domingo, 12 de julio de 2020

Plástico hidrosoluble: la alternativa más ecológica al plástico tradicional

Tiene todas sus ventajas, pero ninguno de sus inconvenientes a nivel medioambiental 

Bolsas de plástico hidrosoluble de Green Cycles
Bolsas de plástico hidrosoluble de Green Cycles
Los plásticos inundan el planeta. Cada vez son más los problemas que genera este material omnipresente en nuestras vidas. Pero, ¿qué pasaría si pudiéramos darle la vuelta y convertir sus inconvenientes en ventaja? Esto es lo que ha logrado Green Cycles, una empresa 100% española que fabrica un plástico biodegradable, compostable e hidrosoluble.

Con sede en un pueblo a diez kilómetros al norte de Valencia, esta empresa comenzó importando de Estados Unidos un film que utilizaba para envasar productos detergentes. Sin embargo, con el tiempo acabó fabricando este material basado en polivinilo de alcohol y desarrollando sus propias aplicaciones.

A lo largo de los últimos años ha estudiado todas las posibilidades de esta formulación hasta tener un conocimiento profundo de la misma y de las posibilidades que ofrece. Así, hemos llegado al “qué, cómo y de qué manera han de hacerse las cosas para lograr las transformaciones”, explica Elena Moreno, CEO de Green Cycles. 

El plástico hidrosoluble tiene todas las ventajas del material tradicional, pero ninguno de sus inconvenientes a nivel medioambiental, ya que “se transforma en los elementos químicos originales que lo componen”, aclara Moreno. Se disuelve en agua a diferentes temperaturas y se desintegra totalmente sin dejar residuos. De esta manera, los productos elaborados con este material, en pocos minutos se descomponen y se mimetizan con el medio, convirtiéndose en “CO2, agua, sales minerales y compost (abono)”, resume.

Es, por tanto, un material inocuo y que, tal y como prueban todas las certificaciones que tiene la empresa, incluida la de biodegradabilidad marina, libre de toxicidades.

Desde bolsas hasta pelotas de golf
La lista de artículos que han ido diseñando es cada vez más larga e incluye bolsas de lavandería, cuyo volumen de ventas se ha visto notablemente incrementado con motivo de crisis sanitaria. El motivo, que basta con “meter la bolsa con la ropa sucia en la lavadora”, afirma esta ingeniera industrial. “El artículo en el que están las prendas tardará segundos en desaparecer”, añade. Esto las hace especialmente útiles en estos tiempos en residencias y hospitales.

Sin embargo, no es el único artículo que comercializa Green Cycles. En su catálogo hay también pelotas de golf, especialmente indicadas para los cruceros, desde los que cientos de estas bolas acaban en el océano; urnas funerarias, cartuchos de caza, cuyas piezas de plástico acaban repartidas por el terreno; o bolsas de dosificación de detergente. “Hay muchas aplicaciones en las que es tremendamente útil”, subraya Moreno, que aclara que la filosofía de la compañía es por completo “circular”. “Todo lo que toma de la naturaleza, lo devuelve, sin provocar daño alguno”, concluye.

Fuente: https://www.elplural.com/leequid/ecologia/plastico-hidrosoluble-alternativa-ecologica-plastico-tradicional_243279102

viernes, 10 de julio de 2020

Comet NEOWISE

Noctilucent Clouds and Comet NEOWISE
Image Credit & Copyright: Emmanuel Paoly
Explanation: These silvery blue waves washing over a tree-lined horizon in the eastern French Alps are noctilucent clouds. From high in planet Earth's mesosphere, they reflect sunlight in this predawn skyscape taken on July 8. This summer, the night-shining clouds are not new to the northern high-latitudes. Comet NEOWISE is though. Also known as C/2020 F3, the comet was discovered in March by the Earth-orbiting Near Earth Object Wide-field Infrared Survey Explorer (NEOWISE) satellite. It's now emerging in morning twilight only just visible to the unaided eye from a clear location above the northeastern horizon.
Vía  https://apod.nasa.gov/apod/ap200709.html

De J.K. Rowling a Noam Chomsky: la contundente carta de personalidades de la cultura a favor del debate y contra la censura

Más de un centenar de personalidades-entre escritores, intelectuales, periodistas, educadores, activistas e historiadores- publicaron en la Harper's Magazine "Una carta sobre justicia y debate abierto", en la que alertan sobre el debilitamiento de "las normas de debate abierto y la tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica" en pos de "un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos". El texto completo

Arriba: Noam Chomsky , Margaret Atwood y Martin Amis; abajo: Steven Pinker, J.K. Rowling  y Salman Rushdie, algunos de los firmantes
Arriba: Noam Chomsky , Margaret Atwood y Martin Amis; abajo: Steven Pinker, J.K. Rowling y Salman Rushdie, algunos de los firmantes
Una carta sobre justicia y debate abierto

Nuestras instituciones culturales se enfrentan a un momento de prueba. Las poderosas protestas por la justicia racial y social están llevando a demandas atrasadas de una reforma policial, junto con llamamientos más amplios para una mayor igualdad e inclusión en nuestra sociedad, especialmente en la educación superior, el periodismo, la filantropía y las artes. Pero este cálculo necesario también ha intensificado un nuevo conjunto de actitudes morales y compromisos políticos que tienden a debilitar nuestras normas de debate abierto y la tolerancia de las diferencias a favor de la conformidad ideológica.

Mientras aplaudimos el primer desarrollo, también levantamos nuestras voces contra el segundo. Las fuerzas del iliberalismo están ganando fuerza en todo el mundo y tienen un poderoso aliado en Donald Trump, que representa una amenaza real para la democracia. Pero no se debe permitir que la resistencia se endurezca en su propio tipo de dogma o coerción, que los demagogos de derecha ya están explotando. La inclusión democrática que queremos se puede lograr solo si hablamos en contra del clima intolerante que se ha establecido en todos los lados.
 
El libre intercambio de información e ideas, el alma de una sociedad liberal, se está volviendo cada vez más restringido. Si bien hemos llegado a esperar esto en la derecha radical, la censura también se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura: una intolerancia de puntos de vista opuestos, una moda para la vergüenza pública y el ostracismo, y la tendencia a disolver cuestiones políticas complejas en una ceguera moral cegadora.

