viernes, 24 de agosto de 2018

La Nueve, 2ª división Leclerc

En qué consistió la hazaña de La Nueve, la compañía de españoles que liberó París de los nazis

«La Nueve» fue el nombre asignado popularmente a la 9.ª Compañía de la 2.ª División Blindada de la Francia Libre, también conocida como División Leclerc. Se trató de una compañía bastante destacada al estar formada casi íntegramente por unos 150 republicanos españoles bajo mando francés, aunque en la División Leclerc también estaban enrolados y dispersos otros soldados de origen español en diversas compañías.

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Entrada de un vehículo de La Nueve durante la Liberación de París.
 La División Leclerc blindada había nacido en mayo de 1943 bajo el mando del general Philippe Leclerc de Hauteclocque en el Chad centroafricano, actuando en apoyo a la Francia Libre. Estaba compuesta por 16 000 hombres, de los cuales a inicios de 1943 unos 2.000 eran españoles. Después de que la Francia Libre tomara el control del Norte de África, los republicanos españoles integrados en las tropas francesas tuvieron la opción de escoger entre la División Leclerc (ya veterana de la Francia Libre) o las fuerzas del general Henri Giraud, (formadas por numerosos leales a Vichy que recientemente habían cambiado de bando). Ante esta situación, la gran mayoría de los españoles escogió la unidad de Leclerc. Si bien muchos soldados españoles pensaban que esta fuerza podría ser más tarde el núcleo de un renacido ejército republicano español, tal esperanza nunca se concretó y continuaron sirviendo como tropa extranjera firmemente adscrita a la Francia Libre (jamás como unidad autónoma de esta). No obstante, se les permitió bordar en sus uniformes franceses la antigua bandera tricolor republicana.

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La División Leclerc se denominó oficialmente «2ª División Blindada» y su 9ª Compañía fue más conocida como «La Nueve» o «La Novena», con el capitán francés Raymond Dronne al mando. La mayor parte de los españoles allí integrados eran socialistas, anarquistas, comunistas, del POUM catalán, apolíticos hostiles a Franco,  mientras que otros simplemente llegaban como desertores de campos de concentración marroquíes y argelinos.

En septiembre de 1943, la División Leclerc fue transferida a Rabat en Marruecos, donde se la dotó de armamento procedente de los Estados Unidos: 160 tanques M4 Sherman, 280 semiorugas M3 blindados y M8 Greyhound, camiones Dodge, GMC, Brockway, Diamond y también muchos Jeeps. Algunos de los nombres españoles que les dieron a los tanques fueron muy curiosos.

Componían la unidad de mando un Jeep con el nombre de «MORT AUX CONS» y el semioruga «LES COSAQUES». A la 1.ª Sección de Combate, pertenecían: DON QUICHOTTE, CAP SERRAT, LES PINGOÜINS, MADRID, GUERNICA (remolcando un cañón de 57 mm). A la 2.ª Sección de Combate: RESISTENCE, TERUEL, ESPAÑA CAÑI (luego LIBERATION), NOUS VOILA y EBRO (remolcando un cañón de 57 mm). La 3.ª Sección de Combate: TUNISIE 43, BRUNETE, ALMIRANTE BUIZA, GUADALAJARA y SANTANDER (remolcando un cañón de 57 mm). Junto a estos vehículos, rodaban unos cuantos camiones encargados del suministro y abastecimiento de La Nueve. Veteranos anarquistas intentaron nombrar a un carro de combate como su fallecido líder Buenaventura Durruti, pero los franceses no lo permitieron, por lo que le pusieron Les Pingouins. En los tanques manejados por los españoles se permitió también pintar la bandera de la Segunda República Española. [...]

La ciudad de París se sublevó contra los alemanes el 20 de agosto de 1944, y Charles de Gaulle insistió ante el mando supremo aliado para que tropas de la Francia Libre acudieran a liberar la capital francesa antes que la Wehrmacht decidiera luchar en las calles y destruyera estructuras urbanas fundamentales (puentes sobre el río Sena, redes de agua, edificios públicos) conforme lo había ya ordenado Adolf Hitler.

Imagen relacionadaPrimeramente el mando estadounidense, dirigido por Dwight D. Eisenhower, prefería atacar masivamente a las tropas germanas que se concentraban al norte de París y retardar la conquista de dicha ciudad. Pese a ello, De Gaulle ordenó a sus tropas aprovechar la revuelta de la Resistencia Francesa con el fin de tomar París y para ello fue elegida la División Leclerc. Precisamente en esta ocasión la 9.ª Compañía española, unidad de reconocimiento de la División Leclerc, es la primera unidad aliada en penetrar en la urbe.

El primer blindado que llegó a la plaza del ayuntamiento de París fue el "Guadalajara", con tripulación exclusivamente extremeña. Los primeros disparos que las fuerzas aliadas efectuaron se hicieron,efectivamente, desde el blindado "Ebro", mandado por el capitán canario Campos y conducido por el catalán Bullosa. En las cercanías del Arco del Triunfo patrullaban Alfredo Piñero y Francisco Izquierdo, que se quedó mudo cuando una muchacha, tras los besos y abrazos de rigor exclamó:¡Eres el primer soldado francés al que beso". a lo que éste contestó "Somos rojos españoles". Anécdota parecida le ocurrió al locutor que entrevistó a los recién llegados y recibió un castizo "pardon mesier mais ye suis español". Por lo demás la dotación que llegó al ayuntamiento de París el 22/08/1944 fueron los half-track: Madrid, Jarama, Ebro,Teruel, Guernica, Belchite, Guadalajara, Brunete y Don Quijote, junto con un tanque tripulado por 4 franceses: el "Romilly". Este era el destacamento, que, con toda justicia, llamaron "los liberadores de París".

