El Ministro de Justicia, Comunicación y Exterior de Tuvalu, Simón Kofe, se dirigió a la cumbre climática #COP26 desde una zona que evidencia el aumento del nivel del mar provocado por el cambio climático. Años atrás el lugar era tierra firme y hoy está lleno de agua.
Está
prohibido. Tener un hijo y quedarse desnuda junto al hijo está
prohibido, la sociedad no está preparada para ese horror —Dios mío, una
mujer tan impúdica—. El mundo, lógicamente, está preparado para que el
día contra el cáncer de mama todas las famosas nos muestren sus pechos;
también está preparado para ver en millones de portadas el cuerpo de
mujeres semidesnudas; también está preparado para que en publicidad el
mejor y mayor reclamo sea la belleza desnuda de la mujer. Está preparado
para la sensualidad y la sexualidad femenina, para que bajo cualquier
pretexto, artículos o series, películas o portadas de libros, veamos a
mujeres desnudas. Para lo que no está preparado el mundo es para ver a
mujeres desnudas fuera del canon o, peor, mucho peor aún, a mujeres que
posan junto a sus hijos. Si no hay más remedio, mejor que aparezcan
dando el pecho, o semivestidas —sobre todo, que no se les vea nada que
pueda mezclar obscenidad y maternidad—. Dios nos libre de semejante
pecado: una mujer que ha dado a luz, que alimenta con su cuerpo a su
hijo, que duerme-come-anda-vive con un hijo pegado a la falda, que
después se muestre así de natural frente a las cámaras. Qué falta de
escrúpulos que una madre llame arte a semejante imagen, o que abogue por
la libertad mientras le da el pecho y después lo comparta en una red
social, lo enseñe a un mundo inocente que no es capaz de comprenderlo.
Anastasia Chernyavsky es fotógrafa y es madre. Uno de los relatos que aparece en Maternidad y creación
trata, precisamente, de una fotógrafa. Acaba de ser madre y se dedica a
fotografiar aquello que forma parte de su entorno: la ropa sin doblar,
los platos sin fregar, su hija llorando en la cuna. Anastasia hace lo
mismo: mujeres, mujeres desnudas, y niños. ¿Qué ocurre con el mundo, que
no está preparado para el arte de Anastasia Chernyavsky, pero sí para
los ángeles de Women Secret? Porque una de sus imágenes, un autorretrato
en el que aparece ella frente a un espejo, con la cámara, con su hija
rodeando su pierna, con su hijo en brazos, mujer desnuda, con pecho y
leche, una leche que cae lentamente de su pezón; una de sus imágenes, de
su arte, en el que aparecen tres personas desnudas, juntas, naturales,
porque naturales conviven como madre e hijos;
una de sus imágenes fue censurada. ¿Por qué motivo? No qué motivo tiene
la persona que ha censurado la foto, sino cuál es el motivo de quienes
aplauden la censura.
Lo
primero que dicen es que hay que proteger al niño. ¿De qué, de la
desnudez de su madre? ¿O de ese mundo que no está preparado para separar
sensualidad, sexualidad, obscenidad y desnudez? ¿Una mujer desnuda
siempre es una mujer sexualizada?
¿Es eso lo que ocurre, lo que nos confunde cuando vemos a una mujer
fotografiada desnuda junto a un niño, sea su hijo o no? Por lo visto,
sí. Eso es lo que ocurre. Porque Amy Woodruff también
ha sido censurada. En su caso, por una foto en la que aparece haciendo
yoga desnuda y amamantando a su hija. Aunque ocurrió hace tiempo, la
noticia ha sido revisitada: Amy cuenta que vivían en una comuna y que la
ropa era opcional. Todos los días hacía yoga y en la imagen aparece lo
que para ellos era su rutina: mientras Amy hacía yoga, su hija andaba
libre a su alrededor. El día de la imagen, había decidido ir hacia su
madre y mamar. ¿El mundo no está preparado para eso? Una mujer bocabajo,
desnuda, dándole el pecho a su hija… ¿es demasiado para nosotros?
La mujer
y su desnudez le concierne a la sociedad entera, una sociedad enfermiza
que no sabe dónde poner los límites. Mientras su cuerpo esté vinculado
al sexo y los códigos estén aclarados, todo marcha bien. Pero cuando el
cuerpo femenino no tenga claramente un objetivo, un motivo; cuando el
cuerpo femenino no sea puramente sexual, no sabremos entenderlo. Para
promocionar cremas, colonias o coches, está bien que se utilice a la
mujer, su cuerpo, objetizable.
Todos conocemos en qué parámetros se está moviendo la mujer y su
desnudez: sabemos que está intentando captar la atención del hombre, un
hombre que socialmente es inútil, es vulnerable a la desnudez de la
mujer hasta el punto de anularlo; sabemos que la imagen de la desnudez
está mandando a la sociedad entera un mensaje sobre cómo debe ser una
mujer atractiva; sabemos en todo momento que la desnudez de la mujer
está haciendo su trabajo en nuestra mente, y nosotros, la mente de la
sociedad, una mente única, nosotros dejamos que la desnudez de la mujer
haga su trabajo en nuestra mente y nos la modifique, nos la adapte para
que la próxima vez que veamos a una mujer prácticamente desnuda
anunciando un yogur o una crema hidratante, no nos alarmemos. Esos son
los límites por los que la desnudez va a moverse. Nada más, o nos
perderemos en el camino, nos dejaremos atrás la mitad del mensaje,
creyendo que existe.
Pero no,
el mundo no lo justifica así: no es que no estemos nosotros preparados
para la desnudez de una madre con su hijo, sino que es el hijo el que no
está preparado para tanta naturalidad, para tal exposición. En launa
edición de World Press Photo, una de las imágenes comentadas y
criticadas es la de un niño pequeño que está siendo atendido por las
heridas que tiene: lleva puesta una camiseta, pero no lleva parte de
abajo. ¿Tendrá ese niño, cuando se haga mayor, traumas por esa imagen?
Estamos más preocupados porque al niño se le vea lo que no se le tiene que ver
que por sus heridas. ¿Quién protege a quién y de quién? ¿Por qué el
niño es siempre el motivo, y no la desnudez, y no la sociedad? ¿Qué le
pasa a la mente común social para creer que estamos enfermos, que ir sin
ropa es sospechoso de algo? Incluso el Museo Meadows de Dallas ha
censurado cuadros de Joaquín Sorolla —niños desnudos
corriendo por la playa—, ¿a quién se le ocurre? El arte, ese velo
demoníaco que se encarga de esconder la vergüenza, que la camufla, que
nos la pasa como válida, pero no: ¡la desnudez, no!, ¡por ahí no
queremos pasar!
