miércoles, 30 de mayo de 2012
domingo, 27 de mayo de 2012
jueves, 24 de mayo de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
Olisippo
Sobre sete colinas, que sao outros tantos pontos de observaçao de onde se podem desfrutar magníficos panoramas, espalha-se a vasta, irregular e multicolorida massa de casas que constitui Lisboa.
Para o viajante que chega por mar, Lisboa, vista asimm de longe, ergue-se como uma bela visao de sonho, sobressaindo contra o azul-vivo do céu, que o sol anima. E as cúpulas, os monumentos, o velho castelo elevam-se acima da massa das casas, como arautos distantes deste delicioso lugar, desta abençoada regiao.
O espanto do turista começa quando o barco se aproxima da barra e, depois de passar o farol do Bugio - a pequena torre- guardia na embocadura do rio, construída há três séculos sobre planta de Frei Joao Turriano- lhe aparece o baluarte que a Torre de Belém, como un exemplar magnífico da arquitectura militar do século CVI, em estilo romano-gótico-mourisco. Á medida que o barco avança, o rio torna-se mais estreito, para logo alrgar de novo, formando um dos mais largos portos naturais do mundo, podendo nele ancorar as maiores frotas. Esntao, á esquerda, as massas de casas agrupam-se vivamente como cachos sobre as colinas. E aí temos Lisboa.
...Á esquerda fica o monumento ao Poeta Chiado, nome popular dado a um frade do século XVI, António do Espíritu Santo, que abandonou o hábito para se tornar uma espécie de encarnaçao do espírito galhofeiro da época e se manifestar no poeta popular favorito.....
......encontrar-nos-emos em frente do grande monumento que é o Mosteiro dos Jerónimos, uma obra-prima de pedra que todos os turistas visitam e nunca conseguem esquecer. É , de facto, o mais notável monumento que a capital possui. A sua construçao foi ordenada pelo Rei D Manuel I em 1502....
Lisboa: O que o turista deve ver / what the tourist should see
Fernando Pessoa
Para o viajante que chega por mar, Lisboa, vista asimm de longe, ergue-se como uma bela visao de sonho, sobressaindo contra o azul-vivo do céu, que o sol anima. E as cúpulas, os monumentos, o velho castelo elevam-se acima da massa das casas, como arautos distantes deste delicioso lugar, desta abençoada regiao.
O espanto do turista começa quando o barco se aproxima da barra e, depois de passar o farol do Bugio - a pequena torre- guardia na embocadura do rio, construída há três séculos sobre planta de Frei Joao Turriano- lhe aparece o baluarte que a Torre de Belém, como un exemplar magnífico da arquitectura militar do século CVI, em estilo romano-gótico-mourisco. Á medida que o barco avança, o rio torna-se mais estreito, para logo alrgar de novo, formando um dos mais largos portos naturais do mundo, podendo nele ancorar as maiores frotas. Esntao, á esquerda, as massas de casas agrupam-se vivamente como cachos sobre as colinas. E aí temos Lisboa.
![]() |
| (António Ribeiro Chiado) |
......encontrar-nos-emos em frente do grande monumento que é o Mosteiro dos Jerónimos, uma obra-prima de pedra que todos os turistas visitam e nunca conseguem esquecer. É , de facto, o mais notável monumento que a capital possui. A sua construçao foi ordenada pelo Rei D Manuel I em 1502....
Lisboa: O que o turista deve ver / what the tourist should see
Fernando Pessoa
sábado, 19 de mayo de 2012
Esquizofrenia contable
Fuente: http://yometiroalmonte.blogspot.com.es/2012/05/esquizofrenia-contable.html
El mundo ya no es lo que era. La repentina necesidad de hacer rentable absolutamente todo ha convertido nuestra mente en un auténtico hervidero de cifras, estadísticas, gráficos con subidas y bajadas, porcentajes, fracciones...
El Ministro de Justicia no habla de Justicia, sino de las pérdidas monetarias de su cartera. El de Cultura, de lo mucho que cuestan los músicos que amenizan las fiestas de los pueblos. La de Sanidad, que si los parados y los inmigrantes le echan mucho cuento a los catarros para sacarle brillo a la tarjeta de la SS, y así con todo.
Las competencias del Estado y sus gestores han sucumbido de esta forma al imperio ficticio del recorte y su paranoia. El déficit cero se alza como el nuevo becerro de la idolatría financiera, y a uno le entra complejo de crápula hasta por darse el capricho más asequible: no lo hagas, no vivas por encima de tus posibilidades, busca un precio mejor, lucha por tu supervivencia...
Los números, fríos y distantes, objetivos por definición, calan por contra hondo en el estado de ánimo. Las conversaciones sobre la crisis forman un manto de resignación y asco en los ambientes laborales, y nadie quiere oir ninguna cifra que esté por encima de 500. La prima de riesgo hace así la función de Dios castigador que todo lo puede, omnipresente en cada rincón del planeta, observando cada loncha pasada de chorizo, cada trozo de queso mohoso que, egoistamente, hemos cometido el pecado de tirar a la basura.
