Un recorrido de más de 150 días por nueves países acompañando a los
refugiados en su ruta por Europa, plasmado en fotografías, es uno de los
últimos trabajos del periodista Javier Bauluz. Unas imágenes que
reflejan la dureza del camino, el rápido crecimiento de la xenofobia en
Europa –aunque para el periodista lo más peligroso es que los partidos
tradicionales están asumiendo este discurso- y la bienvenida en Austria.
Porque, como él dice, “no es lo mismo mostrarlos como masas amenazantes
que como personas”. Algunas de estas fotografías quedarán para siempre
grabadas en nuestra memoria. Como sus fotos a bordo del Astral
documentando la labor de rescate de Proactiva Open Arms en el
Mediterráneo. O las que hizo en Ruanda, por las ganó el Premio Pulitzter
en 1995. O la imagen de un inmigrante muerto en la playa de Tarifa
mientras una pareja sigue tomando el sol…
- ¿Cuál debe ser el papel de la prensa en temas como la crisis humanitaria de los refugiados que se vive en Europa?
Como
dice mi admirado Javier de Lucas, creo que ésta no es una crisis
humanitaria, sino una crisis política, que tiene consecuencias
humanitarias. Porque son las políticas de Europa y de occidente las que
llevan a esta situación.
En cuanto al papel de la prensa, se
supone que los periodistas tenemos que contar lo que sucede para que los
ciudadanos estén informados y puedan tener opinión. No es lo mismo
mostrar a los refugiados como cifras y masas amenazantes que mostrarlos
como lo que son: personas como nosotros, padres, madres, hijos… que
tienen sueños, miedo, amor, personas con sentido del humor. Los sirios,
por ejemplo. A la gente le sorprende mucho cuando cuento esto, pero los
sirios tienen un excelente e inteligente sentido del humor. Y te
protegen cuando estás con ellos, en vez de protegerlos tú, puesto que
estás en Europa.
En el momento en el que estamos en Europa y en el
mundo, tengo claro, desde hace muchos años, que se debe hacer
periodismo con enfoque de derechos humanos. No sólo en cuanto a los
temas, sino desde la forma de enfocar las cosas. Si los temas se enfocan
desde el punto de vista de los derechos de las personas y su
sufrimiento, de las personas y sus derechos y no, como se hace casi
siempre, desde el interés de los gobiernos, de los políticos, de las
multinacionales, de las empresas, cambia mucho. Hay una batalla entre el
aumento rapidísimo de la xenofobia en Europa y EEUU y la empatía, que
sería la palabra que englobaría la defensa de los derechos humanos como
pilar fundamental en nuestros países. Y la empatía está perdiendo la
batalla. Cada vez hay menos empatía y más xenofobia. Creo que la prensa
debería enfocar este tema desde la empatía, que la gente se pueda poner
en los zapatos de un refugiado que va caminando huyendo de la guerra con
sus hijos, con su mujer, su madre en silla de ruedas e imaginar lo que
les pasó a nuestros abuelos.
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Buscando refugio para mis hijos © Javier Bauluz |
Hace poco hice una exposición en la que se mostraban fotos de los
refugiados de ahora y de los refugiados de la Guerra Civil, que era
exactamente lo mismo. En Gijón montamos una exposición con cuatro
mujeres asturianas de 90 años que fueron niñas refugiadas, que vivieron
bajo las bombas en Gijón, que tuvieron que huir en un barco, que
acabaron en otros países donde fueron bien acogidas en ese momento. Eso
fue hace 80 años. A todos nos parece que fue hace siglos, pero esas
señoras siguen vivas y lo están contando y se están preguntando cómo
podemos tratar a los refugiados como los estamos tratando cuando
nosotros también fuimos refugiados.