Placa en homenaje a los soldados españoles de La Nueve, colocada en el edificio anexo al Ayuntamiento de París, en el Quai de l'Hôtel-de-Ville, esquina con la Rue de Lobau (IV distrito de París).
A las 21:22 horas de la noche del 24 de agosto de 1944, la 9.ª Compañía irrumpió en el centro de París por la Porte d'Italie. Al entrar en la plaza del Ayuntamiento, el semioruga español "Ebro" efectuó los primeros disparos contra un nutrido conjunto de fusileros y ametralladoras alemanas. Después los civiles que salieron a la calle cantando La Marsellesa, para su sorpresa constataban que los primeros soldados liberadores eran todos españoles. El jefe francés de la 9.ª Compañía, Raymond Dronne, se dirigió hacia la comandancia del general alemán Dietrich von Choltitz para requerir la rendición. Continuar leyendo: https://es.wikipedia.org/wiki/La_Nueve

Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/La_Nueve
https://www.facebook.com/LaNueveLeclerc/

jueves, 23 de agosto de 2018

Reflexión sobre la sobriedad, de José Mujica

Durante la entrevista para el Documental HUMAN, de muy recomendada visualización, en el que el austero expresidente de UruguayJosé Mujica, muestra su visión de la vida en el mundo actual.

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Una perspectiva que no estamos acostumbrados a escuchar pero sin embargo ninguna de sus palabras carecen de sentido es más, su razonamiento es suficiente para darle una vuelta a la vida humana con el único objetivo de disfrutarla.

Objetivo que olvidamos constantemente, objetivo que se contradice con una realidad de jornadas laborales que ocupan gran parte del día, una sociedad consumista
en la que solo se piensa en ganar para tener y en tener para ganar. El discurso íntegro del vídeo a continuación:

Nuestro modo de vivir, nuestros valores, son la expresión media de la sociedad donde vivimos. Y nos aferramos a ello. Pero no ahora por ser presidente. Esto lo pensamos mucho. Pasamos más de 10 años en el calabozo, solos. Tuvimos tiempo, estuvimos 7 años sin leer un libro. Tuvimos tiempo para pensar y descubrimos esto: 

O logras ser feliz con poco, y liviano de equipaje porque la felicidad la llevas tú, o no logras nada. Esto no es una apología de la pobreza sino una apología de la sobriedad

Como hemos inventado una sociedad de consumo, y la economía tiene que crecer, porque si no crece es una tragedia, inventamos una montaña de consumo superfluo. Hay que tirar y comprar y tirar… y así se nos va la vida. Cuando yo compro algo, o tú, no lo compras con plata, lo compras con el tiempo de vida que tuviste que gastar para tener esa plata


Pero con la diferencia de que la vida no se puede comprar.  La vida se gasta.  Y es miserable gastar la vida para perder la libertad.”

 Fuente: https://elmundomasallademisojos.wordpress.com/2015/10/16/reflexion-jose-mujica/

La impactante campaña con la que Greenpeace quiere prohibir las pajitas de plástico

España es el país de Europa donde más pajitas se usan: 13 millones al día.

 Los españoles consumen 4.745 millones de pajitas de plástico cada año, el quinto residuo más habitual en las playas. Por eso la organización ecologista Greenpeace ha pedido acabar con estos materiales que tardan "hasta 500 años" en descomponerse.

Y para ello, han lanzado una espectacular campaña con impresionantes imágenes, para exigir una ley que prohíba "estos y otros productos de usar y tirar" y pedir a la gente "que deje de consumir pajitas".
"España es el país de Europa en el que más pajitas se usan: 13 millones al día", indican desde Greenpeace. Cada persona consume anualmente 110 de estos objetos plásticos de un solo uso, uno cada tres días.

GREENPEACE
En la lista de los 10 residuos más recolectados en playas y zonas costeras, las pajitas ocupan el quinto lugar tras colillas, envoltorios de comida, botellas de plástico y tapones de botellas.
Al degradarse en el mar, generan microplástico que "vuelve a nuestras mesas a través del pescado y marisco que consumimos".

GREENPEACE
 Además, se estima que más de un millón de aves y unos 100.000 mamíferos marinos mueren cada año como consecuencia de todos los plásticos que llegan al mar, detalla la ONG.

En España sólo se recicla el 37% del plástico"Las pajitas de plástico han pasado a ser unos de los elementos más frecuentes en nuestros mares, playas, ríos. A pesar de ser el utensilio plástico más prescindible e innecesario, en el Mediterráneo suponen ya el 6% de la contaminación por plástico", informa Julio Barea, responsable de la campaña.

GREENPEACE
 En Europa se venden cada año 36.500 millones de unidades y se estima que entre el 40 y el 60% de las tortugas ingieren plásticos, un porcentaje que alcanza incluso el 93% en algunas especies de aves.
Según el último informe de la patronal de las empresas del sector del plástico, solo el 37% de los envases de este material se reciclaron en España en 2017. Esto supone que al menos un millón y medio de toneladas de estos residuos contaminan el entorno cada año (casi 158.000 camiones de basura al año, equivalente a la distancia entre Madrid y París si se pusieran en fila).

Greenpeace aporta alternativas al empleo de elementos de plástico de un solo uso, como las pajitas de vidrio, acero o bambú, fomentar el consumo de agua del grifo frente a la embotellada, implantar un sistema de devolución y retorno de envases de bebidas o promover el uso de envases reutilizables.

Fuente: https://www.huffingtonpost.es/2018/08/21/la-impactante-campana-con-la-que-greenpeace-quiere-prohibir-las-pajitas-de-plastico_a_23506745/

martes, 21 de agosto de 2018

Los microbios no tienen #escutoides

Escutoides: la noticia del verano

Los microbios, por definición son unicelulares. No se organizan en epitelios, tejidos u órganos. Por eso, no tienen escutoides. Y por eso, para un microbiólogo los escutoides no son interesantes, ... o sí. Los escutoides son un objeto geométrico, no descrito hasta ahora, descubierto mirando a las glándulas salivales de la mosca de la fruta. Ha sido la noticia científica de este verano, han sido descritos por investigadores españoles, lo han publicado en Nature Communications (1), y una de las autoras es amiga mía (Clara Grima). Seguro que a Pasteur le hubieran interesado y por eso hablo de ellos en su rincón.

