viernes, 10 de septiembre de 2021

Cómo hablar del suicidio para prevenirlo y acabar con el estigma

https://images.theconversation.com/files/340599/original/file-20200609-21178-3r2dm7.jpg?ixlib=rb-1.1.0&rect=0%2C549%2C6661%2C3325&q=45&auto=format&w=1356&h=668&fit=crop
Lightspring / Shutterstock

 Las muertes por conductas suicidas han aumentado en 20.000 en los últimos 30 años en todo el mundo y la pandemia no ha mejorado la situación. Expertos de distintas disciplinas coinciden en que es necesario tratar el tema para hacerle frente, sin sensacionalismos y con fuentes fiables.

El pasado febrero, Japón nombró a su primer ministro de la soledad después de que la tasa de suicidios del país aumentara durante la pandemia por primera vez en 11 años. “Espero realizar actividades para prevenir la soledad social y el aislamiento y proteger los lazos entre las personas”, afirmó Tetsushi Sakamoto en la rueda de prensa de presentación.

Expertos de todo el mundo creían razonable pensar que el aislamiento, la incertidumbre, las dificultades económicas o el estrés podrían desembocar en un ascenso de actos letales y elevar la cifra de fallecimientos producidos por la pandemia. Tras un año de elucubraciones, el primer estudio internacional con datos recogidos en 21 países desarrollados no registra un incremento en las tasas de suicidio durante los primeros meses de la pandemia.

El primer estudio internacional con datos recogidos en 21 países desarrollados no registra un incremento en las tasas de suicidio durante los primeros meses de la pandemia

“El aumento autoinformado de los niveles de ansiedad, depresión y pensamientos suicidas no parece haberse traducido en más fallecimientos, al menos en los países que formaron parte del estudio”, explica a SINC Susana Al-Halabí, del departamento de Psicología de la Universidad de Oviedo. Las cifras que se tienen hasta ahora no son definitivas, por lo que “hay que estar atentos a posibles cambios en los próximos meses o en otros países en vías de desarrollo”.

A finales de 2020, el Instituto Nacional de Estadística (INE) avanzó los datos temporales de defunciones de los primeros cinco meses de ese año. El suicidio se mantiene como la primera causa de muerte externa, aunque se registraron un 8,8 % menos que en el mismo periodo del año anterior. Los números oficiales se conocerán en 2022.

“En cuanto al incremento o no del suicidio consumado durante la pandemia, vamos recibiendo información con cuentagotas de diferentes entidades públicas y privadas que no es muy halagüeña. Las autolesiones, ideación suicida, etc. sí parecen haber aumentado”, afirma Pedro Martín-Barrajón Morán, responsable de la Red Nacional de Psicólogos para la Prevención del Suicidio.

Un problema anterior a la pandemia

Independientemente de las cifras actuales, los datos eran preocupantes en todo el mundo antes de la llegada de la covid-19. Un estudio publicado en agosto en la revista Injury Prevention muestra cómo el número global de muertes por esta causa ha aumentado en casi 20.000 en los últimos 30 años (de 1990 a 2019), incluso cuando las tasas por edad habían disminuido considerablemente durante este periodo.

“A pesar de ser el causante de casi 800.000 muertes al año, estas conductas no han recibido el nivel de atención que se presta a otros problemas de salud pública global, como el VIH y el cáncer”, explicaban sus autores, de la Universidad de Hong Kong (China).

El último informe sobre conductas suicidas de la OMS revela que en 2019 se suicidaron más de 700.000 personas, lo que implica que una de cada 100 muertes fue debida a esta causa

El último informe sobre conductas suicidas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) revela que en 2019 se suicidaron más de 700.000 personas, lo que implica que una de cada 100 muertes fue debida a esta causa. Los fallecimientos asociados superaron en cifras al sida, paludismo o cáncer de mama.

Según su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, “cada muerte es una tragedia. Prestar atención al suicidio es incluso más importante ahora, después de muchos meses inmersos en la pandemia y cuando muchos de los factores de riesgo —pérdida de empleo, apuros económicos y aislamiento social— siguen estando muy presentes”.

En nuestro país, una nueva Estrategia de Salud Mental para los años 2021-2026 está más cerca que nunca. Parece que el nuevo plan del Ministerio de Sanidad saldrá este otoño e incluirá, entre sus líneas principales, la prevención, detección precoz y la atención al suicido, que causa la muerte en torno a 10 personas diariamente en España, una cifra que se ha tildado de infrarrepresentada en muchas ocasiones.

En un estudio publicado en 2014 por especialistas del Hospital Universitario Virgen del Rocío en Sevilla, ya se estimaba un ‘descuadre’ de las cifras de muerte por suicidio del INE con los recogidos por los 33 Institutos de Medicina Legal en España, en cerca de 450 casos infradetectados.

“La guardia civil estima que al menos un 5 % de las muertes en accidentes de tráfico son suicidios, pero no computan como tal. Y la propia OMS advierte que alrededor del 10-30 % de las muertes no se registran, ya que solo 60 de los países miembros cuentan con datos civiles fiables”, apunta Martín-Barrajón Morán.

Dar voz a un problema silenciado

Pese a la magnitud de estas cifras y a su enorme transcendencia en términos de salud pública, el suicidio sigue siendo un tema tabú del que apenas se habla. No obstante, desde hace años se considera imprescindible la visibilización de esta realidad.

“Durante mucho tiempo se ha mantenido la idea de que hablar del suicidio induce al suicidio, el llamado efecto contagio o efecto Wherther. Hoy la postura científica internacional es firme y tajante: hay que dialogar sobre ello, lo importante es cómo hacerlo para no aumentar el número de casos e incluso prevenirlo. Los medios pueden ayudar en la instauración de conductas de afrontamiento adecuadas y desmitificar este problema, lo que se llama el efecto Papageno”, añade Martín-Barrajón Morán.

Durante mucho tiempo se ha mantenido la idea de que hablar del suicidio induce al suicidio. Hoy la postura científica internacional es firme y tajante: hay que dialogar sobre ello, lo importante es cómo hacerlo para no aumentar el número de casos

“Si se desconoce la magnitud de este problema seguirá tratándose como algo menor, sin invertir recursos al no considerarlo un problema de salud pública prioritario”, continúa. “Es importante saber que para tener un comportamiento suicida, no hace falta tener una enfermedad mental. La falta de información y visibilidad invita a creer que es algo anecdótico, exótico incluso. Y no, cualquiera puede verse desbordado en un momento puntual y decidir acabar con su vida voluntariamente”.

Por ello, hablar sobre suicidio adecuadamente puede ofrecer un recurso de ayuda a alguien que esté pasando por un momento duro, reducir la sensación de impotencia, soledad y aislamiento, y proporcionar la oportunidad de que se arrepienta de su propósito.

“Una comunicación apropiada permite saber que las crisis de suicidio son pasajeras, así como incluir historias de esperanza y recuperación, recursos de ayuda o señales de alarma que ayuden a identificar a aquellos individuos que puedan encontrarse en esta situación”, comenta Al-Halabí. 

Tratar bien el suicidio para prevenirlo

En consonancia con las recomendaciones establecidas por la OMS en 2019 —una actualización de un documento previo del 2000—, este año la Confederación Salud Mental España ha apelado a los medios a tratar el tema del suicidio de forma responsable y rigurosa como aliados a la hora de concienciar, sensibilizar y acabar con el estigma.

Sus expertos reivindican la necesidad de hablar sobre ello como herramienta para hacerle frente, pero de manera responsable y sin caer en sensacionalismos, y siempre acudiendo a fuentes fiables. Las claves son evitar describir y dar detalles sobre el método empleado, así como la publicación de fotografías o notas suicidas, y aportar recursos de ayuda, como líneas telefónicas o servicios sanitarios. Y no simplificar, presentar el suicidio como un fenómeno complejo y multicausal.

Las claves para hablar bien de suicidio son evitar describir y dar detalles sobre el método empleado, así como la publicación de fotografías o notas suicidas, y aportar recursos de ayuda

“Muchos de los artículos que tratan sobre el suicidio no cumplen la mayoría de los criterios establecidos por la OMS. Ni siquiera el más básico, no decir la metodología suicida o no dar explicaciones simplistas que justifican la conducta”, indica Javier Jiménez, presidente honorario de la Asociación de Investigación y Prevención del Suicidio (RedAIPIS) y psicólogo del Cuerpo Nacional de Policía. “El intento de suicidio es una manifestación del sufrimiento y la desesperación que siente la persona”.

Lo mismo pretende el Ministerio de Sanidad, que en 2020 publicó un decálogo de recomendaciones para los y las profesionales de los medios que informen sobre suicidio. En el texto se exponen orientaciones y ejemplos de lo que debe y no debe hacerse a la hora de informar sobre esta problemática: “Es imprescindible la implicación y colaboración directa de los medios de comunicación. Debemos dotarnos de nuevas reglas para el tratamiento informativo que hagan llegar a la población la información adecuada sobre los recursos disponibles y ayuden a cumplir los objetivos de prevención. El silencio informativo no es una opción. El sensacionalismo, tampoco”.

