miércoles, 2 de febrero de 2022

¿Fuck the European Union?

En 2014 la embajadora estadounidense para asuntos europeos Victoria Nuland, hablando en privado sobre la necesidad de cambiar el Gobierno de Ucrania, dijo “que le den a la Unión Europea” ("fuck the EU"). El embajador de EEUU en Kiev contestó: “Exactamente”. 

El presidente de Estados Unidos Joe Biden.

 Para entender qué pasa con Ucrania hay que seguir el rastro del dinero, analizar la situación de las potencias en liza y echar un vistazo a lo ocurrido en los últimos años en la exrepública soviética, el país más pobre de Europa que sufre una corrupción sistémica, con un grupo de oligarcas (algunos prorrusos, otros prooccidentales) dominando los principales poderes, una sanidad pública saqueada -una operación de peritonitis, en la pública, puede costar unos mil quinientos euros-, un salario medio de 250 euros y una pensiones de 175 euros. 

 EEUU en Ucrania

En 2013, cuando estallaron las protestas en la capital ucraniana en contra de la corrupción y la precariedad, Estados Unidos entró en juego posicionándose en favor de la oposición al Gobierno de entonces. Varios integrantes de la Administración estadounidense visitaron a los manifestantes en la plaza Maidan -también acudió el republicano McCain- y Washington operó entre bambalinas para contribuir al golpe contra el presidente prorruso Yanukovich, quien terminó huyendo del país.

Antes de que eso ocurriera se filtró un vídeo por Internet que mostraba una conversación telefónica entre dos altos diplomáticos estadounidenses. En ella, la secretaria de Estado estadounidense adjunta para asuntos europeos, Victoria Nuland, debatía con el embajador de EEUU en Ucrania, Geoffrey Pyatt, sobre cómo facilitar el éxito de la protesta contra el Gobierno ucraniano y a quién colocar como sucesor del presidente que deseaban ver derrocado.

Ese diálogo desveló que Washington tenía una implicación mucho mayor en Ucrania de la que mostraba públicamente. Nuland y Pyatt hablaban en esa conversación sobre los líderes que debían estar en el futuro gobierno, apostaban claramente por uno en concreto, Arseni Yatseniuk, y descartaban a otro, Vitaly Klitschko, quien contaba entonces con el apoyo explícito de Alemania. Ambos embajadores celebraron durante su conversación que la ONU fuera a nombrar un nuevo enviado especial para Ucrania y que esto ayudaría a “soldar” su plan ante la presunta inacción de la Unión Europea. En un momento dado, se escucha decir a Nuland:

“Sería estupendo, creo, para ayudar a soldar esto y tener a la ONU ayudando a soldarlo, y ya sabes, que le den a la Unión Europea”. (Algunos medios lo tradujeron como “que se joda la Unión Europea” o “a la mierda la Unión Europea”. La versión original era: “Fuck the EU”)

“Exactamente”, contestó el embajador estadouniense.

Más de 5.000 millones de dólares

El “fuck the EU” de Nuland en esa conversación -EEUU acusó a Rusia de filtrarla- planteó una fricción entre Washington y Alemania y desveló públicamente lo que el mundo de la diplomacia ya sabía: las diferencias entre EEUU y Berlín a la hora de abordar las relaciones con Moscú. De esto también va lo que está pasando estos días.

Titulares de prensa, analistas y políticos insisten en señalar la obsesión de Putin con Ucrania. Pero si repasamos los hechos es posible afirmar que no solo Rusia está obsesionada con Ucrania. En una conferencia ofrecida en diciembre de 2013 la embajadora Nuland resaltó la importancia de la inversión estadounidense en Ucrania en los últimos años: más de 5.000 millones de dólares. Desde 2014 Washington ha destinado más de 2.700 millones de dólares en asistencia y desarrollo de las fuerzas de seguridad ucranianas, en las que está integrado el batallón Azov, nacido como una fuerza paramilitar de ultranacionalistas que emplean símbolos nazis y que en la actualidad dependen del ministerio de Interior.

Victoria Nuland es actualmente Subsecretaria de Estado para Asuntos Políticos en la Administración Biden y está muy presente en los pasos que se están tomando en torno a la crisis de Ucrania. Fue asesora del vicepresidente Dick Cheney entre 2003 y 2005 durante la ocupación de Irak y embajadora de EEUU ante la OTAN durante el segundo mandato de George W Bush, cuando ya apoyó la expansión de la Alianza Atlántica hasta la frontera rusa, defendiendo "bases permanentes a lo largo de la frontera oriental de la OTAN”. Su marido es el neoconservador Robert Kagan, quien fuera asesor de George W Bush y cofundador del think-tank Project for the New American Century cuyo objetivo es “promover el liderazgo global estadounidense” y fomentar “una política reaganiana de fuerza militar y claridad moral”.

La importancia del gas

Recientemente se completó la construcción del gasoducto Nord Stream 2, que garantiza la llegada del gas ruso a Europa a través de conductos bajo el mar. El proyecto, operado por la empresa rusa estatal Gazprom y construido con dinero de cinco compañías energéticas europeas, no ha sido nunca acogido con buenos ojos por Estados Unidos, que ve en él una herramienta para que Putin pueda ampliar su influencia en Europa a través del gas.

Europa depende en gran parte del gas ruso, que actualmente llega a través de Ucrania. El Nord Stream 2 evitaría ese trayecto, privando a Ucrania de lucrativas tarifas de tránsito. Con su construcción ya lista, las miradas estaban ahora depositadas en su certificación antes del verano para ponerlo en marcha, pero las últimas escenificaciones han enfriado las cosas. Este pasado lunes la Comisión europea anunciaba la suspensión "sine die" de su entrada en funcionamiento.

Mientras tanto, Estados Unidos ha indicado que podría exportar a Europa gas licuado, en caso de que las sanciones con las que se amenaza a Rusia empujaran a Moscú a limitar su suministro (Rusia exporta a la UE el 38% de sus importaciones de gas natural, más del 50% en el caso de Alemania). Al igual que con su insistencia en una presunta invasión rusa de Ucrania, Washington anticipa así un escenario que le permite reducir la órbita de influencia de Moscú y ampliar la suya, en este caso comercial, ofreciéndose a vender a Europa parte de su gas licuado y a mediar con Qatar y otros proveedores para que hagan lo mismo, como sustitutos del gas ruso.

Las sanciones

Las amenazas de sanciones económicas a Rusia colocan a Europa en una situación arriesgada, en un contexto de crisis energética, con los precios de la energía en alza, una gran inflación y un futuro en el que no estaría asegurada la llegada de todo el gas que la UE necesita, ya que EEUU tiene ya comprometido y cerrado el envío de buena parte de su suministro a Asia. The Wall Street Journal recordaba recientemente que antes de esta crisis de Ucrania, Washington había encontrado pocos proveedores de gas para Europa. Ahora, en este nuevo contexto, confía en conseguir más.

Estados Unidos, en plena crisis de identidad, se debate entre quienes sueñan con una Guerra Fría y entre quienes son partidarios de asumir el nuevo contexto multipolar y de centrarse en los problemas internos. De ello -y del papel que puede jugar Nuland esta vez- se habla mucho estos días en los pasillos políticos y periodísticos de Washington, conscientes de las presiones que recibe la Administración Biden por parte de los halcones del Pentágono, de los republicanos y de sectores de sus propias filas que mantienen una cosmovisión militarista, orgullosos de que EEUU sea, con diferencia, la nación con más gasto militar a nivel mundial.

Mientras tanto, la nueva gran potencia de este siglo, China, ha mostrado su apoyo a Rusia y ha pedido que se deje de lado lo que ha llamado la “diplomacia de micrófono” - que puede crear realidades a base de definiciones- para centrarse en la diplomacia silenciosa, a puerta cerrada. En una reciente conversación con su homólogo estadounidense, el ministro de Exteriores chino señaló que las preocupaciones de seguridad de Rusia deben “tomarse en serio” y subrayó que "la seguridad regional no puede garantizarse mediante el fortalecimiento o incluso la ampliación de bloques militares".