Mantenemos el valor de la contra-voz robusta e incluso cáustica de todos los sectores. Pero ahora es demasiado común escuchar llamados a represalias rápidas y severas en respuesta a las transgresiones percibidas del habla y el pensamiento. Más preocupante aún, los líderes institucionales, en un espíritu de control de daños en pánico, están aplicando castigos apresurados y desproporcionados en lugar de reformas consideradas. Los editores son despedidos por dirigir piezas controvertidas; los libros son retirados por presunta falta de autenticidad; los periodistas tienen prohibido escribir sobre ciertos temas; los profesores son investigados por citar trabajos de literatura en clase; un investigador es despedido por distribuir un estudio académico revisado por pares; y los jefes de las organizaciones son expulsados por lo que a veces son simples errores torpes.

Cualesquiera que sean los argumentos en torno a cada incidente en particular, el resultado ha sido estrechar constantemente los límites de lo que se puede decir sin la amenaza de represalias. Ya estamos pagando el precio con mayor aversión al riesgo entre escritores, artistas y periodistas que temen por su sustento si se apartan del consenso, o incluso carecen de suficiente celo en el acuerdo.

Esta atmósfera sofocante dañará en última instancia las causas más vitales de nuestro tiempo. La restricción del debate, ya sea por parte de un gobierno represivo o una sociedad intolerante, invariablemente perjudica a quienes carecen de poder y hace que todos sean menos capaces de participar democráticamente. La forma de derrotar las malas ideas es mediante la exposición, la discusión y la persuasión, no tratando de silenciarlas o desearlas. Rechazamos cualquier elección falsa entre justicia y libertad, que no puede existir la una sin la otra. Como escritores, necesitamos una cultura que nos deje espacio para la experimentación, la toma de riesgos e incluso los errores.

 Necesitamos preservar la posibilidad de desacuerdos de buena fe sin consecuencias profesionales nefastas. Si no defendemos exactamente de lo que depende nuestro trabajo, no deberíamos esperar que el público o el estado lo defiendan por nosotros.

Los firmantes:
Elliot Ackerman; Saladin Ambar, Universidad de Rutgers; Martin Amis; Anne Applebaum; Marie Arana, autora; Margaret Atwood; John Banville; Mia Bay, historiadora; Louis Begley, escritor; Roger Berkowitz, Colegio Bardo; Paul Berman, escritor; Sheri Berman, Colegio Barnard; Reginald Dwayne Betts, poeta; Neil Blair, agente; David W. Blight, Universidad de Yale; Jennifer Finney Boylan, autora; David Bromwich; David Brooks, columnista; Ian Buruma, Colegio Bardo; Lea Carpenter; Noam Chomsky, MIT (emérito); Nicholas A. Christakis, Universidad de Yale; Roger Cohen, escritor; Embajadora Frances D. Cook, ret.; Drucilla Cornell, fundadora, uBuntu Project; Kamel Daoud; Meghan Daum, escritora; Gerald Early, Universidad de Washington-St. Louis; Jeffrey Eugenides, escritor; Dexter Filkins; Federico Finchelstein, Tne New School; Caitlin Flanagan; Richard T. Ford, Facultad de Derecho de Stanford; Kmele Foster; David Frum, periodista; Francis Fukuyama, Universidad de Stanford; Atul Gawande, Universidad de Harvard; Todd Gitlin, Universidad de Columbia; Kim Ghattas; Malcolm Gladwell; Michelle Goldberg, columnista; Rebecca Goldstein, escritora; Anthony Grafton, Universidad de Princeton; David Greenberg, Universidad de Rutgers; Linda Greenhouse; Kerri Greenidge, historiador; Rinne B. Groff, dramaturgo; Sarah Haider, activista; Jonathan Haidt, NYU-Stern; Roya Hakakian, escritor; Shadi Hamid, Brookings Institution; Jeet Heer, The Nation; Katie Herzog, presentadora de podcast; Susannah Heschel, Dartmouth College; Adam Hochschild, autor; Arlie Russell Hochschild, autor; Eva Hoffman, escritora; Coleman Hughes, escritor / Manhattan Institute; Hussein Ibish, Instituto de los Estados del Golfo Árabe; Michael Ignatieff; Zaid Jilani, periodista; Bill T. Jones, Nueva York Live Arts; Wendy Kaminer, escritora; Matthew Karp, Universidad de Princeton; Garry Kasparov, Iniciativa Renovar la Democracia; Daniel Kehlmann, escritor; Randall Kennedy; Khaled Khalifa, escritor; Parag Khanna, autor; Laura Kipnis, Universidad del Noroeste; Frances Kissling, Centro de Salud, Ética, Política Social; Enrique Krauze, historiador; Anthony Kronman, Universidad de Yale; Joy Ladin, Universidad Yeshiva; Nicholas Lemann, Universidad de Columbia; Mark Lilla, Universidad de Columbia; Susie Linfield, Universidad de Nueva York; Damon Linker, escritor; Dalia Lithwick, Slate; Steven Lukes, Universidad de Nueva York; John R. MacArthur, editor, escritor; Susan Madrak, escritora; Phoebe Maltz Bovy, escritora; Greil Marcus; Wynton Marsalis, Jazz at Lincoln Center; Kati Marton, autora; Debra Maschek, erudita; Deirdre McCloskey, Universidad de Illinois en Chicago; John McWhorter, Universidad de Columbia; Uday Mehta, City University of New York; Andrew Moravcsik, Universidad de Princeton; Yascha Mounk, Persuasion; Samuel Moyn, Universidad de Yale; Meera Nanda, escritora y profesora; Cary Nelson, Universidad de Illinois en Urbana-Champaign; Olivia Nuzzi, New York Magazine; Mark Oppenheimer, Universidad de Yale; Dael Orlandersmith, escritor / intérprete; George Packer; Nell Irvin Pintor, Universidad de Princeton (emérita); Greg Pardlo, Universidad de Rutgers - Camden; Orlando Patterson, Universidad de Harvard; Steven Pinker, Universidad de Harvard; Letty Cottin Pogrebin; Katha Pollitt, escritora; Claire Bond Potter, The New School; Taufiq Rahim, Fundación Nueva América; Zia Haider Rahman, escritora; Jennifer Ratner-Rosenhagen, Universidad de Wisconsin; Jonathan Rauch, Brookings Institution / El Atlántico; Neil Roberts, teórico político; Melvin Rogers, Universidad de Brown; Kat Rosenfield, escritora; Loretta J. Ross, Smith College; J.K. Rowling; Salman Rushdie, Universidad de Nueva York; Karim Sadjadpour, Carnegie Endowment; Daryl Michael Scott, Universidad de Howard; Diana Senechal, profesora y escritora; Jennifer Senior, columnista; Judith Shulevitz, escritora; Jesse Singal, periodista; Anne-Marie Slaughter; Andrew Solomon, escritor; Deborah Solomon, crítica y biógrafa; Allison Stanger, Middlebury College; Paul Starr, American Prospect / Universidad de Princeton; Wendell Steavenson, escritor; Gloria Steinem, escritora y activista; Nadine Strossen, Facultad de Derecho de Nueva York; Ronald S. Sullivan Jr., Facultad de Derecho de Harvard; Kian Tajbakhsh, Universidad de Columbia; Zephyr Teachout, Universidad de Fordham; Cynthia Tucker, Universidad del Sur de Alabama; Adaner Usmani, Universidad de Harvard; Chloe Valdary; Lucía Martínez Valdivia, Reed College; Helen Vendler, Universidad de Harvard; Judy B. Walzer; Michael Walzer; Eric K. Washington, historiador; Caroline Weber, historiadora; Randi Weingarten, Federación Americana de Maestros; Bari Weiss; Sean Wilentz, Universidad de Princeton; Garry Wills; Thomas Chatterton Williams, escritor; Robert F. Worth, periodista y autor; Molly Worthen, Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill; Matthew Yglesias; Emily Yoffe, periodista, Cathy Young, periodista y Zakaria Fareed.

