jueves, 24 de julio de 2014

Soutomaior


 Soutomaior, el castillo feudal mejor conservado y uno de los más bellos de Galicia. De la antigua familia de los Sotomayor y Saavedra, pasó en tiempos modernos a la casa de Mos y fue dignamente restaurado por el marqués de la Vega de Armijo. Conserva la torre del Homenaje, los dos recintos y el patio de armas. La muralla de la plaza de armas es más antigua que la del recinto exterior y se apoya en altas rocas.


  La fama del castillo se vincula en la leyenda y en la historia, principalmente a la figura de D. Pedro Alvarez de Sotomayor, bastardo y heredero, y legitimado por extinción de la rama legítima, conde de Camiña, esposo de doña Teresa de Távora, de gran nobleza portuguesa. Es la energía y el gozo en la aventura y la lucha este terrible Pedro Madruga,  que combate contra los Irmandiños, el arzobispo Fonseca, Diego de Muros y en pro de la Excelente Señora  doña Juana, en un tejido de guerras y sorpresas en que descuella el ataque en Potevedra y la defensa de Sobroso. Fue dueño de Baiona, Vigo, Caldas, Sobroso, Tuy Pontevedra, hasta que, arrojado por su propio hijo, de Sotomayor, y perdidas sus fortalezas, la justicia le relegó a Alba de Tormes, donde, en convento o prisión, acabó sus días. El mote de Madruga se debe por lo mucho que madrugaba para las cabalgadas y empresas, y dicen que se lo puso el conde de Ribadavia.



Guía de Galicia
Ramón Otero Pedrayo

miércoles, 23 de julio de 2014

Israel, Palestina: Cómo empezó todo

Massive Attack

Lo que pasa en Gaza se inició hace 66 años, cuando Israel optó por ser un Estado judío de mayoría judía. Para ello ocupa territorios, excluye a los palestinos y los somete a operaciones militares de castigo. 

Otro Israel es posible, al igual que una Sudáfrica libre de apartheid fue posible. 
 
“Si eres neutral ante situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor” (Desmond Tutu)

 Cómo empezó todo, preguntan algunos estos días. Esto, lo que está ocurriendo en Gaza, se inició hace mucho tiempo. Comenzó con el antisemitismo europeo, que promovió la emigración de los judíos a Palestina. Comenzó con el nazismo, el genocidio contra los judíos y la posterior decisión de Europa, con Reino Unido a la cabeza, de apoyar y fomentar el éxodo judío a Palestina.

Comenzó cuando el protectorado británico de Palestina miraba hacia otro lado mientras los judíos se organizaban en bandas armadas que cometieron atentados terroristas, matando a gente, contra objetivos británicos y árabes.

En 1947 la ONU, motivada por la responsabilidad y culpa europea del horror contra los judíos, aprobó un plan de partición que asignó el 54% de la Palestina del mandato británico a la comunidad judía (llegada la mayoría tras el Holocausto) y el resto, a los palestinos. Jerusalén quedaba como enclave internacional.

En los primeros meses de 1948 las fuerzas armadas judías clandestinas -escribo judías porque así se autodenominaban, y aún no se había declarado la independencia de Israel- elaboraron el Plan Dalet, cuyo fin era, entre otras cosas, hacerse con el control de la vía que unía Jerusalén con Tel Aviv, una zona que no figuraba como futuro territorio israelí en el plan de partición de la ONU. De ese modo expulsaron a miles de personas y asesinaron a cientos. Es decir, ya hubo entonces un intento de limpieza étnica.

Después, cuando los países árabes vecinos declararon la guerra a Israel tras su nacimiento en mayo de 1948, las fuerzas armadas israelíes aprovecharon para ocupar más tierras y expulsar a cientos de miles de palestinos. De ese modo Israel pasó a tener un 78% del territorio (posteriormente, en 1967 Israel ocuparía el 22% restante: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este).

Tras la guerra del 48, muchos palestinos intentaron regresar a sus casas, pero las tropas israelíes se lo impidieron, a pesar de que en diciembre de 1948 Naciones Unidas aprobó la resolución 194, incumplida hasta hoy, confirmada en repetidas ocasiones y ratificada en la resolución 3236 de 1974, que establecía el derecho de los refugiados a regresar a sus hogares o a recibir indemnizaciones.

Solo pudieron permanecer dentro de Israel, en muchos casos como desplazados, unos 150.000 palestinos, el 15% de la población, que en 1952 accedieron a la ciudadanía. Son los llamados árabes israelíes.

Gaza

Gran parte de los palestinos de Gaza son refugiados, expulsados o descendientes de los expulsados en 1948 a través de lo que constituyó, según historiadores israelíes como Ilan Pappé, una limpieza étnica, con el objetivo de levantar un Estado de mayoría judía. Incluso el historiador israelí sionista Benny Morris, ha escrito que “con la suficiente perspectiva resulta evidente que lo que se produjo en Palestina en 1948 fue una suerte de limpieza étnica perpetrada por los judíos en las zonas árabes”.

Los palestinos de Gaza viven hacinados, castigados, limitados. Israel controla qué productos y personas acceden a la Franja y prohíbe la entrada de materiales fundamentales. Practica un castigo colectivo.

Esto, lo que está pasando en Gaza, se inició hace 66 años, cuando se optó por una concepción de Israel como un Estado judío con mayoría judía. Para mantener esa mayoría Israel practica la ocupación, aparta y discrimina a los palestinos y, de vez en cuando, lleva a cabo operaciones militares que matan a cientos o miles y provocan el desplazamiento de miles más.

Para mantener la mayoría judía...
El Estado israelí, para ser fiel a su autodefinición -Estado judío- excluye el concepto de ciudadanía universal. Si aceptara como ciudadanos a los palestinos de Gaza y Cisjordania -territorios que controla u ocupa- su concepción como Estado judío estaría en peligro, ya que la población judía dejaría de ser la mayoritaria.

La elevada natalidad entre los palestinos es una de las preocupaciones principales de Israel. Lo llaman la cuestión demográfica. Ya hoy los judíos dentro de la llamada Línea Verde -las fronteras de antes del 67- conforman el 70% de la población, y se calcula que dentro de veinte años podrían ser el 50%.

Israel se opone a la creación de un Estado palestino pero también se niega a conceder derechos plenos y ciudadanía a los palestinos de Gaza y Cisjordania, porque si lo hiciera, estaría renunciando a su carácter judío como Estado. Es decir, a lo que algunos historiadores y politólogos llaman etnocracia.

Como subrayaba el israelí Sergio Yahni, integrante del Alternative Information Center, en una conversación que mantuvimos en Jerusalén:

 “Israel solo puede ser un Estado judío si mantiene la supremacía demográfica o legal de la población judía, pero para ello tiene o que llevar a cabo una nueva limpieza étnica, como la de 1948, o practicar la segregación étnica legalizada, es decir, el apartheid. Mientras Israel no asuma una verdadera transformación democrática, no viviremos en paz y seguirá la represión”. ( "El hombre mojado no teme la lluvia", Ed.Debate, 2009).

La Ley de Bienes Ausentes
Para que Israel pudiera ser un Estado judío, el gobierno del primer ministro David Ben Gurion organizó la recolonización de las tierras y distribuyó los bienes inmuebles que llamaron “abandonados”. Para ello se aprobó en 1950 la Ley de los Bienes Ausentes, que gestionó el traspaso a manos judías de las casas de los palestinos, no solo de los que se habían ido fuera de las fronteras israelies, sino también de aquellos que habían sido reubicados dentro del Estado israelí.

También se aprobaron otras leyes que prohibieron la venta o transferencia de tierras para garantizar que no cayeran en manos palestinas, y que permitían decretar la expropiación de bienes por interés público o declarar una superficie como “zona militar cerrada”, lo que impedía a los propietarios de la misma reclamarla como suya. De ese modo, 64.000 viviendas de palestinos ya habían pasado a manos judías en 1958.

