martes, 16 de junio de 2020

Los abejorros pican a las plantas para que florezcan

El comportamiento sería una adaptación evolutiva que facilitaría la obtención de alimento

Obrero de abejorro zapador (Bombus terrestris) en plena labor de «recorte». Las heridas infligidas aceleran la floración y podrían tener implicaciones en la sincronía fenológica entre las plantas y los polinizadores. [Hannier Pulido; Laboratorios de De Moraes y Mescher]

 Los abejorros están llenos de recursos: cuando el polen escasea y las plantas cercanas al nido aún no han florecido, los obreros saben un modo de forzar la floración. Una investigación recién publicada en Science revela que la estimulan perforando el follaje, de modo que se anticipa  en promedio unos 30 días. Por ahora no está claro el origen de la argucia y por qué el vegetal responde de ese modo a la agresión, pero los descubridores subrayan lo notable de este comportamiento inédito en un insecto tan familiar.

«Este es uno de esos escasos estudios que dan a conocer un fenómeno natural desconocido que suscita todo tipo de interrogantes y de especulaciones» acerca de lo extendido del comportamiento y del porqué, afirma a título de observador John Mola, ecólogo en el Centro Científico de Fort Collins, en Colorado, dependiente del Servicio Geológico de EE.UU.

Consuelo De Moraes, ecóloga química del Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich (ETH Zúrich) y una de las autoras del estudio, afirma que ella y sus colaboradores estaban observando una especie de abejorro en un experimento de laboratorio cuando casualmente se percataron de que los insectos estaban dañando las hojas de las plantas y se preguntaron el porqué. «Al principio, quisimos ver si se estaban alimentando de los fragmentos de la hoja o se los llevaban al nido», explica. Y como estudios precedentes habían demostrado que el estrés puede inducir la floración, se preguntaron entonces si los abejorros estarían haciendo florecer las plantas a voluntad.
 
Para comprobarlo, el equipo colocó abejorros desprovistos de polen en jaulas de malla metálica que contenían tomateras y plantas de mostaza. Los insectos enseguida recortaron y perforaron las hojas con las mandíbulas y la probóscide. A modo de prueba, los investigadores intentaron causar el mismo daño que los himenópteros en otras plantas, con ayuda de unas pinzas dentadas y de una navaja. Las dos series de plantas dañadas adelantaron la floración, pero, en comparación, las perforadas por los abejorros florecieron semanas antes que las cortadas a mano, lo cual apunta a que su saliva contendría sustancias estimulantes.

Acto seguido, salieron del laboratorio para comprobar si los abejorros dañaban las plantas que no habían florecido cercanas al nido, aunque dispusieran de otras en flor más alejadas. En efecto, así fue. «Aunque encuentren flores si vuelan lejos, al actuar de ese modo cerca de la colonia acceden antes a recursos próximos», razona Mark Mescher, ecólogo químico del ETH Zúrich y coautor del estudio.

Todo indica que el comportamiento constituye una adaptación que maximiza la eficiencia en la recolección del polen, pero no confirma con certeza la hipótesis, matiza Mescher. Neal Williams, entomólogo de la Universidad de California en Davis, ajeno al estudio, afirma que la posibilidad es fascinante y que merece la pena seguir indagando. «Para demostrar claramente que un rasgo es adaptativo, se ha de poder afirmar que el comportamiento surgió porque aportó cierta mejora relativa al conjunto de la colonia», explica. En los abejorros, las abejas y otros organismos eusociales, una única reina engendra la descendencia, mientras que los obreros son estériles, de modo que la selección natural opera en la colonia entera. Los obreros que dañan las hojas no viven lo suficiente para disfrutar de la abundancia que brinda la floración temprana, pero como su acción aumenta el polen disponible para las larvas del nido, podrían ser el fruto de presiones evolutivas.

En el futuro se deberá investigar cómo pudo surgir el comportamiento y su extensión en otros tipos de abejorros silvestres, así como qué les ocurre a las plantas a escala molecular cuando sufren la picadura. Desvelar esas incógnitas mejoraría las predicciones sobre el porvenir de los abejorros ante el cambio climático, que amenaza con acabar con la delicada sincronía entre los polinizadores y las plantas al alterar las épocas de floración e hibernación y las migraciones de los insectos. «En esencia, el cambio climático hará más impredecibles las condiciones ambientales. Pero lo que hemos descubierto podría contribuir a mitigar las alteraciones derivadas del calentamiento global», concluye Mescher

Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/noticias/los-abejorros-pican-a-las-plantas-para-que-florezcan-18688?utm_term=Autofeed&utm_campaign=tw&utm_medium=Social&utm_source=Twitter#Echobox=1592085843

lunes, 15 de junio de 2020

Anfetaminas y kamikazes

Kiyoshi Ogawa - Simple English Wikipedia, the free encyclopediaLas anfetaminas son unos potentes estimulantes del sistema nervioso central. Actúan como agonistas indirectos de los receptores presinápticos para noradrenalina. La anfetamina se une a estos receptores y los activa, induciendo la liberación de los neurotransmisores alojados en las vesículas presinápticas. De esta manera, las anfetaminas incrementan las concentraciones de los respectivos neurotransmisores en el espacio sináptico, promoviendo la transmisión del impulso nervioso en las redes neuronales dopaminérgicas y noradrenérgicas, aumentando selectivamente la actividad neuronal. El resultado es, a dosis terapéuticas, euforia, excitación sexual —por eso se usan también como afrodisíaco—, incremento de la sensación de alerta y un mayor control cognitivo. También tienen otros efectos como disminuir los tiempos de respuesta, aumentar la resistencia a la fatiga e incrementar la fuerza muscular. A dosis mayores, que son las habituales cuando se usan como drogas recreativas, pueden producir lesiones musculares y alteraciones de las funciones cognitivas, episodios psicóticos (delirios y paranoia), insomnio y adicción.

Las anfetaminas fueron sintetizadas por primera vez en 1887 por el químico rumano Lazăr Edeleanu que trabajaba en la Universidad de Berlín y que las denominó fenilisopropilaminas. Posteriormente, las cambió el nombre a alfa-metilfeniletilamina, un término químico que se simplificó a anfetamina. Seis años más tarde, el químico japonés Nagai Nagayoshi sintetizó un derivado, la metanfetamina y tres décadas después, otro japonés, el farmacólogo Akira Ogata sintetizó el hidrocloruro de metanfetamina, la sal cristalina o “crystal meth” que fabrican los protagonistas de Breaking Bad.

Benzedrine_inhaler_for_wiki_articleLas anfetaminas no se comercializaron hasta 1932, cuando suscitaron el interés del gigante farmacéutico Smith, Kline and French (SK&F) que las vendió bajo el nombre comercial de Bencedrina siendo recomendadas para el tratamiento de la congestión nasal causada por las alergias y los constipados y como dilatador bronquial para el asma. En menos de tres años se recetaban para 39 problemas médicos diferentes, del hipo a la esquizofrenia. Más tarde, una vez comprobados sus efectos excitadores se empezaron a recomendar para el tratamiento de la narcolepsia y para otros problemas clínicos para los que no resultaba realmente útiles como la adicción a sustancias opioides. Con el tiempo se han usado para el abordaje terapéutico de la obesidad y la depresión refractaria pero ya a los pocos años de su salida al mercado se convirtieron también en sustancias de abuso y en 1939 las anfetaminas se incluyeron en un listado de sustancias tóxicas y potencialmente dañinas realizado en el Reino Unido.