Tenemos una memoria muy
frágil. Tan frágil que casi nadie recuerda que Hitler ganó unas
elecciones. No basta con ganar unas elecciones para que sea una
democracia. Tiene que haber derechos humanos. Los xenófobos están
creciendo a toda velocidad y, algo más peligroso todavía, los partidos
tradicionales están asumiendo ese discurso xenófobo y racista. Y eso es
un peligro todavía mayor que el que los pequeños grupos de ultraderecha
vayan creciendo poco a poco.
Está ocurriendo ya, ahora mismo y muy
rápido. En septiembre de 2015, en Europa ganaba la empatía respecto a
los refugiados y ahora gana la xenofobia. Hay un discurso del odio al
otro, el discurso de Trump, Marine Le Pen o Hungría. Algunos hemos visto
las consecuencias de estos discursos, como en Bosnia, con miles de
muertos o más de 20.000 mujeres violadas; o en Ruanda, donde
consiguieron sacar a una parte de la población a matar a machetazos a
otra parte de la población y mataron a 800.000 personas en 100 días,
ante la pasividad del mundo.
Puede parecer que soy un poco raro,
pero no soy el único que está empezando a decir esto. El director de
Human Rights Watch dice que la democracia y los derechos humanos no son
una cuestión de izquierda y derecha. Estamos hablando de ir por otros
lugares. Si no se respetan los derechos humanos no hay democracia,
aunque se ganen las elecciones. Ante la falta de políticos que, en lugar
de doblegarse, hagan frente a los discurso de xenofobia, de nuevo
fascismo, va a tener que ser la ciudadanía quien actúe. Y sino
acabaremos como en el “no poema” de Bertold Brecht: primero vinieron a
por los refugiados, luego a por los musulmanes y ahora vienen a por los
que defendemos que los refugiados tienen derecho. Y lo siguiente será a
los familiares de los que hemos sido detenidos por defender los derechos
de los otros.
- ¿Qué puede hacer la ciudadanía?
Empezar
a cambiar el pensamiento, empezar a darse cuenta de que los otros somos
nosotros. Basta con ver el ejemplo de España, con seis millones de
inmigrantes y no ha habido grandes problemas. Están aquí, viviendo con
nosotros, yendo al colegio con nuestros hijos, trabajando con nosotros.
Esa es la realidad, no los titulares criminalizadores de muchos medios y
los discursos de muchos políticos, que quieren convertir a los
inmigrantes en delincuentes. Todos conocemos a inmigrantes alrededor
nuestro y los que conocemos sabemos que son buena gente.
- Casi
toda su carrera profesional ha estado dedicada a cubrir conflictos y
guerras a lo largo de todo el mundo. ¿Cómo llegó a este campo? ¿Qué fue
lo que más le impresionó del primer conflicto que cubrió?
El
primer conflicto que cubrí fue prácticamente la primera vez que hice
fotos. Estaba fregando platos en Londres, me habían dejado una cámara y
había una manifestación en Hyde Park. Me puse instintivamente a hacer
fotos de aquello. Cuando las revelé, llamé a mi madre y le dije que ya
sabía qué quería hacer, no sabía cómo, pero sabía qué.
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| Javier Bauluz en Idomeni |
En cuanto a lo que más me impresiona… Un amigo acaba de volver a
Idomeni, en la frontera de Grecia y Macedonia, donde dejamos atrapadas a
100.000 personas y 4.000 niños en el barro y la humedad durante meses.
Me mandó un vídeo y donde estaba toda esa gente ya no hay nada. Para eso
sirve el periodismo, para que nadie pueda decir que ahí no ha pasado
nada. Tenemos las imágenes, las fotos, la documentación de lo que pasó.
Eso es lo que más me impresiona y al mismo tiempo a veces no sirve para
nada. Pero por lo menos, que nadie pueda decir que no se sabía. Porque
es algo que se ha dicho muchas veces: no sabíamos, no se sabía que los
nazis estaban haciendo eso, no se sabía que Franco estaba haciendo eso,
no se sabía que Stalin estaba haciendo eso… Cuando se sabe, habrá que
actuar en consecuencia.
