martes, 5 de mayo de 2015

El testigo de la infamia

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70 Aniversario de la liberación de Mauthausen
Francisco Boix, prisionero republicano, robó miles de imágenes a las SS del campo de exterminio que luego fueron utilizadas en el juicio de Núremberg.

El historiador Benito Bermejo relata en un libro la epopeya de este héroe desconocido.
elmundo.es / Pedro G. Cuartango / 05-05-2015
“El horror”. Estas son las últimas palabras de Kurz, el siniestro personaje de Conrad en ‘El corazón en las tinieblas’ cuando se dispone a morir. Esa es también la frase que me vino a la cabeza en el cementerio donde hay enterradas 3.000 mujeres en el campo de exterminio de Mauthausen. El viento mecía la hierba en un atardecer resplandeciente mientras cantaban las pájaros en el bosque cercano. Todo era paz en aquel reino del espanto en el que fueron asesinadas 100.000 personas que contemplaron por última vez el mismo cielo y el mismo paisaje que yo estaba viendo.

Mientras el campo cercano de Gusen era arrasado e incendiado por orden de Stalin en 1947, Mauthausen se ha mantenido esencialmente intacto, ya que fue construido a partir de 1938 con gruesos muros de granito, extraído de una cantera cercana por los presos. Todavía se conservan en buen estado los pabellones donde vivían hacinados los deportados, las instalaciones de las SS, la cámara de gas, el horno crematorio y las torres y alambradas de los vigilantes. Los espectros de los muertos vagan por estos lugares mientras el reloj parece haberse detenido.

Más de 4.000 republicanos españoles están enterrados en las fosas de Gusen y Mauthausen
Los cuerpos descansan en las tumbas desde hace mucho tiempo, pero las almas siguen vivas en los retratos y las lápidas que nos recuerdan las tragedias personales de quienes cruzaron los dos torreones de entrada y que se quedaron en Mauthausen para siempre. Hoy se cumplen 70 años de la liberación del campo por la XI división blindada del Ejército de EEUU. Hay una imagen en la que aparecen unos soldados americanos en un tanque a las puertas del campo, donde se puede leer una pancarta que reza: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”. No en vano 8.000 combatientes de la República fueron deportados desde Francia a Mauthausen, una pequeña localidad cercana a Linz, en el oeste de Austria. La mitad de ellos perdió la vida. Casi todos están enterrados en las fosas cercanas a las vallas del ‘lager’.

Testimonio gráfico
Hoy disponemos de un valioso testimonio de lo que aconteció en aquel infierno gracias al fotógrafo catalán Francisco Boix, militante del Partido Comunista, deportado a Mauthausen en 1940 cuando se hallaba trabajando en Francia. Boix ingresó en el llamado Erkennungsdienst, el departamento de identificación del campo, en el que existía un archivo con 60.000 fotografías realizadas por las SS.

Sorprendentemente, los miembros de las SS se tomaron la molestia de documentar la rutina cotidiana, las condiciones de vida y los suicidios y asesinatos que se producían en el recinto, tal vez llevados por un mezcla de siniestra meticulosidad y de complacencia hacia sus superiores. No pensaban que esas fotos iban a conducir a la horca a más de 60 oficiales y guardianes del campo, juzgados después de la guerra.

La gran mayoría de los prisioneros murieron a causa de las infernales condiciones de trabajo
En el caos de los días finales del derrumbamiento del régimen de Hitler y la huida de los verdugos, Boix logró sacar en unas maletas cerca de 20.000 imágenes que fueron escondidas en la casa de Anna Pointner, una resistente austríaca. Esas fotografías fueron parcialmente publicadas por la prensa francesa en 1945 y sirvieron en el proceso de Núremberg para mostrar al mundo la barbarie nazi. El propio Boix testificó en el juicio, desmontando la coartada de jerarcas que negaban haber visitado Mauthausen como Ernst Kaltenbrunner, el lugarteniente de Heinrich Himmler.

La peripecia de Boix y los sufrimientos de los presos del campo están minuciosamente narrados en ‘El fotógrafo del horror’, un libro del historiador Benito Bermejo, editado por RBA. Bermejo, nacido en Salamanca en 1963, ha investigado durante más de 20 años las penalidades de los republicanos españoles deportados a los campos de exterminio y, más concretamente, lo sucedido en Mauthausen.

Desenmascarar a un impostor
Benito Bermejo fue el hombre que desenmascaró a Enric Marco, el impostor que se había hecho pasar por víctima de los nazis y preso en Mauthausen y que había llegado a presidir la asociación de los miles de republicanos españoles supervivientes. Marco se creó una falsa leyenda que culminó en su elección como secretario general de CNT. Bermejo nunca se creyó a este personaje henchido de afán de protagonismo y ambigüedad.

420 niños judíos deportados de Hungría fueron asesinados la noche en la que llegaron al campo
“Mauthausen tenía 18.000 prisioneros cuando los americanos llegaron el 5 de mayo de 1945. Había otros 23.000 hombres en Gusen que trabajaban como esclavos en la maquinaria de guerra. Varios miles de ellos murieron en las semanas siguientes porque las condiciones de vida eran infrahumanas. Podemos calcular que en total hubo unas 200.000 personas en los dos campos. Eran austriacos, españoles, polacos, franceses, holandeses y rusos, entre otras muchas nacionalidades”, subraya Bermejo.

“Los españoles lo pasaron muy mal hasta 1943. Sólo sobrevivieron unos pocos como Boix, que, por su destino como fotógrafo, recibía mejor trato que sus compañeros. Pero luego las condiciones mejoraron porque los presos republicanos tejieron una red de solidaridad y se ganaron la confianza de los guardianes de las SS, que también se daban cuenta de que Alemania podía perder la guerra”, comenta Bermejo.

Los prisioneros peor tratados fueron los soldados rusos, que prácticamente eran exterminados a los pocos días de llegar a Mauthausen, casi siempre después de largas caminatas, sin ropa adecuada y carentes de comida. Más de 1.800 cautivos del Ejército Rojo fueron hacinados en un barracón para 200 personas. Era una condena a muerte, ya que la administración del campo no les alimentaba y les sometía a un trabajo brutal. Ninguno de ellos pudo sobrevivir.

En el memorial del campo, hay expuesto un abrigo y un botón de un uniforme soviético. “Esto es lo que queda de los miles de soldados rusos que fueron deportados a Mauthausen. Fueron tratados con extremada crueldad y mucho peor que el resto de los prisioneros. El personal de las SS no tenía piedad con ellos. La gran mayoría moría de inanición. Trabajaban desnudos en invierno y eran golpeados y vejados por los guardianes”, asegura Christian Dürr, funcionario del Ministerio de Interior del que ahora dependen las instalaciones de Mauthausen.

Campos de trabajo
Mauthausen y Gusen no eran técnicamente campos de exterminio, ya que sólo una pequeña minoría de deportados fue gaseada en las cámaras. Casi todos los presos murieron a causa de las durísimas condiciones de trabajo en la extracción de granito en una cantera cercana. Los que no soportaban el acarreo de los bloques de mineral se suicidaban, muchos de ellos arrojándose contra las alambradas electrificadas del recinto.

En un testimonio recogido en el libro de Bermejo, el superviviente Lope Massaguer describe el día a día en el campo: “La muerte se había convertido en parte de nuestra vida, el hambre estrujaba constantemente nuestros intestinos y el frío mordía nuestro cuerpo. Olíamos a muerte y pensábamos siempre en ella. La temíamos mucho menos que al dolor y las humillaciones. La muerte era nuestra amiga y a veces nuestra única posibilidad de escapar”.

Los soldados del Ejército rojo eran hacinados en los barracones y no tenían ropa ni se les daba de comer
Había 35 formas de morir en Mauthausen, según enumeró el prisionero austríaco Ernst Martin, entre ellas, el intento de fuga, el suicidio por salto en el vacío, el ahorcamiento, la cámara de gas, la inyección letal, el encadenamiento en una pared, el despedazamiento por los perros o las duchas con agua helada en invierno.
Lo que queda en el campo evoca este infernal catálogo y el sufrimiento de todas y cada una de las víctimas, despojadas de su dignidad y reducidas a la condición de un número y un símbolo en el uniforme carcelario. Los presos republicanos llevaban una letra S dentro de un triángulo azul. El color rojo identificaba a los comunistas y los judíos llevaban la estrella de seis puntas. Había otros signos de identificación para los gitanos, los homosexuales y los delincuentes comunes, que eran los que mejor trato recibían de las SS.
No hubo muchos judíos en Mauthausen, pero su suerte fue la misma que la de los soldados soviéticos. En febrero de 1945, una noche llegaron a Gusen 420 niños procedentes de Hungría y de origen hebreo. Fueron enviados a la cámara de gas e incinerados horas después de cruzar las puertas del campo. No quedó de ellos ni siquiera un cabello.

Prisioneros esclavos
Gusen, el llamado ‘Campo invisible’, albergaba instalaciones militares construidas en el interior de una montaña. Allí se montaban a partir de 1944 los cazas de combate Messerschmitt en condiciones infrahumanas porque el agua se filtraba por las rocas. Más de 7.000 prisioneros esclavos llegaron a trabajar en esas galerías de la muerte.

