viernes, 16 de noviembre de 2012

Desahucios y banca: el drama no contado


 
Y 350.000 ejecuciones hipotecarias después, los dos grandes partidos y la patronal bancaria dijeron que había que hacer algo con el drama de los desahucios.
Dicho y hecho. En tiempo récord.
Pero la historia es demasiado compleja como para resolverla encerrados en un cuarto durante dos días. Y arranca muchos años atrás.

I. La crisis mundial
Sería imposible entender el drama de los centenares de miles de personas desahuciadas en España sin la revolución neoliberal que arranca con la victoria de Margareth Thatcher y Ronald Reagan a principios de la década de 1980. La onda expansiva de la liberalización total llegó al sistema financiero una década más tarde de la mano de los progresistas Tony Blair y Bill Clinton, que en un santiamén finiquitaron todo el modelo bancario mundial construido tras el crash de 1929 como “vacuna” para prevenir crisis futuras.
Ese modelo desmantelado era aburrido, sí: los bancos guardaban el dinero de sus clientes y otorgaban créditos e hipotecas. La pequeña diferencia entre los intereses que cobraban y los que ofrecían era la base de su negocio. Márgenes pequeños y vida poco glamurosa. Pero una garantía para el sistema: el negocio estaba sobre todo en asegurarse de que las hipotecas se iban a devolver.
El nuevo modelo de “creatividad financiera”, invirtió la lógica. El crédito o la hipoteca pasaron a ser solo el punto de origen de un bucle que conducía, a través de las titulaciones, los derivados y los complejos productos estructurados, al nuevo Eldorado con márgenes de ensueño. El objetivo pasó a ser firmar cuantas más hipotecas, mejor. Sin preocuparse de si el cliente tenía posibilidades reales de devolverla. Suscrita la hipoteca, se titulizaba, y se movía. Aquí empezaba el negocio.
 Una revolución de esta magnitud tiene necesariamente muchos padres, pero entre todos destacó Robert Rubin. De directivo de Goldman Sachs pasó a secretario del Tesoro de Clinton (1995-1999) y, una vez firmadas las reformas, desembarcó como jefazo de Citigroup.
Obviamente, los centenares de miles de personas que habían recibido un crédito hipotecario sin posibilidad de devolverlo dejaron de pagar en algún momento y fueron desahuciados. Con ello pinchó toda la burbuja y hasta Rubin tuvo que salir de Citigroup en 2009, con el crash desbocado y su banco nacionalizado, aunque sin devolver jamás los 126 millones que se embolsó en sus ocho años al frente de la entidad.

II. España en crisis
Por mucho que las autoridades recibieran aquí el seísmo como si de una brisa se tratara, España estaba desde el principio en el epicentro del crash. No era necesario ser un genio para intuirlo: la burbuja española del ladrillo era de las más visibles del mundo: los precios de los pisos se habían multiplicado por tres en solo diez años; el número de viviendas construidas se cuadriplicó y nunca antes hubo tanta gente a la vez convirtiéndose (supuestamente) en dueños de sus propias casas, hasta alcanzar una tasa del 83% de propietarios.......  

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