Igualmente, un estudio recientemente publicado en la revista The Lancet Psychiatry indica que las noticias que informan sobre el comportamiento suicida pueden tener una influencia considerable en esta conducta y las autolesiones en la población en general; y pone de relieve la importancia de que los medios informen correctamente a la hora de hablar de suicidio para evitar el efecto de imitación.

Qué hacer para prevenir las conductas suicidas

El suicidio es prevenible. Hay que decirlo alto y claro. De hecho, nos enfrentamos a un problema que solo puede ser abordado desde la prevención”, subraya Al-Halabí. “Pero no se trataría de reparar supuestos problemas psicológicos, sino de dotar a las personas de recursos que mejoren su acceso a los servicios sanitarios en situaciones de crisis, reducir los factores de riesgo y potenciar los de protección”.

Algunos ejemplos de intervenciones universales incluyen campañas de concienciación y programas educativos, limitar el acceso de la población a materiales y lugares potencialmente letales, formar a los medios de comunicación para que ofrezcan información responsable y regular leyes para abordar las crisis económicas. Otras estrategias son facilitar el acceso a los servicios de salud mental y a los tratamientos psicológicos basados en la evidencia científica en las personas de alto riesgo.   

La formación especializada es prioritaria igualmente”, puntualiza Javier Jiménez. “Y resulta que en ninguna facultad de Psicología en España hay una asignatura en la que te enseñen a detectar o intervenir sobre una persona que tiene ideación o intento de suicidio”.

“Estamos fallando en la detección de señales de riesgo y en las evaluaciones que llevan a cabo los profesionales de varios ámbitos profesionales (sanitario, educativo, social, seguridad y emergencias), pero también la población general en advertir el riesgo de un familiar y detectar las señales de peligro”, detalla Martín-Barrajón Morán.

“Además, en nuestro sistema nacional de salud no contamos con una infraestructura que satisfaga esta gran necesidad. Tenemos una ratio de psicólogos tres veces inferior al de la media europea, 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, por lo que las listas de espera son interminables y la calidad de la atención es deplorable”, insiste. “Muchos médicos de atención primaria se ven abocados a tratar (o cronificar y generar dependencia) a los pacientes con problemas de ansiedad y depresión”.

Jiménez detalla cómo España es uno de los países de Europa en los que más ha crecido el consumo de psicofármacos. “Sin embargo, no hay relación entre su dispensación y una disminución de conductas suicidas. Esto es así porque los psicofármacos por sí solos no te quitan el dolor emocional”.

Recomendaciones Sanidad

 “El suicidio no es culpa de nadie, pero es responsabilidad de todos. Y cualquier esfuerzo habrá valido la pena si llegamos a tiempo en un solo caso”, concluye Martín-Barrajón Morán.

Más información: https://www.agenciasinc.es/Reportajes/Como-hablar-del-suicidio-para-prevenirlo-y-acabar-con-el-estigma#top

jueves, 9 de septiembre de 2021

Incertidumbre y control en el nuevo Afganistán

Los puestos de guardia talibanes abundan en el camino entre la frontera de Pakistán y Kabul, donde «la gente sale lo menos posible»

Dos mujeres caminan por la calle, ante la mirada de los hombres, en Kabul/AFP

Dos mujeres caminan por la calle, ante la mirada de los hombres, en Kabul / AFP

Estamos aquí para velar por tu seguridad». Es el mensaje del primer talibán que recibe a este enviado especial al cruzar el paso de Torkham que separa Pakistán del nuevo Emirato Islámico de Afganistán. Tras inspeccionar la carta con el permiso del Ministerio de Información y Cultura y revisar el equipaje, el miliciano saluda, da la bienvenida y repite, una vez más, que «ahora se puede viajar por todo el país con seguridad. Se han acabado los problemas».

En la oficina del puesto fronterizo, la pared principal está desierta. En el suelo, a la izquierda,se encuentra el retrato del expresidente Ashraf Ghani boca abajo. Los talibanes han estrenado nuevo Gobierno interino, un Ejecutivo formado por el ala más dura del movimiento y su poder se extiende ahora por todo el país después de haber derrotado a los últimos resistentes afganos en el Panjshir.

Desde la frontera a Kabul se recorren 230 kilómetros y se atraviesa la provincia de Nangarhar, una de las zonas que siempre daban problemas a las fuerzas internacionales y donde está asentado el brazo afgano del grupo yihadista Estado Islámico (EI). Las grandes bases que ocuparon las fuerzas de la OTAN o el Ejército Nacional Afgano se hallan ahora semidesiertas. Las paredes de sacos terreros, las garitas y los grandes bloques de hormigón son la herencia de veinte años de una ficción que acabó esfumándose en cuanto los talibanes lanzaron su ofensiva. Siguen ondeando algunas banderas del anterior Gobierno, pero la enseña que ahora se ve en las plazas de los pueblos y edificios públicos es la blanca del Emirato.

Los talibanes optan por puestos de control de dos o tres hombres en puntos estratégicos. Después de dos décadas en la sombra, ellos tienen el poder. Los milicianos que antes sembraban el terror en las carreteras de todo el país ahora son las fuerzas del orden.

No se dedican a controlar el tráfico, que es una locura de camiones y coches adelantándose unos a otros por la derecha y la izquierda. Ellos están para vigilar cada vehículo que pasa. Algunos llevan al hombro viejos kalashnikov, pero la mayoría portan armamento nuevo de fabricación estadounidense. Lo mismo ocurre con los vehículos. Han dejado sus tradicionales furgonetas 'pick up' blancas y ahora conducen los Ford verdes de la antigua Policía y los Humvees del desaparecido Ejército local, que los abandonaron o entregaron al rendirse.

La sensación en los poblados de campo como Hazar Now, Basawul o Samarkhel es de absoluta normalidad. Nada que ver con las imágenes de pánico y caos que llegaron desde Kabul tras la victoria del Emirato. En amplias partes del país centroasiático, como esta zona del sur, el Emirato ya gobernaba desde hace años, pero permanecía en la sombra y ahora ha salido a la luz.

«¿Todo bien?»

«¿Todo bien? Estamos aquí para que su camino sea seguro», informa un joven barbudo en uno de los puestos antes de llegar a Jalalabad mientras pide la documentación y repara en que hay un periodista en el coche. La entrada a esta ciudad donde se juntan los ríos Kabul y Kunar, y que durante siglos fue la favorita de los reyes afganos, es un atasco eterno debido a la acumulación sin límite de pequeños tuc-tuc de color amarillo que hacen impracticable la ruta que lleva a la capital afgana.

Hay que armarse de paciencia para cruzar Jalalabad y desde allí enfilar a Kabul por una carretera que supera como puede la garganta de Tang-e Gharu, en pleno Hindu Kush, y serpentea las paredes de piedra caliza gris azulada. Este es un tramo que pesa en la memoria de todos los reporteros que cubrimos Afganistán. Aquí, en la zona de Sairobi, en el puente de Pul-i-Estikam, se produjo la emboscada en la que el 19 de noviembre de 2001 fueron asesinados Julio Fuentes, Harry Burton, Azizullah Haidari y Maria Grazia Cutuli. Una emboscada a manos de unos talibanes que veinte años después son quienes tienen en sus manos la seguridad de la zona en la que antes asaltaban vehículos.

El camino sube y sube hasta desembocar en la capital, que se encuentra a 1.791metros de altura. Justo al terminar el puerto aparece el gran puesto de control que hay que superar para entrar en la ciudad, pero tampoco se percibe una tensión especial entre los combatientes allí desplegados.

Al llegar a la urbe comienzan a aparecer los primeros grandes carteles del Emirato y las banderas blancas cuelgan de cada farola. Los talibanes tienen puestos fijos de control en algunas calles, pero también patrullas que recorren a pie la ciudad. «Hay seguridad, pero también desconfianza. Han demostrado durante veinte años que son buenos combatientes, pero gobernar un país es otra cosa y aquí se percibe un rechazo a sus formas», comenta Arsalan, estudiante de español de la Universidad de Kabul, que se ha quedado sin amigos porque todos han salido al extranjero.

«En este país, además de pastunes, hay tayikos, uzbekos, hazaras, baluches… No pueden formar un Gobierno solo de pastunes y talibanes, sin presencia de mujeres y pensar que la gente de Kabul lo puede aceptar. Aquí van a tener problemas», comenta este joven. Algo de razón tiene. Una nueva manifestación integrada por afganas recibe al visitanteal igual que han hecho en los días anteriores. Subrayan que sin mujeres, «no hay Gobierno».

Dejarse la barba

Arsalan se ha visto obligado a adaptar su apariencia a los nuevos tiempos y luce ya una barba importante. A diferencia de lo sucedido a finales de los noventa, de momento los islamistas no han impuesto la barba, pero todos piensan que no tardará en llegar esa medida.