hiropon1Ese mismo año, en 1939, y a pesar de esa clasificación como tóxicos se inició otro campo de acción para las anfetaminas: los conflictos bélicos. En septiembre de ese año, Otto Ranke, director del Instituto de Fisiología General y de la Defensa de la Academia de Medicina Militar de Berlín, probó la metanfetamina en 90 estudiantes universitarios comprobando que aumentaba la confianza en sí mismos, la concentración y la disposición a asumir riesgos, al mismo tiempo que aumentaba su umbral para el dolor, el hambre y la sed y conseguían aguantar muchas horas, incluso tres o cuatro días seguidos, sin dormir. Ranke pensó que había encontrado -otro de esos temas recurrentes en la historia de la Humanidad- la fórmula para conseguir supersoldados. Con el inicio de la II Guerra Mundial, millones de pastillas de anfetaminas fueron repartidas entre la tropa de ambos bandos para luchar contra la fatiga, subir la moral, mantener el estado de alerta, aguantar con pocas horas de sueño y aumentar la agresividad. El Pervitin, una metanfetamina fabricada por la compañía farmacéutica berlinesa Temmler se distribuyó entre las tropas alemanas que las denominaron Panzerschokolade (el chocolate de los Panzer), Stuka-Tabletten (las tabletas de los Stuka, un avión de caza) y las Hermann-Göring-Pillen, las píldoras de Hermann Göring, el comandante supremo de la Luftwaffe, la fuerza aérea. Las anfetaminas también era usadas por las autoridades civiles y se ha dicho que el historial médico de Hitler recoge que recibía ocho inyecciones diarias de metanfetamina una droga que genera paranoia y un comportamiento impredecible cuando se administra en esas dosis altas.

En el otro frente principal, el del Pacífico, ambos bandos, americanos y japoneses, repartieron también anfetaminas. En particular, se dice que los pilotos kamikazes, tomaban Philopon (pronunciado Hiropon), el hidrocloruro de metanfetamina, antes de realizar su último vuelo. Antes de montar en aviones obsoletos imposibles de reparar y cargados de media tonelada de explosivos aquellos adolescentes participaban en una ceremonia cuasireligiosa con vasos de sake, ramos de flores, senninbari -cintas bordadas por mil mujeres, donde cada una había dado una puntada- y, en algunos casos, una dosis alta de Hiropon inyectable. Unos 3.860 pilotos kamikazes murieron por el emperador y en torno a un quinto de ellos consiguieron estrellarse contra un barco americano.

El origen del mito kamikaze se sitúa en la época de las grandes invasiones mongolas que llegaron hasta Centroeuropa y que prepararon dos flotas, en 1274 y en 1281 para la conquista de Japón. Los barcos de Kublai Khan, contra los que Japón no disponía de una defensa eficaz, fueron destruidos por un tifón, al que se denominó Viento Divino, mal leído por unos traductores estadounidenses como Kami Kaze. Para los habitantes del archipiélago nipón fue una demostración de que Japón era el país elegido por los dioses y que ellos se encargarían de que su suelo sagrado nunca fuese invadido.

525px-USS_Bunker_Hill_hit_by_two_KamikazesCuando el desarrollo de la guerra del Pacífico se empezó a torcer y la marina estadounidense empezó a machacar a los barcos japoneses y a conquistar isla tras isla, se volvió a pensar en Kami Kaze. En los primeros combates aeronavales hubo pilotos, en ambos bandos, que con el avión gravemente dañado chocaban deliberadamente contra un barco enemigo. Estos suicidios eran decisiones individuales tomadas sin pensarlo mucho por hombres que estaban mentalmente preparados para morir, pero el mando japonés decidió convertirlo en una estrategia militar, diseñando vehículos cargados de explosivos pilotados por soldados, las llamadas unidades de ataque especial o tokkotai. Los ataques suicidas se dieron entre los soldados de infantería, las llamadas cargas Banzai; en el mar, con lanchas Shin’yo, los torpedos tripulados Kaiten (Retorno hacia el cielo) y los Fukuryu (Dragón agarradizo) o buzos suicidas y por supuesto, en la aviación, tanto aviones Zero como cohetes Ohka (flor de cerezo). A estos cohetes kamikazes los americanos les pusieron un nombre en clave –Baka- que significaba subnormal (moron) o gilipollas (asshole). Esa era la opinión de alguien que se metía en una bomba y se lanzaba contra un portaaviones. Como cualquier nueva arma, fue eficaz al principio: los ataques hundieron varios buques de guerra y los marinos estadounidenses estaban aterrorizados pero nuevas defensas se pusieron en marcha. Las escoltas de destructores de los portaaviones se adelantaron, se intensificaron las patrullas aéreas preventivas, los radares permitían localizar los aviones enemigos a 100 km de distancia, los nuevos aviones Helicat derribaban muchos de camino y al llegar a la cercanía de los buques, los kamikazes y sus cacharros voladores eran recibidos por una lluvia de disparos de cañones de alta repetición de las baterías navales. Aun así, los kamikazes hundieron 34 barcos, dañaron otros 368, mataron a 4.900 marinos e hirieron a otros tantos. Dicho todo ello, los ataques kamikaze no cambiaron el curso de la guerra que terminó como todos sabemos.
Yasukuni_Jinja_7_032-recSe ha dicho que los kamikazes estaban drogados, bebidos o atados a sus asientos. No es así. Algunos tomaban Hiropon para mejorar su estado de alerta pero otros decían que conseguían los mismos efectos tomando fruta o algunas verduras y otros no tomaban nada. La mayoría eran adolescentes asustados y desconcertados, atiborrados de propaganda que si dudaban eran ayudados a subir al avión por unos compañeros. Si el piloto tokkotai no encontraba ningún barco enemigo se le permitía salvar el avión y la vida regresando a la base pero a la novena vez que ello se producía, era ejecutado. Con respecto al alcohol, en realidad era tan solo una copa de sake con la que se brindaba con los pilotos por su pronta conversión en Eirei, espíritus guardianes del país. De todas formas, las anfetaminas, que antes de la guerra solo se utilizaban para el tratamiento psiquiátrico, se distribuyeron ampliamente los soldados y eso generó auténticos problemas en la posguerra donde almacenes repletos de Hiropon se sacaron al mercado libre y fueron recomendadas para los veteranos del conflicto bélico, los trabajadores exhaustos y los jóvenes con dificultades para adaptarse al formidable cambio social del nuevo Japón. Entre 1945 y 1960 se publicaron miles de artículos en los periódicos nipones recogiendo delitos atroces cometidos por adictos a las metanfetaminas.

Pilotos Kamikazes Japoneses - La Segunda Guerra
Los pilotos kamikaze tenían un entrenamiento escaso pero extenuante y estaban sometidos a continuos castigos físicos. Tampoco es cierto que todos fueran voluntarios. Al principio hubo más del doble de voluntarios que de aviones y algunas misiones volaban con tripulantes extra para animar al piloto durante el vuelo y compartir su destino.

Posteriormente, el Alto Mando tuvo que solicitar a algunas unidades que enviasen pilotos para las misiones tokkotai. Los comandantes de algunos escuadrones rechazaron cumplir esa orden pues necesitaban a sus pilotos o o simplemente la traspapelaron para ganar tiempo e intentar que sus hombres llegasen con vida al final de la guerra.

Yushukan es un museo tokiota adjunto al santuario Yasukuni y dedicado a las almas de los soldados que murieron combatiendo por el emperador. Ha sido blanco de distintas controversias pues hay quien piensa que glorifica el imperialismo agresivo de Japón, da una visión edulcorada o directamente omite en su discurso museográfico algunas de las atrocidades cometidas bajo la bandera del Sol naciente y es el lugar de reposo de algunos militares calificados como criminales de guerra. Muchos kamikazes morían esperanzados pensando que su alma residiría en Yasukuni, el único lugar donde el emperador iba dos veces al año a honrar a hombres comunes.

