Esta creación del estudio londinense Machine Shop funciona de forma
similar a una impresora de chorro de tinta, pero liberando gotas de
agua. Controlando cada inyector de agua de forma sincronizada se
consiguen crear figuras a modo de esculturas 3D (altura, anchura y
profundidad), incluso animaciones de figuras de agua.
Dado que la figura no permanece en el aire más que unos milisegundos,
para capturar las figuras hay que sincronizar la “impresora” con una
cámara que toma fotografías a alta velocidad usando un flash
sincronizado.
Así es como se produce cada uno de los fotogramas que después se
combinan resultando en un vídeo. Los movimientos de las figuras se han
obtenido previamente registrando la acción de una persona en forma de puntos en el espacio. La máquina de Machine Shop interpreta y representa cada punto como una gota de agua individual.
El pasado fin de semana el fiscal jefe de Catania (Italia) ordenó
inmovilizar el barco de la ONG Proactiva Open Arms. Lo hizo tras acusar
al personal al mando de la nave de asociación criminal y promoción de la
inmigración clandestina. La embarcación continúa en estos momentos en
el puerto de Pozzalo, una pequeña localidad al sur de Sicilia, a la
espera de que la justicia italiana decida qué hacer con ella.
¿Cómo
se ha llegado hasta aquí? ¿Por qué una ONG especializada en salvar
vidas en el mar se enfrenta a un posible proceso judicial por su
actividad en el Mediterráneo central? ¿Qué decisiones políticas se han
tomado en los últimos meses en esta frontera, la más mortífera del mundo
según los datos de la Organización Internacional de las Migraciones
(OIM)?
Empujar la frontera Sur
Hay una fecha clave que cambia la gestión de las tragedias que día a día cruzan el trozo de mar que separa Italia de Libia. Hace poco más de un año, el 2 de febrero de 2017, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, y el presidente del Gobierno de Reconciliación Nacional de Libia —la autoridad reconocida por la Unión Europea (UE) en el caos del país norteafricano—, Fayez Mustafa Serraj, firmaron en Roma un acuerdo de colaboración contra la “inmigración ilegal y el tráfico de seres humanos” y para “reforzar la seguridad fronteriza” entre ambos países.
Este memorándum y
sus ampliaciones posteriores tienen el objetivo de evitar a toda costa
las llegadas de barcos con migrantes y solicitantes de asilo a las
playas italianas y, en la medida de lo posible, impedir su salida desde
Libia. Igual que en 2016 se hizo con Turquía, la intención es
externalizar las fronteras comunitarias y llevarlas más allá de lo que
indican los mapas. También lejos de los medios de comunicación europeos.
La maniobra del Gobierno de Italia, que un día después
obtuvo el respaldo del resto de Estados miembros de la UE —incluida
España— durante una cumbre de primeros ministros en Malta, se dio en un
contexto de auge del discurso xenófobo y anti-inmigración en todo el
continente, con especial incidencia en el país transalpino. Las
elecciones que han entregado el poder a la derecha nacionalista ya se
vislumbraban en el horizonte.
Reglas de juego cambiantes
El pacto libio-italiano, basado en un fondo de financiación de cerca de 200 millones de euros, cambió las reglas de juego en el Mediterráneo Central. A las numerosas ONG de salvamento que trabajaban entonces en la zona se les impidió acceder dentro de las 12 millas náuticas del litoral libio. Pero las trabas a su labor no se quedaron ahí.
Según relataba en una reciente entrevista con CTXT el jefe de operaciones de Proactiva, Gerard Canals,
en la primavera de 2017 la actitud de los guardacostas libios cambió
radicalmente. De convivir e incluso cooperar en algunos rescates en alta
mar se pasó a un hostigamiento constante. “No nos quieren frente a sus
costas. A veces lo hacen de un modo más normal, pero otras es violento”,
relataba Canals en febrero, antes del episodio de la semana pasada que
ha provocado el secuestro preventivo del Open Arms.
En un vídeo publicado por el diario ARA
se observa cómo en medio de su última operación de rescate, una fragata
libia reclama a la ONG con sede en Badalona que entregue a las personas
rescatadas. En un momento de gran tensión, en el que varios de los
migrantes amenazaron según diversos testigos con tirarse al agua si eran
devueltos a Libia, los guardacostas advierten de sus intenciones a los
socorristas de Proactiva: “I kill you”. Poco después abandonaban la
zona.