Lo malo es que muchas veces, como ahora,
lo único que se está haciendo con los refugiados es incumplir todas las
leyes internacionales, nacionales, la Declaración Universal de los
Derechos Humanos… Todo. Pero los raros somos los que queremos que se
cumplan las leyes y los derechos humanos. Y es muy malo cuando eres el
raro diciendo esto. Creo que, en los próximos años, van a hacer falta
muchos abogados que defiendan los derechos humanos.
- Para
que no podamos decir que no ha pasado nada hay trabajos como su
exposición ‘Buscando refugio para mis hijos’, que refleja el camino con
los refugiados, desde que llegan a las islas griegas de Lesbos y Kos y
las distintas etapas por Europa.
He
estado caminando y viajando con los refugiados por nueve países durante
más 150 días este último año, sobre el terreno. Por las vías, en los
trenes, en los autobuses… Desde el momento en que llegaban a Europa a
las islas griegas de Lesbos y Kos y su recorrido por Grecia, Macedonia,
Serbia, Hungría, Austria, Alemania, Holanda, Francia y Luxemburgo.
Después
de cerrarse la ruta europea he estado en el Mediterráneo frente a las
costas de Libia con el equipo de Proactiva Open Arms, siendo testigo del
rescate de miles de inmigrantes y refugiados que no se están ahogando
gracias a que están Proactiva y Médicos Sin Fronteras salvando gente,
mientras que Europa manda barcos de guerra, que a veces tienen que
recoger a inmigrantes porque es la ley del mar, pero no están ahí para
rescatar. Su misión es otra, aunque tampoco sabemos muy bien cuál es.
- ¿Qué podemos aprender de los refugiados?
Una
cosa muy importante es darte cuenta de que en cualquier momento te
puede pasar a ti. Igual que se es consciente de que en cualquier momento
puedes tener un accidente o ser atropellado por un autobús. Cuando eres
consciente de eso, por lo menos deberías de entender un poco más la
situación.
Mi madre me enseñó algo muy importante, a ponerme en el
lugar del otro. Es algo que es muy simple y que parece de Perogrullo,
pero cuando te pones en el lugar del otro, aunque sea dos segundos,
entiendes mucho mejor todo y tu actitud y tu comportamiento cambian.
Dejas de ver el mundo solo desde tu propio interés.
De los refugiados he aprendido la capacidad, la fortaleza, la
decisión y el amor. La cantidad de escenas de amor que he visto durante
estos meses no las veo en nuestra vida cotidiana. Escenas de amor de los
padres con los hijos, de los hijos con los padres, de la solidaridad
entre grupos de refugiados, de los jóvenes voluntarios internacionales
que han ido a Lesbos, a Idomeni o que han ayudado delante de sus casas
cuando pasaba el éxodo…
Lo más emocionante de todo este viaje no
fue la xenofobia que sufrieron los refugiados durante su camino, y lo
duro que fue, sino el momento de pasar la frontera de Hungría a Austria,
donde les recibió una sociedad organizada dándoles la bienvenida, de
verdad, con sonrisas, con comida, con ropa, con techo y con cariño. En
muchos otros sitios era exactamente lo contrario. Por ejemplo en
Hungría, que es el mayor productor de xenofobia que hay en Europa.
Cuando escuchábamos el discurso húngaro hace un año la reacción era
“‘Dios mío, quiénes son estos locos xenófobos”, mientras que ahora es el
paladín de estas nuevas ideas, o viejas ideas.
- ¿Han dificultado las autoridades el trabajo de los periodistas?
A
mí me detuvieron en cuatro ocasiones en Macedonia. Y la policía griega
amenazó con detenerme en la isla Kos porque no quería que hiciera fotos
echando a la gente del puerto para que no lo vieran los turistas. Pero
no ha sido uno de los peores sitios. Ha tenido más problemas en otros
sitios.