El niño y
la mujer desnudos son incómodos para todos nosotros. Estamos tan
infectados, hay tal exceso informativo de pederastia, abusos y
violaciones que ya somos incapaces de contemplar un cuadro de Sorolla o
una imagen de la fotógrafa Anastasia Chernyavsky sin escandalizarnos. He
llegado a leer artículos en los que se dan consejos al respecto: ¿hay
que mostrarse desnudos frente a los hijos o eso les creará un trauma o
podrá perturbar su desarrollo psicosexual? El mundo no está preparado
para que nos desnudemos delante de nuestros hijos, pero sí para que los
videoclips de sus cantantes preferidas estén plagados de imágenes
indiscutiblemente sexuales. ¿Quién perturba a quién y por qué la
desnudez pura, sencilla, es más compleja que la obscena? ¿Una mujer
masturbándose es menos peligrosa que una mujer amamantando? ¿Se fomenta
la pedofilia con las fotografías de Anastacia, como dicen, o el arte
está salvado de tal horror? ¿Qué buscaba Sorolla dibujando a aquellos
niños desnudos corriendo por la playa? ¿Es la desnudez maternal peor que
la sexual? La mujer está desnuda, el hijo está desnudo, son puros, son
impuros, se aman, son sexuales, el parto es sensualidad, el amor, toda
la espuma del mar —el hombre no está tan lejos de lo salvaje cuando se
trata de belleza.
Reino Unido y Alemania bloquean la exención relativa a las patentes y
las tecnologías de las vacunas, medida que apoyan Estados Unidos,
Indonesia, Francia, India y otros dirigentes del G20.
La Alianza Vacuna para el Pueblo, coalición de más de 75
organizaciones, entre las que están Oxfam, Amnistía Internacional,
African Alliance, ONUSida y Global Justice Now, han pedido a los
dirigentes del G20 que aborden la desigualdad vacunal mundial y que
desbloqueen la escasez de suministros.
Este grupo de organizaciones benéficas solicitan a los líderes
mundiales que asuman que para detener la pandemia del Coronavirus es
necesario que se aplique una exención relativa a los derechos de
propiedad intelectual y compartir la tecnología de vacunas, diagnósticos
y tratamientos para que llegue a todos los lugares del planeta.
La pandemia podría prolongarse, convirtiéndose en una «pandemia
inacabable», si la cumbre del G20 no aborda esta desigualdad vacunal
mundial y los dirigentes no se ocupan de los problemas estructurales que
hasta ahora han ignorado, permitiendo que los países ricos acaparen
dosis de vacunas contra la COVID-19, han advertido grupos de la sociedad
civil. Especialistas en epidemiología han avisado de que la desigualdad
vacunal mundial amenaza con socavar nuestra actual generación de
vacunas, mientras que un informe del Wellcome Trust and Institute for
Government ha advertido de que las mutaciones del virus “debilitarán” la
protección que ofrecen las vacunas.
Anna Marriot, directora de políticas de la Alianza Vacuna para el
Pueblo, ha señalado que «es un verdadero escándalo que el G20 haya
desperdiciado un año ignorando la propuesta, respaldada por la mayoría
de sus miembros, de eliminar los monopolios de las vacunas y garantizar
que las vacunas puedan fabricarse en todo el mundo, salvando
innumerables vidas». «El G20 está volviendo la espalda a los miles de
niños y niñas que esta pandemia deja huérfanos cada día. Los dirigentes
del G20 que apoyan la exención no deben ser silenciados por los miembros
de países ricos como Reino Unido y Alemania. No hay tiempo que perder
para actuar», afirmó.
Los países del G20, que representan el 62% de la población mundial, han utilizado el 82% de las vacunas del mundo contra la COVID-19. Sólo el 3,1% de las personas de países de ingresos medios y bajos han recibido al menos una dosis
África olvidada
Los países ricos que disponen de más suministros de los que necesitan
se comprometieron generosamente a donar las dosis adicionales a los
países de ingresos medianos y bajos a través de COVAX, pero estas se
están repartiendo a un ritmo demasiado lento y esta limosna no va a
detener la pandemia.
De los 1.300 millones de dosis sobrantes que los países se
comprometieron a donar, COVAX ha recibido tan solo 365 millones y la
gran mayoría de los países africanos carecen de acceso a las vacunas
contra la COVID-19. Menos del 5% de la población africana está
completamente vacunada, lo que significa que el riesgo de que se
produzcan nuevos brotes es elevado en muchos países.
Según las estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS),
desde enero de 2020 hasta mayo de 2021 murieron entre 80.000 y 180.000
trabajadores de la salud en todo el mundo a causa de la COVID-19. Menos
de uno de cada 10 trabajadores de la salud de África han recibido la
pauta completa de vacunación y más de 128.000 se han contagiado con el
virus. Asimismo, la OMS reveló que en África solo se detecta una de cada
siete infecciones de COVID-19 debido a la escasez de pruebas, lo que
significa que la cifra real podría ser mucho más alta.
La salud mundial VS la propiedad intelectual
Entre los países del G20 existe una profunda división respecto a la
propuesta de suspender temporalmente las normas relativas a la propiedad
intelectual de las tecnologías sobre la COVID-19 para poder incrementar
la producción de vacunas. Entre los que quieren abordar este tema con
premura y salvar vidas se encuentran Sudáfrica e India, pero los países
miembros ricos, como Alemania y Reino Unido, han impedido que se actúe
de manera unificada para proteger a millones de personas.
Indonesia es un ejemplo de lo necesaria que es la suspensión de esta
propiedad intelectual, ya que aseguró este año, en una conferencia de
prensa de la OMS, que podía fabricar 550 millones de dosis de vacunas
contra la COVID-19 al año pero el bloqueo de los países ricos se lo
impedían.
Sudáfrica, a través de su presidente, Cyril Rhamaphosa, se han
quejado en el G20 amargamente de la constante intransigencia de los
países ricos respecto a la cuestión de las patentes, y han denunciado el
apartheid basado en las vacunas que esta intransigencia está creando.
La medida está siendo bloqueada por sólo dos países miembros que se
oponen a ella: Reino Unido, Alemania. La alianza pide a los dirigentes
del G20 que presionen a estos dos países para que resuelvan esta
disputa, lo cual permitiría que todos los fabricantes seguros aprobados
por la OMS fabricaran vacunas contra la COVID-19, desbloqueando la
capacidad productiva mundial para terminar con la pandemia. Lo
hipocresía de Reino Unido y Alemania resalta cuando se analizan los
datos: han vacunado con la pauta completa al triple de personas que
India y Sudáfrica, en relación con su población.