La Ley del Retorno
Otra de las leyes fundamentales y una de las más controvertidas es la Ley del Retorno, que confirma esa insistencia en el carácter judío del Estado a través de la concesión de privilegios a los judíos. Esta ley concede el derecho a la ciudadanía a todos los judíos del mundo, de los hijos, nietos y cónyuges de los judíos, así como de quienes se conviertan al judaísmo. Sin embargo, no incluye a los judíos de nacimiento convertidos a otra religión y de hecho se ha denegado la ciudadanía a varios judíos convertidos al cristianismo.

La polémica en torno a esta ley reside en que Israel no permite regresar a su hogar a los palestinos expulsados ni a sus descendientes. Pero, por poner un ejemplo, un sueco que se convierta al judaismo sí tiene derecho a residir en Israel y a obtener la ciudadanía. Además, es probable que pudiera acceder a ayudas económicas del Estado para financiar estudios o adaptación a su nuevo hogar.

En 2003 se construyó un escalón más en esta política exclusivista con la aprobación de la Ley de Ciudadanía y Entrada en Israel, que indica que los palestinos de Cisjordania o Gaza menores de 35 años y las palestinas de Cisjordania o Gaza menores de 25 años no podrán residir en territorio israelí aunque se casen con un/a israelí. Sin embargo, si cualquier europeo contrae matrimonio con un ciudadano israelí tendrá derecho tanto a la residencia como a la ciudadanía.

La ocupación
La ocupación es la esencia del Estado israelí tal y como se concibe a sí mismo a día de hoy. Los colonos conforman una especie de ejército israelí paralelo al oficial, ya que ejercen una función paramilitar, la de invadir y ocupar, motivados por razones políticas, religiosas y también económicas, ya que el Estado concede préstamos y subvenciones a aquellos judíos que se instalan en la tierra de los palestinos.

En el territorio palestino de Cisjordania viven 450.000 colonos judíos, con una población total de más de dos millones de habitantes. Las colonias judías consumen un promedio de 620 metros cúbicos de agua por persona al año frente a los menos de 100 metros cúbicos de los palestinos. Esto sucede porque los asentamientos se apropian de parte de los acuíferos y de las áreas con más reservas.

Los colonos pueden llevar armas. Además, sus asentamientos están protegidos por el Ejército israelí, que de este modo legitima la ocupación. Es el propio Estado el que administra los terrenos de Cisjordania.

A través de las colonias, Cisjordania se ha convertido en una zona acantonada, sin continuidad territorial, donde los pueblos y ciudades están desconectados entre sí, convertidos en islotes rodeados por controles militares israelíes.

Exclusión y discriminación
Para controlar a la población palestina, Israel limita sus movimientos, lleva a cabo arrestos arbitrarios, aplica la llamada ley de detención administrativa, que permite mantener encarcelado a un palestino sin cargos ni juicio hasta al menos dos años, impide a los palestinos salir de su localidad o les obliga a esperar horas para hacerlo, les niega servicios públicos fundamentales, les prohibe construir viviendas y de hecho destruye algunas de sus casas, con la excusa de que no cuentan con permisos de construcción que se les deniegan de forma sistemática.

En la práctica aplica un apartheid y se guía por la ley del talión. Si alguien mata a un israelí, es el propio Estado el que se encarga de la venganza, derribando la casa de la familia del presunto culpable, torturándole a él, a sus amigos o familiares, o impulsando una ofensiva militar en su barrio o en otro, como la actual contra Gaza. Al contrario de lo que debería ser la actuación de un Estado democrático, Israel opta por la venganza en vez de por la vía judicial.

El precio de la paz
Ante ello, Estados Unidos o la Unión Europea se limitan a murmurar con tibias condenas que son simple tinta sobre papel, porque mientras las emiten, mantienen a Israel como socio comercial preferente, le venden armas, le brindan apoyo diplomático y estratégico. Nuestros gobiernos son corresponsables -desde hace décadas- del destino de palestinos e israelíes.

Como me dijo Rami Elhanan, israelí que perdió a su hija en un atentado de Hamás, los judíos que apuestan por excluir a los palestinos se excluyen a sí mismos, “están volviendo al gueto. La solución está encima de la mesa, pero solo llegará cuando Israel se dé cuenta de que el precio de no tener paz es más elevado que el de tenerla”.

Este año Hamás y Al Fatah anunciaron su reconciliación y un acuerdo incipiente para un gobierno de unidad nacional. Las autoridades palestinas han hablado incluso de estar dispuestas a recurrir a la vía judicial para denunciar a Israel en tribunales internacionales. Ante ello, la respuesta de Tel Aviv ha sido más mano dura. No quiere al pueblo palestino unido, porque eso también amenaza el carácter judío de su Estado.

La radicalización está llegando a tal punto que han brotado nuevos grupos extremistas israelíes que atacan a los manifestantes israelíes que salen a la calle para pedir paz y libertad para Palestina.

En su ansia por querer más, Israel sigue renunciando a un acuerdo más que beneficioso para él, por el cual los palestinos tendrían un Estado con tan solo el 22% de la Palestina inicial, lo que supondría ordenar la salida de Cisjordania de los 450.000 colonos judíos, algo a lo que Tel Aviv no está dispuesto, al menos hasta ahora.

De todo esto va lo que ocurre estos días en Palestina, en Gaza, en Cisjordania.

Otro Israel es posible
Cada día que pasa los palestinos son reducidos a números o al olvido, recubiertos por esa perversa sospecha que persigue a tantas víctimas, y que susurra “algo habrán hecho”, “algo habrán hecho”, porque resulta increíble que los crímenes se cometan con tanta impunidad. La entidad que se erige a sí misma como árbitro moral para decidir qué debería ocurrir y qué no en Palestina es la misma que robó y sigue robando la tierra de otros. No hay solución militar posible porque a pesar de todo, a pesar de lo que dijera Golda Meir en 1969, Palestina y los palestinos existen. La única solución pasa por poner fin a la ocupación, a los asentamientos, a la exclusión. El racismo, según el semiólogo Walter Mignolo, es la decisión de aquellos que están en el poder de clasificar y evaluar el grado de humanidad de los otros con el objetivo de controlar y dominar.

Dicho en palabras de la académica israelí Nurit Peled, “el Estado de Israel, que se declaró oficialmente un Estado de apartheid, se distingue por lo que ha sido siempre el método del racismo más típico y exitoso: la clasificación de los seres humanos”.

Otro Israel es posible, al igual que otra Sudáfrica fue posible. 
 


¿Quién está ganando?

¿Cómo se vería la historia si hubiese sido escrita al estilo de la operación “Acantilado Sólido” (también conocida como Margen Protector)?

Por ejemplo:
Winston Churchill fue un canalla.

Durante cinco años mantuvo a la población de Londres bajo el fuego incesante de la Luftwaffe alemana. Utilizó a los habitantes de Londres como escudos humanos en su descabellada guerra. Mientras la población civil estuvo expuesta a las bombas y a los cohetes, sin la protección de una “cúpula de hierro”, él estuvo escondido en su búnker bajo el 10 de Downing Street.

Se aprovechó de todos los habitantes de Londres usándolos como rehenes. Cuando los líderes alemanes hicieron una propuesta de paz generosa, la rechazó por locas razones ideológicas. De este modo condenó a su pueblo a un sufrimiento inimaginable.

De vez en cuando él salía de su escondite bajo tierra para sacarse una fotografía delante de las ruinas, y después regresaba a la seguridad de su ratonera. Pero a las gentes de Londres les decía: “¡Las generaciones futuras dirán que éste fue vuestro momento glorioso!".

La Luftwaffe alemana no tuvo más remedio que seguir bombardeando la ciudad. Sus comandantes anunciaron que sólo estaban atacando a los objetivos militares, como las casas de los soldados británicos en los que se llevaban a cabo las consultas militares.

La Luftwaffe alemana apeló a los habitantes de Londres a que abandonaran la ciudad, y, de hecho, muchos niños fueron evacuados. Pero la mayoría de los londinenses hicieron caso a la llamada de Churchill de permanecer en la ciudad, condenándose así ellos mismos a un destino de “daños colaterales”.

