miércoles, 24 de junio de 2015

Plano secuencia de un Bach iluminado



Si creen poseer un mínimo de sensibilidad musical, les recomiendo que no se pierdan este vídeo y que lo disfruten en su integridad. Un preludio y una fuga de Juan Sebastián Bach convertidos en un (falso) plano secuencia en el que las notas iluminan neones virtuales en toda una lección de teoría de la música.

El clave bien temperado es una de las grandes obras para piano (o clave u órgano) de la historia de la música. Juan Sebastián Bach se puso manos a la obra para componer preludios y fugas tanto en las tonalidades mayores como menores de toda la gama cromática musical. En 1722 se compiló el primer libro y en 1744, pocos años antes de la muerte del maestro alemán, el segundo. Lo cierto es que con esta obra, Bach le regaló al mundo dos magníficos manuales de aprendizaje y estudio del teclado, así como unas composiciones llenas de belleza y, muchas veces, complicación.

Bach: The Well Tempered Clavier for Sinfini Music from Alan Warburton on Vimeo.

Sinfini, una de las webs más prestigiosas y populares sobre música clásica, ha encargado al artista Allan Warburton un vídeo que logre explicar de forma gráfica y sin palabras la complejidad que se esconde tras las notas creadas por Bach. Warburton es especialista en animaciones 3D y, tras 10 semanas de trabajo con su equipo, logró convertir el preludio en Do Mayor en un maravilloso paseo por una galería de arte en la que la cámara sigue a unos falsos fluorescentes que se encienden como si fueran accionados por cada uno de los dedos del pianista francés Pierre-Laurent Aimard, intérprete de la banda sonora.

Sin duda, la parte más ilustrativa y conmovedora del vídeo se encuentra en la fuga. La cámara entra en un enorme garaje y podemos ver las líneas de neones iluminándose y formando cada una de las voces que el genio alemán superponía como nadie. Simplemente maravilloso.




Fuente:  http://elasombrario.com/plano-secuencia-de-un-bach-iluminado/

martes, 23 de junio de 2015

En Estambul



Fuente: https://www.facebook.com/pages/Colour-As-Experience/138927369487292?fref=photo

UNICEF pide llegar a los niños más vulnerables para evitar millones de muertes



- Decenas de millones de niños menores de cinco años morirán para el año 2030 por causas en su mayoría prevenibles si no se aborda la ayuda a la infancia de manera más estratégica, advirtió el martes UNICEF en el informe final sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM).

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia reconoció avances en la reducción de la mortalidad infantil, que ha disminuido a más de la mitad desde 1990, pero advirtió que, de no centrar la acción en las comunidades más necesitadas, en los próximos quince años morirán 68 millones de niños por causas evitables.

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"Creemos que para conseguir los máximos resultados, tenemos que centrarnos más que nunca en los niños más desfavorecidos", dijo el Director Ejecutivo de UNICEF Anthony Lake a periodistas.

La organización dijo que normalmente los gobiernos se centran en las áreas y comunidades a las que es más fácil llegar y no en aquellos con mayores necesidades, dejando de lado a los niños más vulnerables.
"Las vidas y el futuro de los niños más desfavorecidos son importantes, no sólo para su propio bien, sino por el bien de sus familias, sus comunidades y sus sociedades", añadió Lake en un comunicado.

El informe "Progreso para la Infancia", que revisa los resultados de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, mostró que sigue habiendo notables diferencias entre regiones, pues el riesgo de que un niño menor de cinco años muera en un país en desarrollo es el doble que en un país desarrollado, y dicho riesgo es casi 15 veces mayor si se habla del África subsahariana.

Aunque ha habido avances en el cumplimiento de los ODM, la desigualdad de oportunidades dejó casi 600 millones de niños viviendo en la extrema pobreza con menos de 1,25 dólares al día, muchos de ellos sin acceso a educación, sanidad y sufriendo malnutrición, dijo UNICEF.

No obstante, la organización hizo más hincapié en los conflictos que en la crisis económica global como la verdadera amenaza para el cumplimiento de los objetivos.

"El gran motivo para el fracaso no es la crisis económica global, es el conflicto. (…) En el último año hemos visto cifras récord graves conflictos que afectan a niños como el caso de Siria, Yemen y muchas otras partes del mundo", dijo el director de Datos, Investigación y Políticas de UNICEF Jeffrey O’Malley.

"Cuando un país sufre un conflicto prolongado, vemos cómo retrocede (en derechos)", añadió.

Se espera que los nuevos "Objetivos de Desarrollo Sostenible", el documento que busca erradicar la pobreza extrema para 2030, sea adoptado en la Asamblea General de Naciones Unidas prevista para septiembre.

