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| El Artemis I, a la espera de partir a la Luna. Imagen: NASA. |
Según un estudio publicado este verano por el
Instituto de Ciencia y Tecnología de Japón, China ya es el líder mundial
en investigación científica. Los papers más citados son
chinos, dos puntos más que los estadounidenses, que siempre habían
estado en cabeza. Así que ya no solo publican más cantidad, sino de más
calidad. Parece una consecuencia lógica de las decisiones de su
gobierno, y de su programa de inversiones en ciencia y tecnología, con
el que quiere alcanzar el liderazgo mundial para 2050.
Estados Unidos está preocupado, y
no son pocas las voces avisando que muy pronto se verán superados por el
gigante asiático. El antiguo jefe de software del Pentágono Nicolas Chaillan aseguró en una entrevista al Financial Times
que el ejército de EE. UU. ya no tiene ninguna posibilidad de competir
con el chino en tecnologías claves como la inteligencia artificial,
aprendizaje automático y ciberseguridad. Chaillan de hecho había
dimitido, totalmente frustrado por no poder cumplir con ese plan de
defensa, trazado en 1992, que los presidentes estadounidenses siguen al
pie de la letra, consistente en impedir a toda costa el éxito de las
potencias emergentes.
Y en esta situación ha llegado el
lanzamiento de Artemis I, la primera de las misiones con las que la NASA
quiere, oficialmente, volver a poner un hombre —negro— y una mujer en
la Luna. Pero en realidad es el proyecto para construir una base
espacial lunar que permita tanto servir de puerto para misiones a Marte y
al resto del Sistema Solar, como explorar las posibilidades de la
minería espacial.
No están solos en esto. China
quiere llegar casi a la vez, a la misma región lunar, el polo sur en la
cara oculta. Bienvenidos a la nueva carrera espacial.
A quién pertenecerá la Luna
Uno de los aspectos de Artemis que
más ha enfadado a los chinos, al menos oficialmente, son los lugares de
aterrizaje. Esta semana, y con motivo del posible lanzamiento del
primer Artemis, la agencia espacial china, CNSA, publicaba un tuit
afirmando que los lugares elegidos por la NASA estaban copiados de una
investigación publicada en 2019 por la Academia China de Tecnología
Espacial, CAST. Y mostraban un mapa comparativo de lugares seguros para el aterrizaje.
Los estadounidenses también mantienen la política de comunicar su cabreo con China en esta carrera espacial. Bill Nelson, máximo administrador de la NASA, no se cansa de repetir
que Artemis es un modo de impedir a China apropiarse de la Luna. Desde
allí dicen más o menos lo mismo, que los objetivos de la misión no son
científicos sino para dominar territorialmente la Luna.
Detrás de este teatrillo político
para tener a la opinión pública a favor del multimillonario gasto en
proyectos espaciales hay una guerra de dominio geoestratégico, y otra
por las materias primas lunares.
La NASA coopera con la ESA
europea, y la JAXA japonesa, y espera poner humanos en la Luna en 2025 o
2026. La CNSA, cooperando con Roscosmos, espera conseguirlo en 2030. En
términos de misión espacial son fechas muy próximas, y un retraso, un
fallo, o un avance por cualquiera de las dos partes podría hacer que las
primeras palabras de un humano pisando la Luna de nuevo sean en chino y
no en inglés. Eso no significaría necesariamente que un país fuera más
fuerte que el otro en ciencia y tecnología, pero sí un mensaje muy
potente, evidenciando que Estados Unidos ya no es la primera potencia
mundial. Algo que los estadounidenses quieren impedir a toda costa.
En cuanto al polo sur lunar, la
afirmación china no es totalmente correcta. El diseño de Artemis, a
diferencia de las misiones Apolo, permitirá a cada nave aterrizar en
cualquier punto de la Luna. Un satélite en órbita, con una nave de
transporte a la superficie lunar, recibirá a las naves que lleguen de la
Tierra y bajará al satélite equipos y personas. El polo sur es
importante porque se ha comprobado que la temperatura en sus cráteres es
más estable que en la superficie, y menos fría, lo que los convierte en
lugares idóneos para los hábitats que la NASA quiere construir, y
candidatos a tener agua. El hielo será un recurso fundamental para la
estación espacial lunar, porque es una buena materia prima para producir
oxígeno e hidrógeno, para la respiración humana y para combustible.
A más largo plazo el polo sur
puede albergar también minerales críticos para la energía que cambiará
el curso de la historia. El proyecto ITER tiene por objetivo conseguir
una fusión nuclear estable, que generará una fuente de energía verde y
casi ilimitada que acabaría con nuestros problemas actuales. Gas,
petróleo, inflación, guerra en Ucrania, etcétera. En el ITER colaboran
potencias enemigas en lo político, China, EE. UU., también Rusia, además
de Japón, la Unión Europea y Reino Unido. No solo porque su objetivo es
extraordinariamente difícil, sino porque una vez logrado no importará
tanto tener el conocimiento de cómo se hace como las materias primas
para ponerlo en funcionamiento. Las dos más importantes, el helio 3 y el
tritio.