jueves, 9 de julio de 2020

Una tipografía gratuita para que hagas tus propios grafitis en el Reichstag

Una tipografía de descarga gratuita recupera los grafitis realizados por los soldados del Ejército rojo en los muros del Reichstag tras la caída de Berlín en 1945.

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 El 25 de abril de 1945, las tropas soviéticas entraron en Berlín. Durante los días siguientes, la ciudad fue escenario de intensos enfrentamientos. El 30 de ese mes, Adolf Hitler se suicidó en el búnker de la Cancillería y, un día más tarde, Berlín se rindió. El 8 de mayo Alemania, derrotada, firmaba su rendición.

 La alegría de los soldados del ejército ruso era más que comprensible. Vivos después de meses o años de combates, se dedicaron a celebrar la victoria por diferentes lugares de Berlín. Entre ellos estaba el Reichstag, cuyos muros llenaron de grafitis e inscripciones de todo tipo realizados con lápices, carbón, tiza o con los cuchillos y bayonetas de su impedimenta. En ellos  se mezclaban desde los mensajes contra los nazis o en favor del comunismo, hasta bromas, declaraciones de amor, insultos contra Hitler y algún que otro dibujo obsceno.

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Soldados soviéticos realizando las inscripciones en el Reichstag (1945).
 Aunque muchas de esas frases fueron documentadas por los fotógrafos que se encontraban en Berlín informando de los últimos combates y del fin de la guerra, la rehabilitación del edificio durante la postguerra, los hizo desaparecer. Durante décadas se pensó que se habían perdido para siempre pero, en 1991, después de unas obras de remodelación que tiraron abajo unos falsos muros, algunas de esas inscripciones volvieron a salir a la luz.
Coincidiendo con la celebración del 75 aniversario de la caída de Berlín y el fin de la Segunda Guerra Mundial, RT y Contrast Foundry han creado May, una fuente tipográfica diseñada a partir de esas inscripciones.

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Interior del Reichstag (1945).
Cada uno de los caracteres de la tipografía corresponde a una letra real escrita a mano por esos soldados en 1945, lo que da lugar a un conjunto bastante particular. «Si miras cada uno de los signos y el alfabeto, la fuente puede parecer un tanto salvaje. Pero combinada en palabras y frases, su salvajismo se transforma milagrosamente, creando un estilo manuscrito. Abrupta y nerviosa, esta tipografía no está pensada para agradar a nadie. Esta es una fuente histórica, porque está vinculada a la época de la guerra, pero también es moderna en el sentido de que no se parece en nada a lo que hemos visto antes, justamente por ese salvajismo», explican desde Contrast Foundry.
 La tipografía, que puede ser descargada gratuitamente, es parte de un proyecto más complejo en el que también hay un canal de Youtube donde algunos de los supervivientes de esa época recuerdan cómo hicieron esas pintadas en el Reichstag; un archivo de audio con recuerdos de los excombatientes; una exposición virtual en la que artistas jóvenes actuales dan su interpretación de lo sucedido y la recuperación de cartas que los soldados mandaban desde el frente a sus familias.

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Algunos de los caracteres de la tipografía.

En definitiva un proyecto para conmemorar la lucha y la victoria de la Unión Soviética contra el nazismo y, de paso, exaltar el nacionalismo ruso actual pues, si bien en Occidente la guerra de 1939 a 1945 se conoce como Segunda Guerra Mundial, en Rusia se la denomina la Gran Guerra Patriótica.
Para descargar la tipografía, pinchar aquí.

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Otra vista del Reichstag lleno de pintadas (1945).

miércoles, 8 de julio de 2020

Así se lucran las farmacéuticas con las pandemias: "Venden por 2.000 euros medicinas que valen seis"

El coronavirus ya se ha cobrado más de medio millón de vidas en todo el mundo, mientras que las empresas de la industria de los fármacos imponen precios abusivos a la medicina que podría frenar la escalada de fallecidos.

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Tomografía normal de los pulmones. El color negro es el espacio lleno de aire. @DrJennHayth                            
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Tomografía de un caso grave de Covid en una persona joven. Casi sin aire en los pulmones.@DrJennHaythe Vía

La aparición del antiviral Remdesivir, el primer medicamento destinado a paliar los efectos del coronavirus, ha generado un intenso conflicto después de que Trump comprara prácticamente el total de la producción de los próximos tres meses, iniciativa que ha dejado desabastecido a medio mundo. 

