lunes, 5 de septiembre de 2022

Buenas noches

Así viven la Semana Santa otras religiones
Ilustración Elena Ospina
 
 Es un error pensar que lo que no existe no existe. Te lo digo yo, el monstruo de debajo de la cama. Soy el monstruo de debajo de la cama. Nunca me has visto porque cuando te asomas me escondo en tu cabeza. Estoy dentro de tu cabeza cuando miras y debajo de la cama cuando no miras. Jamás te he agarrado de los tobillos cuando cambias las sábanas porque no tengo manos. Jamás te he mordido porque no tengo boca. Jamás me has olido porque no tengo olor. Jamás me atraparás porque no existo. Ahora bien, ten en cuenta que las cosas que no existen, paradójicamente, existen y son las que mayores desarreglos nos provocan. Dios, sin necesidad de existir, ha producido y produce aún, más muertes que las sequías prolongadas. Dios, sin existir, obliga a millones de mujeres a ir con la cabeza y el rostro cubiertos. Sin existir, estuvo a punto de matar hace poco a Salman Rushdie. Sin existir, apoya y mantiene las dictaduras más crueles del universo mundo. Sin existir, manda a miles de inocentes a la horca cada día. Sin existir, tiene representantes en la Tierra a través de los cuales informa acerca de lo que está bien y de lo que está mal.

Es un error pensar que lo que no existe no existe. Te lo digo yo, el monstruo de debajo de la cama. Millones de críos lloran antes de caer rendidos cada noche porque, pese a lo que les aseguran sus padres, notan mi presencia a tan solo unos centímetros de sus frágiles cuerpos. Saben que puedo devorarlos cuando me venga en gana. Su tuviera nariz, olería su pánico, porque el pánico, creo, huele a flores muertas y podridas. ¿Queréis saber por qué vuestros zapatos nunca aparecen por la mañana en el mismo lugar en el que los dejasteis al meteros en la cama? Porque los cambio yo con el pensamiento, aunque tampoco tengo pensamiento.

Todo esto era para deciros que llevéis cuidado con lo irreal porque, aunque os empeñéis en ignorarlo, influye más en vuestras vidas que lo auténtico. Buenas noches.

Fuente: https://asturiaslaica.com/2022/09/02/buenas-noches-por-juan-jose-millas/

domingo, 4 de septiembre de 2022

Cuaderno de memorias coloniales

 Los blancos buscaban a las negras. Las negras eran todas iguales y ellos no distinguían a Madalena Xinguile de Emìlia Cachamba, a no ser por el color de la capulana* o por la forma de la teta, pero los blancos se metían hasta el fondo de los chamizos, sabiendo adónde iban o no, buscando el coño de las negras. Eran unos aventureros. Incansables.
   Las negras tenían el coño grande, decían las mujeres de los blancos, las tardes de los domingos, en la tertulia íntima bajo el enorme anacardo donde se reunían todas, con la barriga hinchada de los langostinos a la brasa, mientras lo maridos salían a dar su vuelta de hombres y las dejaban para que desoxidaran la lengua, porque las mujeres necesitan soltar la lengua unas con otras. Las negras tenían el coño grande, pero ellas decían las partes bajas o las vergüenzas o el asunto. Las negras tenían el coño grande y esa era la explicación de que pariesen como lo hacían, agachadas, mirando al suelo, en cualquier sitio, como lo animales. Su coño era grande. El de las blancas no, el suyo era estrecho, porque las blancas no eran unas perras fáciles, porque el coño sagrado de las blancas solo lo conocía el marido, y poco, con dificultad; eran muy estrechas, por tanto muy serias, y convenía que unas tuviesen muy claro esto de las otras. Las blancas se limitaban al cumplimiento e sus obligaciones matrimoniales, siempre de modo sacrificado, por lo que la fornicación era dolorosa, y evitable, y por eso los blancos buscaban el coño de las negras. Las negras no eran serias, las negras tenían el coño grande, las negras gemían en voz alta, porque las perras disfrutaban con aquello. No valían nada.
   Las blancas eran mujeres serias. ¿Qué amenaza constituía para ellas una negra?¿Qué diferencia había entre una negra y una coneja?¿Qué blanco reconocía los hijos de una negra?¿Cómo era posible que una negra descalza, con la teta colgando, llegada de las chabolas y que apenas sabe decir sí patrón, cierto, patrón, dinero, patrón, sin documentos de identidad, sin libreta de asimilada, pudiera probar que el patrón era el padre de la criatura?¿Qué negra quería ganarse una paliza?¿Cuántos mulatos conocían a su padre?
   Los viejos entraban en las chabolas y pagaban con cerveza , tabaco o capulana por metros a la negra que les apeteciese. Por las buenas o por las malas. Después se abrochaban la bragueta y se largaban a  sus hogares intachables. ¿Cómo podría saber nadie de dónde eran y cómo se llamaban? Los blancos mantenían a la mujer en algún lugar en el centro de la ciudad o en la metrópoli. Y allí volvían.
   Las incursiones sexuales en las barriadas de chabolas no ensombrecían su futuro, porque una negra no reclamaba una paternidad. Nadie le daría crédito alguno.
   Pero, si así lo quería, un blanco podía casarse con una negra. Esta ascendería entonces socialmente y pasaría a ser aceptada, con reservas pero aceptada, porque era la mujer de Simoes, y por respeto a Simoes... Era algo frecuente en el caso de los cantineros y campesinos que vivían lejos de la ciudad, hombres situados en los márgenes de la sociedad colonial decente, que antes o después se asalvajaban.
   Para una blanca, asumir la unión con un negro implicaba el destierro. Un hombre negro, por muy civilizado que fuese, nunca sería lo suficientemente civilizado. 
   Mi padre, ya después del 25 de Abril, de vuelta en Portugal, se rebelaba cuando veía a una blanca con un negro. Se quedaba mirando a la pareja como si viese al diablo.
   Yo le decía, deja de mirar, ¿qué es lo que te interesa tanto? Me respondía que yo no sabía nada, que un negro nunca podría tratar bien a una blanca, como ella merecía. Era otra gente. Otra cultura. Unos perros. Ah, yo no entendía. Ah, yo no podía comprenderlo. Ah, yo era una comunista. ¿Cómo era posible que yo hubiera terminado siendo comunista? 

