, por ejemplo, en la idea de invertir
en salud pública. Durante años, hemos asistido a importantes recortes
en diversos países. Hemos visto a la Comisión Europea insistir a los
países miembros en sus recomendaciones, hasta en 63 ocasiones, para que
redujeran el gasto público en salud. Hemos visto privatizaciones en
todas partes. Pero hoy crece el número de personas que dicen: “Realmente
necesitamos un sistema de salud muy fuerte con una primera línea de
base (médicos de atención primaria) mejor financiada que antes”. Este
cambio también lo constatamos en las vacunas. En el caso de medicamentos
esenciales, dependemos por completo de la buena voluntad del poder
farmacéutico. Ahora bien, ¿es esto normal? Desde este punto de vista veo
un resquicio de esperanza. Es decir, veo todo lo que salió mal, pero
también veo que hay una cierta apertura en la opinión pública para
cambiar la lógica de las cosas.
¿Cómo valora el papel desempeñado por la UE en la gestión del
SARS-CoV-2? ¿Ha estado la Unión Europea a la altura de esta pandemia y
de la ciudadanía? Los ciudadanos tuvieron la impresión de que la UE
actuó casi a cámara lenta y de modo algo caótico ¿Cuál es su opinión?
Esta no es una elucubración. Fue así. Es decir, hemos presenciado
todas estas luchas intestinas nacionales, nacionalistas, de los
diferentes países. Alemania que bloqueaba el material médico… En mi
opinión, ocurrieron situaciones y olas muy negativas porque todos los
países han hecho lo mismo, han actuado cada uno, un poco a su manera
¿no? La UE se construyó principalmente como un espacio de competitividad
económica y claramente esto ha dificultado la coordinación. Por
ejemplo, Lombardía dijo: “Si cerramos, entonces tal vez, la región del
norte, nuestro país perderá competitividad frente a Alemania”. La
dinámica del mercado y de la competencia es, no obstante, el ADN de la
UE. Lo que hace muy difícil cooperar, colaborar…
La idea de negociar conjuntamente con las farmacéuticas era buena
porque si la UE dice: “Somos 27 Estados miembros, 450 millones de
personas, negociamos a un precio más alto que cada país”…
Lamentablemente, después, han negociado, vamos a decirlo así, mal.
Cedieron a las demandas de las compañías farmacéuticas. Alemania decidió
luego negociar en paralelo...
¿Es un problema de falta de competencias?
Hay quienes dicen que esto sucede porque la UE no tiene competencias.
Yo creo que no es cuestión de competencias sino de voluntad; de si
queremos o no; de si renunciamos a nuestra competitividad económica o
pensamos en la salud pública como una prioridad. La respuesta en cada
uno de los Estados ha sido optar por la competitividad económica,
lamentablemente. La UE tiene una enorme responsabilidad en el
debilitamiento de los sistemas nacionales de salud y en la austeridad.
Esto es algo que no debemos olvidar. El hecho de reclamar un poder
competencial es consecuencia directa del tipo de Europa que hemos
construido. También han existido pequeños bellos momentos como la compra
común agrupada de vacunas ¿no? Lo que más me preocupa ahora, sin
embargo, es que la UE está ideando un nuevo programa de salud, es decir,
un Programa Europeo de Salud, y allí el sector privado jugaría un papel
muy importante. Me temo que si lo permitimos, la construcción de esta
Europa de la salud acabe siendo, en realidad, una construcción de
mercado más que de un sector público de salud a nivel europeo. Y esto,
lo temo, lo temo mucho.
“Nadie estará a salvo hasta que todos estén a salvo”. Este es
el lema de la OMS y la UE. Para garantizar la igualdad de acceso a las
vacunas en los países pobres se creó la herramienta COVAX. Sin embargo,
en estos días, el mismo director general de la OMS ha publicado este
impactante tuit: “Se han administrado más de 39 millones de dosis de la
vacuna en al menos 49 de los países de mayores ingresos. Solo 25 dosis
se han administrado en uno de los países de menores ingresos. No 25
millones, ni 25.000, sólo 25 dosis”. ¿Es esto un fracaso moral?
En terceros países es un desastre, una catástrofe moral. Esto es lo
que dijo Tedros Adhanom porque habrá cerca de setenta países que no
tendrán acceso a la vacuna este año. Algunos países y personas deberán
esperar a 2024. Sí, esta es una catástrofe inmoral por falta de
solidaridad. Se pidió que se suspendiera la patente a Sudáfrica y la UE
lo rechazó, en consonancia con la Organización Mundial del Comercio. Lo
encuentro escandaloso. Sobre el tuit de Tedros, son las cifras las que
destrozan la retórica de la CE sobre la solidaridad internacional. No se
trata de elegir entre Europa o el resto del mundo. La elección que
debía hacerse es: ¿queremos beneficios privados a través de patentes o
queremos una vacuna pública y común? Esa era la elección, una elección
que todavía nos estamos planteando hoy día.
