Adelante, amigos míos,
no es demasiado tarde para buscar un mundo más nuevo.
Partid y, sentados en orden, aplastad
los sonoros surcos, pues tengo el propósito
de navegar más allá del crepúsculo y de las aguas
de todas las estrellas del oeste hasta que muera.
Acaso nos engullan los abismos,
acaso lleguemos a las islas afortunadas
y veamos al gran Aquiles, a quien conocemos.
Por mucho que se nos arrebate, mucho permanecerá;
y aunque ya no somos aquella potencia que antaño
movió cielo y tierra, somos los que somos.
Todos con la misma disposición, la de unos corazones heroicos
debilitados por el tiempo y el destino, pero resueltos
a luchar, buscar, encontrar y no rendirse jamás.
TENNYSON, Ulises
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| Apsley Cherry-Garrard |
“La expedición polar es la forma más cruel y solitaria de pasarlo mal”
“El peor viaje del mundo” es el relato de la mítica
expedición a la Antártida que realizaron Robert Falcon Scott y sus
compañeros entre 1910 y 1913. Escrito magistralmente por uno de sus
participantes, Apsley Cherry-Garrard, en base a su diario de viaje y a
fragmentos de algunos otros, entre ellos el del propio Scott, es
considerado por muchos como el mejor libro de expediciones que se haya
escrito nunca. Me ha dejado profundamente
impresionado, así que no he podido resistirme a dedicar este post a este
libro absolutamente imprescindible para todos los amantes de los viajes
y la aventura.
Ante todo, el libro es una exaltación de la amistad, la lealtad, la
superación personal y el amor a la ciencia y la naturaleza. Porque si
algo diferencia la expedición de Scott a la de Amudsen, es que fue una
expedición de carácter científico:
“La
expedición de Amudsen fue un ejemplo típico del espíritu competitivo de
una nación, mientras que la de Scott fue fundamentalmente una empresa
científica (prólogo)”. Amudsen quería llegar al Polo Sur lo
antes posible y marcar un hito en la historia. La expedición británica ,
sin embargo, realizó diversos viajes en la Antártida, entre ellos el
del polo Sur, con el afán de recuperar la mayor cantidad de datos y
muestras científicas posibles. Entre sus expedicionarios había
autoridades académicas en diversos campos científicos, tales como la
zoología, la metereología, la geología y la oceanografía.
Si algo impresiona al lector de este libro, es que estos tipos
estaban dispuestos a jugarse literalmente la vida sin titubear con tal
de contribuir al conocimiento científico. Realizaron un viaje épico en
pleno invierno antártico, suicida con los medios de esa época (y diría
que con los de ahora), únicamente para alcanzar una colonia de
pingüino emperador y conseguir unos huevos, ya que este ave era muy
desconocida y no existían huevos en ningún museo del mundo por aquel
entonces. Otro ejemplo: el grupo que consiguió llegar al Polo, formado
por Scott y cuatro hombres más, nunca se deshizo de 14 kilos de muestras
geológicas que llevaban en el trineo, a pesar de que ya presagiaban su
muerte por agotamiento e inanición a pocas millas de un depósito de
víveres.
La expedición del Terra Nova, nombre del barco que les condujo a la Antártida, se enmarca en el final de la
época dorada de las grandes expediciones.
Tiempo después, con la Primera Guerra Mundial de por medio, la
mecanización y la tecnología terminarían con esta forma heroica e
inhumana de afrontar estos viajes extremos. Tal era el coste y la
complejidad de una de estas expediciones en la época, que la conquista
del Polo Sur se ha comparado con la carrera espacial y la conquista de
la Luna.
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| El Terra Nova |
Hasta ese momento la Antártida era un continente absolutamente
desconocido. No existían mapas ni referencias. Con lo único que contaba
Scott era con los datos del viaje de Ernest Shackleton, otro mito de las
expediciones antárticas, hasta el paralelo 88°. Las condiciones de la
Antártida, con las temperaturas más bajas del planeta, vientos
huracanados, glaciares descomunales, una superficie helada muchas veces
impracticable y sembrada de enormes grietas y un recorrido de más de
1.500 millas, requería al menos dos años de estancia permanente en el
continente para alcanzar el polo (fue el caso de Amudsen, tres en el
caso de la expedición del Terra Nova). Era necesaria una gigantesca
infraestructura: toneladas de material de expedición y científico,
material para construir una base permanente, material de expedición y
toneladas de combustible y comida para 65 hombres, 19 ponis y 34 perros
durante toda la estancia. Sólo llegar a la Antártida en barco ya era de
por sí arriesgado (el Terra Nova estuvo a punto de naufragar y el hielo
reventó al Endurance de Shackleton en 1914 en otra expedición mítica).