Este es el último de varios episodios similares y recientes. En noviembre la organización alemana Sea Watch denunció el “comportamiento temerario” de las patrulleras libias tras un caótico rescate
en el que murieron 5 migrantes. Antes, en agosto, otro buque de
Proactiva, el Golfo Azurro, fue retenido durante dos horas con la
intención de ser llevado a Trípoli. La intermediación de varios
eurodiputados que iban en el barco lo impidió.
Por esas mismas fechas el Ejecutivo italiano impuso una nueva medida de presión a las organizaciones gubernamentales. Un código de conducta que incluye cláusulas que dificultan todavía más la eficacia de los rescates
(limita el traslado de migrantes de un barco a otro para su evacuación o
el uso de luces para facilitar el salvamento) o que van en contra del
principio de neutralidad de estos grupos (exige la presencia, en ciertas
situaciones, de policías armados en los buques). Actores hasta entonces
muy activos en la zona como Médicos Sin Fronteras rechazaron acogerse a
este código.
El caldo de cultivo idóneo para más muertes
Durante el verano de 2017 el fiscal que ahora ha inmovilizado el Open Arms, Carmelo Zuccaro, echó más leña a la hoguera de los bulos incitados desde grupos xenófobos europeos al asegurar en una entrevista con La Stampa que contaba con pruebas para demostrar la connivencia entre las ONG y las redes de traficantes de personas. Aquello se quedó en una simple insidia. Meses antes, desde la agencia de la UE Frontex se acusaba, también sin pruebas, a algunas ONG de actuar como “taxis del mar”.
A fianco di Ada Colau sindaco di Barcellona per il ritorno alla libera
navigazione della nave soccorso OpenArms sequestrata a Pozzallo. Erri De Luca @Erriders
La tóxica teoría de que las labores de rescate en el Mediterráneo central actúan como un factor de atracción (pull factor,
según el término más utilizado en los estudios migratorios) para las
personas que tratan de llegar a Europa no se basa en dato alguno. Al
contrario. Tal y como demuestra el estudio Blaming the Rescuers,
elaborado desde la Universidad de Londres, los flujos migratorios en
esta frontera natural responden a dinámicas mucho más complejas. Pero no
a la presencia de barcos de salvamento.
En cambio, el citado
discurso sí ha servido para infundir y propagar la sospecha en torno a
las organizaciones humanitarias. Matteo Salvini, líder de la xenófoba
Liga Norte y uno de los triunfadores de los últimos comicios en Italia,
publicaba el siguiente mensaje en Facebook después de conocerse la
acusación contra Proactiva: “¿Salvamento humanitario? No, es un farol,
se trata de una asociación para delinquir”.
Los datos más
recientes añaden un elemento todavía más trágico a la ecuación que se
calcula sobre las aguas frente a Libia. Aunque el número de llegadas a
suelo italiano se ha reducido claramente en el último medio año, las
cifras de muertes registradas —cuerpos encontrados, aquellos que el mar
no ha tragado— ha bajado en una proporción mucho menor.
Según los datos de la OIM,
hasta mediados de marzo de 2017 por cada 32 llegadas a suelo italiano
se contabilizaba un cadáver que añadir al enorme cementerio que es hoy
el Mediterráneo. En lo que llevamos de año la proporción de muertes se
ha prácticamente duplicado: cada 17 migrantes que tocan tierra uno queda
por el camino.
El Gobierno de Corea del Sur ha anunciado una serie de medidas drásticas
con las que tratarán de detener una cultura adicta al trabajo. Una
nueva iniciativa forzará a sus trabajadores a abandonar su puesto a la
hora, apagando por completo sus computadoras.
Los trabajadores del Gobierno trabajan una media e 2.739 horas al año, 1.000 horas más que en países "desarrollados". Si hacemos el cálculo, nos da como resultado una media de 10,5 horas diarias.
Una medida que llegará en tres fasesEl programa comenzará dentro de unos días, concretamente el 30 de marzo. A partir de ese momento, todas las computadoras se apagarán llegadas las 20:00 de cada viernes.
La segunda fase comenzará poco después, en abril,
cuando las computadoras de los trabajadores se apagarán a las 19:30 dos
veces al mes (el segundo y cuarto viernes). Al hacerlo gradual,
parecería que los trabajadores se están desenganchando de una adicción.
A partir del mes de mayo el programa estará ya instaurado por completo,
cuando las computadoras se apagarán a las 19:00 cada viernes. Un
comunicado del Gobierno Metropolitano de Seul asegura que todos los
trabajadores formarán parte de este programa, aunque existirán
excepciones bajo circunstancias especiales.