 Fuente: http://es.reuters.com/article/topNews/idESKBN0P30YK20150623?pageNumber=2&virtualBrandChannel=0&sp=true

Las impresionantes auroras rojas creadas por una tormenta geomagnética

Las impresionantes auroras rojas creadas por una tormenta geomagnética 

Ayer el Sol emitió una erupción solar de nivel intermedio que ahora está llegando a la Tierra en forma de tormenta geomagnética severa. Traducido: podría inutilizar temporalmente satélites y otros sistemas de comunicación. Lo bueno: nos está dejando espectaculares imágenes de auroras rojas envolviendo las zonas más septentrionales del planeta.

Una tormenta geomagnética no es más que una perturbación temporal de la magnetosfera terrestre provocada generalmente por una erupción o llamarada solar. Estas erupciones viajan por el espacio en forma de potente viento solar y, si se producen en orientación hacia la Tierra, llegan a nuestra magnetosfera en unas 52 horas. La magnetosfera no es más que una región alrededor de la Tierra en la que el campo magnético desvía la mayor parte del viento solar. Es, en esencia, un escudo en movimiento que está cambiando constantemente su potencia y orientación.
¿Qué ocurrirá cuando cambie el campo magnético de la Tierra?
El campo magnético de la Tierra protege la vida de nuestro planeta, resguardándonos de las… Seguir leyendo 

 Dada la potencia de la erupción solar y su orientación hacia la Tierra, la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) avisó de que nos enfrentábamos a una tormenta geomagnética severa ayer noche y hoy. Eso puede resultar en daños en los sistemas de comunicación terrestres soportados vía satélite. De momento no se han reportado incidentes, pero sí se han visto espectaculares aurora boreales generadas por el impacto de este viento solar sobre nuestra atmósfera. La imagen de arriba la captó el astronauta Scott Kelly desde la ISS, igual que esta otra:

Enlace permanente de imagen incrustada
I've never seen this before- red . Spectacular!

 Estas son las zonas de la Tierra desde las que se pueden observar estas impresionantes auroras (en rojo las zonas de mayor probabilidad de observación).

 Las impresionantes auroras rojas creadas por una tormenta geomagnética

 Según la NOAA, se espera otra tormenta geomagnética severa durante este miércoles y jueves que seguro nos dejará más imágenes como las de arriba. 

lunes, 22 de junio de 2015

Capturar la luz


  A media que los dioses iban desapareciendo, los griegos dieron forma a un cosmos racional, geométrico, para reemplazar el cosmos espiritual en trance de muerte. En el siglo XVI, la materia se unió a la razón, y el universo se convirtió gradualmente en un mecanismo de relojería. La física y la filosofía del siglo XX pusieron en entredicho esta concepción, hasta el punto de preguntarse si el conocimiento de la materia, de la luz y, por extensión, de toda la naturaleza era posible. La deconstrucción del conocimiento científico ha sido liberadora, pero, una vez libres de la tiranía de este conocimiento, ahora vamos hacia un nihilismo desmoralizador. Si el conocimiento científico es solamente instrumental, ¿ existe algún conocimiento dotado de sentido? En el fondo de su corazón, ningún científico serio cree en el instrumentalismo; ningún profesor se entusiasma al presentar a sus alumnos un procedimiento de cálculo carente de sentido ¿A qué conduce, pues la física?.
    Cuando nos enfrentamos al negro vacío del instrumentalismo puro, las tentaciones de la idolatría reaccionaria nos acechan. Habiendo perdido a los dioses, nos enamoramos de los hermosos ídolos que podemos levantar en su lugar. Los átomos,los quarks, los diminutos agujeros negros... son reificados, engalanados y arrastrados al templo. Al llamarlos reales, le insuflamos la falsa vida del miedo, nuestro miedo a la esencia desconocida de la naturaleza. Nos sentimos atrapados entre la sofisticada vacuidad de la deconstrucción y las chabacanas creaciones de nuestras propia manos. ¿A qué nos podemos aferrar? La respuesta de Goethe habría sido la que dio a Hegel y a los lectores de su Teoría de los colores: aferraos a los fenómenos. Se puede confiar en ellos. Vistos correctamente, ellos se convertirán en la teoría.
   Para ver, debemos representarnos objetos, debemos aplicarles conceptos que se adapten a su naturaleza. En caso contrario, no podremos ver. Somos como S.B., que cuando la cirugía le devolvió la vista seguía sin poder ver casi nada. Disponía de la materia prima para ver, pero no veía. Los experimentos de óptica cuántica nos han proporcionado la materia prima de la luz pero todavía carecemos del concepto apropiado para su naturaleza. En cuanto lo poseamos, la paradoja de la onda-partícula desaparecerá, pese a que la "onda-prtícula-idad" permanezca. Cuando se aplique esa inteligencia a los fenómenos cuánticos arquetípicos, veremos con compresión, y no con confusión como ahora. En palabras de Emerson, los habremos "nombrado", y una vez nombrado, un fenómeno se convierte en una teoría. En cuanto hayamos visto claramente la "onda-partícula-idad" en un lugar, la reconoceremos en muchos otros. Como sucede con la ternura descubierta en la infancia, siempre la reconoceremos allí donde volvamos a encontrarla.