Las esperanzas del alto mando alemán de que la destrucción de sus casas y el asesinato de sus familias podría inducir a las gentes de Londres a sublevarse, echar a Churchill y a su grupo belicista, quedaron en nada.

Los londinenses primitivos, cuyo odio hacia los alemanes se adueñó de su lógica, siguieron tercamente las instrucciones del cobarde de Churchill. La admiración de los londinenses por él creció día a día, y hacia el final de la guerra se había convertido casi en un dios.

Una estatua suya se encuentra aún hoy delante del Parlamento en Westminster.

Cuatro años después el destino se había invertido. Las fuerzas aéreas británicas y estadounidenses bombardearon las ciudades alemanas y las destruyeron por completo. No quedó piedra sobre piedra, se arrasaron palacios gloriosos, y desaparecieron tesoros culturales. “Civiles no involucrados” volaron en pedazos, fueron quemados vivos o simplemente desaparecieron. Dresden, una de las ciudades más bellas de Europa, fue destruida totalmente en pocas horas en una “tormenta de fuego”.

El objetivo oficial era destruir la industria de guerra alemana, pero esto no se logró. El verdadero objetivo era aterrorizar a la población civil con el fin de inducirlos a derrocar a sus líderes y rendirse.

Eso no sucedió. De hecho, la única rebelión seria contra Hitler la llevaron a cabo altos mandos del ejército (y falló). La población civil no se sublevó. Todo lo contrario. En una de sus diatribas contra los “pilotos del terror”, Goebbels declaró: “¡Pueden destruir nuestras casas, pero no pueden destruir nuestro espíritu!”
Alemania no se rindió hasta el último minuto. Millones de toneladas de bombas no fueron suficientes. Ello sólo fortaleció la moral de la población y su lealtad al Führer.

Y así llegamos a Gaza.
Todo el mundo se pregunta: ¿quién está ganando esta ronda?
Que debe responderse, a la manera judía, con otra pregunta: ¿cómo juzgarlo?
La definición clásica de victoria es que el bando que queda en el campo de batalla es el que gana la batalla. Pero aquí nadie se ha movido. Hamás sigue ahí. Al igual que Israel.

Carl von Clausewitz, el teórico prusiano de la guerra, pronunció la célebre frase de que la guerra no es sino la continuación de la política por otros medios. Pero en esta guerra, ninguno de los bandos tenía objetivos políticos claros. Así que la victoria no se puede juzgar de esta manera.

El bombardeo intensivo de la Franja de Gaza no ha producido una rendición de Hamás. Por otro lado, la intensiva campaña de cohetes por parte de Hamás, que ha abarcado la mayor parte de Israel, tampoco ha tenido éxito. El increíble éxito que tienen los cohetes para llegar a todas partes en Israel se ha encontrado con el increíble éxito de los anticohetes de la “Cúpula de Hierro” para interceptarlos.

Así que, hasta ahora, es un punto muerto.

Pero cuando una pequeña fuerza de combate en un territorio pequeño llega a un punto muerto con uno de los ejércitos más poderosos del mundo, puede ser considerado como una victoria.

La falta de un objetivo político israelí es el resultado de un pensamiento confuso. Los líderes israelíes, tanto políticos como militares, no saben realmente cómo tratar con Hamás.

Puede que ya se hayan olvidado de que Hamás es en gran medida una creación de Israel. Durante los primeros años de la ocupación, cuando cualquier actividad política en Cisjordania y en la Franja de Gaza era reprimida brutalmente, el único lugar en el que los palestinos podían reunirse y organizarse era la mezquita.

En ese momento, Fatah fue considerado el archienemigo de Israel. Los lideres israelíes demonizaban a Yasser Arafat, el archi-architerrorista. Se consideró a los islamistas, que odiaban a Arafat, como el mal menor e incluso aliados secretos.

Una vez le pregunté al jefe del Shin Bet en ese momento si su organización había creado a Hamás. Su respuesta fue: “No los creamos. Los toleramos’’.

Esto cambió sólo un año después del inicio de la Primera Intifada cuando el líder de Hamás, el jeque Ahmad Yassin, fue arrestado. Desde entonces, por supuesto, la realidad se ha invertido por completo: Fatah es ahora un aliado de Israel, desde el punto de vista de la seguridad, y Hamás el archi-architerrorista.

Pero, ¿lo es?
Algunos funcionarios israelíes dicen que si no existiera Hamás tendría que inventarse. Hamás controla la Franja de Gaza. Se le puede responsabilizar de lo que sucede allí. Proporciona la ley y el orden. Es un socio de confianza para un alto el fuego.

Las últimas elecciones palestinas, que se celebraron bajo la supervisión internacional, terminaron con una victoria de Hamás, tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. Cuando a Hamás se le denegó el poder, lo consiguió en la Franja de Gaza por la fuerza. Todo indica que goza de la lealtad de la gran mayoría en el territorio.

Todos los expertos israelíes coinciden en que si el régimen de Hamás en Gaza cayera, grupúsculos islámicos mucho más extremistas se harían con el control y sumergirían a la Franja, con sus 1,8 millones de habitantes, en un absoluto caos. A los expertos militares no les gustaría eso.

Así que el objetivo de la guerra, si se puede dignificar como tal, no es destruir a Hamás sino dejarlo en el poder, aunque en un estado muy debilitado.

Pero, ¿cómo, por el amor de Dios, se consigue eso?

Una manera, exigida ahora por los ultraderechistas en el gobierno, es ocupar toda la Franja de Gaza.
A lo que los líderes militares responden de nuevo con una pregunta: ¿Y después qué?
Una nueva ocupación permanente de la Franja es una pesadilla militar. Significaría que Israel asume la responsabilidad de pacificar y alimentar a 1,8 millones de personas (la mayoría de los cuales, por cierto, son refugiados de 1948 procedentes de Israel y sus descendientes). Surgiría una guerra de guerrillas permanente. Nadie en Israel quiere eso en realidad.

¿Ocupar y luego irse? Se dice fácilmente. La ocupación en sí misma sería una operación sangrienta. Si se adopta la doctrina “Plomo Fundido” significaría más de mil, quizás varios miles de muertos, palestinos. Esta doctrina (no escrita) dice que si hay que asesinar a un centenar de palestinos con el fin de salvar la vida de un soldado israelí, que así sea. Pero si las bajas israelíes ascienden incluso a unas pocas decenas de muertos, el estado de ánimo del país cambiaría por completo. El ejército no quiere correr ese riesgo.

Por un momento parecía que se había logrado el martes un alto el fuego, para gran alivio de Binyamin Netanyahu y sus generales.

Pero fue una ilusión óptica. El mediador era el nuevo dictador egipcio, una persona odiada por los islamistas de todo el mundo. Es un hombre que ha matado y encarcelado a cientos de Hermanos Musulmanes. Es un aliado militar declarado de Israel. Es cliente de la generosidad estadounidense. Además, desde que Hamás surgió como una rama de los Hermanos Musulmanes egipcios, el general Abd-al-Fatah Al-Sisi los odia con todo su corazón, y no lo oculta.

Así que, en lugar de negociar con Hamás, hizo algo sumamente estúpido: dictar un alto el fuego bajo las condiciones israelíes sin consultar a Hamás para nada. Los líderes de Hamás se enteraron del alto el fuego propuesto por los medios de comunicación y lo rechazaron de plano.

En mi opinión sería mejor si el ejército israelí y Hamás negociaran directamente. A lo largo de la historia militar, los alto el fuego los han acordado los comandantes militares. Un lado envía un oficial con una bandera blanca al comandante de la otra parte, y se negocia un alto el fuego… o no. (Un famoso general americano respondió a una oferta alemana de este tipo con “¡Y un huevo!”).

En la guerra de 1948, en mi sector del frente, el comandante Yerucham Cohen y un joven oficial egipcio llamado Gamal Abd-al-Nasser negociaron un pequeño alto el fuego.

Dado que esto parece ser imposible con las partes actuales, debe encontrarse un intermediario honesto de verdad.

Mientras tanto, a Netanyahu le presionan sus colegas / rivales para que envíe tropas a la Franja, e intente al menos localizar y destruir los túneles cavados por Hamás bajo la valla fronteriza para lanzar ataques sorpresa contra los asentamientos fronterizos.