Sorprendentemente, el Gobierno Metropolitano de Seul ha declarado que
el 67,1% de los trabajadores han pedido quedarse fuera de esta medida,
negándose a que se apague su computadora llegada las 19:00.
Además, a principios de este mes Corea del Sur aprobó una ley para recortar el número de horas máximas que se puede trabajar por semana, pasando de la semana laboral "inhumana" de 68 horas a 52.
Cuando era joven atravesé una época en la que busqué mi fe. Me sentía como aquel caballero de las Cruzadas que retrató Ingmar Bergman en El Séptimo Sello.
Tras explorar esa inquietud, leer mucho al respecto y sobre todo,
profundizar en el sentido antropológico e histórico de la religiosidad,
acabé plenamente identificado con el ateismo, según la RAE una doctrina que niega la existencia de Dios o de cualquier divinidad.
Una de mis teorías, que no tiene porqué compartir nadie aunque algunas
personas lo hacen, se nutre de una lógica aplastante. La gente suele
creer en el Dios que le dicta y exige la cultura religiosa predominante
del lugar en el que nace y/o vive. Así pues, una familia de tradición
católica nacida en el barrio de Santiago, Jerez (por poner un ejemplo),
tiene muchas posibilidades de creer en el Dios cristiano, el mismo que
se supone que se manifiesta en tres entes: padre, hijo y espíritu santo.
Esa misma familia tendría ínfimas posibilidades de creer en los dioses
del Ásatrú, que son varios y tienen origen nórdico y escasa tradición en
España. Ya lo decía Rousseau, “La fe es cuestión de geografía“.
Con esta lógica del relativismo geográfico se disipa la idea de un Dios
universal, situando esta creencia en el ámbito de la construcción
histórica y cultural, religiones que han servido en muchas fases de la
Historia como herramienta de los poderes fácticos para controlar al
pueblo llano y mantenerlo obediente y sumiso.
No solo para eso, también han servido, y no lo discuto, para que el
ser humano sienta amparo y cobijo cuando se encuentra en problemas,
cuando ve cercana la muerte o simplemente, cuando intuye circunstancias
adversas. A muchas personas la fe en ese Dios que aún no se ha
manifestado empiricamente le ha servido para superar malos tragos o
momentos duros, algunas han salido de la depresión gracias a esa
esperanza religiosa. Y yo lo celebro. De verdad. Pero nada evidencia que
sea cierta. Sin embargo, me pregunto qué clase de Dios nos dejaría
lidiar en un mundo egoísta y cruel que cada año se sumerge en guerras,
que es insolidario con los emigrantes, que discrimina a las personas por
su condición sexual, que se aprovecha de los ingenuos y no es capaz de
dar comida, techo y pan y dignidad a nuestros coetáneos. Como diría el
escritor francés Jules Renard, “No sé si existirá Dios, pero sería mejor para su reputación que no“.
Son muchas las celebridades que se han hecho esa gran pregunta, desde Asimov a Bukowski, Frida Kalho, Jodie Foster, Chaplin, Saramago, Erich Fromm, Hemmingway, Stephen Hawking o Woody Allen.
Artistas e intelectuales que he admirado, que me han influido y que se
manifestaron ateos sin rubor, abiertamente y siempre con respeto a los
creyentes.
Ocurre que ese respeto, desde que salí de mi armario aconfesional, no
se caracteriza precisamente por su bidireccionalidad. El ateísmo
escandaliza a muchas personas, sobre todo mayores, indigna a los
ultracatólicos, aburre a los dogmáticos e incluso te cierra puertas
laborales y/o sociales. Ser ateo es una profesión de riesgo.
Hoy día es mucho más respetado un creyente que un ateo, al que
frecuentemente se le tacha de nihilista, de pecador, hedonista, trivial,
superficial o transgresor. Una relación causa-efecto falsa, burda y
eminentemente incorrecta.
Conozco creyentes que admiten tener una vida interior muy ligera y
ateos, como yo, con más preguntas que respuestas, con una inquietud
perenne por comprender al ser humano y lo que ha sido, es y será capaz
de hacer. La fe no garantiza un nivel de instrospección mayor, esa es otra leyenda urbana.
Otro error bastante tópico es asociar el ateismo con el
anticlericalismo, que sí tiene relación pero no en el sentido popular
del término. Según la RAE, el clericalismo es la “influencia excesiva
del clero en los asuntos políticos”, sin embargo, la gente no utiliza
esta acepción. El anticlericalismo en la calle es concebido como la
repulsa ante todo lo que huela a Iglesia. Y tampoco es exactamente así.