Tamaryn Nelson, asesora de Amnistía Internacional sobre el derecho a
la salud, ha manifestado que “cuando se celebró la reunión del G20 del
año pasado, 1,3 millones de personas habían muerto de COVID-19 y los
dirigentes prometieron que no escatimarían esfuerzos para garantizar que
todo el mundo tuviera acceso a las vacunas. Un año después no ha
cambiado casi nada, excepto que la COVID-19 se ha cobrado la vida de
otros 3,5 millones de personas».
«Es inadmisible que los dirigentes del G20 no estén tomando
suficientes medidas mientras cada semana siguen muriendo decenas de
miles de personas», sentenció Nelson.
Peticiones a los líderes mundiales
La Alianza Vacuna para el Pueblo pide a los dirigentes del G20 que:
suspendan los derechos de propiedad intelectual de las vacunas, las
pruebas, los tratamientos y otros instrumentos médicos para la COVID-19
acordando, tal como se ha propuesto, la exención temporal propuesta
relativa al Acuerdo sobre los ADPIC en la Organización Mundial del
Comercio.
exijan y utilicen todas sus herramientas jurídicas y políticas para
exigir a las empresas farmacéuticas que compartan datos, conocimientos y
tecnología con el Acceso Mancomunado a Tecnología contra la COVID-19
(C-TAP) y el centro de transferencia de tecnología para las vacunas de
ARNm en Sudáfrica.
inviertan en centros de fabricación descentralizada en países en
desarrollo para pasar de un mundo de monopolios y escasez vacunal a otro
de suficiencia y equidad en el que los países en desarrollo tengan el
control directo de la capacidad de producción vacunal para cubrir sus
necesidades.
redistribuyan de inmediato y equitativamente las vacunas existentes
entre todos los países para lograr el objetivo de la OMS de que el 40%
de la población en todos los países esté vacunada al acabar 2021, y el
70% lo esté a mediados de 2022.
Las 11 empresas seleccionadas como los “principales socios” de la COP26
causaron más contaminación de gases de efecto invernadero a nivel
mundial que la producida en todo Reino Unido durante 2020.
Stand de ScottishPower en la zona de prensa del Scottish Event Campus de la COP26 de Glasgow. Foto: ANDREW MILLIGAN/ PA via REUTERS
Según el análisis publicado por la cooperativa de periodismo de investigación escocesa The Ferret, las 11 empresas seleccionadas como los “principales socios” de la cumbre climática de Glasgow, la COP26, produjeron una huella de carbono de casi 350 millones de toneladas de CO2 en 2020.
Las 11 compañías que forman la lista son: la multinacional energética
escocesa SSE, ScottishPower, Sky, Sainsbury’s, Unilever, NatWest,
National Grid, Microsoft, Hitachi, Reckitt y GlaxoSmithKline.
Según las cifras provisionales oficiales, las emisiones totales
producidas dentro de Reino Unido el pasado año ascendieron a 326,1
millones de toneladas. Las emisiones de estas empresas también fueron más altas que las producidas en otras naciones relevantes de Europa occidental, como Francia, España o Italia.
Los activistas medioambientales han calificado este impacto climático
producido por los principales socios de la cumbre climática como
“asombroso“. “La COP26 no debería tratarse de que las grandes empresas
tengan una oportunidad de marketing para aparentar credenciales ecológicas mientras, en la realidad, hacen muy poco”, argumentan.
Por otro lado, los colaboradores de la COP26 señalan que todos ellos ya estaban suscritos a objetivos “ambiciosos“ para reducir las emisiones. Subrayan también las “reducciones considerables“ que, a su juicio, ya habían logrado. Asimismo,
explican que algunas de estas emisiones podrían contabilizarse por
duplicado, ya que las emisiones directas e indirectas de las empresas
podrían superponerse.
El análisis revelado por The Ferret examina
los informes anuales de sostenibilidad de estos 11 colaboradores
principales, que dividen sus emisiones en tres categorías.
Las emisiones de alcance uno y dos, que incluyen los
gases de efecto invernadero (GEI), y son las producidas directamente
por las operaciones de una empresa, como edificios, vehículos, la
electricidad o la calefacción.
Las emisiones de tercer alcance son indirectas: se
incluyen las de bienes y servicios adquiridos, el transporte y el uso de
productos de las empresas. Esta fue, con diferencia, la mayor categoría
de emisiones entre los patrocinadores de la COP26, responsables de un
total de 270 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en
2020.
Los socios principales fueron seleccionados por el gobierno de Reino Unido, anfitrión de esta emblemática cumbre del clima.
Contaminación climática de los patrocinadores de la COP26
Empresa
Emisiones totales en 2020 (toneladas de CO2e)
ScottishPower/Iberdrola
72.737.145
Hitachi
72.370.000
Unilever
61.176.269
Reckitt
35.900.000
Red Nacional
35.874.000
Sainsbury’s
27.481.242
GSK
15.900.000
Microsoft
11.164.000
ESS
11.030.000
Cielo
2.341.414
NatWest
131.865
Total
345.974.070
Fuentes: informes de sostenibilidad de las empresas.
Emisiones y otras controversias
Además de su huella de carbono, los principales patrocinadores
también se han visto implicados en un sinfín de controversias, incluidas
las relacionadas con las relaciones laborales, el medio ambiente y los derechos humanos.
ScottishPower, por su parte, defiende el hecho de que su cartera se compone únicamente de energía renovable, pero una investigación de The Ferretreveló, en febrero de 2021, que Iberdrola había abierto dos grandes plantas de gas fósil en México desde el año 2018.
Un portavoz de la empresa española señala que durante el primer
semestre de 2021, el 80 por ciento de su energía se produjo a partir de
fuentes renovables. La compañía planea reducir sus emisiones directas e
indirectas, en línea a los objetivos establecidos en el Acuerdo de París de 2015, según este mismo portavoz.
El segundo en la liga de patrocinadores contaminantes es Hitachi. La multinacional japonesa sigue de cerca las cifras de Iberdrola, con unas emisiones que llegan a un total de casi 72,4 millones de toneladas el pasado año. En marzo de 2020, un grupo de expertos australianos nombró a Hitachi entre una larga lista de empresas que, supuestamente, tenían fábricas en su cadena de suministro que utilizaban trabajo forzoso de musulmanes uigures en China.
Sin embargo, la compañía afirmó que, tras una revisión interna de las
fábricas, no encontró evidencia del uso de dicho trabajo forzoso.
Tal y como aparece en su informe de sostenibilidad, NatWest
produjo el menor número de emisiones de las once empresas principales
de la COP26. Sin embargo, estos datos no parecen tener en cuenta las emisiones provocadas por su inversión en combustibles fósiles. Según una investigación del grupo Fossil Banks,
Natwest invirtió 13.39 mil millones de dólares en proyectos de
combustibles fósiles en todo el mundo entre los años 2016 y 2020. Esta
suma incluía enlaces a la financiación del Proyecto de Oleoducto
Trans-Mountain en Canadá, que una vez finalizado podría transportar
590.000 barriles adicionales de crudo de las arenas bituminosas de
Alberta cada día.