Los presos que subían bloques de granito por una gran escalera eran empujados por las SS al llegar arriba
Pero peor todavía era la fábrica de bloques de granito, donde el polvo y los productos tóxicos mataban a decenas de prisioneros cada día. “Si el granito de la cantera de Mauthausen iba destinado a la construcción del campo y a los grandiosos proyectos de Albert Speer en Alemania, el que se producía en Gusen era empleado por los nazis para construir todo tipo de monumentos en Austria”, explica Martha Gammer, profesora y estudiosa de este ‘lager’. Cuenta cómo los guardianes de las SS utilizaban a los presos del campo para sus fiestas y luego, a altas horas de la madrugada, les asesinaban a tiros en la escalinata del casino que existía en el lugar.

Hoy no queda ningún resto de los horrores de Gusen, ya que los barracones y todas las instalaciones fueron destruidas por los rusos, que prohibieron el acceso a la población civil y declararon la zona de alta seguridad militar. Hasta que el Ejército Rojo se retiró en 1955, Gusen permaneció cerrado al mundo. Por ello, los historiadores desconocieron su existencia hasta los años 70.

Gusen es ahora un apacible y atractivo pueblo de varios miles de habitantes, con confortables chalés llenos de flores, bicicletas en los garajes y estatuas de enanitos en sus verdes jardines. Hay un albergue llamado Heimathaus, que significa la casa de la felicidad. Sus habitantes han olvidado que hace 70 años el lugar que pisan hoy era un campo de exterminio donde murieron miles de republicanos españoles.

Más de 7.000 esclavos trabajaban en las galerías subterráneas para construir aviones de combate
Desde Gusen se llega en un corto paseo a la cantera de Mauthausen, al otro lado de la montaña. Allí los presos construyeron una enorme escalera de granito de 186 peldaños. Bermejo relata cómo los presos subían la elevada pendiente cargados con bloques de mineral y, al llegar arriba, eran empujados a culatazos por las SS, que se reían de sus víctimas. Algunos presos optaban por suicidarse desde lo alto.
Varios miles de deportados perdieron la vida en la construcción de esta siniestra escalera que produce vértigo al bajarla por su elevada inclinación. Una inscripción recuerda la desgracia de los que perecieron en este paraje.

Muy cerca se hallan los monumentos construidos por los Gobiernos tras el final de la guerra. Destaca el gigantesco candelabro judío desde el que se domina la cantera. En el levantado por la antigua RDA, hay una cita de Brecht. Y a un centenar de metros se encuentra el erigido por los prisioneros españoles a las víctimas. Una bandera republicana, desgarrada por sus costados, yace al pie del monumento, sujeta por unas piedras.

Triste destino de un símbolo por el que dieron la vida los españoles enterrados en las fosas comunes de Mauthausen y Gusen. Dan ganas de echarse a llorar, pero ahí queda el testimonio de coraje y dignidad de unas personas que dieron la vida por defender sus convicciones. Ese es su legado.

Fuente:  http://memoriahistorica.org.es/s1-news/c3-destacado/el-testigo-de-la-infamia/
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Gates y Buffett alertan sobre una burbuja en el mercado financiero e inmobiliario


Gates y Buffett
La cadena financiera CNBC ha reunido en un mismo plató a Bill Gates y Warren Buffett para analizar la actualidad económica, informa Eleconomista. Allí han alertado sobre la creación de una burbuja en el mercado financiero e inmobiliario, provocada por los bajos tipos de interés y las compras de activos de la Fed.

El presidente de Microsoft ha explica que “el actual entorno de bajos tipos de interés (a nivel mundial), no se debería mantener. Se van a crear problemas relacionados con el endeudamiento y las burbujas ¿cómo vamos a salir de este tipo de políticas sin perjudicar a la economía? Va a ser muy complicado”, explica Bill Gates.

EEUU será el primero“La gente y los inversores esperan que sea EEUU el que lidere la búsqueda de una solución a este problema”. La Fed se encuentra en una posición difícil, subir los tipos de interés deberá ser la siguiente medida en EEUU. La mayor potencia del mundo puede ser a la vez el país de prueba ¿cómo desinflar la burbuja sin que estalle? Se podrán apreciar los efectos que produce la transición de una política monetaria expansiva a una restrictiva.

Por su parte, Buffett se ha manifestado en la misma línea que Gates. El inversor ha explicado que con los tipos de interés actuales “puedes pedir prestado dinero con muy pocos costes, de modo que puedes financiar todo lo que quieras. Estas medidas han causado un cambio dramático del valor real de la vivienda y probablemente también ha cambiado el precio de las acciones”.

“No confío del todo en este sistema de imprimir dinero y tirarlo, confío mas en imprimir dinero y usarlo para construir infraestructuras y activos tangibles… Todo el mundo está confiando demasiado en estos trucos monetarios”.

Fuente:  http://www.yometiroalmonte.es/2015/05/05/gates-buffett-alertan-burbuja-mercado-financiero-inmobiliario/

Berlín en julio de 1945

 Así lucía Berlín justo después de la Segunda Guerra Mundial. Vídeo a color de distintas partes de la ciudad en el verano de 1945, el Reichstag, la puerta de Brandeburgo, el tranvía funcionando


lunes, 4 de mayo de 2015

"La sociedad cerrada", primera retrospectiva de fotografía de la República Democrática Alemana


Código de señales Montaje de tres de las fotos del archivo de la Stasi. Los agentes hacen señales de significado pactado para ser usadas en labores de vigilancia (Simmon Menner)

Polaroid para registros Antes de proceder a un registro secreto, la Stasi hacía Polaroids de toda la casa para luego dejar cada cosa en su sitio y disimular el registro (Simmon Menner)

Espía retrata a espía Las fotos más chocantes localizadas por Menner en los archivos de la Stasi muestran a agentes del espionaje de la RDA retratando a agentes de otros servicios de inteligencia presentes en las zonas limítrofes entre el Berlín oriental y el occidental (Simmon Menner)

Espiando una embajada Foto tomada a escondidas por la Stasi durante la operación de vigilancia a una embajada (Simmon Menner)

Tres modelos de disfraz Un funcionario de la Stasi retratado con tres opciones diferentes de atuendo para ejercer el espionaje (Simon Menner)

Más arte del disfraz El fotógrafo Simmon Menner localizó estas tres fotos de un espía disfrazado en los archivos de la antigua Stasi (Simmon Menner)


La Stasi llegó a tener dos millones de chivatos ocasionales


Más información: http://www.20minutos.es/noticia/1575352/0/sociedad-cerrada/primera-retrospectiva/fotografia-rda/

domingo, 3 de mayo de 2015

Día Mundial de la Libertad de Prensa: Matar al mensajero

Hoy se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Esta es la zona reservada a los medios de comunicación en Balltimore, USA. Fotografía: Edwin Torres

© Pablo Andrés Alegría y equipo de ESDIR Cuando, en enero, 12 personas que trabajaban en la revista satírica Charlie Hedbo fueron abatidas a tiros en sus oficinas del centro de París, el mundo despertó a la sombría realidad de las amenazas a las que miles de profesionales de los medios de comunicación se enfrentan a diario.

Las campañas globales de apoyo al trabajo de la revista transmitieron el mensaje inequívoco de que nadie debe pagar con su vida el precio de ejercer su derecho a la libertad de expresión.
Sin embargo, detrás de aquel único suceso que acaparó los titulares internacionales, hay miles de profesionales de los medios de comunicación que, en todos los rincones del mundo, sufren acoso, intimidación, amenazas, tortura y encarcelamientos injustos por parte de gobiernos y grupos armados en un vil intento de impedirles colocar un espejo frente a la sociedad.

En países como México y Pakistán, el poseer un carné de prensa es tan peligroso que muchos profesionales de los medios de comunicación terminan por abandonar su trabajo, movidos por el miedo.

Según Reporteros sin Fronteras, 22 periodistas y trabajadores de medios de comunicación han sido víctimas de homicidio y más de 160 han sido encarcelados únicamente en 2015
. En 2014, casi un centenar de profesionales de los medios de comunicación murieron a causa de su trabajo.

Los responsables de los ataques y homicidios contra periodistas rara vez comparecen ante la justicia.
“En el mundo, donde quiera que mires, encuentras el caso de un periodista que ha sufrido acoso, amenazas, encarcelamiento injusto, e incluso ha muerto, a manos de un gobierno o un grupo armado que querían impedirle informar sobre cuestiones que consideraban controvertidas”, ha manifestado Susanna Flood, directora del Programa de Medios de Comunicación de Amnistía Internacional.

“Los gobiernos se muestran cada vez menos dispuestos a tolerar la disidencia, y más decididos a hacer lo que sea para impedir que los periodistas hablen e informen a la opinión pública. El mensaje parece ser: ‘si te atreves a informar sobre cuestiones de derechos humanos, prepárate a pasar un tiempo en prisión, o incluso a morir’.”

Matar al mensajero
En Pakistán, uno de los países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, los profesionales de los medios de comunicación sufren habitualmente acoso, intimidación, secuestro, tortura y homicidio a manos del ejército y los servicios de inteligencia, los partidos políticos y los grupos armados.