Los organismos pluricelulares organizan sus células en epitelios, tejidos y órganos. Las células epiteliales son los bloques de construcción con los que se forma cualquier organismo. Forman láminas y conforme el animal se va desarrollando, se organizan en tejidos que dan lugar a órganos: estructuras complejas en tres dimensiones. Durante muchos años, los investigadores han estudiado cómo se empaquetan esas células epiteliales para acabar formando órganos tridimensionales con formas muy diversas. Sin embargo, la arquitectura y la forma de empaquetamiento y de curvatura de las células epiteliales seguía siendo motivo de estudio.

Este verano, un grupo de investigadores (un magnífico ejemplo de trabajo colaborativo entre biólogos celulares, físicos y matemáticos) de la Universidad de Sevilla acaban de publicar un nuevo modelo que explica cómo se empaquetan las células, qué figura geométrica tridimensional adoptan, durante la morfogénesis, el proceso biológico que permite que un organismo vivo desarrolle su forma. En concreto, estos investigadores han trabajado con las células de las glándulas salivales de la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster).

Células epiteliales


Hasta ahora se pensaba que los epitelios se construían empaquetando prismas o pirámides truncadas, con una base en la superficie basal y otra en la apical. Sin embargo, este modelo no se corresponde con la organización de las células en los tejidos epiteliales cuando se miran al microscopio. Se puede observar que hay células que son vecinas, por ejemplo en la capa apical y que dejan de serlo en la capa basal. Si las células fuesen prismas o pirámides truncadas esto es imposible. Si han cambiado su posición relativa de una capa a otra es porque el prisma se ha retorcido por el camino. Desde el punto de vista geométrico los prismas o pirámides truncadas no explican lo que sucede en la realidad. Y desde el punto de vista de la biología celular, es necesario saber qué células están en contacto en cada punto.

Es necesario, por tanto, una forma geométrica que modele bien las células de los tejidos epiteliales, que se pueda plegar y adoptar distintas curvaturas, cuya forma corresponda a un modelo de equilibrio de fuerzas y que vaya desde la superficie basal hasta la apical, pero sin tener que tener los mismos contactos en ambas superficies. La solución a todo ello es el escutoide*, una nueva forma geométrica, un prisma "retorcido".

Escutoide

En palabras de una de las autoras del trabajo Clara Grima: "Un escutoide es un sólido geométrico entre dos capas paralelas (la basal y la apical) de tal forma que la intersección del escutoide en cada una de las dos capas (y en el resto de las capas intermedias también) son polígonos. Los vértices de estos dos polígonos están unidos por una curva o por una conexión en forma de Y. Las caras de los escutoides no son necesariamente convexas, pueden tener huecos hacía dentro, por lo que varios escutoides pueden empaquetarse para llenar todo el espacio entre las dos superficies paralelas" (2).

La forma en la que la naturaleza soluciona la curvatura de los epitelios 

La estructura del escutoide es probablemente la más favorable para el tejido desde el punto de vista energético y de equilibrio: mínimo uso de energía y máxima estabilidad en las uniones. Esta geometría facilita que el epitelio pueda adoptar formas muy diferentes, que son necesarias para que se establezcan bien los órganos y funcionen correctamente. Además, conocer cómo es la estructura de las células epiteliales nos puede permitir identificar modelos de epitelios sanos, a partir de su geometría, lo que sirve para detectar un crecimiento celular anómalo, como ocurre en los tumores. Por otra parte, saber cómo se organizan las células es fundamental para la ingeniería de tejidos y la creación de órganos con impresión 3D, por ejemplo.

Como ves, los escutoides nada tiene que ver con los microbios, pero es una noticia fascinante, sobre todo por comprobar cómo la naturaleza soluciona los problemas de estabilidad de las células uniendo la biología, la física y las matematicas.

(*) El término escutoide es una palabra nueva. Hace referencia al apellido del investigador principal del trabajo, Luis M Escudero, derivado del latín scutum (escudo); y al hecho de que la estructura escutoide recuerda a la forma del tórax o scutum de los escarabajos de la especie Protaetia speciosa. A la base de escudo se le añadió el sufijo griego –oide, que significa 'parecido a'. 


Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/blogs/medicina-y-biologia/43/posts/los-microbios-no-tienen-escutoides-16657