¿Cuál será el final de todo? No habrá final, sólo una ronda tras otra, a menos que se adopte una solución política.
Esto significaría: detener los cohetes y las bombas, poner fin al bloqueo israelí, permitir a la población de Gaza llevar una vida normal, impulsar la unidad palestina bajo un gobierno de unidad real, realizar negociaciones serias de paz, HACER LA PAZ.

lunes, 21 de julio de 2014

2014: un maravilloso nuevo mundo

Las dos grandes visiones sobre distopías futuras han sido “1984”, de George Orwell, y “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley. El debate existente entre quienes observaban nuestro deslizamiento hacia el totalitarismo de las corporaciones giraba en torno a quién de los dos escritores tenía razón. ¿Viviríamos dominados, como escribió Orwell, por una vigilancia represiva y un estado de seguridad que utilizaría formas de control brutales y violentas? ¿O, como Huxley imaginó, nos sentiríamos fascinados por el entretenimiento y el espectáculo, cautivos de la tecnología y seducidos por un derroche consumista que envolvería nuestra propia opresión? Pues ha resultado que ambos, Orwell y Huxley, tenían razón. Huxley fue capaz de imaginar la primera fase de nuestra esclavitud. Orwell la segunda.
Aoki Tetsuo
Como Huxley predijo, el estado de las corporaciones nos ha ido despojando gradualmente, seduciéndonos y manipulándonos con gratificaciones sensuales, artículos baratos producidos en masa, crédito sin límites, teatro político y diversión. Mientras nos iban entreteniendo y envolviendo, fueron desmantelando todo el conjunto de regulaciones que en otro tiempo mantuvieron a raya al depredador estado corporativo, volviendo a reescribir las leyes que nos protegían hasta abocarnos a la pobreza. En estos momentos, el crédito se ha secado ya, los puestos de trabajo medianamente decentes para la clase trabajadora han desaparecido para siempre y los artículos producidos en masa resultan ahora inasequibles, por todo lo cual nos vemos transportados desde “Un mundo feliz” a “1984”. El estado, asfixiado por déficits masivos, guerras sin fin y fechorías corporativas, se desliza hacia la bancarrota. Ha llegado la hora de que el Gran Hermano se apodere del sensorama, de la orgia-porfía y de la bomba centrífuga de Huxley. Estamos pasando de una sociedad donde se nos manipula hábilmente con mentiras e ilusiones a otra donde estamos clara y totalmente controlados.

Orwell alertó sobre un mundo donde los libros estarían prohibidos. Huxley advirtió de un mundo donde nadie querría ya leer libros. Orwell alertó sobre un estado de guerra y miedo permanentes. Huxley advirtió de una cultura habitada por un placer vacío de sentido. Orwell avisó acerca de un estado donde todas las conversaciones y pensamientos estaban vigilados y la disidencia brutalmente reprimida. Huxley alertó sobre un estado donde su población sólo se preocupaba por las trivialidades y el cotilleo, sin que le importaran ya ni la verdad ni la información fidedigna. Orwell nos veía asustados y sometidos. Huxley nos veía seducidos y sometidos. Pero estamos descubriendo que Huxley no era más que el preludio de Orwell. Huxley entendía que en ese proceso éramos nosotros los cómplices de nuestra propia esclavitud. Orwell lo interpretaba como esclavitud. Ahora que el Estado corporativo ha dado ya el golpe maestro, nos encontramos desnudos e indefensos. Y estamos empezando a entender, como Karl Marx supo, que el capitalismo sin restricciones y sin reglamentar es una fuerza brutal y revolucionaria que explota a los seres humanos y el medio ambiente hasta agotarlos o destruirlos.

“El Partido busca el poder completamente en su propio beneficio”, escribió Orwell en “1984”. “No estamos interesados por el bien de los otros; únicamente nos interesa el poder. Ni la riqueza ni el lujo ni una vida larga ni la felicidad: sólo el poder, el poder puro. Lo que implica el poder puro lo comprenderán ahora. Nos diferenciamos de las oligarquías del pasado en que sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se nos parecieron, eran cobardes e hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se nos parecían mucho en sus métodos, pero nunca tuvieron valor para reconocer sus propios motivos. Pretendieron, quizá hasta se lo creyeron, que habían tomado el poder de mala gana, por tiempo limitado y que justo a la vuelta de la esquina había un paraíso donde los seres humanos eran libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie toma nunca el poder con intención de renunciar al mismo. El poder no es un medio, es un fin. Uno no establece una dictadura para salvaguardar una revolución; uno hace una revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución es la persecución. El objeto de la tortura es la tortura. El objeto del poder es el poder”.

El filosofo político Sheldon Wolin utiliza el término “totalitarismo invertido” en su libro “Democracia incorporada” para describir nuestro sistema político. Es un término que daría sentido a Huxley. En el totalitarismo invertido, las sofisticadas tecnologías del control corporativo, la intimidación y manipulación de masas, que superan de lejos las utilizadas por los anteriores estados totalitarios, se enmascaran eficazmente con el oropel, el ruido y la abundancia de una sociedad de consumo. Se va renunciando gradualmente a la participación política y a las libertades civiles. El estado corporativo, escondido tras la pantalla de humo de la industria de las relaciones publicas, del entretenimiento y el materialismo chabacano de una sociedad de consumo, nos devora de dentro a afuera. No le debe lealtad a nadie, ni a nosotros ni a la nación. Se da un festín con nuestros cadáveres.

El estado corporativo no encuentra su expresión en un líder demagogo o carismático. Se define por el anonimato y la ausencia de rostro de la corporación. Las corporaciones, que suelen alquilar a portavoces atractivos como Barack Obama, controlan los usos de la ciencia, la tecnología, la educación y la comunicación de masas. Controlan los mensajes en el cine y en la televisión. Y, al igual que en “Un mundo feliz”, utilizan estas herramientas de comunicación para reforzar la tiranía. Nuestro sistema de comunicación de masas, como Wolin escribe, “obstaculiza, elimina cualquier elemento que pudiera introducir cualificación, ambigüedad o dialogo, cualquier cosa que pudiera debilitar o complicar la fuerza total de su creación, hasta su total impresión”.

El resultado es un sistema monocromático de la información. Cortesanos de famosos, haciéndose pasar por periodistas, expertos y especialistas, identifican nuestros problemas y explican pacientemente los parámetros. Se descarta como seres raros irrelevantes, extremistas y miembros de la izquierda radical a todos aquellos que se posicionan fuera de los parámetros impuestos. Se prohíbe a críticos sociales clarividentes, desde Ralph Nader a Noam Chomsky. Las opiniones aceptables van de la A a la B. La cultura, bajo tutela de esos cortesanos corporativos, se convierte, como Huxley señaló, en un mundo de conformidad alegre, así como en un inacabable y finalmente fatal optimismo. Nos compramos a nosotros mismos comprando productos que prometen cambiar nuestras vidas, haciéndonos más guapos, más seguros o exitosos mientras velozmente nos despojan de nuestros derechos, dinero e influencia. Todos los mensajes que recibimos a través de estos sistemas de comunicación, ya sea en las noticias de la noche o en los programas de entrevistas como “Oprah”, prometen un mañana más brillante y más feliz. Y esta es, como Wolin señala, “la misma ideología que invita a los ejecutivos de las corporaciones a exagerar beneficios y ocultar pérdidas, pero siempre con rostro risueño”. Estamos embelesados, como Wolin escribe, por “los continuos avances tecnológicos” que “fomentan elaboradas fantasías de destrezas individuales, juventud eterna, belleza gracias a la cirugía, acciones que se miden en nanosegundos: una cultura repleta de sueños de control y posibilidades en constante expansión, cuyos habitantes son propensos a fantasear porque la inmensa mayoría tiene imaginación pero pocos conocimientos científicos”.