Restaurantes, tiendas, centros comerciales… Todo está abierto, pero se ve poca gente en lugares céntricos como Shar-e-Naw y casi ninguna mujer. «Hay una sensación extraña en el ambiente y muchos prefieren salir lo menos posible porque no se adaptan a los modos de los talibanes», explica Arsalan. Según baja el sol la poca gente desaparece y Kabul es un desierto negro. Sin iluminación pública y con los problemas de electricidad, la noche es mucha más noche. Solo quedan los talibanes, que no bajan la guardia. Han necesitado veinte años para recuperar el poder y lo agarran con toda su fuerza. 

Imagen
Nuevo llamamiento a una protesta hoy en #Kabul contra los talibanes, primera desde que fueron declaradas “ilegales” por Haqqani Esta es la foto de
@yamphoto a los 2 compañeros que ayer fueron arrestados y golpeados de manera brutal por los talibanes por cubrir las marchas. Vía @mikelayestaran
Prohibidas las protestas

El Gobierno interino ya está en marcha y una de sus primeras medidas ha sido prohibir las «protestas ilegales», como denominan las nuevas autoridades a las marchas que estos días se han producido en Kabul y otras ciudades en contra de los talibanes y a favor de una protección efectiva de los derechos de la mujer. Los líderes islamistas no quieren que se repitan imágenes como las del martes, con miles de personas gritando contra el régimen y la injerencia de Pakistán mientras mostraban su respaldo a la resistencia del Panjshir.

En esa ocasión las nuevas fuerzas del orden dispersaron a los manifestantes con disparos al aire y detuvieron a varios periodistas que cubrían estas movilizaciones. Dos manifestantes resultaron muertos y ocho fueron heridos de bala. Un periódico local distribuyó también ayer las fotografías de varios de sus reporteros arrestados, que presentaban estremecedoras marcas en sus cuerpos de haber sido castigados con bastones y látigos durante su detención.

Pese a la nueva prohibición este miércoles se produjeron pequeñas concentraciones de mujeres que pedían su inclusión en el nuevo gabinete. Las manifestantes reclamaron «trabajo, educación y libertad» y recordaron a las nuevas autoridades que «un Gobierno sin mujeres fracasa». Pero las nuevas autoridades no les escuchan. Aunque algunos talibanes intentaron disolver estos actos, el tesón de las participantes hizo que tuvieran que desistir.

En el plano diplomático, muy necesario para que los islamitas no se queden aislados como en los años noventa, Pakistán dio una muestra más de su coordinación con las nuevas autoridades y sugirió la posibilidad de que el Emirato fuera invitado a un foro económico en el que seis países de la región, entre ellos China, tratarán de reunir fondos para ayudar a los afganos a superar la crisis económica. En cambio, el que no está dispuesto a moverse un ápice a favor del reconocimiento de la Administración afgana es Estados Unidos. De hecho, el secretario de Estado, Antony Blinken, no mostró su malestar y señaló que los talibanes deberán «ganarse» su legitimidad ante la comunidad internacional y recordó que han formado un Gobierno integrado por algunas de las personas más buscadas por Washington.

Tras varias semanas de silencio, el expresidente Ashraf Ghani, habló desde su refugio en el Golfo Pérsico para pedir disculpas a los afganos por haberse fugado. «Es con un profundo pesar que mi propio capítulo terminó con una tragedia similar a la de mis antecesores, sin garantizar la estabilidad ni la prosperidad de Afganistán», señaló. La forma en que terminó su mandato y las acusaciones de los talibanes sobre su fuga con maletas llenas de dólares le han convertido en uno de los personajes más odiados por los afganos. 

Fuente: https://www.laverdad.es/internacional/asia/incertidumbre-control-nuevo-20210908230838-ntrc.html#vca=fixed-btn&vso=rrss&vmc=tw&vli=Asia

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Los mapuches, ante la nueva constitución

Numerosos colectivos indígenas están en proceso de restitución de sus tierras ancestrales. Noble misión para unos, allanamiento y robo de propiedades para otros

https://agqcvcudno.cloudimg.io/v7/https://agqcvcudno.cloudimg.io/v7/https://www.lamarea.com/wp-content/uploads/2021/09/mapuches3_653rgb.jpg?w=660&org_if_sml=1
Dos personas pertenecientes al pueblo mapuche conducen su carro por las calles de Temuco, la capital de la Araucanía. FEDE SEGARRA

 TEMUCO, ARAUCANÍA (CHILE) | El ruido de las tanquetas de carabineros sobresaltó a las familias de Gladys y Arturo. Con las huellas de los carros blindados aún frescas en el terreno que pretenden recuperar, los líderes de la comunidad mapuche Rosario Huiscallanca cuentan con indignación cómo se arrimaron amenazantes a sus casas. “Estas tierras las trabajó mi bisabuelo, y las usurparon los colonos hace poco más de un siglo. Ellos tienen decenas de hectáreas, nosotros solo un cuarto. Apenas da para vivir”, se lamenta Arturo.

La escena se produjo en el pueblo de Boroa, a 20 kilómetros de la ciudad de Temuco, pero se repite día tras día en varios puntos calientes de esta región del sur de Chile. Numerosos colectivos mapuches están en pleno proceso de restitución de sus tierras ancestrales; noble misión para unos, allanamiento y robo de propiedades para otros. Esta cuestión ha generado un conflicto que se ha cobrado alrededor de una veintena de vidas desde 1997, y donde los atentados han aumentado en cantidad e intensidad desde 2016. Sin embargo, en estas comunidades se confía poco o nada en que los encargados de redactar la nueva constitución, elegidos a mediados de mayo, puedan solucionar el problema.

Los mapuches son el pueblo indígena más numeroso del Cono Sur, y habitan desde tiempos prehispánicos el Wallmapu (centro y sur de Chile y Argentina). Representan hoy el 80% de los pueblos originarios en Chile, que a su vez suman el 12,8% de la población total. Uno de cada tres mapuches vive en Santiago y alrededores; los demás están repartidos por el resto de regiones, y en especial en la Araucanía y Biobío, de donde provienen. En la Araucanía, los mapuches representan el 33% de la población total. De creencia animista, su cultura gravita en torno a la naturaleza, siendo los ritos espirituales, como el guillatún, una suerte de agradecimiento constante a la madre tierra, ñuke mapu en mapudungún. Proteger este idioma y sus costumbres ancestrales están entre las reivindicaciones de este pueblo originario.

La cuestión mapuche es un conflicto sin resolver que dura ya casi 500 años. Fueron el pueblo indígena que más resistió al imperio español, que nunca pudo conquistarlo. Después de la independencia de Chile, durante la conocida como Pacificación de la Araucanía, el Estado ocupó estas tierras, las repobló con colonos europeos, y los mapuches perdieron un 95% de su territorio. En los años sucesivos sufrieron discriminación étnica, económica y laboral.

chile
Aucán Huilcamán explica su plan de autodeterminación en una cabaña tradicional mapuche. GUILLERMO AZÁBAL

Hoy existe cierta simbiosis entre este conflicto y la división ideológica que polariza a la sociedad chilena. Esta fractura procede de los años de gobierno de Salvador Allende. A raíz de la reforma agraria que impulsó, comenzó un proceso de recuperación de tierras y concesión de derechos a los pueblos originarios que se vio truncado con el golpe militar. El activismo mapuche, a menudo vinculado a la izquierda chilena, no lo olvida.

Aspiraciones políticas

Los escaños reservados a constituyentes indígenas para la redacción de la nueva carta magna chilena no despertaron demasiada ilusión entre los electores de los pueblos originarios. Según el censo electoral chileno, más de 1.200.000 personas estaban habilitadas por su pertenencia a los pueblos mapuche, aymara, diaguita, atacameña, colla, quechua, rapanui, kawashkar, chango o yagán. De las cuales, sólo ejercieron su derecho 283.000 personas (de media, algo más del 22%). Proporción similar a la que presentó el pueblo mapuche.

El país aprobó reservar 17 escaños, de los 155 constituyentes elegidos, para representantes de pueblos indígenas. Siete, destinados a los mapuches por ser el más numeroso. “Esta constitución será la primera de la democracia, y ya es un paso que los pueblos originarios hayan tenido un cupo asignado. Hasta ahora no reconocemos constitucionalmente la existencia de indígenas en nuestro territorio, ni tampoco su idioma o cultura”, detalla el experto chileno en constitucionalismo José Ignacio Núñez.

Aucán Huilcamán, político mapuche conocido por todos en la Araucanía, se presentó a gobernador de esta región. En las elecciones de mayo, en la que también se elegía a alcaldes y gobernadores, quedó en cuarto lugar, obteniendo un 12% de los votos con una de las posturas más beligerantes contra el Estado chileno. Huilcamán fue el representante de este pueblo ante la ONU y la Organización de Estados Americanos. Además, fundó el Consejo de Todas las Tierras, organismo de defensa de los derechos indígenas, cuya bandera –azul, verde, roja y amarilla– se ha convertido en símbolo de resistencia mapuche.