50 años del fin de la Primavera de Praga

https://ep01.epimg.net/elpais/imagenes/2018/08/20/album/1534751437_321470_1534776107_noticia_normal.jpg
La política de Dubcek es apoyada e impulsada por intelectuales y políticos que en junio firman el "Manifiesto de las 2000 palabras", donde cuestionan el comunismo como sistema y critican al KSC. La formación política se distancia del documento pero sin actuar en contra de sus signatarios, al tiempo que se niega a ceder a las crecientes presiones de Moscú y de sus aliados. En la imagen, un hombre observa los tanques recorrer las calles de Praga durante la invasión soviética, en agosto de 1968. Cordon Press
El sueño de un "socialismo de rostro humano" que pasó a la historia como la "Primavera de Praga" fue sepultado por las tropas del Pacto de Varsovia hace exactamente medio siglo. En la imagen, un ciudadano muestra la hora en su reloj de pulsera frente a una avenida en Praga, en agosto de 1968.
El sueño de un "socialismo de rostro humano" que pasó a la historia como la "Primavera de Praga" fue sepultado por las tropas del Pacto de Varsovia hace exactamente medio siglo. En la imagen, un ciudadano muestra la hora en su reloj de pulsera frente a una avenida en Praga, en agosto de 1968. Magnum Photos / NG Prague
Ciudadanos de Praga rodean los tanques soviéticos frente al edificio de la estación de radio checoslovaca en el centro de la ciudad durante el primer día de la invasión liderada por los soviéticos, el 21 de agosto de 1968.
Ciudadanos de Praga rodean los tanques soviéticos frente al edificio de la estación de radio checoslovaca en el centro de la ciudad durante el primer día de la invasión liderada por los soviéticos, el 21 de agosto de 1968. REUTERS
Bajo el nombre "Operación Danubio", la avalancha militar de 200.000 soldados, 2.300 tanques y 700 aviones de los ejércitos de la antigua Unión Soviética (URSS), la República Democrática Alemana, Hungría, Polonia y Bulgaria cruzó la frontera poco antes de la medianoche del 20 de agosto de 1968. En la imagen, un civil con una lata de gasolina observa cómo los tanques soviéticos ruedan por la calle durante la invasión de las fuerzas del Pacto de Varsovia en Praga, Checoslovaquia, en agosto de 1968.
Bajo el nombre "Operación Danubio", la avalancha militar de 200.000 soldados, 2.300 tanques y 700 aviones de los ejércitos de la antigua Unión Soviética (URSS), la República Democrática Alemana, Hungría, Polonia y Bulgaria cruzó la frontera poco antes de la medianoche del 20 de agosto de 1968. En la imagen, un civil con una lata de gasolina observa cómo los tanques soviéticos ruedan por la calle durante la invasión de las fuerzas del Pacto de Varsovia en Praga, Checoslovaquia, en agosto de 1968. Getty Images
Desde 1948 en el país centroeuropeo el único partido permitido era el KSC, y cualquier crítica o protesta contra el régimen era duramente reprimida. Pero después de la muerte de Josef Stalin en 1953 se llevaron a cabo algunas cautelosas reformas económicas y se relajó tímidamente la estricta censura, lo que dio pie al surgimiento de movimientos de intelectuales y artistas que se atrevían cada vez más a criticar al partido comunista. En la imagen, manifestantes queman neumáticos durante los enfrentamientos con las tropas soviéticas tras la ocupación de Checoslovaquia, el 21 de agosto de 1968.
Desde 1948 en el país centroeuropeo el único partido permitido era el KSC, y cualquier crítica o protesta contra el régimen era duramente reprimida. Pero después de la muerte de Josef Stalin en 1953 se llevaron a cabo algunas cautelosas reformas económicas y se relajó tímidamente la estricta censura, lo que dio pie al surgimiento de movimientos de intelectuales y artistas que se atrevían cada vez más a criticar al partido comunista. En la imagen, manifestantes queman neumáticos durante los enfrentamientos con las tropas soviéticas tras la ocupación de Checoslovaquia, el 21 de agosto de 1968. AFP
Un ciudadano checoslovaco arroja una piedra contra un tanque soviético en Praga, en agosto de 1968.
Un ciudadano checoslovaco arroja una piedra contra un tanque soviético en Praga, en agosto de 1968. Magnum Photos / NG Prague
Tropas soviéticas marchan por las calles del centro de Praga (Checoslovaquia), tras la ocupación en agosto de 1968. El contingente fue aumentando en los días siguientes a la ocupación hasta totalizar 750.000 soldados y 6.000 tanques.
Tropas soviéticas marchan por las calles del centro de Praga (Checoslovaquia), tras la ocupación en agosto de 1968. El contingente fue aumentando en los días siguientes a la ocupación hasta totalizar 750.000 soldados y 6.000 tanques. Getty Images
Richard Seeman, redactor jefe de Radio Praga en 1968, recuerda, en un vídeo publicado en la página web de la emisora, cómo "los carros de combate quedaron rodeados de manifestantes". En la imagen, ciudadanos checoslovacos rodean un tanque en una calle de Praga, el 21 de agosto de 1968.
Richard Seeman, redactor jefe de Radio Praga en 1968, recuerda, en un vídeo publicado en la página web de la emisora, cómo "los carros de combate quedaron rodeados de manifestantes". En la imagen, ciudadanos checoslovacos rodean un tanque en una calle de Praga, el 21 de agosto de 1968. AFP
Medios gráficos trabajan en la frontera entre Alemania y Checoslovaquia durante la invasión soviética, el 28 de agosto de 1968.
Medios gráficos trabajan en la frontera entre Alemania y Checoslovaquia durante la invasión soviética, el 28 de agosto de 1968. Getty Image
Dubcek y sus colaboradores fueron detenidos y trasladados a Moscú, donde el líder soviético, Leónidas Breznev, les obligó a firmar un acuerdo que "legalizaba" la ocupación de Checoslovaquia. Centenares de personas se exiliaron.

Las tropas soviéticas se quedaron y las de los demás países se retiraron a fines de 1968. El 19 de junio de 1991 vieron partir de su territorio al último tren con soldados rusos

Una calle de Praga en agosto de 1968.
Más información: https://elpais.com/elpais/2018/08/20/album/1534751437_321470.html#foto_gal_16
Josef Koudelka regresa a las calles de Praga 

lunes, 20 de agosto de 2018

¿Por qué hacemos de la inmigración un problema?


Quienes se empeñan en hacernos ver la inmigración como problema han encontrado este año un argumento que parece sostener sus tesis: la inmigración es considerada por los españoles, según el CIS, el quinto problema que tiene el país. A este dato hay que ponerle dos cautelas. En primer lugar, que cuando se pregunta por el problema que más afecta a la vida personal de cada cual, esta preocupación desciende al noveno puesto. Y en segundo lugar, que si comprobamos lo que pasó el año pasado –no así los anteriores–, la preocupación por la migración sube en verano y desciende en invierno, lo que abre no pocas preguntas. En 2017 la inmigración era, en el barómetro de julio, el séptimo problema, pero en diciembre, había descendido al duodécimo puesto. Haría falta un estudio en profundidad para poder sacar conclusiones; pero, al menos en un primer vistazo, conviene ser cauto con las afirmaciones contundentes.

No debemos cansarnos de recordar que los flujos migratorios forman parte de la historia de la humanidad y obedecen a múltiples causas. ¡Parece mentira que tengamos que recordarlo en este país! Si profundizamos en el análisis, como hace José Luis Villacañas en este artículo sobre el informe del Banco Mundial, veremos cómo los guardianes del liberalismo están viendo en la inmigración una oportunidad. Es más, como dice el autor, “Podemos preguntarnos si lo que vemos todos los días en el estrecho no será la utopía de regulación al modo neoliberal”. Hasta qué punto el sistema tiene esto asumido que, cuando apartas el ruido del escándalo y te quedas a solas con los datos, descubres, como publicaba este domingo infoLibre, que en España hemos tenido, entre 1985 y 2005, seis regularizaciones de inmigrantes: González legalizó 143.967, Aznar 453.891 y Zapatero 565.121. De la misma manera que Portugal acaba de aprobar un nuevo decreto de regularización que permitirá obtener un visado de residencia temporal a aproximadamente 30.000 inmigrantes que hayan contribuido a la Seguridad Social durante al menos un año. Entre los motivos, frenar una posible pérdida de la población activa portuguesa de un 40% en 2060.