Ante el imparable número de muertes y la incertidumbre de
mutaciones que podrían poner en peligro la eficacia de las vacunas, el
Parlamento Europeo ha pedido una mayor solidaridad a todos los agentes
implicados, incluidos los gobiernos y la industria farmacéutica. ¿Tiene
su grupo europarlamentario medidas concretas para garantizar un mejor
acceso, equidad y rapidez en la distribución de vacunas?
Más allá de que el trabajo se desarrolle aquí y allá o en comisiones
parlamentarias, la cuestión realmente importante es apoyar la iniciativa
ciudadana de la que hablamos antes porque es un instrumento legal. Es
decir, si estas personas consiguen un millón de firmas, entonces, en ese
caso, la Comisión debe dar respuesta. Este no es un detalle menor. Debe
también trasladárnosla a nosotros como parlamentarios, lo que otorgaría
un peso específico a las iniciativas parlamentarias en marcha. Si se
consigue el respaldo social, podríamos intervenir en el pleno y decir:
“No somos solo nosotros, tenemos detrás a un millón de ciudadanos”.
Disponemos de instrumentos suficientes –como las licencias
obligatorias a nivel nacional– y, por tanto, todas las opciones técnicas
están ahí. La voluntad política, si la hay, bastaría para ponerlas en
práctica. Y para eso confiamos mucho en la movilización social.
La Unión Europea es responsable de negociar los contratos de
compra (vacunas, pruebas, etc.), firmar contratos y velar por el
cumplimiento de sus términos. A pesar de ello, ha habido mucha polémica
en los últimos días por los retrasos en la distribución de la vacuna por
parte de Pfizer y de AstraZeneca, lo que puede poner en riesgo los
planes de vacunación de los grupos más vulnerables. Italia amenazó con
activar a la Abogacía del Estado por incumplimiento de contrato. Seis
Estados miembros enviaron una carta de protesta a la Comisión Europea.
El Reino Unido quería salvar la vacuna ofreciendo una sola dosis. Angela
Merkel está trabajando en un presunto acuerdo con Rusia para ayudarse
mutuamente en la producción y uso de vacunas. El diario israelí Globes hizo público un acuerdo firmado con Pfizer
el pasado 6 de enero por el que, supuestamente, la farmacéutica daría
prioridad a Israel para algunos de los envíos si el país le
proporcionaba datos epidemiológicos para evaluar la efectividad de la
vacuna.
¿Qué está pasando con la distribución de la vacuna en Europa? ¿Prevalece el nacionalismo sobre la salud pública mundial? ¿Es un grito desesperado de sálvese quien pueda? ¿Hay alguna forma de evitar estos aparentes dobles juegos? ¿Podrían estos nacionalismos de las vacunas penalizar también a la UE?
Desconozco los detalles, pero hay quien dice que Israel podría haber
pagado supuestamente al menos el doble que la CE y, por lo tanto... En
definitiva, es el modelo económico el que es incorrecto. Pfizer es una
empresa que quiere obtener beneficios económicos. Tienen una vacuna que
es eficaz pero que, sin embargo, tiene un gran defecto, que es que debe
conservarse a una temperatura inferior a la estándar, esto es, a -70ºC.
Sí de aquí a dos o tres meses disponemos de una vacuna que simplemente
se puede guardar en la nevera, quizás la de Pfizer empezaría a venderse
poco, poco, poco. Y por lo tanto, Pfizer ahora maximiza las ganancias y
vende rápidamente. Presiona y vende. Cuando alguien viene y dice
supuestamente que paga el doble, entonces Pfizer le da prioridad a
Israel... Es un problema y no sé hasta qué punto es legal si se compara
con el contrato llevado a cabo con la CE. En otras palabras, lo
verdaderamente problemático del asunto es que relegamos el poder de
decisión a la empresa. La lógica del asunto israelí demuestra la
perversión del modelo actual. Si tienes mayor capacidad de compra,
adquieres más vacunas. Si no la tienes, como ocurre en África o en otros
países, no las tendrás este año. Hay 70 países en el mundo que no
accederán a estas vacunas este año. Debemos reflexionar sobre el tipo de
modelo económico del que estamos hablando.
¿El punto de partida de este desequilibrio en el acceso a las
vacunas podría deberse también de alguna manera a que fueron los países
ricos quienes consiguieron asegurar la reserva de compras masivas de
vacunas a precios de mercado? No existe ninguna ley internacional que
impida la ejecución de acuerdos de compra anticipada. ¿Debería existir?
Me parece difícil vetar la compra anticipada a escala internacional.