Este candidato se aferró durante su campaña a la internacionalización del conflicto para negociar un proceso de autodeterminación de todo el Wallmapu, a través del cual los mapuches podrían decidir su forma de gobierno y tener una mayor autonomía. Asume la imposibilidad de negociar de tú a tú con el Estado chileno, y se atrinchera en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo, firmado en Ginebra en 1989. En él, se reconocen las aspiraciones de los pueblos indígenas a asumir el control de sus propias instituciones y formas de vida. También alude a la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de 2007, en la que se recoge el derecho a la libre determinación de los pueblos ancestrales.

chile
Rubén Collío llevó la muerte de la activista Macarena Valdés hasta la Corte Penal Internacional. Un perito descartó la hipótesis de suicidio que sostenía la Fiscalía. GUILLERMO AZÁBAL

Otro de los asuntos que se tratará en la redacción de esta nueva constitución será cómo interpretar la ley de propiedad privada, mientras las demandas de devolución de tierras mapuches no cesan. En 1993 se aprobó la llamada Ley Indígena, que reconocía jurídicamente a los pueblos originarios, y con ella el Consejo Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi) y el Fondo Para Tierras y Aguas Indígenas. El Gobierno destina desde entonces un presupuesto anual a la compra de terrenos a latifundistas o agricultores, y así devolverlos a comunidades mapuche. Esta partida rondó en 2020 los 80.000 millones de pesos chilenos (unos 92 millones de euros), pero se desconoce con exactitud el porcentaje de estos fondos que se ejecutó. En 2021, disminuyó un 20%.

El proceso de restitución de tierras puede alargarse años y no garantiza la recuperación, lo que crea insatisfacción entre los mapuches. Uno de los motivos está en el Artículo 20 de esta ley, que en su primer apartado contempla subvencionar a las comunidades para que compren las tierras. La polémica viene cuando se ocupa una finca y el propietario se niega a salir del terreno. En estos casos, para el Estado chileno la mejor solución es adquirir las hectáreas en disputa y entregárselas a las comunidades, a través de la Conadi (Corporación Nacional de Desarrollo Indígena).

La parte mapuche lo interpreta como una estafa, pues los propietarios tasan por encima del precio de mercado unas tierras que fueron compradas por mucho menos, o directamente usurpadas. Los dueños, a su vez, consideran que este artículo supone un incentivo perverso que fomenta la ocupación violenta por ser la “manera más eficaz de conseguir los terrenos”. El latifundista Juan de Dios Fuentes atiende a lamarea.com y afirma lo siguiente: “Estamos ante una estrategia insostenible para el Estado chileno, ya que atenta contra el Código Civil. Según este, las deudas históricas prescriben, y crea falsas expectativas para los mapuches”.

Forestales e hidroeléctricas

La ley de propiedad privada también podría tener consecuencias para las grandes empresas forestales e hidroeléctricas que se extienden por el Wallmapu. El pueblo originario se autodefine como defensor del medio ambiente y condena las infraestructuras de estas corporaciones por arrebatarles “la tierra y el agua” y por “contaminar” sus recursos. El afán de lucro de estas grandes empresas colisiona con esta manera de entender la ñuke mapu, tejiendo una red de intereses que ha llegado a tener consecuencias fatales.

El caso más conocido es el de la difunta activista Macarena Valdés. Ella, junto a su pareja Rubén Collío, era una de las principales voces que se oponían a la instalación de la central hidroeléctrica que quería desarrollar la empresa austriaca RP Global en su comunidad, Panguipulli, en la región de Los Ríos. Valdés recibió numerosas amenazas de muerte anónimas. El 22 de agosto de 2016 apareció estrangulada en su casa. Su presunto asesinato sigue bajo investigación.

Los mapuches exigen la salida de su territorio de imperios hidroeléctricos como el del grupo italiano Enel (accionista mayoritario de la española Endesa), pero también de las grandes compañías papeleras dedicadas a la celulosa y a la explotación masiva de la madera. Entre ellas destacan el holding CMPC-Mininco y el Grupo Arauco, propiedad de la familia Matte y Angelini, respectivamente. Dos de las principales fortunas chilenas. La lucha mapuche se enfoca en que cesen sus plantaciones de pino y eucalipto, especies invasoras que provocan la acidificación de los suelos de la Araucanía y Biobío. Estas empresas no han querido dar su visión para este reportaje. Las forestales poseen 280.000 hectáreas de las 450.000 en disputa en la Araucanía.

chile
El agricultor araucano Justo Gutiérrez y su maquinaria agrícola arrasada. FEDE SEGARRA

A pesar de que durante la campaña para las constituyentes, todas las propuestas de los dirigentes mapuche fueron pacíficas, ninguno de ellos ha condenado abiertamente la violencia de los grupos radicales. Desde 1997, cuando tres camiones ardieron en un primer acto reivindicativo, se han sucedido los asaltos y los ataques incendiarios contra iglesias, empresas forestales y vehículos de agricultores. Esto se traduce en que los implicados en las disputas hayan optado por defenderse con armas. Según la Fiscalía chilena, desde 2016 se han producido 547 atentados en la Araucanía y Biobío.

La eficacia del Gobierno para mediar en este conflicto está en entredicho. Desde Santiago se ordenó militarizar la zona con carabineros o agentes especiales de policía. Comunidades mapuches denuncian el uso desmedido de una fuerza que incluso habría afectado a niños, heridos con perdigones; algo que ya condenó Unicef en 2012. La estrategia del Estado a lo largo de los años ha consistido en custodiar una parte importante de los terrenos en proceso de recuperación, y aplicar en algunas ocupaciones la expeditiva Ley Antiterrorista, redactada durante la dictadura de Pinochet.

Las acusaciones de narcoterrorismo se suceden en los medios de comunicación chilenos cuando se debate sobre los mapuches más radicalizados y su financiación. Se les llega a relacionar incluso con las FARC colombianas, hasta hoy sin pruebas. El episodio más importante relacionado con el tráfico de drogas fue la detención del exlíder de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), Emilio Berkhoff, en junio del año pasado. La CAM es la organización mapuche radical más conocida. En la operación se decomisaron casi 825 kilos de pasta base de cocaína.

Los dirigentes mapuches tienen bien aprendidas sus respuestas contra estas acusaciones: “Antes nos llamaban analfabetos, luego borrachos y ahora toca que nos tilden de narcotraficantes”. Para ellos, las plantaciones de marihuana son muy limitadas y niegan los cultivos de coca. El pasado mes de enero, en la comunidad de Temucuicui, 800 policías entraron por la fuerza para decomisar mil plantas de cannabis. Los agentes sufrieron una emboscada y un agente murió en la operación.

Tan solo un año antes, la denominada Operación Huracán se saldó con ocho mapuches detenidos por asociación terrorista; entre ellos el actual líder de la CAM, Héctor Llaitul. Posteriormente, la Fiscalía descubrió que se habían manipulado sus teléfonos para crear conversaciones inexistentes e inculparlos. Esto supuso la dimisión del director de Carabineros, el general Bruno Villalobos, y del director de Inteligencia, el general Gonzalo Blu.
Los mapuches recriminan a las grandes corporaciones y a los latifundistas que posean más hectáreas que la mayoría de sus familias. Sin embargo, bajo esa etiqueta de empresarios o colonos, también hay muchos agricultores que trabajan sus tierras, y que las heredaron de sus abuelos. Muchos de ellos entienden las reivindicaciones indígenas, y creen que no todos son violentos, pero argumentan que también tienen derecho a vivir allí.

Justo Gutiérrez es un huinca, como llaman a los chilenos de ascendencia europea. Su finca, colmada de avellanos cuyos frutos irán a parar a los italianos de Ferrero, se ubica en Vilcún, cerca del río Quepe. Al fondo del terreno, se divisan hasta seis tractores calcinados: “Nos los quemaron todos, nos dejaron con una mano delante y otra detrás”. Y apuntilla: “Es una injusticia sentirte extranjero en la tierra que te ha visto nacer”. Gutiérrez es vicepresidente de la Asociación para la Paz y la Reconciliación de la Araucanía (APRA), una organización que, según él, documenta en redes sociales los ataques mapuches contra el resto de araucanos. Para la contraparte, solo se encargan de difundir odio y acusar al mapuche de violento.

Según el Ministerio del Interior, en el primer trimestre de 2021, las tomas de tierras aumentaron un 688% con respecto al mismo período del año anterior en las regiones australes de la Araucanía, Los Lagos y Los Ríos.

El pueblo chileno aguarda con recelo cómo se materializará la nueva constitución. Si no satisface sus demandas, puede provocar que los manifestantes vuelvan a salir a las calles con más fuerza. Mientras tanto, escépticos ante este proceso, en el pequeño pueblo de Boroa, familias como la de Gladys y Arturo se levantarán cada día con la misión de recuperar la tierra de sus antepasados. La tierra que empieza, precisamente, en el siguiente centímetro de campo que hay tras la valla de su cuarto de hectárea cultivada; y la misma por la que otros agricultores huincas no dormirán de noche pensando que puede ser ocupada.