Han desmantelado nuestra base industrial. Los especuladores y estafadores han saqueado el Tesoro estadounidense y han robado miles de millones a los pequeños accionistas que habían reservado ese dinero para la jubilación o para ir a la universidad. Se han eliminado las libertades civiles, incluido el habeas corpus y la protección contra las escuchas telefónicas sin orden judicial. Los servicios básicos se han entregado a las corporaciones, incluidas la educación pública y la atención sanitaria, que los explotan buscando únicamente el beneficio. El establishment corporativo ridiculiza a los pocos que se atreven a alzar su voz disidente, que se niegan a participar en la feliz charla corporativa, etiquetándoles de bichos raros, de frikis.

Las actitudes y el temperamento han sido astutamente manipulados por el estado corporativo, al igual que los maleables personajes de Huxley en “Un mundo feliz”. El protagonista del libro, Bernard Marx, vuelca su frustración en su novia Lenina:

“¿No te gustaría ser libre, Lenina”, pregunta.

“No comprendo qué quieres decir. Soy libre, libre para tener el tiempo más maravilloso. Todo el mundo es feliz hoy en día.”

Él se rió: “Sí, ‘todo el mundo es feliz hoy en día’. Pero, ¿no te gustaría ser libre para ser feliz de otra manera, Lenina? A tu manera, por ejemplo; no del mismo modo que todos los demás”.

“No sé lo que quieres decir”, repitió ella.

La fachada se derrumba. Y cada vez hay más gente que se da cuenta de que se les ha utilizado y se les ha robado, que poco a poco estamos yendo de “Un mundo feliz” de Huxley a “1984” de Orwell. “En algún momento, la gente tendrá que enfrentar verdades muy desagradables. Los puestos de trabajo bien pagados no van a volver. Los mayores déficits de la historia humana significan que estamos atrapados en un sistema de servidumbre que el estado de las corporaciones utilizará para erradicar los últimos vestigios que quedan de protección social a los ciudadanos, incluida la Seguridad Social. El estado ha sufrido una regresión de la democracia capitalista al neofeudalismo. Y cuando todas estas verdades aparezcan claramente, la rabia sustituirá a la alegre conformidad impuesta por las corporaciones. La debilidad de nuestros bolsillos post-industriales, donde alrededor de 40 millones de estadounidenses viven en un estado de pobreza y decenas de millones en una categoría denominada de “casi pobreza”, junto con la carencia de crédito que pudiera salvar a las familias de las ejecuciones hipotecarias, de las apropiaciones de los bancos y de la bancarrota a causa de las facturas médicas, pone en evidencia que el totalitarismo invertido no va ya a funcionar.

Cada vez vivimos más en la Oceanía de Orwell, no en El Estado Mundial de Huxley. Osama bin Laden juega el papel asumido por Emmanuel Goldstein en “1984”. Goldstein, en la novela, es el rostro público del terror. Sus diabólicas maquinaciones y actos clandestinos de violencia dominan las noticias de la noche. La imagen de Goldstein aparece cada día en las pantallas de televisión de Oceanía como parte del ritual diario de “Dos Minutos de Odio” de la nación. Y sin la intervención del estado, Goldstein, al igual que bin Laden, acabará con vosotros. En la lucha titánica contra la personificación del mal, se justifican todos los excesos.

La tortura psicológica aplicada al soldado raso Bradley Manning –que lleva ya siete meses preso sin haber sido acusado de delito alguno- refleja el destrozo del disidente Winston Smith al final de “1984”. A Manning se le mantiene como “detenido sometido a máxima vigilancia” en el calabozo de la Base del Cuerpo de Marina Quantico, en Virginia. Pasa solo 23 de las 24 horas del día. Se le niega la posibilidad de hacer ejercicio. No puede tener almohada ni sábanas en la cama. Los doctores del ejército le han estado atiborrando de antidepresivos. Las más crudas formas de tortura de la Gestapo se han sustituido por refinadas técnicas orwellianas, en gran medida desarrolladas por psicólogos que trabajan para el gobierno para convertir en vegetales a disidentes como Manning. Destrozamos las almas y los cuerpos. Es más eficaz así. Ahora nos pueden llevar a todos a la temible Habitación 101 de Orwell para que nos conviertan en seres dóciles e inofensivos. Esas “especiales medidas administrativas” se imponen habitualmente a nuestros disidentes, incluido Syed Fahad Hashmi, quien pasó tres años encarcelado en condiciones parecidas antes de ser llamado a juicio. Esas técnicas han destrozado psíquicamente a miles de detenidos en nuestros agujeros negros por todo el globo. Constituyen la principal forma de control en nuestras prisiones de máxima seguridad, donde el estado corporativo hace la guerra sirviéndose astutamente de nuestra inferior: los afroamericanos. Todo presagia el cambio de Huxley a Orwell.

“Nunca podrás tener de nuevo sentimientos humanos normales”, dice el torturador de Winston Smith en “1984”. “Todo estará muerto dentro de ti. Ya no podrás ser capaz nunca de sentir amor o amistad o alegría de vivir o risa o curiosidad o valentía o integridad. Te quedarás vacío, hueco. Vamos a exprimirte hasta vaciarte y después te llenaremos de nosotros mismos”.

El nudo se va estrechando. La era del divertimento se sustituye por la era de la represión. Decenas de millones de ciudadanos han tenido que entregar sus registros telefónicos y correos al gobierno. Somos la ciudanía más controlada y espiada en la historia humana. Muchos de nosotros tenemos nuestras rutinas diarias atrapadas en docenas de cámaras de seguridad. Nuestras inclinaciones y hábitos se registran en Internet. Nuestros perfiles se generan electrónicamente. Cachean nuestros cuerpos en los aeropuertos y nos filman con escáneres. Y los anuncios de servicio público, las pegatinas de los coches de inspección y los carteles del transporte público nos instan constantemente a informar de actividades sospechosas. Porque el enemigo está por todas partes.

Se silencia brutalmente a quienes no se ajusten a los dictados de la guerra contra el terror, una guerra que, como Orwell señaló, es inacabable. Las draconianas medidas de seguridad utilizadas para reprimir las protestas en las cumbres del G-20 en Pittsburg y Toronto fueron salvajemente desproporcionadas para el nivel de actividad de la calle. Pero enviaron un claro mensaje: ¡NI SE OS OCURRA INTENTARLO! La persecución por parte del FBI de los activistas a favor de Palestina y en contra de la guerra, que el pasado septiembre vieron cómo los agentes asaltaban sus hogares en Minneapolis y Chicago, es un presagio de lo que está por venir para todos aquellos que se atrevan a desafiar el Neolengua oficial del estado. Los agentes –nuestra Policía del Pensamiento- incautaron teléfonos, ordenadores, documentos y otras pertenencias personales. Se han enviado citaciones judiciales a 26 personas para que comparezcan ante un gran jurado. Las notificaciones citan leyes federales que prohíben “proporcionar apoyo material o recursos destinados a organizaciones extranjeras terroristas”. El Terror, incluso para quienes no tienen nada que ver con el terrorismo, se convierte en el objeto contundente utilizado por el Gran Hermano para protegernos de nosotros mismos.

“¿Empiezan a ver, pues, qué clase de mundo estamos creando?”, escribió Orwell. “Es exactamente todo lo contrario de las estúpidas Utopías hedonistas que los viejos reformistas imaginaron. Un mundo de temor, traición y tormento, un mundo donde se pisotea y se es pisoteado, un mundo cada vez más despiadado en la medida en que se va refinando”.

Fuente:  http://iniciativadebate.org/2014/07/09/2014-un-maravilloso-nuevo-mundo/

domingo, 20 de julio de 2014

Ideología y Personalidad

Foto: David Sneider
En su libro Must-Have, Geoffrey Miller hace un estudio del consumismo desde el punto de vista de la psicología evolucionista. Nuestros cerebros de primate social evolucionaron para perseguir un objetivo principal social: lucir bien a los ojos de los demás, resultar atractivos (de ello depende al final nuestro éxito reproductor). La tesis central de Miller es que los objetos que consumimos sirven para “señalar” cosas a los demás de la misma manera que los colores de los pájaros o la cola del pavo real sirve también para señalar cualidades personales a los demás individuos de la especie (especialmente a los del otro sexo). Nosotros nos “adornamos” a nosotros mismos con iPhones, coches, ropa de marca, etc., para impresionar a los demás. Desde este punto de vista resulta que el materialismo consumista en el fondo no es tan materialista porque muchos productos (no todos) son primero “señales” y en segundo lugar objetos materiales.