Debería asociarse al rechazo a que el clero maneje y dirija asuntos públicos,
con lo cual sí estoy de acuerdo porque creo en un estado laico y no
aconfesional. Laico, sin medias tintas. La diferencia es sutil pero
importante. Un Estado laico es aquel que excluye completamente
el hecho religioso de todos los ámbitos estatales, especialmente en la
educación pública. Y me parece adecuado porque entiendo que el
Estado no debería imponer una determinada religión a su pueblo. En
España existe un trato de favor brutal hacia la religión católica por
encima de las 4.200 religiones existentes en el mundo. Aquí la Iglesia
se inmiscuye con naturalidad en los asuntos públicos dominando
demasiados espacios que son de todas y todos. Es una herencia directa
del franquismo, pues la Iglesia fue un claro instrumento de control y
represión de Franco y de los falangistas. La Iglesia fue cómplice
reconocida de Franco. Aún duran vicios que deberían estar superados, pero que desafortunadamente no lo están.
En el ámbito opuesto, el laicismo no atenta contra ninguna
religión pues ni las agrede ni las prohibe, simplemente las excluye del
espacio público compartido por la gente. “Un Estado debe ser laico. Los estados confesionales terminan mal. Esto va contra la Historia“. No son palabras mías, son palabras del Papa Francisco en mayo del 2015, cuando apostó por una “sana laicidad” en los territorios.
Francisco en realidad pronunció estas palabras pensando más en el
crecimiento del Islamismo en ciertas latitudes que sobre su propia
doctrina, pero que lo dijera él fue una estupenda pieza de hemeroteca.
La Semana Santa, por ejemplo, es una manifestación en la que la tradición religiosa se ha convertido con el paso de los años en cultura popular.
Une a creyentes cristianos y no cristianos en torno a un ritual con una
escenificación brutal, atractiva y ciertamente pintoresca. Que la gente
exprese sus creencias religiosas en torno a unas procesiones no me
parece mal, pese a la invasión del espacio público. El problema aparece
cuando estas manifestaciones agreden este espacio de forma escandalosa.
Jerez de la Frontera es un claro ejemplo: casi dos meses llevan los
palcos (lugares reservados al mejor postor) colocados en el centro de la
ciudad, perjudicando a los comercios y al turismo, impidiendo el acceso
a muchas personas al centro y dañando la imagen de una celebración
religiosa que tiene a media ciudad cabreada. Si a esto se le suma que el Ayuntamiento mantiene un acuerdo con la Unión de Hermandades que solo ellos conocen,
que nunca se ha hecho público y cuyos detalles nadie puede consultar,
el tema empieza a oler mal. Empieza a desprender un tufo a clientelismo.
Y llegados a este punto, volvemos a la doble vara de medir en cuanto al respeto.
Los cristianos exigen tolerancia y cortesía ante la Semana Santa, pero
después no respetan los intereses de los comerciantes, ni de los vecinos
del centro, ni de las personas con discapacidad física ni de nosotros,
los ateos. La empatía parece caminar en una sola dirección.
Es más, el otro día pude ver a través de la redes sociales al
pregonero de la Semana Santa de Jerez dar la vuelta a la tortilla a la
situación actual, y marcarse un discurso —que más bien era una afrenta— de escaso talante, de baja talla intelectual y barnizado de cuñadismo,
para finalmente enrocarse en el victimismo buscando el aplauso fácil de
los fieles. Parece que el heteropatriarcado cofrade prefiere la
confrontación al entendimiento, una actitud poco cristiana que no suma
en el terreno de la convivencia. Más bien resta. Y yo prefiero sumar a
restar. Llámenme raro.
Y es que hay muchos católicos que confunden el criticar las élites eclesiásticas con atacar a toda aquella persona que tenga fe. Parece que no fuera normal rendir cuentas a quien abusa de su posición religiosa para obtener beneficios patrimoniales (Rouco Varela), al que añora el franquismo, al que consigue favores económicos en un entramado mafioso (el obispo Antonio Ceballos), a quien fomenta la homofobia (Cañizares) o a quien abusa sexualmente
del prójimo (hay tantos casos que darían para varios libros). Y esos no
son temas religiosos, son temas de corrupción que van más allá de las
creencias. Son temas de perversión e injusticia humana.