Perfil de los constituyentes mapuches: defensores de los derechos humanos, profesores o ambientalistas

La participación del pueblo mapuche en las elecciones constituyentes fue la más baja de todas las comunidades indígenas (22,3%), con la excepción del pueblo diaguita (21,35%). La ley interna del proceso obligaba a confeccionar listas paritarias, lo que derivó en la asunción de cuatro mujeres electas y tres hombres.

Elisa Loncón ganó en las regiones de Coquimbo, Valparaíso, Metropolitana, O’Higgins y Maule. Es una reconocida lingüista de 58 años y se ha erigido en las últimas décadas como una de las principales activistas mapuches, sobre todo en el ámbito académico. Esta profesora de la Universidad de la Frontera (Temuco), que también ostenta un posgrado por el Instituto Internacional de Estudios Sociales de La Haya, ha trabajado para el reconocimiento y la promoción del mapudungún en todo Chile.

Francisca Linconao (62 años), La Machi, ha sido la cara más representativa de este pueblo en los últimos años. Activista por los derechos humanos, ambientalista y autoridad espiritual mapuche, en 2013 fue vinculada al asesinato del matrimonio Luchsinger-Mackay, por el que tuvo que pasar nueve meses en prisión preventiva, comenzó una huelga de hambre y permaneció en arresto domiciliario. Después de esto, no se encontraron indicios incriminatorios sólidos y fue absuelta e indemnizada. Este episodio reforzó su liderazgo a ojos de su comunidad.

Natural de Tirúa (Biobío), Natividad Llanquileo es la constituyente mapuche más joven, con 36 años. Se define como una líder amerindia, licenciada en Derecho por la Universidad Bolivariana de Chile, y defensora de los derechos humanos. Su figura emergió en 2010, año en el que empezó a ejercer como portavoz de los conocidos como “presos políticos mapuches”, comuneros en huelga de hambre encarcelados en aplicación de la Ley Antiterrorista.

Adolfo Millabur (55 años), también oriundo de Tirúa, es el constituyente con mayor trayectoria política. Fue el primer alcalde mapuche de Chile, por su ciudad natal, cargo que desempeñó hasta en cinco legislaturas. Semanas antes de la elección, atendió a lamarea.com para sintetizar sus objetivos en la redacción del nuevo texto constitucional: “Conseguir eliminar los colonialismos clásicos, que el poder en Chile se reparta entre el pueblo y que deje de estar en las mismas manos de siempre”. Millabur, Llanquileo y La Machi fueron los más votados en las regiones de Araucanía, Biobío y Ñuble. Además de Rosa Catrileo (39 años), una temucana también licenciada en Derecho y vinculada a la defensa territorial y los derechos humanos.

En las regiones sureñas de Los Ríos, Los Lagos y Aysén, los elegidos son Victorino Antilef (51) y Alexis Caiguán (46). Antilef es profesor de lenguaje y fundador del Consejo de Educación Mapuche Azeluwam, una organización enfocada a la enseñanza de la cultura mapuche. Comparte actividad con Caiguán, quien pertenece a los huilliche –rama austral de este pueblo– y que ha dedicado los últimos ocho años a la difusión de las tradiciones y la música mapuches entre las nuevas generaciones. 

El reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas en Latinoamérica

Chile aún no reconoce constitucionalmente a sus pueblos originarios, a pesar de que el 97% de la ciudadanía apoya que su existencia se vea reflejada en la nueva ley fundamental, según un estudio del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas de 2020.

Salvador Millaleo, experto indigenista y miembro del Consejo del Instituto Nacional de Derechos Humanos, cree que esta situación viene provocada por que “la élite de origen europeo trató de olvidar sus raíces indígenas”. El investigador explica a La Marea que, según su visión, el modelo neoliberal que estos tratarían de imponer “choca con las reivindicaciones de las tierras ancestrales” y no les habría convenido que fueran reconocidos en la constitución.

Aproximadamente el 17% de las personas que viven en condiciones de pobreza extrema en América Latina son indígenas, a pesar de representar menos del 8% de la población. Los movimientos sociales indigenistas fueron espoleados por Naciones Unidas para afrontar desigualdades como esta. Un primer antecedente histórico fue el Convenio 107 de la Organización Internacional del Trabajo (1957), relativo a la protección e integración de estos pueblos. Entonces sólo fue ratificado por Cuba, El Salvador, República Dominicana y Panamá.

México, que cuenta aproximadamente con el 38% de la población indígena de todo el continente, fue el primer país latino en firmar el nuevo Convenio 169 (1989). El artículo 2 de su constitución reconoce a la nación como “pluricultural”. Asimismo, incluyó el derecho a la educación bilingüe y la propiedad colectiva de estos pueblos.

Bolivia, con más del 60% de población declarada indígena, introdujo en su carta magna el derecho a un régimen de autonomía para estas poblaciones en 1991. Perú hizo lo propio en 1994, con un 12% de población originaria en su territorio. En 1996, Guatemala dio acogida a las demandas de los indígenas (40% del total de guatemaltecos). Ecuador, con menos del 10% de población originaria, los reconoció constitucionalmente en 1998.

Ninguna de las tres constituciones que ha tenido Chile (1833, 1925 y 1980) contempla estos pueblos. La nueva carta magna presumiblemente hará que Chile forme parte de los países que sí reconocen a su población autóctona. Así, solo Uruguay y Surinam seguirían en la lista negra de los derechos indígenas en la región.

Fuente:https://www.lamarea.com/2021/09/08/los-mapuches-ante-la-nueva-constitucion/

Más información: Elisa Loncon, presidenta de la Convención Constitucional: "Chile ya no volverá a ser como antes" 

martes, 7 de septiembre de 2021

La escasez de Reino Unido es tan bestia que los supermercados están retirando estantes y pasillos

Imagen
@MrsABC321

 El mundo vive una crisis logística sin precedentes en la era moderna. A la paralización de la cadena de distribución global durante buena parte de 2020, fruto de las restricciones y de los confinamientos, le siguió un repunte de la demanda. Millones de personas estaban interesadas en comprar todo aquello que no habían podido comprar durante meses. La suma de ambos factores provocó retrasos en la cadena de fabricación... Y un atasco enorme en la cadena de distribución.

O lo que es lo mismo, escasez y precios elevados. Pero en unos países más que en otros.

El precedente. Reino Unido es quizá el ejemplo extremo de todo lo relatado en el primer párrafo. A los rigores de la pandemia y de una economía aún renqueante debemos sumar las barreras autoimpuestas del Brexit. Aunque haya quedado enterrado en el olvido, 2021 marcó la ruptura definitiva entre Reino Unido y la Unión Europa. Mucho antes de que la crisis logística afectara a todo el mundo, los británicos vivían una propia con largas hileras de camiones en la frontera y pescado podrido.

A lo grande. La situación hoy es peor. Lo manifiestan estas imágenes: resignados a una escasez que no cesa, los supermercados del país han comenzado a retirar estantes y pasillos de sus superficies. La alternativa era mostrarlos vacíos, una estampa más deprimente. Tesco ha sido una de las cadenas más prominentes en la decisión. Algunos de sus tiendas evocan los austeros economatos del bloque comunista, mucho antes que los boyantes supermercados del capitalismo hiperconsumista.

Imagen
@MrsABC321

 "Pingdemia". Como vimos hace un mes, la prensa ha bautizado el fenómeno como "pingdemia". El término resumía la mezcla de catastróficas desdichas que habían asolado a la economía local británica: una cadena de distribución global paralizada; ausencia de trabajadores cualificados por culpa del Brexit; y un protocolo de aislamiento por contacto estrecho que había hundido el consumo directo y las ventas en los principales establecimientos. Ni había productos ni había suficientes trabajadores disponibles ni había consumidores capaces de comprarlos.

Sin camioneros. La atención de la prensa se ha centrado en la carestía de mano de obra. A finales del pasado mes, la patronal de distribuidores y suministradores británica cifraba en 14.000 el número de trabajadores necesarios para recuperar la normalidad (el 15% de su fuerza laboral). No hay camioneros. Sin ellos, las fábricas han reescalado sus operaciones: la producción de pollo ha caído un 10%; McDonalds ha dejado de comercializar batidos; y Nando's, una popular cadena, ha cerrado 45 establecimientos al quedarse sin su plato estrella.

Todas las miradas apuntan a la política de "auto-aislamiento" promovida por el gobierno. El criterio para considerar "contacto estrecho" a una persona es tan bajo que ha confinado a miles y miles de transportistas, gente en contacto con muchas personas a lo largo de un día. Sin acceso a mano de obra extranjera (ejem), no hay sustitutos.

Navidad, cerveza. La crisis es tan profunda que amenaza con trastocar dos de los pilares de la cultura británica: la cerveza y la campaña de Navidad. Sobre la primera habla The Washington Post, recogiendo las amargas quejas de muchos pubs, cada vez más desabastecidos de Carling o Coors. Sobre la segunda hablan ya todos los medios: los distribuidores asumen que la crisis se prolongará durante el último trimestre del año, si no más. Se requieren a 100.000 transportistas, de los cuales 20.000 eran ciudadanos europeos que han abandonado el país post-Brexit.