Las necesidades básicas, por tanto, han dejado de ser productivas. Actividades vacías como tomar el sol, pasear, hablar con amigos o echar un polvo, suponen la pérdida irrecuperable de un tiempo precioso que deberíamos estar ocupando con el reciclaje, la comparativa de precios o el esclarecimiento de las diferencias insalvables que los más expertos encuentran entre Grecia y España.
Hispanistán siempre fue un país de entrenadores de fútbol. Ahora, con la nueva religión invadiéndolo todo, es también un país plagado de economistas. Nadie sabe mejor que cada español cómo está el patio de Bankia, las fluctuaciones siniestras del Ibex35, por qué no va a haber ningún corralito, oficial u oficioso, la letra pequeña de las preferentes y las características que distinguen a los funcionarios del personal estatutario fijo...
Al consumidor de cultura ya no le interesan Borges o Sorolla, sino Keynes y Milton Friedman. La infamia del azar bursátil tampoco importa, y a Mandelbrot le sustituimos por Krugman. No sólo la música, sino el arte en general, la ciencia, el conocimiento en definitiva, se han transformado en algo insostenible. Sólo se rentabilizan los datos económicos, la austeridad pragmática de los programas de ajuste y su apisonadora de guarismos.
Como el torturado o la mujer maltratada, pensamos que, si alargamos la vida del tubo de la pasta de dientes, quizá en algún momento dejarán de recortarnos. Adaptamos nuestra rutina a la fusta impía de los decimales y guardamos dinero en lugares que, también según los expertos, podrían no estar garantizados ni por el contable más optimista.
Todo palidece cuando el fantasma de la crisis agita su guadaña. Desde el Presidente del Gobierno hasta el parado de larga duración, el camino aparece como un terreno yermo y agrietado, donde las hormigas dan vueltas en círculos esperando el surgimiento de algún brote verde que permita de nuevo volver a disfrutar de aquella canción, esa película que unió nuestros caminos, el sexo por el sexo, el dolce far niente bajo la sombra de un árbol...
Cuando la guerra termine, nos habremos vuelto más sensibles hacia el gasto y los valores que no se pueden contar. Es posible que alguien aprecie más la cultura, la amistad, los pequeños detalles... En ese momento, los emperadores de las finanzas habrán visto cumplida su misión desde la suite del hotel de cinco estrellas; el shock propinado a miles de millones de consumidores ha dejado una huella imborrable de compromiso con la pobreza que se hará perdurable durante varias generaciones.
El mundo ya no es lo que era. La repentina necesidad de hacer rentable absolutamente todo ha convertido nuestra mente en un auténtico hervidero de cifras, estadísticas, gráficos con subidas y bajadas, porcentajes, fracciones...
El Ministro de Justicia no habla de Justicia, sino de las pérdidas monetarias de su cartera. El de Cultura, de lo mucho que cuestan los músicos que amenizan las fiestas de los pueblos. La de Sanidad, que si los parados y los inmigrantes le echan mucho cuento a los catarros para sacarle brillo a la tarjeta de la SS, y así con todo.
Las competencias del Estado y sus gestores han sucumbido de esta forma al imperio ficticio del recorte y su paranoia. El déficit cero se alza como el nuevo becerro de la idolatría financiera, y a uno le entra complejo de crápula hasta por darse el capricho más asequible: no lo hagas, no vivas por encima de tus posibilidades, busca un precio mejor, lucha por tu supervivencia...
Los números, fríos y distantes, objetivos por definición, calan por contra hondo en el estado de ánimo. Las conversaciones sobre la crisis forman un manto de resignación y asco en los ambientes laborales, y nadie quiere oir ninguna cifra que esté por encima de 500. La prima de riesgo hace así la función de Dios castigador que todo lo puede, omnipresente en cada rincón del planeta, observando cada loncha pasada de chorizo, cada trozo de queso mohoso que, egoistamente, hemos cometido el pecado de tirar a la basura.
Las necesidades básicas, por tanto, han dejado de ser productivas. Actividades vacías como tomar el sol, pasear, hablar con amigos o echar un polvo, suponen la pérdida irrecuperable de un tiempo precioso que deberíamos estar ocupando con el reciclaje, la comparativa de precios o el esclarecimiento de las diferencias insalvables que los más expertos encuentran entre Grecia y España.
Hispanistán siempre fue un país de entrenadores de fútbol. Ahora, con la nueva religión invadiéndolo todo, es también un país plagado de economistas. Nadie sabe mejor que cada español cómo está el patio de Bankia, las fluctuaciones siniestras del Ibex35, por qué no va a haber ningún corralito, oficial u oficioso, la letra pequeña de las preferentes y las características que distinguen a los funcionarios del personal estatutario fijo...
Al consumidor de cultura ya no le interesan Borges o Sorolla, sino Keynes y Milton Friedman. La infamia del azar bursátil tampoco importa, y a Mandelbrot le sustituimos por Krugman. No sólo la música, sino el arte en general, la ciencia, el conocimiento en definitiva, se han transformado en algo insostenible. Sólo se rentabilizan los datos económicos, la austeridad pragmática de los programas de ajuste y su apisonadora de guarismos.