Las escenificaciones

Entre las declaraciones públicas de las últimas semanas han destacado las del Gobierno británico asegurando tener pruebas de que Moscú quiere derrocar al actual Gobierno ucraniano para imponer en su lugar un presidente prorruso. Nadie ha visto esas presuntas pruebas y el supuesto 'hombre de Moscú' al que apunta Londres está sancionado en Rusia desde hace años.

Por su parte, Francia ha dicho que no ha encontrado en el material mostrado por los servicios de inteligencia estadounidense pruebas de que Rusia vaya a invadir Ucrania y Alemania ha asegurado que todo indica que Moscú no ha decidido nada aún. Ante la histeria impostada de Washington y Londres -que ha incluido la retirada de sus embajadores en Kiev- el propio Gobierno de Ucrania ha insistido en que la situación no es tan grave, que el riesgo de invasión no es mucho mayor que en meses pasados y ha agradecido a los embajadores de la UE que se mantengan en sus puestos.

No hay que olvidar que en 2017 el Gobierno ruso advirtió de que su relación con la OTAN atravesaba su peor momento desde la Guerra Fría debido al despliegue de tropas de la Alianza Atlántica cerca de las fronteras rusas, en Lituania, Estonia, Letonia y Polonia. Ese despliegue militar fue normalizado en buena parte de la prensa occidental, pero los expertos saben bien que en Moscú solo cabía una lectura ante ese envío. Y aún así, se llevó a cabo. Que cada cual extraiga sus conclusiones.

Intereses y presiones

Los intereses de Washington no son los mismos que los de la Unión Europea. En el pasado Estados Unidos ha impulsado y justificado guerras con tergiversaciones o mentiras conocidas a posteriori. Incluso ha incrementado tensiones con acusaciones fabricadas. Irak es buen ejemplo de ello. En todos esos conflictos bélicos Washington ha procurado minimizar sus riesgos: son guerras que se han desarrollado lejos del territorio estadounidense y en las que a menudo EEUU se ha apoyado en ejércitos terceros o en mercenarios para conseguir sus objetivos, a cambio de dinero, armas y promesas. Con este historial acumulado es lógico que surjan preguntas sobre sus objetivos:

¿Por qué le habría de interesar a la Unión Europea un conflicto en su propio territorio? ¿Por qué debería adoptar al cien por cien las estrategias comerciales que más convienen a Washington? ¿Por qué debería enemistarse con la misma intensidad que EEUU con un país situado a miles de kilometros de la Casa Blanca pero vecino europeo?

Estados Unidos está recolocándose fuera de sus fronteras tras el huracán Trump y tiene que decidir cómo hacerlo. Lo mismo le ocurre a Europa, con una Alemania que en 2017 decía, a través de Angela Merkel, que “los intereses en los que podíamos apoyarnos completamente en los otros han llegado a su fin en cierta medida” y con algunas voces dispuestas a estudiar la ampliación de la autonomía comercial y militar europea, frente al habitual seguidismo de los dictados de Estados Unidos. En este contexto EEUU muestra en público su confianza en Alemania; en privado, presiona para que adopte una línea más dura ante Moscú y enfríe sus relaciones con Rusia. En Washington no ha gustado que Berlín solo haya enviado a Ucrania material para hospitales de campaña.

En medio de todo ello surge aquí el empeño de la profecía autocumplida, el efecto Pigmalión: esa predicción repetida -la de la invasión rusa- que, una vez expuesta, puede ser en sí misma la causa de que se haga realidad. El deber de la diplomacia es evitar que se lance más leña al fuego, buscar cauces de entendimiento y preservar la paz y el respeto a los países afectados, siempre en interés de las poblaciones. Eso implica evitar los "fuck the EU". Los intereses de la Unión Europea también cuentan. 

Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/fuck-the-european-union_129_8708966.html

La religión como pretexto

       En siglos pretéritos, la religión era un bosque tras el cual se podían mantener escondidos ejércitos enteros. El intento de repetirlo en nuestros días ha salido mal: después de tantas talas ya no es más que un matorral tras el cual en ocasiones se ocultan bribones. Por esta razón hay que tener cuidado con quienes quisieran meterla en todo, y salirles al paso con este refrán español: "Detrás de la cruz está el diablo"

Arthur Schopenhauer

Postureo y moralismo en la era 'woke': por qué es más importante parecer bueno que serlo


Postureo y moralismo en la era 'woke': por qué es más importante parecer bueno que serlo
Pablo Malo.|Foto cedida por el entrevistado
A 6.000 kilómetros de distancia un policía mata a un negro y, de repente, un señor de Cuenca se siente impelido a hincar la rodilla en tierra; al mismo tiempo, su mujer ve en la tablet, con placer culpable, la vieja historia de un irlandés que arrastra por un prado a su prometida, que defiende con saña su dote heteropatriarcal; a la noche, sus hijos rechazarán con remordimiento el plato de ternera: en el colegio les han dicho que de ello depende el futuro del planeta.    

La nueva moral del siglo XXI está plagada de desafíos y contraseñas, a veces abstrusas y caprichosas, pero ineludibles: sumarse a ellas no sólo es necesario sino cada vez más obligatorio. A ello se añade la importancia capital de refrendarlo y exhibirlo en la aldea global. «Hoy, más importante que ser moral, es parecerlo», explica a THE OBJECTIVE Pablo Malo, autor de Los peligros de la moralidad (Deusto). Esta toma de partido constante es una de las más curiosas y peligrosas alianzas entre el nuevo moralismo y las redes sociales de alcance masivo: «Si queremos subir en estatus tenemos que demostrar a los demás nuestra integridad moral y el lugar para hacerlo actualmente es en las redes sociales y en Internet más que en el mundo real. Simplificando bastante, podríamos decir que antes demostrar nuestra moralidad resultaba ‘caro’, tenías que apuntarte a una ONG y trabajar duro por los demás, por ejemplo, es decir, hacer algo en el mundo real. Ahora con poner unos tuits en las redes contra los ‘malos’ ya estás ganando likes, retuits y seguidores. Resulta bastante más ‘barato’», explica.

Para hablar de moral honestamente hace falta mucha sutileza y mucho desapasionamiento. Quizás las dos cosas de las que más carecemos de un tiempo a esta parte. Pablo Malo lleva tiempo nadando en contradicciones, buscando cuadrar los dilemas. Su interés por la materia no vino, bromea, por su apellido, sino de haber crecido en el País Vasco cuando ciudadanos completamente normales y morales daban por bueno el asesinato de convecinos. Desde entonces sabe hasta qué punto «las mayores maldades las cometen personas que creen estar haciendo el bien».

Una vez caídos los dioses, los mecanismos sociales de las viejas religiones siguen en pie: la ideología ha tomado su lugar de cohesión tribal. Nos divide en Nosotros y Ellos. Ellos son siempre los malos. Y contra ellos vale todo. El radio de acción de la nueva moral es apabullante: cultura de la cancelación, wokismo, identitarismo, presentismo y reescritura del pasado… En todos late un impulso muy humano, desgraciadamente, hacia el castigo y la eliminación del otro. 

Y es que, aunque nos cueste asumirlo en frío, nos gusta castigar. «Activa el circuito de recompensa del cerebro, el mismo que activan drogas como las anfetaminas o la cocaína -señala Malo-. A nivel psicológico, castigar es agredir y hacer daño, algo que normalmente condenamos, pero cuando castigamos, la otra persona ha hecho algo malo y entonces estamos autorizados a agredir y a dar rienda suelta a esos instintos que normalmente debemos reprimir. Así que la moral consigue la cuadratura del círculo: que sea bueno ser malo».