Hoy la fusión nuclear se hace
uniendo átomos de deuterio y tritio. El tritio se obtiene a partir del
litio, y China es quien más reservas de ese mineral tiene del mundo, lo
que nos llevaría a una dependencia crítica de este país, análoga al gas y
petróleo rusos, con las consecuencias que estamos viendo. Además este
proceso de fusión genera residuos radiactivos. La solución es emplear
helio 3, un elemento que se genera en el Sol y que el viento solar
traslada hasta los planetas. Nuestra atmósfera lo frena, por lo que en
la Tierra hay muy poco. Pero en la Luna puede haber en abundancia, lo
mismo que tritio, y traerlo hasta aquí con el sistema de transporte de
Artemis sería, aunque caro y difícil, posible y muy rentable. Dando
además la supremacía energética a la potencia que tenga el dominio de la
fusión y el de extracción de helio 3 lunar.
Así que detrás de la misión
Artemis I y de los planes chinos para llegar allí en 2030 hay también
una guerra por el dominio territorial de la Luna, o de parte de ella.
Qué pasa con el cohete
Termino este boletín sin saber si
finalmente hoy sábado despegará el Artemis I. El motivo del retraso no
solo es que ir a la Luna sea muy difícil, y que mejor asegurarse de que
nada falla, sino que la NASA solo tiene una oportunidad. Y es que
mientras las empresas privadas y el gobierno chino se han centrado en
crear cohetes reutilizables —la base empresarial de SpaceX—, Artemis ha
decidido ser primitiva y hacerlo como con los Apolo. Y no es exactamente
porque ya funcionara en el pasado.
El presupuesto de la NASA tiene
que ser aprobado por el congreso, formado por senadores, que representan
a un estado, y congresistas, elegidos en distritos. Se calcula que la
misión Artemis al completo acabe costando 93 000 000.000 millones de
euros, y de hecho la agencia espacial ha rebasado el presupuesto
original en un 43 %. De aquí al final seguramente los costes sigan
aumentando. Así que cuando el Congreso tuvo que elegir entre un cohete
reutilizable o uno de único uso, se decidió por aquel que más dinero y
empleo llevaría a sus estados y distritos territoriales. De ese modo el
dinero público beneficiaría a empresas establecidas en los territorios
que ellos representan como políticos. Lo cual no significa que el cohete
no sea un prodigio de la ingeniería, la tecnología y la ciencia aplicada,
pero sí que hay un solo intento, y si falla, se cae, o explota, dará
una ventaja temporal a los chinos. Quienes, por cierto, de momento
mantienen su apuesta por los cohetes reutilizables, más económicos.
China ya ha logrado enviar dos sondas a la Luna, siendo además la primera nación que consigue aterrizarlas a la primera en su cara oculta. También tiene a su rover Zhurong
circulando por Marte, que además ha llevado a la superficie con una
técnica diferente a la empleada por la NASA. Los rovers son
fundamentales en la misión Artemis, y lo serán para las estaciones
lunares, por eso son un punto importante de la carrera espacial. China
tendrá además operando su propia estación espacial,
la Tiangong —Palacio Celestial—, en cuya construcción sigue avanzando,
mientras que la Estación Espacial Internacional va a destruirse
dejándola caer a la Tierra. Para 2031 impactará en el Pacífico,
alrededor del Punto Nemo. Sus muchos años y el abandono de la
cooperación por parte de Rusia a raíz de las sanciones por la guerra de
Ucrania la han condenado.
Así que, en resumen, los chinos
parten en buena posición en la carrera espacial, y Artemis, aunque es un
proyecto espectacular que empezó a gestarse en el gobierno de George W. Bush,
en 2005, tiene todavía muchos retos por delante. Posiblemente durante
las siguientes décadas veamos una carrera espacial similar a la que
sostuvieron Estados Unidos y la Unión Soviética. Lo que deja muchas
preguntas en el aire. Como qué frase pronunciará el astronauta o la
astronauta que pise de nuevo el suelo lunar, en qué idioma lo hará, y si
se equivocará, o no al decirla. La guerra por la Luna está servida.
Bola extra y posdata: un chiste de ingenieros
En la época de la primera misión
Apolo, 1969, corría una historia entre los ingenieros y militares
españoles encargados de las estaciones de seguimiento Deep Space. Según
ellos, las primeras palabras de Neil Amstrong
no fueron «un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la
humanidad» sino «buena suerte, señor Smith». La NASA las silenció, dado
que no eran las pactadas, sin saber a qué venía ese deseo de buena
suerte. Al parecer el astronauta, de niño, jugando en su jardín, había
oído discutir a sus vecinos. La mujer le gritaba al marido que se la
chuparía el día que el hombre pisara la Luna. Esta anécdota apócrifa
ocurrió alrededor de 1942, y veintisiete años después aquel niño pisaba,
efectivamente, el satélite terrestre. Cabe suponer que la señora Smith
abrazara el negacionismo. Nunca pisamos la Luna, querido. Todo fue un
montaje.
Fuente: https://www.jotdown.es/2022/09/futuro-imperfecto-11-la-guerra-por-la-luna/