Va para largo. La idea de una Navidad de nuevo hipotecada por el coronavirus se extiende al resto del planeta. Los diez puertos más ajetreados del planeta siguen funcionando a medio gas por los protocolos anti-covid; el precio de los contenedores, un bien hoy escaso, se ha disparado; y las colas y las largas esperas son ya la norma para cualquier intercambio comercial entre un lado del mundo y otro. Y a Reino Unido todo esto le afecta por partida doble. Otro hito del Brexit.

Fuente: https://www.meneame.net/story/escasez-reino-unido-tan-bestia-supermercados-estan-retirando

 

lunes, 6 de septiembre de 2021

Los 2.000 gallegos que fueron esclavizados en Cuba

 

 La trágica y no muy conocida historia de 2.000 gallegos que fueron engañados para emigrar a Cuba y luego vivieron en condiciones de esclavitud

Una representación de una plantación de tabaco en Cuba con mano de obra esclava, hacia 1840 Bettmann / Getty

 El 29 de noviembre de 1781 el Viceministro de Justicia del Imperio Británico declaraba: "Los negros son cosas. Como cualquier otra propiedad, tirar un negro al mar es como tirar un caballo". Ese mismo año el buque negrero Zong partió de Ghana rumbo a Jamaica con 442 esclavos. 3 meses después divisaron su destino pero, pensando que era la isla La Española, se desviaron de rumbo, por lo que se quedaron sin agua potable, lo que provocaría la muerte de su carga. Pero las coberturas de su seguro no cubrían ese tipo de muerte, así que decidieron tirarlos por la borda y declararlos como perdida de carga. Tres días después, 142 esclavos fueron arrojados al mar Caribe. A pesar de que en 1815 se firmaba un acuerdo que abolía la trata de esclavos, medio Siglo después todavía llegaban a Cuba 10.000 esclavos cada año. Entre ellos, miles de gallegos que fueron esclavizados en la isla. Esta es la trágica historia de los 2.000 gallegos que fueron esclavos en Cuba.

 Cuando la noticia de lo ocurrido en el buque negrero Zong se hizo pública se desencadenaron algunas acciones que sentarían las bases en todo el mundo del movimiento por los Derechos Humanos. Pero no sería hasta el 8 de febrero de 1815, en una declaración firmada por ocho potencias europeas durante el Congreso de Viena, cuando se aboliría “oficialmente” el comercio de negros, aunque tan solo “de boquilla”. En 1860 todavía llegaría a Alabama el último barco negrero de la historia de Estados Unidos, el Clotilde, con más de un centenar de esclavos capturados en África.

 En esta situación de “semi-abolición” nos encontramos con el triste protagonista de nuestra historia: Urbano Feijóo de Sotomayor, un noble nacido en Viana do Bolo, Ourense, que había hecho fortuna en Cuba gracias al azúcar y el café, y que tenía varias haciendas en propiedad en la isla. Su negocio necesitaba mucha mano de obra, y muy barata. Pero las nuevas leyes contra el tráfico de negros y la bajada en los precios del azúcar, hacían que tener esclavos dejara de ser rentable.

Así que tuvo una idea genial: captar a emigrantes gallegos para trabajar en Cuba. Urbano afirmaba: “Un gallego hace el mismo trabajo que dos negros por el precio que cuesta un esclavo, así que obtendré el doble rendimiento del que ofrece un esclavo y mucho más que lo que podría esperar de un negro jornalero con los precios de hoy”.

Movido por lo que él decía que era un pensamiento filantrópico, puso en marcha su nueva empresa, la “Compañía Patriótica Mercantil de Inmigración”, y para conseguir el apoyo del Gobierno, escribe un libro llamado: “Isla de Cuba. Inmigración de trabajadores españoles”, en el que se muestra como un buen hombre que quiere ayudar a los miles de gallegos que todos los años emigran de su tierra, y que podrían proveer de mano de obra a la isla de Cuba, en aquella época todavía colonia española.

Urbano Feijóo de Sotomayor. https://www.todocoleccion.net
 El empresario decía querer llenar la isla de gallegos para ayudar a crecer el país, y proponía un viaje pagado, cómodo, con un tiempo de aclimatación asistido a su llegada y un trabajo seguro, bien remunerado y con los días y horas de descanso suficientes. Además, a cada emigrante se le entregarían tres camisas, un pantalón, una blusa, un par de zapatos y un sombrero de paja…

El Gobierno dio su visto bueno a la idea, y Urbano obtuvo el derecho a transportar trabajadores libres durante 15 años bajo la vigilancia y la tutela de las autoridades.

Así fue como el 10 de marzo de 1854, a bordo del trasatlántico “Villa de Neda”, llegaban al Muelle de Caballería de La Habana los primeros 314 gallegos. Se sumaban a canarios, chinos o indios como mano de obra para la construcción del ferrocarril, la recogida de caña de azúcar y los cafetales, pero en unas condiciones igual o peores que las que tenían los esclavos.

 La mayoría de estos emigrantes no sabían leer ni escribir por lo que, sin saberlo, habían firmado unas cláusulas abusivas gracias a las cuales podían quitarles el pasaporte o sufrir castigos corporales si no cumplían con sus obligaciones.

 Entre marzo y agosto de 1854, se produjeron ocho expediciones de “colonos gallegos”, con un total de casi 2.000 hombres, pero las idílicas condiciones que había planteado Urbano, como ya sabemos, no se iban a cumplir. A su llegada, los gallegos eran recibidos en centros de aclimatación, simples barracones inmundos, desde donde eran vendidos para ser enviados a plantaciones y haciendas en condiciones infrahumanas: recibían la cuarta parte del salario prometido, las condiciones de trabajo eran deplorables, las jornadas eran agotadoras e interminables, eran encadenados y recibían castigos físicos salvajes.

 Dos meses después de la llegada de los primeros gallegos a Cuba ya habían fallecido más de trescientos, así que se rebelaron, pero fueron duramente castigados. Los que consiguieron huir se refugiarían con esclavos fugitivos o deambularían como mendigos por la isla. Además, los hacendados consideraban a los gallegos de su propiedad, por lo que el ejército fue movilizado por el Capitán General de Cuba para darles caza por toda la isla.

El libro de Urbano Feijóo. https://www.rtve.es/

 Pero algunos de ellos envían cartas a sus familias y, cuando empiezan a llegar a Galicia las noticias del horror, se informa a las autoridades de lo que allí estaba ocurriendo. Estalla el escándalo al descubrirse que el proyecto de Urbano es esclavitud encubierta. En una de las cartas se contaba alguna de las tragedias que les había tocado vivir: “Tan solo pidieron pan, y para castigar ese impulso, mandaron encerrarlos en fétidas estancias, desnudos, cargados de cadenas y alimentados con carne descompuesta que los africanos rehusaban, además de obligarles a trabajar quince horas diarias”.

Cartas conservadas. https://almejeiras.wordpress.com/
  Ante tal vergonzoso escándalo el Congreso dio orden de clausurar la empresa, liberar a los gallegos, rescindir los contratos y llamar a Urbano al orden para dar explicaciones, aunque nunca se le exigieron responsabilidades ni reparación de deudas. Curiosamente Urbano fue reelegido como Diputado en el Congreso y cobró la subvención de 140.000 pesos que concedía la Junta de Fomento…

No sabemos si Rosalía de Castro tuvo conocimiento de la Empresa Patriótica Mercantil, pero todo parece indicar, gracias a estos versos, que cuando publicó “Follas Novas” en 1880 conocía la historia:

Galicia está probe
i á Habana me vou
¡Adiós, adiós prendas
do meu corazón!

 Urbano Feijóo Sotomayor fallecía en Viana do Bolo el 10 de agosto de 1898, dejando tras de sí un oscuro legado y una triste historia.

Lápida de Urbano Feijóo de Sotomayor. https://almejeiras.wordpress.com
  Pese a que la esclavitud fue completamente prohibida en 1948 por la Declaración de Derechos Humanos de la ONU, su práctica sigue vigente. En la actualidad hay más personas en situación de esclavitud que en cualquier otro período de la historia, casi 30 millones de esclavos. El Departamento de Estado de los Estados Unidos de América estima que cada año más de 600.000 hombres, mujeres y niños son víctimas de tráfico de personas a través de fronteras internacionales. No nos olvidemos de ellos.

Fuente: https://www.elespanol.com/quincemil/articulos/cultura/los-2-000-gallegos-que-fueron-esclavizados-en-cuba

domingo, 5 de septiembre de 2021

Barbacena, la ciudad-manicomio que sobrevivió a la muerte atroz de 60.000 brasileños

Varios internos del manicomio Colonia en una fotografía tomada en 1959.Luis Alfredo / Ayuntamiento de Barbacena

Cuando João Bosco Siqueira cumplió 45 años, sus compañeros del cuerpo militar de bomberos le regalaron algo impagable: localizar a su madre. Aquella desconocida era la llave a los orígenes para este brasileño que nació en un manicomio y creció en un orfanato. Misión cumplida. El abrazo que tanto ansiaban doña Geralda y el hijo arrebatado ocurrió el 11 de noviembre de 2011 en un cuartel ante la mirada emocionada de decenas de uniformados. Un punto y aparte en las vidas de ambos. Solo 15 años tenía Geralda cuando dio a luz en el Hospital Colonia de Barbacena, a 500 kilómetros de São Paulo. Su patrón, un abogado, la llevó hasta allí para evitar el escándalo después de violarla y dejarla embarazada, cuenta Siqueira en una entrevista por videollamada. El dolor de rememorar el drama es tal que varias veces se detiene para contener el llanto y tomar aire antes de proseguir su relato. Antes y después de ella, decenas de miles de brasileños fueron abandonados en instituciones mentales de Barbacena, que pasó a ser conocida como la ciudad de los locos.