El concepto de castigo ha evolucionado a lomos de las nuevas corrientes moralistas. Si antaño, al menos a nivel teórico, la religión tenía en el horizonte el perdón y la redención («Odia el delito, compadece al delincuente», decía Concepción Arenal), la nueva moral parece haber hecho de la purga su razón de ser. Se trata, en suma, de erradicar de raíz el ‘pecado’, aunque sea a base de eliminar a los pecadores. «Vivimos, según autores como Joshua Mitchell, un despertar religioso en el que no hay perdón. Desde luego lo que vemos ahora es la aniquilación y destrucción de los ‘pecadores’, su muerte social. Por otro lado, si esas minorías que han tomado el poder moral y deciden lo que está bien y lo que está mal moralmente, perdonaran, perderían su poder».

La cultura de la cancelación, en aras de la ética, ha propiciado la muerte civil de individuos concretos. Contra ese terrible ad hominem del moralismo se enfrentó Castellio en defensa de Miguel Servet durante la persecución calvinista: «Cuando los ginebrinos quemaron a Miguel Servet, no defendieron una doctrina, mataron a un ser humano». A escala, el wokismo se impone a costa de la autonomía individual, pues, señala Malo, «se trata de crear un clima de terror, de silencio y de autocensura. No se necesitan muchos casos de silenciamiento para que la población en general entienda el mensaje y lo que les puede pasar si se salen de las normas prescritas por la ideología dominante. Así consiguen que esa ideología se imponga». 

Sólo en ese clima exacerbado tienen sentido los golpes de pecho, las ‘autos de fe’ digitales, los señalamientos y las prevenciones más absurdas. La nueva moral pone la tirita antes que la herida, aunque sea precisamente para asestar después el golpe. Un totalitarismo blando que alcanza ya incluso al teórico de todo esto: George Orwell y su 1984, una obra sobre la que recientemente ha prevenido en una universidad británica por su «posible material ofensivo». Para el autor de Los peligros de la moral, «en el momento en que las cosas no se pueden debatir o discutir, en que ciertas opiniones ya no se pueden sostener porque son malas moralmente, pues ya estamos en el campo de los dogmas y no en el del debate democrático entre diferentes ideas todas ellas legítimas. Corremos el riesgo de que el funcionamiento democrático colapse: si ya sabemos cuál es la verdad no necesitamos parlamentos sino un partido único que la aplique». ¿Y si la próxima dictadura no fuese por las armas sino mediante el control moral?

Imagen cedida por el entrevistado.De lo que no hay duda es que el tribalismo se va imponiendo en la arena pública. Y esa conciencia tribal hace que «nuestra moralidad llegue hasta los límites de nuestro grupo y no apliquemos las mismas normas a los que no pertenecen a él». Ellos y Nosotros. Que, además, no son ya dos bloques monolíticos, sino una infinidad. Es la expresión del identitarismo. «Desde la Ilustración, se valoraba a las personas como individuos, pero la nueva izquierda posmoderna e identitaria valora a las personas en función del grupo al que pertenece: sexo, etnia, orientación sexual, etc. Lo que una persona dice ya no tiene un valor en sí mismo, sino que ese valor depende del grupo al que pertenece el que habla y si se trata de una minoría que se considera que es una víctima, ese valor es máximo y no se puede discutir», explica Malo.

Paralelamente, el capitalismo ha entrado de lleno en el juego del ‘postureo’. Tenemos bancas ‘éticas’, multinacionales ‘concienciadas’, marcas de ropa ‘no normativas’, hamburguesas veganas… «Antes una compañía de refrescos hacía refrescos y una compañía que hace maquinillas de afeitar hacía maquinillas de afeitar. Ahora las empresas (Coca-Cola, Gillette…) comienzan sus mensajes manifestando que aceptan el ‘credo ideológico’ imperante: que son feministas, que son antirracistas, que están contra la masculinidad tóxica, que luchan contra el cambio climático, etc., y dan cursos a sus trabajadores sobre toda esa ideología. Y luego te dicen que hacen un refresco o maquinillas de afeitar. Primero tienen que señalar virtud y comulgar con el catecismo imperante y luego ya pueden vender sus productos. Miguel Ángel Quintana Paz lo ha llamado ‘capitalismo moralista’».

Pero aún hay más. El moralismo no sólo va subsumiendo áreas del debate actual, sino que actúa retrospectivamente, sobre el pasado, juzgando y condenando desde el presentismo. Es posible deplorar a John Wayne en El hombre tranquilo y a su esposa en la ficción por luchar por su dote y dejarse arrastrar por un prado; es posible y hasta necesario deplorarlo y cancelarlo según la mentalidad dominante. En cambio, dicha mentalidad se inhibe ante el machismo de culturas contemporáneas: «Aplicamos nuestras normas morales actuales al pasado, pero, curiosamente, no aplicamos nuestras normas morales a otros lugares geográficos, a otras culturas que están a pocos kilómetros de distancia. Por ejemplo, no se pueden criticar cosas del Islam porque eso sería islamófobo. Esto es consecuencia de la visión posmoderna que es relativista en el ámbito moral y nosotros desde nuestra cultura no podemos criticar lo que hacen otras culturas. Pero es evidente que hay una contradicción al aplicar nuestras normas presentes al pasado porque el pasado es una cultura diferente también». 

Para Pablo Malo, «ya no hay ningún lugar seguro en el que podamos mantenernos al margen de la moralidad. Lo está invadiendo todo: deporte, educación, mundo laboral, universidad por supuesto, medios de comunicación, redes…» Siendo así, ¿cómo combatir la epidemia moralizante? «Siendo conscientes de que existe, de que somos seres humanos y de que los seres humanos han llevado a cabo barbaridades (Holocausto, Gulag, genocidios…) amparados por sus justificaciones morales y buscando el bien y un mundo mejor utópico. Si eso ha ocurrido a lo largo de la historia a otros seres humanos debemos estar alerta porque puede ocurrir con cada uno de nosotros». 

Fuente: https://theobjective.com/sociedad/2022-01-26/moralismo-woke-pablo-malo/?utm_medium=Social&utm_source=Twitter#Echobox=1643194233-2

martes, 1 de febrero de 2022

El deseo de la nada

Raúl Lázaro
 
 Y el tiempo me devora, poco a poco, la vida,
como la nieve inmensa a un cuerpo entumecido;
desde lo alto contemplo todo el mundo extendido,
sin poder encontrar para mí una guarida.

Charles Baudelaire

lunes, 31 de enero de 2022

Crisis de Ucrania

 El eurodiputado del grupo de La Izquierda Mick Wallace (1955, Irlanda) es miembro de la subcomisión de Seguridad y Defensa del Parlamento Europeo. En entrevista con El Confidencial, analiza la postura de la izquierda europea en torno a la escalada de tensión en la frontera ucraniana, el papel de la UE y las relaciones con Rusia. ¿Romantiza la izquierda la figura de un líder conservador como Vladimir Putin? "Este Parlamento está cargado de retórica antichina y antirrusa", asegur

PREGUNTA. La OTAN y Estados Unidos acaban de trasladar su no por escrito a las exigencias rusas. ¿Cómo lee la situación actual?

RESPUESTA. La estabilidad y seguridad en Ucrania van en interés de la UE y de Rusia. Sin ninguna duda, el mayor factor desestabilizador en la región ha sido la expansión de la OTAN hacia el este. Cuando la Unión Soviética se derrumbó en los noventa, a [Mijaíl] Gorbachov le prometieron que la Alianza no se ampliará hacia el flanco oriental ni desplegaría armas o tropas en las fronteras de Rusia. Y esas promesas no se han cumplido. La OTAN se ha expandido de forma implacable y ello está teniendo un efecto desestabilizador terrible en la región. Una de las demandas rusas es que esto frene, algo inasumible para los estadounidenses. No vamos a encontrar la paz si EEUU no aporta sentido común. Creo que los estadounidenses están siendo ridículos, quieren que las reglas se apliquen a algunos, pero no a ellos. Creen que pueden decidir todo lo que ocurre en el mundo.

P. El propio Gorbachov ha negado que esta promesa que menciona existiera. No aparece, además, en ningún documento ni tratado oficial.