Pero sí he visto mucho maltrato físico, verbal y deprecio
hacia los refugiados. Las manifestaciones normales de la xenofobia. He
visto tipos tan convencidos de su superioridad moral, física, incluso
genital, que estaban tan locos como para arriesgar su vida y pasar uno
solo por medio de 2.000 refugiados, en una plaza, insultándolos. Su
nivel cerebral y de testosterona era incapaz de darse cuenta de que,
aunque fuera tan superior como creía, esos 2.000 le podían matar en 0,01
segundo. Si hay gente que está tan loca como para estar dispuesta a que
le maten de esa manera, qué no podrá hacer.
- ¿Cómo ha sido la acogida a los refugiados por la sociedad?
Ha
habido una falta absoluta de ayuda básica durante la mayor parte del
éxodo por parte de gobiernos y organizaciones internacionales, excepto
algunos ejemplos, como Médicos Sin Fronteras, que ha estado ahí desde el
principio y en distintos lugares. En gran parte los refugiados han
recibido ayuda de voluntarios que, bien al darse cuenta de lo que estaba
ocurriendo enfrente de su casa se han organizado para ayudarlos, o bien
han ido a Lesbos o Idomeni. Pero sí ha habido una ola más de empatía.
No toda la gente puede estar en Lesbos recibiendo a los que llegan, pero
sí ha habido apoyos. Proactiva Open Arms es un claro ejemplo de eso:
dos socorristas que llegan con sus aletas a Lesbos, ven lo que hay y se
quedan. Y a partir de ahí piden apoyo a los ciudadanos y consiguen
medios y organizarse para estar salvando a la gente en el mar, algo que
no se estaba haciendo. Y ahora están haciéndolo en el Mediterráneo. Son
ejemplos, pero desde luego se podía hacer mucho más.
Luego hay
miles de españoles que están esperando que nuestro Gobierno, ahora que
Fernández Díaz ya no es ministro del Interior, cumpla su compromiso de
septiembre de 2015 de traer 16.000 refugiados, que es una cifra ridícula
en comparación con la de Angela Merkel, que es la única que ha tenido
claro que hay que cumplir con la legalidad y la humanidad de proteger a
las personas que buscan refugio. La mayoría de los refugiados están en
Alemania.
La cifra de refugiados en España es ridícula. Se habla
de falta de voluntad política, pero es un eufemismo. Lo que ocurre es
que no les da la gana porque no les gustan los refugiados. Fernández
Díaz definía a los refugiados como goteras que nos inundaban la cocina.
Con gente como él no va a haber muchos derechos humanos. Igual que no
los cumplen Ceuta y Melilla. Igual que Fernández Díaz no hizo dimitir a
su director de la Guardia Civil cuando mintió en los sucesos de los 15
inmigrantes en Ceuta. Hablamos mucho del muro de Trump o de los muros de
Idomeni, pero aquí tenemos desde hace 20 años otros muros, incumpliendo
los derechos humanos de muchas personas, tirando al otro lado de la
valla a heridos, a menores, a solicitantes de asilo… incumpliendo todas
las leyes nacionales e internacionales por parte del Gobierno actual, y
también de los anteriores.
- La foto que tomó
hace años en Tarifa en la que se ve a un inmigrante muerto en la arena
mientras una pareja sigue sentada al sol mantiene su vigencia. Se ha
comparado la importancia de esta imagen con la de Aylan.¿Estamos
sobreexpuestos a las imágenes y nos hemos acostumbrado a ellas?
Primero
tendríamos que definir qué es una buena imagen. Yo quiero que una buena
imagen vaya al corazón y a la cabeza, no al estómago.