Pero antes de comentar el libro, repasemos los viajes más importantes realizados en esta época al continente antártico:
- 1901 – 1904 : Expedición británica del Discovery. Fue
la primera expedición de Robert F. Scott, en la que Shakleton participó
bajo su mando. Primera en sobrepasar los 80° de latitud sur, llegando
hasta los 82°17’.
- 1907 – 1909 : Expedición británica del Nimrod. Bajo el mando de Ernest Shackleton, alcanza los 88°23’S, quedándose a sólo 180 Km del Polo Sur.
- 1910 – 1912 : Expedición noruega del Fram. El 14 de diciembre de 1911 se llega por primera vez al Polo Sur bajo el mando de Roald Amudsen.
- 1910 – 1913 : Expedición británica del Terra Nova. Segunda
expedición de Scott, en la que alcanza un mes después que Amudsen el
Polo. Scott y cuatro de sus hombres mueren durante el regreso a la base.
- 1914 – 1916 : Expedición británica del Endurance. Tercera
expedición de Ernest Shackleton y una de las últimas expediciones de la
edad heroica de la exploración antártica. El barco quedó atrapado y
reventado por el hielo marino, y sus hombres tuvieron que realizar un
viaje de regreso a pie y en bote salvavidas hasta tierra firme, que
pasará a los anales de la historia como el paradigma de liderazgo de
expediciones en condiciones extremas.
Pero, ¿Cuál es el escenario de todas estas expediciones polares? La
Antártida es el continente más elevado de la tierra con una altitud
promedio de 2.000 msnm (el punto más alto es el Macizo Vinson, 4.900 m) y
con una superficie de 14 millones de km2. Alberga alrededor del 80% del
agua dulce del planeta. Gran parte se encuentra cubierta por un
gigantesco casquete de hielo (la llamada planicie o meseta antártica),
que corresponde al 90% de la parte de agua helada del planeta y cuyo
espesor promedio es de 2.500 m, lo que equivale a casi 5 km de hielo
sobre algunos lugares de su estructura rocosa.
El Polo Sur se encuentra sobre esta meseta a 2.835 m de altitud. Se
estima que el espesor de la capa de hielo en el Polo Sur es de unos
2.700 m, con lo que el suelo de tierra estaría prácticamente a nivel del
mar.
Los vientos pueden ser huracanados y la temperatura mínima registrada
ha sido de -89,3 °C (estación antártica rusa de Vostok, 21 de julio de
1983). En la expedición del Terra Nova, la mínima que registraron
durante el viaje de inverno al cabo Crozier fue de -59,9 °C (tan honesto
es Cherry-Garrard en su relato que no redondea a -60 °C)
Supongo que ahora os empezais a hacer una idea de lo que era a
principios del siglo XX llegar al Polo con estas condiciones. En el caso
de la expedición de Scott, se eligió como punto de partida el cabo
Evans, en la isla de Ross. Allí se instaló la base-refugio. Esta isla se
encuentra en un extremo de la gran barrera de hielo de Ross (una
extensa plataforma helada entre el continente y el mar del mismo
nombre). La expedición de Amudsen situó su base en la Bahía de las
Ballenas, en el otro extermo de la misma barrera, como podéis ver en el
mapa de abajo.
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| Región de las expediciones polares de Scott y Amudsen |
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| Recorridos seguidos por las expediciones de Scott y Amudsen |
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| El cabo Evans, en la isla de Ross, la base de la expedición Terra Nova |
Para llegar al Polo Sur era necesario recorrer tres zonas muy
diferentes: la mencionada plataforma de Ross, el glaciar Beardmore (un
gigatesco glaciar de 160 km que atraviesa la cadena montañosa
Transantártica) y parte de la meseta antártica. Había que hacerlo
obviamente durante el verano. Desde la base hasta el polo había una
distancia de más de 1.500 millas y el viaje para el grupo de Scott, el
que llegó al polo, duró cinco meses. Cuando llegaron encontraron una
bandera noruega y una nota de Amudsen, pero esto no les desmoralizó.
Murieron durante el regreso a unas 11 millas de un depósito de víveres.