R. Lo dijo en 2014. Pero no lo había dicho nunca antes. En ese momento todo el mundo sabía que la OTAN había hecho esa promesa y que la rompió.

P. Pero ¿no tienen Estados soberanos como Ucrania, Georgia o Moldavia el derecho a elegir su propio destino?

R. Pero no lo están eligiendo. La OTAN y Estados Unidos lo están eligiendo por ellos. Zelenksy fue elegido en 2019 prometiendo que haría negocios con los rusos. Pero nada más ser elegido, los estadounidenses le dijeron que no lo hiciera. ¿Por qué los estadounidenses y los ucranianos están incumpliendo los acuerdos de Minsk? Francia, Alemania, Ucrania, Estados Unidos y Rusia se sentaron juntos en 2015 para acordar una hoja de ruta pacífica. No es que Rusia buscase pacificar el Donbás, fueron los ciudadanos de esta región los que buscaban autonomía. Rusia estaba contenta con que el Donbás fuese parte de una Ucrania independiente. Pero sobre una lucha nacional, Occidente ha desestabilizado Ucrania de forma dramática. Estados Unidos ha reconocido que gastó 5.000 millones de dólares organizando el golpe de Estado de 2014. Eso es injerencia extranjera. En el Parlamento Europeo clamamos día y noche contra las injerencias externas…

P. Todos los ojos miran ahora al Kremlin. A qué respuesta dará. ¿Qué cree que va a hacer Putin? ¿Qué haría usted si fuese él?

R. Preferiría que Rusia no invadiese Ucrania. Creo que la independencia ucraniana debe ser respetada. Pero creo que la OTAN y EEUU han empujado a Rusia a un rincón. Pero ¿qué quieren conseguir con ello? ¿Va a ser bueno para EEUU? ¿Para Europa?

Washington está diciendo que si se produce la invasión aislará a Rusia del sistema Swift. Y ¿entonces qué? Primero, los rusos cortarán el grifo del gas a Europa. ¿Puedes imaginar el impacto para Europa, que no para EEUU? A ellos les gustaría que ocurriese porque podrían vender más gas natural licuado a los europeos. Pero en el corto plazo supondría un impacto tremendo en las economías europeas. Además, muchos bancos europeos serían sometidos a mucha presión, ya que algunos de ellos tienen fuertes vínculos con la economía rusa.

P. Es un hecho que de producirse una escalada, las consecuencias para la UE serán mucho mayores que para EEUU. Los europeos han estado marginados en las conversaciones importantes. Los rusos no quieren hablar con nosotros. ¿Quién es responsable de esta situación?

R. Está claro de quién es la culpa. Los europeos son débiles y Borrell no vale para el puesto. Borrell ha sido un desastre. Fue a Moscú y se sentó con Lavrov, que es muy inteligente, y Borrell no estuvo a la altura. Los europeos se han marginado solos siendo un títere de EEUU. Los rusos están diciendo: si aquí no hay nadie, vayamos a los estadounidenses. Rusia está ignorando a la UE y solo está dispuesta a hablar con Alemania y Francia, las dos grandes potencias.

Hace dos semanas, Borrell dijo que el Nord Stream estaría vinculado a la crisis ucraniana. Y tanto los alemanes como los franceses le corrigieron y reenfocaron el discurso hacia la paz en la frontera. Ha quedado debilitado porque no podía decir eso. El Nord Stream 2 es un proyecto económico y su puesta en marcha ha sido retrasada por cuestiones geopolíticas, pero eso cuesta dinero europeo, porque tendríamos gas más barato. Y escucha, no creo que debamos depender del gas, pero estamos en la situación en que estamos y no vamos a ser independientes energéticamente en uno o dos años. En el corto plazo, tenemos que entendernos con los rusos, nos guste o no. El gas ruso será más limpio y barato que el estadounidense.

P. Occidente advierte de las sanciones más severas si Rusia da un paso más. ¿Son una buena herramienta de disuasión?

R. Las sanciones que no son aprobadas por la ONU son ilegales bajo el derecho internacional. EEUU tiene sanciones sobre unos 40 países ahora mismo. Y el 99% de ellas son ilegales. EEUU viola el derecho internacional cada día y, desafortunadamente, los europeos ahora lo siguen. Mira a Siria. La gente está muriendo de hambre. Y los europeos tienen una parte de responsabilidad. ¿No les gusta el régimen de Al Asad? Pero sí les gustan los dictadores del Golfo. No he visto en toda mi vida un Gobierno en todo el mundo que me guste.

La comunidad internacional impone sanciones a Rusia desde 2014. Apenas le han afectado y lo que han hecho es acercarla a China.

P. Escuchándole, parece que solo culpa a Occidente de la situación actual. Pero es Putin quien está desplegando 100.000 soldados en la frontera ucraniana y quien invadió un Estado soberano en 2014. Putin es un líder conservador, ortodoxo, tradicional y con oponentes en la cárcel, pero genera mucha expectación en la izquierda. ¿Tiene la izquierda una visión romantizada de la Rusia de Putin?

R. Habla de que Rusia no respetó la soberanía de un Estado cuando se anexionó Crimea. Y es cierto. Aunque el 90% de los votantes eligió ser parte de Rusia y no de Ucrania. Pero es que EEUU vulnera a diario la soberanía de multitud de países. La semana pasada el propio Biden dijo que América Latina no es el patio trasero sino el delantero. Piensan que pueden hacer lo que quieran allá donde vayan. Han colonizado e invadido otros países durante 200 años. América comenzó como un proyecto colonial y cometieron un genocidio. Desde entonces es un proyecto colonial. No respetan la legislación internacional, pero piden que el resto lo haga. ¿En qué planeta viven? Lo que pasa es que los medios de comunicación venden la mentira de que EEUU y la UE son los chicos buenos y todos los demás los malos. Son cómplices y parte del problema, no de la solución. Este Parlamento está cargado de retórica antichina y antirrusa.

P. La izquierda aquí en el Parlamento vota en contra de resoluciones de condena a China o Rusia. ¿Es incompatible condenar las violaciones de derechos humanos o a minorías con todo lo que usted está diciendo?

R. Yo condeno la represión de minorías todos los días y en todos lados, sea quien sea. Pero mira lo que Francia está haciendo con los musulmanes o EEUU, donde 16 millones de personas viven en pobreza. El país más rico del mundo y 16 millones de personas viven en condiciones de pobreza. ¿Qué les pasa? Oprimen a millones de personas. Encierran a migrantes en la frontera mexicana. Todos los días hablamos en Europa sobre Hong Kong. Ni un solo manifestante ha muerto a manos de la policía. ¿Y qué ocurre en Yemen? EEUU y la UE apoyan el genocidio saudí en este país: 200.000 personas han sido asesinadas. Millones están muriendo de hambre y nadie habla de ello. Falta lógica.

P. Por concluir. ¿Estamos ahora más cerca de una guerra abierta que hace un mes?

R. Todo es posible. No creo que Rusia tenga la intención de invadir Ucrania. Pero podría ocurrir porque les hemos arrinconado. La guerra puede ocurrir, incluso cuando no estaba planeada. Yo estudié Historia, hice un curso sobre los esfuerzos diplomáticos de agosto de 1914. No había la intención real de ir a una guerra y mira lo que ocurrió después con la mecha del asesinato de Francisco Fernando. No creo que lo que está ocurriendo en la frontera ucraniana termine en guerra, pero todo puede ocurrir. Y la UE ha sido temeraria con su apoyo ciego a EEUU y a la OTAN. Temeraria y decepcionante. 

Fuente: https://www.elconfidencial.com/mundo/europa/2022-01-31/crisis-ucrania-borrell-jefe-diplomacia-desastre_3366166/

viernes, 28 de enero de 2022

Regreso a la “casa común europea”: la fallida alternativa a la Europa de la OTAN

 En los años 80 tanto el movimiento pacifista como el reformismo soviético propusieron hacer del viejo continente un espacio político libre de armas nucleares y que contribuyera a la cooperación entre Este y Oeste. Las tensiones en Ucrania ponen otra vez de actualidad el concepto acuñado por Mijail Gorbachov en el final de la Guerra Fría.