Capturar la luz
Arthur Zajonc

sábado, 20 de junio de 2015

John Holloway: el pensamiento crítico frente a la hidra capitalista

¿Reformar el capitalismo o salir de él? Un texto de John Holloway, autor de Cambiar el mundo sin tomar el poder, leído en un encuentro del EZLN.

John Holloway (foto: David Ortega)
John Holloway (foto: David Ortega)
Pensamiento crítico: pensamiento que busca la esperanza en un mundo donde parece que ya no existe. Pensamiento crítico: pensamiento que abre lo cerrado, que sacude lo fijo. El pensamiento crítico es el intento de entender la tormenta y algo más. Es entender que en el centro de la tormenta hay algo que nos da esperanza.

La tormenta viene, o más bien ya está aquí. Ya está aquí y es muy probable que se vaya intensificando. Tenemos un nombre para esta tormenta que ya está aquí: Ayotzinapa. Ayotzinapa como horror, y también como símbolo de tantos otros horrores. Ayotzinapa como expresión concentrada de la cuarta guerra mundial. 

¿De dónde viene la tormenta? No de los políticos –son ejecutores de la tormenta nada más. No del imperialismo, no es producto de los Estados, ni de los Estados más poderosos. La tormenta surge de la forma en la cual la sociedad está organizada. Es expresión de la desesperación, de la fragilidad, de la debilidad de una forma de organización social que ya pasó su fecha de caducidad, es expresión de la crisis del capital.

El capital es de por sí una agresión constante. Es una agresión que nos dice todos los días “tienes que moldear lo que haces de cierta forma, la única actividad que tiene validez en esta sociedad es la actividad que aporta a la expansión de la ganancia del capital”. 

La agresión que es el capital tiene una dinámica. Para sobrevivir tiene que subordinar nuestra actividad cada día más intensamente a la lógica de la ganancia: “hoy tienes que trabajar más rápidamente que ayer, hoy tienes que agacharte más que ayer”. 

Con eso ya podemos ver la debilidad del capital. Depende de nosotros, de que queramos y podamos aceptar lo que nos impone. Si decimos “perdón, pero hoy voy a cultivar mi milpa”, u “hoy voy a jugar con mis hijos”, u “hoy me voy a dedicar a algo que tenga sentido para mí”, o simplemente “no, nos vamos a agachar”, entonces el capital no puede sacar la ganancia que requiere, la tasa de ganancia cae, el capital está en crisis. En otras palabras, nosotros somos la crisis del capital, nuestra falta de subordinación, nuestra dignidad, nuestra humanidad. Nosotros somos la crisis del capital y orgullosos de serlo, estamos orgullosos de ser la crisis del sistema que nos está matando. 

El capital se desespera en esta situación. Busca todos los métodos posibles para imponer la subordinación que requiere: el autoritarismo, la violencia, la reforma laboral, la reforma educativa. También introduce un juego, una ficción: si no podemos sacar la ganancia que requerimos, vamos a fingir que existe, vamos a crear una representación monetaria para un valor que no se ha producido, vamos a expandir la deuda para sobrevivir y tratar de usarla al mismo tiempo para imponer la disciplina que se requiere. Pero esta ficción aumenta la inestabilidad del capital y además no logra imponer la disciplina necesaria. Los peligros para el capital de esta expansión ficticia se vuelven claros con el colapso de 2008, y con eso se hace más evidente que la única salida para el capital es a través del autoritarismo: toda la negociación alrededor de la deuda griega nos dice que no hay posibilidad de un capitalismo más suave, el único camino para el capital es el camino de la austeridad, de la violencia. La tormenta que ya está, la tormenta que viene.

Nosotros somos la crisis del capital, nosotros que decimos ¡No!, nosotros que decimos ¡Ya basta del capitalismo!, nosotros que decimos que es tiempo de dejar de crear el capital, que hay que crear otra forma de vivir.

El capital depende de nosotros, porque si nosotros no creamos ganancia (plusvalor) directa o indirectamente, entonces el capital no puede existir. Nosotros creamos el capital, y si el capital está en crisis, es porque no estamos creando la ganancia necesaria para la existencia del capital, por eso nos están atacando con tanta violencia. 