 Evidentemente Yushukan cuenta la otra parte de la historia, la que en nuestro mundo, dominado por los producciones cinematográficas norteamericanas, apenas nos han relatado: historias como en todos los museos militares del mundo de sufrimiento, de heroísmo, de unión nacional, de amor a la patria. Las películas bélicas de Hollywood deshumanizan a los japoneses, nos los muestran como insectos, enjambres de seres idénticos con espadas y bayonetas como aguijones que se arrojaban en grupo lanzando gritos contra las ametralladoras de los marines -las cargas Banzai. En Yushukan ves el lado humano de esos soldados (fotos de niñas y una mujer en kimono en una cartera), el trabajo en equipo (una maroma de barco tejida con los cabellos de miles de mujeres para apoyar a los marinos) y el lado místico (el libro con los nombres de las almas que pueblan el santuario y que visitan los dioses). Lo que más me llamó la atención en Yushukan eran unas preciosas muñecas vestidas de novia. Muchos de los pilotos kamikazes eran muy jóvenes, de 17, 18 o 19 años y nunca habían estado con una mujer antes de morir ni habían conocido el amor. Tras su sacrificio, sus madres llevaban esas muñecas al templo para que sus hijos no estuvieran solos, para que tuvieran una pareja que les acompañase en la eternidad.

JD.3L

Fuente: https://jralonso.es/2014/10/07/anfetaminas-y-kamikazes/

Byung-Chul Han: la desaparición de los rituales nos ahoga

Entrevistar a Byung-Chul Han es todo un ritual. Sólo acepta preguntas por escrito y sólo responde en alemán. Como si se asegurara de que su interlocutor está dispuesto a sortear complicaciones. Nació en Seúl, en Corea del Sur, en 1959, y no llegó a Alemania hasta sus 26 años. El alemán no es su primera lengua pero sí en la que se asienta el pensamiento de un filósofo que transmite sus ideas con gran claridad, en libros breves pero intensos que no precisan de una erudición sobrehumana para ser asimilados. Como si supiera a qué tipo de realidad se está enfrentando, una en la que las personas están cansadas, en muchos casos explotadas y en la que los matices entre público y privado se desdibujan hasta casi desaparecer.

Esta cualidad premonitoria de Han tiene en 2020 algo de catártico pues acaba de publicar en España un libro, La desaparición de los rituales (editorial Herder) -Alemania lo leyó el año pasado- que adelantaba lo que ahora sabemos: «que los rituales dan estabilidad a la vida y son en el tiempo lo que una vivienda en el espacio". Sus querencias, el narcisismo exacerbado de la sociedad moderna, la muerte del deseo y la omnipotencia del consumo se analizan desde este ángulo, dibujando un panorama que, más que nunca, exige la rápida actuación del ser humano.

Dice en su último libro que nos han vendido un estilo de vida intenso, y señala que quien espera siempre lo nuevo, lo estimulante, pasa por alto lo que ya existe. ¿Puede la pandemia reconducirnos a una vida distinta?

Algunos sociólogos ya están difundiendo un romanticismo del coronavirus. Hablan de desaceleración o de sosiego. Según ellos, esta sería una oportunidad. Volveríamos a tener tiempo para prestar atención al canto de los pájaros o para detenernos a oler el aroma de las flores. Pero conviene mantener un cierto escepticismo. Lo que probablemente sucederá es que tras la epidemia el capitalismo avanzará aún con mayor ímpetu y que nosotros viajaremos aún con menos escrúpulos. La presión para aportar rendimiento, para optimizarnos y para competir seguirá aumentando. En este momento el capitalismo no está siendo desacelerado, sino retenido. Reina una paralización nerviosa, una calma tensa. No nos abandonamos al sosiego, nos han obligado a una inactividad. La cuarentena no es un tiempo de tranquilidad. No se producirá ninguna revolución viral.

¿Acepta que se ha acelerado lo que usted plantea en su libro, que los rituales están desapareciendo?

La pandemia remata la desaparición de los rituales. También el trabajo tiene aspectos rituales. Uno va al trabajo a las horas fijadas. Y el trabajo se hace en comunidad. También el coworking o trabajo cooperativo apunta al carácter comunitario. Pero en el teletrabajo, al que la pandemia obliga, esta dimensión ritual se pierde por completo. En El principito de Saint-Exupéry el pequeño príncipe le pide al zorro que lo visite siempre a la misma hora, para que la visita se convierta en un ritual. El principito le explica al zorro qué es un ritual. Los rituales son en el tiempo lo que una vivienda es en el espacio. Hacen habitable el tiempo, como si fuera una casa. Ordenan el tiempo y de este modo hacen que tenga sentido para nosotros. El tiempo carece hoy de una estructura firme. No es una casa, sino un flujo inconstante. Antes era también todo un ritual ver un programa de televisión un determinado día de la semana a una determinada hora, toda la familia. Hoy se puede ver un programa a cualquier hora, cada uno por su cuenta. Eso no significa directamente que tengamos cada vez más libertad. La flexibilización total de la vida también acarrea pérdidas. Los rituales no son simples restricciones de la libertad, sino que dan estructura y estabilidad a la vida. Consolidan en el cuerpo valores y órdenes simbólicos que dan cohesión a la comunidad.

En los rituales experimentamos corporalmente la comunidad, la cercanía comunitaria. La digitalización descorporiza el mundo. Y a esto se suma ahora la pandemia. Ella agudiza la pérdida de la experiencia corporal comunitaria.

Otra consecuencia es la pérdida de imagen pública. ¿Podría el rostro convertirse en una prerrogativa de la intimidad?

No me gustaría recibir los últimos sacramentos de un sacerdote que lleva puesta una mascarilla protectora. La pandemia está poniendo de manifiesto que vivimos en la sociedad de la supervivencia. Sobrevivir lo es todo, como si nos halláramos en un estado de guerra permanente. Todas las fuerzas vitales se emplean hoy para prolongar la vida. En vista de la pandemia la sociedad de la supervivencia prohíbe las misas incluso en Pascua. Hasta los sacerdotes practican la distancia social y llevan mascarillas protectoras. Sacrifican completamente la fe a la supervivencia. ¿La caridad? Se expresa guardando la distancia. El virus derroca a la fe. Todo el mundo está pendiente de lo que dicen los virólogos, que adquieren así el monopolio absoluto de la interpretación. La narrativa de la resurrección queda totalmente desbancada por la ideología de la salud y de la supervivencia. Ni siquiera el Papa Francisco es una excepción. San Francisco abrazaba leprosos...

El ritual que más ha visto acelerada su desaparición con la Covid-19 ha sido el del duelo.

En los ritos de duelo la aflicción se mancomuna. Facilitan el proceso individual. La ceremonia funeraria se aplica como un barniz protector sobre la piel, que la aísla para preservarla de las atroces quemaduras ante la muerte de una persona amada. Y los últimos sacramentos facilitan la muerte, dan apoyo al moribundo. Los rituales son también dispositivos de protección. Cuando desaparecen, nos sentimos a la intemperie. Por eso he escrito que los rituales son técnicas simbólicas de instalación en un hogar. Transforman el estar en el mundo en un estar en casa. Convierten el mundo en un lugar fiable.

Algo positivo es que, mascarillas de por medio, cobran mayor importancia las miradas: ¿incidirán en un regreso a la seducción y hacia la empatía?