Gorbachov y Reagan
Gorbachov y Ronald Reagan firmando en 1987 el tratado INF para reducir el armamento de destrucción masiva. Foto: Wilkipedia

El pasado mes de marzo Mijail Gorbachov celebró su 90 años en su casa de las afueras de Moscú. Lo hizo en medio de una pandemia que nadie había previsto y de un incremento de las tensiones entre los EE UU y Rusia que sí era previsible para cualquier observador atento de la política internacional. El hombre que desde la cúspide de la URSS contribuyó a enterrar la Guerra Fría contempla hoy, en el ocaso de su vida, una nueva Guerra Fría entre los EE UU y Rusia.

La Unión Europea, con la que el ex mandatario soviético trató de buscar una alianza en los años 80, vuelve a alinearse una vez más con Norteamérica en un conflicto internacional. En una de sus últimas entrevistas Gorbachov pedía expresamente a Alemania, el principal país de la UE, que repensara su apoyo a los EE UU en la nueva Guerra Fría, y recuperara la idea de construir con Rusia la “casa común europea”. ¿A qué se refería con la “casa común europea” el Premio Nobel de la Paz, ex secretario del mayor Partido Comunista del planeta y último presidente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas?

El concepto fue acuñado en torno a 1985 por Gorbachov. La idea del artífice de la Perestroika era un acercamiento de la URSS y Europa del Este a una Europa Occidental más autónoma de los EE UU. El de Gorbachov era un proyecto reformista, que no pedía ni la desaparición de la OTAN ni del Pacto de Varsovia, pero sí la colaboración de ambos en un nuevo espacio de seguridad común que sirviera para desterrar la posibilidad de una guerra nuclear en Europa. El plan de Gorbachov preveía una Europa “ecológicamente limpia” y libre de armas de destrucción masiva en la que se fomentara la colaboración entre las dos grandes alianzas regionales, la Comunidad Económica Europea (CEE) y el Consejo de Ayuda Mutua (COMECON), intensificando así las relaciones políticas, económicas y culturales de una gran Europa que iría “desde el Atlántico hasta los Urales”. Una idea de cooperación euroasiática que también había acariciado en su día Charles De Gaulle, partidario de que Francia mantuviera buenas relaciones con la URSS sin por ello romper con los EEUU.

Protesta contra los euromisiles, Amsterdam, 1981. Wilkipedia

Superar la Guerra Fría

La propuesta de la casa común europea suponía desandar el camino de una Guerra Fría que había llevado a la URSS a la extenuación. Gorbachov actualizaba el proyecto de la política exterior soviética al término de la Segunda Guerra Mundial: favorecer una Europa neutral que sirviera de puente entre los EE UU y la URSS. El estallido de la Guerra Fría había frustrado aquella idea de Stalin. Apenas duraría uno o dos años. La historia discurriría por otros derroteros y los viejos aliados de la Segunda Guerra Mundial no tardarían en ser enemigos irreconciliables. En abril de 1949 se formaba la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte, liderada por los EE UU e integrada por varios países europeos y Canadá, y en mayo de 1955 la Unión Soviética auspiciaba la formación del Pacto de Varsovia con sus aliados de Europa del Este, como respuesta al rearme de la República Federal Alemana.

El nuevo mandatario soviético, partidario de una reforma a fondo de la URSS, renovaba la oferta de paz y colaboración a los gobiernos de Europa Occidental en un momento de máxima tensión en el tablero internacional. Con el republicano belicista Ronald Reagan en la Casa Blanca, desde principios de 1981 los EE UU habían reforzado su campaña contra el llamado “imperio del mal”. Una campaña que incluía el apoyo a la contrarrevolución en América Latina y Oriente Medio, así como el despliegue en Europa Occidental de misiles de medio y largo alcance apuntando directamente hacia la URSS. La Guerra Fría se ponía otra vez caliente y el Kremlin era consciente de que no podría aguantar mucho más tiempo el tirón. La propuesta del líder reformista soviético pretendía rebajar tensión y disminuir una carrera de armamentos que iba camino de arruinar a la URSS. La Perestroika necesitaba liberar recursos para realizar reformas que mejorasen el nivel de vida de los ciudadanos soviéticos, y eso era incompatible con seguir compitiendo con los EE UU por la hegemonía militar a nivel mundial. En Moscú querían firmar la paz e iniciar el desarme, pero con algún tipo de garantía para su seguridad. La oferta del presidente soviético era atraer a los gobiernos europeos a un gran pacto que permitiera a la URSS relajar su política internacional sin temor a que los EE UU le metieran el agua en casa

Pacifistas de uno y otro lado del telón de acero por una Europa no alineada

Gorbachov no era en los años 80 el único actor que defendía que Europa occidental tomara las riendas de su destino, repensara sus relaciones con el Este y dejara de ser un teatro de operaciones para el enfrentamiento entre las dos grandes superpotencias. De hecho, fueron los movimientos pacifistas, las izquierdas de Europa Occidental y los intelectuales disidentes del socialismo real quienes primero formularon muchas de las ideas que posteriormente el líder de la URSS recogería y sintetizaría con la metáfora de la “casa común europea”. Y es que entre 1980 y 1986 miles de personas se movilizaron de manera continuada en toda Europa Occidental contra la instalación de los misiles de la OTAN.

Acción directa del campamento de mujeres de Greenham Common, Reino Unido
Acción directa del campamento de mujeres de Greenham Common, Reino Unido.
Manifestaciones, cadenas humanas, iniciativas parlamentarias respaldadas por cientos de miles de firmas o campamentos permanentes como el de las mujeres de Greenham Common, en las cercanías de una base militar británica, atestiguan la fuerza que el pacifismo europeo llegó a alcanzar en la primera mitad de la década de los años 80. El despliegue de los euromisiles revitalizaría el movimiento pacifista en el viejo continente. Ya no se trataba como en los años 50 de un espacio fundamentalmente articulado por los partidos comunistas, sino de un movimiento mucho más plural, sinceramente comprometido con la idea de una Europa neutral y no alineada con ninguno de los bloques. Esa autonomía y diversidad le daban mayor credibilidad ante la opinión pública y le permitían conectar con amplios sectores de la población que ya no temían tanto la invasión de los rusos como la posibilidad de que los europeos fueran a pagar las consecuencias de un enfrentamiento entre los EEUU y la URSS. La posibilidad de un conflicto con armas atómicas parecía más que real y animó a muchos europeos a movilizarse por la paz y el desarme.

En el nuevo pacifismo europeo confluían diferentes tradiciones políticas. Grupos ecologistas y antinucleares, cristianos progresistas, católicos y protestantes, militantes feministas, izquierdistas de todo pelaje y condición, los nuevos partidos verdes y las viejas organizaciones comunistas y sus sindicatos. Las cosas también habían cambiado en este espacio. La mayoría de los partidos comunistas de Europa Occidental marcaban ahora distancias con la URSS y apostaban por un proyecto propio, el eurocomunismo, partidario de una Europa unida y neutral, independiente tanto de la OTAN como del Pacto de Varsovia, que contribuyera a la distensión internacional y apoyara el desarrollo de los países del llamado Tercer Mundo. En Europa del Este también los esforzados grupos disidentes debatían y escribían a favor del desarme nuclear. Algunos de ellos, húngaros y germanorientales, asistirían a pesar de las dificultades puestas por sus respectivos gobiernos, a la III Convención de la END (European Nuclear Disarmament) celebrada en el verano de 1984 en Perugia, Italia.