¿Cuál era la estrategia para llevar a cabo tal hazaña? Pues algo
parecido a lo que se realiza en una escalada a un ocho mil, sólo que
extendiéndose más de dos mil kilómetros en la horizontal en vez de en la
vertical. Se van instalando a lo largo de todo el recorrido depósitos
de material, víveres y combustible. Para ello, se organizan varias
expediciones previas de varios equipos de hombres, cargados con
toneladas de material que van montando estos depósitos y dando media
vuelta al llegar a un determinado punto: algunos recorrieron parte de la
plataforma de Ross, otros llegaron hasta el pie del glaciar Beardmore,
otros llegaron a la cima del glaciar, unos pocos recorrieron un pequeño
tramo de la planicie y finalmente el equipo de Scott, formado por
Wilson, Oates, Bowers y el marinero Evans llegó hasta el polo. La idea
es ir cada vez más ligero de equipo y tener los víveres para el viaje de
regreso distribuidos a lo largo de todo el trayecto.
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| Los grupos estaban generalmente compuestos por 4 hombres |
El principal medio de transporte elegido por Scott, que para algunos
fue el motivo de la tragedia, fueron ponis siberianos y de manchuria.
Sin embargo, en la plataforma de Ross también se probaron trineos a
motor (dieron mal resultado y fueron más bien una cuestión experimental)
y se llevaron perros hasta la base del galciar Beardmore. Más allá del
glaciar, Scott apostó por tirar ellos mismos de los trineos equipados
con esquís (algo también criticado). La estrategia seguida por
Amudsen fue ir con los tiros de perros hasta el mismo Polo Sur. Partió
con gran cantidad de ellos, ya que los animales más débiles o que
murieran servirían de alimento a los más fuertes. Scott no creía posible
subir el glaciar Beardmore con trineos tirados por perros y además le
repugnaba la idea del sacrificio de los animales como parte de la
estrategia para llegar al polo.
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| El grupo del Polo |
En realidad, la muerte de Scott y sus compañeros se debió más bien a un
cúmulo de desgraciadas circunstancias. Las principales fueron un tiempo
pésimo en la plataforma durante el viaje del regreso (se registraron
temperaturas absolutamente inusuales para la época, que con frecuencia
pasaban los -40 °C), un terreno complicadísimo, la pérdida inexplicable
de gran parte del queroseno que almacenaron en los depósitos y una
ventisca final que les mantuvo varios días sin poder salir de la tienda
que fue su ataúd, donde se les terminó la comida y el combustible que
les quedaba, a pocas millas del llamado Depósito de una Tonelada. Si lo
hubieran alcanzado, es casi seguro que hubieran sobrevivido.
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| En la tienda |
Un dato que revela el heroísmo y la solidaridad de estos hombres fue
la muerte de Oates. Se dio cuenta de que ya no podía proseguir porque
tenía un pie congelado y sería un lastre para el resto del grupo.
Estando dentro de la tienda un día de fuerte ventisca, dijo a sus
compañeros:
“Bueno, voy a salir un momento. Puede que tarde un poco”
Hay que tener en cuenta que en este viaje no era posible un rescate.
Todos sabían que si un hombre enfermaba y no podía valerse por si mismo
podía suponer un lastre mortal para el grupo. En este sentido, comenta
Cherry-Garrard:
“Prácticamente
todos los hombres que emprenden viajes de gran envergadura por el polo
deben plantearse la posibilidad de suicidiarse para salvar a sus
compañeros; a la dificultad que esto supone no hay que darle demasiada
importancia, pues si las cosas se tuercen mucho, en algunos aspectos es
más deseable morir que vivir. Durante el viaje de invierno llegamos a
ese extremo. Recuerdo que hablé del asunto con Bowers, quien planeaba
quitarse la vida con una piqueta si se veía en la necesidad, si bien
ignoro cómo lo habría hecho. También se podría recurrir a una grieta, me
dijo, y en cualquier caso siempre quedaba el recurso del botiquín
[morfina].”
Para que os hagáis una idea, las
circunstancias del viaje de regreso fueron tales que el sólo hecho de
calzarse antes de ponerse en marcha les podía llevar hasta una hora y
media.
Uno de los últimos días, cuando ya son conscientes de su trágico destino, Scott escribe en su diario:
“Prácticamente
le he ordenado a Wilson que nos entregue los medios para poner fin a
nuestros males; … a Wilson no le ha quedados más remedio que obedecer, y
es que de lo contrario habríamos saqueado el botiquín. Disponemos de 30
tabletas de opio, y él se ha quedado con un tubo de morfina.”