Hoy ya solo miramos nuestro smartphone. Cada vez nos miramos menos entre nosotros. Incluso la madre está mirando permanentemente su smartphone en lugar de devolverle la mirada al niño. En la mirada de la madre el niño encuentra apoyo, confirmación y comunidad. La mirada de la madre infunde una confianza primordial. La falta de mirada provoca un trastorno en la relación consigo mismo y con los demás, y es también causante de la actual pérdida de la empatía. En mi libro La expulsión de lo distinto escribí que el otro se revela sobre todo como mirada. El smartphone y la digitalización hacen que vivamos en una sociedad sin mirada. La comunicación digital tiene consecuencias negativas en nuestra relación con el otro. Cada vez perdemos más empatía. Hace 10 años, la famosa artista de performances Marina Abramovic hizo una memorable en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, que consistía en un ritual de la mirada. Durante tres meses permaneció sentada en una silla, ocho horas al día, mirando fijamente a los ojos a la persona que estaba sentada enfrente. Fue un evento muy emocional. Algunos se sintieron tan sobrecogidos por la penetrante mirada de la artista que rompieron a llorar. Pienso que la mirada puede sanar, que puede sacarnos del aislamiento narcisista. Imagínese usted que a causa del coronavirus Marina Abramovic llevara puesta una mascarilla durante su performance. Su mirada no produciría ningún efecto. Pienso que el rostro enmascarado aísla a las personas sin que lo noten y acelera la desaparición de la empatía.

Hay quienes dicen que, tras la pandemia, el mundo, o el ser humano, será otro. Y quienes mantienen que seguiremos mostrando la misma miseria de siempre. ¿Habrá cambios que se mantengan o todo depende de la vacuna?

De una manera imperceptible la distancia social acabará dejando sus huellas. Ya se está convirtiendo en un acto de distinción social. Solo los ricos se pueden permitir la distancia social. Se retiran a sus villas en el campo, mientras que los pobres siguen teniendo que viajar al trabajo desde los suburbios en trenes repletos. La pandemia amenaza a nuestro liberalismo. Pronto se impondrá la evidencia de que, para combatirla, conviene centrar la mirada en el individuo. Pero el liberalismo no permitirá que esto se produzca sin más. Una sociedad liberal consta de individuos con libertad de movimiento, que no toleran la intervención estatal. La protección de datos impide la vigilancia de los individuos y, como la sociedad liberal no cuenta con la posibilidad de tomar al individuo particular como objeto de la vigilancia, lo único que le queda es un shutdown o cierre total con enormes consecuencias económicas. Occidente pronto se dará cuenta de una verdad fatídica: que lo único que puede impedir ese shutdown es una biopolítica, una vigilancia digital del cuerpo que permita acceso irrestricto al individuo. Pero darse cuenta de esto significa el final del liberalismo.

Usted quiso estudiar literatura, dice que ya que ya nadie lee poesía y que esto es otro síntoma de la pérdida de rituales.

En los poemas juega el lenguaje. Al hacer poesía, jugamos con el lenguaje. También el ritual es un juego. Uno de los motivos, y no el menos importante, por los que hoy apenas leemos poesía es que hemos olvidado lo lúdico. A cambio, leemos muchas novelas de intriga. Las novelas de suspense proporcionan un desvelamiento progresivo de la verdad, como si fuera un destape. Ese desvelamiento es pornográfico. En la pornografía, la verdad es el sexo. No leemos poemas aguardando la verdad final. No tienen nada que desvelar, no permiten una lectura pornográfica. También en la sexualidad hemos dejado de jugar, lo que cuenta hoy es el rendimiento. También en el amor se está perdiendo lo lúdico. En la época de Tinder ya no hay seducción ni rituales de seducción, se va directamente al asunto. Pero lo erótico es el juego con las cosas secundarias. Librémonos de la idea de que todo placer procede del cumplimiento de un deseo. Solo la sociedad de consumo se rige por los deseos. En un juego compartido yo no trato de satisfacer mi deseo. No estoy afirmando que debamos regresar al pasado. Más bien abogo por inventar nuevas formas de actuar y de jugar en común, formas que se desarrollen más allá del ego, más allá del deseo, más allá del consumo, y que generen una comunidad. Mi libro apunta a una sociedad venidera. Con la pandemia experimentamos hasta qué punto son importantes los juegos y los rituales. Ni siquiera se nos permitía comer juntos. Juntarse para comer no se puede digitalizar».

Fuente: https://elmanifiesto.com/cultura/726891239/Byung-Chul-Han-la-desaparicion-de-los-rituales-nos-ahoga.html

sábado, 13 de junio de 2020

El pianista que susurra a los elefantes

Desde 2011, el pianista inglés Paul Barton toca el piano para los elefantes en Tailandia, en un santuario sin ánimo de lucro para la rehabilitación de estos animales, que suelen ser mayores y ciegos.

 

Así se ve el fondo del Mar Mediterráneo repleto de guantes y mascarillas desechadas

https://i0.wp.com/marcianos.com/wp-content/uploads/2020/06/mediterraneo-contaminado-mascarillas-guantes-fb.png?resize=758%2C426

 Por un lado, está claro que la reciente cuarentena ha conseguido que en muchas zonas del planeta la Naturaleza comenzara a hacerse sitio y volver a hacer aparición en lugares insospechados.

Los niveles de contaminación se han visto reducidos en muchos países y muchos ciudadanos se han visto sorprendidos por animales que se atrevían incluso a adentrarse en las calles de las ciudades.

Sin embargo, no todo está siendo positivo en este sentido. Resulta que muchos guantes y mascarillas han acabado tirados al mar, desechados, y han acabado en el fondo de mares y océanos.

Un grupo ecologista francés grabó estas imágenes cerca de la rivera francesa, en Antibes, donde se ve dónde van a parar muchos de los residuos, y no solo las tradicionales latas y cañitas de plástico, también grabaron muchos guantes y mascarillas desechadas.

 El gobierno francés ya ha puesto en marcha un sistema de multas para aquellos que tiran basura a la vía pública pero, en el fondo, la cosa va mucho más allá.


 ¿Quién tira tanta basura a los océanos cada día? Probablemente no se trate solo de desaprensivos que lancen basura al mar o a ríos. En muchas ocasiones, la basura que tiramos diariamente no es convenientemente reciclada por las empresas que la recolectan.

Fuente: http://marcianos.com/asi-se-ve-el-fondo-del-mar-mediterraneo-repleto-de-guantes-y-mascarillas-desechadas/

viernes, 12 de junio de 2020

Necesitamos libros...

https://sevilla.abc.es/20110704/cultura-libros/abcm-hombre-dibujado-kafka-201107041300.html


Pero necesitamos libros que nos afecten como lo haría un desastre, que nos aflijan profundamente, como la muerte de alguien a quien queremos más que a nosotros mismos, como si se nos desterrara a bosques apartados de todo, como un suicidio.

Franz Kafka, carta a Oskar Pollak

Bacteriófagos: los virus que nos salvan la vida

Estamos acostumbrados a considerar a los virus nuestros enemigos naturales. Y, de hecho, como demuestra la pandemia de coronavirus, muchos de ellos nos pueden perjudicar seriamente. Pero no todos los virus son peligrosos. Es más, incluso hay algunos que pueden sernos útiles. Los bacteriofagos, virus que infectan a las bacterias, entre ellos.

https://principia.io/media/uploads/images/articulos/fagos/bacteriofagosprincipia_def.jpgEstamos acostumbrados a considerar a los virus nuestros enemigos naturales. Y, de hecho, como demuestra la pandemia de coronavirus, muchos de ellos nos pueden perjudicar seriamente. Pero no todos los virus son peligrosos. Es más, incluso hay algunos que pueden sernos útiles. Los bacteriofagos, virus que infectan a las bacterias, entre ellos.