 * La capulana es el término que designa en Mozambique el tipo de tela estampada con colores y formas vistosas que asociamos ala cultura negra africana. Consiste en una pieza de tela de un metro por dos que puede ser usaa como pareo, falda, portabebés, etc., dependiendo de cómo se doble y disponga la prenda.

Cuaderno de memorias coloniales
Isabela Figueiredo

Acrobacias en la cama

Fuente: https://elpais.com/eps/2022-09-03/acrobacias-en-la-cama.html
 

sábado, 3 de septiembre de 2022

La guerra por la Luna

El Artemis I. Imagen NASA. Luna
El Artemis I, a la espera de partir a la Luna. Imagen: NASA.

 Según un estudio publicado este verano por el Instituto de Ciencia y Tecnología de Japón, China ya es el líder mundial en investigación científica. Los papers más citados son chinos, dos puntos más que los estadounidenses, que siempre habían estado en cabeza. Así que ya no solo publican más cantidad, sino de más calidad. Parece una consecuencia lógica de las decisiones de su gobierno, y de su programa de inversiones en ciencia y tecnología, con el que quiere alcanzar el liderazgo mundial para 2050.

Estados Unidos está preocupado, y no son pocas las voces avisando que muy pronto se verán superados por el gigante asiático. El antiguo jefe de software del Pentágono Nicolas Chaillan aseguró en una entrevista al Financial Times que el ejército de EE. UU. ya no tiene ninguna posibilidad de competir con el chino en tecnologías claves como la inteligencia artificial, aprendizaje automático y ciberseguridad. Chaillan de hecho había dimitido, totalmente frustrado por no poder cumplir con ese plan de defensa, trazado en 1992, que los presidentes estadounidenses siguen al pie de la letra, consistente en impedir a toda costa el éxito de las potencias emergentes.

Y en esta situación ha llegado el lanzamiento de Artemis I, la primera de las misiones con las que la NASA quiere, oficialmente, volver a poner un hombre —negro— y una mujer en la Luna. Pero en realidad es el proyecto para construir una base espacial lunar que permita tanto servir de puerto para misiones a Marte y al resto del Sistema Solar, como explorar las posibilidades de la minería espacial.

No están solos en esto. China quiere llegar casi a la vez, a la misma región lunar, el polo sur en la cara oculta. Bienvenidos a la nueva carrera espacial.

A quién pertenecerá la Luna

Uno de los aspectos de Artemis que más ha enfadado a los chinos, al menos oficialmente, son los lugares de aterrizaje. Esta semana, y con motivo del posible lanzamiento del primer Artemis, la agencia espacial china, CNSA, publicaba un tuit afirmando que los lugares elegidos por la NASA estaban copiados de una investigación publicada en 2019 por la Academia China de Tecnología Espacial, CAST. Y mostraban un mapa comparativo de lugares seguros para el aterrizaje.

Los estadounidenses también mantienen la política de comunicar su cabreo con China en esta carrera espacial. Bill Nelson, máximo administrador de la NASA, no se cansa de repetir que Artemis es un modo de impedir a China apropiarse de la Luna. Desde allí dicen más o menos lo mismo, que los objetivos de la misión no son científicos sino para dominar territorialmente la Luna.

Detrás de este teatrillo político para tener a la opinión pública a favor del multimillonario gasto en proyectos espaciales hay una guerra de dominio geoestratégico, y otra por las materias primas lunares.

La NASA coopera con la ESA europea, y la JAXA japonesa, y espera poner humanos en la Luna en 2025 o 2026. La CNSA, cooperando con Roscosmos, espera conseguirlo en 2030. En términos de misión espacial son fechas muy próximas, y un retraso, un fallo, o un avance por cualquiera de las dos partes podría hacer que las primeras palabras de un humano pisando la Luna de nuevo sean en chino y no en inglés. Eso no significaría necesariamente que un país fuera más fuerte que el otro en ciencia y tecnología, pero sí un mensaje muy potente, evidenciando que Estados Unidos ya no es la primera potencia mundial. Algo que los estadounidenses quieren impedir a toda costa.

En cuanto al polo sur lunar, la afirmación china no es totalmente correcta. El diseño de Artemis, a diferencia de las misiones Apolo, permitirá a cada nave aterrizar en cualquier punto de la Luna. Un satélite en órbita, con una nave de transporte a la superficie lunar, recibirá a las naves que lleguen de la Tierra y bajará al satélite equipos y personas. El polo sur es importante porque se ha comprobado que la temperatura en sus cráteres es más estable que en la superficie, y menos fría, lo que los convierte en lugares idóneos para los hábitats que la NASA quiere construir, y candidatos a tener agua. El hielo será un recurso fundamental para la estación espacial lunar, porque es una buena materia prima para producir oxígeno e hidrógeno, para la respiración humana y para combustible.

A más largo plazo el polo sur puede albergar también minerales críticos para la energía que cambiará el curso de la historia. El proyecto ITER tiene por objetivo conseguir una fusión nuclear estable, que generará una fuente de energía verde y casi ilimitada que acabaría con nuestros problemas actuales. Gas, petróleo, inflación, guerra en Ucrania, etcétera. En el ITER colaboran potencias enemigas en lo político, China, EE. UU., también Rusia, además de Japón, la Unión Europea y Reino Unido. No solo porque su objetivo es extraordinariamente difícil, sino porque una vez logrado no importará tanto tener el conocimiento de cómo se hace como las materias primas para ponerlo en funcionamiento. Las dos más importantes, el helio 3 y el tritio.