En esta situación, realmente tenemos dos opciones de lucha. Podemos decir: “sí, de acuerdo, vamos a seguir produciendo el capital, promoviendo la acumulación de capital, pero queremos mejores condiciones de vida”. Esta es la opción de los gobiernos y partidos de izquierda: de Syriza, de Podemos, de los gobiernos en Venezuela y Bolivia. El problema es que, aunque sí pueden mejorar las condiciones de vida en algunos aspectos, por la desesperación misma del capital existe muy poca posibilidad de un capitalismo más humano. 

La otra posibilidad es decir “Chao, capital, ya vete, vamos a crear otras maneras de vivir, otras maneras de relacionarnos, entre nosotros y también con las formas no humanas de vida, maneras de vivir que no están determinadas por el dinero y la búsqueda de la ganancia, sino por nuestras propias decisiones colectivas”.
Aquí en este seminario estamos en el mero centro de esta segunda opción. Este es el punto de encuentro entre zapatistas y kurdos y miles de movimientos más que rechazamos el capitalismo, tratando de construir algo diferente. Todas y todos estamos diciendo “Ya, capital, ya pasó tu tiempo, ya vete, ya estamos construyendo otra cosa”. Lo expresamos de muchas maneras diferentes: estamos creando grietas en el muro del capital y tratando de promover su confluencia, estamos construyendo lo común, estamos comunizando, somos el movimiento del hacer contra el trabajo, somos el movimiento del valor de uso contra el valor, somos el movimiento de la dignidad contra un mundo basado en la humillación. Estamos creando aquí y ahora un mundo de muchos mundos. 

Pero ¿tenemos la fuerza suficiente? ¿Tenemos la fuerza suficiente para decir que no nos interesa la inversión capitalista, que no nos interesa el empleo capitalista? ¿Tenemos la fuerza para rechazar totalmente nuestra dependencia actual del capital para sobrevivir? ¿Tenemos la fuerza para decir un “adiós” final al capital?
Posiblemente no la tenemos, todavía. Muchos de nosotros que estamos aquí tenemos nuestros sueldos o nuestras becas que vienen de la acumulación del capital o, si no, vamos a regresar la semana próxima a buscar empleo capitalista. Nuestro rechazo al capital es un rechazo esquizofrénico: queremos decirle un adiós tajante y no podemos o nos cuesta mucho trabajo. No existe pureza en esta lucha. La lucha para dejar de crear el capital es también una lucha contra nuestra dependencia del capital. Es decir, es una lucha para emancipar nuestras capacidades creativas, nuestra fuerza para producir, nuestras fuerzas productivas.

En eso estamos, por eso venimos acá. Es cuestión de organizarnos, claro, pero no de crear una Organización, sino de organizarnos de múltiples maneras para vivir desde ahora los mundos que queremos crear. 

¿Cómo avanzamos, cómo caminamos? Preguntando, por supuesto, preguntando y abrazándonos y organizándonos.

John Holloway es profesor del posgrado de sociología en el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego”, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Autor de  Cambiar el mundo sin tomar el poder y Agrietar el capitalismo. Este es el texto de la ponencia presentada al Seminario sobre "El Pensamiento Crítico frente a la Hidra Capitalista", organizado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, San Cristóbal de las Casas, del 3 al 9 de mayo de 2015. Publicado en este blog con la amable autorización del autor. 



Deciden poner una guardería en un centro de ancianos y sus vidas cambian por completo

Imagina la vida de un anciano rodeado de niños pequeños. ¿Crees que se contagie de un poco de su juventud?

Aparentemente, esa es parte de la idea detrás de un documental independiente llamado Present Perfect, una cinta que apunta a mostrar la experiencia de envejecer en los EEUU documentando lo que sucede en una guardería que comparte el mismo lugar con una casa de retiro en Seattle, Washington, y el tráiler es emocionante.

Present Perfect es el proyecto de Evan Briggs, una filmógrafa de Seattle que se apasiona por hacer documentales con historias sutiles y emocionales. Cuando escuchó noticias sobre el centro de aprendizaje intergeneracional en la casa de retiro Providence Mount St. Vincent – también conocida como The Mount— y cómo allí se encuentran el pasado representado por los olvidados ancianos, y el futuro representado por los niños y su juventud esperanzadora, que se encuentran el presente para interactuar y aprender el uno del otro, tuvo que contar la historia.

Present Perfect
Present Perfect
“Amo hacer filmes que de verdad te hacen pensar . Después de pasar un par de días observando a los residentes y los niños en The Mount, supe que esta era una de aquellas historias”, explica Briggs en la página de Kickstarter del proyecto, donde ella y todos los involucrados esperan recibir donaciones suficientes para completar la cinta.