En fin, volvamos al ateísmo. El ateísmo debe reivindicarse, y así lo
hago, como una creencia más, tan válida, sopesada, respetable y
fundamentada como cualquiera otra. De hecho, es, a día de hoy, la más
razonable que conocemos pues no tenemos pruebas fehacientes de la
existencia de ningún ente divino. Que el ateísmo en España siga
manifestándose con la boca pequeña no es casual, es fruto de siglos y
siglos de supremacía católica y del poder que aún ejercen ciertos
sectores de la Iglesia en nuestra sociedad.
No se engañen tras leer estas líneas, yo no anhelo quemar ningún
templo religioso, apalear a ningún sacerdote, prohibir las ceremonias ni
reírme de los fieles que creen en un ente divino, sea cual sea su
religión de las 4.200 existentes. Para nada. Esas acusaciones sin
fundamento son subterfugios que pretenden llevarse tres aplausos. Lo que
defiendo es un ateísmo respetado y respetuoso, una convivencia en
armonía en la que los espacios públicos sean neutrales y se reserven los
actos religiosos a la esfera privada, donde los dioses estarán
encantados de manifestarse ante sus fieles. Ni más ni menos. Y
estoy seguro que tú, creyente que lees estas líneas, crees en la
convivencia y apuestas por el entendimiento, puedes llegar a
comprenderme.
La acumulación de residuos plásticos que flota en el océano Pacífico entre California y Hawai tiene ya 1,6 millones de kilómetros cuadrados y pesa 80.000 toneladas métricas. Y sigue creciendo, según advierte un estudio científico internacional.
Mapa de la gigantesca isla de plásticos que flota ahora en el Océano
Pacífico, según las mediciones realizadas por "The Ocean Cleanup
Foundation”.
/ “The Ocean Cleanup Foundation
La concentración de residuos de plástico en esta zona del Pacífico sigue aumentando de forma rápida y multiplica ya por 16 el último cálculo realizado por los científicos.
"La situación está empeorando", ha afirmado en un comunicado Laurent Lebreton, investigador de “The Ocean Cleanup Foundation”, la fundación holandesa que ha dirigido este nuevo estudio en el que han participado expertos de varios países.
Hasta ahora, se han detectado islas de plásticos en cinco áreas de los océanos de nuestro planeta, pero esta del Pacífico Norte es la más más grande.
Durante los últimos tres años, este grupo de investigadores ha utilizado barcos y aviones para trazar un mapa de esta zona, donde las corrientes marinas y los vientos están provocando una concentración nunca vista antes de basuras. Composición Según sus cálculos, esta isla flotante está formada por 1,8 billones de residuos,
de los que el 99,9% son restos de plástico, incluidos trozos de redes
de pesca, botellas, tapas, contenedores, juguetes e, incluso, un
inodoro.
Esta nueva investigación cree que el plástico que se vertió
al mar, tras el terremoto y el posterior tsunami que se registró en
Japón en el año 2011, podría haber aumentado un 20% el volumen de estos residuos, según el informe que se publica en la revista “Scientific Reports”.
Cada año, 2,41 millones de toneladas métricas de plástico se vierten al mar
y, por el efecto de las olas, gran parte de este marterial se
descompone en microplásticos, que son ingeridos por los peces y aves
marinas.
Con una presteza propia de Spiderman de un consumado cocainómano de
subidona, el nuevo primer ministro eslovaco recogió de la mesa lo que parecía una papelina de cocaína, que cayó de su bolsillo al sacar el teléfono móvil. El gesto de Peter Pellegrinino pasó desapercibido para el YouTuber OddShot que difundió el vídeo, aderezado con una moviola que no deja lugar a dudas: aquello no era un microfilm.
La escena tuvo lugar durante la rueda de prensa que Pellegrini, de 42 años, ofreció junto a su socio de coalición, Bel Bulgar. La noticia ya ocupa las portadas de la prensa eslovaca, que también se pregunta por el contenido del “sobre sospechoso” que cae del interior de la chaqueta del político.
Pellegrini era hasta la fecha viceprimer ministro de Eslovaquia y ocupa desde hoy la posición de primer ministro tras la dimisión de su correligionario Robert Fico,
quien tras diez años en el cargo, dimitió la semana pasada tras las
masivas manifestaciones en protesta por el asesinato de un periodista de
investigación.