Desde 2008, se calcula que 40 periodistas han muerto violentamente a consecuencia directa de su trabajo para informar sobre cuestiones como la seguridad nacional o las violaciones de derechos humanos.
Según la información de que dispone Amnistía Internacional, los tribunales paquistaníes sólo dictaron condenas en los casos del periodista del Wall Street Journal Daniel Pearl, muerto en 2002, y del reportero de GEO News Wali Khan Babar, muerto en 2014.

Los ataques contra otros, como Hamid Mir, periodista que trabajaba para GEO TV y escapó por poco a un intento de asesinato en Karachi el año pasado, han quedado impunes, con las investigaciones paralizadas.

Cargos falsos
Para miles de personas más que trabajan en medios de comunicación, el castigo llega en forma de largas penas de prisión por cargos falsos.

Mahmoud Abu Zeid, reportero gráfico egipcio conocido como “Shawkan”, ha permanecido detenido durante más de 600 días como castigo por tomar fotografías de la violenta dispersión de la sentada de Rabaa al Adawiya en agosto de 2013. Aún no ha sido acusado formalmente de ningún delito, y permanece recluido en una pequeña celda de la tristemente famosa prisión de Tora, en El Cairo.

“Comparto con 12 presos políticos una celda que mide tres metros por cuatro. Pasamos días o semanas sin tener acceso al sol o al aire libre. Soy un reportero gráfico, no un delincuente. Mi detención indefinida es psicológicamente insoportable. Ni siquiera los animales sobrevivirían en estas condiciones”, dijo recientemente en una carta publicada por Amnistía Internacional.

La historia de Shawkan no es ni mucho menos insólita. Desde el derrocamiento del presidente Morsi en julio de 2013, decenas de periodistas han sido detenidos o condenados en todo Egipto en castigo por su trabajo. Dieciocho de ellos continúan aún entre rejas, sin apenas esperanzas de ser puestos en libertad.

Al igual que en Egipto, muchos gobiernos de todo el mundo utilizan indebidamente los tribunales para impedir a los periodistas informar sobre cuestiones de derechos humanos o para castigar a los que lo hacen.
El periodista maya Pedro Canché Herrera permanece encarcelado desde que, el 30 de agosto de 2014, fue detenido por un presunto delito de sabotaje en el estado de Quintana Roo, México. Su detención se produjo unos días después de que publicara imágenes de una protesta por el incremento de las tarifas del servicio de agua celebrada por residentes del municipio de Felipe Carrillo Puerto ante la oficina de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado.

Registros, intimidación y acoso
Los gobiernos también recurren a los registros, la intimidación y el acoso contra periodistas para impedirles informar sobre cuestiones que las autoridades prefieren mantener fuera de la agenda pública.

A finales de diciembre de 2014, las autoridades bosnias llevaron a cabo un registro en las oficinas del popular portal de noticias klix.ba, y presionaron a los periodistas para que revelaran sus fuentes en relación con una grabación de audio filtrada que presuntamente desvelaba sobornos a alto nivel.

La policía confiscó ordenadores portátiles, 19 discos duros y teléfonos móviles particulares en una operación que duró varias horas y en la que se destruyó parte del equipo técnico. Un redactor y un periodista fueron detenidos para interrogatorio, y más tarde quedaron en libertad sin cargos. Una revisión judicial posterior concluyó que el registro había sido ilegal, ya que había violado los derechos constitucionales de los periodistas.

Testigos del conflicto armado

Desde Irak hasta la República Centroafricana, pasando por Colombia, Nigeria y Siria, los periodistas se han enfrentado a amenazas y violencia cuando trataban de arrojar luz sobre los abusos sufridos por millones de hombres, mujeres, niños y niñas atrapados en algunos de los conflictos más violentos del mundo.

El periodista Hamza Idris ha sufrido intimidación a manos de las fuerzas de seguridad nigerianas a causa de su labor informativa. En 2014, después de publicar un artículo en el que criticaba la falta de protección adecuada a la población civil por parte del ejército, ocho soldados irrumpieron en su oficina.
“Llevaron al director de la oficina y a otro miembro del personal a la Comandancia de la 7ª División, en el Cuartel de Maimalari. Aunque finalmente los dejaron en libertad, fue todo aterrador. Los periodistas somos el blanco de todos.”

A muchos kilómetros de Nigeria, en Colombia, los periodistas siguen sufriendo amenazas e incluso homicidio por sacar a la luz abusos y violaciones de derechos humanos cometidos en el contexto del largo conflicto armado del país, y por exponer los vínculos de corrupción que algunos funcionarios del Estado mantienen con grupos armados ilegales y la delincuencia organizada.

Según la Fundación para la Libertad de Prensa (FLIP) de Colombia, 26 periodistas han sido amenazados y al menos uno ha muerto en lo que va de año.

El 21 de enero, cinco periodistas, y numerosos defensores y defensoras de los derechos humanos que acompañan a víctimas de desplazamiento forzoso y a personas a las que les han arrebatado sus tierras, aparecieron citados en una amenaza de muerte por escrito firmada por el grupo paramilitar Autodefensas Gaitanistas de Colombia. Las personas cuyo nombre se incluía en la amenaza eran calificadas de colaboradores de la guerrilla.

Irak es también un lugar sumamente peligroso para los periodistas. El jefe de la oficina de Reuters en Bagdad, Ned Parker, tuvo que dejar el país en abril después de recibir amenazas en las redes sociales y en un canal de televisión propiedad de una milicia chií. Esta intimidación se produjo después de que Parker informara sobre los abusos contra los derechos humanos cometidos por las fuerzas gubernamentales y las milicias chiíes durante la liberación de Tikrit, hasta entonces en manos de ISIS.

“El periodismo no es un delito. Los profesionales de los medios de comunicación son los ojos y los oídos de la sociedad. Los gobiernos tienen el deber de garantizar que los periodistas pueden informar libremente sobre cuestiones de derechos humanos sin temor a ser atacados o morir mientras realizan su labor legítima. Las autoridades tienen el deber de llevar ante la justicia a los responsables de los abusos. Ya es hora de que los Estados se tomen sus deberes en serio”, ha manifestado Susanna Flood.

 

Fuente:  http://amnistiainternacional.periodismohumano.com/2015/04/30/dia-mundial-de-la-libertad-de-prensa-matar-al-mensajero/

Los desastres de la guerra 1810-1815

   La mayor parte de las estampas de Los desastres de la Guerra fue grabada durante la guerra de la Independencia contra las tropas napoleónicas. Goya vivió muy de cerca el levantamiento contra el ejército francés desde el principio, primero en Madrid con las revueltas de mayo, después en Zaragoza donde presenció el sangriento primer sitio.

   Los protagonistas de la guerra en Goya son hombres en su sentido más peyorativo, son antihéroes por su cínica actitud ante todos los valores humanos. Goya, en la guerra, es incapaz de percibir estos rasgos de ejemplar heroicidad, él sólo ve la más abyecta violencia de que el hombre degradado es capaz. La guerra es para el pintor, perversidad, continua falta de humanidad del hombre para el hombre y muerte antinatural.

Parece sintomático cómo la guerra específica que inspira a Goya no es en realidad más que un pretexto para expresar su repulsa de la guerra en sí, de la violencia irracional. Es elocuente, en este sentido, que de los ochenta y tres grabados de Los Desastres de la Guerra, tres reproduzcan combates regulares concretos, uno aluda a Agustina de Aragón disparando un cañón y otro represente las ruinas de un bombardeo. En el resto de los grabados, más que de una guerra histórica y convencional entre dos ejércitos, se trata de una lucha personalizada con chuzos, hachas, puñales, piedras y armas.

Con razón ó sin ella
Que valor!
Enterrar y callar
No quieren
Yo lo vi
Extraña devoción!
Que se rompe la cuerda.

Jorge Riechmann: “Consumimos el planeta como si no hubiera un mañana



Jorge Riechmann. Fotografía © Nacho Goberna (2015) 

Denomina Jorge Riechmann al siglo XXI como “el siglo de la gran prueba” o como “la era de los límites”. Nos dice que “estamos consumiendo el planeta como si no hubiera un mañana”; que “lo que hace falta son transformaciones estructurales profundas, casi revolucionarias” y que ya no podemos confiar en que será la generación de nuestros nietos la que las lleve a cabo, porque estamos en “tiempo de descuento”. Todo esto nos lo cuenta en Autoconstrucción, uno de esos libros que funcionan como un aldabonazo en las conciencias, que sacuden el letargo y conducen a plantear la gran pregunta: ¿Estamos aún a tiempo de salvar el planeta? Es un interrogante que el propio autor abre una y otra vez en en el recorrido de un ensayo esclarecedor que nos invita a tomar conciencia de la urgencia de la lucha ecológica, de la necesidad de avanzar lo más suavemente que se pueda hacia sociedades de la sobriedad, de la contención, de otro tipo de realizaciones y plenitudes no asociadas a la adquisición constante de pertenencias, de propiedades, de productos de consumo.