En EEUU, cada paciente deberá desembolsar hasta 2.000 dólares por tratamiento, pese a que el fármaco tiene un coste de producción de unos seis. Si las mascarillas ya generaron una guerra comercial internacional, ¿en qué puede desembocar la lucha por las dosis para curar la pandemia?

Originalmente, y con otro nombre, el Remdesivir nació tras una investigación desarrollada para la lucha contra el ébola en 2013. Al demostrar una eficacia menor que otros medicamentos, cayó en el olvido, pero con la pandemia de la covid-19, Gilead, la farmacéutica que lo creó, hizo pruebas con él para ver qué resultados obtenía. De forma inesperada, se ha convertido en el primer medicamento aprobado por la Unión Europea para combatir el coronavirus.

La industria farmacéutica ha estado siempre bajo lupa de sospecha por sus enormes beneficios y por discurrir su negocio en el camino intermedio entre la salud y las ganancias privadas. Basta ver Sicko, el documental dirigido por Michael Moore, para confirmar la triste realidad de la sanidad, mercantilizada hasta el tuétano en muchos países del mundo. De la mano del director, un puñado de norteamericanos cruzaban las escasas millas que separan EEUU de Cuba para descubrir un sistema donde la sanidad puede llegar a ser totalmente gratuita para los ciudadanos.

 Los medicamentos son caros, los pague quien los pague. Los países que disponen de Seguridad Social o de sanidad pública evitan que sus ciudadanos acaben hipotecados para poder salvar la vida, pero comprueban en cambio cómo el gasto aumenta cada año, hasta niveles casi insostenibles, porque la industria de los fármacos tiene total libertad para fijar los precios de venta. En España, durante 2019, el gasto farmacéutico público subió hasta los 18.709 millones, más de un 4% respecto al año anterior, según datos de la Asociación por un Acceso Justo al Medicamento.

Ramón Gálvez, neurólogo y director gerente durante ocho años del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam), pone fecha de origen a esta deriva neoliberal: "La industria farmacéutica tuvo un cambio en 1975. La Organización Mundial del Comercio (OMC) planteó que los medicamentos estuvieran sometidos a patentes. Esto permite que la empresa que logra producir un medicamento innovador disponga de al menos 20 años de exclusividad para su explotación. Durante ese periodo, la compañía puede poner el precio que desee". Hasta entonces, los medicamentos no habían estado nunca registrados bajo patentes. En España, la aplicación de la normativa es de 1985, entrando del todo en esa dinámica en 1989.

La medida, pensada para que durante esos años la farmacéutica recuperara la inversión en investigación y obtuviese ganancias, chocó de lleno con ciertas crisis de salud pública. "En Sudáfrica, durante un brote de VIH en torno al año 2000, con cientos de sudafricanos afectados, se descubrió un tratamiento eficaz basado en un cóctel de tres fármacos, inasumible por el precio. Esto generó manifestaciones a las que incluso Nelson Mandela acudió. Ante esta situación, el Gobierno alegó motivos de salud pública y quitó la patente al Laboratorio Novartis para poder producir este medicamento como genérico y ofrecerlo a un precio asumible", recuerda Gálvez. La medida, aunque honorable, tuvo repercusión, ya que la farmacéutica se lanzó de lleno a un pleito contra el Ejecutivo sudafricano: "Casi la mitad de los abogados del país terminaron trabajando para la farmacéutica para indemnizar a Novartis". La Justicia dio la razón a la Administración.

 De esta forma, los países africanos abrieron una ruta que podría ser continuada por muchos países azotados por la covid-19: las llamadas licencias obligatorias. Los gobiernos –entre los que se encuentra el de España– pueden solicitar la patente a la farmacéutica que tenga la exclusividad de un medicamento para producirlo y rebajar su coste, siempre que se justifique una "falta de explotación o la insuficiencia en calidad o la cantidad de la explotación realizada implique un grave perjuicio para el desarrollo económico o tecnológico del país", según la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). El Ejecutivo de Netanyahu en Israel aplicó esta misma legislación el pasado mes de marzo para poder distribuir un fármaco que combatiera el coronavirus. Es decir, los Estados tienen la legislación a su favor para evitar que se produzca un negocio a costa del virus aparecido en Wuhan.

Laboratorio de farmacología en El Cairo. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh
Laboratorio de farmacología en El Cairo. REUTERS/Amr Abdallah Dalsh
 Lucro y estrategia
La pandemia del coronavirus ha puesto en relieve el conflicto que genera el lucro a través de la venta de fármacos. En fechas en las que cada día los muertos aumentan por millares, la frivolidad de saber que la pandemia solo terminará en los países que puedan sufragar los gastos ha impulsado un cambio de conciencia sobre las dinámicas de esta industria.

Vanessa López, directora de Salud por Derecho, encuentra en la polémica sobre el coronavirus y el Remdesivir nada más que un reflejo de unas prácticas ya comunes: "Es la manera habitual en la que funciona el modelo de investigación biomédica. Casos como el actual nos recuerda a lo que pasó con medicamentos para la hepatitis C, con inmunoterapias contra el cáncer o los tratamientos para el sida. Es un problema no resuelto. La historia del alto precio y las barreras de acceso, y se repite de manera constante. Es el funcionamiento habitual, tenemos un sistema en el que sacan beneficio por encima del bien común".

Los expertos consultados revelan algunas prácticas con las que las farmacéuticas logran no perder la exclusividad de la explotación de un medicamento. "Cuando a un medicamento le añades una indicación nueva, le puedes modificar el precio y renovar la patente. Por ejemplo, con medicamentos para leucemias, las empresas los sacan para un grupo de pacientes muy pequeño, porque así obtienen exenciones fiscales, la producción es más acelerada..., pero más adelante le añaden nuevas indicaciones y de esta manera pueden volver subirle el precio y ampliar la patente", comenta Ramón Gálvez, que cuenta cómo las farmacéuticas aplican un criterio –el cual tilda de injusto–, para calibrar el precio de un medicamento: "Lo llaman el precio por valor. No te cobran por lo que ha costado investigarlo, producirlo y distribuirlo, sino por el beneficio que obtienes al tomarlo. Si te va a producir una prolongación de la vida, se valora ese aspecto, lo cual es una trampa. Entonces, ¿si un médico opera de apendicitis a un niño y le salva la vida, cuanto habría que pasar de factura?", se pregunta irónico este neurólogo.