Como el torturado o la mujer maltratada, pensamos que, si alargamos la vida del tubo de la pasta de dientes, quizá en algún momento dejarán de recortarnos. Adaptamos nuestra rutina a la fusta impía de los decimales y guardamos dinero en lugares que, también según los expertos, podrían no estar garantizados ni por el contable más optimista.
Todo palidece cuando el fantasma de la crisis agita su guadaña. Desde el Presidente del Gobierno hasta el parado de larga duración, el camino aparece como un terreno yermo y agrietado, donde las hormigas dan vueltas en círculos esperando el surgimiento de algún brote verde que permita de nuevo volver a disfrutar de aquella canción, esa película que unió nuestros caminos, el sexo por el sexo, el dolce far niente bajo la sombra de un árbol...
Cuando la guerra termine, nos habremos vuelto más sensibles hacia el gasto y los valores que no se pueden contar. Es posible que alguien aprecie más la cultura, la amistad, los pequeños detalles... En ese momento, los emperadores de las finanzas habrán visto cumplida su misión desde la suite del hotel de cinco estrellas; el shock propinado a miles de millones de consumidores ha dejado una huella imborrable de compromiso con la pobreza que se hará perdurable durante varias generaciones.
miércoles, 16 de mayo de 2012
Adiós a Carlos Fuentes
lunes, 14 de mayo de 2012
domingo, 13 de mayo de 2012
La gallina
Cuento para niños tontos
Había una gallina que era idiota. He dicho idiota. Pero era más idiota todavía. Le picaba un mosquito y salía corriendo. Le picaba una avispa y salía corriendo. Le picaba un muerciélago y salía corriendo.
Todas las gallinas temen a las zorras. Pero esta gallina quería ser devorada por ellas. Y es que la gallina era una idiota. No era una gallina. Era una idiota.
En las noches de invierno la luna de las aldeas da grandes bofetadas a las gallinas. Unas bofetadas que se sienten por las calles. Da mucha risa. Los curas no podrán comprender nunca por qué son estas bofetadas, pero Dios sí. Y las gallinas también.
Será menester que sepáis todos que Dios es un gran monte VIVO. Tiene una piel de moscas y encima una piel de avispas y encima una piel de golondrinas y encima una piel de lagartos y encima una piel de hombres y encima una piel de leopardos y todo. ¿Veis todo? Pues todo y además una piel de gallinas. Esto era lo que no sabía nuestra amiga.
¡Da risa considerar lo simpáticas que son aquellas gallinas! Todas tienen cresta. Todas tienen culo. Todas ponen huevos. ¿Y qué me vais a decir?.
La gallina idiota odiaba los huevos. Le gustaban los gallos, es cierto, como les gusta a las manos derechas de las personas esas picaduras de las zarzas o la iniciación del alfilerazo. Pero ella odiaba su propio huevo. Y sin embargo no hay nada más hermoso que un huevo.
Recién sacado de las espigas, todavía caliente, es la perfección de la boca, el párpado y el lóbulo de la oreja. La mejilla caliente de la que acaba de morir. Es el rostro. ¿No lo entendéis? Yo sí. Lo dicen los cuentos japoneses, y algunas mujeres ignorantes también lo saben.
No quiero defender la belleza enjuta del huevo, pero ya que todo el mundo alaba la pulcritud del espejo y la alegría de los que se revuelcan en la hierba, bien está que yo defienda un huevo contra una gallina. Un huevo inocente contra una gallina idiota.
Lo voy a decir: una gallina amiga de los hombres.
Una noche, la luna estaba repartiendo bofetadas a las gallinas. El mar y los tejados y las carboneras tenían la misma luz. Una luz donde el abejorro hubiera recibido las flechas de todo el mundo. Nadie dormía. Las gallinas no podían más. Tenían las crestas llenas de escarcha y los piojitos tocaban sus capanillitas eléctricas por el hueco de las bofetadas.
Un gallo se decidió al fin.
La gallina idiota se defendía.
El gallo bailó tres veces pero los gallos no saben enhebrar bien las agujas.
Tocaron las campanas de las torres porque tenían que tocar, y los cauces y los corredores y los que juegan al golf se pusieron tres veces morados y tintineantes. Empezó la lucha.
Gallo listo. Gallina idiota. Gallina lista. Gallo idiota. Listos los dos. Los dos idiotas. Gallo listo. Gallina idiota.
Luchaban. Luchaban. Luchaban. Así toda la noche. Y diez. Y veinte. Y un año. Y diez. Y siempre.
Poemas en prosa
Federico García Lorca
![]() |
| (Ilustración: Pablo Amargo) |
viernes, 11 de mayo de 2012
El puñal
En un cajón hay un puñal.
Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.
Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.
Otra cosa quiere el puñal.
Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató a un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.
En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.
A veces me da lástima. Tanta dureza, tante fe, tan impasible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.
Evaristo Carriego
Jorge Luis Borges
Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.
Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.
Otra cosa quiere el puñal.
Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató a un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.
En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.
A veces me da lástima. Tanta dureza, tante fe, tan impasible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.
Evaristo Carriego
Jorge Luis Borges
Suscribirse a:
Entradas (Atom)