Los fondos de NatWest también están vinculados a la mina de carbón
Cerrejón en Colombia, la más grande de América Latina y una de las
mayores del mundo. La constante expansión de Cerrejón desde 1976 ha
ocasionado la destrucción de aldeas enteras pobladas por indígenas
locales.
Natwest afirma que ha tomado medidas para reducir
sus inversiones en sectores expuestos a “mayores riesgos relacionados
con el clima“. Esto incluye una disminución de 700 millones de libras
esterlinas en la exposición a las compañías de petróleo y gas en el
primer semestre de 2021, según un interlocutor de Natwest.
Otro de estos once patrocinadores, la empresa Unilever, produjo más de 61 millones de toneladas de emisiones directas e indirectas en 2020. Además, sus productos son una importante fuente de residuos plásticos. Según una investigación
publicada el pasado año, Unilever produce 70.000 toneladas de plástico
al año, suficiente para cubrir 11 campos de fútbol al día. La empresa
también ha sido condenada en el pasado por comprar aceite de palma a
proveedores responsables de incendios forestales en Indonesia y de destruir la última extensión de la selva tropical de Sumatra.
Unilever, por su parte, afirma que las empresas responsables de estos
hechos ya no forman parte de su cadena de suministro. En 2017, se
comprometió a hacer que todos sus envases de plástico fueran
reciclables, reutilizables o compostables para 2025. El año pasado
también se comprometió a eliminar la deforestación de la cadena de suministro de sus cultivos clave para el año 2023.
A lo largo de sus operaciones y su cadena de suministro, la empresa SSE emitió 11 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en 2020. Fue el único socio principal cuyas emisiones directas superaron en número a sus emisiones indirectas. Esto tiene que ver, en gran parte, con su central eléctrica Peterhead. Según reveló The Ferret, esta ha sido la más sucia de Escocia en 2020.
Desde SSE afirman que la central Peterhead proporciona una importante
estabilidad para la red eléctrica escocesa. La compañía argumenta que
esto permite que más proyectos de energías renovables sigan adelante y,
como resultado, afirman, la planta juega un papel en la transición energética.
Sainsbury’s
fue el único de los once principales socios que no publicó un desglose
de sus emisiones indirectas correspondientes a 2020. Si estas se
hubieran mantenido al mismo nivel de sus cifras de referencia de 2018-19,
la compañía habría producido más de 27 millones de toneladas de
emisiones el pasado año. La cadena de supermercados afirmó que ha tomado
medidas para reducir estas emisiones desde 2019 y comenzará a informar
sobre sus emisiones indirectas actualizadas a partir del próximo año.
Reckitt no publica un desglose de sus emisiones directas e indirectas. Su total de emisiones ascendió a casi 36 millones de toneladas en 2020. Al igual que Unilever, Reckitt ha sido criticada por no eliminar gradualmente el aceite de palma de sus productos. La firma de bienes de consumo aparece
en una lista de grandes empresas que no lograron eliminar la
deforestación causada por la industria del aceite de palma de su cadena
de suministro.
Desde el año pasado, Reckitt contaba con Wilmar International –el
mayor productor de aceite de palma del mundo como uno de sus
proveedores. A su vez, Wilmar ha estado implicado en actividades de deforestación y presuntos abusos de los derechos humanos, según Amnistía Internacional.
Reckitt afirma que el 75% de sus emisiones de 2020 fueron causadas
por la electricidad y la energía utilizadas para hacer funcionar sus
electrodomésticos en el hogar. También aseguran haber reducido la huella
de carbono directa de sus fábricas en un 50% desde el año 2012.
Las emisiones anuales de National Grid quedan muy por detrás en la lista de Reckitt. La empresa de electricidad y gas que opera en Gran Bretaña y Estados Unidos, produjo
casi 36 millones de toneladas de gases de efecto invernadero en 2020.
National Grid, por su parte, asegura que su objetivo era alcanzar cero
emisiones netas para 2050 y que ha logrado una reducción del 68% desde
1990.
Microsoftprodujo más de 11 millones de toneladas de emisiones directas e indirectas en 2020. Sin embargo, un estudio ha demostrado que la asociación de Microsoft con el gigante petrolero ExxonMobil para mejorar la “eficiencia operativa en la Cuenca Pérmica“ tiene la capacidad de inflar sus emisiones anuales en un 21%.
La Cuenca Pérmica es una de las regiones productoras de petróleo más
grandes de América del Norte. El gigante tecnológico también es uno de los mayores compradores corporativos de vuelos, a pesar de tener su propia plataforma de videoconferencia. Microsoft explica a The Ferret
que está animando a sus empleados a realizar más reuniones en su
plataforma Teams. También aseguran “lanzar un enfoque de sostenibilidad
en toda la empresa“.
GlaxoSmithKline (GSK) y Sky fueron los únicos dos socios principales que no respondieron a las solicitudes de The Ferret sobre sus emisiones.
La compañía GSKcontribuyó a casi 16 millones de toneladas de emisiones en 2020. La farmacéutica se posicionó en contra de un plan propuesto por la Organización Mundial de la Salud para
compartir voluntariamente tecnología, conocimientos técnicos y
propiedad intelectual sobre vacunas y tratamientos contra la COVID-19.
Grupos activistas han señalado que la desigualdad en el acceso a las vacunasha impedido que algunos delegados del sur global asistan a la COP26.
El plan de la OMS fue diseñado para debilitar la propiedad intelectual y
alentar el desarrollo de vacunas en los países pobres.
Por su parte, la empresa británica de telecomunicaciones y radiodifusión Sky produjo más de dos millones de toneladas de emisiones directas e indirectas en 2020.
COP26 y ‘greenwashing’
La responsable de las campañas de Friends of the Earth Scotland –Amigos de la Tierra de Escocia–, Mary Church,
asegura que si bien la COP26 debería tratar de “llevar a cabo la acción
real necesaria para abordar el colapso climático“, se ha convertido en
un “escaparate para blanquear, ecológicamente, la reputación de los grandes contaminadores“.
“Las grandes empresas utilizan el prestigio de patrocinar eventos
como las citas climáticas de la ONU para distraer del lado sucio de cómo
ganan su dinero y obtener, además, acceso privilegiado a quienes toman
las decisiones“, afirma Mary Church. “Esta apropiación empresarial
es un factor clave en el fracaso de los gobiernos para implementar las
soluciones reales y transformadoras que no solo aborden la crisis
climática, sino que también mejoren la vida de la gente, aquí en Escocia
y en todo el mundo. Ya es hora de que los grandes contaminadores sean
expulsados de las conversaciones sobre el clima y de los pasillos de
poder en todas partes para siempre“, concluye la jefa de campañas de Friends of the Earth Scotland.