Hoy la fusión nuclear se hace uniendo átomos de deuterio y tritio. El tritio se obtiene a partir del litio, y China es quien más reservas de ese mineral tiene del mundo, lo que nos llevaría a una dependencia crítica de este país, análoga al gas y petróleo rusos, con las consecuencias que estamos viendo. Además este proceso de fusión genera residuos radiactivos. La solución es emplear helio 3, un elemento que se genera en el Sol y que el viento solar traslada hasta los planetas. Nuestra atmósfera lo frena, por lo que en la Tierra hay muy poco. Pero en la Luna puede haber en abundancia, lo mismo que tritio, y traerlo hasta aquí con el sistema de transporte de Artemis sería, aunque caro y difícil, posible y muy rentable. Dando además la supremacía energética a la potencia que tenga el dominio de la fusión y el de extracción de helio 3 lunar.

Así que detrás de la misión Artemis I y de los planes chinos para llegar allí en 2030 hay también una guerra por el dominio territorial de la Luna, o de parte de ella.

Qué pasa con el cohete

Termino este boletín sin saber si finalmente hoy sábado despegará el Artemis I. El motivo del retraso no solo es que ir a la Luna sea muy difícil, y que mejor asegurarse de que nada falla, sino que la NASA solo tiene una oportunidad. Y es que mientras las empresas privadas y el gobierno chino se han centrado en crear cohetes reutilizables —la base empresarial de SpaceX—, Artemis ha decidido ser primitiva y hacerlo como con los Apolo. Y no es exactamente porque ya funcionara en el pasado.

El presupuesto de la NASA tiene que ser aprobado por el congreso, formado por senadores, que representan a un estado, y congresistas, elegidos en distritos. Se calcula que la misión Artemis al completo acabe costando 93 000 000.000 millones de euros, y de hecho la agencia espacial ha rebasado el presupuesto original en un 43 %. De aquí al final seguramente los costes sigan aumentando. Así que cuando el Congreso tuvo que elegir entre un cohete reutilizable o uno de único uso, se decidió por aquel que más dinero y empleo llevaría a sus estados y distritos territoriales. De ese modo el dinero público beneficiaría a empresas establecidas en los territorios que ellos representan como políticos. Lo cual no significa que el cohete no sea un prodigio de la ingeniería, la tecnología y la ciencia aplicada, pero sí que hay un solo intento, y si falla, se cae, o explota, dará una ventaja temporal a los chinos. Quienes, por cierto, de momento mantienen su apuesta por los cohetes reutilizables, más económicos.

China ya ha logrado enviar dos sondas a la Luna, siendo además la primera nación que consigue aterrizarlas a la primera en su cara oculta. También tiene a su rover Zhurong circulando por Marte, que además ha llevado a la superficie con una técnica diferente a la empleada por la NASA. Los rovers son fundamentales en la misión Artemis, y lo serán para las estaciones lunares, por eso son un punto importante de la carrera espacial. China tendrá además operando su propia estación espacial, la Tiangong —Palacio Celestial—, en cuya construcción sigue avanzando, mientras que la Estación Espacial Internacional va a destruirse dejándola caer a la Tierra. Para 2031 impactará en el Pacífico, alrededor del Punto Nemo. Sus muchos años y el abandono de la cooperación por parte de Rusia a raíz de las sanciones por la guerra de Ucrania la han condenado.

Así que, en resumen, los chinos parten en buena posición en la carrera espacial, y Artemis, aunque es un proyecto espectacular que empezó a gestarse en el gobierno de George W. Bush, en 2005, tiene todavía muchos retos por delante. Posiblemente durante las siguientes décadas veamos una carrera espacial similar a la que sostuvieron Estados Unidos y la Unión Soviética. Lo que deja muchas preguntas en el aire. Como qué frase pronunciará el astronauta o la astronauta que pise de nuevo el suelo lunar, en qué idioma lo hará, y si se equivocará, o no al decirla. La guerra por la Luna está servida.

Bola extra y posdata: un chiste de ingenieros

En la época de la primera misión Apolo, 1969, corría una historia entre los ingenieros y militares españoles encargados de las estaciones de seguimiento Deep Space. Según ellos, las primeras palabras de Neil Amstrong no fueron «un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad» sino «buena suerte, señor Smith». La NASA las silenció, dado que no eran las pactadas, sin saber a qué venía ese deseo de buena suerte. Al parecer el astronauta, de niño, jugando en su jardín, había oído discutir a sus vecinos. La mujer le gritaba al marido que se la chuparía el día que el hombre pisara la Luna. Esta anécdota apócrifa ocurrió alrededor de 1942, y veintisiete años después aquel niño pisaba, efectivamente, el satélite terrestre. Cabe suponer que la señora Smith abrazara el negacionismo. Nunca pisamos la Luna, querido. Todo fue un montaje.

Fuente: https://www.jotdown.es/2022/09/futuro-imperfecto-11-la-guerra-por-la-luna/

viernes, 2 de septiembre de 2022

Por qué los insectos ya no se estrellan en tu parabrisas: 30 especies se extinguen cada día

Zona reservada para el desarrollo de los insectos en Luxemburgo. (S. D.)
Zona reservada para el desarrollo de los insectos en Luxemburgo. (S. D.)

 Una cuarta parte de los insectos de Europa está hoy al borde de la extinción. Las mariposas en España han caído un 70%. Hay un apocalipsis y toda la cadena alimentaria está en juego

 Cuando un especialista en mariposas sale al campo, rara vez mira el paisaje de frente. Los científicos que estudian estos insectos tienen la costumbre de dirigir su visión hacia los planos inferiores de los prados, y Constantí Stefanescu lleva tantos años estudiando invertebrados que su espalda ha adquirido cierta curvatura. Es un biólogo que trabaja para el Plan de Seguimiento de Mariposas de Cataluña, y hoy ha venido a medir la densidad de insectos en el Parque Natural del Montseny, un bosque al norte de Barcelona, España, que fue declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1978

 El día es cálido y luminoso, condiciones ideales para que un entomólogo evalúe la intensidad con que las mariposas ocupan un prado. Sobre sus hombros, el biólogo lleva una red con la que caza los ejemplares que no puede identificar a distancia, antes de devolverlos a la libertad. Pero hoy apenas necesita utilizarla. De hecho, casi nunca lo hace. "En los últimos 30 años hemos podido comprobar que el 70% de las especies de mariposas de Cataluña está en regresión", explica. "El estado en que se encuentran las mariposas es un indicador del estado general de los insectos. Incluyendo, por ejemplo, las especies que polinizan los cultivos de los que dependemos". 