Profesor titular de Filosofía Moral en la Universidad Autónoma de Madrid, traductor, poeta, ensayista, miembro de Ecologistas en Acción y desde hace poco del Consejo Ciudadano de Podemos, Riechmann va desgranando un buen puñado de verdades, de reflexiones incómodas, pero absolutamente necesarias, en esta Autoconstrucción, subtitulada La transformación cultural que necesitamos, que nos anima a pensarlo todo de otra manera, a encontrar nuevas palabras, nuevos vínculos, nuevas imágenes para situarnos frente a un presente de resquebrajamientos y de oportunidades de cambio. “Jamás se había hablado tanto sobre las desigualdades sociales, jamás se había hecho tan poco para reducirlas… Nunca se había hablado tanto los daños ecológicos, y nunca se ha hecho tan poco para delimitarlos”, leemos muy al comienzo de un libro que traza un magnífico diagnóstico de dónde estamos y hacia dónde podemos dirigirnos.

El autor es consciente de que el pesimismo no está de moda, de que el continuo estímulo del pensamiento positivo se puede llegar a convertir en una conveniente cortina de humo, de que a muchos se les llena la boca con la palabra “buenismo” para definir cualquier propósito de solidaridad, de compasión, de cooperación, de igualdad, de que los ecologistas son vistos en muchas ocasiones como catastrofistas y agoreros dispuestos en todo momento a chafar una fiesta en la que muchos siguen pasándolo bien, a costa de mayorías cada vez más empobrecidas e indefensas. Todo parece estar en contra, pero no cabe la resignación, la no resistencia. “Hay esencialmente dos opciones político-morales. La de quienes desean un mundo de amos y esclavos, por una parte; y la de quienes luchan por un mundo de iguales. Al poder del dinero y de las armas, el segundo grupo solamente puede oponer la fuerza de la organización”, abre Riechmann un cauce de futuro.

 No deja de haber autocrítica en el trayecto y tampoco falta el realismo, grandes dosis de realismo que parten de la constatación de las dificultades, de los enormes retos. Y, por supuesto, se revelan hechos y se ofrecen datos, hechos y datos que hablan por sí solos y que, nos guste o no, indican que el rumbo no es el adecuado. Así, el cambio climático que nos conduce a un mundo cuatro grados centígrados más cálido, según predicciones muy optimistas, pero ante el que tantos siguen quitando importancia en nombre de intereses empresariales, intereses que obstaculizan la necesaria disminución de los gases de efecto invernadero. Así, la escasez de fuentes de energía fósiles, que lleva a la agonía de un modelo que se alarga artificialmente, vía prácticas como el fracking, en vez de apostar por invertir en el camino de las renovables.

Mientras las capas de hielo ártico desaparecen, mientras el proceso de la fotosíntesis se está viendo afectado en zonas con altos niveles de contaminación, mientras las abejas se ven amenazadas, mientras… seguimos pensando que habrá tiempo, que la técnica será capaz de solucionarlo; que llegará un día en que volveremos a la normalidad de un modo de vida que nos parece el mejor posible. ¿Cómo convencernos, habitantes del Primer Mundo del siglo XXI, de que ya no volveremos a la normalidad de antes de la crisis, de antes de la amenaza ecológica; cómo convencernos de que es necesario cambiar la orientación y las estructuras del sistema para seguir viviendo bien, e incluso mejor, pero con otros parámetros?

He aquí las cuestiones que plantea Jorge Riechmann en Autoconstrucción (Ediciones Catarata). Son muchas las salidas que ofrece este libro, pero lo esencial es su llamamiento a un cambio de conciencia, de valores, de usos y costumbres. “La economía es una construcción humana. Las leyes económicas no son como la ley de la gravedad. Pueden ser transformadas (…) Pero para ello la gente ha de cambiar de conducta”, se utiliza como arranque de un capítulo este párrafo-lema extraído del informe de un centro de estudios económicos. Hay en el ensayo reflexiones sobre el papel cada vez más activo de los consumidores –consumidores rebeldes–; sobre la cultura como base de la comprensión de los cambios; sobre los movimientos sociales que deben convertirse en la base de las nuevas sociedades… “Hemos de vivir de otra manera”, es la frase que cierra el libro. Pero aquí, lejos de cerrar, empezamos con la conversación.

– ¿En qué punto se encuentra el movimiento ecologista hoy a nivel global? ¿Cuáles son sus expectativas?
– Si lo analizamos con perspectiva, el movimiento ecologista moderno, como tal, es muy reciente. Surge en los años 60 del siglo XX, aunque el pensamiento ecológico arranca de más atrás, de antecedentes tan ilustres como Thoreau, a quien releemos con mucho interés, o, antes, Alexander von Humboldt, que tanto contribuye en la creación de la ciencia ecológica, de la biología de los ecosistemas. Ahí están las raíces, pero hay que dar un salto hasta llegar, en 1962, a un hito importantísimo, una obra clásica de la conciencia ecológica, La primavera silenciosa, de Rachel Carson. En ese año se empiezan a poner en marcha dinámicas sociales, políticas, intelectuales, culturales, que conducen a algunas sociedades, dentro de procesos muy contradictorios, a emprender un nuevo aprendizaje de los modos de vida. Y ya en 1972 nos encontramos con otra aportación esencial, el estudio Los límites del crecimiento, el primer informe del Club de Roma, que pone en marcha un debate de alcance mundial a partir del cual ya empiezan a circular los lemas básicos, las consignas del ecologismo sobre la necesidad de conformar una conciencia de especie en las singulares condiciones históricas que nos ha tocado vivir. Ese proceso de aprendizaje social se rompe a finales de los años 70 y comienzos de los 80, con la irrupción de la fase última de la historia del capitalismo, el capitalismo neoliberal financiarizado. A esos decenios, a esa etapa en la que aún estamos inmersos, yo la denomino a veces la era de la denegación, porque hay fuerzas muy poderosas que, lejos de impulsar el aprendizaje, están trabajando en sentido contrario.

– Denegar es un verbo que utilizamos muy poco y que explica muy bien lo que está sucediendo. A los pueblos cada vez se les niega más lo que desean. Las democracias se están vaciando cada vez más de sentido.
– Denegar es un término que usan los psicólogos y psicoanalistas para referirse a ese fenómeno que no consiste sólo en ignorar algo sino en hacer un esfuerzo por no ver lo que tenemos delante de los ojos. Yo creo que ha habido, que hay mucho de eso, en la cultura dominante durante los tres últimos decenios. Es indudable que hay un permanente negacionismo si hablamos de fenómenos como el calentamiento climático, del mismo modo que lo hubo anteriormente con respecto al cáncer ocasionado por el tabaco. Y es indudable la eficacia de los esfuerzos organizados por el sector empresarial para expandir toda la tinta de calamar y toda la desinformación posible con el fin de impedir que se tomen las decisiones correctas. Ahora mismo, más allá de circunstancias concretas, tendríamos que referirnos a un negacionismo mucho más vasto que se refiere a todo lo que tiene que ver con los límites al crecimiento, y eso es mortal porque nuestra situación, nos pongamos como nos pongamos, es la que es. Las leyes de la naturaleza, de la física, de la química, de la dinámica de los seres vivos, son las que son, no vamos a cambiarlas, por grandes que sean nuestras ilusiones a ese respecto, y el conflicto esencial que se plantea, que estaba en ese debate de los años 60 y 70, es el choque de las sociedades industriales contra los límites biofísicos del planeta, que se ha ido agravando y agudizando cada vez más. Si usamos la herramienta efectiva de la huella ecológica, hacia 1980, fue cuando ésta superó la biocapacidad del planeta para seguir creciendo después. Según los investigadores, ahora estamos en el 150% de la capacidad del planeta. Y esa situación no durará demasiado, porque estamos, como se dice a veces, consumiendo el capital, no los intereses, empleando en este caso la habitual metáfora financiera. Estamos sobreexplotando los recursos y las capacidades de absorción de contaminación, de una forma que es insostenible. Parece que consumimos el planeta como si no hubiera un mañana.

– “El síntoma se llama calentamiento climático, pero la enfermedad se llama capitalismo”. Así se titula un epígrafe del ensayo donde se hace referencia al rotundo fracaso de la cumbre de Copenhague en 2009, una cumbre donde se aspiraba a lograr un acuerdo global de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, que sustituyese al Protocolo de Kioto. Ahora estamos a la espera de una nueva reunión en París en diciembre de este 2015. Parece que los límites son absolutamente incompatibles con el capitalismo salvaje.
– Así es. Hacia 1980 fue cuando ganaron las elecciones generales Margaret Thatcher en Gran Bretaña y posteriormente Ronald Reagan en EE.UU. Ahí tenemos que fijar el desplazamiento del mundo hacia una derecha conservadora, que ha sido hegemónica desde entonces, y que ha resultado letal en lo que se refiere a las cuestiones económico sociales. Hacia 1980 se puso en marcha el proceso de desregulación financiera y comercial. Hasta entonces, las economías, el crecimiento del capital y de los activos financieros iban acompasados al crecimiento de lo que llamamos economía real, pero a partir de ahí se rompió el equilibrio, todo se abrió en forma de tijera y lo financiero comenzó a crecer de manera metastásica y a dominarlo todo. Es ahí donde nos encontramos ahora. Esa es la situación. Si no somos capaces de romper con esa clase de políticas y con las culturas que las acompañan, lo tenemos realmente difícil.