Scott Tully, del grupo de campaña Glasgow Calls Out Polluters,
describe las emisiones de los principales socios como “asombrosas“. “En
lugar de ser consideradas responsables de sus daños climáticos
históricos y continuos, estas empresas han pagado para hacer un lavado ecológico por sus impactos climáticos”,
apunta Tully. “La última jugada de los grandes contaminadores es
promover ferozmente sus credenciales verdes, pero para que la COP26
tenga la oportunidad de apoyar soluciones reales, debemos resistir a quienes intentan convertir la crisis climática en un espectáculo paralelo corporativo“, añade.
Este artículo ha sido publicado originalmente en The Ferret.
Esta historia forma parte de una serie que esta cooperativa escocesa de
periodismo de investigación está publicando con motivo de la COP26. Las
investigaciones han sido apoyadas por la Fundación Europea del Clima,
que no se hace responsable del uso que pueda hacerse de la información
contenida o expresada en ella.
El mundo en su totalidad está sumido en una crisis del agua. Alrededor de dieciocho países, donde vive la mitad de la población mundial, están secando sus acuíferos.En la provincia de Hebei, en el centro de la parte septentrional del cinturón del cereal chino, el nivel medio del agua en el acuífero profundo está descendiendo casi tres metros al año. Los niveles de las aguas suberráneas están cayendo tan rápido en las tierras bajas de la India rural que en algunas localidades tienen que llevar el agua potable en camiones cisterna.En Oriente Medio es cada vez más obvio que el odio y la inestabilidad no se deben tanto a las diferencias religiosas y los recuerdos de justicia histórica como a que están sobrepoblados y padecen una carencia enorme de tierras arables y de agua.
Los más de siete mil millones de habitantes de la Tierra son un conjunto de hambrientos consumidores de todas las bondades insuficientes del planeta. Se espera que a finales de siglo sean diez mil millones uno arriba o uno abajo, y estarán más hambrientos a menos que la agrobiología y la alta tecnología cambien el curso de los acontecimientos. [...] A menos que no se orqueste una nueva Revolución Verde, el consumo humano pondrá en riesgo la mayor parte de la biodiversidad terrestre.
La conclusión fundamental es siempre la misma: al destruir la mayor parte de la biosfera mediante métodos arcaicos cortoplacistas, estamos abocados a un desastre auoinfligido. Durante eones, la diversidad de las especies ha creado ecosistemas que proporcionan el máximo nivel de estabilidad. Los cambios climáticos y las catástrofes incontrolables provocadas por terremotos, erupciones volcánicas y caídas de asteroides han hecho que la naturaleza pierda el equilibrio, pero el daño se ha reparado en periodos geológicos relativamente cortos debido a la gran variedad y capacidad de adaptación de las formas de vida de la Tierra.
Durante el Antropoceno, el escudo de biodiversidad se ha hecho añicos y los trozos se han tirado a la basura. En su lugar se ha introducido la promesa de que todo puede solucionarse mediante el ingenio humano. Algunos tienen esperanzas en que asumamos el control, observemos los sensores y apretemos los botones adecuados para que la tierra avance en el sentido deseado. En respuesta, todos los demás deberíamos preguntarnos: ¿es posible que una especie inteligente maneje el planeta como si fuera una nave espacial? Sin duda seríamos estúpidos aceptando un riesgo tan grande y peligroso. No hay nada que nuestros líderes científicos y políticos puedan hacer para sustituir el inimaginable conjunto de nichos y las interacciones de los millones de especies que los ocupan. Si lo intentamos, como parece que estamos dispuestos a hacer, y aunque obtengamos algún éxito parcial, recordemos que no podremos dar marcha atrás. Los resultados serán irreversibles. Sólo tenemos un planeta y podemos permitirnos un único experimento. ¿Por qué crear una amenaza mundial y correr un riesgo innecesario si existe una opción segura?
El Árbol de Teneré era una solitaria acacia, la única situada en el corazón de uno de los mayores desiertos del mundo, cuya silueta era visible a larga distancia a pesar de que su altura no era mayor de tres metros.
Aislada en una inmensa zona desértica de 400 km a la redonda, "la zona aparte" en lengua tuareg, el desierto en el desierto.
En mitad de una inmensa llanura de arena de 400.000 km2, mayor que la superficie de toda Alemania. Un
lugar donde pueden pasar varios años sin llover, con precipitaciones
inferiores a los 12,3 mm/año. Donde las temperaturas oscilan entre los
10 ºC de temperatura mínima en enero, y los más de 50 ºC de máxima en
junio.
Sello de la República de Níger, de 1974. Conmemorando el primer aniversario de la muerte de Árbol del Ténéré.
El sitio de la tierra más expuesto a la luz solar según la NASA, con menos nubes que cualquier otra zona del resto del mundo.
La acacia solitaria en 1939, la imagen
más antigua que se conserva del árbol. Época en la que se excavó un
pozo. La foto fue tomada por el comandante Michel Lessourd, del Servicio
Central de Asuntos Saharianos francés.
El único árbol en aparecer en un mapa a una escala de 1:4.000.000. en el mapa nº 153 de Michelín. Último superviviente de un grupo de árboles que crecieron cuando el desierto era menos seco.
El árbol permaneció aislado durante décadas. En el invierno de 1938 a 1939 el comandante francés Lesourd, del Servicio Central de Asuntos Saharianos mando excavar un pozo cerca del árbol y se encontró que sus raíces alcanzaban un manto freático ubicado a casi 40 metros de profundidad.
En el año 1959 el francés Henri Lhote,
explorador, etnografo y experto en arte rupestre. Describió durante una
expedición por el Ténéré, como el árbol había perdido frondosidad
respecto a la fotografía del año 39. (Ver vídeo en YouTube parte 1 y 2).
¿Cómo pudo sobrevivir a pesar de las multitudes de camellos que pasaban a
su lado?. ¿Cómo ningún azahari permitió que algún camello comiera sus
hojas y espinas?. ¿Por qué ningún tuareg que dirigía las caravanas de
sal, cortó sus ramas para encender fogatas?.
La respuesta es que el árbol era tabú y fue considerado como tal por los
caravaneros. Cada año los azahari se reunían alrededor del árbol antes
de afrontar el cruce del desierto del Ténéré.
Pero estas creencias y supersticiones no pudieron salvarlo. En 1973 el árbol fue derribado por un camión conducido por un chófer libio borracho.
Así fue el final del Árbol de Ténéré, el más solitario y aislado de la Tierra, tras 300 años de edad, según un estudio de los anillos del tronco que se hizo para datar su antigüedad.