El Plan de Seguimiento de Mariposas de Cataluña es uno de los pocos programas europeos que evalúan sistemáticamente las poblaciones de insectos en momentos y espacios determinados. "En la comunidad científica, desde hace muchos años, tenemos la impresión de que el declive es enorme, pero la financiación para estudiar los insectos siempre ha sido escasa", admite Axel Hochkirch, que dirige el Departamento de Invertebrados de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y es uno de los entomólogos más reconocidos del planeta (tanto es así que hace un par de meses se bautizó con su nombre una nueva especie de grillo descubierta en la isla de Creta, Grecia: Leptophyes axeli). En toda Europa, entre los científicos que estudian los insectos, existe esta broma recurrente: un mosquito no es tan sexy como un lobo, al menos cuando se trata de conseguir fondos para la investigación.

 "Hace cinco años, sin embargo, todo cambió", dice Hochkirch. En octubre de 2017, la Sociedad Entomológica de Krefeld (Alemania) publicó un estudio que hizo saltar las alarmas en todo el mundo. Con acceso a datos poco comunes recogidos durante 27 años, los científicos pudieron determinar que en menos de 30 años en las reservas ecológicas germánicas se produjo una pérdida de biomasa de bichos voladores del 75%. En los meses de verano, cuando los invertebrados están más presentes, las cifras llegaban al 82%. La noticia se extendió rápidamente por todo el mundo, y los periódicos informaron de que estaba en marcha un apocalipsis de los insectos, o Armagedón.

Desde entonces, se han multiplicado los esfuerzos científicos para evaluar el alcance del problema. Las cifras no son nada alentadoras. "Los estudios más recientes de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza indican que 30 especies desaparecen diariamente de la faz de la Tierra", dice Horchkirch, que dirigió estas mismas investigaciones. También fue él quien dirigió los esfuerzos internacionales para crear una lista roja de invertebrados europeos sin precedentes. "Gracias a ese esfuerzo realizado entre investigadores de todo el continente, pudimos determinar que una cuarta parte de los insectos del continente está actualmente en peligro de extinción".

Para Alain Klein, biólogo del Parque Natural de Our, una de las tres reservas ecológicas que existen en Luxemburgo, la expresión "apocalipsis de los insectos no es tan incorrecta". El pequeño Gran Ducado fue uno de los primeros países europeos en apresurarse a crear un plan de protección de los insectos, y Klein ha estado en este proyecto desde el primer día. "Hay una emergencia que no podemos ignorar, tenemos que empezar a abordar el tema ahora".

En el Centro de Investigación en Biodiversidad y Recursos Genéticos de la Universidad de Oporto, la entomóloga Sónia Ferreira habla de una carrera contrarreloj. "A medida que se revelan más datos, nos damos cuenta de que tenemos un enorme problema entre manos, aunque sea invisible para la mayoría de la gente. El mundo tal y como lo conocemos está en peligro. Sin los insectos, toda la cadena alimentaria del planeta está en juego". 

Foto: S. D.
Foto: S. D.

 El fenómeno, dice Ferreira, es visible a simple vista: "Si lo pensamos, hace unos años, cuando viajábamos unos cientos de kilómetros en coche en verano, había un momento en que necesitábamos parar en una estación de servicio para limpiar los cristales. Ahora hemos conseguido recorrer miles de kilómetros sin esa preocupación. Es hora de pararse a pensar en el miedo que da eso". En mayo de este año, un grupo de científicos británicos utilizó precisamente esta técnica para evaluar el declive. Comparando los datos de 2004 con los de 2021, los entomólogos del Kent Wildlife Trust pudieron determinar una pérdida del 65% de los insectos voladores que aparecen en las matrículas de los coches que circulan por Inglaterra. La misma técnica también había sido utilizada por biólogos daneses midiendo datos con 20 años de diferencia, en un estudio publicado en 2019: en un trayecto de 1,2 kilómetros por la campiña danesa, la reducción de bichos en las ventanillas de los coches fue del 80%. En un trayecto de 25 kilómetros, fue del 97%. La base de la cadena alimentaria del planeta está desapareciendo.

Lisa Reiss, bióloga de la Universidad de Tréveris, uno de los principales centros de investigación entomológica de Alemania, lo explica así: "Estamos en un gran experimento global que no podemos reproducir y del que desconocemos el resultado. La humanidad no querrá saber cuál es el resultado de ese experimento".

El efecto mariposa

La extinción total de los insectos es un escenario poco probable. A Axel Hochkirch le preguntan a veces si serán las diminutas criaturas o los humanos los que desaparezcan primero, y el científico tiene pocas dudas: "Los humanos irán primero". Su argumento es sencillo: "Los invertebrados están aquí mucho antes que nosotros, y constituyen tres cuartas partes de las especies del planeta. Sería arrogante pensar que les sobreviviremos". 

Pero hay otro punto en el que el científico insiste. Los insectos desempeñan funciones esenciales para la vida humana: los servicios del ecosistema. Un tercio de todos los alimentos que consumimos depende de la polinización, por ejemplo. Y si ese es el problema, las señales ya son de alarma. A finales de julio, los precios del aceite de girasol se habían disparado en todo el mundo debido a la guerra en Ucrania. En India, tercer consumidor mundial, los agricultores se encontraron con un problema: había que aumentar la producción nacional, pero las abejas se habían vuelto tan escasas en el sur del país, donde se encuentran las grandes plantaciones, que los girasoles simplemente no florecían.