La única contramedida posible sería partir en dos la patente. Es decir,
lo repito, si la vacuna, un fármaco, es de propiedad privada, entonces
la empresa propietaria puede venderla como quiera y a quien quiera. Si
queremos evitarlo, debemos impedir que se convierta en propiedad
privada. Lo cual, me parece muy legítimo, en la medida en que la hemos
financiado todos. Ciertamente, las compras anticipadas o bilaterales que
ha llevado a cabo la UE, Israel, etc., niegan las vacunas a otros, pero
esto es posible solo porque la vacuna es de propiedad privada. Si fuera
de propiedad pública, sería imposible hacer algo así.
La sociedad europea tiene mucha confianza en que los fondos
europeos para la recuperación servirán para reconstruir una nueva Europa
¿Podemos hablar de victoria? ¿Existe el riesgo de que los fondos de
recuperación acaben desarrollando planes alejados de los ciudadanos, de
sus necesidades y sentimientos?
Por supuesto. Lo positivo es que, por primera vez, se ha desarrollado
un mecanismo de solidaridad europea; un mecanismo que, aunque limitado,
no deja de ser importante porque comporta, entre otras cosas, la cesión
de préstamos conjuntos, etc. En mi opinión, esto constituye de por sí
una victoria. Por lo que respecta, sin embargo, a las prioridades y a
cómo se gastarán estos fondos, será objeto también de lucha a nivel
nacional. Cada país, cada región, tendrá que sopesar cómo se gastarán
estos fondos. Un problema grave es que el objetivo de estos fondos no es
otro que el de favorecer la competitividad de las empresas. Por lo que
acabaríamos financiando proyectos que antepongan la competitividad y,
por tanto, los intereses empresariales. Con todo, todavía hay espacio
para la garantía social y climática, aunque menor. La prioridad número
uno es la competitividad. La número dos es digital y verde. Ambas se
citan como meros instrumentos para alcanzar esta competitividad. Pienso
que debería ser al revés. La meta debería ser social, pragmática. Aquí
el único objetivo es la competitividad. En mi opinión, ésa es la mayor
debilidad de este plan europeo. No obstante, si los países utilizan
estos fondos para fortalecer, no sé, estructuras, ejes y dimensiones
públicas, entonces pueden tener un impacto muy positivo. Pero me temo
que, también a nivel nacional, la lógica que prevalecerá será otra muy
distinta. Todo dependerá de los gobiernos y de la movilidad oceánica de
la gente.
Cuando uno lee el contenido de los fondos de recuperación
europeos estos parecen centrarse principalmente en la digitalización y
la transición ecológica a través de la activación de uniones
público-privadas. La inversión en el sector público (por ejemplo, en la
salud pública, la ciencia pública, la sanidad pública…) parece mucho más
matizada o casi inexistente. ¿Me equivoco...?
Es toda una contradicción en sentido estricto. Sí, efectivamente,
esta es la lógica europea de todos los tiempos. Lamentablemente, es así.
Pero también es cierto que hay una cierta apertura a las entidades
públicas. En este preciso momento, se juega la carta de los proyectos
que los países miembros propondrán a la UE. Está sobre la mesa una
petición de reformas estructurales como contrapartida a la que nos
oponemos vivamente. Esa es otra lucha que lidiar. Con todo, hay un
pequeño margen de maniobra, que si bien no cambiará la lógica de este
proceso sí que guiará la forma de combatirlo. Existen muchas cosas por
las que seguir luchando. Ahora se debe luchar por lo concreto: qué
proyectos [salen adelante], con qué garantías sociales, climáticas, etc.
Y, luego está, efectivamente, toda la lucha de fondo de cómo
garantizamos y nos movilizamos para lograr anteponer el bienestar de los
trabajadores, de los ciudadanos, de la gente a la competitividad
internacional. Ésta es, digamos, la línea base a seguir.
¿Hay entonces un mensaje de esperanza para la sociedad europea?
Cuando reflexionamos sobre la UE, una cosa que constatamos es que
existe un enorme sentido de unidad entre las diferentes empresas
connacionales que aún siguen logrando coordinarse en las luchas.
Consiguen sacar adelante proyectos conjuntos. Y creo que a nivel de las
luchas sociales, lo hacemos demasiado poco.
Necesitamos una unidad social por y para el pueblo, para los
trabajadores europeos. Y lo vemos una vez más en las vacunas. Lograr
esto es importante porque no podemos ganar estas batallas solo en
Bélgica, solo en Italia, solo en Alemania... Necesitamos un movimiento
social europeo. Es obvio, y por lo tanto, mi esperanza es esa. Veo que,
en los últimos años, los trabajadores de Ryanair, por ejemplo, pero
también otros trabajadores, han lanzado movimientos europeos. Espero que
esta pandemia y todo el debate en torno a las vacunas pueda permitirnos
fortalecer la dimensión europea de nuestras luchas.
Fuente:https://www.ctxt.es/es/20210201/Politica/34946/Casandra-Greco-entrevista-vacunas-patentes-UE-Marc-Botenga-eurodiputado-GUENGL.htm