El museo de Niamey, donde se conserva el Árbol de Ténéré.
Parece increíble pero este no fue el único accidente con un vehículo que sufrió el árbol. Anteriormente en la década de los cincuenta otro camión, en este caso militar, había roto una de sus principales ramas.
Meses después, el 8 de noviembre de 1973 el árbol ya derribado, fue trasladado en otro camión al Museo Nacional de Níger en su capital, Niamey.
Monumento actual que recuerda al árbol del Ténéré.
En la actualidad ha sido remplazado por una simple estructura metálica representando a un árbol y situado en el sitio original.
Ha ocurrido en varias ocasiones a lo largo de la historia de los alimentos. Productos de la tierra con mala fama,
sin tradición culinaria, que se consumen primero por los pobres debido a
las hambrunas extremas para luego subir a la categoría de producto gourmet. Es el caso de las langostas, los percebes
o las nécoras y centollos. Criaturas marinas que alimentaban a los
pescadores y trabajadores de los puertos hasta mediados del siglo XX,
momento a partir del cual irían adquiriendo fama y popularidad en los restaurantes de élite.
La historia de la patata es parecida, aunque no exactamente igual.
Sabemos que este tubérculo que trajeron los exploradores de las Américas
a finales del siglo XVI fue para Europa un producto esencial para
eliminar las hambrunas que asolaban al continente. Pero tuvieron que
pasar dos siglos desde su llegada hasta que su consumo se normalizase
entre los humanos. Y todo fue gracias a un farmacéutico, agrónomo y
publicista accidental llamado Antoine Augustin de Parmentier.
Hasta principios del siglo XVIII la patata que había llegado a Francia y otros países de alrededor se empleaba esencialmente como alimento para el ganado.
Por ejemplo, se las encontraba en los grandes pastos agrícolas, y las
vacas se comían sólo la planta de la patata, con lo que el fruto se
quedaba en la tierra y volvía a brotar por sí sola, por lo que era muy
cómodo para los campesinos. Servía como abono de otras plantas y de adorno para jardines palaciegos. Los aldeanos también le ofrecían este bien a los mendigos.
Era como el último recurso alimenticio,
el nivel más bajo que podía ocuparse en la escala digestiva. Y ahí
entra en escena nuestro héroe. Hombre culto instruido en ciencias
químicas y de la salud, vivió cautivo siete años en un presidio prusiano
por su actuación como militar en la Guerra de los Siete Años. Algo
debió ocurrir en la psique de este francés durante su estancia en la
cárcel cuando se le inició en la cultura gastronómica de la patata de
los prusianos.
Aunque la patata no era en Prusia el manjar que conocemos hoy en día,
sí estaban más abiertos que en su país de origen. El rey Federico II de
Prusia había forzado a los campesinos de su país a propagar esta planta en sus cultivos, y para ello el Estados proveía de esquejes a los agricultores.
De forma paralela el Parlamento francés aprobaba leyes que limitaban el
cultivo de esta cuestionable planta en su territorio, tal era el recelo
de sus posibilidades por parte de las autoridades.
Así, cuando Parmentier salió de la cárcel y volvió a ejercer su influencia en la corte gala, animó a Luis XVI a considerar las propiedades nutritivas del producto.
Por favor, róbame
El rey, que veía el creciente problema de hambruna de su pueblo
(provocado en gran parte por el enorme gasto militar del Estado en
guerras extranjeras), tuvo un par de gestos públicos en favor de la
patata. Portó en alguna ocasión la flor de la patata en la solapa de su
chaqueta, y también introdujo, junto a su esposa, el plato en las
comidas de la corte. La idea era que, si se trataba de un alimento digno
para los más acaudalados, tendría que serlo aún más para los
campesinos, y su bajo precio en los mercados franceses terminaría por
asentar su consumo.
Luis XVI no era el personaje más querido por la opinión pública, y no
se sabe si la influencia de estos actos fueron cruciales para la
popularización de la patata. Lo que sí se conoce es que Parmentier
cultivaba su producto en unos terrenos situados en Sablons (a los pies
de la actual Torre Eiffel) y Grenelle (muy cerca del Arco del Triunfo),
dos zonas abiertas a la población general. Parmentier utilizó una
avanzada práctica del márketing: la exclusividad, o cómo conferirle una pátina de deseo a tu producto.
Comedores de patatas, de Van Gogh.
.
Estos jardines de patata estaban vigilados por guardias de la corte,
pero sólo durante el día. Se instruyó a los guardias a permitir que los ciudadanos asaltaran los huertos por las noches
a cambio de nada, también aceptando los sobornos que los ciudadanos
quisieran darles a cambio del preciado tesoro. Para 1775 todo el mundo
sentía de pronto una irremediable atracción por un producto que,
justamente por su alto rendimiento agrícola y facilidad de cultivo, se
había despreciado hasta el momento.
Así, a la vez que se imprimían folletos sobre cómo cultivar
la patata y sus aplicaciones culinarias, estas "manzanas de la tierra"
se convirtieron en un alimento digno, un producto que, junto a la
máquina de vapor, facilitaría después la revolución social y económica
de la Europa contemporánea. La patata de Parmentier palió los efectos de
la hambruna que sumió Francia en unos años de malas cosechas e
inequitativo reparto de los recursos. Pero su amistad personal con Luis
XVI le llevaría a ser repudiado durante la Revolución, cayendo en el ostracismo.
Por suerte, se han conservado muchos de sus descubrimientos. El que fue nombrado inspector de Salud Pública había escrito numerosos trabajos
sobre productos como el maíz, el opio y las conservas, puso en marcha
varios planes de higiene alimentaria y ayudó al descubrimiento de la
vacuna de la viruela. Pero al final, por lo que se conoce a Parmentier
es precisamente por eso, por ser "parmentier", pues ese nombre recibió
durante un tiempo a finales del XVIII la patata en Francia.
Como podrás ver en las cartas de los restaurantes galos más elitistas, es también el nombre de una variedad
de platos en los que se utiliza la patata. La sopa, la tortilla (sí, ya
había una tortilla de patatas en Francia), con huevos revueltos o como
guarnición. El más conocido de todos sus platos es el Hachis Parmentier, una especie de pastel hecho con capas de puré de patatas y carne picada.
Al menos su figura ha sido reconocida con el tiempo, y hoy en día,
algunos visitantes que acuden en París al cementerio de Père Lachaise
donde se encuentran sus restos, dejan sobre su lápida patatas tributo.
No es ninguna tontería. Puede que sin la intervención de este hombre no
tendríamos patatas fritas, tortillas de patatas, patatas asadas,
patatas panaderas, patatas rellenas, patatas gajo, ñoquis... En fin,
tantos y tantos platos que sólo nos queda decir dos cosas: una, Parmentier fue el hombre que amó las patatas antes de que todos los demás lo hiciéramos; y dos, yo sí como patata.