Entre 2003 y 2004, los soldados estadounidenses enviados al desierto de Irak tuvieron que enfrentarse a un enemigo inesperado... y microscópico: se trataba de una superbacteria resistente a los antibióticos llamada Acinetobacter baumannii. «Iraqibacter», como la bautizaron, se convirtió muy pronto en una pesadilla para muchos soldados. Favorecido por el clima árido del desierto, se colaba en las heridas y se multiplicaba causando infecciones muy difíciles de tratar.

Pero, a pesar de su nombre, Acinetobacter baumannii no es un problema solo en Oriente Medio. De hecho, es el enemigo número uno en los hospitales de todo el mundo por las violentas infecciones que provoca en muchos pacientes recién operados. Y, además, no es la única bacteria capaz de resistir a los antibióticos. En las últimas décadas han aparecido muchísimos de estos killers microscópicos. Se calcula que en 2015 fueron responsables de más muertes que la gripe, sida y tuberculosis juntos, y que solamente en España causaron tres mil muertes al año.

Pero, ¿de dónde vienen estas superbacterias? Muy sencillo: las creamos nosotros todos los días. No en el laboratorio (que algún tertuliano sin escrúpulos ya se estará frontando las manos), sino con nuestro mal uso de los antibióticos. Estas sustancias bioquímicas son el arma más potente que tenemos contra las bacterias, pero el copyright de su invención no es nuestro. Los microbios llevan miles de millones de años usando estas armas bioquímicas para luchar entre ellos, y —por tanto— las bacterias pues pueden desarrollar resistencia a los antibióticos por selección natural. Abusando de los antibióticos y sin prescripción médica, hemos ido seleccionando las bacterias más resistentes, con el resultado de que estos medicamentos están dejando de funcionar. Cada vez que tomamos un antibiótico sin receta, que no terminamos el tratamiento o que tiramos antibióticos a la basura, al alcance de animales que puedan comérselos, estamos contribuyendo a que aparezcan más bacterias resistentes. Sin contar las toneladas de antibióticos que se usan en la ganadería industrial.

La Organización Mundial de Salud advierte que si no actuamos, en 2050 morirá más gente por superbacterias que por cáncer. Necesitamos encontrar nuevos antibióticos y aprender a usar bien los que tenemos, pero es una carrera contrarreloj. Para ganar tiempo, una ayuda importante nos podría venir de una antigua terapia olvidada: la terapia fágica o fagoterapia.

Los virus bacteriófagos (o simplemente fagos), son los depredadores naturales de las bacterias. Se dice que las formas de vida más abundantes en el planeta son las bacterias, pero no es cierto: en realidad son los fagos. ¡Se estima que hay en la Tierra unos 1031 bacteriófagos más que el resto de seres vivos juntos! Están por todas partes: en la tierra, en el agua, en nuestra piel. Y son los depredadores más letales y eficientes del planeta. Por suerte, su objetivo no somos nosotros.
Como todos los virus, están formados por un trozo de código genético protegido por una cápsula de proteínas. Esta cápsula en los fagos tiene una forma muy peculiar: se compone de una cabeza con forma de icosaedro de la que sale una especie de cola con pequeñas patas al final. Se parecen de manera impresionante a marcianitos malvados salidos de alguna película de ciencia ficción vintage o de un videojuego estilo Space Invaders. Y, como naves espaciales marcianas, aterrizan en la superficie de las bacterias y se enganchan a ella. A través de la cola, que funciona como una jeringa, inyectan dentro de la célula bacteriana su ADN, y este último toma control de la maquinaria de replicación celular, convirtiéndola en una fábrica de virus. Al final, llena de virus, la bacteria explota liberando una nueva generación de fagos listos para encontrar nuevas víctimas. Los fagos son la versión microbiana de Alien.

La terapia fágica es sencilla: se inoculan los virus vivos en el paciente, en la zona del cuerpo donde está la infección bacteriana (en algunos casos también por vía oral), y se les deja hacer su trabajo. Esta idea podría dar cierto miedo, pero no hay ningún peligro de que los bacteriófagos puedan atacar nuestras células, porque son demasiado diferentes a las de las bacterias. Además, y esta es una ventaja respeto a los antibióticos, los fagos son muy específicos: una especie de fago solo ataca a una o pocas especies de bacterias, así que no hay peligro de que pueda dañar también las bacterias beneficiosas de nuestro organismo (las que componen nuestra flora intestinal, por ejemplo). Si comparamos los dos tratamientos, los antibióticos son bombas atómicas que causan un montón de daños colaterales, mientras que los fagos son misiles teleguiados de alta precisión.

Estos microbios no son nuevos para la ciencia. Ya en 1917, el microbiólogo Felix D'Herelle había descubierto que las bacterias tenían sus propios virus. Durante algunos años, los bacteriófagos (cuyo nombre significa «comedores de bacterias») se consideraron un terreno de investigación prometedor y se empezaron estudios sobre ellos en varios países. Pero luego, en 1928, Alexander Fleming descubrió el primer antibiótico, la penicilina. Los antibióticos eran baratos y fáciles de producir, y tremendamente eficaces, así que pronto la terapia con fagos quedó olvidada... aunque no del todo: en algunos países de la ex unión soviética, como Georgia y Polonia, se siguió trabajando con ella, usándola para intentar curar infecciones que los antibióticos no podían tratar.

La Guerra Fría hizo que fuera difícil o imposible la comunicación científica y médica entre los dos bloques. Los trabajos científicos publicados en el bloque soviético no se tradujeron al inglés, así que en Occidente nadie supo nada de terapia fágica por muchas décadas. Pero ahora, a causa de la creciente amenaza de las superbacterias, los fagos están viviendo un nuevo momento de gloria en los laboratorios de todo el mundo. Recientemente, también la Armada estadounidense decidió reclutar a estos pequeños aliados en sus filas, incluyendo la investigación sobre fagos en los programas de su departamento científico.

Pese a todo, la terapia de fagos es todavía muy experimental. En los países exsoviéticos, donde más se ha usado, a menudo parece funcionar, pero faltan ensayos clínicos adecuadamente controlados que permitan validar los resultados. En España, y en general en Occidente, todavía está prohibido usar fagos en ensayos clínicos, pero en los últimos años han habido algunas excepciones. Un caso espectacular fue sin duda el de Tom Patterson, el primer hombre en Estados Unidos en curarse de una infección por superbacterias gracias a esta terapia, que fue autorizada de forma excepcional por la Food and Drug Administration. Patterson, infectado por la terrible Acinetobacter baumannii durante un viaje a Egipto, estaba a punto de morir. Su mujer Steffanie, epidemióloga, empezó a pedir ayuda a los laboratorios que estudiaban fagos en todo el mundo hasta encontrar un cóctel de varias especies de fagos capaces de atacar a la cepa de bacteria que infectaba al marido. Funcionó. Los fagos destrozaron a la superbacteria, y Tom Patterson se salvó en el último minuto. Pero para un caso de éxito como este, hay muchos más que todavía fallan. Tendrá que pasar bastante tiempo antes de que la terapia fágica esté disponible y segura para todo el mundo. Todavía hay que estudiar mucho a los fagos, también para excluir posibles efectos colaterales. Una ayuda en este sentido podría venir de la biotecnología. En varios laboratorios ya se está usando la ingeniería genética para modificar estos virus y hacerlos más seguros y eficientes.

También la gran especificidad de los fagos se puede convertir en un problema si llega un paciente con una infección grave por superbacterias y no se tiene a mano el fago adecuado para tratarla. Por esta razón hay que crear grandes librerías de fagos de todo tipo en los laboratorios y hospitales, para tenerlos listos en caso de necesidad. Para poder crear estas colecciones de virus, los científicos están buscando nuevos fagos por todo el planeta, y en los lugares más diversos: ríos, lagos, océanos, fuentes hidrotermales, cuevas, heces de animales... y hasta dentro de nuestro cuerpo.