La ONU apuesta por las soluciones de la naturaleza para hacer frente a inundaciones y sequías
Vista aérea del Gran Pantanal, ubicado en la región del Mato Grosso, en Brasil.AFP
Las cifras llaman la atención por sí solas, pero hacen falta días como el de hoy, el Día Mundial del Agua, que convoca cada año Naciones Unidas, para que emerjan entre otras que dan cuenta de los grandes problemas mundiales y capten la atención de los ciudadanos. 2.100 millones de personas en todo el mundo no tienen acceso a un agua potable que haya sido tratada de forma segura. Y la demanda del verdadero oro líquido
crecerá hasta un 30% de aquí a 2050, al mismo paso que crecerá la
población: 2.000 millones de personas más pisarán la Tierra en ese
tiempo. Y casi dos de cada cinco seres humanos estarán expuestos a la
devastación de las inundaciones.
La plantación de árboles para reforestar bosques, la reconexión de
los ríos a las llanuras aluviales y la recuperación de los humedales son
algunas de las opciones del 'catálogo natural'. La convocatoria subraya
que esas soluciones ayudan a reequilibrar el ciclo del agua, mitigan
los efectos del cambio climático y mejoran la calidad de la salud humana
y de los recursos naturales necesarios para vivir.
Este es un recorrido diverso (pulsa o haz clic en cada imagen para ver más información) por realidades marcadas por el protagonismo, sutil o manifiesto, del verdadero oro líquido: el agua.
Nos hemos dirigido al Gobierno de Italia y a los de otros países de
Europa para condenar cualquier acción que impida las operaciones de
rescate en el Mediterráneo central y que implique el retorno de personas
a la insegura Libia.
El
pasado 29 de enero de 2018 fue una auténtica pesadilla: rescatamos a 99
personas de una balsa de goma. Llegaban inconscientes y sin respiración.
Conseguimos reanimar a seis niños pequeños, pero dos mujeres murieron. Laurin Schmid/SOS MEDITERRANEE
El último incidente
“El reciente incidente, donde las autoridades italianas han ordenado
la retención del buque Open Arms de la organización Proactiva tras el rescate y desembarco de 216 personas,
es el último de una larga serie de acciones que obstruyen las
operaciones de rescate vitales de las ONG”, denuncia Annemarie Loof,
nuestra coordinadora de operaciones.
“Entendemos que el Open Arms rescató a personas en aguas
internacionales. En uno de los rescates, a 73 millas náuticas de las
costas de Libia, los guardacostas libios amenazaron a los equipos de rescate con violencia”, continúa Loof.
“Existe un nivel preocupante de cooperación entre gobiernos europeos y la guardia costera libia:
desde entrenamiento y material de apoyo a pavimentar el camino de los
guardacostas libios en aguas internacionales con el fin de que devuelvan a estas personas a Libia”.
Menos operaciones de búsqueda y rescate
Si bien los hechos en torno al rescate y la captura del buque aún no
se han esclarecido completamente, estas acciones llevan el sello de una campaña de criminalización contra las ONG que realizan operaciones de búsqueda y rescate.
"Estamos viendo una tendencia alarmante por parte de los gobiernos italianos y de otros países europeos en la criminalización y el bloqueo a las ONG, incluida Médicos Sin Fronteras (MSF), que realizan actividades de búsqueda y rescate en el Mediterráneo central", añade.
"Desde el verano de 2017, las autoridades italianas, respaldadas por
la Unión Europea, han obstruido cada vez más las operaciones de las ONG
para salvar las vidas de las personas en el mar: desde un código de conducta mal concebido, hasta investigaciones criminales con intereses políticos
que alimentan prosigue. Según ella, "con la reciente incautación del
Open Arms en Sicilia, el Aquarius, operado conjuntamente por SOS
Méditerranée y MSF, es ahora el único barco en este mar perteneciente a
una ONG”.
Vidas en riesgo
Los gobiernos europeos están aplicando políticas de disuasión y contención en Libia aun cuando a las ONG se les impide salvar vidas en el mar, y a pesar también de que las personas no tienen una ruta segura y una alternativa legal para huir de horribles niveles de violencia, abuso y explotación.
"Bajo ninguna circunstancia los refugiados y los migrantes deben ser
devueltos a Libia o permanecer atrapados allí. Claramente, los gobiernos
europeos no están dando prioridad a la seguridad de estas personas; más bien están jugando a un sucio juego político
mientras las vidas de estas personas penden de un hilo", concluye Loof.
Nos hemos dirigido al Gobierno de Italia y a los de otros países de
Europa para condenar cualquier acción que impida las operaciones de
rescate en el Mediterráneo central y que impliquen el retorno de
personas a una insegura Libia.