Buena parte de los partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas sintonizaban asimismo con el momento pacifista que se respiraba en una sociedad europea preocupada por el recrudecimiento de la Guerra Fría. Olof Palme y el partido socialdemócrata sueco serían los principales abanderados de la neutralidad europea y de la construcción de un espacio propio, independiente de ambos bloques. En el Partido Laborista una revuelta de sus bases alejaría durante unos años a la organización de su tradicional atlantismo y la pondría del lado del muy activo movimiento pacifista británico. En la Alemania federal el despliegue de los euromisiles fracturaría al SPD, con el canciller Helmut Schmidt del lado de los EE UU y el presidente del partido, Willy Brandt, apostando por la distensión Este-Oeste. En España Felipe González se apoyaría en la popularidad del rechazo a la OTAN para ganar las elecciones de octubre de 1982, si bien posteriormente se enfrentaría al potente movimiento pacifista, para defender la permanencia del país bajo unas condiciones que no tardaron en incumplirse.

De la casa común europea a la UE de la OTAN

La derrota del 'no' a la OTAN en el referéndum español de marzo de 1986 marcó probablemente el inicio del declive del pacifismo europeo. Las iniciativas de desarme unilateral adoptadas por la URSS y los acuerdos entre Gorbachov y Reagan contribuyeron a alejar el temor del enfrentamiento nuclear y a un relajamiento de la opinión pública europea. El final de la Guerra Fría no llegaría por un pacto entre ambos bloques para construir un nuevo orden mundial, como había intentado Gorbachov, sino por un rápido e inesperado desplome del socialismo real entre 1989 y 1991. En esos tres años el proyecto reformista de la Perestroika sería desbordado por una sucesión de heterogéneos movimientos populares que contarían en todos los países con mayor o menor complicidad de sectores del Estado y de los cuadros dirigentes de los distintos partidos comunistas. No habría una reforma democrática del socialismo, sino sencillamente su demolición.

Olof Palme SPANIENS
Olof Palme, líder de la socialdemocracia sueca, pidiendo en 1975 fondos para los presos políticos españoles en las calle de Estocolmo.

En la República Democrática Alemana, la intensa movilización popular que en noviembre de 1989 derribaba del Muro de Berlín, daría paso a una acelerada transición al capitalismo. La propuesta de una confederación alemana neutral, fuera de la OTAN, defendida por los soviéticos y los reformistas germanorientales, así como por la socialdemocracia de la RFA, fracasaría estrepitosamente en las urnas y en los foros diplomáticos internacionales. Se imponía la derrota del comunismo, no la negociación con él. Un Gorbachov al frente de una URSS en retroceso no tendría más remedio que admitir un unificación exprés, que en la práctica sería una absorción de la Alemania del Este por la Alemania del Oeste.

La caída de Gorbachov y el ascenso de Boris Yeltsin terminaría de despejar el paso a un acelerado viaje de la Europa socialista al capitalismo en su versión neoliberal y pronorteamericana. Todo lo sólido se disolvía en el aire a una velocidad de vértigo que nadie había imaginado. A lo largo del año 1991 desaparecían el COMECON, el Pacto de Varsovia y finalmente la URSS. Ese mismo año se iniciaban las negociaciones para la ampliación de la OTAN a antiguos miembros del Pacto de Varsovia. La expansión de la OTAN entre 1999 y 2004 iría expandiendo la influencia de los EEUU hasta las puertas de Rusia. Justo lo que Gorbachov había tratado de impedir con aquella propuesta de una casa común europea que algunos vuelven ahora a reivindicar como alternativa a una UE subordinada a los intereses estratégicos norteamericanos.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/analisis/regreso-casa-comun-europea-fallida-alternativa-otan-europa

jueves, 27 de enero de 2022

Ucrania: 'Wag the Dog'

Estados miembros https://es.wikipedia.org/wiki/OTAN

De los creadores de Irak tiene armas de destrucción masiva nos llega ahora Rusia va a invadir Ucrania, una peli tan vista que hasta da pereza comentarla. El argumento es el mismo: la Casa Blanca vaticina una terrible catástrofe en algún lugar lejano, para justificar una fulminante acción militar preventiva. Los productores son los mismos: Estados Unidos y su fiel escudero británico. Los directores son los mismos: un presidente norteamericano y un primer ministro inglés en horas tan bajas que solo pueden levantar cabeza inventando o exagerando una crisis exterior. Los secundarios son los mismos: los fundamentalistas europeos del atlantismo. La publicidad es la misma: las televisiones sensacionalistas, siempre ansiosas por llevarse al telediario algo tan comercial como la llegada del Armagedón.

Esta nueva peli es un remake. Ya la vimos en color en Irak hace dos décadas, con el resultado conocido: un desastre descomunal en todo Oriente Medio, una inyección de vitaminas para el yihadismo. Y ya la habíamos visto en blanco y negro en Vietnam durante la Guerra Fría, con un resultado igualmente lamentable para tirios y troyanos. Como en las sagas cinematográficas de Hollywood, los villanos de estas pelis van variando —el comunismo en Vietnam, Sadam en Irak, Putin en Ucrania…—, pero todos responden a un perfil semejante: algo o alguien instantáneamente odioso para el espectador sentado en la butaca del cine con sus palomitas.

Thank you for watching

¿Tendré que aclarar que Putin –al que conocí personalmente en Moscú en 2004– me resulta siniestro? ¿Tendré que decir que ni me gustaba la Unión Soviética ni me gusta la Rusia postsoviética? Así es, pero no me nubla el juicio. Biden asegura que Rusia va a atacar Ucrania; Boris Johnson, que va a dar un golpe de Estado en Kiev, pero yo no veo las pruebas por ningún lado. Yo solo veo que, cuando los bustos parlantes de la tele repiten, cual si fueran la palabra de Dios, estos augurios, se nos muestran imágenes de blindados moviéndose por un paisaje nevado.  ¿Pueden ser de archivo? ¿Pueden corresponder a meras maniobras? No lo sé, puede que sí o puede que no. De lo que estoy seguro es de que Colin Powell engañó al mundo en 2003 presentando en la ONU unas supuestas pruebas fotográficas de que Irak tenía armas de destrucción masiva, pruebas tan chuscas como falsas. A partir de ahí, Powell argumentó que el Irak de Sadam –derrotado poco después por el Pentágono en un periquete– era la mayor amenaza para la humanidad desde Hitler. ¡Menuda sandez!

Las armas, las maniobras militares y los juegos de guerra los carga el diablo. La humanidad no está como para meterse en la III Guerra Mundial porque a alguien se le escape un disparo en la frontera entre Rusia y Ucrania y se líe parda. Estamos intentando salir de la pandemia y la crisis social y económica; mantengan, por favor, la calma esos señores y señoras que en nuestro lado del antiguo Telón de Acero se han dejado poseer por un furibundo ardor guerrero en lo poco que llevamos de 2022. ¿Es de veras una necesidad urgente de los españoles y los europeos el que Ucrania se incorpore de inmediato a la OTAN? ¿Estamos tan seguros de que así lo desean los ucranianos? ¿Qué referéndum han celebrado al respecto? ¿O es que su Gobierno nos parece tremendamente representativo de su voluntad? Sosiego, damas y caballeros.

Tengo la esperanza de que la Francia de Macron y la Alemania de Scholz consigan introducir un poco de cordura en este absurdo concierto de tambores de guerra. Y de que consigan lo que no consiguieron Chirac y Schroeder en 2003: impedir el mal mayor. No hace falta ser rusófilo para recordar que Ucrania ha formado parte del entorno cultural y geopolítico de Rusia desde hace siglos; sí, ya en los tiempos de los zares. ¿No podría hoy ser un país europeo neutral, no alineado o como quieran llamarle, como lo es Suiza? Tampoco hace falta tener memoria de elefante para recordar que el Estados Unidos de Kennedy consideró un casus belli que la Unión Soviética instalara misiles en su patio trasero, en la Cuba castrista. Fue en 1962, yo ya era de este mundo y es lo más cerca que he estado de vivir una guerra nuclear.