Es cierto
que cada uno producimos muchas imágenes cada día. Pero no todas reflejan
una situación ni provocan que se ponga a funcionar el cerebro, que se
mueva el corazón y que te explique algo. En eso consiste el
fotoperiodismo, en contar una historia, bien contada, lo mejor posible,
en fotografías. Por eso no es lo mismo hacer fotos de los refugiados
desde un punto de la vía del tren y verlos pasar que viajar con ellos, y
estar en los momentos en los que suceden las cosas. No es lo mismo
mostrarlos como masas amenazantes y simples números que como personas.
- Acaba de volver de México. ¿Cuál es la situación de los migrantes y de los derechos humanos en Centroamérica?
Están
muy asustados con el muro que va a hacer Trump, pero en realidad ese
muro ya existe, lo hizo Clinton. Están muy asustados con las
deportaciones que va a hacer Trump, pero Obama ha deportado a dos
millones. Pero tienen más miedo ahora, porque va a empeorar todo para
ellos.
Ahora la situación de los migrantes ha cambiado mucho, ya
no pueden ir en tren como iban antes. Ahora tienen que ir por tierra,
evitando decenas y decenas de controles policiales y militares
patrocinados por Estados Unidos a través del plan ‘Frontera Sur’ con
México. Al ir por tierra y tratar de evitar estos controles los asaltan y
violan a las mujeres. Y tardan mucho más tiempo en llegar a la
frontera.
Además, no se está teniendo en cuenta que no sólo son
migrantes los que están sufriendo esto. No me gusta mucho hacer la
distinción entre migrantes y refugiados, pero ya que existe esta
diferencia debería facilitar el derecho de asilo que se merecen miles de
personas que están huyendo de la violencia en Centroamérica. Huyendo de
las maras, de los gobiernos, del estado de violencia… En Centroamérica
si eres una chica joven y el pandillero de tu barrio decide que le
gustas, te dice “a partir de mañana eres mi novia. Y si no quieres ser
mi novia, te mato”. O si tienes 16 años y te dicen que tienes que ir a
la pandilla y si al día siguiente no vas, no te lo repiten, te matan.
Toda esa gente, como la de los ejemplos, está huyendo de la violencia en
su lugar de origen. Estas personas tendrían que tener derecho de asilo
reconocido en Estados Unidos, a donde muchos están llegando, pero a
muchos los están deportando y a muchos, cuando vuelven a su país, los
matan. Y de esto no se está hablando.
Además, muchos no saben a
qué tienen derecho. No tienen el concepto jurídico que tenemos nosotros.
Si les amenazan simplemente se van. No saben a qué tienen derecho ni a
qué no tienen derecho. Nunca han tenido derecho a nada. Hay que gente
que intenta pedir asilo político, pero es muy poca gente y no es fácil,
porque no es sencillo demostrar lo que está ocurriendo.
- A
lo largo de su carrera ha recibido varios premios. ¿Qué supone haber
sido galardonado con el Premio Derechos Humanos de la Abogacía Española?
Me
alegra, sobre todo porque es un premio sorpresa. Además toca las dos
vertientes en las que llevo trabajando muchos años, derechos humanos y
periodismo. Es como un traje a medida.
Además, me alegra estar con
otros premiados como José Palazón, el “Quijote de Melilla”. No sólo por
el valor que tiene al defender los derechos humanos en esa ciudad sin
ley, sino también de alguna forma por la soledad en que lo hace. Creo
que Palazón debería tener mucho más apoyo real, no sólo de palmaditas en
la espalda o de ‘me gusta’ en Facebook. Es muy duro hacer lo que lleva
José Palazón haciendo tantos años en un entorno tan hostil y sin apoyos
suficientes. Y si no defendemos a los defensores de los derechos
humanos, ¿qué hacemos?
Fuente:
http://www.abogacia.es/2017/01/05/javier-bauluz-la-xenofobia-esta-creciendo-a-toda-velocidad-pero-es-mas-peligroso-que-los-partidos-tradicionales-esten-asumiendo-su-discurso/