Para entender bien el fenómeno hay que acudir a buscar las causas. Hoy, la desigualdad global, agravada más si cabe por el cambio climático, es el denominador común de muchos de estos movimientos migratorios, unido a la promesa de encontrar la tierra prometida que supone una imagen utópica de Europa, como narra el sociólogo Joseph Tanda.

Se han escrito y difundido numerosos informes, datos y gráficos que desnudan muchas de las mentiras que estamos escuchando sobre las migraciones, sobre los que entran a España por vía marítima, sobre los asaltos en las vallas, sobre los manteros, y sobre todo lo que tenga que ver con la inmigración. Una de las elaboraciones más completas es la que hace el profesor Javier de Lucas en este artículo. El paroxismo ha llegado a tal punto en este asunto que la representante de ACNUR en España, Francesca Friz-Prguda, en declaraciones a la cadena SER, informó haber solicitado una reunión a Pablo Casado y Albert Rivera para explicarles, con datos concretos, que ni hay "millones" de migrantes intentando llegar a España ni existe una "avalancha" de pateras hacia las costas europeas. Datos, información y argumentos, por tanto, sobran para echar por tierra la alarma social creada.

Y sin embargo, aparentemente –insisto, aparentemente–, existe. ¿Por qué? Supongo que lo más sencillo sería una vez más acudir al chivo expiatorio en que convertimos a diario a los medios de comunicación y buscar en un desenfoque del asunto la culpa de todos los males. No negaré yo que algo de esto hay, aunque un mínimo de rigor exige distinguir entre unos medios y otros, y un mínimo de coherencia implica ir más allá.

Creo que la clave la da el sociológico Antonio Izquierdo en esta entrevista publicada por infoLibre: "El sentimiento de amenaza ante la inmigración indica desintegración social". Efectivamente, uno de los efectos de la crisis que quizá aún no haya sido suficientemente estudiado es que nos ha convertido en una sociedad miedosa. Nos sabemos vulnerables, intuimos que la próxima puede llegar en cualquier momento –ojo a los indicadores globales–, y vivimos temerosos de que los próximos en caer seamos nosotros. Porque cada cual es consciente de que, aunque de la última nos hayamos salvado con más o menos solvencia, igual que personas próximas a nosotros se han visto en situación de desempleo, sin ingresos o próximas al desahucio, en la siguiente podemos ser nosotros mismos los que quedemos descolgados. Ahí puede estar una de las causas para explicar por qué tienen eco los mensajes que apelan al miedo al diferente y los que consiguen que la inmigración sea vista como un problema.

Otra explicación, ligada con lo anterior, la podemos buscar en la aporofobia, esa expresión acuñada por Adela Cortina para explicar el rechazo al pobre. No nos violenta el jeque árabe, la ingeniera alemana o el futbolista argentino que cobran sueldos millonarios, lo que genera rechazo es el inmigrante pobre. Y tras eso, hay toda una ideología neoliberal que hace creer que la pobreza no es fruto de desigualdades estructurales, sino el resultado de una culpa personal. Por eso los pobres son una amenaza, cuyos efectos se multiplican en un momento de aumento de las desigualdades.

Haríamos bien, como sociedad, en preguntarnos por qué estos discursos incendiarios, irresponsables y mentirosos encuentran eco en una parte de la población. Si no lo hacemos, quizá sea porque tememos encontrarnos una imagen no muy agradable de nosotros mismos.

Las sociedades democráticas deben abordar los flujos migratorios como fenómenos sociales complejos, con visión global, políticas integrales, de forma coherente y responsable. Deben asumir, además, que esto va de Derechos Humanos, no de mano de obra en función de las necesidades coyunturales. Y por si alguien –generalmente haciendo gala del mayor de los cinismos–, nos acusa de “buenismo”, podemos tirar de datos oficiales como los que se están publicando estos días en medios para este para recordar que la inmigración está jugando ya un papel crucial en nuestros desequilibrios demográficos, además de ser fuente de innovación y diversidad. De esta forma, conseguiremos ver la inmigración como lo que es, una oportunidad, y nos desharemos de esa idea de la inmigración como problema, que en el fondo, no es sino un síntoma de nuestra debilidad e incapacidad para gestionarla.


Fuente: https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2018/08/20/por_que_hacemos_inmigracion_problema_85946_1023.html?utm_source=twitter.com&utm_medium=smmshare&utm_campaign=noticias&rnot=1087798

domingo, 19 de agosto de 2018

El temblor sonámbulo del niño Lorca

Ayer se cumplieron 82 años del asesinato de a manos de los fascistas.

La vida del poeta español más aclamado de todos los tiempos también fue un teatro de marionetas “en duelo a muerte” con su propia sombra

<p>Federico García Lorca y Miguel Pizarro, en 1934.</p>
Federico García Lorca y Miguel Pizarro, en 1934.
FRANCISCO GARCÍA LORCA
 Miraba con los ojos atónitos de quien ve con la sangre. Veía; no con los ojos de la cara, sino con el ojo sonámbulo del río que corre, en la madrugada del mundo, dando de beber y de llorar a todo lo que existe. Era sonámbulo, de una forma inexplicable, alucinada: con un ojo en este mundo y el otro en el Otro Lado, pues quizás un verdadero artista no sea más que la manifestación del conflicto de ciertas fuerzas telúricas, en baile y lucha sangrienta entre lo oscuro y lo oscuro. Apenas el tronco y las ramas a merced de las raíces y el viento y la madrugada, pues nada es suyo: ni las fuerzas que le sostienen ni las fuerzas que le zarandean en la noche sin nadie.