Este verano, los agricultores del distrito de Tenkasi no tuvieron más remedio que polinizar las plantas a mano. Se trata de un proceso largo y complicado, en el que manos humanas recogen el polen de cada flor con un paño y lo frotan con otro. Para satisfacer la demanda, hay que contratar a trabajadores, lo que encarece los costes de producción, y no resuelven el problema tan rápidamente como los polinizadores

 En el sur de China, y especialmente en la provincia de Sichuan, la región de los grandes huertos de peras y manzanas, la cuestión es objeto de un intenso debate desde hace más de una década. En la actualidad, casi toda la polinización en la región se realiza manualmente, algo que los expertos consideran insostenible a medio plazo. De momento, la cuestión es asiática, pero la desaparición de los polinizadores en Europa también preocupa. 

 Guillem Mas conduce su Jeep por el Pirineo catalán hasta un prado a 1.600 metros de altura. "Compramos unos terrenos aquí para proteger las mariposas hormigueras, que están desapareciendo a una velocidad vertiginosa", dice el biólogo español de Paisatges Vius, una asociación que trabaja por la recuperación de hábitats en esta región. Habla de una especie de mariposa de montaña llamada Phengaris alcon. Un insecto de alas azules conocido por su peculiar ciclo vital, y también por ser un importante polinizador en los paisajes de altura. 

 Estas mariposas copulan en plantas específicas de los Pirineos, y es allí donde las hembras ponen sus huevos. Cuando la larva sale, se alimenta de las flores de estas plantas. En tres semanas desarrolla una forma y un olor similares a los de las larvas de hormiga. Entonces cae al suelo y es recogida y llevada a un hormiguero. Engañadas, las hormigas la llevan al nido, y durante 10 meses se alimenta de huevos de hormiga. A mediados de la primavera, comienza a formar una crisálida y no abandona el hormiguero hasta principios del verano. 

"El problema ahora es el cambio radical en la gestión del territorio que pone en peligro la viabilidad de estos animales", dice Mas. Las hormigueras solo se dan si hay plantas y hormigas específicas que apoyen su ciclo vital. Pero los prados donde prosperan estas especies eran pastoreados por ovejas y cabras. "En los últimos 20 años, las vacas han ocupado su lugar. Consumen mucha más hierba, lo que impide la floración ideal para los insectos", continúa.  

Sin estas mariposas, el paisaje pierde biodiversidad. Y, a falta de diversidad, los campos se vuelven menos productivos. "Entonces se compensa la falta de insectos con más fertilizantes, con más pesticidas, lo que crea un círculo vicioso en el que las especies no pueden revertir la amenaza", dice el científico español. "Todos sufrimos por ello".

"El cambio climático es una parte del problema, pero no es la gran cuestión que explica la hecatombe de insectos", dice el biólogo luxemburgués Alain Klein. Los monocultivos que han invadido los paisajes, la producción intensiva —sobre todo de ganado y de los campos que lo alimentan— y los pesticidas y fertilizantes que ahora se utilizan a gran escala para hacer fértil la tierra explican en última instancia la ruina de los invertebrados. "A medida que las poblaciones humanas crecen, también lo hacen las necesidades alimentarias. Pero la forma en que promovemos este consumo a gran escala acabará por cavar nuestra propia tumba", defiende Klein. 

 Edward O. Wilson, el científico estadounidense fallecido el año pasado y considerado el padre de la sociobiología y la biodiversidad, escribió en 1987 en su libro ‘Conservation Biology’: "Estimo que hay 42.850 especies de vertebrados en todo el mundo, de las cuales 6.300 son reptiles, 9.040 son aves y 4.000 son mamíferos. En cambio, se han descrito 990.000 especies de invertebrados —de las cuales solo 290.000 son abejas—, siete veces el número de todos los vertebrados juntos". El capítulo que dedicó a la conservación de los insectos se llamaba curiosamente ‘Las pequeñas cosas que dirigen el mundo’. Y su conclusión en el estudio era bastante clara: "Necesitamos a los insectos para sobrevivir, sí. Pero ellos no nos necesitan en absoluto".

 Fuente: https://www-elconfidencial-com.cdn.ampproject.org/c/s/www.elconfidencial.com/amp/mundo/europa/2022-08-31/insectos-capitulo1-alarma_3481250/

jueves, 1 de septiembre de 2022

Busquen una pradera

"Un trébol y una abeja bastan para crear un prado:
un trébol, una abeja 
y fantasía.
La fantasía basta por sí sola,
cuando hay pocas abejas".
 
 Emily Dickinson

Tengo que hacer una confesión. Podría argumentar que la biodiversidad es impresindible para nuestra supervivencia, que necesitamos a las abejas para que polinicen nuestros cultivos y todo lo demás y que, por tanto, deberíamos reservar determinadas zonas para la conservación. Pero es que creo que, lisa y llanamente, no hay un lugar más hermoso para pasar un día de verano que una pradera. Si nunca lo han hecho, busquen una pradera de flores silvestres -aunque quedan pocas, es probable que encuentren alguna no desmasiado lejos-, vayan sin compañía y siéntense entre la hierba para empaparse de su ambiente. Presten atención a los sonidos: el zumbido de los abejorros, el canto de los grillos, los gritos de las musarañas que combaten escondidas entre los tallos y los melodiosos trinos de las alondras perfiladas contra el fondo del cielo. Deléitense con el perfume de las flores y la fragancia que desprenden la albahaca, el tomillo y el galio al pisarlos. Fíjense en el tumulto de colores: malvas, amarillos, púrpuras y rosas. Es lo más parecido al paríso que la mayoría de nosotros probablemente lleguemos a conocer. ¿Qué más razones necesitamos para crear y cuidar estos espacios?

Una historia con aguijón
Dave Goulson  

miércoles, 31 de agosto de 2022

Luces y sombras de Mijaíl Gorbachov (1931-2022)

Dos trabajadores del Palacio del Pardo izan la bandera soviética en uno de los balcones del edificio, residencia oficial de Mijaíl Gorbachov durante su viaje oficial a España en 1990. Una fotografía de Marisa Florez.

El gran ruso universal que minusvaloró al imperialismo

Fallecido esta noche a los 91 años de edad, Mijaíl Gorbachov fue un político extraordinario; honesto, valeroso y humanista. Es el único político que he conocido y tratado personalmente cuya foto tengo enmarcada en mi biblioteca. Si hubiera podido tratar a Mandela, Gandhi, Ho Chi Minh o al Che, y posar junto a ellos, los tendría también, pero no fue el caso. Era un tipo simpático. Con sentido del humor y exento de toda arrogancia. Con las mejores cualidades del hijo de muzhik de Stávropol que era.