El virus que algún día nos salvará la vida podría estar más cerca de lo que creemos, quizás incluso delante de nuestra nariz. ¡Solo hay que encontrarlo!

 Fuente: https://principia.io/2020/06/11/bacteriofagos-los-virus-que-nos-salvan-la-vida.IjEyMDAi/

Más información: https://naukas.com/2012/04/06/un-as-en-la-manga-los-fagos-de-tiflis/

miércoles, 10 de junio de 2020

Veneno

Coronavirus (los puntos azules) saliendo de una célula que ha infectado y en cuyo interior se ha multiplicado.

Taxonomía del coronavirus.
Reino: Orthornavirae
Filo: Pisuviricota
Clase: Pisoniviricetes
Orden: Nidovirales
Familia: Coronaviridae
Subfamilia: Betacoronavirus
SARS-CoV-2.

 "Ortho", del griego "orthós", significa "recto". "rna" porque es un virus cuyo material genético es ARN. "virae" es el sufijo que se le pone a los virus. Fuente: https://twitter.com/pmarsupia

 Más información: https://es.wikipedia.org/wiki/Virus

martes, 9 de junio de 2020

Júpiter

@Elzo_
Espctacular imagen de Júpiter fotografiada por la sonda Juno de la NASA el 02/06/20

“Trump es el presidente más criminal que jamás haya habitado el planeta Tierra”

<p>Noam Chomsky, durante la entrevista realizada por videoconferencia. </p>
Noam Chomsky, durante la entrevista realizada por videoconferencia.
 Vijay Prashad: Hola y bienvenidos a News Click. Hoy tenemos la suerte de tener con nosotros al legendario Noam Chomsky. Noam, bienvenido a News Click.

Noam Chomsky: Un placer estar contigo, aunque sea solo de forma virtual.

Hace unos 60 o 70 años, Aimé Césaire escribió una frase que me gustaría leerle: “Una civilización que no puede solucionar los problemas que ha creado, es una civilización en decadencia”. En mi opinión, esta es una frase muy acertada. Noam, ¿cómo describiría la civilización actual, sobre todo en los países occidentales?
Hace 15 años escribí un libro titulado Estados fallidos, que se centraba sobre todo en Estados Unidos, pero que generalizaba sobre otras sociedades occidentales. Lo que han hecho, bueno, antes ya tenían muchos problemas, pero lo que ha hecho occidente en los últimos 40 años es participar en un proyecto, que está muy bien para las personas que lo han diseñado, de hecho, ellas viven en el paraíso, pero que es un desastre para casi todos los demás. Se llama neoliberalismo. En los años 70 prosperó realmente con Reagan y Thatcher. El diseño estaba bastante claro desde el principio, como podemos ver en los resultados actuales, que son muy parecidos a lo que ellos adelantaron. La riqueza se ha concentrado hasta unos niveles extraordinarios, mientras que la población en general se ha quedado estancada, degradada. Por ejemplo Estados Unidos, donde actualmente un 0,1%, no un 1%, sino un 0,1% posee un 20% de la riqueza, y aproximadamente la mitad de la población tiene un patrimonio neto negativo, es decir, más pasivos que activos, así que más o menos un 70% vive al día, de nómina a nómina. Si se produce cualquier imprevisto, pues mala suerte. Las prestaciones también han disminuido considerablemente. 

Lógicamente, la concentración de riqueza se traduce directamente en un si cabe mayor poder de control sobre el sistema político. Siempre ha existido, pero ahora se ha agudizado. Eso se puede apreciar en la legislación, que está diseñada para destruir a los sindicatos, para destruir los derechos laborales, para crear un sistema global, que luego ha resultado ser perjudicial para los mismos responsables. Es un frágil sistema global que está diseñado para sacar hasta el último céntimo de beneficio posible de la movilidad del capital, aunque claro, sin movilidad laboral. Es un sistema extremadamente proteccionista. Se habla mucho del libre mercado, pero eso son patrañas, es un sistema altamente proteccionista, que está diseñado para garantizar los derechos de los inversores.

Pongamos el ejemplo de los medicamentos, ya que últimamente se habla mucho de eso. Existe una medicina que parece servir para aliviar algunos síntomas. Es propiedad de una farmacéutica, Gilead, una farmacéutica enorme, que desarrolló el medicamento, en parte, como siempre, gracias a las ayudas gubernamentales para el desarrollo de la investigación. Pero ellos quieren quedarse con la patente. 

Según las reglas neoliberales de la Organización Mundial del Comercio, tienen derechos de monopolio durante décadas, así que pueden cobrar, no sé, unos 20.000 dólares por dosis, si quieren. Bueno, pues resulta que existe una ley en Estados Unidos, la Ley Bayh-Dole, puedes comprobarlo si quieres, que obliga, no autoriza, sino que obliga al gobierno a garantizar que si un medicamento se desarrolla con ayudas del gobierno, tiene que estar públicamente disponible a un precio razonable. Pero vivimos en un mundo de gobiernos criminales que no se preocupan en absoluto por el mundo. Para nada. Reagan lo dejó bien claro y todos los que han venido después han hecho lo mismo. Así que todos ignoran esta norma y ellos pueden cobrar lo que quieren. Bueno, ahora la presión sobre ellos es tan grande que puede que den marcha atrás, pero así es como está diseñado el sistema. 

Y ese es el efecto que ha provocado en la gente, que ha marginado a muchas personas, ha creado lo que se denomina el precariado; es decir, una gran cantidad de personas en una situación muy precaria, sin sindicatos, sin ayudas. Tal y como señaló Thatcher, la sociedad no existe. Reagan y Thatcher dieron justo en el blanco. Lo primero que hicieron fue intentar destruir a los sindicatos, que es la única protección que tiene la gente frente al capitalismo depredador. Así que destruyámoslos. Bueno, Reagan ni siquiera aplicó, bueno, no ni siquiera, sino no aplicó  a propósito la legislación laboral que obliga a respetar ciertos derechos laborales y no contratar esquiroles, que es ilegal en todo el mundo, para acabar con las huelgas, y las empresas solo tomaron el testigo e hicieron lo mismo. Así que se abandona a la gente a su suerte, se la atomiza. Una de las consecuencias es una gran ira, rencor y odio hacia las instituciones. Y este es un terreno fértil para que aparezcan demagogos y digan que la culpa es de otro, como por ejemplo los inmigrantes, los espaldas mojadas, las madres que viven de las ayudas, como sucedió en tiempos de Reagan, algo que es extremadamente racista, y culpar de los problemas a las madres negras ricas que van a cobrar el subsidio en limusinas para robarte lo tuyo. Ese tipo de cosas. Trump es un genio en ese sentido, lo hace constantemente. Por eso habla tanto de construir el muro y todo lo demás.

Y esto está sucediendo en muchos otros países, terreno fácil para los demagogos. Ese es el mundo al que nos enfrentamos: un mundo de capitalismo salvaje y extremo que ha tenido 40 años para destrozarlo todo. En Europa esto se agudiza por la propia estructura de la Unión Europea, que transfiere todas las decisiones, las decisiones importantes, a una troika no electa, a Bruselas, que tiene a los grandes bancos observándola por encima de los hombros, así que puedes imaginarte cuál será el resultado. Ese es el mundo actual. Y todavía no he hablado de lo peor.