Con 16 días restantes y casi US$9,000 para conseguir su meta de US$50,000, Briggs y compañía tienen una misión por completar y han acudido a redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram para dispersar su mensaje y peticiones.



El asesinato de los Rosenberg

Julius y Ethel Rosenberg durante su juicio en 1951. / AP
Julius y Ethel Rosenberg durante su juicio en 1951. / AP
 El 19 de junio, de 1953, la Administración de los Estados Unidos de América llevaba a cabo uno de tantos execrables crímenes de su historia. A las ocho de la tarde de dicho día, poco después de ponerse el sol, la cámara de la muerte de la prisión de Sing Sing fue el último lugar que vieron Julius y Ethel Rosenberg. Concretamente la cámara de la muerte del penal, pues allí fueron asesinados en la silla eléctrica.

Julius y Ethel Rosenberg eran un matrimonio joven –él treinta y cinco años, ella treinta siete–, padres de dos hijos –Michael, de diez años de edad, y Robert, de seis–, acusados de espiar para la Unión Soviética revelando secretos acerca de la bomba atómica y condenados por ello a ser ejecutados en la silla eléctrica. Ese día se cumplía el catorce aniversario de su boda. Llevaban detenidos desde julio de 1950 y, tras un largo proceso plagado de irregularidades, habían sido condenados a muerte el 5 de abril del año siguiente. Él era ingeniero eléctrico, ella peleaba por ser actriz y cantante. Ambos eran neoyorquinos, del Lower East Side. Con dieciséis años, Julius Rosenberg, cuyo padre era sastre, al tiempo que estudiaba en el City College de Nueva York ingresó en la Liga de los Jóvenes Comunistas, encorajinado ante el ascenso del nazismo y cansado de contemplar diariamente las desigualdades sociales y raciales de su país, de las que el Lower East era un ejemplo manifiesto.
Julius y Ethel Rosenberg. Fotografías de sus fichas policiales.
Julius y Ethel Rosenberg. Fotografías de sus fichas policiales.
 En 1948 la Unión Soviética llevó a cabo las primeras pruebas con la bomba atómica. Un año después, la contrainteligencia del FBI afirmaba que el KGB, el servicio secreto ruso, poseía valiosa información sobre el proyecto Manhattan, el plan secreto de los Estados Unidos sobre la energía atómica. ¿Cómo había llegado a sus manos? Las pistas condujeron a Klaus Fuchs, un físico de origen alemán que había trabajado en el proyecto en el centro de investigación nuclear de Los Álamos (Nuevo México). A través de Fuchs, el FBI llegó hasta David Greenglass, hermano de Ethel, sargento del ejército y especialista en mecánica que también había trabajado en Los Álamos. Greenglass confesó haber pasado secretos a los soviéticos e implicó a su hermana y al esposo de esta, que fueron detenidos. Pronto, Julius fue acusado de ser el máximo responsable de la red de espionaje, aunque el fiscal no consiguió aportar prueba solvente al respecto, como tampoco de ninguno de los demás hechos que se le imputaba tanto a él como a su esposa. El furor anticomunista reinante, explotado por McCarthy hasta el paroxismo, y la oportunidad de presentar ante la opinión pública un éxito que mostraba que el Estado velaba por la seguridad de los suyos, hacía que de la ejecución del matrimonio se pudiera sacar demasiado provecho como para ser indulgentes.