La transición a las emisiones cero netas no será posible si el programa
de cambio se convierte en un proyecto gatopardiano gestionado por los
sospechosos habituales de la era de combustibles fósiles
Andy Robinson
Tal y como se plantea en este artículo, con mucha cautela,
en vez de la “disonancia cognitiva” del plan oficial para combatir el
cambio climático forjado en el “bla bla bla” de Glasgow (Greta Thunberg dixit),
hay que esbozar una ruta realista hacia una economía diseñada para, de
verdad, estabilizar el clima del planeta. Disonancia cognitiva quiere
decir creer en dos ideas contradictorias simultáneamente. Pongamos la
importancia crítica de alcanzar las emisiones netas cero, por un lado, y
la ampliación del aeropuerto de Barcelona o Madrid, por el otro. A fin
de cuentas, los viajes aéreos serán complicados en un mundo de emisiones
netas cero, a no ser que Ryanair nos proponga viajar en globo. Por
tanto, llenar esos aeropuertos dependerá de la compra, por parte de las
compañías aéreas, de offsets procedentes de sistemas de emisiones negativas para compensar el impacto de su jet fuel.
Pero el principal proyecto de emisiones negativas
es el fantasioso e hiper especulativo Bio Energía con Captura y
Almacenamiento de Carbono (BECCS), que propone crear gigantescas
plantaciones de biomasa a lo ancho de un área tres veces más grande que
la superficie de India. Estos monocultivos absorberían CO2 y luego
serían talados y convertidos en combustibles para la generación de
electricidad. El C02 emitido por la quema sería capturado y almacenado
en depósitos subterráneos. El BECCS es esencial para evitar las subidas
de temperatura de 1,5 grados, según el plan oficial que será reafirmado
en Glasgow.
Si usted cree que esto es viable, únase a la campaña en
favor de los mega aeropuertos del siglo XXI, los motores de crecimiento
para gobiernos y empresas víctimas de la mutación más aguda de la
disonancia cognitiva. Para Jason Hickel, antropólogo económico nacido
en Suazilandia y autor de Less is more, el BECCS es “un parche mágico que cuenta con cero apoyo en la comunidad científica”.
Por “ruta realista” se refiere a una radical
transformación social y económica, que no descarte poner fin al
capitalismo, necesaria para estabilizar el clima. Empezaría por reducir
equitativamente la demanda de energía hasta un 40%. Por supuesto, esto
pondría los pelos de punta a los directivos de las grandes
multinacionales que se han hecho con las riendas de la transición
energética actual. Pero tenemos que ser realistas.
Es importante no perder el tiempo con fantasías sin fundamento. La
transición a las emisiones cero netas no será posible si el programa de
cambio, llámese Green New Deal o Revolución industrial verde,
se convierte en un proyecto gatopardiano gestionado por los sospechosos
habituales de la era de combustibles fósiles. Las mismas multinacionales
energéticas, tras un rebranding verde. Las mismas
corporaciones del automóvil ya recicladas para la era del litio. Los
mismos bancos internacionales que financiaron la destrucción
medioambiental que ahora denuncian. Un proyecto en el que la energía
cambie para que Iberdrola, Volkswagen, el Banco Santander sigan siendo
iguales, no va a servir.
Si se opta por ese plan impulsado por los lobbies de Green Inc., el
crecimiento de la demanda de energía rebasará la capacidad de las
renovables y será imposible evitar una subida de temperaturas superior a
los 1,5 grados o incluso dos grados.
El camino de la verdad, pues, pasa por la ciencia de la
termodinámica y las mediciones cuantitativas de la intensidad energética
del frenético crecimiento de la economía capitalista. Con la ciencia
queda claro que, como resumió Naomi Klein, el cambio climático “lo
cambia todo”. La ruta realista pasa por una “utopía científica” que va
mas allá del capitalismo, según afirma Hickel en esta entrevista.
Dado el impacto sobre el coste de la energía y las
facturas de la luz, si las empresas con ánimo de lucro y de poder
oligopólico siguen al mando de esta transición, no solo la ciencia
exigirá un cambio de plan, sino que también lo hará la política. Los
guerreros de la justicia del clima de Greta Thunberg acabarán cerrando
filas con los ‘chalecos amarillos’ en las calles de Glasgow y de
París.
“Si reduces la oferta de energía fósil sin reducir la
demanda, los precios van a subir y el mas perjudicado será la clase
trabajadora y los pobres”, afirmó Hickel, ahora afincado en Barcelona,
en una reunion convocada por el pionero Joan Martínez Alier en el Ateneu
de Barcelona. ”Así ocurrió con los ‘chalecos amarillos’”. Un impuesto
sobre el carbono subirá el precio del combustible y puede desatar
batallas campales en las ciudades como las de las mujeres quechua contra la subida del diésel en Quito, en septiembre del 2019.
Hay dos medidas que hay que adoptar, sostiene Hickel. “Una
es reducir la demanda energética mediante políticas que frenen el
crecimiento del PIB en las economías ricas. La otra es la
nacionalización de las empresas de energía y la industria de
combustibles fósiles para ir cerrando su producción. Habría que subir la
oferta de renovables lo antes posible. En el periodo intermedio habría
que asegurar que los servicios esenciales se mantuvieran y racionar la
energía de forma justa”. Y añade: “El capitalismo no es compatible con
la transición energética que necesitamos”.
El crispado debate sobre el decrecimiento tal vez se puede
analizar en otro foro. Pero aquí quisiera resaltar este ultimo punto de
Hickel sobre la necesidad de que los Estados y no las empresas privadas
gestionen esta transición épica hacia una economía compatible con el
futuro del planeta.
Las empresas privadas multinacionales, lideres de la era
de la energía limpia, y también de la sucia, suelen insistir en que solo
ellas tienen la capacidad innovadora para afrontar el reto de
estabilizar el clima. Hace falta –sostienen– una economía capitalista
con robusto crecimiento para desarrollar las nuevas tecnologías y
descarbonizar el mundo.
Pero no es así. “Francamente este tipo de argumento cae por su propio peso”, me explicó Tim Jackson, cuyo nuevo libro, Post growth: life after capitalism,
señala –al igual que el de Hickel– que la transición no será posible en
un marco de capitalismo monopolizado, financiarizado y globalizado.
“La innovación para las tecnologías necesarias para combatir la crisis
del clima viene principalmente del Estado”.
