sábado, 17 de noviembre de 2012

¡Qué poca cabeza tiene la inteligencia!

Fuente: http://www.jotdown.es/2012/11/felix-de-azua-que-poca-cabeza-tiene-la-inteligencia/

Hace ya unos cuantos años que vengo siguiendo una interesante discusión entre biólogos y genetistas sobre el progresivo aumento de la idiotez entre los varones de las naciones avanzadas. Las causas no están claras. Parece que en parte se deba a la facilidad con la que acceden a la copulación con hembras de edad temprana, lo que ha menguado enormemente su voluntad de seducción, los recursos imaginativos y los esfuerzos de la inteligencia para cumplir con los requisitos del celo. Parece ser que un atavismo, el de la reproducción, al ver facilitados de modo grandioso sus protocolos, adormece la capacidad intelectual para encontrar recursos, embota la astucia y deja estupefacto al individuo.
Desde luego basta con acudir convenientemente disfrazado a un botellón, por ejemplo, para poder estudiar sobre el terreno el grado de estupefacción en que se ven sumidos cientos de miles de jóvenes promesas que ya no han de esforzarse para atraer a las hembras reproductoras y mantienen sus tácticas en stand by. Los balbuceos que se han podido registrar y analizar responden, según los expertos, a la conversación normal de un niño de primera comunión en los años cincuenta del siglo pasado. Cálculos de laboratorio han llegado a la conclusión de que los varones han perdido entre un 60% y un 70% de su capacidad intelectiva en apenas medio siglo. Como justa compensación, las hembras, sometidas a una feroz batalla entre competidoras, son ahora listísimas.
No obstante, que ese encogimiento del cerebro viril se produzca entre los adolescentes a nadie preocupa. Mucho más grave es el proceso en los adultos. El último caso, el del general David Petraeus, es como para echarse a temblar. Este reconocido militar norteamericano era hasta hace una semana el jefe de la Inteligencia Americana, más conocida como CIA. Se recordará que la CIA es la compañía encargada de vigilar y en su caso controlar la totalidad del globo terráqueo para que no le suceda nada malo a cualquier ciudadano americano que se aventure más allá de Utah. Es sin lugar a dudas el organismo público más caro de la administración de los EEUU y uno de los más sólidos pilares de la democracia mundial. Pues bien, al jefe del mayor cerebro occidental le han pillado en un adulterio con una señora llamada Paula Broadwell, oficialmente su biógrafa, la cual tenía acceso al ordenador del general y además se dedicaba a amenazar a otra señora, también casada, cuyas relaciones con el cerebro de Petraeus o con otras partes de su personalidad no complacían a la biógrafa.
Lo asombroso es que el servicio de Inteligencia del mundo entero haya ido a dar a manos de un señor como éste. Los datos son admirables. Petraeus es bajito o muy bajito, tiene cara de ratón o de hiena, parece distraído o bobo, ha de estar bastante ocupado de modo que sus prestaciones han de ser rápidas o incompletas y se supone que lo sabe todo o quizá nada. Y es que han bastado dos señoras para ponerle en el más espantoso de los ridículos. ¿Cómo es posible que las tomara en serio? Ellas son fornidas, altas, musculosas, ambas pertenecen al ejército, tienen pechos como obuses y el conjunto de los bajos es muy respetable a lo que se ve en las fotos. ¿De verdad el jefe de la Inteligencia pudo creer que iban a por él por su seductora virilidad? ¿Y que acaso les importaba enormemente su biografía en tanto que funcionario castrense? Si le han engañado dos vulpes de provincias, ¿cómo no le va a engañar el gobierno chino, pongamos por caso?
Hace años, un tipo como Edgar Hoover, jefe de un organismo mucho más pequeño, el FBI, se presentaba en las fiestas de sus amigotes vestido de hembra, con sombrerito de tul, faja y liguero. Nunca pasó nada. De haber habido alguien dispuesto a decir en público que Hoover era un chiflado con licencia para matar habría experimentado de inmediato tal aserto en carne propia. Muchos cuerpos aparecieron flotando en el Hudson por aquellos años. En cambio ahora, no solo las damas no han aparecido flotando en el Hudson, sino que han hundido al jefe, a la figura biográfica, al cándido amante.
¿Qué clase de majadero había accedido a la cabeza de la CIA en plena guerra de Irak y Afganistán? ¿Y qué cadena de idiotas lo había colocado allí? Posiblemente, como argumentan los biólogos y genetistas, no quedaba ya un cerebro mejor que el de Petraeus en toda la administración americana, incluido el ejército.
En la misma publicación de los biólogos y genetistas antes mencionados viene un estudio que expone cómo los animales más valorados para la taxidermia son muertos por expertos cazadores en el momento de la copulación. Parece que también los insectos.

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