 No fueron pocos los que afirmaron que el juicio era una farsa, lo que, no obstante, no impidió que este terminara con el peor veredicto posible: la condena a ser ejecutados. El juez, Irving R. Kaufman, al leer la sentencia dijo: Su crimen es peor que el asesinato. Y argumentó: Yo creo que vuestra conducta, entregando en manos de los rusos la bomba atómica años antes de que Rusia pudiera disponer de tal fórmula, ha provocado la agresión comunista en Corea, que ha costado más de cincuenta mil víctimas. ¡Quién sabe si otros millones de inocentes no pagarán el precio de vuestra traición! Con vuestra traición, vosotros, Julius y Ethel Rosenberg, sin ninguna duda habéis cambiado el curso de la historia en perjuicio de nuestro país. El hermano de Ethel se libró de la pena capital al haber acusado a esta y a su cuñado. Ya muertos, declararía que lo hizo en falso. La maquinaria coercitiva del estado se había puesto en marcha y nadie ni nada la detendría; hasta los hijos de los Rosenberg fueron expulsados de la escuela.
Ethel y Julius Rosenberg separados por una red de alambre tras ser declarados culpables. / Roger Higgins©
Ethel y Julius Rosenberg separados por una red de alambre tras ser declarados culpables. / Roger Higgins©
En todo el mundo occidental se organizaron actos de protesta contra la condena impuesta a los Rosenberg. Empezaron las apelaciones y los retrasos en la aplicación de la pena, al tiempo que en muchas ciudades tenían lugar mítines y manifestaciones y se mandaban peticiones de clemencia a la Casa Blanca. Sartre había dicho: No os asombréis si gritamos de un extremo al otro de Europa: ¡Cuidado! ¡Norteamérica está rabiosa! Rompamos todos los lazos que nos unen a ella si no queremos ser mordidos y contagiados de hidrofobia. La desmesura era tal que hasta el papa, Pio XII, había pedido indulgencia a Eisenhower.
Desde varios días antes de la fecha fijada para la ejecución las movilizaciones se sucedieron en varias ciudades estadounidenses y europeas. Diariamente, numerosas personas se manifestaban frente a la Casa Blanca. El día 15 un nutrido grupo de manifestantes con carteles pidiendo que no se les ejecutara acompañaron al hijo mayor del matrimonio, Michael, a la Casa Blanca para pedir clemencia para con sus padres. Con ellos iba su abuela, que llevaba de la mano al hijo pequeño. Michael entregó una carta para el presidente Eisenhower en la que, entre otras cosas, decía: Espero que reciba usted mi carta, porque es una carta para que no permita usted que pase nada a mi mamá y a mi papá. Nadie quiso recibir al chico.

Manifestación en Nueva York tras conocerse la sentencia contra los Rosenberg. / © Bettmann/CORBIS
Manifestación en Nueva York tras conocerse la sentencia contra los Rosenberg. / © Bettmann/CORBIS
La cámara de la muerte del penal de Sing Sing era una habitación grande, bien iluminada. En uno de sus lados, centrada, se situaba la silla eléctrica, de madera, austera, con brazos en los que atar las extremidades superiores de los condenados, llena de correas para inmovilizar completamente el cuerpo. Frente a ella cuatro bancos, también de madera, para los asistentes al macabro espectáculo. Al dar las ocho entró Julius. No sabía qué hacer, se le veía desconcertado, aturdido. Permaneció de pie, inmóvil, se apreciaba un ligero temblequeo en sus piernas. Se sentó ayudado por los guardias, que le indicaron cómo debía colocarse. Lo ataron y acto seguido le pusieron una especie de máscara que solo dejaba al aire las fosas nasales y la boca, levantaron la pernera derecha del pantalón y sujetaron a la pantorrilla una plancha de metal por la que penetraría la corriente eléctrica, complementando la que llegaba directamente a la cabeza. Julius parecía un muñeco articulado que adoptaba la postura que marcaban los titiriteros de la muerte. El director del presidio dio la señal. Se oyó el ruido de la llave eléctrica que daba paso a la corriente. Julius dio un respingo. Sus manos y pies se contrajeron. Se oyó un seco quejido. El cuerpo se sacudía con la corriente. Minuto largo después cesó el zumbido. Se acercaron los médicos. Un guardia abrió la camisa de Julius, sin muchos miramientos. No la desbrochó, se limitó a desgarrarla. Los facultativos le auscultaron. Todavía respiraba. Otra descarga. Otros interminables cincuenta y siete segundos que parecieron eternos. Las convulsiones del cuerpo eran más violentas que la primera vez, pero no ya no se oyó quejido alguno. La boca comenzó a ponerse morada y una baba sanguinolenta salió de su boca. Olía a quemado. Se detuvo la descarga. Los médicos volvieron a reconocerlo. Declaro muerto a este hombre, pronunció uno de ellos. Apenas habían pasado un par de largos minutos. Dos guardias con bata blanca desataron el cuerpo y lo colocaron en una camilla de ruedas. Tenía los ojos hundidos y estaba blanco como el mármol.

Julius y Ethel Rosenberg en sus respectivos ataúdes tras ser asesinados en la silla eléctrica./ Getty Images
Julius y Ethel Rosenberg en sus respectivos ataúdes tras ser asesinados en la silla eléctrica./ Getty Images
 Eran las ocho y seis minutos de la tarde. Inmediatamente entró Ethel. Ethel confiaba hasta el último momento en que se paralizaría la orden. Tal vez por ello daba la impresión de estar más serena que Julius y por eso la dejaron en segundo lugar, por considerar que moralmente era más fuerte que su marido. Las autoridades carcelarias entendieron que se hallaba más entera y es costumbre dejar al más entero para el final cuando se trata de ejecuciones múltiples. Le habían cortado el pelo para que le llegase mejor la corriente, llevaba un vestido verde, los labios apretados. Su muerte fue más cruel aún, ya que hicieron falta cinco descargas. Se dijo luego que la causa radicó en que la silla estaba diseñada para un cuerpo “normal” y, supuestamente, masculino, y no para una mujer pequeña y frágil como ella. Tardó casi cinco minutos en morir. Tras la cuarta descarga, los dos médicos aplicaron sendos estetoscopios sobre su cuerpo para comprobar si había muerto. No estaban seguros. El verdugo, Joseph P. Francel, abandonó por un momento el cuadro de interruptores, situado a unos tres metros de la silla, para preguntar si era necesaria otra descarga. Los médicos asintieron con la cabeza. Volvieron a atar bien sujeta a Ethel y tras la quinta descarga uno de los médicos pudo decir por fin Declaro muerta a esta mujer.