– Mientras leía el libro pensaba que la educación es básica para la toma de conciencia. Aludes a la importancia que en su día tuvo en España la Institución Libre de Enseñanza, a finales del XIX y principios del XX, en la redefinición de la relación entre sociedad y naturaleza, así como al naturismo anarquista por el lado obrero. Pero hoy, ¿cómo hacer entrar la ecología en los colegios?
–  Por supuesto que tendría que ser la educación una de las vías naturales para difundir la conciencia ecológica, pero aquí, nuevamente, nos topamos con lo mismo: la dinámica social en la que estamos, lejos de educarnos, de construirnos, para hacernos ver la verdad del mundo en el que vivimos, va en la dirección contraria. Podríamos decir que es contra educativa en muchos sentidos. Por eso no es tan fácil de llevar a cabo algo que parece tan simple. Sin ir más lejos, puedo decirte que yo formo parte de la comisión de educación y participación de Ecologistas en Acción en Madrid y que, justamente, una de nuestras tareas es hacer avanzar estos planteamientos en el terreno educativo. Uno de los trabajos más fecundos del colectivo fue, hace ya unos años, examinar lo que se podría llamar el currículum oculto de los libros de texto. Si uno se dedica a ver con cierto detalle cómo están escritos los manuales de consulta de ciencias naturales, de ciencias sociales, que es donde tendrían que entrar esta clase de enseñanzas, lo que encuentra, en muchos casos, es prácticamente todo lo contrario: más desinformación que información, puntos de vista adversos al verdadero aprendizaje de cuidar, de vivir de verdad en esta tierra. En esa dinámica en la que estamos ahora mismo, nos encontramos con comerciales de los bancos que van a los colegios a enseñar educación financiera y se ve como normal porque esa es la cultura dominante en la sociedad. A la contra, parece que lo que los ecologistas decimos no quiere ser oído porque se trata de una realidad incómoda, porque hacernos cargo de donde estamos realmente nos obligaría a vivir de otra manera, a organizar casi todo de una forma diferente. Una y otra vez, insisto, chocamos de manera muy inmediata, muy frontal, con intereses poderosísimos. Pero no quiero instalarme en la queja permanente. Pese a toda esa resistencia, pese a tantos obstáculos, hacemos lo que podemos. Yo soy profesor en la universidad y hablo de todo esto a mis alumnos universitarios, y, además, acabo yendo, por lo menos tres o cuatro veces al año, a hablar con escolares y con bachilleres; hay otros compañeros y compañeras que lo hacen con más asiduidad. Pero se llega a donde se llega. Ecologistas en Acción, por ejemplo, es una asociación participativa que tiene aproximadamente unos mil afiliados en Madrid, gente que paga una cuota y que puede hacer una pequeña tarea de vez en cuando. Si pensamos que en una comunidad autónoma como la de Madrid hay seis millones de personas, es una cifra muy baja. Y los activistas no somos más de 60 personas, apenas 10 dedicados a la comisión de educación. Ecologistas en Acción se autofinancia. Los recursos con los que contamos son las cuotas de los afiliados. Ha habido alguna vez algún programa concertado, pero las administraciones, especialmente en esta comunidad autónoma y con el gobierno que hay ahora mismo, no sólo son no cooperativas, sino absolutamente hostiles.

– ¿Se ha fracasado a nivel general, no sólo en España, en la comunicación, en la difusión? Se habla mucho de ecología, en ciertos ámbitos está muy de moda, se ha superficializado incluso, pero la verdadera conciencia ecológica no ha llegado a la gente.
– Quiero hacer hincapié en un aspecto que me parece muy importante y que nos lleva a la pregunta anterior, a la educación. El título del libro, Autoconstrucción, que en griego podríamos decir paideia, educación en un sentido amplio, es una llamada a que no entendamos la educación sólo como el aprendizaje que se imparte en las escuelas, los institutos y luego en las universidades. Los contextos educativos son los contextos sociales generales, y yo creo que la manera de autoconstrucción, de autoformación, de educación, de paideia más importante para todo lo que estamos hablando, sin menospreciar la educación ambiental en sentido estricto y formal, es la que se da en los movimientos sociales. Es ahí donde la gente se autoorganiza para actuar y, mientras lo hace, aprende en el recorrido. Lo que sucede es que, mientras en los años 70 y 80 esa clase de procesos iban hacia adelante, pese a todas las dificultades, desde entonces, parecen no avanzar porque hay muchos intereses y mucha desinformación en el camino. Y, por otro lado, de manera contradictoria, la gente está como saturada y harta de que le hablen de ecología. Ese fenómeno también lo recojo en algún momento del libro. Hay hasta un término que han acuñado los sociólogos, la ecofatiga, para describirlo. Efectivamente, como bien indicas, hay mucha cháchara, mucho marketing verde, mucha propaganda, mucho uso de imágenes, estilemas, apropiación de contenidos. Ahora la Unión Europea está hablando de economía circular. Se utilizan conceptos que vienen del movimiento ecologista y que han sido apropiados, transformados en otra cosa. Sustentabilidad o sostenibilidad, por ejemplo, son nociones que vienen del mundo ecológico, pero cuando un presidente o un consejero delegado de una gran empresa habla de desarrollo sostenible, en el 99% de los casos está transformando en su contrario lo que inicialmente fue el sentido del término. Todo eso lleva a una situación de muchísima confusión, en la cual la gente tiene muchas veces la impresión de que todo el tiempo se está hablando de ecología, de que se hacen cosas que están muy cerca de quienes pueden manejar palancas de poder. Hay muchísima propaganda, muchísima moda alrededor que lo desvirtúa todo. Se publican revistas que nos venden el concepto de la buena vida, pero que están llenas de anuncios a toda página de grandes empresas energéticas. Eso es lo que metaboliza como ecología la cultura dominante y resulta muy perjudicial, porque, por supuesto, no tiene nada que ver, está muy alejado de lo que debería ser, de lo que nos tocaría hacer.

– En su momento nos ilusionaron los verdes alemanes. Parecía que podían hacer girar los acontecimientos en otra dirección, pero ahora tienen un perfil más bajo.
–  Bueno, ese es un asunto complejo. Yo escribí mi tesis doctoral sobre los verdes alemanes hace muchos años. ¿Qué ha pasado ahí? De nuevo no podemos entenderlo sin ver lo que ha sido el potentísimo despliegue de la política neoliberal en la que estamos inmersos y sin analizar a fondo como nuestras sociedades han ido yendo hacia la derecha, hacia la derecha, hacia la derecha, sin ser, muchas veces, del todo conscientes. Hay un fenómeno que los psicólogos sociales tienen muy bien estudiado y que denominan los puntos de referencia cambiantes. Cuando una sociedad entera se desplaza en cierta dirección poco a poco, de manera que todo -las instituciones, los valores, las gentes-, va moviéndose al mismo tiempo, en el mismo sentido, la sensación puede ser que nada se mueve, que está uno básicamente en el mismo punto, pero los cambios pueden ser brutales. Esto se ha estudiado, por ejemplo, en relación a la Alemania de los años 30. A medida que todo iba llevando al estado nazi que conocemos, desde dentro, a mucha gente le parecía que no pasaba nada importante, porque todo se iba desplazando al mismo tiempo en la misma dirección. Yo creo que aquí también ha pasado algo parecido.  Los verdes alemanes, que son el partido ecologista más interesante que ha surgido hasta el momento, el experimento sociopolítico más importante, tuvo en sus inicios un componente dominante de izquierda, aunque siempre muy mezclado con el centro e incluso la derecha, pero, coincidiendo con el paso al neoliberalismo, y pese a haber crecimiento y éxitos electorales, ese ala de izquierda del partido va siendo marginada y en parte lo acaba abandonando. A medida que la sociedad fue avanzando hacia la derecha, también los arrastró a ellos en la corriente. Una y otra vez nos tropezamos con lo mismo. No podemos de verdad ecologizar esta sociedad sin chocar frontalmente con el capitalismo. Si queremos ir hacia una economía ecológica hacen falta rupturas con el capitalismo y eso son palabras mayores. Y, por otra parte, ahora mismo hay que plantearse seriamente la siguiente pregunta: ¿Qué es la izquierda hoy? Seguimos hablando por inercia de partidos socialdemócratas, por ejemplo, cuando a un socialdemócrata de los años 20, 30 o 40, si viera qué tipo de políticas o de discursos adopta la gente que así se sigue llamando, se le erizaría todo el vello de la piel. La socialdemocracia de Tony Blair o de Rodríguez Zapatero no tiene nada que ver con lo que fue históricamente la socialdemocracia. Pero, volviendo a lo de antes, el ecologismo tomado en serio es anticapitalista y eso es bien fuerte, porque dónde hay políticas anticapitalistas ahora en nuestras sociedades. Son absolutamente minoritarias. En ese escenario es donde hay que situar la deriva de los ecosocialistas alemanes, de todas esas corrientes o personas que abandonaron, al final cansadas, el partido en la década de los 80. Desde mediados de los 90, la descripción politológica correcta de los verdes alemanes sería la de ecoliberales con un mayor grado de sensibilidad social.  Eso mismo sirve para otros partidos verdes europeos.