Nocturno; oscuro; sonámbulo: cómo es posible que para hablar de la obra y el sueño de este niño colosal tengamos que recurrir al lenguaje más sombrío, a los colores más negros. Ah: “todo lo que tiene sonidos negros tiene duende”, dijo él mismo, en un texto en el que llegó a tantear mejor que nadie la definición de eso que él y otros faquires del Sur llamaron duende; esa fuerza inaprehensible que anima a un artista –al poeta, al pintor, al cantaor– a arrodillarse ante las mismas puertas del misterio. “Con idea, con sonido o con gesto, el duende gusta de los bordes del pozo”. Especie de nieto revoltoso de la muerte, el duende no acudirá si ésta “no ronda su casa”, llamándolo.

El duende: su hermanito mellizo jugando con él al escondite por los laberintos de la luna. Y la muerte, siempre la muerte, desde el principio la muerte en los ojos de aquel niño desbordante de gracia con miedo al peligro: el escalón así llamado entre la calle y el zaguán a la entrada de las casas de los pueblos; para un niño, el precipicio entre la luz y la sombra. (“No, no voy a pasar, porque le temo mucho al peligro”, dicen que decía, sabiendo hablar apenas. Y las vecinas se partían de risa. [Lo cuenta Gibson en su biografía ya clásica sobre el poeta]).

Miraba con los ojos de luto de quien parecía saber del peligro de ese umbral antes incluso de tener memoria, pero la fiesta incombustible de su alegría y una fe implacable en la propia estrella, rasgándole el negro de los ojos, le empujaban hacia su destino a mayor velocidad que la luz. El niño, nacido a las puertas del siglo XX en Fuente Vaqueros (pueblo de rara tradición liberal en la Vega de Granada), fascinado con los oficios de la iglesia, se empeñaba en montar misas para los amigos, las criadas y quien pasara por allí, junto a una tapia trasera de su casa de rico, hasta que un día, viniendo de misa precisamente con su madre, atisbó el teatrillo que levantaban en una plaza unos titiriteros, y cambió para siempre el altar por el escenario (la liturgia, allá al fondo, no dejaría nunca de ser la misma).

Era un niño rico pero ya de adolescente describiría el “peso frío en el corazón” que sintió al comparar su ropero, tan bien nutrido, con el de una familia de jornaleros –él jugaba con la hija– que tenían que quedarse encerrados en su casa el día en que lavaban la ropa, esperando a que se secara, porque no tenían otra. “Las emociones de la infancia están en mí, y no he salido de ellas”, declararía, ya en la cumbre de su éxito. No lo abandonarían jamás.

Tenía los pies “absolutamente planos”, y “la pierna izquierda bastante más corta que la derecha”, el andar bamboleante. No se le vio correr nunca. Es probable que tampoco se le viera llorar nunca en público, en su vida adulta, en una de las prestidigitaciones más conmovedoras que jamás se hayan visto en la historia del teatro éste de títeres que llamamos vida. Muy pocas veces se habrá dado tal espectáculo de energía solar, derrochada a manos llenas hacia afuera para nutrir de risa, emoción y encantamiento al público (el público: todos los demás, del teatro a la familia), y de soledad abisal, perfecta de puro irreparable, hacia adentro, allá donde el verdadero teatro de marionetas ciegas, de juguetes rotos, le saludaban insomnes, jugando para siempre sobre la tumba de su infancia dando gritos.

Aquellos ojos míos de mil novecientos diez
no vieron enterrar a los muertos.
Ni la feria de ceniza del que llora por la madrugada,
ni el corazón que tiembla arrinconado como un caballito de mar.

, escribiría, a cucharaditas de dolor, en Nueva York, en 1929.

Quiero llorar porque me da la gana
como lloran los niños del último banco


Niño “del último banco”, “vencido en el colegio”, trasladada ya su familia del campo a la capital granadina. Lo más incomprensiblemente doloroso iba a ser la crueldad de quienes verían en él, a partir de entonces, demasiadas diferencias respecto a lo que un hombre debe ser, aún más en esa época. Si el crío ya escuchaba atento los cascos de la muerte cabalgando a deshoras, el adolescente iba a conocer igual de pronto la frustración del jinete que rara vez llegaría a Córdoba, ni a posada alguna donde poder descansar, aun sellando el balcón, sin escuchar a lo lejos el llanto. Miraría siempre a su alrededor, desde entonces, desde las simas de la compasión que siente el humillado por cualquier otro humillado, perseguido, apestado: fueran homosexuales heridos o mujeres enterradas en vida, moriscos o judíos, hombres que aman a la mujer de otro o gitanos apaleados o cualesquiera gentes de mal vivir que, como él, debían cobijar siempre su amor proscrito, oscuro, en la cara en sombra de la luna. (Todavía hay a quien molesta, hoy, en España, que se diga que era homosexual.)

En noviembre de 1919, a los 21 años, contempló la procesión en la que llevaron por las calles de Granada a unos gitanos que habían asesinado en Sierra Nevada a dos guardias civiles. Iban “atados, descalzos”, “brutalmente apaleados” a ojos vista, cuenta Gibson. Nueve años después publicaría un poemario, llamado entonces Primer romancero gitano, en el que sólo los lectores frívolos ven una estampa folclórica: “Un libro donde apenas si está expresada la Andalucía que se ve, pero donde está temblando la que no se ve”. (El éxito popular, instantáneo, de ese libro, al publicarse en Madrid en 1928, no ha conocido parangón después).

En marzo de 1929, miércoles santo, alguien se presentó de improviso para ofrecerse como cofrade en otra procesión, nocturna, que bajaría a la Virgen de las Angustias desde la iglesia de Santa María de la Alhambra hasta el centro de la ciudad, atravesando el bosque. Se le permitió ir vestido de penitente, al fin, oculto bajo el capirote y portando “una de las tres pesadas cruces”. Una vez terminada, el penitente desapareció, “dejando el cíngulo anudado en forma de cruz y sujetando una nota: Que Dios os lo pague. Dicen que era él, atravesando en aquel momento una crisis especialmente desolada. Puede que sea leyenda. También puede que no.