Esta visión no es del todo nueva porque los expertos en márketing saben hace tiempo que los productos que compramos sirven para mostrar nuestra riqueza, estatus y gusto, pero Miller va más allá que todo eso y dice que muestran nuestra “fitness” en el sentido evolucionista, las cualidades que nos convierten en un buen conjunto de genes con el que conviene tener relaciones ( sexuales, de colaboración, etc). Y Miller incide especialmente en la capacidad de los productos para señalar a los demás nuestra inteligencia y nuestros rasgos de personalidad. Hay que decir que Miller sigue el modelo de personalidad de los Big Five, así que si no lo conoces échale primero un vistazo. Es decir, si yo me compro un Volvo estoy mostrando a los demás unos rasgos de personalidad (responsabilidad, estabilidad…) muy diferentes a los que mostraría si me compro un deportivo descapotable…

Pero en esta entrada voy a referirme a un apartado concreto entre lo mucho que habla Miller que me ha parecido muy interesante, muy políticamente incorrecto, contraintuitivo y provocador, pero que, creo, contiene una buena dosis de verdad: que la ideología es también una señal, un indicador de nuestra personalidad, en concreto de la dimensión agradabilidad o amabilidad. Si te interesa este asunto te puede interesar una entrada anterior sobre creencias e identidad en la que precisamente hablábamos de las creencias como marcador o señal de identidad grupal; ese post tiene que ver y complementa lo que hablaremos ahora.

Miller cuenta que en el año 1986 hubo en la Universidad de Columbia una manifestación y concentración de estudiantes en contra del Apartheid en Sudáfrica y los estudiantes pedían que la Universidad cortara todo tipo de relaciones comerciales con compañías que operaban en Sudáfrica (eran los tiempos cuando Mandela estaba todavía en la cárcel y el apartheid impedía a los negros votar y demás). El éxito de la protesta fue sorprendente y durante dos semanas los estudiantes ocuparon instalaciones, se sumó casi todo el mundo y los jóvenes se arriesgaron a ir a la cárcel por unas personas que no conocían y que se encontraban a miles de kilómetros de distancia. Cuenta Miller que el periódico conservador del campus pintó la protesta como un ritual de emparejamiento primaveral , de tintes dionísiacos, decorado con los eslóganes políticos arbitrarios de ese año. Evidentemente se trata de una deformación grosera, pero el retrato contenía, como dicen los anglosajones, un grano de verdad. Multitud de parejas se formaron en esa protesta, mucha gente empezó a salir con alguien que había conocido durante la protesta y, aunque todo acabó a tiempo para preparar los exámenes semestrales y la vida del campus siguió, las relaciones de pareja que allí se formaron duraron años en muchos casos (o toda la vida).

Puede parecer cínico decir que las manifestaciones públicas de ideología son rituales de cortejo y corremos el riesgo de trivializar el discurso político, pero merece la pena que profundicemos un poco en ello. Muchas veces vemos cómo la gente defiende ideologías que no se ajustan a la realidad. En el post que he comentado, veíamos la fascinante relación de las ideas con la identidad, pero aquí tenemos otra perspectiva: si la ideología es un indicador fiable de ciertos rasgos de personalidad entonces la verdad o no de esa ideología es irrelevante. De hecho, cuanto más extremas y costosas desde el punto de vista personal esas ideologías, mejor como indicadores fiables de personalidad ( toda la teoría de señales se basa en el principio del handicap, de Zahavi, de que las señales tienen que ser costosas para que sean fiables). Si contemplamos los beneficios individuales de las ideas políticas como sociales más que políticos podemos entender cosas o responder preguntas como las siguientes: ¿por qué según muchas encuestas los hombres son más conservadores, autoritarios, orientados a derechos y menos empáticos que las mujeres? ¿Por qué la gente se hace más conservadora con la edad? ¿por qué más hombres que mujeres se meten en política? o …¿por qué la mayoría de las revoluciones ideológicas son iniciadas por hombres jóvenes solteros?

Nada de lo anterior tiene sentido si interpretamos la ideología política de manera racional y centrada en el autointerés político. Desde el punto de vista económico, político y psicológico todo el mundo tiene intereses igual de fuertes por lo que todo el mundo debería estar comprometido o implicado en la misma medida en conductas ideológicas, si es que esta conducta sirviera, insisto, para conseguir unos objetivos políticos de autointerés. Pero si introducimos en la ecuación la selección sexual, es evidente que no todo el mundo tiene los mismos intereses reproductivos ( la vieja historia de que los machos tienen más que ganar de múltiples relaciones con muchas parejas al contrario que las hembras…). Los hombres jóvenes deberían buscar más el riesgo en su conducta reproductora porque tienen más que ganar y menos que perder, por ejemplo convirtiéndose en un político revolucionario. No sorprende tampoco que los hombres usen el conservadurismo político para publicitar su dominancia social y económica y su capacidad de ser buenos proveedores; las mujeres mostrarían su liberalismo político para anunciar sus capacidades cuidadoras, empáticas útiles en el cuidado de los niños y en la formación de redes sociales. El giro hacia el conservadurismo en la edad adulta refleja un un aumento en dominancia social y poder adquisitivo y económico, y no tanto un cambio racional en el autointerés político.

Dado que el emparejamiento es un juego social en el que el atractivo depende de lo que hagan los demás (y del número de los que lo hacen), la ideología política evoluciona dentro de la dinámica de la imitación social. Es decir, si un número suficiente de estudiantes pone en marcha la protesta y se acepta que estar ahí significa ser guay y atractivo, entonces los demás no tienen otro remedio que seguir la moda. Nos encontramos que se imita la ideología como se imita la ropa y que hay que estar al día con lo que se lleva…Esto me recuerda lo que me cuentan algunos amigos sobre la época en que acudían a los cine-clubs (uno es ya muy mayor) y se tragaban unas películas infumables de existencialistas franceses con la única intención de ver si podían ligar en las charlas…

Resumiendo, que para entender una buena parte de la conducta del consumidor debemos reconocer la naturaleza ideológica de muchas decisiones de compra, y que incluso la propia ideología se utiliza también de la misma manera que utilizamos otros productos, para publicitar nuestros rasgos de personalidad. Pero esto de la personalidad y la ideología da para mucho así que seguiremos hablando de ello.

Fuente:  http://evolucionyneurociencias.blogspot.com.es/2014/07/ideologia-y-personalidad.html?spref=tw

sábado, 19 de julio de 2014

Solidaridad con Gaza

 El rey de Suecia y su esposa en solidaridad con #Gaza contra la bárbara agresiónRim Banna
19/7/2014 Londres, más de 50.000 hacia la embajada de Israel
19/7/2014 Paris. Por Gaza, STOP masacre e invasión.
Occupybarcelona Barcelona.
Boston Jews in solidarity with Gaza
Jewish Voice for Peace.
 19/7/2014 Bruselas. Por Gaza, STOP masacre e invasión
Occupybarcelona Barcelona.
 Club chileno de fútbol coloca el mapa de Palestina en su uniforme

Contundente movilización en Buenos Aires contra los bombardeos israelíes sobre Gaza

 http://www.resumenlatinoamericano.org/?p=4099
 En Turquía
                                                     Thousands of people now in Napoli
                                                               Barcellona, 17 luglio.
 
19/7/2014 Tel Aviv, Israel contra masacre e invasion de Gaza.
#TelAviv protests against #GazaUnderAttack by @liorf




Porto

viernes, 18 de julio de 2014

“Israel está comerciando con la sangre de los tres colonos asesinados”


Injusticia, indefensión y agresión son los tres conceptos en los que más incide el embajador palestino en Madrid desde hace casi nueve años, Musa Amer Odeh, a lo largo de esta entrevista. Según su opinión, a pesar de la voluntad de Israel de presentarse como la víctima de este conflicto, el que tiene necesidad de protección es el débil, el pueblo palestino, a quien define como “una víctima del terrorismo de Estado israelí”.