Las últimas anotaciones en el diario de Scott fueron:
“Me parece una lástima, pero creo que no puedo seguir escribiendo.”
“Dios mio, por lo que más quieras, cuida de nuestra gente.”
También tuvo el aplomo de escribir emotivas cartas de despedida y
pésame para las esposas de sus compañeros, que se pueden leer en el
libro.
Otro increíble viaje que tuvo lugar durante la expedición del terra
Nova fue el viaje de Invierno, que duró cinco semanas y fue llevado a
cabo por Wilson, Bowers y el propio Cherry-Garrard. Este es el que más
me ha impresionado. Arrastrando dos trineos con 348 kilos de material,
comida y queroseno, se propusieron llegar a una colonia de
pingüino emperador situada al otro lado de la isla de Ross, en el cabo
Crozier. En esa época se desconocía casi todo acerca de este ave, pues
al criar en el invierno antártico nadie había podido recoger un huevo y
estudiar la embriogénesis, muy importante a la hora de aportar luz sobre
su evolución, pues se la consideraba la más primitiva de las aves.
Aunque la distancia recorrida fue muchísimo menor que la del viaje al
polo (el cabo Crozier se encuentra a sólo 67 millas del cabo Evans, en
la misma isla de Ross), las condiciones fueron terroríficas: oscuridad
durante todo el día y temperaturas de entre -40 y -50 °C de forma
habitual, llegando hasta los -59,9 °C, vientos de hasta fuerza 11 y una
superficie de hielo caótica entre la costa y la plataforma de
Ross sembrada de enormes grietas. A pesar de todo lograron llegar a la
colonia y recoger varios huevos (es especialmente emotivo el momento en
que oyen los gritos de los pingüinos en medio de la obscuridad). Las
condiciones del viaje fueron pavorosas. Los sacos de dormir se
congelaban y quedaban duros como tablas. Tardaban más de media hora en
descongelarlos, a base de golpes, y otro tanto para conseguir meterse
dentro. La noche era el momento más infernal. Cuenta Cherry-Garrad que
en ocasiones los temblores que sufría eran tan fuertes que pensaba que
se le iban a romper los huesos. Una noche durante una terrible ventisca,
en una especie de refugio improvisado con piedras y una lona, el viento
la arrancó y se quedaron a la intemperie tres días en los sacos de
dormir, cubiertos por la nieve y esperando lo peor. Tuvieron que
regresar urgentemente pues no iban a sobrevivir en esas condiciones. Lo
que salvó a estos hombres no fue su condición física, ni su equipo, ni
la divina providencia, fue su voluntad inquebrantable. Siempre siguieron
a delante, a pesar de que lo que deseaban, tal y como describe
Cherry-Garrad, era caer lo antes posible en una profunda grieta y morir.
Algunos comentarios resultarían hasta cómicos, si no fuera por lo terrible de las circunstancias:
“Una vez
fuera [de la tienda], alcé la cabeza para mirar alrededor, pero entonces
descubrí que no podía bajarla. Llevaba allí unos quince segundos, y la
ropa se me había quedado rígida, por lo que me pasé cuatro horas
arrastrando el trineo con la cabeza levantada. A partir de entonces
tuvimos cuidado de agacharnos para ponernos en posición de arrastre
antes de que se nos helara la ropa”.
Lo que más me
ha impresionado de esta historia no es la expedición en sí, es la
aventura humana de unos hombres que no dejaron de escribir en sus
diarios hasta en las más espantosas condiciones, algunos como Scott
hasta el día de su propia muerte; que no dejaron de tomar datos
científicos aún contemplando la posibilidad de que quizás nadie los
leyera; que colaboraron codo con codo hasta la extenuación en todas las
tareas de la expedición sin la más mínima discusión y con el mayor de
los entusiasmos y, sobre todo, el comprobar lo desconocido de los
límites físicos y psíquicos del ser humano en las condiciones más
extremas que uno pueda imaginar. La última frase del libro es su
perfecto resumen:
“Si
hace usted su correspondiente viaje de invierno, obtendrá su recompensa,
siempre y cuando lo único que desee sea un huevo de pingüino.”
"Para nosotros sólo existe el intento. El resto no es cosa nuestra."
T. S. Eliot