Un solo camino
Era exagerado como un crío contando una aventura; porque cómo contar, si no es exagerando, lo que apenas puede decirse. Disfrutaba como un niño, sufría como un niño, pero trabajaba con la visión de un halcón y la tenacidad de una hormiga: exclusivamente en lo que le interesaba, que era la poesía; escrita, cantada, hablada o vivida. Apenas tocó un libro de las eternas carreras de Letras y Derecho que sus padres se empeñaban que terminase. (Su padre, un terrateniente hecho a sí mismo, procedente de una familia dotadísima para el arte, pero pendiente de sus cosas; su madre, una mujer que le inició en la resonancia poética, que le quería siempre cerca, pero que parecía estar siempre lejos). No fue hasta bien entrada la treintena, y a pesar de su fama, cuando pudo realmente demostrar y demostrarse que podría volar solo, gracias a su primer triunfo teatral sin paliativos con Bodas de sangre (1933) en Buenos Aires –glorificado en Argentina con un escándalo jamás visto antes con un escritor, según testificase Neruda.

Cuando un hombre se coloca en su camino, había escrito años antes a sus padres, ni lobos ni perros deben hacer que vuelva atrás. Yo he nacido poeta y artista como el que nace cojo, como el que nace ciego, como el que nace guapo. Dejadme las alas en su sitio, que os respondo que volaré bien. Hay que ser audaces y valientes. 

Actuaba, hacia afuera siempre, con el despilfarro vital del nacido con una alcancía de dones inverosímil. No es otra leyenda: los testimonios respecto a sus fuegos artificiales con la poesía, con el piano (se consideraba tan músico como escritor), dibujando, dirigiendo teatro, actuando él mismo, liderando cualquier reunión entre la risa y el deslumbramiento verbal, son apabullantes. Para Salvador Dalí, una de las personas más decisivas en su vida –y cuya fatuidad prohibía casi los halagos–, era “el fenómeno poético en su totalidad y en carne viva”. “Lee [teatro] como asumiendo todos los papeles de una compañía y de una orquesta. Es el primero de todos nosotros: hay que inclinarse”, apuntó Jorge Guillen. Una periodista del New York Times, Mildred Adams, que le conoció en Granada en 1928, quedó estupefacta ante su interpretación al piano: “En gesto, tono de voz, expresión de la cara y del cuerpo, él era el propio romance”. Según su amigo Adolfo Salazar, su magnetismo en sociedad era el de “una mantis religiosa”. …Y sin embargo, para Vicente Aleixandre, que sabía muy bien de lo que hablaba, quienes sólo le vieron “pasar por la vida como un ave llena de colorido, no le conocieron”.

Era un juglar, un espectáculo. Pero era, fundamentalmente, un secreto. Temía a la muerte y la miraba a los ojos sin tregua. Tenía miedo de morir ahogado (cuántas fuentes y ríos “puestos de pie” en sus poemas, pero también cuántos aljibes sombríos, cuántas albercas donde acecha “el agua muerta”; cuántos pozos con niño ahogado). Tenía miedo real a que después de la muerte no hubiera muerte sino una vida callada y terrorífica bajo tierra.

Un día –recordaba Pablo Neruda en Confieso que he vivido, el teatro ambulante universitario de La Barraca acampó a las afueras de un pueblo de Castilla. Nuestro hombre, sin poder dormir, se levantó al amanecer y “salió a vagar solo por los alrededores”, a pesar del frío. Había niebla. Se detuvo “en la puerta de un viejo dominio” derruido del campo. Inquieto, se sentó en un capitel caído. De pronto, apareció un pequeño cordero entre la hierba que le alivió de la soledad. Pero al cabo también apareció una piara de cerdos. “Eran cuatro o cinco bestias oscuras, cerdos negros semisalvajes con hambre cerril y pezuñas de piedra. Federico presenció entonces una escena de espanto. Los cerdos se echaron sobre el cordero y junto al horror del poeta lo despedazaron y devoraron”.

Federico García Lorca contó a Neruda esa historia (¿vivida, soñada, atisbada en una profecía sonámbula?) tres meses antes del inicio de la Guerra Civil española. Ya era, para entonces, el poeta más famoso de España, el dramaturgo de mayor éxito en el ámbito del habla española, y uno de los mayores creadores de idioma de todos los tiempos. Era el revolucionario que soñó “la llegada del reino de la espiga” para derrocar al imperio corrupto de “los blancos del oro”. Era un adolescente en duelo a muerte con su corazón, solo y rebelde y aterrado en la plaza desierta del aljibe. Era, sobre todo, por encima de todo, un hombre decente. Tenía 38 años cuando lo asesinaron, arrojado por las bestias en algún pozo insomne de la vega en que nació, pero era un niño.


Fuente: http://ctxt.es/es/20160817/Culturas/7895/aniversario-Federico-Garcia-Lorca-biografia-perfil-poesia-infancia.htm#.W3k_iMRcdIX.twitter

Memento


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Cuendo yo me muera,
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.

Cuando yo me muera,
entre los naranjos
y la hierbabuena.

Cuando yo me muera,
enterradme, si queréis
en una veleta.

¡Cuando yo me muera!

(Poema del cante jondo)

Federico García Lorca

sábado, 18 de agosto de 2018

La estrella de Lorca nunca se apaga

La fascinación que provoca el poeta rebasa modas y fronteras. Al cumplirse 82 años de su fusilamiento, su figura y su obra mantienen su inagotable atractivo
Lorca
Fotografía de Federico García Lorca tomada por Luis Buñuel en 1925.
 La muerte condena a muchos escritores a un limbo del que, con suerte, salen convertidos en clásicos. Pasan entonces a ser objeto de estudio más que de lectura, dejan de entrar en la vida de la gente para entrar en el examen de selectividad. Federico García Lorca es una excepción. Aunque mañana, 18 de agosto, se cumplen 82 años de su fusilamiento —oficialmente falleció “a consecuencia de heridas producidas por hechos de guerra”—, su figura parece más viva que nunca.

Por el lado del Lorca-símbolo, al debate sobre la conveniencia de volver a buscar sus restos en el barranco de Víznar se le ha sumado en los últimos meses la petición de que se le conceda, a título póstumo, el Premio Nobel de Literatura. Por el lado del Lorca-escritor, el centro que lleva su nombre en Granada recibió en junio más de 4.000 objetos y documentos hasta ahora depositados en la sede madrileña de su fundación, alojada en la Residencia de Estudiantes. Poco antes, la editorial Debolsillo rescataba Cielo bajo, un libro inacabado de suites que su autor quiso publicar en 1926 junto a Canciones y poema del cante jondo.