 No cruzar. Línea de policía, se indicaba en las vallas de madera tras las cuales debían colocarse en fila centenares de personas que querían rendirles un último homenaje ante sus cuerpos en la funeraria J.J. Morris, donde habían sido velados toda la noche entre otros, por la señora Sophie Rosenberg y la señora Tessie Greenglass, madres de Julius y Ethel respectivamente. Llegado el momento, poco antes de las dos de la tarde, los policías empezaron a apartar a la gente y a hacer sitio para que pudieran salir los féretros en sendos coches fúnebres. Sus familiares se colocaron detrás y la gente les siguió. Las aceras estaban igualmente llenas de personas, varias filas se situaban a ambos lados de la calzada. Había muchos policías y guardias a caballo.

Instantánea del funeral de Julius y Ethel Rosenberg. / Archivos de la familia Meeropol
Instantánea del funeral de Julius y Ethel Rosenberg. / Archivos de la familia Meeropol
   El cortejo emprendió camino al cementerio de Wellwood en Pine Lawn, en Long Island, en Nueva York, a poco más de tres kilómetros de distancia. Más de dos mil personas les acompañaron hasta allí. La policía llegó a hablar de siete mil vehículos en línea, cifra que sin duda exageró para justificar las innumerables trabas que ponía a quienes querían llegar hasta el cementerio escudándose en problemas de tráfico. Llegados a Pine Lawn, bajaron los ataúdes de los vehículos. Ramos y coronas de flores fueron depositados inmediatamente junto a ellos. Sophie Rosenberg, madre de Julius, se deshacía en llantos. Emanuel Bloch, el abogado del matrimonio y tutor de sus hijos, con traje negro, la sujetaba y trataba de reconfortarla. Bloch pronunció el panegírico. Reivindicó su inocencia y calificó de asesinato lo ocurrido.



Entierro de los Rosenberg en el cementerio de Pine Lawn. / AP
Entierro de los Rosenberg en el cementerio de Pine Lawn. / AP

Fuente:  https://musicadecomedia.wordpress.com/2015/06/19/el-asesinato-de-los-rosenberg/

Hoy se celebra el Día Mundial del Refugiado.

Somos refugiados por vuestras guerras
“Siempre hemos convivido sin problemas, fue este conflicto el que nos dividió y lo destruyó todo”. Olga coge su bolsa de harina de mandioca y comienza a caminar por una calle de tierra que se hace cada vez más pequeña hasta ser tragada por los matorrales.

Entre las hierbas de más de medio metro que han ido creciendo, resisten paredes sin techos, ruinas de viviendas, como si las hubieran destruido a tarascones.

Olga recorre lo que fue su barrio hasta encontrar lo que fue su hogar. Recorre el pasillo de su casa, yendo de la habitación al living. Como si hubiera algo que cuidar en medio de esos restos. Quita algunas hierbas que crecen en el vértice de las paredes y arranca otras entre el cementerio de ladrillos que quedan por el suelo. Apoya su mano derecha en el marco que antes albergaba la puerta y mira de reojo hacia el techo que ahora es el cielo.

El 5 de diciembre de 2013, Olga comenzó a escuchar granadas y disparos, esperó que regresara su marido de trabajar en el mercado. Al llegar cogieron a sus tres hijos y huyeron corriendo. Mientras más corrían, más cerca se escuchaban los disparos, hasta que dejó de oír a su marido, estaba en el suelo con un disparo en la espalda. El miedo lo paraliza todo y el instinto surge como reflejo al que no se le pregunta porqué hay que seguir corriendo, porque la única opción es seguir. En la huida escuchó a muchas personas que decían que el aeropuerto era el único lugar seguro.

En diciembre de 2013 un conflicto político militar estalló en la República Centroafricana. El país del olvido, una tierra sin mar que es recorrida por las rutas trashumantes más importantes de África subsahariana. Tierras que, generación tras generación, enfrentaban a pastores con agricultores por el uso de las tierras cultivadas que se arrebatan para alimentar al ganado. Hoy confluyen aquí las arterias que arrastran la sangre de los conflictos más cruentos de este contienen: Sudan del Sur, Congo, Uganda, Chad, Sudan.