João Bosco y su madre, Geralda, que era una adolescente internada en el manicomio cuando dio a luz. Ambos se reencontraron cuatro décadas después.
João Bosco y su madre, Geralda, que era una adolescente internada en el manicomio cuando dio a luz. Ambos se reencontraron cuatro décadas después. Cortesía João Bosco

La mayoría de los internos, como Geralda, estaban cuerdos. Eran alcohólicos, sifilíticos, prostitutas, homosexuales, epilépticos, madres solteras, esposas a las que sustituir por una amante, inconformistas… supuestos desechos sociales a los que sus familias o la policía enviaban en trenes hasta esta ciudad del Estado de Minas Gerais. Unos 60.000 internos murieron de hambre, frío o diarrea durante nueve décadas hasta que cerró en los noventa. Malvivían desnudos forzados a trabajar como supuesta terapia en patios a la intemperie o celdas.

La ansiedad que el confinamiento de la pandemia ha causado a millones de personas en todo el mundo ha reavivado el debate sobre la salud mental y el estigma que aún la rodea. Un secretismo que ídolos como la gimnasta Simone Biles o la tenista Naomi Osaka ayudan a agrietar al hablar de sus problemas mentales.

Esposas que se utilizaban para contener a los internos, la mayoría de los cuales no eran enfermos mentales.
Esposas que se utilizaban para contener a los internos, la mayoría de los cuales no eran enfermos mentales.Flávio Tavares

 Barbacena llama la atención porque, en vez de enterrar la infamia perpetrada en nombre de la psiquiatría, las autoridades acordaron mirarla de frente. Convirtieron uno de los pabellones del Colonia en el Museo de la Locura, que ahora cumple 25 años, un aniversario que junto a una serie ha devuelto el asunto a la actualidad. Y, en sintonía con el movimiento internacional para humanizar la atención a los enfermos mentales, a partir del año 2000 emprendieron un cambio trascendental.

Esta ciudad que vivía de los psiquiátricos y el cultivo de rosas sustituyó esos depósitos de indeseables por residencias terapéuticas. “Hasta entonces no había límite. Entraba todo el que aparecía en la puerta. Empezamos a evaluarlos uno por uno y la mayoría no necesitaba ser internado. Los ingresos cayeron de 130 al mes a 30”, explica Flávia Vasques, coordinadora de la red pública de salud mental de esta ciudad de 140.000 habitantes, durante una entrevista en un ambulatorio.

El museo es un recorrido por las atrocidades sufridas por los miles de pacientes, algunas en consonancia con prácticas internacionales. “Eligieron llamarlo Museo de la Locura para despertar el interés del público y porque no remite solo a una historia local, sino que es una referencia para analizar el pasado, para preservarlo y que no se repita”, explica la directora del museo, Lucimar Pereira, mientras hace de guía.

Aprovechando el clima de montaña, nació como sanatorio para ricos, con teléfono y cubertería de plata, pero en 1903 se convirtió en el primer manicomio de Minas Gerais, que centralizó en Barbacena la atención psiquiátrica de este Estado tan grande como España.

El Colonia era un manicomio con cementerio, evidencia de que sanar no era la misión. Durante décadas, no hubo médicos ni enfermeras, sino meros guardas. El tratamiento era simple: pastillas azules o pastillas rosas en función de los síntomas, además de electrochoques y lobotomía, como mandaba entonces la medicina.

El tratamiento consistía en pastillas rosas o azules dependiendo de los síntomas, lobotomías o electrochoques sin anestesia. Hoy algunos de estos utensilios se exhiben en el museo de la locura.
El tratamiento consistía en pastillas rosas o azules dependiendo de los síntomas, lobotomías o electrochoques sin anestesia. Hoy algunos de estos utensilios se exhiben en el museo de la locura. Flávio Tavares

Cuando faltó espacio para dormir, los burócratas adoptaron una solución bautizada como lecho único que recomendaron extender a otros centros: fuera las camas, eliminadas. Sin ellas, cabían más pacientes. Los internos dormían arremolinados en el suelo para darse calor en las frías noches. Algunos morían asfixiados. A menudo los cuerdos enloquecían. Y ni después de muertos tuvieron piedad con ellos. Los cadáveres de más de 1.800 pacientes fueron vendidos a universidades hasta los años setenta. El resto era llevado en un carrito hasta el cementerio para ser arrojado a fosas comunes. Ahí sigue el camposanto, cerrado, pero una placa promete convertirlo un día en un memorial que combinará rosas y locura. Los alimentaban con purés putrefactos porque desterraron los cubiertos —en nombre de la seguridad—, de manera que tras décadas sin masticar muchos perdieron la dentadura.

“Hoy he estado en un campo de concentración nazi. En ningún lugar vi algo así”, declaró tras visitar el Colonia en 1979 el psiquiatra Franco Basaglia, impulsor de la reforma de los manicomios en Italia. Periodistas locales hicieron las primeras denuncias públicas en los sesenta y los setenta. Sus fotos y relatos causaron espanto, pero pronto cayeron en el olvido. La periodista Daniela Arbex era una adulta cuando tuvo la primera noticia del atroz episodio de la historia local. “Fui a buscar a los supervivientes. Y gracias a ellos conseguí rescatar lo que ocurría tras los muros”, explica al teléfono la autora del libro Holocausto brasileiro, de 2019. Un superventas que contribuyó a divulgar un horror del que muchos brasileños jamás han oído hablar. Ella insiste en que todos fueron cómplices: los médicos, las familias, los vecinos, la sociedad en general…

Bento Marcio da Silva, izquierda, y Zezé durante la fiesta del 60 cumpleaños del segundo en la residencia terapéutica de Barbácena en la que ambos viven. Antes estuvieron ingresados en psiquiátricos durante muchos años.
Bento Marcio da Silva, izquierda, y Zezé durante la fiesta del 60 cumpleaños del segundo en la residencia terapéutica de Barbácena en la que ambos viven. Antes estuvieron ingresados en psiquiátricos durante muchos años.Flávio Tavares

Siqueira cuenta desde la ciudad donde pasa el confinamiento con su familia que su madre, doña Geralda, vive todavía en Barbacena. Se veían cada mes hasta que el coronavirus lo trastocó todo. Al bombero le enerva que algunos vecinos crean que divulgar las atrocidades dañe la reputación local. Para él es el mejor antídoto para evitar que nadie más sea tratado de manera tan inhumana. “Aunque nací en la barbarie, soy fruto de una red de solidaridad”, insiste en referencia a las monjas y otros adultos de los orfanatos, que le guiaron cuando era un adolescente que envidiaba a quienes recibían alguna visita.

Bento Marcio da Silva siempre tuvo familia. Pero ha pasado la mitad de sus 57 años entrando y saliendo de psiquiátricos, incluido el Colonia. Habla con naturalidad de su enfermedad —“soy bipolar”— y de la batalla para que los psiquiatras le cambiaran la medicación que durante 15 años le causó terribles efectos secundarios. Cuenta entre risas que en sus momentos de euforia cantaba, cantaba, cantaba y cantaba sin descanso. ¿La respuesta? “Me ataban en una camilla, me ponían inyecciones aquí, aquí, aquí y aquí, y me tenían allí todo el día. Acababa totalmente empapado en orines y fluidos. ‘Si me dan Aldol voy a perder el juicio’, les decía, pero insistían”, relata. Nadie le escuchaba entonces. Durante años vagó por las carreteras de Brasil para evitar que lo encerraran de nuevo. “Llegué a tener la barba tan larga que me llamaban Bin Laden”, dice. Una imagen que contrasta con su coqueta elegancia actual.

Da Silva vive en una residencia terapéutica que el martes pasado estaba de fiesta porque Zezé, uno de los siete pacientes, cumplía 60 años. Resulta emocionante ver a estos hombres desatendidos y degradados durante tantos años concentrados en sujetar los cubiertos para llevarse a la boca un trozo de tarta o un vaso de coca cola sin cafeína. En el éxtasis del disfrute, Zezé se ríe tan fuerte que se le descoloca la dentadura postiza. Con sus muchas secuelas, parecen inmensamente felices mientras cantan Cumpleaños feliz. Ya no tienen miedo a los desconocidos ni a salir a la calle. Y los vecinos tampoco los temen, explica Leandra Melo Vidal, coordinadora de las 27 residencias repartidas por Barbacena, que conoce en detalle las historias de cada uno. La adoran.