Pongamos India, por ejemplo, que en 50 años será un lugar inhabitable, si persiste la situación actual, muy probablemente, no es seguro, pero si el curso de las cosas sigue como hasta ahora, los análisis más creíbles sugieren que India será sencillamente inhabitable, todo el sur de Asia, será inhabitable, por el calentamiento del planeta. ¿Y esto a quién beneficia? A los ricos y poderosos: empresas de hidrocarburos, grandes bancos, fábricas contaminantes, etc. ¿Y qué estamos haciendo al respecto? Bueno, la mayoría de países está haciendo algo. El país que más hace es Estados Unidos. Está corriendo hacia el precipicio lo más rápido posible. El principal plan de Trump es destruir las probabilidades de que exista una vida humana organizada. Literalmente. Este es el presidente humano más criminal que jamás haya habitado el planeta Tierra. De acuerdo, Hitler era un monstruo que quería matar a todos los judíos, a todos los gitanos, a 30 millones de personas. De eso podemos librarnos. Pero Hitler no quería acabar con la vida humana organizada en el planeta Tierra, Trump sí. Sabe perfectamente lo que está haciendo, pero le da igual. Y la gente que le apoya, por ejemplo el director general de JP Morgan Chase, que está volcando dinero en los combustibles fósiles, lo sabe perfectamente bien. Pero les da igual. 

De hecho, si lees a los nuevos gurús liberales, que veneran a Milton Friedman… Este lo dice a las claras: la única función de una empresa es maximizar el beneficio de los accionistas y de los administradores. Si destruyen el mundo, no es su problema. Y la civilización se derrumbará si no estás a la altura de ese objetivo. Esa es la doctrina neoliberalista, que data de la década de 1920. No es nada nuevo. De hecho, todo esto, la idea de neoliberalismo, se remonta a la década de 1920 en Austria: Ludwig von Mises, el gran gurú Friedrich Hayek. Adoran la autoridad, dicen que no les gusta el Estado, pero mienten descaradamente. Adoran al Estado, adoran el poder del Estado. Von Mises, en los años 20, apenas podía controlar su euforia al ver cómo el incipiente régimen fascista austríaco aplastaba el movimiento obrero y acababa con la socialdemocracia, utilizando la violencia para conseguirlo. Era maravilloso porque eliminaba las interferencias para una economía sólida. Por eso alabó el fascismo y la salvación de la civilización. 

Cuando Pinochet instauró su dictadura se apresuraron a apoyarla y a participar en ella porque era el experimento perfecto para sus ideales neoliberales. No podía haber objeciones, las cámaras de tortura se encargaban de que así fuera. Entonces el dinero comenzó a llover, de inversores internacionales, del Banco Mundial, de Estados Unidos. Aun así fueron lo suficientemente inteligentes para sobreponerse a sus doctrinas y dejar en su sitio la muy eficiente empresa pública de cobre Codelco, que aporta la mayor parte de la recaudación pública. Así que ahí olvidaron sus doctrinas. El experimento perfecto. Pero, ¿qué sucedió? A los cinco años ya habían destrozado por completo la economía. El Estado tuvo que intervenir más que con Allende. ¿Cambió algo por eso? No, de hecho, cuando Hayek visitó Chile durante la dictadura de Pinochet, dijo que no se había encontrado con nadie que no dijera que había más libertad con Pinochet que antes, lo que probablemente fuera verdad, si tenemos en cuenta la gente que visitó. Eso es el neoliberalismo: le parece perfecto salir de la presente crisis con un sistema muy parecido al que instauraron en beneficio propio, pero más duro, más brutal, más autoritario, con mayor control policial. Es normal, porque eso es perfectamente coherente con los ideales neoliberales de hace un siglo. Así que no deberíamos estar sorprendidos. Están trabajando sin descanso mientras a todos los demás les están diciendo que se queden en casa. Ellos trabajan muy duro para asegurarse de que el día de mañana se parezca mucho a eso. Es una brutal guerra de clases que se está desarrollando frente a nuestros ojos. 

Mientras hablamos, las calles de Estados Unidos están ardiendo, la gente ha decidido que ya no va a aceptar más esta situación, tras el asesinato de George Floyd. Incluso los liberales parecen estar perdiendo la paciencia. Por ejemplo leí el otro día a George Packer, que escribió un artículo con el título “Estamos viviendo en un Estado fallido”. Es muy sorprendente ver a un liberal escribir sobre el estado fallido. Y es desgarrador ver cómo asesinan a otro ciudadano afroamericano, aunque también ver cómo la gente sale a las calles, quiero decir, ¿debería esta reacción insuflarnos algún tipo de esperanza?
Bueno, en realidad lo que está sucediendo sirve un poco para alimentar la esperanza. En primer lugar el asesinato de George Floyd no es un acontecimiento inusual. Quiero decir, este tipo de eventos solían suceder con cierta frecuencia, pero nadie les prestaba atención. Lo que resulta prometedor, y es difícil decir esto en medio de las revueltas, lo prometedor es que hay una reacción, y eso demuestra que se ha producido una especie de mejora en el nivel de civilización del país. De igual modo que antes pasaba desapercibido, al menos mucha gente era consciente y antes no participaba, ahora sí lo hace. Sin embargo, déjame ofrecer una crítica al respecto, es decir, lo entiendo, simpatizo, todo eso está muy bien, pero date cuenta de cómo la atención se está concentrando en los otros policías: uno de ellos es un asesino, pero los otros tres se quedaron inmóviles, no hicieron nada. Están apareciendo numerosas denuncias contra los tres que se quedaron inmóviles. 

No obstante, de vez en cuando resulta útil mirarse en el espejo. ¿Se te ocurre alguien que se quedara inmóvil, durante, en verdad, casi toda nuestra vida y mucho antes, mientras sucedía este tipo de cosas, que no hiciera nada? Gente como yo, por ejemplo, y todos los demás, ¿qué hemos hecho para mejorar la situación que ha dado pie a esto? No cabe duda de que podemos culpar a los policías que se quedaron inmóviles, pero hay un problema de mayor calado, un problema muy arraigado en el lado blanco, incluso las personas que son activistas, participantes, todos permanecimos prácticamente inmóviles ante la situación. Las protestas actuales recuerdan en gran medida a otras, las de 1992, tras el asesinato de Roger Rodney King, aunque fuera la policía de Los Ángeles. Cuando los policías que lo asesinaron salieron del juicio sin castigo alguno, se produjo una tempestad de protestas. La semana de las protestas, creo, murieron 60 personas, se llamó a los militares y la consecuencia, como siempre, fue desviar la atención hacia los manifestantes: necesitamos más ley y orden, más fuerza. 
Esa es la respuesta típica que se da frente a las manifestaciones, solo que ahora las protestas son más numerosas. 

Y debería señalar que esto da lugar a preguntas que los activistas deberían plantearse, que siempre deberían plantearse. Hay que distinguir entre tácticas que hacen que te sientas bien y tácticas que realmente consiguen algo bueno. Las que hacen que te sientas bien son sencillas, como romper un escaparate y demostrar lo enfadado que estoy, eso hace que me sienta bien, pero ¿hace algo bueno?: no. Es un regalo para el presidente Trump y para la derecha. Les encanta. Quizá sea difícil contenerse en tiempos de rencor o crisis, pero si te preguntas a ti mismo, ¿cuál es mi objetivo? La cuestión de qué hacer resulta evidente, siempre, a lo largo del tiempo: son las protestas no violentas, que son difíciles y exigen valor y contención, pero son las que han conseguido cambiar la opinión pública para que apoye la causa que defendemos. Las protestas violentas siempre han sido un regalo para los elementos más duros y más brutales de la sociedad. Y hay que tener eso en cuenta si te tomas la causa en serio. Es duro, no es sencillo. Es fácil simpatizar, sobre todo con los negros, que fueron pisoteados durante 400 años, y no se puede criticar ninguna reacción, pero los demás deberían pensar seriamente en esas cosas. 