Gorbachov tendía a ver en los demás el aspecto positivo. Creía en la capacidad de las personas y sociedades en avanzar hacia algo mejor. Sin ese fondo de ingenuidad y optimismo sobre las personas y sobre el mundo, nunca habría podido proponerse metas como acabar con la guerra fría o democratizar el sistema soviético.

La ingenuidad y el optimismo, además de la valentía, son imprescindibles en un político que quiera cambiar las cosas. Esos rasgos convierten a Gorbachov en una figura universal. Armados únicamente del pragmatismo y del cálculo aritmético, los realistas nunca cambiarán el mundo. Si además son mediocres administradores de “lo que hay” y están sometidos a intereses financieros, empresariales y oligárquicos, como suele ser el caso, el asunto no tiene vuelta de hoja…

Pero Gorbachov era, al mismo tiempo, un animal político. Lo más curioso de su ingenuidad era que convivía con la piel de lobo, con las habilidades necesarias para moverse y ascender en el mundo de la nomenclatura soviética, un universo lleno de intrigas por el que ascendió desde lo más bajo hasta lo más alto. Aún más curioso fue que en ese ascenso, Gorbachov fuera potenciado por sus mentores -fundamentalmente por Yuri Andrópov- precisamente por el fondo de honestidad que se veía en él y que lo hacía preferible a otros, como Gregori Románov o Viktor Grishin, en la URSS de los setenta y ochenta. Ese hecho sugiere que un sistema, que históricamente era a la vez heredero de Stalin y de la desestalinización, un sistema que creíamos tan podrido, quizá no lo fuera tanto puesto que algunos de sus máximos responsables aún eran capaces de distinguir, valorar y potenciar las cualidades positivas de Gorbachov y preferirlas a los rasgos de sus adversarios.

En el grupo dirigente soviético que le acompañó, había otros personajes a los que traté personalmente y siempre consideré como honestos; el primer ministro Vladímir Rizhkov, por ejemplo, o el miembro del politburó Yegor Ligachov, que acabó siendo un adversario de Gorbachov y al que la leyenda occidental convirtió en una especie de demonio con rabo y cuernos, o el Mariscal Sergei Ajromeyev… Pero Gorbachov destacaba claramente entre todos ellos.

Anomalía nacional

Desde el punto de vista de la secular tradición del poder moscovita, Gorbachov es una anomalía. Esa tradición, tanto con el llamado comunismo como en la época zarista, se fundamenta en la autocracia. La tendencia natural del gobernante autócrata es acumular y centralizar más y más poder en su persona. Gorbachov rompió con esa lógica. Delegó poder de autócrata en cámaras representativas. Eso no tiene precedentes en la secular historia rusa y fue interpretado como debilidad por la arcaica y tradicional mentalidad de la sociedad. Gorbachov iba claramente por delante de ella. Creía en la democratización -y en un socialismo más humano- y se suicidó políticamente en aras de esa creencia, porque en Rusia fue un general sin ejército para aquella causa. Recuerdo sus declaraciones, muy claras, ante una veintena de periodistas rusos y extranjeros reunidos en el Kremlin el día que le disolvieron la URSS, en la que mencionó la soledad de Jesucristo en la cruz. Lo hizo sin la más mínima pretensión. Los periodistas rusos allí presentes no entendieron aquella analogía. Los americanos, Bill Keller luego director de The New York Times, David Remnick de The Washington Post, sonrieron cínicamente. Yo me quedé boquiabierto. Y él era consciente de aquella incomprensión, pero le daba igual: estaba en paz consigo mismo. Por eso no es una figura trágica, como afirman equivocadamente tantos observadores.

Gorbachov fue un socialdemócrata, pero un socialdemócrata en las condiciones de la URSS. En un universo sin poder financiero, sin propiedad privada y donde lo político dominaba a lo económico, ser socialdemócrata no tenía nada que ver con el SPD o el PSOE. Era democratizar el socialismo. Palabras mayores sin la menor relación con la acción de los Mitterrand, Soares, González y demás personajes.

La sociedad rusa que tanto criticó a Gorbachov prefirió seguir a caudillos como Boris Yeltsin, o luego Vladímir Putin, mucho más tradicionales y acordes con su mentalidad. Gorbachov no tuvo nada que ver con la creación del actual sistema político ruso, un conglomerado de estatismo moscovita y capitalismo parasitario de magnates. Al revés, con Gorbachov como Zar, el adversario, Boris Yeltsin, ganó unas elecciones. Pero Yeltsin ya no consintió lo mismo: cuando su poder fue puesto en cuestión sacó los tanques y disparó contra su parlamento fiel a la tradición autocrática y entre el aplauso de Occidente. El sistema político de la Rusia de hoy es hijo de Yeltsin, y de Occidente, tanto o más que de la tradición soviética. El futuro, si es que vamos hacia un mundo mejor, queda para el ejemplo y los precedentes que Gorbachov sentó.

Demasiado optimista hacia Occidente

En política internacional, Gorbachov emprendió algo también glorioso. Se centró en la cancelación del conflicto Este-Oeste con la idea de abordar los retos del siglo que amenazan a toda la humanidad: el Apocalipsis nuclear, el calentamiento global, la desigualdad Norte/Sur, las pandemias, añadiríamos ahora… En definitiva, la necesidad en el siglo actual de un mundo integrado. Para ello hablaba de “desarrollar el enorme potencial del socialismo” y de la necesidad de propiciar una nueva civilización, un concepto que tomó de Einstein y fue siempre su referencia finalista.

Todo eso que dicho por un predicador de provincia habría sido banal e irrelevante, era, por errático que fuera, sensacional en boca del líder de una de las dos superpotencias mundiales. Pero en ese camino glorioso se olvidó del imperialismo, es decir del dominio mundial de las naciones más fuertes sobre las menos, del desarrollo desigual y de la competición por recursos. Aún nos falta perspectiva histórica para juzgarlo, pero es evidente que ese olvido fue nefasto y garrafal.