Las milicias Seleka, que exigían el acceso a la gestión de los recursos naturales que generan riqueza, atravesaron el país desde el noreste, saqueando comunidades, ocupando minas de diamantes y pozos de petróleo. Al llegar a Bangui, la capital, lo que comenzó como un enfrentamiento político militar, donde la población civil sufría los daños colaterales, devino en una persecución religiosa hacia la comunidad cristiana. Instrumentalizado como un conflicto religioso cuando la lucha por los recursos naturales y el Gobierno del país no tenía otro credo que las ansias de poder. Surgen entonces los grupos de autodefensa en los barrios, llamados posteriormente Anti-Balaka. A corte de machete y escupitajos de ak 47, barrios enteros fueron arrasados. Vecinos ejecutados, casas saqueadas y destruidas, y la huida de aquellos que tuvieron algo que se aproxima a la “fortuna”.

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En la imagen, Jeanette Longayale, con uno de sus 5 hijos. En abril de 2013 mataron a su marido en Daga, República Centroafricana. Salió huyendo a Chad. En esta zona del país hay más de 60.000 refugiados. Pablo Tosco/Oxfam Intermón
Cerca de medio millón de personas han perdido su vivienda. Casi 220.000 han huido del país desde el inicio de la violencia y el saldo de vidas perdidas asciende a más de 6.000.

“Lo vimos por televisión, lo escuchamos en la radio, fuimos testigos de cómo conflictos en países vecinos se convirtieron en masacres, miles de personas huían de sus casas y terminaban viviendo en campos hacinados, sin agua y sin comida, personas que lo perdieron todo… hoy eso nos toca a nosotros”, relata Muriel mientras se acomoda su pañuelo en la cabeza y se le llenan los ojos de lágrimas. Lleva dos años viviendo en el campo de desplazados de la iglesia de Castor. Es el improvisado patio de una iglesia que alberga a más de 2.500 personas en grandes carpas comunitarias. Muriel huyó con su familia cuando la milicia Seleka llegó a su barrio y comenzó a golpear puerta por puerta buscando a los hombres. “Los empujaban a palazos fuera de la casa, los pasaban por el machete, y los tiraban al pozo de agua. De aquí ya no podremos beber más”. Muriel se para frente a los restos de su casa donde está el pozo de agua y mira al infinito agujero negro donde aparecieron los cuerpos mutilados de varios vecinos. “Antes vivíamos en estrecha convivencia” recuerda Muriel, “vendía ropa casa por casa y a mis clientes no le preguntaba por su religión”.

Todas las atrocidades posteriores han creado una grieta difícil de reparar y donde la reconciliación todavía ni se plantea. Cada carpa alberga unas 50 personas, dentro de ellas solo encuentras colchones y ropa, una marmita para cocinar, otro mortero para moler alimentos y alguna pelota de futbol que algún niño abandonó en un rincón oscuro. Las condiciones de vida en estos asentamientos es de una vulnerabilidad extrema. El hacinamiento y la falta de recursos sanitarios amenazan la salud de estas personas. Oxfam ha instalado tanques de agua y letrinas, y promovido acciones que garantizan la higiene y evitan que se propaguen las enfermedades. Durante el día el campo se vacía, las personas salen a buscarse la vida a la ciudad a riesgo de no regresar.

Las cicatrices de la guerra no son una metáfora, son las secuelas de las matanzas, es el desplazamiento, es el hambre.

Poniendo en riesgo su vida, Muriel regresa de vez en cuando a las ruinas de lo que fue su casa con la ilusión de algún día devolverle las partes que le han mutilado: puertas, techos y ventanas. “Por seguridad no podemos salir de este campo, es una prisión al aire libre, y nuestro barrio está aquí al lado”.

Una mesita con 5 bolsitas de harina de mandioca resisten en la calle fantasma: “Este es el mercado que queda en el barrio”, dice Muriel retomando la calle custodiada por tanques de la Minusca (Misión de Naciones Unidas para la República Centroafricana) donde al final aparece la cúpula de la iglesia rodeada de lonas blancas.

Sobrevivir donde la vida fue prácticamente imposible. Muriel se sienta en su colchón sobre el suelo, acomoda su mosquitera mientras aun resisten las últimas lámparas de queroseno. Sobre las lonas las figuras que se forman le recuerdan las imágenes de la historia de esta parte de África, de genocidios y refugiados, y ella se siente solo una sombra de lo que fue.

Fuente:  http://blogs.elpais.com/3500-millones/2015/06/las-cicatrices-de-la-guerra-no-son-una-metafora.html