Meek cuenta la sórdida historia de CS Wind, fabricante de
la nueva generación de grandes turbinas de la multinacional en el Mar
del Norte británico –el parque eólico más grande del mundo–. El
periodista viaja al deprimido noreste de Inglaterra donde observa la
llegada de un barco al río Humber tras un viaje intercontinental desde
el puerto de Phu My, en Vietnam. Su carga es una turbina de energía
eólica fabricada por la CS Wind en su planta vietnamita en la que se
trabaja una media de 84 horas semanales por salarios base de unos 400
dólares al mes.
Acto seguido, Meek visita Campbeltown, una ciudad
posindustrial en Escocia, donde la planta de la misma CS Wind –que
fabrica las turbinas en una cadena de suministro global gestionada y
rentabilizada por Siemens y su socio español Gamesa– acaba de cerrar
debido a la competencia de la planta vietnamita. Compara la suerte de
Thomas Macguire, un trabajador de CS Wind en Campbeltown, que fue
despedido porque se negó a realizar un trabajo que violaba las normas de
seguridad, y de Doan Van Quang, aplastado por un anillo de metal que se
descolgó de la turbina cuando realizaba la misma tarea en la planta
vietnamita.
Los accionistas de diversas empresas occidentales y
coreanas que operan en el negocio transfronterizo de la energía eólica
se han embolsado miles de euros de subsidios e incentivos públicos. Pero
el resultado es exactamente igual que en la era de los combustibles
fósiles: la deslocalización de la producción a países de mano de obra
barata y la desindustrialización de los países que tienen salarios
relativamente elevados.
Siemens-Gamesa y su rival danesa Vestas en la ingeniería eólica
reducen los costes de sus parques de turbinas y ensanchan sus márgenes
de beneficios al fomentar una competencia salvaje entre diferentes
plantas de sus cadenas globales de proveedores, lo que pone en peligro
las vidas de los trabajadores. La carrera desesperada por desplegar más
capacidad eólica en la lucha por salvar al planeta se suma a las
presiones en las plantas de generación.
Meek reflexiona: conforme “el sueño utópico” de la
economía de cero emisiones netas “se convierte en un gigantesco negocio
corporativo, no es posible reconciliar las metas de la energía verde
barata, el comercio libre y los empleos bien remunerados”.
No hay duda de que “el sueño de la transición a la energía
verde empieza a convertirse en la realidad”. Pero “se ha rediseñado
para convertirse en un proyecto del capitalismo del consumo
globalizado”. Busca sus “metas utópicas a la vez que alimenta la
actividad bursátil, hace aún más ricos a los ricos y extiende una
sensación generalizada de virtud”. Pero no salvará el planeta.
Bajo los puentes de Kabul han tardado dos meses
en darse cuenta de la llegada del Emirato. Un ejército de toxicómanos
sobrevive a orillas del río que atraviesa la capital afgana en
condiciones infrahumanas. Tirados entre la basura, acuclillados mientras
preparan la dosis, están a la vista de todos, pero nadie quiere verlos.
Los talibanes han heredado armas y vehículos del anterior Gobierno,
pero también problemas como el de la creciente adicción a la heroína y
al cristal (metanfetamina) y tratan de atajarlo con mano dura. Estos
problemas crecieron durante su mandato en la sombra en amplias zonas del
sur en las que convirtieron el cultivo de amapola -de donde extraen
goma de opio que se refina en morfina y heroína- y su tráfico al
exterior su principal fuente de ingresos.
El consumo se ha disparado en el país y el
último informe de la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito
(UNODC, por sus siglas en inglés) constata que «el aumento de la
adicción a los narcóticos ha seguido el mismo patrón hiperbólico de
producción de opio». Los datos del organismo internacional muestran que
en Afganistán hay más de un millón de adictos (de 15 a 64 años), lo que
supone un 8% de la población, una tasa que es el doble del promedio
mundial.
Desde su llegada al poder el pasado 15 de
agosto, los islamistas han desplegado patrullas especiales que se
encargan de detener por la fuerza a los drogadictos para enviarles a
centros de desintoxicación como el Hospital Avicenna, una base americana
reconvertida en centro médico desde 2016 con capacidad para mil
pacientes. El doctor Wahedullah Koshan señaló a la agencia Associated
Press (AP) que el tratamiento de choque en este lugar dura 45 días, pero
lamentó la carencia de los opiáceos alternativos como la metadona, que
se usan normalmente para tratar estas adicciones. Otro de los problemas
añadidos, y compartido por todos los centros médicos vinculados al
Ministerio de Salud, es que el personal no ha cobrado desde julio.
Las imágenes captadas por las cámaras de
agencias como AP han sacado a la luz el submundo de la drogadicción en
Kabul y los métodos inflexibles aplicados por los talibanes para tratar a
unos enfermos que parecen auténticos fantasmas.
Que Afganistán es el mayor productor
mundial de opio no es ningún secreto (genera el 80% del tráfico
mundial), lo que ha supuesto toda una revolución en los últimos años es
el auge en la producción de metanfetamina cristalina. Un informe de 2020
del Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías (OEDT) advierte que
la metanfetamina podría pronto igualar al comercio de opio ya que la
efedra, su componente clave, es una planta que crece de manera silvestre
en amplias zonas del país. Según el OEDT, más de trescientos
laboratorios ilegales operan en el país.
El trauma de la guerra
«Después de tres décadas marcadas
por el trauma de la guerra la disponibilidad ilimitada de narcóticos
baratos y el acceso limitado al tratamiento han creado un problema de
adicción importante y creciente en Afganistán», apunta Antonio María
Costa, director de UNODC, en un reciente informe del organismo. Costa
invita a la comunidad internacional a «apoyar los esfuerzos de
Afganistán para frenar el cultivo de opio», pero sin olvidarse de los
«700.000 adictos afganos sin acceso a tratamiento de desintoxicación».
Las mayores superficies de cultivo de
amapola son Helmand y Kandahar, que constituyen también los dos grandes
bastiones de los talibanes. Durante los veinte años de misión
internacional, Reino Unido y Estados Unidos se desplegaron en estas
provincias, pero las políticas de erradicación fueron un fracaso y en
casos como el de Helmand se convirtieron en escándalos de corrupción.
Opio e insurgencia han ido de la mano desde
la época de la yihad contra la Unión Soviética. Entonces Moscú acusaba a
la CIA de favorecer el narcotráfico para financiar la 'guerra santa'.
El único capaz de frenar en seco el cultivo fue el mulá Omar, máximo
dirigente talibán, a través de una 'fatwa' emitida en 2000 que declaraba
«antiislámico» el cultivo de la adormidera, pero el parón apenas duró
una cosecha y posteriormente los talibanes convirtieron las tasas al
cultivo y tráfico de opio en su principal fuente de ingresos. Es una
incógnita saber qué ocurrirá en este nuevo emirato del siglo XXI, pero
parece claro que los talibanes no quieren adictos en sus calles.