Con la URSS aún no disuelta, Occidente recibió luz verde para amarrar un poco más su control sobre el petróleo, con la primera guerra de Irak. Luego todos los espacios de los que la URSS se retiró fueron ocupados por la OTAN contra Rusia, operación que continua aún hoy con dramáticas consecuencias bélicas. En Occidente no creían en ninguna “nueva civilización”. Los interlocutores de Gorbachov eran políticos vulgares y reaccionarios como Ronald Reagan o Margaret Thatcher o socialdemócratas que abrazaron el neoliberalismo de aquellos, como Mitterrand o González. Y en el sistema en el que estaban insertos esos líderes no había la menor intención de reforma. Gorbachov demostró que lo irreformable no era el comunismo, sino el capitalismo.

En la operación de la reunificación alemana, cometió un error monumental sobre el que discutimos acaloradamente en varias ocasiones: podría haber condicionado la reunificación a la firma de un documento que excluyera la pertenencia de Alemania a la OTAN así como su ampliación al Este, aspecto que quedó en poco más que declaraciones verbales de buenas intenciones. Gorbachov no lo hizo pese a que la opinión pública alemana estaba claramente de acuerdo con ello. El oportunismo occidental, y en especial de Estados Unidos, que sin la OTAN perdía su control sobre Europa, el caos ruso de los años noventa, con tres golpes de estado, y la ansiedad de los antiguos vasallos de Moscú por ser vasallos de Washington, pusieron el resto. Por todo ello, la retirada imperial de Rusia no contribuyó a la necesaria integración mundial, sino al avance y crecimiento del otro gangster global de la guerra fría que desde entonces va de una guerra a otra. Fue una gran ocasión perdida. Esperemos que no sea irremediable para la humanidad y el planeta.

Un cuarto de siglo después del fin de la guerra fría, los muros Norte/Sur, viejos y nuevos, convierten en minucia aquel “telón de acero” del comunismo. La falta de libertad que había en los países de Europa del Este en el marco de aquella mezcla de socialismo y dictadura, palidece al lado de la pobreza, y las relaciones de desigualdad, explotación y vasallaje que imperan en la mayor parte del mundo, incluidos algunos de los países antes dominados por la URSS y que hoy padecen la habitual mezcla de democracia de baja intensidad y capitalismo.

Desde ese punto de vista, el de Gorbachov es un balance muy, muy ambiguo. Pero pese a ese balance creo firmemente que puede considerarse a Mijaíl Gorbachov como una de las grandes personalidades del Siglo XX. Un ruso universal que podemos colocar en la galería de los grandes hombres universales, al lado de los Mandela, Gandhi, Ho Chi Minh o Che Guevara.

Fuente: https://rafaelpoch.com/2022/08/30/luces-y-sombras-de-mijail-gorbachov-1931-2022/

sábado, 27 de agosto de 2022

Lope

                                    ... amando 
ninguna cosa el corazón esconde

Lope de Vega

El fin de la abundancia

Foto: MOHAMMED BADRA (AP)

 Hay que decrecer, sí, pero de verdad, repartiendo y haciendo justicia social

Un día lo tienes todo y, de repente, todo cambia. En Europa la sensación es de cambio de época. Lo que ayer parecía ridículo hoy es evidente. Lo que ayer era imposible hoy es lo natural. Se empieza a hablar de racionamiento, disfrazado de “medidas de ahorro”. Se nacionalizan empresas estratégicas – en muchos casos para socializar pérdidas-. Se comienza a decir en las más altas instancias que este invierno será muy duro. Y, de repente, en pleno Consejo de Ministros, el presidente francés, Emmanuel Macron, le pone palabras a este momento axial, y con gesto compungido, declara “el fin de la abundancia”.

El fin de la abundancia. Nada menos. El trasfondo de semejantes declaraciones es gigantesco y los porqués de las mismas vamos a padecerlos en unos pocos meses, pero... ¿Qué pensaran de las palabras de Macron millones de trabajadores que viven con lo justo? ¿Dónde estaba esa abundancia que ahora nos dicen que ha acabado?

Para la mayor parte de la clase trabajadora de los países occidentales la renta real ha ido disminuyendo sin cesar desde los años ochenta del siglo pasado. La historia de la clase media europea en las últimas décadas de neoliberalismo y desregulación financiera ha sido una de progresivo empobrecimiento. Una en la que la mayor parte perdíamos poder adquisitivo para sostener el obsceno beneficio de unos pocos. Y ahora nos dicen que se acabó la abundancia.

Se acerca el otoño. Sí, el astronómico, pero también El Otoño de la Civilización, del que tantas veces hemos hablado –anticipándonos a nuevas excusas que ahora se usan para tratar de tapar la luna con un dedo–. Ese momento en el que habrá que tomar decisiones difíciles para evitar un Invierno letal y perpetuo y poder llegar así a una nueva Primavera en la cual una sociedad realmente sostenible pueda florecer sin dañar las ya maltrechas bases de la Vida.

Antes de atravesar ese Otoño, lo hemos repetido hasta la saciedad, antes de que la escasez de recursos y la crisis ambiental nos abrumen, tenemos que prepararnos, haciendo acopio de lo imprescindible, cambiando los modos de producir para priorizar el bienestar general por encima del beneficio particular y, sobre todo, repartiendo mejor, entendiendo que, o nos salvamos la gran mayoría, o pereceremos como Civilización. Es algo estudiado en profundidad y conocido: una sociedad desigual se deshilacha y desangra entre las brechas que permite en su seno. La clave de una sociedad que se sostiene está en la fortaleza de la base, no en la aparente brillantez que se puede contemplar desde su cima.