– ¿Y en España? Equo parece conformarse con un discreto segundo plano.
– La historia española es una historia muy distinta por la singularidad de la dictadura. La articulación de ese espacio político ha sido bastante compleja y, al final, en parte por errores propios, en parte por la ocupación de ese territorio por otras formaciones como Izquierda Unida, la cosa ha ido como ha ido. Equo ha aparecido ya muy tarde y hay cosas muy valiosas, pero ojalá tuviera más fuerza. Con mucha frecuencia nos planteamos qué es lo que hemos hecho mal, qué errores hemos cometido, y, sin duda los hay; hay errores propios en los últimos 30 años que pueden explicar circunstancias desfavorables, pero no nos equivoquemos. Lo principal no es tanto lo que hayamos podido hacer mal, sino el poder brutal y en aumento que nos hemos encontrado delante. Y vuelvo al dato de antes: en la comunidad autónoma de Madrid somos 50, 60 activistas a lo sumo, en una asociación como Ecologistas en Acción, en un entorno de seis millones de personas. Esa es la lamentable situación, la acusada desproporción de fuerzas.

  Jorge Riechmann. Por  Nacho Goberna © 2015

– Sin embargo, el caso español es muy curioso. Desde el 15-M, la rapidez a la que se ha producido todo es espectacular. En el libro hablas de la ilusión que ha generado la irrupción de un partido como Podemos. ¿Hacia dónde puede ir esa ilusión y hasta qué punto en Podemos tiene peso la preocupación ecológica, la conciencia de los cambios que será necesario acometer y explicar a la gente? No parece que se marque demasiado el acento por ahí.
– En España han cambiado muchas cosas para bien, sobre todo el despertar de parte de la sociedad a partir del 15-M. Pero tampoco debemos sobreestimar eso. Uno de los lemas, consignas, incluso micropoemas que se escribían en Sol y en muchas plazas de otras ciudades españolas, el mes de mayo de 2011, era: “dormíamos y hemos despertado”. Esa frase, con todas sus variantes, expresa algo muy valioso. La sociedad española ha ido abriendo algo los ojos en medio de la narcosis generalizada en la que estamos. Y, aunque lo parezca, eso tampoco surgió de la nada. No es que antes no hubiera movimientos sociales y de repente aparecieran por arte de magia. Muchos de esos movimientos arrancaron de atrás, de la dinámica de los foros sociales mundiales, del espíritu del alzamiento neozapatista en México en 1994 y, sobre todo, después, del quebranto que provocó la crisis económica y financiera, lo que hizo que se dieran condiciones para que sectores cada vez más amplios de la población empezaran a ver con mayor claridad el mundo en el que estamos. Pero, con todo,  hay que intentar ver las cosas con cierta perspectiva. Yo estoy metido de cabeza en todo esto. Me presenté con otros compañeros al Consejo ciudadano autonómico de Podemos y, junto con otra mucha gente, ahora estoy trabajando en la redacción del programa autonómico para Madrid, donde me ocupo de las cuestiones ecológico sociales. Por eso no lo veo como algo ajeno, puedo hablar del proceso en primera persona y puedo decir que hay sectores que tienden a sobrevalorar algunas de las cosas que han ido sucediendo, que hay mucha gente joven que tiene una confianza plena en la capacidad movilizadora de las redes sociales, algo en lo que yo soy mucho más escéptico. Recuerdo, por ejemplo, una conversación con uno de los activistas de Acampada Sol, alguien metido muy de lleno en lo que había sido la acampada en Sol y el 15-M. Su conclusión era que se había conseguido politizar a cinco millones de personas. Y yo reflexiono: Si de verdad hubiéramos politizado en serio a cinco millones de personas, ya estaríamos en otro contexto electoral y político. Hay cambios muy importantes y hay posibilidades de ruptura, pero ya veremos hasta dónde se llega. Yo de lo que estoy convencido es de que lo que nos haría falta es una sociedad que dejara de actuar básicamente como espectadora, espectadora a través de pantallas pequeñas, de pantallas grandes, dándole a “me gusta” aquí y allá. Una cosa es que una encuesta demoscópica te diga que el 80% de la sociedad española muestra su simpatía por esta gente joven, que ha acampado en las plazas, y otra cosa son los resultados a partir de las convocatorias electorales, las posibilidades reales de impulsar cambios en la sociedad. Ahí tenemos las elecciones andaluzas y ahora toca ver que tal se dan las autonómicas y municipales… Insisto: debemos pedir democracia real ya, pero nos tenemos que dar cuenta de que eso no es posible sin que muchísima gente eche muchísimas horas de trabajo desgastante, disciplinado y cotidiano en distintos contextos. Una democracia de espectadores es una contradicción en los términos. Democracia real quiere decir mucha gente echando mucho tiempo en organización, formación, lucha política, actividad disciplinada. Es en ese espacio donde se dan perspectivas interesantes. Lo que está sucediendo en Grecia, lo que nos está permitiendo ver de la posibilidad de actuar de otra manera no hegemónica y, a la vez, del comportamiento de la UE, es muy interesante. Y lo que tal vez pase aquí tiene, desde luego, un valor grande, pero, al mismo tiempo, debemos dimensionar muy bien todo esto para no llamarnos a engaño y darnos el batacazo. Es un poco lo que pasó en Andalucía. Si lo pensamos bien quince diputados alcanzados en tan poco tiempo de trayecto, no está nada mal, pero se ha recibido como una especie de derrota. No hay que hacerse demasiadas ilusiones sobre el nivel de politización real. Cuántas veces oímos, por parte de sociólogos y politólogos, que hay una mayoría social de izquierda. Eso da lugar a muchas ilusiones, pero calma; pensemos en la gente que de verdad es consciente del tipo de confrontación que hace falta para cambiar de verdad las cosas..

– Los cambios de valores, de conciencia, suelen ser procesos lentos. Como dice Julio Anguita, el político debe tener la paciencia del campesino. En Grecia, el trayecto de Syriza fue largo…
– Sí, pero también es verdad que la velocidad de la historia no es siempre lineal, que también se dan aceleraciones, cambios mucho más rápidos. Eso es posible y ahí el drama, que sólo una parte muy pequeña de la sociedad ve por este negacionismo generalizado sobre las cuestiones ecológicas del que hablábamos antes, es que la historia ya no va a ser lo que era. El drama es que ya no tenemos mucho tiempo para evitar peligros enormes. Estamos en tiempo de descuento y eso es lo que mucha gente, sensible ahora a cuestiones de desigualdad social, democratización en sentido amplio, lucha contra la corrupción, no acaba de asimilar. Ante la cuestión del abismo ecológico social son conscientes sectores aún muy minoritarios. Hemos dicho: “Dormíamos, pero hemos despertado”. Ahora nos hace falta despertar todavía bastante más.

– Hablábamos de Grecia, un pequeño bastión en medio de la homogeneización. Por una parte, es esperanzador que haya gobiernos que planten cara, que nos hagan ver lo que se esconde detrás de la mal dirigida austeridad, pero también produce bastante frustración ver que las democracias no funcionan, que el poder, el sistema, no permite impulsar políticas de rescate social urgentes. La deuda, una deuda ilegítima en gran parte, es la gran prioridad de la Unión Europea.
– Así es. Y ya vemos qué políticas son las que nuestros vecinos griegos están intentando impulsar. Son medidas propias de lo que fue la socialdemocracia hasta hace muy poco. Esto es lo que nos debería hacer ver el mundo en el que estamos, la brutal dirección hacia la derecha que hemos tomado. Las políticas que está proponiendo Syriza no suponen ninguna ruptura revolucionaria. Se trata de introducir un poco de justicia social, que fue lo que defendió hasta hace poco la socialdemocracia. Y, sin embargo, todos esos partidos que siguen llamándose socialdemócratas, permanecen impasibles, apoyan todo lo contrario a lo que fueron sus principios. Es una gran paradoja.

– La crisis ha abierto ventanas de transparencia, ha hecho que volvamos la vista hacia los derechos humanos. El derecho al trabajo, al techo, a la salud y la educación, están en la primera línea de las reivindicaciones, pero en lo que respecta a las amenazas del planeta pensamos que habrá tiempo, que no es la prioridad.
– Bueno, eso es comprensible en un país como éste por la quiebra que se ha producido, por el nivel de desempleo tan elevado que tenemos. Hemos ido aguantando por los distintos colchones sociales que han amortiguado la caída, pero el hambre y la desnutrición han vuelto a aparecer. El error es no ver como todas esas cuestiones están conectadas con las preocupaciones ecológicas. Pensar, como han formulado también en ocasiones amigos y compañeros, que lo que toca ahora es dar de comer a la gente y aplazar lo otro, que ya vendrá el tiempo de resolverlo, es un error. Somos ecodependientes e interdependientes. No se puede organizar una economía viable sin tener en cuenta las amenazas ecológicas en las que ya estamos y que todavía van a agudizarse mucho más. Y eso no es algo optativo. Lo vamos a aprender por las buenas o por las malas. Estamos ya en tiempos de descenso energético. Las sociedades industriales se han desarrollado de forma explosiva gracias a un chute de combustibles fósiles y lo que tenemos ahora es un capitalismo fosilista, adjetivo que no deberíamos olvidar. Sin ese chute de energía, de esa bioenergía acumulada durante cientos de millones de años en forma de carbón, petróleo, gas natural, que nosotros nos hemos puesto a sobre consumir de manera bastante inconsciente e irresponsable en estos dos siglos últimos, el mundo no sería como es y nuestras sociedades no se hubieran deformado tanto en ciertas dimensiones como lo han hecho hasta ahora. Sea como fuere, esta es la historia de nuestros dos últimos siglos y eso se acaba. No va a seguir existiendo la posibilidad de sobreconsumo energético que ahora tenemos y que nos sigue pareciendo normal. Sabemos por distintos estudios e investigaciones que para funcionar con economías viables y con cierta justicia global, es decir, en un mundo relativamente igualitario, sin esa quiebra brutal entre Norte y Sur, mirando a los más desfavorecidos del planeta, los países enriquecidos, incluyendo al nuestro, que, pese a la situación actual, globalmente sigue formando parte de ese norte enriquecido, tenemos que reducir el uso de energía y materiales en nueve décimas partes. ¿De qué manera se hace eso? Pues hay cosas que se pueden hacer sin perturbar tanto el orden existente, pero todos los cambios importantes suponen un choque frontal contra el funcionamiento de las estructuras actuales. Uno puede organizar una economía que satisfaga adecuadamente las necesidades humanas de esa enorme población que somos ahora, de más de 7.200 millones de personas, con las reducciones de energía y materiales necesarias, con los consiguientes impactos asociados, pero eso no puede ser una economía capitalista, de crecimiento constante y de generación continua de supuestas nuevas necesidades. Tiene que ser otra cosa.