La Unión Soviética terminó retirando aquellos misiles de Cuba. Y al cabo de un tiempo, Estados Unidos hizo lo mismo, pero con toda discreción, con los que tenía en Turquía. De este modo, dejando que el diálogo, la negociación y el pacto terminaran imponiéndose a los halcones de uno y otro bando, la humanidad pudo evitar el Apocalipsis durante la Guerra Fría. Pensar que ahora no puede conseguirse lo mismo usando los mismos métodos resulta aterrador.

Ya sé que la diplomacia debe ir acompañada de cierta exhibición de músculo. No hace falta que me lo digan señoras y señores que jamás han estado en una guerra. Resulta que yo sí que he estado como periodista en algunas de Oriente Medio y los Balcanes, y sé lo fácil que es empezarlas –basta un exceso de retórica y que a alguien se le escape un tiro–, lo difícil que es detenerlas y lo terribles que son para los combatientes y, aún mucho más, para las poblaciones civiles.

La peli de Ucrania la hemos visto anteriormente muchas veces en la realidad. Hasta el punto de que el mismísimo Hollywood terminó haciendo en 1997 una de ficción sobre el asunto. Se llama Wag the dog (La cortina de humo o Mentiras que matan en sus versiones española y argentina) y cuenta cómo, asesorado por su spin doctor o asesor de comunicación, un presidente de Estados Unidos en apuros por una relación sexual con una menor se inventa una guerra ficticia con Albania. La patraña es muy burda, pero está tan bien puesta en escena que los medios se suman a ella con regocijo y la opinión pública recupera patrióticamente su confianza en el presidente. 

 Fuente: https://www.infolibre.es/opinion/columnas/cibermonfi/ucrania-wag-the-dog_129_1217852.html

martes, 25 de enero de 2022

Isabel Allende: «No hay feminismo sin independencia económica»

La escritora en lengua hispana más leída del mundo publica nueva novela, ‘Violeta’, la historia de una mujer centenaria que rememora los amores de su vida y los grandes acontecimientos del siglo XX.

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La escritora chilena Isabel Allende. Foto: LORI BARRA

 Las novelas de Isabel Allende (Lima, 1942) provocan siempre división de opiniones. Por un lado está el público, que adora a la autora chilena (las cifras hablan por sí solas: 75 millones de libros vendidos en todo el mundo); y, por otro, los talibanes de la literatura, que detestan su estilo recargado, sus tramas apasionadas y, sin decirlo a las claras, su éxito. Lo cierto es que Allende tiene un don y lo explota con deleite: un castellano torrencial que, combinado con su capacidad para inventar historias extravagantes, arrastra al lector, que se ve impelido a pasar página tras página sin poder parar. ¿Y qué hay de malo en eso? Al margen de su discutida calidad, nadie sale peor persona después de leer uno de sus libros.

El último, editado por Plaza & Janés, acaba de llegar a las librerías. Se titula Violeta, y cuenta la historia de una mujer que llega a vivir 100 años, los que hay entre la pandemia de la gripe española y la de la COVID-19. Repletos, como es marca de la casa, de aventuras y romances. Muchos de los rasgos que adornan a su protagonista los tomó prestados, confiesa, de su madre, Panchita Llona. «Es un personaje parecido a ella en el sentido de que es bella, interesante, fuerte, irónica, atrevida y con una gran visión de futuro. Mi madre fue una mujer extraordinaria pero no tuvo una vida extraordinaria porque nunca pudo mantenerse sola. Vivió sometida. Primero, a su padre. Después, a sus maridos. Nunca tuvo la libertad económica que yo siempre deseé para ella. Y eso es lo que le di a Violeta, la posibilidad de ser una mujer independiente. Porque no hay feminismo sin independencia económica», explicó la autora en una rueda de prensa online que reunió a más de un centenar de periodistas de España y América Latina.

Su madre era, además, su crítica más exigente. Fue siempre la primera lectora de sus manuscritos y a menudo no tenía piedad con ellos. Muchas veces se los devolvía con páginas enteras tachadas con un grueso rotulador rojo. Esa condición de editora de hierro y amiga incondicional la mantuvo casi hasta el final de su vida. Residiendo en países diferentes, se escribieron cartas todos los días durante décadas. Allende las guarda todas. Calcula que ascienden a 24.000.

El nuevo Chile

«Lo que me convirtió en escritora fue que no pude seguir siendo periodista, que era un oficio que me encantaba», cuenta la autora chilena. No pudo seguir siéndolo en su país tras el golpe militar que derrocó y asesinó a Salvador Allende, primo de su padre. Se trasladó entonces a Venezuela y fue allí, «casi por casualidad», donde comenzó a escribir su obra maestra: La casa de los espíritus. «Esa fue la novela que le pavimentó el camino a las que vinieron después. Me dio una voz como escritora y como mujer. Y cambió completamente mi vida. No creo que todo eso me hubiera pasado en Chile».

Aunque nació en Perú, pasó la infancia en diversos países por la profesión de su padre (diplomático) y reside desde hace más de 30 años en Estados Unidos. Se considera absolutamente chilena: «No puedo sacarme eso de dentro. Ni quiero tampoco».

Antes de las elecciones del pasado diciembre, Isabel Allende firmó, junto a un grupo de 40 premios nacionales de su país, un manifiesto de apoyo a la candidatura de Gabriel Boric. Asegura que Violeta, un personaje de ficción creado a partir de la personalidad de su madre y de sus propias historias sentimentales, habría celebrado el triunfo de la izquierda en su país: «Aunque es una opción política a la que ella no pertenece por clase social», aclara. «Su clase social votó mayoritariamente por el ultra-ultra-conservador Kast, que basó su campaña en el miedo. Por un lado se habló de la inseguridad en las calles y de la inmigración, que son preocupaciones que también existen en EEUU y en Europa pero que en Chile se exageraron enormemente. Y luego se fomentó el terror al Partido Comunista, que forma parte de la coalición de izquierda. Se habló de que íbamos a terminar como Venezuela. Yo creo que eso no va a suceder. En un momento de la novela, Violeta le habla a su nieto del sistema de clases que existe en Chile, que es como el sistema de castas en la India. Ella, aunque pertenece a la clase privilegiada, trabaja con mujeres, con indígenas, con los más pobres, así que habría estado encantada con que las cosas cambiaran en Chile».

Para cerrar el círculo, se da la circunstancia de que la nieta de Salvador Allende, Maya Fernández, entrará a formar parte del nuevo gobierno progresista. «No solo será ministra. ¡Será ministra de Defensa!», recalca la escritora. «Es una mujer joven que se crió en Cuba, nieta de Allende, y ocupará una posición muy especial, porque tendrá que entenderse con las Fuerzas Armadas. Y no podemos olvidarnos del pasado de las Fuerzas Armadas en Chile. Yo estoy encantada con el Gobierno que ha nombrado Boric porque es muy diverso. Hay 14 mujeres y 10 hombres. Realmente hay una intención sólida de que haya paridad de género. Solo eso ya es extraordinario. Y hay que añadir que son muy jóvenes. Se trata de una nueva generación que asciende al poder. Ya es hora de que los viejos carcamales se vayan a su casa a jugar al bingo».

Allende y el feminismo

Isabel Allende se declara, «desgraciadamente», una mujer «apasionada y romántica». No tiene reparos en hablar públicamente de sus relaciones de pareja. Ahora, por ejemplo, está viviendo su tercer matrimonio. Se casó a los 77 años, enamorada como una adolescente. «De un señor de origen polaco con el que no tengo nada en común pero que está resultando estupendo», comenta entre risas. «Me he equivocado muchas veces por amor y he hecho muchas barbaridades. Pero la vida así tiene un sabor más lindo», añade con dulzura. Esta intensa personalidad se filtra en sus novelas continuamente y plantea dudas (infundadas, por supuesto) sobre su militancia feminista.

Allende no es la primera escritora que afronta críticas por no responder exactamente al perfil que se espera de su compromiso con las mujeres. Almudena Grandes, sin ir más lejos, también las tuvo. En su caso, los problemas cotidianos de las mujeres (los de la protagonista de Los aires difíciles, por ejemplo, la memoria de su infancia pobre, sus sueños, las infidelidades, la relación con los hijos) no encajaban con las aspiraciones de las últimas olas del feminismo. Eran temas pequeñoburgueses, decían, mirando sus novelas por encima del hombro.