Algunos de los supervivientes son muy dependientes, pero el cambio experimentado por otros es impresionante. “Con rehabilitación, fueron recuperando capacidades humanas como escoger”, decidir cuándo ducharse o qué ropa ponerse. Les costó abandonar las rutinas de los años intramuros o asumir que podían atesorar pertenencias, comer a placer. Al principio, los terapeutas creyeron que algunos eran mudos porque llevaban 50 años sin pronunciar una palabra —“quizá para protegerse”, aventura Vidal— hasta que un día recuperaron el habla.

Habitacion en el Hospital Colonia en 1959.
Habitacion en el Hospital Colonia en 1959.Luis Alfredo / Ayuntamiento de Barbacena

Mediante programas financiados por la sanidad pública, dejaron atrás una vida en psiquiátricos inhumanos para disfrutar juntos y con dignidad de la vejez. Existen legalmente, reciben una pensión. El proceso para vaciar los hospitales prosigue. Los 85 pacientes crónicos que siguen ingresados serán repartidos por municipios vecinos ante la saturación de Barbacena.

Cuando Geralda era una quinceañera que protestaba desconsolada porque le habían robado su bebé, fue tratada con electrochoque. “Llorar y protestar no te servirá de nada, no lo vas a volver a ver”, le advirtieron entonces. El bombero Siqueira, que le ha dado dos nietos, se alegra de que ella no sufra heridas más profundas: “Dios fue generoso con mi madre, que es una mujer simple, porque si fuera consciente de la violencia que sufrió se habría vuelto loca”.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2021-09-04/barbacena-la-ciudad-manicomio-que-sobrevivio-a-la-muerte-atroz-de-60000-brasilenos.html

 

sábado, 4 de septiembre de 2021

La dignidad de la inteligencia

Fernando Pessoa: una monstruosa personalidad literaria | Otro Ángulo

 La dignidad de la inteligencia está en reconocer que es limitada y que el universo existe fuera de ella. Reconocer, con disgusto o no, que las leyes naturales no se someten a nuestros deseos, que el mundo existe independientemente de nuestra voluntad, que el hecho de estar tristes nada demuestra sobre el estado moral de los astros, ni siquiera de la gente que pasa por delante de nuestras ventanas: en eso está el verdadero uso de la razón y la dignidad racional del alma.

Fernando Pessoa

jueves, 2 de septiembre de 2021

Muere Mikis Theodorakis, el compositor de "Zorba el griego" a quien Grecia tenía en su propio Olimpo

Puede que para buena parte del mundo hoy se haya anunciado la muerte del compositor de una canción universal: Zorba.

Pero a los griegos, en realidad, se les acaba de morir una divinidad.

Mijalis "Mikis" Theodorakis, fallecido este 2 de septiembre en Atenas a los 96 años, fue una de las figuras más importantes y emblemáticas de la Grecia contemporánea.

Y no sólo por su música.

Theodorakis también encarnó las luchas políticas y sociales que marcaron a su país y al mundo en el siglo XX.

Theodorakis en el Parlamento
Además de músico, Theodorakis fue parlamentario, ministro y activista.

Su apellido, que en una traducción libre podría ser regalito de Dios, lleva décadas impreso en la cabeza y el corazón de los griegos.

A ellos verdaderamente se les ha muerto un tesoro nacional.

Dos gigantes

Contar la vida de Mikis, como se le conocía popularmente, es relatar una odisea.

Nacido en julio de 1925 en la isla de Xíos (en español se pronuncia Jios), desde muy pequeño tuvo clara su vocación.

Mijalis "Mikis" Theodorakis
Theodorakis fue un coloso de la creación: su carrera abarca más de 1.000 piezas.

Aunque más tarde realizó estudios formales en París, aprendió a componer solo, escuchando música folclórica y bizantina, y a los 17 años dio su primer concierto.

Nunca más paró.

Ni cuando combatió en la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra Civil que acto seguido desangró a Grecia, ni cuando fue perseguido, torturado y exiliado durante la Junta Militar que gobernó su país entre 1967 y 1974. Sus canciones fueron prohibidas y dos veces lo enterraron vivo.

Nada lo hizo sucumbir. Siempre, en toda circunstancia, fue una presencia imponente, exuberante, expresiva.

Parecía un volcán.

En YouTube hay un video fantástico de un concierto de 1995 en Munich, Alemania, en que Mikis comparte escenario con Anthony Quinn, el famoso actor de origen mexicano que en 1964 protagonizó la película "Zorba el griego", de Mijalis Kakoyiannis.

Theodorakis tenía 70 años y Quinn 80. Cantan, bailan, se besan, se abrazan, se elogian, pero sobre todo disfrutan.

 Son dos gigantes que gozan como niños.

En 2017 circuló otro video que mostraba su grandeza. Aparece dirigiendo ya muy anciano, en silla de ruedas, con una pasión envidiable a un coro de mil personas de 30 ciudades que cantaban en su honor.

Hacia el final rompe en llanto de la emoción, mientras el público le grita maestro, enorme, eterno, el último de los grandes griegos.

Obra maestra

El legado de Mikis Theodorakis es contundente.

Entre cantatas, óperas, sinfonías, ballets, música de cámara, oratorios, películas y canciones populares, su carrera musical llegó a sumar más de mil piezas.

Theodorakis disertando

Fuente de la imagen, Hulton archive


Puede que "Zorba el griego" sea la más conocida, pero no es necesariamente la más alabada.

Para muchos su obra maestra es la "Trilogía (o balada) Mauthausen".

Basada en la trágica experiencia del poeta griego Iakovos Kambanellis en el infame campo de concentración nazi, ha sido descrita como el trabajo musical más hermoso jamás compuesto sobre el Holocausto.

Muchas de las grandes composiciones de Theodorakis están, de hecho, inspiradas en la literatura: entre otras, les puso música a las palabras de sus compatriotas Giorgos Seferis y Odiseas Elytis, al "Romancero Gitano" del español Federico García Lorca y al "Canto General" del Premio Nobel chileno Pablo Neruda.

Son obras épicas, un buen reflejo de su ambición, de su compulsión por crear y mezclar. Lo clásico con lo popular, lo griego con lo universal, lo simple con lo grandioso.

Epitafio

La carrera musical de Mikis se desarrolló en paralelo a un intenso compromiso político.

Theodorakis
El genio de Theodorakis fue reconocido por figuras como Shostakovich, Bernstein y Arthur Miller. Los Beatles grabaron en 1964 su canción "Honeymoon".


Fundó partidos, fue parlamentario, ministro y militante comunista durante gran parte de su vida, aunque en 1989 fue candidato independiente por el partido de centroderecha Nueva Democracia, lo que le valió críticas de quienes lo consideraron un traidor.

Pero especialmente fue un activista, un defensor vociferante de la libertad, el medio ambiente, los derechos humanos y de la infancia y un opositor acérrimo a la violencia y la guerra.

En la década de los 60 se convirtió en una figura sobresaliente en la escena internacional y fue, junto a la actriz y cantante Melina Mercuri, el símbolo de la resistencia a la dictadura en Grecia.

La lista de personalidades que lo recibieron y apoyaron en esa época es destacable e incluye a artistas como Dmitry Shostakovich, Leonard Bernstein y Arthur Miller y a políticos como Yasser Arafat, Francois Mitterand, Olof Palme y Salvador Allende.

Melina Mercuri
Melina Mercuri fue junto a Theodorakis uno de los principales símbolos de la resistencia a la Junta Militar griega.

Su nombre daba y siguió dando la vuelta al mundo.

En 1964 los Beatles grabaron una versión de su canción Honeymoon (Luna de miel), en los 80 Moscú le dio el Premio Lenin de la Paz y en los 90 recibió el Premio Musical de la Unesco.

En 1994 realizó una gira humanitaria que lo llevó a varios países de Europa, Canadá y Estados Unidos dirigiendo una megaorquesta de 150 músicos y cantantes.

Cuando llegó a Washington, el Senado lo recibió con una resolución oficial en que lo honró y aplaudió "su excepcional talento artístico, su profundo amor por su país y su dedicada labor a favor de las grandes causas".

Mikis Theodorakis con sus hijos, en 1968.
Junto a sus hijos Yorgos y Margarita, en 1968., Getty Images

Como esa, hay cientos de frases o palabras sobre él que ahora podrían servir de epitafio: genio, héroe, coloso.

Yo lo vi hace años en el teatro Herodes Ático, a los pies de la Acrópolis ateniense.

Fue esa noche cuando descubrí lo que los griegos ya sabían: que Theodorakis era de esos hombres que son más grandes que la vida, un músico que tenía su propio Olimpo.

El gobierno de Grecia declaró este jueves tres días de duelo oficial.

miércoles, 1 de septiembre de 2021

It is the oldest living vertebrate known on the planet.

This is a 393-years old Greenland Shark that was located in the Arctic Ocean. It's been wandering the ocean since 1627. It is the oldest living vertebrate known on the planet. Photo by Julius Nielsen. Vía
@Iearnhistory