Durante años, desde cientos de lugares, se ha explicado lo evidente: que el planeta es grande pero no infinito, que estábamos chocando contra sus límites biofísicos. Hemos acumulado evidencia científica de que el clima se desbocaba –como ahora ya estamos padeciendo–, de que faltarían recursos incluso para mantener las cosechas, de que la inflación destruiría a la clase media. Nos cargábamos de razones para decir que hacía falta parar, que hacía falta repensar, que debíamos emprender un nuevo rumbo: que necesitábamos decrecer, sí. Pero durante todo este tiempo, nuestros líderes políticos y económicos nos han ignorado. Han preferido seguir escuchando los cantos de sirena del poder económico a los cientos de académicos, divulgadores, activistas o simplemente gente concienciada que hemos repetido una y otra vez la evidencia de que un mundo finito no podía albergar ambiciones infinitas. La posibilidad de un decrecimiento fue ridiculizada y ninguneada (a veces, con mala leche, confundida torticera y deliberadamente con propuestas apocalípticas del fin del mundo). El clásico difama, difama, que algo queda.

Pero dejemos el pasado y volvamos a la escena inicial: ¿qué nos está diciendo Macron con la cabeza gacha y rehuyendo la mirada? Lo que nos está diciendo es que el experimento neoliberal, que nos ha atenazado desde el There is no alternative de Thatcher y Reagan de principios de los años 80, ha fracasado. Ha fracasado estrepitosamente. Y ha fracasado porque no hay gas suficiente, no hay diésel, fallan las cosechas por la combinación de un cambio climático desbocado con la falta de fertilizantes, y encima, a la Francia muy nuclear y mucho nuclear, le falla su núcleo: en este momento, 31 de las 57 centrales nucleares francesas están paradas, y la mayoría lo estará por largo tiempo. El invierno del 2022 será durísimo en Francia, el país que dio origen a las ideas decrecentistas. El modelo del crecimiento infinito en un planeta finito no podía funcionar, y no ha funcionado. Pero la mirada de Macron dice más, mucho más. Está diciendo: “Y esto va a recaer sobre vuestras espaldas”.

Ninguno de nuestros líderes quiere reconocer la verdad. Le echan la culpa de todo a “la guerra en Ucrania”, cuando a finales del 2021 la crisis energética mundial ya era evidente, cuando ya comenzaba a haber problemas de suministros de todo tipo y aumentos de precios fuera de toda lógica.

Y respecto a la crisis climática, qué decir. Se ha ido gestando durante décadas y décadas. Nuestros líderes no quieren reconocer que su único plan de gobierno, el crecentismo –la inercia de los negocios como siempre– está fracasando estrepitosamente y causando dolor y sufrimiento en todo el mundo.

Porque en este momento hay revueltas en decenas de países por el precio de la energía y de los alimentos, pero eso no sale en los telediarios. Nos dicen cínicamente que todos los problemas del mundo, incluso los que comenzaron en 2021, son debidos a la guerra de Ucrania. Tanto si Australia prohíbe la exportación de carbón para evitar apagones en Sídney como si la multitud asalta dos veces el parlamento de Irak. Tanto si queman panaderías en Irán como si los panaderos de Nigeria se declaran en huelga por falta de harina. Tanto si falta diésel en el norte de Argentina como si lo hace en el norte de Alemania, en Austria o en la costa este de los EE.UU.

Lo que Macron –aunque hay que reconocerle el atrevimiento– no tiene arrestos para reconocer aún, es que ese fin de la abundancia que preconiza será penoso porque realmente no quieren cambiar lo único que realmente sería importante cambiar: este sistema económico suicida, ecocida y liberticida. Pretenden pilotar esa nueva tanda de austeridad y miseria con las mismas recetas de siempre, e incluso quizá apropiándose/desactivando la palabra “decrecimiento”, como ya intentaron por ejemplo en el foro de Davos.

Solo que ya nada funciona como antes: un día Europa aprueba que el gas y la nuclear son verdes; otro, que se pueda consumir más carbón al tiempo que dice fomentar unas renovables con una viabilidad cada vez más puesta en tela de juicio. En Alemania llegan al absurdo de proponer generar electricidad quemando diésel, cuando falta diésel en la propia Alemania. En Japón quieren abrir nuevas centrales nucleares cuando no han sido capaces aún de contener el desastre de Fukushima y cuando la extracción mundial de uranio cae inexorablemente, víctima de los límites geológicos del planeta, y ya está un 24% por debajo de los niveles de 2016, mientras Francia mantiene a la desesperada sus tropas destacadas en Níger con la esperanza de parar la sangría del descenso de las minas de ese país, que proveía el 40% del uranio consumido en el país galo.

Es muy simple: los mismos que nos han metido en este embrollo no tienen ni la más remota idea de cómo salir de él. No la tienen porque se niegan a aceptar una simple verdad: hay que decrecer, sí, pero de verdad, repartiendo y haciendo justicia social.

Es el fin de la historia de Fukuyama, pero no el que él pensaba. Y muy probablemente la única manera de que la Historia continúe de buena manera sea asumir que lo es. Ya lo decía Cortazar: “Nada está perdido si se tiene el valor de reconocer que todo está perdido y hay que comenzar de nuevo”.

Señor Macron: es verdad, es el fin de la abundancia. De la abundancia de engaños, de excusas, de eufemismos y también de la hipocresía y avaricia sin límites de las grandes corporaciones. Esas son las abundancias a las que hay que poner fin de inmediato. Si eliminamos esas abundancias, las que usted no quiere tocar, entonces podremos tener abundancia de lo que es realmente importante para todos los seres humanos de este planeta.

 Fuente: https://ctxt.es/es/20220801/Firmas/40597/emmanuel-macron-abundancia-decrecimiento-justicia-social.htm

viernes, 26 de agosto de 2022

Opinión generalizada

https://www.newyorker.com/magazine/2019/03/18/john-williams-and-the-canon-that-might-have-been


 ...Habían sido criados en una tradición que les decía, de una manera u otra, que la vida mental y la vida de los sentidos eran distintas y, de hecho, contrapuestas. Habían creído, sin ni siquiera haberlo meditado realmente, que una tenía que ser elegida a expensas de la otra. Nunca se les había ocurrido que una pudiera dar intensidad a la otra..

Stoner 
John Williams