Lo que se critica en Isabel Allende es una cursilería formal, una supuesta inclinación por un feminismo demodé, de novela rosa. Ella, evidentemente, no lo ve así: «Vivo muy al día la situación de la mujer porque tengo una fundación [creada en memoria de su hija Paula, trabajadora social fallecida en 1992], cuya misión es invertir en el poder de las mujeres. Trabajamos con las mujeres más vulnerables. Estoy siempre en contacto con las mujeres y con sus problemas. Siempre he sido feminista, lo sigo siendo, y he seguido siempre las etapas del feminismo. Y estoy encantada con lo que está pasando ahora, con esta ola de mujeres jóvenes que están haciendo cosas extraordinarias. En Chile se está planteando cambiar la educación para que los niños, ya desde preescolar, tengan una educación no machista que respete todos los géneros y toda la diversidad. Eso es extraordinario, aunque es muy nuevo. A lo largo de todos estos años yo he ido incorporando eso en mis libros y en mi trabajo en la fundación. Así que no creo que me haya quedado anclada en una idea de la literatura o del feminismo o de la mujer o de las relaciones de pareja de los años ochenta».

Es cierto que sus novelas son fábulas pobladas de amores arrebatados, pero su autora abomina de aquellos cuentos «en los que las princesas eran unas estúpidas que se quedaban dormidas y tenía que venir un príncipe a despertarlas. O unas tontas que tenían que ser rescatadas por unos enanos». Así que Isabel Allende, aun siendo pasional, no sufre ese misterwonderfulismo de quienes creen, ingenuamente, que el amor es el motor del mundo. «Al mundo también lo mueven la ambición, el poder, la codicia», responde. «Todas esas cosas mueven también al mundo y lo hacen en una orientación que, a veces, el amor logra corregir un poco. Pero no completamente».

En cualquier caso, a sus casi 80 años, hay luchas progresistas que no puede compartir en su totalidad. Una de ellas es el furor iconoclasta, que amenaza con tumbar algunos de sus ídolos literarios, como es el caso de Pablo Neruda. La confesión que el poeta hace en su autobiografía de haber violado a una mujer ha sometido su obra y su figura a una revisión implacable por parte del feminismo chileno. «Neruda es el poeta más grande de Chile y uno de los más grandes de la historia de la poesía. Una cosa es el hombre fallado, y todos somos fallados, y otra es la obra. En el caso de un artista o de un científico, quedémonos con sus logros y revisemos, sí, su vida privada. Pero no lo eliminemos todo porque entonces no quedaría títere con cabeza», explica.

Puede que ese sea el único tema en el que no coincide con la juventud izquierdista de hoy, a la que alaba y admira sin medida: «Hay una generación joven que está hasta la coronilla con la situación del planeta y de la sociedad, que no cree en las instituciones ni en las religiones. Quieren que todo eso cambie y es fantástico que estemos agitando esta civilización patriarcal y tratando de cambiarla. Tengo una gran esperanza en el futuro y lo único que lamento es que, por edad, no voy a alcanzar a ver todos los cambios que estamos empezando ahora».

Fuente: https://www.lamarea.com/2022/01/25/isabel-allende-no-hay-feminismo-sin-independencia-economica/

lunes, 24 de enero de 2022

Los trabajadores subcontratados por Repsol se juegan la salud para limpiar el vertido en la costa peruana

 La compañía petrolera carece de equipos de contención y ha delegado el saneamiento del desastre en empresas locales que contratan personal eventual sin la experiencia, la formación o el equipamiento necesario para trabajar en constante exposición a los efectos nocivos de los hidrocarburos 

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Las personas contratadas ponen su salud en peligro a cambio de un salario que no está a la altura de las labores desempeñadas y los riesgos que implican. Ramón P. Yelo

  Tras las advertencias efectuadas por la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil) de Perú y su reciente filtración a los medios de comunicación nacionales, Repsol y las empresas subcontratadas para la limpieza del derrame de 6.000 barriles de crudo, ocurrido el pasado 15 de enero en el distrito de Ventanilla (Provincia Constitucional del Callao, fronteriza con el departamento de Lima), han tomado mayores medidas para garantizar que las labores se realicen en condiciones de seguridad y precaución sanitaria. Sin embargo, los grupos de trabajadores han estado faenando durante días con un equipamiento insuficiente y sin cumplir las prevenciones sanitarias prescritas por los organismos autorizados. 

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La petrolera española no cuenta con sus propios equipos especializados de contención para que actúen en caso de que se produzca un vertido de esta magnitud y ha encargado las labores de saneamiento a entidades subsidiarias que están reclutando operarios eventuales sin experiencia previa y que apenas reciben las indicaciones básicas de actuación antes de iniciar las tareas de limpieza. Las escenas recopiladas en playa Cavero el pasado viernes, una de las zonas más afectadas por el vertido, muestran como los Equipos de Protección Personal (EPP) distribuidos por Repsol no evitaron que los residuos oleosos se filtrasen y cubriesen las manos y los pies de los trabajadores, los cuales realizaron sus tareas con materiales precarios como bidones y baldes que salpicaban su contenido mientras eran elevados manualmente con cuerdas por el acantilado. 

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Así es como personas que buscan mejorar sus ingresos habituales fueron expuestas a la toxicidad de los hidrocarburos y al calor intenso del verano por retribuciones que oscilan entre los 80 y 120 soles (18 y 27 euros) al día, según diversos testimonios recogidos entre los contratados. De hecho, uno de ellos lamentaba que “muchos de los aquí presentes son jóvenes padres de familia que necesitan la plata y no saben dónde se están metiendo”. 

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 De igual forma, las pausas cada treinta minutos recomendadas por las autoridades públicas no se efectuaron con el rigor necesario, lo que resulta especialmente grave si tenemos en cuenta que muchos de los operarios laboraban sin mascarilla o con unas de escasa protección destinadas a impedir el contagio de enfermedades. “Cuando llego a casa, me bebo un litro de leche para combatir la sensación de intoxicación”, comentaba otro de los efectivos de limpieza. Este tipo de escenarios se ven facilitados por la falta de una supervisión efectiva por parte de las empresas subcontratadas o de los técnicos enviados por Repsol, que tienen una presencia irregular y no cubren muchas de las zonas donde se desarrollan las actividades. En este sentido, son famosas las imágenes que circulan en redes que exhiben como los trabajadores almorzaban los menús donados por diferentes entidades en los mismos espacios contaminados. 

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Contingentes de voluntarios

Los grupos de operarios suelen estar acompañados de colectivos de voluntarios que desempeñan tareas de limpieza de menor riesgo pero que, igualmente, están expuestos a los efectos del crudo. Bryan Torres es el encargado de dirigir a una veintena de personas que se ofrecieron para sanear el vertido en la playa de Bahía Blanca y explica que son un conjunto de jóvenes procedentes de la ciudad de Pachacútec, en el distrito de Ventanilla, que buscan “ayudar a solucionar esta catástrofe y cuidar del medio ambiente”. 

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Torres aclara que, antes de comenzar sus labores, reciben instrucciones durante diez o veinte minutos sobre cómo usar los EPP, el límite de profundidad que deben alcanzar al adentrarse en el oleaje, la frecuencia con la que tienen que descansar y cobijarse del sol o el procedimiento a la hora de manejar animales afectados por los residuos oleosos. De esta manera, Torres reivindica el papel del voluntariado en el contexto de desastre ambiental a la hora de cubrir la falta de efectivos desplegados por las empresas subcontratadas por Repsol en ciertas zonas de la costa: “Nuestra labor es de gran importancia dado que los trabajadores contratados son del todo insuficientes”. 

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 Fuente: https://www.elsaltodiario.com/petroleo/trabajadores-subcontratados-repsol-juegan-salud-limpiar-vertido-costa-peruana