Su presencia internacional sigue siendo, además, muy notable. Hasta el día 20 puede verse en el Centro Pompidou de Metz, en Francia, una exposición que en octubre viajará al Barbican de Londres: Parejas modernas. Junto a dúos creativos y sentimentales como Dora Maar y Picasso, Camille Claudel y Auguste Rodin o Frida Kahlo y Diego Rivera, la muestra dedica uno de sus apartados a la relación entre Lorca y Dalí. Esta exposición se abrió poco después de que la Fundación Jan Michalski clausurara en Montricher (Suiza) otra titulada Lorca en escena. Que su trabajo como dramaturgo mantiene toda la vigencia lo demuestra el hecho de que uno de los grandes éxitos de la cartelera primaveral neoyorquina fuera la Yerma dirigida por Simon Stones, que sacó a la protagonista del campo andaluz para convertirla en una moderna ejecutiva londinense ahogada por la imposibilidad de tener hijos. La obra llegó a Estados Unidos después de dos años de éxito en la capital británica.

El fusilamiento de Federico García Lorca en agosto de 1936 produjo una ola de indignación a la altura de su prestigio. Compañeros de generación como Luis Cernuda o maestros como Antonio Machado escribieron versos para llorar a un poeta al que el exigente Juan Ramón Jiménez calificó de hombre “de cinco razas”. Pero la muerte no fue, ni mucho menos, el detonante de su fama. Ya era un autor de éxito cuando lo mataron. Un año antes, durante la feria del libro de Madrid, Lorca estaba “muy de moda”. La expresión es de su biógrafo, Ian Gibson, que recuerda que en mayo de 1935 ya estaba en la calle la quinta edición del Romancero gitano, acababa de salir el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías, el Retablillo de don Cristóbal se representaba en la propia feria y la prensa reseñaba la aparición en Nueva York del primer estudio global sobre su obra. Aún no había cumplido 37 años.

En 1933, además, había sido testigo durante una gira por el Cono Sur del éxito de Bodas de sangre en Argentina, donde superó las 100 representaciones la temporada de su estreno. Como le explicó el promotor del montaje, el gran acontecimiento artístico era también un gran negocio: al poco de estrenarse, ya le había proporcionado el equivalente a 3.500 pesetas, “suma que correspondía”, traduce Gibson, “al salario anual de un obrero metalúrgico, el más alto de la clase trabajadora española”. Un porcentaje correspondía al autor en concepto de derechos. No es extraño que al conocer la noticia de su muerte, 30 intelectuales argentinos redactaran una carta de protesta. Entre los firmantes estaba Borges, que, no obstante, luego recordaría maliciosamente a Lorca como un “andaluz profesional”.

Laura García Lorca, sobrina del poeta y presidenta de la fundación que lleva su nombre, subraya que esa dimensión “folclórica” fue, con la ayuda de la censura, la misma a la que el franquismo quiso “reducirlo”. Por suerte, el eco internacional de su obra contrarrestó el silencio oficial español: “En Estados Unidos influyó mucho en la generación beat y en Francia siempre estuvo bien traducido. Se le leyó como lo que era: un autor moderno”. De la recepción estado­unidense da cuenta la pregunta por la muerte de Lorca que Eisenhower planteó a Franco en 1959, durante su histórica visita a España. El dictador la atribuyó a un grupo de incontrolados. La recepción francesa del poeta tuvo su culminación cuando en 1981 André Belamich, compañero de estudios de Albert Camus y traductor de Lorca para Gallimard desde 1951, se encargó de su ingreso en La Pléiade. El único escritor en español presente entonces en la prestigiosa colección era Cervantes.

La consagración del Lorca moderno recibió un espaldarazo cuando en 1940 se publicó Poeta en Nueva York, una de las cumbres de la poesía del siglo XX. El rescate de su teatro surrealista o la aparición de sus Sonetos del amor oscuro contribuirían a normalizar la homosexualidad de su autor y, a la vez, a consolidarlo como un genio que más que seguidores produce imitadores. Los Sonetos se publicaron en el diario Abc en 1984 y la segunda mitad de la década de los ochenta significó la asunción de Lorca como poeta total en su propio país. Ian Gibson recuerda todavía el “no” que recibió de Planeta en 1978 su proyecto de biografía, que ya contaba con el apoyo de la británica Faber & Faber. Años después, las investigaciones de Gibson darían lugar a una monumental biografía y a una serie de televisión dirigida por Juan Antonio Bardem y estrenada en 1987, cuando en España solo había dos cadenas y todo lo que emitía La 1 marcaba la conversación.

Cada generación ha tenido su propio Lorca. Por la vía de la literatura o por la de la música. Un año después de que Bardem estrenara su serie, Leonard Cohen publicaba el álbum I’m Your Man. En él se incluía la canción ‘Take This Waltz’, basada en el poema ‘Pequeño vals vienés’, de Poeta en Nueva York. “Cada vez que alguien pone al día sus versos consigue que llegue a más público”, subraya Laura García Lorca, que destaca la importancia de Cohen como divulgador de la obra lorquiana en el mundo anglosajón. Y en el español. En 1996, el cantaor Enrique Morente se unía a la banda de rock Lagartija Nick para homenajear al cantante canadiense y al escritor granadino. El resultado fue el disco Omega, un hito en la música popular española.

En el verano de 2008, hace ahora 10 años, Morente y Cohen actuaron en el Festival de Benicàssim. El público (35.000 personas) coreó aquella noche los versos de un poeta muerto como si acabaran de escribirlos detrás del escenario. Gibson aventura una explicación para tanta unanimidad: “La fuerza de sus imágenes, de sus metáforas, que sobreviven a la terrible prueba de la traducción. Y el gran tema de su obra: la tragedia de un ser humano que no puede vivir la vida que quiere. Eso es universal”.




Fuente: https://elpais.com/cultura/2018/08/16/actualidad/1534413438_868967.html