Ángel Huélamo, director de Farmacéuticos Sin Fronteras, encuentra síntomas negativos en dejar todo en manos privadas: "Todos estos procedimientos reflejan el arco, para bien y para mal, de la problemática de la industria farmaceutica. Ahora hay unos 50 posibles medicamentos en fases de elaboración para el coronavirus. De esos 50, no tendrán éxito ni el 10%, y habrá un porcentaje de inversión económica que se pierde. En España existe una ley de riesgo compartido, en la que, cuando se investiga un medicamento, si hay aportación pública se puede exigir a la industria que garantice un retorno social. El problema es que cuando se deja todo en manos privadas estás sujeto a las leyes de mercado".

Que los medicamentos caminen únicamente por la senda privada suele ser algo bastante habitual. Basta comprobar los precios de algunos remedios. En EEUU, un fármaco como el Revlimid, que trata la leucemia, puede alcanzar los 20.000 dólares por un suministro de tan solo 30 días, mientras que los destinados a enfermedades raras, como la Luxturna, que trata un tipo de ceguera en los niños, puede rondar el millón de euros.

Hepatitis C en España
El caso más reciente en el que España se topó con la industria farmacéutica tuvo lugar en 2014, con los enfermos de hepatitis C sin poder ser abastecidos. En aquel momento, el tratamiento más efectivo consistía en Interferol y antivirales, un tratamiento exigente y en el que el paciente podía desarrollar muchos efectos secundarios.

Hubo entonces una pequeña empresa estadounidense, Farmaced, que descubrió gracias a la financiación pública el Sofosbuvir, que se convirtió en el fármaco más efectivo contra esa enfermedad. Sin embargo, antes de lanzarlo al mercado, apareció Gilead y absorbió la compañía. El precio que eligió para lanzar el producto fue de 84.000 dólares por paciente y tratamiento en EEUU, 40.000 euros en España. Debido a su coste elevado, el Gobierno de Mariano Rajoy decidió no dar este tratamiento a todos los pacientes, lo que produjo un escándalo que casi lleva a Ana Mato, otrora ministra de Sanidad, ante la Justicia. "El Sofosbuvir ha ido bajando de precio porque ya hay antiviriales. Ahora no llega a los 8.000 euros, y además sabemos que a Farmaced le costó terminar el producto entre 50 y 80 millones, aunque luego Gilead disparara el precio", lamenta el médico ante este caso en el que hubo 4.000 pacientes que fallecieron sin poder recibir tratamiento.

Los gastos del Estado
En España, donde la Sanidad sufraga los gastos médicos de un paciente ingresado, que las farmacéuticas inflen los precios conlleva un aumento del gasto hasta poner en riesgo la manutención social. "La evolución del gasto farmacéutico hospitalario con los nuevos medicamento está por encima de 300.000 euros por tratamiento; es el caso del Spinraza, un medicamento para la atrofia espinal, que además beneficia de manera escasa y muy pequeña a los pacientes", recuerda Gálvez.

"Malgastamos recursos en medicamentos que no tendrían que costar tanto. En los últimos años la factura hospitalaria farmacéutica ha crecido en torno a un 20%, mientras los presupuestos de Salud han bajado. Es insostenible", asevera Vanessa López. "Se deja que las farmacéuticas tengan beneficios abusivos. Los costes que dicen tener para desarrollar una nueva molécula o un medicamento no son reales. El coste mínimo de producción del Remdesivir es de 0,93 dólares la dosis, unos cinco o seis euros el tratamiento. No tiene por qué ser tan cara su venta al público", zanja.
El aumento del gasto derivado de los precios impuestos por las farmacéuticas provocó que en 2018 Catalunya aumentara en más de 550 millones el gasto durante el último lustro. Ese dinero, sin el aprieto que imponen esas tarifas, podría haber servido para contratar a 11.000 profesionales sanitarios, según Quico Puigventós, autor de Medicamentos: ¿derecho o negocio?.

Y en el futuro, la vacuna
Si solo un medicamento ya ha generado toda esta polémica, ¿qué pasará cuando llegue la vacuna? ¿Se podrá distribuir de manera gratuita y universal o habrá un precio disparado para cada paciente? Según narra Mike Davis en Llega el monstruo, "solo doce compañías farmacéuticas fabrican vacunas antigripales, y el 95% por ciento de su producción se consume en las naciones más ricas del mundo". Las zonas más pobres, que ahora atraviesan datos muy desesperanzadores sobre el coronavirus, con India como principal foco del mundo, pueden quedar del todo vendidas a los caprichosos designios del mercado.

"No puede ser ni es tolerable que la vacuna tenga un precio que la haga imposible. Hay que garantizar que la vacuna sea, si no gratuita, casi, y de acceso universal. Tiene que costar lo que cueste su producción, porque la investigación ha sido fundamentalmente pública", clama contundente Ramón Gálvez. 

Incluso López, la directora de Salud por Derecho, encuentra un cambio de paradigma tras el trauma que ha generado esta pandemia: "Hay países que ya hablan de controlar la propiedad intelectual, incluso la OMS ha creado un sistema en el que de forma voluntaria los centros de investigación volcaran sus conocimientos para generar fármacos. La visión ha cambiado; la ciudadanía es consciente de los problemas que suponen una pandemia. Han visto lo importante que es contar con una vacuna y que estén disponibles para todo el mundo".