Han pasado casi dos semanas desde que Israel inició la llamada operación Margen Protector que, de momento, ha dejado tras de sí más de 250 víctimas palestinas y una israelí. Horas después de realizarse esta entrevista, el ejército israelí disparó varios proyectiles contra una playa situada en la ciudad de Gaza. Un ataque con el que mató a cuatro menores de 11 años y dejó a otro más herido. Poco tiempo más tarde, un bombardeo en una calle de la localidad de Jan Yunisal mató, al menos, a dos mujeres y a otros dos niños más. Y son, precisamente, la vulnerabilidad de los menores y el hecho de que Israel esté masacrando a la población civil palestina, dos de las cuestiones que más preocupan a Musa Amer Odeh.

Hace algunos días, Egipto propuso un alto el fuego que apenas duró unos minutos. Israel aseguró que desde Gaza se rompió el acuerdo y Hamas argumentó que este acuerdo era demasiado favorable a Israel. ¿Qué sucedió realmente?
Egipto pidió un cese del fuego y solicitó a ambas partes que viajaran a El Cairo para que se pudiera dialogar en detalle sobre el tema. Israel manifestó, antes de irse, que estaban dispuestos a dirigirse a Egipto para desarmar a la resistencia palestina en Gaza. Pero las fracciones de la resistencia en Gaza respondieron que esto no es lo que la iniciativa egipcia dice y que, además, no es factible. Lo que los dirigentes de la resistencia en Gaza han manifestado claramente es que si Israel tiene derecho a defenderse, también lo tienen los palestinos. ¿O solamente es un derecho israelí?

Con sus bombardeos en Gaza alcanzan a toda la población civil palestina, no solamente a las fracciones políticas. Las cifras del resultado de estas agresiones hablan de más de 250 muertos y casi 2.000 heridos y de una destrucción masiva de viviendas civiles palestinas aun sabiendo de antemano que, entre las víctimas, iba a haber muchos niños inocentes. Por tanto, no es justo que se le otorgue a Israel el derecho a usar su armamento y confiscar el de los palestinos que quieren defenderse ante la quinta potencia militar del mundo.
Israel cree que con su poderío militar puede imponer sus condiciones para la nueva paz que desea en Oriente Medio. Pero no hay un equilibrio entre palestinos e israelíes, precisamente, en el campo militar. Palestina no tiene ni ejército ni armas. Tenemos policías que llevan su equipamiento, e Israel sabe cuántas armas lleva cada policía porque así fue acordado entre ambas partes. Y, aún sabiéndolo, ocupan el territorio palestino y controlan la entrada y salida a este territorio. Pero siempre pretenden pasar por víctimas cuando ellos son los verdugos de mi pueblo. El pueblo palestino es una víctima del terrorismo de Estado israelí.

Ese derecho a defenderse que algunos utilizan como argumento para justificar los recientes ataques israelíes, ¿está amparado por ninguna norma de Derecho Internacional?
No hay absolutamente ninguna norma dentro del Derecho Internacional que otorgue a Israel el derecho de agresión. Además, eso de que tienen derecho a defenderse… ¿Defenderse de qué? ¿Y de quién? Lo que están haciendo es defender el derecho a la ocupación, que viola el Derecho Internacional. Defienden los asentamientos, que violan el Derecho Internacional. Y, finalmente, defienden una política errónea que ya ha sido condenada en más de una resolución de la ONU. El que necesita defenderse es el débil, que en este caso es el pueblo palestino. Nosotros necesitamos que alguien nos defienda porque no podemos hacerlo solos. Y esto es responsabilidad de la comunidad internacional. Por eso nuestro presidente mandó hace unos días un mensaje al secretario general de la ONU donde se le solicitaba protección internacional para el pueblo palestino bajo ocupación, porque no tenemos armas para defendernos de Israel.

Hace poco he leído en la prensa que EEUU va a otorgar una ayuda excepcional a las fuerzas aéreas israelíes para que puedan defenderse de los palestinos. No lo entiendo. ¿Cómo se puede mandar ayuda a un ejército que está asesinando a niños? En esta escalada de violencia hemos visto ya a más de 50 niños muertos y más de 250 víctimas, todas civiles. Este tipo de ayudas, así como las que se le están dando últimamente a Israel, son apoyos a la agresión y a la violación del Derecho Internacional. Y, lamentablemente, los aviones israelíes que están bombardeando Gaza están fabricados en Estados Unidos.

Teresa Aranguren escribió un artículo en La Marea donde aseguraba que, a pesar de no tener pruebas de que los miembros de Hamas asesinaran a los tres jóvenes israelíes, es la versión que han dado por válida tanto Estados Unidos como la Unión Europea.
Lo que manifestó la periodista Aranguren es totalmente correcto. Hasta ahora no hay nadie que se haya responsabilizado del asesinato de los tres colonos. Israel se otorgó a sí mismo el derecho de ser el juez y el verdugo al mismo tiempo. Eso no es justo. Los acusados tienen derecho a enfrentarse a la justicia. Y cuando la justicia dicta la sentencia, se aplica. Hasta el momento, Israel ni siquiera ha detenido a los sospechosos que dice que están detrás de estos tres asesinatos. A pesar de ello, ha destruido sus casas, lo que viola las leyes internacionales y los derechos humanos.

¿Cuál es el objetivo de Israel?
Israel está en contra de la reconciliación nacional y del entendimiento entre Cisjordania y Gaza y tiene un gran interés en que Palestina siga dividida. Como Israel considera que Hamas es un grupo terrorista, quiere aprovechar la ocasión para que la comunidad internacional se enfrente a ellos. Pero tanto Europa como Estados Unidos han apoyado la reconciliación palestina y el entendimiento entre ambas partes, algo que ha enloquecido al gobierno israelí. Lo que están haciendo es comerciar con la sangre de estos tres colonos de una manera fea, y asesinan a niños y a la población civil con el pretexto de defenderlos.

En más de una ocasión, el gobierno israelí ha manifestado estar en contra de la creación de un gobierno palestino soberano, tal y como dicta la comunidad internacional. Hace menos de una semana, el primer ministro israelí dijo en una conferencia de prensa que, mientras él estuviera en el poder, no iba a permitir que naciera el Estado palestino y que no iba a retirar a su ejército de Cisjordania. Esto muestra claramente que la política israelí pretende sembrar, mantener e imponer la ocupación en nuestras tierras.

Algunos analistas internacionales han hablado del reciente descubrimiento de unos pozos de gas natural en la costa de Gaza, pero Israel no va a dejar que los palestinos exploten sus recursos naturales. Hay otros dos pozos grandes de gas natural frente a las costas de Gaza, dentro del mar. La Autoridad Nacional Palestina firmó acuerdos con una empresa británica para explotarlos y ambos pozos están listos para ello. Llevamos más de 15 años esperando el permiso israelí para poder hacerlo, pero no nos deja.

¿Por qué necesitan el permiso de Israel?
Porque controlan el mar. Nosotros estamos bajo una total ocupación por parte de Israel, que controla el espacio aéreo, el marítimo y las fronteras. Todo. Lo que quiere Israel es que los palestinos no puedan desarrollar su propia economía para que no puedan formar un Estado. Lo que pretenden es que la comunidad palestina dependa totalmente de ellos, por eso estamos consumiendo agua, luz… Todo a través de Israel. Somos un mercado para la economía israelí. Y encima explotan a los obreros palestinos que trabajan allí, los tienen en condiciones inhumanas. Se ve claramente que lo que tiene en mente este gobierno es una política colonial y agresiva contra los intereses de nuestro país.