–  ¿Algún ejemplo? ¿Algo por lo que se pueda empezar a actuar ya?
– Como te decía, se pueden dar algunos pasos. Recientemente, por ejemplo, dimos una charla formativa en el círculo de Podemos en Retiro sobre basuras y residuos. En ese terreno, en el de la gestión de los residuos sólidos en los recintos urbanos, se le puede dar la vuelta yendo hacia un modelo deseable, con muchas ventajas sobre el actual, sin topar más que con los intereses, en este caso, de las grandes constructoras que tienen su división de gestión de basuras y se hacen con las contratas de los ayuntamientos. Chocaríamos contra ese poder económico, pero casi nada más, para alcanzar la alternativa del modelo de residuo cero, que está articulado y ya está funcionando en muchos pueblos y ciudades de Europa, incluyendo urbes grandes como Milán. De esta manera, siguiendo el ejemplo de pueblos que ya lo hacen también en España, en Cataluña, en el País Vasco y en Baleares, en Madrid pasaríamos a tener una gestión adecuada, recuperando y reciclando adecuadamente. Esto se puede hacer y ojalá que tengamos la oportunidad, pero los residuos sólidos urbanos son un pequeño porcentaje del problema general de residuos en nuestra sociedad. Se  trata apenas del tres o cuatro por ciento, el resto son residuos industriales, de construcción. Entra en juego la economía entera. Para actuar en todos esos ámbitos, para introducir modificaciones, se necesitan otras estructuras económicas, otra forma de funcionamiento. Hoy podemos dar algunos pasos, fuera del sistema dominante en el que estamos, pero sabemos que sin momentos de ruptura muy importantes, no podrán cambiar las cosas que de verdad tienen que hacerlo.

– Una y otra vez te refieres en el libro al credo del Mercado. Un credo que será necesario derrumbar. ¿No crees que su resquebrajamiento ya ha empezado?
–  Sin duda. De todas las cosas buenas que nos han pasado en estos últimos años es fundamental la apertura de los discursos públicos, a todos los niveles. En los últimos cuatro años, de repente nos hemos visto en el metro o en el autobús hablando entre nosotros del funcionamiento del mercado financiero, de la deuda pública, de los servicios sociales. Eso es nuevo y es positivo, claro que sí. Pero a su lado está, por ejemplo, el anulamiento de algunos sectores clave, entre ellos los medios de comunicación masivos, que obstaculiza que lleguemos a la verdad de los hechos. Los medios dependen más estrechamente de los grandes grupos económicos y eso también lo hemos visto en el mundo de la universidad y de la investigación científica. Se trata de sectores clave para una sociedad moderna y, sin embargo, cada vez son más dependientes del capital, para nuestra desgracia. La cosa se ha degradado tanto, y tan rápidamente, en tan solo treinta años, que su alcance se nos escapa. Lo que podemos hacer es intentar dar algunos pasos e ir creando condiciones para que haya movimientos mucho más organizados, masivos, conscientes, de gente que quiera transformar las cosas. Ese es el sentido fundamental que yo veo ahora mismo al esfuerzo que se está haciendo para intentar dar un giro importante hacia otra dirección en todas las áreas de la vida, también, por supuesto, en las instituciones que nos representan.

Construir alternativas, proyectos de cooperación, de participación. Volver a recuperar conceptos como solidaridad, tan desprestigiados en las sociedades del lucro, esa es la idea con la que nos quedamos tras recorrer las páginas, las conclusiones, el compendio de lecturas al que nos acerca Jorge Riechmann en Autoconstrucción. Nos presenta, por ejemplo, la idea de Joaquim Sempere de construir espacios, sociedades más resistentes a los peligros que nos amenazan, y que el sociólogo denomina municipios en transición. Una experiencia a la que habrá que llegar tras entablar un combate cultural que someta a crítica el presente. Nos acerca a las teorías del decrecimiento que preconizan estilos de vida más frugales, que nos pueden seducir con la posibilidad de vidas más sencillas y locales. ¿Cómo convencernos de que el decrecimiento no implica menos bienestar, ni, por supuesto, menos felicidad? ¿Cómo recuperar el buen sentido de la palabra austeridad que tanto han desfigurado los neoliberales? ¿Queremos de verdad cambiar, autoconstruirnos? Son algunas de las preguntas que plantea el recorrido que nos propone Riechmann, un recorrido que nos induce a reflexionar, a luchar con nuestras propias contradicciones, resistencias e inconsistencias. He ahí su gran valor.
¿Podemos controlar la megamáquina capitalista, se pregunta el autor. “Si no podemos hacerlo, ¿se sigue de ello un retirarse a esperar la catástrofe, hacia la que avanzamos a toda velocidad? Por una parte, está la vieja posibilidad de poner palos en las ruedas, actualizada como echar arena entre los engranajes primero, y más recientemente como desconfigurar conexiones entre los circuitos (…) Por otra parte, subsiste la orientación general de fracasar mejor. El derrumbe de la Megamáquina será, lo sabemos, una espantosa tragedia: cabe trabajar por reducir en lo posible la inconcebible masa de sufrimiento, tanto el humano como el de las demás criaturas”, argumenta Riechmann, quien habla de comenzar ya a construir más botes salvavidas y a organizar las formas de cooperación solidaria que pueden reducir los costes del naufragio”. Catastrofismo, dirán algunos. Simplemente realismo, pensamos otros. Un realismo que nos lleva a visualizar en episodios de ciencia ficción cada vez más cercanos.

Jorge Riechmann. Por  Nacho Goberna © 2015


viernes, 1 de mayo de 2015

Femen boicotea a Le Pen comparándola brazo en alto con Hitler en París: "Heil Le Pen"

Foto: Femen boicotea a Marine Le Pen con un saludo nazi: Heil Le Pen 
 La organización feminista radical ha atacado en dos ocasiones su mitin en el Primero de Mayo. Desde un un balcón han hecho el saludo fascista y han colgado banderolas rojas con parafernalia nazi 

El ultraderechista Frente Nacional, que cada primero de mayo rinde homenaje a la patriótica figura de Juana de Arco, ha sufrido en un día tan señalado para los franceses dos ataques de la organización feminista radical Femen.

El primero de ellos tuvo lugar cuando Marine Le Pen se acercó a depositar una ofrenda floral ante la estatua de Juana de Arco. En ese momento, dos jóvenes con el torso desnudo irrumpieron la escena grabada por las cámara de televisión con la espalda y el pecho pintados con el eslogan: “Le Pen TOP fascist”.
 Una vez en la tribuna, ante cientos de simpatizantes del Frente Nacional y ya si su padre, que abandonó la concentración previa, su discurso fue interrumpido por otras tres militantes de Femen, que con el pecho descubierto saludaron a los ‘frontistas’ y a la prensa con el saludo fascista desde un balcón del que colgaban dos banderolas rojas con parafernalia nazi con el lema "Heil Le Pen" pintado en el pecho.

Los miembros de seguridad del Frente Nacional desalojan a las Femen. (Reuters)
Los miembros de seguridad del Frente Nacional desalojan a las Femen. (Reuters)
En ese momento, Marine Le Pen se vio obligada a interrumpir su discurso hasta que los servicios de seguridad del partido desalojaron a golpes a las activistas desmontando el show organizado por Femen. Finalmente, Le Pen pudo tomar la palabra y continuar con normalidad el mitin, en el que lanzó una diatriba contra la inmigración masiva, le islamismo, la Unión Europea, su moneda única y los grandes partidos de Francia: el Partido Socialista de François Hollande y la Unión por un Movimiento Popular de Nicolas Sarkozy.

Todos los medios franceses, sin excepción, han publicado en sus espacios este último asalto de Femen al Frente Nacional.

Fuente:  http://www.elconfidencial.com/mundo/2015-05-01/femen-boicotea-a-le-pen-comprandola-con-hitler-brazo-en-alto-heil-le-pen_786390/



Milán se convierte en un campo de batalla en la inauguración de la Exposición Universal

Cientos de manifestantes protestan contra el evento. envuelto en una investigación por corrupción. La Policía blinda la ciudad


 Los enfrentamientos entre maniefestantes y Policía han protagonizado la apertura de la Expo de Milán 2015 este viernes. Los disturbios suponen un revés para el Gobierno de Matteo Renzi que esperaba que la famosa feria ayudara a mejorar la imagen de Italia tras años de declive económico.