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/remdesivir-lucran-farmaceuticas-pandemias-venden-2000-euros-medicinas-valen-seis.html?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=publico

martes, 7 de julio de 2020

Presión para producir

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Surrealismo Internacional: Lou Dubois, buscador de estrellas
Lou Dubois
   La creciente atomización de la sociedad afecta también a la gestión de sus sentimientos. Cada vez se generan menos sentimientos comunitarios. A cambio predominan los sentimientos pasajeros y las pasiones transitorias como estados de un individuo aislado en sí mismo.
   A diferencia de las emociones y las pasiones, los sentimientos son capaces de hacerse comunitarios. La comunicación digital es manejada predominantemente por las pasiones. Propicia una descarga emocional inmediata. Twitter ha demotrado ser un medio emocional. La política es razón y mediación. La razón, que necesita mucho tiempo, retrocede hoy cada vez más frente a las pasiones a corto plazo.
   El régimen neoliberal individualiza a los hombres. Al mismo tiempo se evoca la empatía. La sociedad ritual no necesita empatía, pues es una caja de resonancia. Es justamente en una sociedad atomizada donde se exige ruidosamente la empatía. La actual promoción a lo grande de la empatía obedece sobre todo a motivos económicos. La empatía se aplica como eficiente medio de producción. Sirve para influir y manejar emocionalmente a la persona. En el régimen neoliberal no solo se explota el tiempo laboral, también la persona entera. La gestión emocional resulta ser aquí más eficaz que la gestión racional. [...]
   La comunicación sin comunidad se puede acelerar, ya que es aditiva. Por el contrario los rituales son procesos narrativos, no permiten ninguna aceleración. Los símblos están detenidos, las informaciones no. Las informaciones existen en la medida en que circulan. El silencio no significa otra cosa que detención de la comunicación. El silencio no produce nada. En la época posindustrial el ruido de las máquinas deja paso al ruido de la comunicación. El aumento de información y de comunicación promete un incremento de la producción. Así es como la presión para producir se expresa como una presión para comunicar....

La desaparición de los rituales
Byung-Chul Han

lunes, 6 de julio de 2020

The Good, the Bad and the Ugly


Alemania reconoce infiltración neonazi en las fuerzas especiales del Ejército

La disolución de una compañía entera de estas tropas revela un grado de penetración que el Gobierno teme que sea "estructural"

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Soldados de las fuerzas especiales alemanas.
Es una "nueva dimensión" en la presencia ultraderechista y neonazi en el Ejército alemán. Con esta argumentación, la ministra federal de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer, anunció esta semana la disolución de una compañía completa de las fuerzas especiales del Ejército (KSK, en sus siglas en alemán) para combatir la infiltración extremista en las filas militares.

Los integrantes de la compañía disuelta serán investigados individualmente y tendrán que demostrar que son fieles al orden constitucional de la República Federal.

El pasado mes de mayo, las fuerzas de seguridad llevaron a cabo un registro en un terreno perteneciente a un soldado de las KSK situado en el estado federado de Sajonia; en él encontraron munición, explosivos, armas y propaganda neonazi.

Fue la gota que colmó el vaso para las autoridades civiles de defensa y lo que las llevó a disolver una de las cuatro compañías de las fuerzas especiales de manera preventiva. A raíz de esa operación, la ministra de defensa decidió poner en marcha una comisión interna que investigase la situación en las fuerzas especiales. La conclusión fue demoledora.

"Las KSK no pueden continuar existiendo en su actual estado, tienen que ser remodeladas desde su interior y reintegradas en el Ejército", dijo Kramp-Karrenbauer, haciendo referencia a la autonomía de la que ha gozado históricamente este cuerpo militar y que, aparentemente, permitió las estructuras extremistas. 

Fuerzas de élite
Las KSK fueron creadas en Alemania en 1996 a semejanza de otras fuerzas de élite de Francia y Reino Unido. Sus alrededor de 1.400 soldados están encargados de misiones especiales -y en parte secretas- como la liberación de rehenes en regiones de crisis y la detención o eliminación de presuntos terroristas.

No se recuerda en Alemania una intervención en la que un representante público reconociese de manera tan abierta la dimensión de la amenaza: "El riesgo de que se convierta en un problema estructural es grande", reconoció la ministra de Defensa.

Según han publicado varios medios de comunicación alemanes, en 2017 algunos de sus soldados organizaron una fiesta en la que hicieron el saludo hitleriano, recogido como delito por el Código Penal de la República Federal. Investigaciones periodísticas también apuntan que soldados de élite de las KSK se organizaron durante años en chats para la llegada de lo que bautizaron como "Día X".
Según investigaciones de la Fiscalía germana, los militares se estaban preparando con armamento y planes para ejecutar atentados contra políticos y activistas de la escena de la izquierda.

No es la primera vez que las autoridades alemanas descubren ese tipo de redes clandestinas en el Ejército y las fuerzas de seguridad del país. En la escena neonazi alemana cunde desde hace años la idea de que Alemania se desliza inevitablemente hacia una guerra civil a causa de la llegada de inmigrantes refugiados y de la crisis económica global.

85.000 balas desaparecidas
La desaparición de 85.000 balas de diverso calibre y de 62 kilogramos de explosivos, confirmada esta semana por el ministerio de Defensa alemán, apunta a que esas tendencias no han desaparecido. El inspector general del Ejército alemán, el general Ebernard Zorn, calificó la desaparición de armamento de "preocupante" y "amenaza potencial". Las autoridades temen que el armamento pueda ser utilizado en atentados contra inmigrantes, periodistas o políticos de izquierda.

El ataque contra el político democristiano Walter Lübcke -asesinado presuntamente por militantes neonazis-, sumado a otros recientes atentados, demuestra que el terrorismo ultraderechista es una amenaza real en Alemania.

Existe el temor de que el armamento acabe en manos de células clandestinas como la última organización terrorista conocida en Alemania, la Clandestinidad Nacionalsocialista, que fue desarticulada en el 2011.

Fuente: https://www.farodevigo.es/mundo/2020/07/06/alemania-reconoce-infiltracion-neonazi-fuerzas/2310057.html

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De pseudoterapia a liberación sexual: la histérica historia del vibrador

Cuando nacieron, ni eran juguetes ni eran sexuales.
Cuando nacieron, ni eran juguetes ni eran sexuales.CSA-PRINTSTOCK / GETTY
En más de 100 años de existencia, la industria se las ha ingeniado para reconvertir un producto engañoso en un artefacto para el placer de las masas

La idea de que el vibrador ha contribuido a cerrar la brecha de placer entre sexos, al empoderar a las mujeres, está tan extendida actualmente como alejada de la que tenían los bancos estadounidenses cuando los regalaban a los agricultores por abrir una cuenta corriente, en los años cuarenta. Lejos también estaba la intención de las empresas que comercializaron el aparato a principios del siglo XX en el país. Los vendedores pretendieron durante décadas que usuarios de todas las edades y sexos vibraran con frenesí casi todas las partes del cuerpo, prometiendo todo tipo de curas sin fundamento.