Ese pensamiento es muy potente porque creo que la cuestión de la estrategia y la cuestión de las tácticas deberían, como es lógico, tomarse muy en serio. Pero quería hacerle una pregunta que creo que no se plantea mucho. En el Instituto Tricontinental estamos dándole vueltas al concepto de coronashock y sugerimos que mientras que los países más capitalistas lo están pasando peor en esta pandemia, resulta bastante extraordinario que los países socialistas parecen estar resistiendo mucho mejor. Uno de los primeros libros suyos que leí fue The New Mandarins, que iba sobre Vietnam. Me afectó mucho, Noam, porque sus escritos sobre Vietnam fueron muy importantes para aquellos de nosotros que queríamos acercarnos y aprender más sobre el poder de Estados Unidos. Vietnam y su primer ministro, Nguyễn, han mostrado una actitud completamente diferente hacia la pandemia global y, de hecho, a pesar de compartir una frontera de 1.400 kilómetros con China, Vietnam no ha sufrido ni una sola víctima. Mi pregunta es si tiene algo que decir sobre este país, que Estados Unidos bombardeó de forma tan brutal durante una gran parte de su historia del siglo XX, y que no solo no haya sufrido ninguna víctima, sino que además ha donado 440.000 equipos de protección personal a Estados Unidos. ¿Cómo debe entenderse esto, un país que fue maltratado de forma tan brutal y que ahora sea tan generoso en medio de una pandemia global?
Bueno, resulta sorprendente observar las cifras de Vietnam, que no puedo comprobar, pero que los científicos parecen aceptar, y todo parece indicar que el número de fallecidos ha sido bastante bajo o hasta incluso cero. De hecho, si se observa cuando empezó la pandemia, Estados Unidos estaba particularmente mal preparado, y hay muchas razones de ello. La principal es que se trata de la sociedad que más dirigida está por empresas. Y cuando la sociedad está gestionada por empresas, esta va a estar orientada hacia el beneficio de los ricos. Esto es casi una tautología. Así que los hospitales estaban siendo administrados siguiendo un modelo de negocio, casi como una fábrica de montaje. Sin recursos de reserva, nada extra, porque eso sería un desperdicio de dinero. Ni en circunstancias normales eso funcionaría muy bien, pero cuando se produce una catástrofe o incluso algo medianamente grave, es una tragedia. 

George H. W., el primer Bush, había creado un consejo asesor científico y cuando Obama asumió el cargo, a los pocos días de su mandato, lo activó y les pidió que elaboraran propuestas para tratar una pandemia inminente. Todo el mundo sabía que iba a llegar y por eso les preguntó ¿qué debemos hacer? A las dos semanas le entregaron un plan muy detallado y se aplicó. En cuanto Trump inició su mandato, en sus primeros días, lo que hizo fue desmantelarlo todo porque no generaba ganancias. Este es el neoliberalismo extremo, en lugar del neoliberalismo moderado; salvajismo salvaje en lugar de salvajismo moderado. Desde su primer día en el cargo, Trump retiró los fondos del Centro para el Control de Enfermedades, cada año; eliminó también los programas de científicos estadounidenses que trabajaban en China con científicos chinos para intentar identificar posibles coronavirus. Un trabajo duro y peligroso, de hecho algunos científicos chinos murieron desempeñándolo, pero todo fue desmantelado. 

Y ese es el extremo: Estados Unidos, sin ninguna preparación. A los pocos días, China, increíblemente rápido, había identificado la secuencia del virus, el genoma, y se la había entregado a todo el mundo. Todo el mundo estaba al corriente. Estados Unidos no hizo nada. Los servicios de inteligencia lo sabían, las autoridades sanitarias lo sabían, y no quisieron hacer nada. Eso es lo peor. Europa se encuentra más o menos en el medio, algunos reaccionaron y otros no; total, nunca les prestamos mucha atención a estos asiáticos. Pero en la zona de China casi todos los países reaccionaron. Vietnam lo hizo de manera extraordinaria, pero también Nueva Zelanda y Australia reaccionaron, y lo contuvieron. Corea del Sur fue uno de los más destacados en el sentido de que contuvieron un brote muy grave de manera inmediata. Casi todo con test, sin confinamiento. No lo necesitaron porque utilizaron técnicas de control y seguimiento, y también lo mantuvieron prácticamente bajo control. Igual que  Taiwán, Hong Kong y Singapur. Singapur tenía hasta hospitales que habían sido preparados y mantenidos vacíos en caso de que se produjera una pandemia. Sin embargo, occidente actuó mucho peor y Estados Unidos fue el peor de todos. 
Y creo que eso está directamente relacionado con hasta qué punto un país está dirigido por las empresas, hasta qué punto el gobierno se preocupa por sus habitantes. Estas dos cosas están inversamente relacionadas. Bueno, no siempre, hay dictaduras que no se preocupan por sus habitantes, pero en los países de los que hablamos, estos dos conceptos están inversamente relacionados, en gran medida. Esto resulta en cierto modo evidente. 

De hecho, uno de los casos más sorprendentes, que es algo de lo que no se te permite hablar en Estados Unidos, es Cuba. Existe algo llamado la unión de la Unión Europea. Por ejemplo un país rico, como Alemania, que ha sido capaz de contener el virus, más o menos, porque tiene medios extra, más capacidad de diagnóstico, etc. Ha conseguido una tasa de mortalidad muy baja, porque es un país muy rico. Y luego está otro país al sur, no muy alejado, que sufrió una terrible pandemia en el norte: Italia. El norte de Italia. ¿Has visto médicos alemanes en el norte de Italia? Quiero decir, si los había, lo han mantenido en secreto. 

Pero sí ves médicos cubanos, el único país internacionalista del mundo, que una vez más, ha enviado miles de médicos a los lugares que se han visto más afectados, y que trabajan en las situaciones más difíciles, al igual que hicieron tras el devastador terremoto de Haití y de Pakistán. Este es un país, no hace falta que lo diga, que EE.UU. ha pisoteado durante 60 años. Estados Unidos ha intentado aplastarlo con terrorismo, guerras económicas, etc. Son tan rigurosos que si una empresa sueca quiere enviar equipos médicos a Cuba, no puede hacerlo porque podrían despertar la ira del señor de la mafia. Así que terminan no enviándolos. Y es Cuba, que para empezar tiene al virus en gran medida controlado, quien envía ayuda a otros países, y la ironía de todo esto supera cualquier descripción imaginable. Y eso es otra cosa que no verás en los titulares de la prensa. 

De hecho cuando se habla de ello, que a veces sucede, se acusa a Cuba de trabajos forzosos por obligar a los médicos a ir, para que el Estado pueda robarlos. Bueno, esto, como mucha de la propaganda que existe, se basa en una minúscula verdad, porque parte de la financiación que reciben los doctores la recibe el gobierno, que la destina a los servicios de salud, a la formación y a mejorar los servicios de salud. Cuba es un estado totalitario, con trabajo esclavo, entonces hay que aumentar el castigo. ¿Es esto una forma de fabricar consentimiento? Pues ese es un magnífico ejemplo, en mi opinión. Pero ahí tienes a la Unión Europea por un lado y, por otro, a la ayuda internacional del único país internacionalista del mundo, el país que más ataques sufre del señor de la mafia. Y ese es el mundo en el que vivimos. Pero de eso no se habla. 

Bueno, Noam Chomsky, ha sido un verdadero placer tenerle en News Click y sobre todo terminar con usted hablando de forma tan apasionada sobre Cuba. Muchísimas gracias. 
Un gusto hablar contigo. Hasta la próxima.

lunes, 8 de junio de 2020