Una política colonial que ha sido recientemente premiada por la ONU, ya que el pasado 18 de junio nombraron a Israel vicepresidente de la Comisión de Descolonización.
Lamentablemente sí, tienes toda la razón. Es vergonzoso por parte de la comunidad internacional. ¿Cómo, en el siglo XXI, se le permite al único Estado colonial en el mundo que sea parte de un comité de descolonización? Israel nunca podría ser miembro de este comité si no fuera por el apoyo europeo. Esta política europea errónea le manda el mensaje también erróneo a Israel de que tiene derecho a hacer lo que hace, por lo que entienden que su política es admitida y siguen cometiendo agresiones contra nosotros. El abrazo europeo a esta política está totalmente fuera de lugar.

Europa podría haber usado su papel para exigirle a Israel que deje de ser colonialista para formar parte de este comité y no al revés, protegerlo y darle la razón. Es un punto negro más en la Historia de Europa y de la comunidad internacional en contra de los intereses de nuestro pueblo. Aún así, quiero dejar bien claro que no todos los países de la UE apoyaron a Israel en este comité. Fueron los integrantes de un grupo denominado WEOG (Western European and Others Group) donde hay, además de algunos países que no forman parte de la UE, otros que sí son miembros de la UE.

¿Por qué un país que vulnera los acuerdos internacionales y los derechos humanos recibe este apoyo por parte de la comunidad internacional?
Francamente, porque Estados Unidos quiere y porque presiona al resto del mundo para que haga lo mismo. Y lo que hace que el gobierno estadounidense opte por este camino es el lobby israelí que está en el Congreso y en el Senado de este país. Esperamos que los gobiernos de los países europeos y de EEUU algún día lleven a cabo sus principios e ideales, estos derechos humanos que todos los días dicen respetar y proteger, así como las leyes internacionales.

Tanto Europa como Estados Unidos deben saber que estas políticas erróneas que aplican respecto a Israel solamente pueden verse de una forma: y es que están apoyando la ocupación del territorio palestino por parte de Israel. Sabemos que Europa manda ayuda económica a Palestina y les agradecemos esta ayuda, pero no es suficiente. Queremos una ayuda política que esté al mismo nivel que la económica y queremos que estos principios de DDHH europeos se apliquen también en nuestras tierras.

¿Y cómo se puede lograr esto?
Obligando a Israel a que respete las leyes y las resoluciones internacionales que la propia comunidad internacional ha aprobado. Europa es el primer socio comercial de Israel, por lo que puede presionar a su gobierno para que respete la normativa internacional y las resoluciones ya emitidas por la ONU. No va a haber nunca una estabilidad en Oriente Medio mientras haya una ocupación. Y no habrá paz sin justicia; una justicia que no puede convivir con la agresión.

Esperamos que el pueblo palestino pueda tener una vida normal, como la de todo el mundo para poder reconstruir la patria que fue destruida a manos del ejército de ocupación israelí. La sociedad palestina puede participar con el resto de los países en el avance y desarrollo mundiales. Tenemos muchas capacidades, muchas posibilidades, y un número muy alto de académicos. Solamente necesitamos una oportunidad para demostrar de lo que somos capaces, para poder construir un Estado moderno que sirva como ejemplo para todos los países del mundo.

 Fuente: http://www.lamarea.com/2014/07/18/musa-amer-odeh-israel-esta-comerciando-con-la-sangre-de-los-tres-colonos-asesinados/

Solidaridad con Palestina por las calles de Madrid.

 
 
 
 
 
 
 


jueves, 17 de julio de 2014

Individualidades en la Red (o cómo vamos al encuentro de las nuevas formas de comunicación)

No paramos de hacer, y no hay lugar ni espacio para contarnos, para sentirnos y batirnos. Casi nada nos contiene, y se nos escapan las estaciones para detenernos y comunicarnos. El mundo se presenta ante nosotros repleto de recursos, y nos abruman con ingentes cantidades de ensoñaciones y recreos.


Creemos que sí, pero no. Estamos, como dice Ernesto Sábato,  abstraídos de la sociedad de las relaciones humanas y nos acoplamos a la cotidianeidad de nuestras vidas. De la televisión a las pantallas táctiles una multitud mira atentamente. Lo importante es ver, y creernos cómo estamos conectados a través de ese ver, que no es mirar. Observamos una realidad creada por unos pocos y en la redistribución del microespacio que nos asignan residimos involucrándonos en una realidad que, en cierto sentido, carece de verdad.

Alejándonos. La calidad de vida no se determina por el dinero y aquello de lo que  dispongo, más bien por el tiempo que me queda para disponer y la compañía con la que he de rehacer (restaurar todo aquello que perdí mientras buscaba el camino de mis fondos y perdía aliento al regresar).

Con una facilidad que debería hacernos interrogar accedemos a todo, y convencidos de una mejora en la calidad de nuestras vidas somos capaces de olvidar con quien hablé ayer… ¿En qué red social, comunicándome sin descanso, perdí a mi interlocutor? ¿Dónde delegué el sonido de la lluvia, del viento y de los mares? ¿Quién me sigue, sin tan siquiera saber quién soy?

Es posible que nuestro sentido de la independencia haya hecho olvidar la importancia que conlleva estar pendiente de aquello que nos rodea y, sobre todo, de quienes nos rodean. Los vínculos se van fragmentado, y la globalización termina por descentralizarnos y sumirnos en su despreocupada uniformidad.

Las nuevas herramientas de comunicación asemejan la puerta de salida de emergencia a nuestras soledades o incluso nuestras carencias, pero se convierten sin esfuerzo alguno en un nuevo plan de escape, en la mayor prolongación de nuestro individualismo.

Los nuevos lazos que se enumeran por seguidores no contrarrestan nuestra debilidad; la afianzan. El super yo sale fortalecido y los primeros brotes de éxtasis te conmueven cuando ya son cien quienes han decidido rastrear en tu camino. Cuando son mil, llega una primavera que brota flores desde el estómago. Popularidades inanimadas de distracción masiva.

¿Nos encontramos realmente con los demás? ¿Sabemos de la vida de los otros? ¿Estamos al corriente? Considero que hay una adulterada articulación que patrocina el acceso masivo a la información. Y corremos el serio peligro de convertirnos en nuestros propios impostores, disfrazados de identidades temerosas llenas de insuficiencias. ¿Quién desea habitar una pantalla pudiendo lucrarnos con nuestros sentidos? Parece ser… que media humanidad.

Las fronteras de la identidad se están puliendo en beneficio de una sospechosa transformación hacia el bienestar otorgado por las nuevas tecnologías.

Pero no hay mucho que comunicar en este entorno de “suspicacia”. Creemos meditar consumiendo información, pero apenas si somos capaces de cultivar un poco de sabiduría. Nuestras cualidades subjetivas ganadas a pulso en ese arduo trabajo de interconexión se erigen en pórtico, posiblemente, hacia una existencia de mayores posibilidades. Al final de la jornada, decidimos salir a correr…

El mayor peligro consiste en quedarnos atrapados en la inconsciencia de una estrategia que maquilla la vida. Sospechamos que algo va mal, pero no terminamos de comunicarnos, tal vez porque ya nos hemos conformado con ser y estar con los demás a través de éstos medios.

La saturación y la inmediatez son un contenido hueco. Nos hemos exiliado de la capacidad de profundizar, reflexionar y contemplar el mundo desde una perspectiva individual y crítica. Y somos ya, un animal globalizado, sumiso a cada nuevo embiste de las ciencias “aplicadas” en perfectas técnicas de interiorización de lo banal. 

Las formas de pensamiento han sufrido un cambio drástico, y con ello, un nuevo modelo de comprensión y aprehensión de la realidad. Modelo que lógicamente ha comportado una progresiva transformación de las formas comunicativas.

En el deseo de constatar este cambio no se pretende difundir una idea “criminalizada” de las sucesivas corrientes tecnológicas, sino interrogarnos sobre las alternativas de uso que habremos de tener con ellas.  En la razón del presente artículo sí mantenemos serias dudas sobre la hipotética relación entre el progreso, la fingida democratización, y el bienestar.

Salir al encuentro constante de emociones en las actuales condiciones moldeará un nuevo estado de cibermalestar, en el que la dispersión y la siempre inconclusa manifestación de la satisfacción terminarán por adentrarnos en el laberíntico y agotador proceso de búsqueda.