Toda relación con el sexo, si existía, la ponía cada uno. Los fabricantes distribuyeron vibradores en masa para reconfortar los cansados músculos de las abuelas y los abuelos, para aliviar los agotados pies de las amas de casa, incluso para estimular el crecimiento del cabello en los hombres calvos. 
Pero a Hallie Lieberman, quien ha investigado la historia de los primeros pasos de estos ingenios, parece no cuadrarle esta explicación. Según ella, se presentaron los vibradores como el nuevo emblema de las bonanzas de la vida eléctrica moderna y, ya de paso, para burlar el conservadurismo político y la retórica antimasturbación. Pero es un asunto en el que los expertos no se ponen de acuerdo, solo saben que de la intención sexual, si la hubo, no ha quedado ni rastro. Lo que sí está claro es que el aparato de placer que conocemos ahora nació como una pseudoterapia y fue un elemento más

¿Para la histeria o los dolores de cuello?
Un vibrador "indispensable tras darse un baño o hacer ejercicio", según este anuncio de 1906, publicado en Filadelfia (Estados Unidos).

En un primer momento, los vibradores se aplicaban a las espaldas cansadas, pero también a la garganta, para curar la laringitis; a la nariz, para disminuir la presión de los senos nasales; a los estómagos de los bebés que sufrían cólicos y, por supuesto, a quienes se fracturaban un hueso. El primer vibrador electromecánico fue un dispositivo llamado “percuteur”, inventado por el médico británico Joseph Mortimer Granville a finales de la década de 1870. Granville pensó que la vibración alimentaba el sistema nervioso humano, y desarrolló su percuteur como un dispositivo médico para estimular los nervios enfermos. El médico se adelantó casi una década a la plancha eléctrica y la aspiradora, según señala el diario británico The Guardian, pero también a cualquier evidencia científica de que el aparato tuviera algún efecto terapéutico (al menos como se entendería actualmente).
Un vibrador "indispensable tras darse un baño o hacer ejercicio", según este anuncio de 1906, publicado en Filadelfia (EstadosUnidos).Jay Paull / Getty Images
Tampoco hay pruebas de que los médicos usaran los vibradores en secreto para “curar” a las mujeres histéricas, una hipótesis que se remonta a un libro de Rachel Maines, entonces historiadora de la tecnología y, actualmente, investigadora de la Universidad de Cornell (EE UU). Una investigación posterior no halló pruebas de que los galenos utilizaran vibradores para inducir orgasmos a sus pacientes, como parte de un tratamiento estandarizado para abordar el estado pasajero de excitación nerviosa.

Es más, uno de los primeros anuncios de vibradores, del año 1904, da a entender usos menos íntimos y dirigidos a otro tipo de bienestar. En la imagen, una mujer está sentada, con la cabeza ligeramente ladeada, mientras una médico con una larga bata blanca aparece detrás de ella, tocándole el cuello. En una de sus manos lleva un vibrador eléctrico, diseñado para aliviar la tensión de los pacientes que reciben un masaje. “Con este método se evita el 50% de la fatiga de los masajistas y se obtienen resultados infinitamente mejores en el tratamiento”, señalaba el folleto.

Un vibrador de la década de 1930, durante una exposición en el museo de ciencia Dana Centre de Londres, Reino Unido.
Un vibrador de la década de 1930, durante una exposición en el museo de ciencia Dana Centre de Londres, Reino Unido.Fiona Hanson - PA Images / PA Images via Getty Images
Una industria de la trampa y el engaño
Conforme los vibradores fueron democratizándose, los médicos comenzaron a percibir que las promesas con las que los comercializaban eran infundadas. Pese a todo, las curas eléctricas se seguían vendiendo a millones, a golpe de anuncio a toda página. Uno publicado en 1910 en el New York Tribune aseguraba que “la vibración destierra la enfermedad como el sol destierra la niebla”. En otro anuncio, de 1912, el vibrador New Life incluía una guía de 300 páginas con curas de todo tipo, desde la obesidad y la apendicitis hasta la tuberculosis y el vértigo. Todo comenzó a cambiar en 1915, cuando la revista de la Asociación Médica Americana dejó claro, por fin, que el “negocio de los vibradores es un engaño y una trampa”.

La actriz Colleen Moore enseña cómo se usa un vibrador Star-Rite, en Hollywood, a finales de los años veinte.
La actriz Colleen Moore enseña cómo se usa un vibrador Star-Rite, en Hollywood,
 a finales de los años veinte.Underwood Archives / Getty Images
 La pujante industria de los vibradores entró en una crisis que rápidamente se convirtió en una oportunidad. Después de muchos años de publicidad y charlatanería, había crecido toda una industria dedicada a la fabricación de estos artefactos. Cada vez había menos médicos dispuestos a comprarlos, y entonces a alguien se le encendió la bombilla. Los departamentos de marketing hicieron el resto: en lugar de pensar en los médicos como clientes potenciales orientaron la producción hacia los consumidores, con lo que los anuncios se volvieron cada vez más sutilmente sexuales.

Los estudiosos de esta vibrante historia no se atreven a concretar en qué fecha exactamente los vibradores cambiaron de uso, pero todo sugiere que esta herramienta de placer, tal y como se conoce hoy día, apareció en 1950 y comenzó a venderse a gran escala y sin tapujos en 1960. Algunos anuncios de los cincuenta comenzaron a mostrar a mujeres con blusas escotadas, abiertamente felices con su vibrador, con la promesa de “solucionar los nervios atascados”.

Hoy día este dispositivo existe y ha dado lugar al célebre succionador de clítoris, trasmitiendo movimiento; que estimulan el punto G con varios tipos diferentes de vibración e intensidades distintas; que tienen texturas realistas hasta los más mínimos detalles; incluso que se pueden manejar a través de una aplicación, programando patrones y vinculándolos a aplicaciones de música para que vibren a la vez de lo que se escucha. Nada, en todo caso, que tenga que ver con la histeria femenina, sino, más bien, con el placer más sosegado y sereno.

miércoles, 1 de julio de 2020

Tengo estos huesos hechos a las penas...