La ciudad italiana fue escenario desde primera hora de la tarde de una manifestación bajo el lema "Expo: deuda, cemento y precariedad", que transcurrió pacíficamente. Al llegar a la vía Carducci se desataron los enfrentamientos con los antidisturbios que seguían de cerca la protesta.

Densas nubes de humo de coches en llamas llenaron el centro de Milán. Grupos de personas opuestas a la exposición, con sus rostros cubiertos y con escudos y picos caseros, lanzaron piedras y cócteles molotov a los policías antidisturbios que les respondieron con cañones de agua a presión y gases lacrimógenos.

La confrontación, de poco más de una hora y media de duración, tuvo lugar horas después de una pomposa ceremonia de apertura, en la que el primer ministro Matteo Renzi inauguró la exhibición de cultura y tecnología de seis meses de duración que en esta edición está enfocada en el tema de la producción sostenible de alimentos.Miles de policías habían sido desplegados para contrarrestar la amenaza de violencia antes del evento, con el que Renzi contaba para reforzar señales frágiles de recuperación económica tras años de estancamiento y recesión. "Hoy es como si Italia estuviera abrazando al mundo", sostuvo durante la ceremonia de apertura. "Todos los expertos que decían 'nunca lo haremos', esta es la respuesta para ustedes. Me gusta pensar que el mañana comienza hoy", añadió.

En cambio, el elegante centro de Milán se transformó en un campo de batalla, con sirenas y explosiones periódicas de bombas cegadoras y de ruido sonando junto a los gritos de los manifestantes. La Policía detuvo a varias personas, que ocasionaron destrozos en escaparates, quemado coches y provocado daños en la infraestructura pública, si bien no especificó el número de arrestados.

Fueron los propios vecinos de los barrios afectados quienes salieron a la calle para limpiar y reparar en la medida de lo posible los cuantiosos desperfectos provocados. Las autoridades ya habían previsto este tipo de disturbios por lo que el Ministerio del Interior decidió aumentar el número de efectivos policiales en la ciudad, en la que actualmente superan los 4.500 agentes.

La inauguración de la Expo ya estaba ensombrecida por una investigación de corrupción por la que varios altos funcionarios fueron arrestados, además de excesos de costos y aplazamientos de construcción que implicaron que grandes partes del complejo no estuvieran listas para el día de apertura. La feria, que sigue a la Expo 2010 de Shanghái, también movilizó desde activistas antiglobalización y ecologistas hasta estudiantes y grupos opositores a la austeridad.

Mientras el caos se desataba en el centro, el recinto de la Exposición Universal continuaba mostrando los 145 pabellones de países de todo el mundo que en los próximos seis meses abordarán el tema de la alimentación. Las autoridades esperan la asistencia de unos 20 millones de personas, la mitad de ellos extranjeros, y estiman ingresos por más de 10.000 millones de euros.

El Papa Francisco, que habló a través de una conexión televisada en la ceremonia de apertura, se refirió a la ironía de que un mega-espectáculo global que depende del patrocinio corporativo esté dedicado al desarrollo sostenible y a alimentar a los pobres.

"En cierta forma, la Expo misma es parte de esta paradoja de la abundancia, obedece a la cultura del derroche y no contribuye a un modelo de desarrollo equitativo y sustentable", sostuvo. Los verdaderos protagonistas del evento deberían ser "los rostros de los hombres y mujeres que están hambrientos, que se enferman e incluso mueren debido a una dieta insuficiente o dañina", añadió.

Fuente: http://www.publico.es/internacional/milan-convierte-campo-batalla-inauguracion.html

Juego y comportamiento seudolúdico

  El juego animal es un rompecabezas desde el punto de vista de la selección natural. Imaginemos una escena con dos guepardos jóvenes jugueteando en la hierba de la sabana, no muy lejos de una manada de gacelas de Thompson. Corretean, se tiran al suelo, hacen fintas, gruñen, expresando una alegría de movimientos absolutamente contagiosa. Pero, a la vez, están asumiendo un riesgo enorme. Los leones están constantemente merodeando, y despedazarán sin piedad a todo joven guepardo que atrapen. Por otra parte, el alboroto ha espantado las gacelas, una de las cuales acecha cuidadosamente la madre guepardo, necesitada de carne por las demandas de alimento de dos cachorros en rápido crecimiento.
  ¿Cuál es la razón de ser de este juego, que en apariencia reduce las posibilidades de supervivencia del guepardo? Seguramente los cachorros harían mejor en copiar celosamente las técnicas maternas de acecho, acoso y derribo de las presas, concentrando sus energía y actividades en algo útil que pueda incrementar sus posibilidades de supervivencia, no demasiado grandes a priori para un guepardo. Sin embargo, este tipo de comportamiento se observa en todos los animales superiores. [...] El juego invita a la participación.
  En el juego contemplamos la gama de movimientos más rica, variada e impredecible de que es capaz un animal. Comparado con el comportamiento orientado a un fin, que tiende a mostrar fuertes elementos repetitivos que le dan un carácter algo estereotipado, incluso mecánico, el juego es extraordinariamente fluido. Marchar, cavar, cazar, comer, cortejar y aparearse son conductas que implican secuencias bien definidas de movimientos repetitivos; el juego, en cambio, incluye toda clase de movimientos en secuencias impredecibles. [...]. Una ilustración de esta conducta la ofrecen unos peces pequeños asiáticos de Barbus . Si se colocan dos machos en un acuario provisto de una vegetación rica y variada, inicialmente cada uno se dedica a explorar el terreno sin preocuparse de lo que hace el otro. Pero cuando se encuentran su actividad se incrementa, haciéndose más rica y variada y mostrando todo el repertorio de que son capaces. Cuando se separan se "enfrían", y gradualmente se ponen de acuerdo sobre el lugar de descanso de cada uno, que define el "campamento base" de su territorio. Una vez se han repartido el espacio, cada pez tiende a pasar más tiempo en la vecindad de su base, con lo que se establece una frontera bastante bien definida que delimita ambos territorios. De esta forma se rompe la simetría original del movimiento, en la que todas las regiones del acuario eran visitadas por ambos peces con más o menos la misma frecuencia.
  Hay otra simetría susceptible de romperse. La inicial equivalencia de ambos peces en cuanto a movimiento e interacción puede convertirse en una relación de dominancia-subordinación en la que uno de los machos tiene más libertad de movimientos y tiende a ahuyentar al otro. Pero incluso cuando ya cada uno se ha establecido en un territorio o uno de los dos se ha hecho dominante, ambos machos tienden a entrar de nuevo en un estado de comportamiento seudolúdico que restablece la simetría rota y una condición de equivalencia más fluida. A diferencia de las cascadas de rupturas de simetría en la morfogénesis de la forma adulta, que son esencialmente irreversibles, las simetrías cuya ruptura conduce a un comportamiento ordenado y predecible en los peces pueden restablecerse, con lo que se recuperan pautas de actividad más simétricas.
[...]  El reconocimiento de esta equivalencia procede de Koenraad Kortmulder. A él se debe la noción de comportamiento seudolúdico y el reconocimiento de sus semejanzas y diferencias con respecto a la dinámica del desarrollo. [...] Cuando dos miembros de una misma especie comienzan a interactuar se estimulan mutuamente, entrando en un estado de mayor actividad y diversidad de movimientos, como si se "acaloraran", y disolviendo ligaduras previas como la restricción territorial y la relación dominante-subordinado. Esto se parece a una transición de fase en un sistema físico a temperatura creciente, como puede ser el paso de sólido a líquido, un estado con más libertad de movimiento y más simetrías dinámicas que el de partida. El juego, o el comportamiento seudolúdico, es como un estado de alta temperatura o excitado, en el que los movimientos de los participantes están apenas constreñidos, un estado semejante al caos. Cuando se vuelve a enfriar el orden resurge, por lo general en los mismos términos de territorialidad y dominancia. ¿Por qué, después de establecer un patrón ordenado de relaciones dentro del acuario, los peces lo disuelven sólo para repetir otra vez todo el proceso?. [...]. Una consecuencia de esta repetición es que, en condiciones propicias, a partir de la alta simetría del estado de juego pueden surgir nuevos patrones cuando esta simetría vuelve a romperse. La vegetación del entorno puede cambiar alterando la distribución territorial, la relación de dominancia puede modificarse con la edad, y la presencia de otros peces transforma las pautas de conducta. De nuevo tenemos la impresión de que existe un atractor caótico hacia el que retornan una y otra vez los animales que interactúan y a partir del cual emerge un orden apropiado.
  El cambio de enfoque en la nueva biología que está surgiendo de las ciencias de la complejidad se centra en los orígenes del orden emergente en los sitemas dinámicos complejos. Este enfoque entra en resonancia con un mito aún más profundo que el del pecado y la redención, y que nuestra cultura comparte con todas las demás: el mito del orden surgido del caos.

Las manchas del leopardo
La evolución de la complejidad

Brian Goodwin

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