Franciska Clausen, Fisken (Désir de grossesse), 1926
Tengo estos huesos hechos a las penas
y a las cavilaciones estas sienes:
pena que vas, cavilación que vienes
como el mar de la playa a las arenas.

Como el mar de la playa a las arenas,
voy en este naufragio de vaivenes
por una noche oscura de sartenes
redondas, pobres, tristes y morenas.

Nadie me salvará de este naufragio
si no es tu amor, la tabla que procuro,
si no es tu voz, el norte que pretendo.

Eludiendo por eso el mal presagio
de que ni en ti siquiera habré seguro,
voy entre pena y pena sonriendo.

Miguel Hernández

martes, 30 de junio de 2020

Facebook pierde miles de millones en bolsa por su vinculación con Trump

El boicot de los grandes anunciantes va a más ante la difusión de mensajes de odio

Facebook pierde miles de millones en bolsa por su vinculación con Trump
Mark Zuckerberg, en un encuentro tecnológico celebrado en Salt Lake City a finales del pasado mes de enero (George Frey / Bloomberg)
 Tal vez el pecado original de Facebook está en su origen.

Mark Zuckerger concibió una website en Harvard para clasificar en “calientes o no” a sus compañeras. De aquellos polvos vienen estos lodos, que han puesto a la madre de las redes sociales en el punto de mira por la permisividad con el tráfico de mentiras y la propagación de discursos de odio, incluida su tolerancia con el presidente Donald Trump.

Esta es una época de activismo corporativo por el peso del grito de la calle contra el racismo sistémico. Muchas compañías se han volcado en ayudas millonarias a grupos de derechos civiles y, a su vez, numerosas empresas se han adherido a la campaña de boicot de publicidad en Facebook por su incapacidad para impedir las mentiras y el racismo.

Más de un centenar de compañías se han sumado a esa iniciativa, que ha ido ganado tracción a lo largos de estos últimos días, lanzada por la National Association for the Advancement of Colored People (NAACP) y la Anti-Defamation League.

Las acciones de la red social cayeron en torno al 1% este lunes ante la ampliación del complot. Este deslizamiento se suma al 8,3% del viernes, cuando se empezó a hacerse sentir la presión.

El declive de estas dos jornadas se traduce en una pérdida de unos 60.000 millones de dólares en el mercado de valores. Pero no sólo se trata de una pérdida económica, sino que representa además una profundización en la mala fama de la empresa con cuarteles en Menlo Park (California), algo que no cesa. Incluso los empleados realizaron una petición para poner coto a las amenazas que lanza Trump en esa red.

La lista del boicot es larga y no cesa en su expansión. Microsoft, Starbucks o Coca-Cola han sido de las últimas en anunciar que frenan sus anuncios en Facebook y otras plataformas sociales hasta que acaben con los discursos de odio. Unilever no recurrirá para su promoción ni a Facebook ni a Twitter. Verizon, Levi’s, REI and Patagonia ya se habían unido a la etiqueta Stop Hate for Profit (no al odio para sacar beneficio) que tiene su diana especial en la sociedad de Zuckerberg.

Numerosos de estos participantes son pequeños negocios, que constituyen el grueso de los ocho millones de anunciantes. Pero poco a poco se han ido sumando a ese distanciamiento las grandes compañías, las que más gastan al año en promoción.

Según algunos cálculos, las cien marcas que más gastan representan 4.200 millones de dólares, o el 6% de los 70.000 millones que en total ingresa anualmente Facebook por publicidad.

Zuckerberg, invitado en más de una ocasión a la Casa Blanca y en contacto con Trump, informó el pasado viernes de que iban a introducir algunos cambios en su política de contenidos.

Esto incluía la prohibición de los post en que se incitara a la violencia o persiguieran la supresión del derecho al voto, algo habitual en la retórica trumpista.

Las alertas también saltarían en caso de que se hicieran afirmaciones amenazantes sobre raza, etnicidad, nacionalidad, casta, género, orientación sexual u orígenes de los inmigrantes.

En su comunicado, Zuckerberg señaló que la sociedad invierte miles de millones para que sus plataformas sean seguras y que colabora con consejeros externos para revisar y actualizar sus regulaciones. Pero matizó que “sabemos que tenemos más trabajo por realizar”. Todos estos pasos y argumentos no dejaron satisfechos a los organizadores del boicot, ni impidió que las adhesiones continuaran creciendo.

Por unos meses, el director ejecutivo de Facebook experimentó cierto alivio por ser el enemigo público número uno, subrayaron varios expertos. La red social recibió felicitaciones por su acercamiento a la Covid-19, a Zuckerberg le aplaudieron sus donaciones a las investigaciones médicas y a pequeños negocios. Como medida de apoyo a la salud de sus asalariados, difundió un ambicioso plan para que la mitad de la compañía pudiera desempeñar en remoto su labor.

Entonces, el 25 de mayo murió George Floyd en custodia policial, suplicando “no puedo respirar” mientras el agente Derek Chauvin mantenía su rodilla casi nueve minutos sobre su cuello.

Hubo manifestaciones y Trump amenazó con enviar a los militares a por los que protestaban. Twitter marcó por primera vez un tuit del presidente y lo señaló por incitar la violencia. Trump replicó con ira y firmó una orden ejecutiva, de escasa incidencia práctica, contra las compañías tecnológicas.

Zuckerberg optó por no interferir y dejar que el post de Trump siguiera en su plataforma.

Todo aquello positivo que había construido se hundió como un castillo de arena. Se produjo un tsunami de críticas, que ejerció de gasolina para el incendio de las profundas antipatías de los liberales hacia Facebook y el suministro de odio y de informaciones incorrectas o falsas. Los empleados llegaron hasta el punto de pedir la cabeza de Zuckerberg.

Esta situación ha culminado con la petición de boicot, que en este momento de agitación reverbera en el sector empresarial y significa otro castigo para la marca que socava sus cimientos.

Cunde el temor al boicot. Si Twitter ha marcado ya varios mensajes de Trump, Reddit, una de las principales redes sociales, anunció este lunes la prohibición de uno de sus canales, el llamado The Donald. Esta comunidad –o subreddit – cuenta con 790.000 usuarios, una de las mayores en cuanto a devotos al presidente. “Reddit es una comunidad para la comunidad y no para el ataque a personas”, señaló Steve Huffman, director ejecutivo.